Capítulo 51- Un recital y soda de melón.

De haber sido posible a Todomatsu le habría gustado despedirse de su padre en buenos términos, pero el hombre solo lo hizo difícil. No había hecho nada malo esta vez, ¿o sí? Después de todo jamás negó a Atsushi, no podría hacerlo. Por otra parte, se sentía aliviado de que su madre estuviera feliz de volverle a ver, al igual que sus hermanos. Todos eran tan animados como siempre, no cambiaban. Y por supuesto que sentía un poco más de alivio al saber que comenzaban a cambiar sus vidas. Haber hecho esa visita a su antiguo hogar había sido una experiencia agridulce, se sentía feliz por su familia, aunque uno de los miembros había mostrado sentimientos negativos. Pese a la tristeza que había en su corazón, recordar ciertas palabras que su padre dijo aliviaban un poco ese remordimiento. Pensaba una y otra vez: "Yo no te odio, ¿quedó claro?"

Todomatsu estaba pensativo, se encontraba terminando de bajar las cajas del ático con ayuda de Atsushi. Habían estado trabajando arduamente en la limpieza de la casa para presentársela a sus compradores dentro de unos pocos días, por lo que, aunque creían terminar con un asunto surgía de repente algo más. Afortunadamente ya estaba llegando todo a su fin. Atsushi cargaba la caja desde abajo mientras Todomatsu levantaba el peso desde la parte de arriba. El día había comenzado siendo caluroso, por lo que el menor traía puesta una camiseta delgada de color coral con un estampado de smiley y llevaba un short blanco, además no usaba calzado ni calcetines, prefería andar por la casa a raíz. Por otro lado, Atsushi andaba con tenis deportivos blancos, un pants de color gris y una camiseta holgada negra.

—¿Lo tienes? Mira hacia atrás con cuidado, aún hay escaleras…
—Lo tengo, Todomatsu. Puedes seguir.

Ambos siguieron cargando la caja hasta que llegaron al piso de abajo. No solamente habían terminado de bajar todo del ático, sino que hacía falta llevarlo hasta la puerta del recibidor de la planta principal. Cuando terminaron de sacar todo, se sentaron exhaustos en el suelo del pasillo entre las habitaciones de arriba, cerca del ventanal.

—¡Uff! Bueno, eso es todo por ahora —exhaló Todomatsu con las mejillas sonrojadas y sacudiendo su camiseta para ventilarse.
—¡Ja! Aún falta subir algunas cosas del sótano. Entre ellas…
—¡El piano! Maldición —exclamó el menor. El tan solo pensar en hacer aquello lo hacía sudar aún más—. Pero, ¿podemos ambos con eso?
—Pensaba llamar a los chicos para que nos ayudaran con esto, pero...
—Pero no quieres que sepan la razón por la que tenías un piano aquí, ¿cierto? La verdad no creo que a Futsuumaru y a Kusosuke les importen esas cosas.
—¡Además, seguro que están ocupados!
—Vamos, Atsushi-kun, sabes que entre los dos no podremos sacar ese piano de allí. Necesitamos ayuda. ¡Déjame llamar a mis hermanos!

Atsushi tomó aire pensando sobre ello. Ambos habían hecho de todo para cambiar sus vidas y zafarse de aquello que les afligía. Saber que Todomatsu había ido a donde se familia para hablar sobre su partida significaba mucho para él, lo motivaba a ser igual de valiente incluso pensando en su padre y su primo. Ambos habían soltado ya aquello que dolía, entonces, a pesar de haber dicho que nunca más volvería a tocar el piano, ¿a qué le tenía miedo, entonces? Era tiempo de dejarlo ir, y una buena manera de hacerlo era creando nuevos recuerdos felices.

—Asegúrate de llamar a Choromatsu-kun. Voy a dejarle escuchar mi último recital —dijo Atsushi con una sonrisa serena—. Si es que quiere venir, claro.
—¡¿De verdad volverás a tocar?! —exclamó con una gran sonrisa y brillo en los ojos.
—Espero que no haya olvidado la gran parte. Si no te aferras a tus talentos, simplemente desaparecen sin despedirse —dijo riéndose.
—¡Muy bien!

Esa misma tarde los chicos se presentaron en casa de ambos. No fueron todos, puesto que sus horarios de sus nuevos empleos no coincidían con su petición, por lo que Todomatsu tuvo que preguntar por el día libre de Choromatsu quien era el más solicitado. Además, no solamente fue el tercero, sino que el primogénito se hizo presente. ¡Los días libres de Osomatsu y Choromatsu coincidían justamente ese día que los necesitaba! El destino estaba a su favor.

Apenas iban entrando al patio de la casa, Todomatsu abrió el portón para recibir a los chicos.

—No puedo creer que Atsushi-san va a tocar el piano para nosotros. Es… ¿Estás seguro? —preguntó el tercero.
—¡Sí, eso dijo, hermano!
—¡Debes estar contento de tener a tu onii-chan aquí! Necesitan un hombre fuerte, después de todo —comentó Osomatsu a sus hermanos a la vez que presumía los músculos de sus brazos fornidos.
—Claro, claro… —Todomatsu sonrió.

Entraron y naturalmente se asombraron al notar la casa completamente vacía. Incluso notaron que sus voces hacían eco por las habitaciones a causa del espacio. Aquella casa lucia todavía más grande cuando se encontraba desalojada.

—Woah… ¿En tan poco tiempo todo esto se ve así? Debieron trabajar demasiado… —comentó Choromatsu inspeccionando cada rincón. Ya no había nada salvo cajas y pilas de muebles amontonados en la sala principal.
—No demasiado. Actualmente estoy desempleado así que tuve mucho tiempo para trabajar en el hogar, je, je.
—Ay, nuestro hermanito creció —dijo Osomatsu simulando que limpiaba lágrimas de sus ojos.

Los tres reían hasta que fueron interrumpidos por Atsushi que bajaba las escaleras.

—¡Oh, muchachos! Me alegra mucho verlos de nuevo —exclamó Atsushi con sinceridad.
—Hola, Atsushi-san —saludó Choromatsu con las mejillas de color rosa e hizo una leve reverencia.
—¡¿Qué tal, cuñado?! ¿Cuánto tiempo pensabas dejar abandonado al buen hermano mayor Osomatsu? ¡Deberíamos haber salido más seguido a beber o algo! —exclamó el mayor de los sextillizos a la vez que se aproximaba a Atsushi y le rodeaba amistosamente con un brazo mientras le daba palmaditas en la espalda. Ambos eran igual de altos, por lo que la acción tomó al mayor por sorpresa; casi nadie estaba a su altura, literalmente.
—¡Osomatsu-niisan! —Todomatsu se puso colorado.
—¡Estoy jugando, estoy jugando!
Osomatsu soltó rápidamente a Atsushi. El mayor no se tomó aquello ni mínimamente como una ofensa, aunque Choromatsu y Todomatsu estaban horrorizados.
—Es verdad, debimos haber salido más… —Se encogió de hombros—. Disculpen, chicos, por pedirles que vengan en su día de descanso. Sé lo duro que es —dijo Atsushi.
—¡No hay problema! De verdad queríamos ayudar. Este sitio siempre me agradó y quería venir al menos una última vez —dijo Choromatsu.
—¡Sí, no hay problema! En cuanto Totty dijo que tocarías el piano Choro-chan quiso venir a toda prisa.
—B-Bueno… ¡Eso es po-porque…!
—¡Ja, ja, ja! Entiendo. De nuevo, gracias por venir chicos. Y disculpen la molestia, el piano sigue todavía en el sótano, pero no se preocupen demasiado, ya hemos limpiado la mayor parte del polvo y no hay arañas. Por aquí, vamos.

Atsushi caminó por delante y los demás lo siguieron.

—¿Cómo es que el piano pudo acabar ahí? Aquí hay gato encerrado.
—Eso sonó como algo que Ichimatsu diría, Osomatsu-niisan —dijo Choromatsu.
—Mi padre hizo que lo pusieran aquí hace mucho tiempo así que tampoco lo entiendo. Yo solía practicar en la parte de arriba, aquí ni siquiera hay luz. No hay manera de que pudiera durar horas tocando aquí. Aunque, no lo recuerdo bien… —explicó Atsushi.
«Así que aún hay cosas que no puede recordar», pensó Todomatsu.
—¡Es todo un caso, entonces! Los padres suelen ser así de incomprensibles, ja, ja… —opinó Osomatsu.
—Vaya que sí... —respondió Atsushi con media sonrisa—. Bueno, ¿les parece si sacamos el piano de aquí y luego toco para ustedes?
—Claro, Atsushi-san, ¡cuentas con nosotros! —respondió el primogénito una vez más.
—De acuerdo —accedió Choromatsu.

Cargaron el instrumento, el cual les dio en verdad muchos problemas. Creyeron que para hacer menos esfuerzo hubiera sido mejor que otro de los sextillizos acudiera o quizá Futsuumaru, pero no hizo falta batallar más con el asunto. Entre los cuatro pudieron alzarlo y removerlo hasta arriba poco a poco. Choromatsu y Todomatsu desde arriba, Atsushi y Osomatsu desde abajo. Les hizo falta retomar el aire luego del esfuerzo que hicieron para lograr su objetivo. Al apenas mover el piano lo llevaron también a la sala principal para que fuera mucho más fácil sacarlo de la casa una vez se realizara la mudanza completa.

Bebieron agua y encendieron el ventilador para refrescarse rápidamente. Para refrescarse Atsushi les ofreció unas sodas que tenía en el refrigerador. Los tres hermanos las bebieron, y finalmente el mismo tomó una. Burbujeante, dulce y refrescante. Una vez que volvieron a sentirse tranquilos, optaron por alentar a Atsushi a tocar para ellos.

—¡Atsushi-san! ¡Ya es hora de que toques un poco para nosotros! —alentó Osomatsu.
—¡Por favor! —pidió Choromatsu juntando ambas manos.
—Atsushi-kun ha tocado antes y mantiene todavía su talento. ¡Era una melodía impecable!
—No es para tanto —respondió Atsushi con modestia y las mejillas colorándose sonrosadas—. ¿Y qué les gustaría escuchar?
—Lo que a ti te apetezca, realmente no conocemos de esas cosas —respondió Osomatsu y se encogió de hombros.
—¿Todavía recuerdas alguna pieza de Henry Lemoine, Atsushi-san?
—Oh, ¿lo reconocías, Choromatsu-kun?
—No sé tocar el piano, pero soy muy bueno escuchando y estudié las partiduras por un tiempo en la preparatoria. Pude identificar algunas piezas con ayuda de varios libros, así que, sí, un poco.
—Bien, voy a intentarlo entonces… Aunque es posible que el sonido haya cambiado. Ya no soy tan hábil como antes.
—Eso dice, pero no es cierto —susurró Todomatsu al oído de Choromatsu.
—¿Pasa algo? —preguntó Atsushi.
—Oh, nada, nada.

Atsushi se sentó frente al piano y tocó unas teclas al azar. El sonido de las teclas seguía siendo melifluo e impecable, desde luego no podía poner como excusa la longevidad y desuso del pobre instrumento. Con tan solo escuchar aquello los ojos de Choromatsu brillaron y una sonrisa se dibujó en el rostro de Osomatsu.

—Bueno, aquí voy… No hacen falta formalidades, ¿ok? Pónganse cómodos, siéntense como quieran.

A pesar de haber dicho aquello, Choromatsu había adoptado correctamente la postura seiza. Osomatsu tenía las piernas cruzadas y recargaba su cabeza en una de sus manos; ambos se encontraban en el suelo. Todomatsu por su parte estaba sentado encima de una de las cajas de la mudanza, pero para entrar en el mismo ambiente, se puso en el suelo en una postura similar a la del primogénito.

La melodía comenzó siendo floja, parecía que Atsushi seguía intentando probar el sonido que producían las monocromáticas teclas sin poder lograr escuchar lo que él quería. Pensaba en decir cosas como: «Lo siento, esto no es tan bueno como quisiera», o quizá algo más como: «¿Está bien si me salto la parte final?» Pero Atsushi decidió no interrumpirse a sí mismo y no arruinar la experiencia para sus visitantes. Después de todo no debería ponerse nervioso con ellos, no eran desconocidos de ninguna audición ni jueces ni sus enemigos. Eran su familia, ¿cierto?

Finalmente comenzó a tocar aquella melodía que recordaba vagamente. Fue la memoria muscular la que le ayudó a continuar con aquello. Al principio el movimiento de sus dedos era vago, sin gracia, pero poco a poco fue tomando el ritmo y pudo volver a sentir aquella parte de su pasado. La melodía resonando en cada rincón de la casa mientras su padre estaba a un lado suyo al tanto de cada error que cometía. La melodía sonando mientras los profesores de música desaprobaban cada movimiento y le decían que comenzara de nuevo. La melodía sonando mientras estaba en soledad en aquel salón de la preparatoria. «¡Ahora es diferente!», se dijo a sí mismo. «Estoy teniendo un momento de paz con mi familia. Ellos quieren escucharme y yo no voy a decir que no».

Etude Op. 37 No. 29- H. Lemoine.

Fue una manera brava de comenzar con el "recital doméstico". Ciertamente la melodía no era la más complicada del mundo, pero la última vez Atsushi no se había atrevido a tocar algo con mayor ritmo y por ende tomó por sorpresa a Todomatsu y compañía. Disfrutaban de la canción, y es que ¡se miraba tan sencillo de hacer viéndolo tan de cerquita! O eso fue lo que pensó Osomatsu por una fracción de segundo para luego arrepentirse. Choromatsu por su parte disfrutaba de la oportunidad de escuchar algo así en un día casual. Tener un momento para escuchar personalmente algo de música era siempre un deleite. «Quizá es así como se siente el acudir a una casa de té para escuchar el koto y shamisén de las damas», pensó sutilmente.

Aquella melodía tenía un ritmo repetitivo que iba haciéndose suave de a poco y luego retomaba su vivaz energía. Atsushi tenía habilidad, era simple pero perfecto. Todomatsu sonrió en sus adentros al percatarse de que, aunque Atsushi les advirtió una y otra vez que no era tan bueno como solía hacerlo, era una completa mentira, pues no cometió ni un error. Al menos que se diera cuenta, pues desde luego que no era un experto.
Fue una melodía de casi dos minutos. Cuando hubo terminado escucho los aplausos de Osomatsu, Choromatsu y Todomatsu.

—¡Impecable! —exclamó Choromatsu con la mirada vigorosa y una gran sonrisa, casi tan parecida a la de Jyushimatsu.
—No estuvo nada mal. ¡Debes dejarte de modestias, Atsu-san! —opinó Osomatsu aplaudiendo también. Se sentía satisfecho al comprobar que Todomatsu no mentía, en verdad era muy hábil.
—Uh, ¿de verdad? Bueno, ahora que lo mencionan, solamente me dejé llevar y la canción apareció de repente. Creo que lo recuerdo mejor de lo que pensaba… Mis manos se movían solas.
—¡Fue hermoso, Atsushi-kun! Ahora entiendo por qué Choromatsu-niisan estaba tan fascinado —dijo Todomatsu.

La siguiente melodía fue una versión distinta del mismo compositor. Fue más rápida, concisa y preciosa. 50 Estudios Op. 37 - Estudio 31. Los dedos de Atsushi parecían bailar sobre el piano y sus movimientos ágiles y preciosos hicieron que los muchachos se asombraran de esa habilidad.

—¡Caray, hombre! Si sabías hacer eso no tendrías por qué haberlo ocultado. ¿No, Totty? ¡Es como si nunca lo hubieras abandonado! —exclamó Osomatsu.
—Y no toca desde la preparatoria… —dijo el menor de los hermanos.
—¡Debes ser un genio, Atsushi-san! Sí, ¡esto es lo tuyo! —comentó Choromatsu con mucha energía y completamente decidido.
—No creo que deba… Me va mejor como contador, ja, ja.
—¡¿Bromeas?! ¡Tendrías mucho más dinero si te dedicaras a esto! Quiero decir, no tengo idea de cuál es el sueldo de un pianista pero…
—Esa es decisión de Atsushi-kun, hermano.
—¡Deberás convencerlo tú, Totty!
—De ninguna manera —dijo riéndose.
—Te… ¿Te molesta si sigues tocando un poco más? —preguntó Choromatsu con timidez.
—¡Que va! Tenemos toda la tarde. Aunque, claro, pueden irse a casa cuando lo deseen.

Hubo varias piezas más que Atsushi pudo interpretar casi a la percepción. "Casi" debido a que quiso reiniciar algunas de ellas una vez que notaba que no llevaban el ritmo que deseaba o que no sonaban como era debido. Enseguida volvían a tomar forma, siempre fueron dulces para su pequeño público de tres personas.

Por un instante a Atsushi le pareció extraño verse en aquella situación. Hace tiempo atrás se encontraba solo. Antes de conocer a Todomatsu, con sus 24 años recién cumplidos, se encontraba siempre en un bucle sin fin. Iba del trabajo a su casa y de su casa al trabajo, todos los días sin excepción. No salía con amigos, había dejado de asistir al gimnasio o de realizar sus hobbies y todo se había tornado oscuro, sin siquiera saber algo de su familia. Recordaba aquellos días en los que incluso en navidad y su propio cumpleaños se la vivía en la oficina, pues, claro, estar concentrado en el trabajo frente a la computadora esperando por las fechas y horas de entrega de los documentos era mucho más fácil que pensar una y otra vez en sus problemas personales, rememorando cosas que deseaba dejar atrás y volvían a aparecer intrusamente en cada rincón de su mente cada que tenían la más mínima oportunidad. Ver la computadora era mil veces mejor. Estar concentrado en el trabajo era mil veces mejor.
Al menos eso era lo que sentía hasta hace poco. No obstante, luego de un lapso de cuatro años se encontraba de nuevo tocando el piano al que le había tenido tanto pavor en el pasado, y, además, su público eran tres personas que no había imaginado que conocería. Todo había cambiado gracias a las decisiones de ambos; hasta podía decir que eran felices justo como estaban ahora. No entendía la razón por la que salir de ese agujero había sido tan complicado. No entendía para empezar cómo y cuándo se había creado ese agujero. Pero de algo estaba seguro, y era que creando nuevos recuerdos agradables le permitirían llevar una vida plena en donde podría seguir tranquilo con sus andanzas. Verse de nuevo y centrándose en el presente comenzó a sonreír, como si por un instante esas penas y esos recuerdos borrosos y sombríos no significaran nada, como si no estuviera ahí. Y de nuevo parecía que sus dedos bailaban sobre el piano sin miedo a perderse en el ritmo, justo como si tuvieran vida propia.
Fue sintiéndose cómodo poco a poco hasta que pudo olvidar que en primera instancia ese talento despertó de la amargura de su progenitor al obligarle continuar con aquello luego de que el propio Atsushi adquiriera cierto amor por el piano al aprenderlo de su hermana, Nozomi.

Siguió interpretando a Bach, Chopin, Liszt y Brahms.

Las latas de soda quedaron vacías en el suelo. Cada que Atsushi terminaba una pieza comenzaba otra casi de inmediato, pues hacía comentarios de cada una. Incluso parecía que había comenzado a divertirle y al darse cuenta de ello, el corazón de Todomatsu se llenó de calidez. Verlo feliz era todo lo que importaba.

«Recuerdo que esta fue difícil de aprender. Casi cinco años». «Tal vez Choromatsu-kun recuerde aquellos días de verano con estas teclas…» «Oye, Todomatsu. ¿Te gustaría escuchar otra vez la pieza de ese día? Creo que te gusta Chopin ahora que lo reconoces mejor». «Quizá debería empezar por…» «¡Esta pieza tiene particularmente muchos errores y siempre la detesté con toda mi alma!» «Aprendí a interpretar la quinta danza húngara de Brahms en toda una primavera hasta llegar a los días de otoño… Ella me enseñó».

Atsushi estaba parlanchín, había empezado a hacer comentarios de todo tipo entre sus interpretaciones. Seguido de ello los muchachos añadían respuestas al mismo tema y Osomatsu bebía una soda y otra y otra.

—Es una lástima que no tengas cerveza, pero una de estas no está mal. Me recuerda a los días de verano en la preparatoria… Es algo nostálgico. Aunque es una nostalgia que no me gusta sentir —comentó Osomatsu.
—Supongo que no todos la pasamos bien en esos días de plena juventud —añadió Atsushi con media sonrisa sin dejar de tocar vagamente las teclas del instrumento produciendo sonidos agudos al azar.
—La verdad es que yo me la pasaba bien, ¡tengo que presumir! —dijo Todomatsu.
—Sí, igual yo —opinó Choromatsu.
—¡Agh! Cállense, zopencos. Nadie les pidió opinión —exclamó Osomatsu con ira. Sus mejillas se pusieron rojas.

Los tres ajenos a él comenzaron a reír. También se unió a las risas al darse cuenta de que su enojo era por una tontería. El pasado, pisado.

Esa tarde calurosa mientras bebían, charlaban y escuchaban música, formaron un bonito recuerdo. «Por favor, quédense —dijo Atsushi—. Aunque tenemos todo empacado podemos hacer uso de algunos futones que quedaron por aquí cerca». Pero los muchachos rechazaron su oferta amablemente, pues debían ir a trabajar al día siguiente. Al igual que Todomatsu, Atsushi sintió alegría por ambos, o por los cinco, mejor dicho. Era bueno que enfrentaran sus miedos, al igual que él y su pareja habían hecho.

Esa fue la última vez que Atsushi tocó aquel viejo piano, y, a decir verdad, fue una de las mejores decisiones que hizo. Fue como si el propio instrumento por fin se despidiera cordialmente de él.

Estaban en el recibidor. Todomatsu hablaba con Choromatsu y para aprovechar aquella cercanía, Atsushi se aproximó a Osomatsu para hablarle. Quería tomar la palabra primero, pero Osomatsu se la arrebató.

—¡Hey! Gracias por invitarnos hoy… Va a ser una pena no volver a entrar a este sitio nunca más. Voy a extrañarlo mucho, la verdad. —Osomatsu inspeccionó cada rincón con la mirada por última vez.
—Gracias por venir. Sé que ahora tú y el resto de los muchachos están ocupados.
—Nah, no es para tanto… Comparado contigo… Vamos, ja, ja.
—¡Eres rudo contigo!
—Solo un poco —hizo un ademán con sus dedos para denotar esa pequeñez.

Los dos rieron.
De repente Atsushi tuvo un sentimiento intrusivo, la razón principal por la que quiso hablar con Osomatsu "en secreto". Había recordado los problemas por los que había pasado recientemente y desde luego, recordó que Osomatsu había estado involucrado en ello. Según Todomatsu, su propio padre le había hecho daño a la familia Matsuno en el pasado y aún más a Osomatsu. ¿Acaso ya no lo recordaba o fingía no hacerlo? Cualquiera fuera el caso, no se lo recordaría, pero sentía el gran deseo de pedir perdón en el lugar de ese monstruo.

—Osomatsu-kun, lo siento.
Atsushi hizo una fugaz reverencia para no incomodarle demasiado.
—¿Eh? —Ladeó la cabeza, confundido.
—Nada. Solo… lo siento.
—¿Qué rayos significa eso y por qué de repente? —exclamó restándole importancia con una sonrisa bien dibujada.
—Es que…
Le habría gustado decir: «Ahora que he recuperado parte de mis recuerdos no podría dormir en paz si no te pido perdón. Fuiste víctima de mi progenitor y lo siento enormemente». Pero en lugar de eso, no articuló nada ni hizo un solo sonido; quizá hasta había dejado de respirar.
—Vaya que eres raro, por eso debes gustarle a Todomatsu. ¡Pero está bien! No siempre se puede tener cerveza en casa. No bajes la cabeza y no te preocupes, para la próxima te invito yo. ¡Ja, ja, ja!

El tercero interrumpió diciéndole a su hermano desde el portón:

—¡Osomatsu-niisan, ya vámonos!
—¡Ya voy! —respondió el mayor, no sin antes regresarse a donde Atsushi aprovechando que Todomatsu y Choromatsu seguían lejos y le dijo en tono travieso—: Más te vale cuidar bien a mi hermanito, ¿eh?
—Más que a mi vida.
—¿Sabes qué le dijo a papá antes de irse de casa? "Comenzaré una nueva vida con mi marido en Okinawa". ¡Demonios! Ustedes son cursis, tal para cual, y me alegro de que estén juntos. —Osomatsu soltó una risotada.
—E…¿E-Eso dijo?
—¡Y con orgullo! Y si me entero de que a estas alturas le rompes el corazón, ¡voy a darte una paliza! Soy el mejor en eso.
—¡Osomatsu-niisaaaan! —gritó Choromatsu.
Osomatsu se giró para decirle rápidamente al mayor:
—No es la última vez que hablamos. ¡Nos vemos en el aeropuerto, cuñado! Bye, bye.

Osomatsu se acercó para tentar el hombro de Atsushi con afecto y se fue corriendo a donde estaban sus hermanos menores. «¡Gracias por hoy!», exclamó Choromatsu con alegría. Los tres hicieron una reverencia a excepción de Osomatsu que agitaba su mano diciendo: "bye". Se despidieron por ese día.

«Así que así me dijo… Soy su "marido"», pensaba Atsushi una y otra vez. Las mejillas se le tornaron de color rosa.

N. de la A.

Esperaba hacer un capítulo más cortito dada la naturaleza doméstica de la trama del mismo pero lo alargué, no pude evitarlo. Me puse sentimental porque estoy escuchando la banda sonora de Yuki Kajiura desde que empecé a escribir esta noche y me dio algo, nostalgia. A los chicos les hacía falta su tiempo en familia.

Otra cosa: me gustaría que escucharan las piezas que elegí para que Atsushi toque porque me parece que van con su personalidad, ya que la última vez tocó una melodía tranquila y triste.
Por cierto, en una parte puse que Todomatsu andaba "a raíz". Esa es una expresión que usamos aquí en México para decir que una persona no trae zapatos, que anda descalzo. Aunque ciertamente no he escuchado que otra gente la diga fuera de mi familia, pero ha sido una expresión que mi abuelita ha dicho de toda la vida y ya se me hace lo más normal, aunque sí suena algo raro. Pero cuando redactaba la descripción de sus apariencias salió natural y no quise borrarlo (;v;)
Muchas gracias por leer, el gran final se viene pronto. ¿Atsushi y Totty tendrán por fin ese
momento mágico? Averigüémoslo más adelante. Y, por cierto, aun acepto sugerencias. Gracias por leer :)