100AC Demetae (Wales del Sur)

Dagmar despertó temprano ese fatídico día.

Se desperezó gracias a su baño matinal en la fría agua del río y después volvió a su cabaña para tomar su desayuno y coger sus armas para irse al bosque a sus ejercicios guerreros.

Como a diario, pasó por la orilla del mar y saludó a los pescadores; que ya terminaban su labor diaria de pesca.

Dagmar se detuvo un instante en su camino al naufragar en los ojos castaños como de las castañas maduras; del joven pescador que había llegado hacía poco tiempo atrás a la aldea.


Se sacudió la sensación con un escalofrío repentino e involuntario.

Una sombra cruzó por su mente y oscureció su corazón.

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Caminó presurosa hacia el bosque, casi corriendo, mientras su corazón se desbocaba por un temor y un miedo desconocidos hasta ese momento en su corazón.

En el bosque, los druidas se preparaban para iniciar los ejercicios, mientras los jóvenes primogénitos y primogénitas -qué, como Dagmar-, iban llegando en alegres grupos.

Dagmar cruzó entre ellos casi empujándolos, y cayó al suelo como fulminada por un rayo.

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Su mentor -el anciano druida que la guiaba desde que había aprendido a caminar y a hablar-. se acercó a ella preocupado, al verla jadear sin poder respirar.

"Dagmar…"

"¡Miedo, Maestro! ", exclamó; "¡Hay miedo en el aire!"

"Rodéenla" dijo el anciano a los otros druidas, que aprobaban con sus cabezas "únanse en meditación con nosotros".

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Las druidesas rodearon estrechamente a Dagmar, mientras que los druidas formaron un círculo protector por fuera de los jóvenes.

Así concentrada la energía hacia Dagmar, ésta irguió su espalda y cerró los ojos, echando afuera el miedo; para ver claramente su causa.


Entre la bruma vio aparecer una gigantesca silueta, más alta que el más alto de los viejos y venerados robles.

Cada pierna ,-de hecho-, era como un roble y cada brazo como un grueso árbol.

Arrastraba un garrote e iba… arrasando todo a su paso.

Pronto el fuego quemó lo que quedaba en pie… y no se veían más que… cadáveres.

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"¡No!" gritó Dagmar "¡mi hogar, NO!".

"¿Qué es, Dagmar?", le preguntó una de las más ancianas druidesas; "dinos Dagmar, por favor".

"Un gigante", jadeó Dagmar, los grandes ojos desorbitados.

"¿Un gigante?, por favor, Dagmar, ¡sé más explícita!", gimió la druidesa.

"Un gigante, más alto que un roble, cada pierna del grosor de un roble; con un garrote que destruye todo a su paso… no quedó nadie… ¡NADIE!." gimió Dagma, llorando.

"¡Uno de los Fem!", dijo la druidesa, mirando a los otros druidas; " está bien, Dagmar. Ya sabemos que es. Ahora necesitamos saber el cuándo. El cómo va con los Fem".

"¿Qué es un Fem?" , preguntó Dagmar; balbuceando.

"Una raza de feroces gigantes, Dagmar. Hace muchos años, una raza de gigantes asoló nuestra aldea. Se fueron cuando no quedó nada que comer, nada que destruir y a nadie a quien matar. Sólo los muy niños y los muy ancianos se salvaron, pues fueron ocultados en una cueva. Los ancianos transmitieron el saber y los niños construyeron una nueva aldea. Esos niños, Dagmar, fueron los abuelos de los que ahora somos abuelos. Ocurrió y si no puedes decirnos cuándo… ocurrirá otra vez". Su mentor la miraba dulcemente, cómo induciéndola a hablar..

"Ma… mañana antes del a… atardecer. Oía los cornos llamando a la gran hoguera, y las risas en el aire. Y eso no es hoy. Las hogueras, luego los cornos y finalmente las risas les fueron señalando el camino".

"Bien, Dagmar", dijo su mentor; "ahora tenemos que organizar los refugios. Vamos hermanos, cada uno a organizar su refugio. Y no olviden el pasado. Conocemos a los Fem".


Cada druida y cada druidesa tomó a su discípulo y partieron a la aldea, donde reunieron a todos y sin rodeos les expusieron la verdad.

Impusieron calma en la tormenta. Cada uno tenía una tarea que cumplir, incluyendo a los más ancianos y a los más jóvenes entre todos.

Dagmar fue enviada a la caleta de pescadores para supervisar la última recogida de pesca; para llevarlo a ahumar y de ahí al refugio.

El joven pescador se acercó a otro, sin dejar de mirarla.

"¿Quién es ella?", le preguntó.

"Es mi hermana mayor, Dagmar… ¿eh?, ¿Connor?, ¿pasa algo con ella?".

Se preocupó.

"Es discípula de un druida… ¿cierto?", se desanimó y miró a sus manos.

"¿Y?. Mi madre también lo fue y mi padre es leñador… y lo sigue siendo. Aquí, Connor, sólo el orden del nacimiento indica -como en el caso de Dagmar-, el entrenamiento que dan los druidas en nuestra aldea".

"¿Y entonces tu hermana...?"

"Es la primogénita de entre todos nosotros. Sería discípula de un druida. Fue escogida por él, cuando aprendió a hablar y caminar. Igualmente, ella escogió a las armas y no al druidismo de enseñanza. Será iniciada en la formación de la Guerra y de la Defensa, una vez pase su instrucción como aprendiz. Por ahora es neófita".

"¿Y tú?".

"Escogí el mar porque me gusta navegar. Nuestra hermana menor escogió la naturaleza. Le gusta cultivar la tierra. ¿Y tú, Connor, qué eres?".

"Nada. Mi padre es pescador. Mi madre es aldeana. Aprendí a pescar con mi padre".

"¿Y por qué viniste aquí, entonces?".

"Porque yo quería aprender más. Y no me lo permitieron. Y yo era sólo un pescador. Oí de un viajero -un día-, que aquí a nadie se lo obliga a ser algo que... no desea. Así que dejé mi aldea. Vine aquí y me recibieron bien. Me permiten crecer y aprender. Me tratan bien y no me maltratan por ser un pescador".

"¿Y Por qué lo haríamos?, a mi me gusta. Dagmar también gusta del mar. Mamá gusta de la tierra y de cultivar. Papá gusta del bosque. ¿y a ti?, ¿te gusta el mar?".

"A mí...me gusta Dagmar", dijo, bajando los ojos; "y soy sólo un pescador".

Y ella es neófita de druidas. ¿Y qué?. Vamos, Connor. Ven. Dagmar nos espera. No hay tiempo para charlas. Habrá un ataque al alba".


Llevaron la carga hacia la orilla, donde Dagmar lo registraba todo.

Miró a su hermano y sonrió.

"¡Bien, hermano!. Con esto resistirá bien la aldea. Mañana no hay pesca. Los necesitamos en el refugio. Llévenlo a ahumar. Debemos correr".

"Hermana, él es Connor. Viene de la otra aldea. No quiere ser pescador, sólo porque su padre lo es".

"Bien, Connor, ¿y qué te gusta hacer?", le sonrió.

Y la sonrisa iluminó sus ojos oscuros.

"Me gusta… tallar en madera", reconoció con un hilo de voz y la vista baja.

"¡Bien! tenemos pocos de ellos.. En los refugios habrá talladores. Habla con ellos. Vé quién no tiene un aprendiz... ¡Un tallador!", aplaudió, feliz." Ahora al refugio. Vamos".

Connor sonrió azorado. Jamás había sido tan acogido.

El refugio a cargo del mentor de Dagmar ya se estaba armando.


Se había dividido la carga de pescado entre todos los refugios -como se haría con todas las cargas- puesto que había que alimentar a toda la aldea en los días en que tuvieran que estar ocultos.

Los 4 refugios –norte, sur, este, oeste-, tenían dos salidas, un río subterráneo, buena iluminación y aireación.

Habían sido escogidos con muchísimo cuidado después de la masacre de los Fem.


Curiosamente, no había ninguno cerca de la aldea; porque el destino de ella era… desaparecer, para resurgir de las cenizas como el Fénix.

Cada familia tenía asignado su lugar y allí llevaron sus más valiosas pertenencias, para salvarlas de la destrucción que venía.

Las chozas fueron literalmente vaciadas.

Todos se fueron a dormir, para amanecer antes del alba y terminar lo empezado.

Se hizo la última recogida de pesca -esta vez el pescado no sería ahumado, sino directamente distribuido- de los frutos de los árboles y de la tierra.

Se recogió el forraje para los animales y -una vez que éstos pacieron- fueron ingresados a los refugios.


Y, mientras todos corrían; salvando todo lo posible de ese nefasto día por venir, los más viejos entre los druidas elevaban las rogativas a la Madre Tierra, para que les perdonara por abandonarla en manos de esa fuerza destructiva.

Lloraron por los árboles que morirían, por los animales que sufrirían, y por la tierra arrasada.

Era un día de luto y dolor.


Los aldeanos, de cara al horizonte, observaban llegar el ocaso.

Un cuerno soltó una aguda nota, avisando del avistamiento de los Fem.

Las familias se dirigieron a los refugios, y entonces Dagmar se volvió, furiosa.

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Tomó su arco y una flecha y provocando un pequeño fuego, encendió la punta de la flecha y la disparó directamente… al techo de su hogar.

"¡Libertad!" gritó, "¡ellos no tienen el derecho de destruir lo que nos ha costado tanto construir!"

Todos se volvieron a mirarla.

Luego, uno a uno, siguieron su ejemplo.

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Pronto todas las chozas ardieron.

Los pescadores desfondaron los botes y apenas con tiempo de huir, corrieron a los refugios; que ya cerraban sus herméticas puertas de roca.


Dagmar esperaba impaciente a que su hermano volviera al refugio.

Pronto recordó a Connor y su impaciencia se trocó en miedo.

Vio en lontananza la enorme silueta del Fem -y más cerca aún- a dos siluetas que corrían hacia ella.

"Rápido, que el Fem está sobre ustedes!", gritó aterrada.

Entró el hermano de Dagmar y ésta activó el mecanismo que cerraba la puerta… cuando vio a Connor en el suelo. Había tropezado y caído.

Con el mecanismo activado haciendo cerrarse las puertas, Dagmar corrió hacia Connor y lo ayudó a levantarse, para alcanzar a cruzar por la puerta casi cerrada que separaba la desolación que estaba afuera de la seguridad del refugio.


Pero ella... quedó afuera.

Lo último que Connor vio fueron sus ojos oscuros -llenos de terror y de amor hacia él-, antes que la puerta se cerrara a cal y canto y oyera sus gritos de dolor, al ser pisoteada y arrojada en contra de los muros de piedra.

"No fue tu culpa, Connor", le dijo la madre de Dagmar; "pero no dejes que tu amor por ella se desvanezca... Ustedes... ya se habían conocido antes... y se volverán a encontrar otra vez... Sólo no dejes que se desvanezca otra vez".

Cuando el peligro pasó y vieron la aldea destrozada, recogieron con sumo cuidado el cuerpo maltrecho y destrozado de la única que se sacrificó ese día.

Se había ofrendado a la Madre tierra y ella la conservó con amor, cubriéndola con lodo y plantas; para que su propia gente pudiera despedirla.

Connor talló un anillo de madera para ella y se lo puso en el dedo que hubiera esperado -algún día-, que llevara uno más elaborado.

"El Amor se Desvanece... el Mio... nunca lo hará", y besándola en los labios, encendió su pira funeraria.


Originalmente lo vi en un sueño, y me pareció una linda historia.

Será parte de parabatai, pero quería darles el spoiler.