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Capítulo veintitrés
"Realidades..."
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Durante mucho tiempo se consideró así misma alguien neutral. Es decir, con la suficiente paciencia para tolerar aquello que no le parecía y ayudar a quienes se acercaran a pedir ayuda —y los que no, también—.
Amelia Rose siempre fue de personalidad explosivamente altruista.
Siempre dispuesta a ayudar y dar lo mejor de sí inclusive si ello implicaba tener que poner un "extra" de su parte en dichas situaciones.
Le gustaba ayudar, era algún tipo de alimento para el alma, le gustaba pensar.
No obstante, había momentos —muchos, siendo honestos— donde la dulce y tierna Amelia Rose hacía uso de un temperamento terrible.
Naturalmente, con el paso de los años había aprendido a lidiar con sus propias emociones —al menos, la mayoría— y podía —en medida de lo posible— solventar situaciones adversas sin molestarse.
Como aquella vez en la que Sonic rechazó sus galletas de mantequilla por considerarlas no cools.
No se molestó —al menos no tanto— aprendió de ello y mejoró su receta.
Tampoco le molestó cuando un verano pasó gran parte de este tratando de aprender a tocar la guitarra para estar en la banda del azulado.
No fue gran cosa cuando éste le dijo que era algo familiar y que era muy pequeña para formar parte.
Tampoco fue gran molestia cuando él rechazó muchos de sus regalos y atenciones durante el transcurso de la niñez y temprana adolescencia.
No claro que no...
Sin embargo; por motivos que en este momento se le escapaban la conversación ya había cobrado un sentido completamente distinto al que tenía en primera instancia y ante tal situación no pudo sino echarse a reír.
No era gracioso, lo admitía, pero esa fue la única reacción natural que su cuerpo se dignó a permitirse luego de lo dicho anteriormente.
Él la observaba, no supo si molesto o incluso confundido. Tenía claro que, aún con todo y que no deseaba ser grosera; de verdad era risible lo que Sonic dijo.
Sintiéndose triste por ella; era tan absurdo como los pantalones acampanados y los lentes sin aumento, simplemente sin pies ni cabeza.
Por otro lado, Sonic se mantenía callado y silencioso. Expectante a todo lo que ella seguramente pensaba de sus palabras.
Sonaba muy idiota, pero era un pequeño dolorcillo saber que ella se reía de algo que consideraba tan... personal.
Sí, esa era la palabra que podría describirlo: personal...
Vale que ya habían pasado años, pero era algo que vivía en sus recuerdos.
Esa tarde en Twinkle Park rodeado de sus amigos quienes al igual que él estaban a nada de iniciar la universidad y emprender una vida lejos de casa supo que era momento de un cambio.
Pronto dejaría su hogar y viajaría a la ciudad a rascarse con sus propias uñas y ser un "adulto independiente", algo que le provocaba ansiedad.
No se sentía del todo listo, es decir, en unos días cumpliría 18 y aún había muchas cosas que quería hacer y disfrutar de ese verano, aunque sus padres le insistiesen que debía marcharse con antelación para "arreglar" sus asuntos con tiempo.
Algo que le pareció particularmente cruel si tenía en cuenta que aún no lograba decidirse por una carrera y ninguno de sus padres parecía interesado en ello ni en brindarle alguna clase de consejo y/o aliento paternal.
De cualquier modo, ese día y pese a todo lo malo que estaba ocurriendo en su vida decidió que pasaría la mejor de las tardes rodeado de quienes le importaban y lo atesoraría en su memoria.
Esos últimos días en su ciudad natal le servirían para asentar los cabos sueltos que tenía en su interior y bueno, no es que eso le ayudase a superar su crisis existencial, pero ayudaba al fin y al cabo.
Como el hecho de haber formalizado una relación —por primera vez— con Sally. Saber que ella le apoyaba le daba un pequeño empujón y ya no se sintió tan solo después de eso.
Pero no era de Sally de quien se hablaba en este momento y aunque también tenía algunos sentimientos encontrados por todo lo acontecido con la pelirroja ahora toda su atención estaba sobre Amy.
¿Cómo podría hacerle entender cuán importante era para él?
—Lo siento, Sonic—Hablo ella de pronto sacándole de su ensoñación—Supongo que es divertido recordar...—a secas respondió sumiéndolos a ambos en un ambiente tenso y apesadumbrado.
Para Amy no presentó un verdadero problema que él la considerara como su pequeña y molesta hermanita menor ante la sociedad y que la tratase de igual modo.
No le incomodaban sus rechazos, ni tampoco ninguno de esos comentarios poco o nada cuidadosos sobre cómo era muy joven para ser considerada "una candidata".
¿Qué tenía de malo no ser del tipo de las que le gustaban a Sonic? nada...
Entonces...
¿Por qué le molestaba tanto esta conversación? El tiempo pasó, las cosas cambiaron y ambos tomaron rumbos distintos; incluso en algún punto la idea de tener otro chico en su vida le fue factible y Mighty y sus mimos le dieron un confort que no esperaba.
Y Sonic y todo ese amor loco y desmedido se fue...
¡Qué bah!
Pamplinas y falacias; Sonic y todo lo que representaba en su vida jamás se fueron, siempre estuvo ahí, recordando, añorando y sobretodo siendo testigo de todas las cosas que sólo una buena amiga podría contemplar.
Juergas, faldas y coartadas...
Había una lista interminable de situaciones en las que siempre se vio inmiscuida desde que le conoció. Cosas absurdas e ilógicas que en el fondo siempre supo que no hubiese hecho por nadie más.
Sonic siempre fue su prioridad...
—Ames, de verdad lo siento...—no era capaz de mirarle al rostro; perdido entre sus propios recuerdos, Sonic resopló—La verdad es que soy un tipo complicado y creo que a veces actúo sin pensar...—.
Bueno, al menos estaban de acuerdo en algo esta vez.
Sí, era un tipo complicado —muchísimo— y sí, siempre actuaba sin pensar.
Siempre terminaba arrastrándola a situaciones que la ponían en un predicamento, siempre llamando y pidiendo su ayuda en embrollos absurdos y pleitos de borrachos.
Y ella...
Bueno, ella siempre acudía en su rescate. Sin importar la hora o que tan alejada del centro del problema en que estaba metido estuviera ella acudía siempre a salvarlo incluso de él mismo.
Cuidándole como si se tratase de un niño pequeño e indefenso.
Y ahora, sentado frente a ella y evitando mirarla a toda costa estaba ahí, pidiéndole disculpas por cosas que pasaron hace más de quince años y cuyas heridas pasó años tratando de sanar.
En ese breve espacio en el que se convenció de que todo ese amor desmedido por él era pueril y caprichoso y se dio a la tarea de encontrar su verdadera mitad.
Salió, vivió y experimentó algunas cosas, unas le gustaron, otras solo le dejaron enseñanzas que guardaba celosamente en su memoria.
Mighty estuvo ahí cuando Sonic le rompió definitivamente el corazón y se quedó a su lado a recoger sus pedazos.
Le apoyó, le alentó y sobretodo, se preocupó por ella.
Todas esas veces que lloró cuando Sonic se mostraba abierto y sin tapujos ante sus muchas conquistas.
Porque sí, lo coqueto empedernido nunca fue secreto y desde siempre lo había sido.
Y aun así se enamoró.
Se enamoró tanto y tan fuerte que cuando le dio el sí al pobre Mighty deseó internamente que el cobalto lo impidiese de algún modo u otro.
Así, tal cual una novela mexicana donde la hombría derrochada y los celos enfermizos son la premisa general, de verdad deseó de alguna forma ridícula que luchase por ella.
Y en efecto, no sucedió.
Sonic fue el primero en alegrarse cuando su relación se hizo pública; incluso le felicitó efusivamente ante esto último.
No podía molestarse, lo sabía en el fondo, pero aun así le sabía fatal.
—Y de verdad lo siento, en serio quisiera enmendar todo de algún modo... no sé, viajar al pasado y evitar cometer tantos errores...—seguía hablando y ella solo escuchaba de cuando en cuando justificaciones que ya no venían al caso.
El pasado era pasado y no podía remediarlo.
No podía cambiar el rechazo, ni tampoco el dolor.
Y le costó mucho tiempo darse cuenta de ello; lágrimas y desvelos que tampoco podía cambiar por mucho que lo hubiese intentado.
No era su culpa haber estado profunda y estúpidamente de Sonic y aunque hubiese sido muy sencillo culparlo a él por todos y cada uno de esos detalles que en algún punto le envolvieron, tampoco era culpa suya.
Nunca le prometió nada...
A ella no le sonreía bonito, ni le abría la puerta para dejarla pasar. Con ella toda la galantería barata de conquista nunca fue utilizada porque nunca fue una opción.
Eso fue lo que de verdad dolió...
Dolió tanto que se hizo la fuerte, aunque por dentro le quemaba la sola idea de verle. Y le dolía todavía más el hecho de que él actuaba como si no fuese la gran cosa.
No había reproches de su parte, Sonic estaba en todo su derecho de hacer su vida y ser feliz, con una, dos, tres incluso cinco mujeres si eso le llenaba.
Lo sabía y solo por eso se lo calló.
Porque nunca la trató como algo más que su hermanita menor y no podía enojarse por ser honesto con ella.
¿O sí?
Miró sus manos temblorosas y el dolor de antaño se instaló en su pecho otra vez.
Ya no era una mocosa sin amor propio; hizo su vida, se graduó y se tituló y ahora podía plantarle cara a todos los embrollos que su vida amorosa le ponía enfrente.
Entonces, ¿por qué estaba llorando otra vez?
Lágrimas amargas corrieron libres por sus ojos y esta vez era Sonic quien las traía a flote.
O quizá ya ni siquiera era por él por quien estaba llorando. Había tanta frustración en su pecho que solo pudo atinar a llorar amargamente presa de una ira que ya no pudo controlar.
Por su lado, Sonic trató de reconfortarla de algún modo. Todo este asunto, aunque sonase difícil de creer también era algo delicado para él y le tenía los nervios a flor de piel.
Verla llorar le estaba quemando. Y le quemaba aún más saber que él era el causante de sus lágrimas.
—Amy, yo...—al intentar acercarse, ella se apartó—Si me dejases explicarte...—de nuevo hizo el intento de acercarse siendo rechazado una vez más.
Estaba furiosa con él, con ella... con todo.
Con sus tontas decisiones, con todo lo que Sonic había traído a su vida.
—¿Estás bien?—sonaba muy tonto incluso viniendo de él, pero fue lo mejor que se le ocurrió.
Nunca fue bueno lidiando con las emociones ajenas, ni siquiera podía con las propias.
Pero se lo debía, sabía que debía hacer el esfuerzo por ella.
Abrió la boca para intentar formar alguna otra palabra de aliento, pero la mirada en el rostro de Amy le hizo detenerse.
Ira, dolor y mucha decepción se instalaban en los ojos verdes de su hasta en ese momento mejor amiga y algo en su interior clamaba por enmendarlo.
—Nunca pensé que diría esto Sonic—Ella hablo al fin con voz entrecortada a causa del llanto—Pero eres un desgraciado—susurró.
Estaba tan dolida y molesta.
Tantos años, tanta fidelidad y amistad incondicional y el muy ladino y bastardo nunca lo valoró.
—Hay cosas que uno nunca puede entender, Ames... —sentía un nudo formarse en su garganta, aunque se estaba esforzando por mantenerse calmado—¿Qué está pasando entre nosotros dos? —genuinamente sentía la duda corriendo en su interior y a riesgo de sonar como un estúpido.
Porque era verdad, no sabía que estaba pasando.
Así de idiota podía llegar a ser, pero ese no era el caso en este momento.
Necesitaba respuestas, aunque Amy no compartía la misma opinión en ese momento.
Estaba frustrada, eso era evidente incluso para un lerdo y desinteresado en los sentimientos ajenos como lo era él.
Podía sentir el enojo emanar desde la rosada y aunque no había emitido una sola palabra sus ojos le decían todo.
Que la cosa pintaba para ponerse peor —mucho peor— y que era su culpa —como siempre—.
—Si tan solo me explicas yo te juro que...—Antes de terminar ella le interrumpió bruscamente.
—¡Eres un idiota!—.
Todas las palabras del cobalto le provocaron una sensación de escozor en su interior.
Le estaba quemando el solo hecho de verle ahí, tratando torpemente de enmendar cosas de años atrás.
Cosas con las cuales había aprendido a vivir de un modo u otro y ahora, después de tanto tiempo resultaba que se disculpaba.
¿Qué carajos estaba pasando entonces? ¿Por qué de pronto le nacía esa necesidad de enmendar todo el daño?
Porqué hasta ahora...
Ahora que ya no importaba porque el daño ya estaba hecho y esa estúpida manía que tenía por cuidarle las espaldas ahora le estaba saliendo muy caro.
Traicionar a Silver y rechazar a Shadow por aferrarse a esa amistad tan tóxica y dañina que no valía la pena.
Sonic no valía el esfuerzo, ni siquiera el tiempo que había invertido en inventar excusas para servirle de tapadera en sus estupideces.
Nada...
Sonic no valía nada.
¿Entonces por qué se sentía tan mal con todo esto?
Estaba sensible; no era algo que estuviese en discusión, después de todo los últimos días fueron una montaña rusa de emociones y poca inteligencia emocional de los implicados.
Tristemente para Rose el joven que la miraba expectante no era conocido por darse por vencido tan fácilmente.
Sonic solo tenía dos cosas claras en ese momento: que la había cagado y que debía enmendarlo ya.
Sin importar cuán feo se pusiera el asunto su deber era arreglar las cosas, aunque ello implicase que ella le golpeara un poco.
Era un riesgo sí, pero en el fondo sabía que merecía que ella le odiase. Sabía que tenía motivos de sobra para estar molesta y no desear hablarle nunca más.
Aunque esto último no era algo que estuviese dispuesto a aceptar.
Amy era demasiado importante para él y no estaba en tela de juicio cuanto se preocupa y le importaba lo que sucedía con ella.
Después de tantos años de amistad y posteriores rechazos —que lo admitía, no había sido un buen amigo la mayoría del tiempo— siempre había procurado estar ahí para ella.
Sin importar cuán lejos estuviesen siempre había un momento para preguntar cómo se encontraba y si la agenda se lo permitía, llamadas hasta la madrugada poniéndose al día de todo lo que sucedía en la vida del otro.
Quizá nunca la consideró como un prospecto para novia no porque la considerase poco atractiva; era más bien una cuestión de respeto y familiaridad.
Ella era tan importante en su vida que sabía que tarde o temprano terminaría decepcionándola si se enfrascaban en una relación.
Un engaño, una mentira o cualquiera de esas faltas que se cometen en las relaciones y las fragmentan sin remedio.
Lo último que deseaba era alejarla ante su incapacidad de comprometerse a algo serio.
Era idiota de su parte, sobretodo tomando en cuenta que terminó hiriéndola de igual modo.
Pero genuinamente en su defensa podía decir que nunca quiso —ni quería— lastimarla de algún modo.
Esa chica era tan importante para él que cuando se enteró que al fin deseaba seguir con su vida y empezó a salir con Mighty se alegró genuinamente por ella, aunque algo en su interior se sacudió un poco la primera vez que los vio juntos.
Posiblemente era la extrañeza de verla en plan romántico con alguien —fuese quien fuese— de igual modo trató de no pensar mucho en eso y sólo se concentró en disfrutar los últimos meses que le quedaban en la ciudad.
Meses rodeados de alcohol, muchas fiestas y poco o nada de autocontrol.
Ni bien tenía dos semanas con su amada novia —Sally, desde entonces— cuando los líos de faldas iniciaron.
Debió terminarlo, siempre supo que estaba mal portarse como un patán desinteresado, pero no podía controlarlo.
Le pasó muchas veces, en todas esas fiestas en las que compartía un mismo espacio con Amy y con Mighty no podía acallar la sensación en su interior.
Ni aun estando la pelirroja en el mismo lugar dándole todo su cariño y atenciones podía dejar de mirar a la rosada siendo abrazada por su entonces novio y dándose amor.
Le molestaba, sí.
Nah que bah, le cagaba, le hacía hervir la sangre y le daban ganas de patearle el trasero a ese cabeza de rodilla de Mighty por pretencioso y atrevido.
Y al mismo tiempo su sentido común le impedía actuar y siempre terminó fingiendo que nada le molestaba.
Siempre quiso convencerse de que todo era producto de los celos propios de cuidar a su hermanita menor.
Y ahora, quince años después frente a tan extrañas circunstancias algo hizo click.
Tanta molestia se debía a algo mucho más allá de que la viese como su hermanita menor.
Siempre lo supo y se negó categóricamente a aceptar de algún modo que eso pudiese llegar a suceder.
Creció junto a ella, jugaron y rieron juntos durante años y le parecía imposible.
Impensable.
El solo hecho de imaginarlo le asqueaba.
No, no, no.
—Amy...—Habló entrecortado mientras muchas imágenes llegaron a su mente agrupándose una tras otra de forma agobiante.
Una vivencia tras otra y ese sentimiento casi inherente seguía ahí.
—No digas nada, Sonic—ella evitaba mirarle a toda costa—No importa ya... no importa cuánto me esfuerce, cuanto trate de engañarme a mí misma...—sus ojos lastimados lo miraron al fin—Todos tenían razón sobre ti—.
Dolía tanto aceptarlo...
Podía sentir la mirada triste y preocupada sobre ella rogando de algún modo que todo lo que estaba sucediendo fuese un chiste cruel, pero no.
Estaba hablando muy en serio.
Ya no podía seguir fingiendo que no se daba cuenta de todas esas malas acciones que el cometía.
Rouge se lo dijo.
Shadow también lo hizo.
Inclusive sus amigas de la universidad no se cansaban de insistirle que el tipo solo se aprovechaba de ella.
Y sí...
Sí se aprovechó de ella y eso era lo que más le molestaba.
Que estaba tan ciega...
Que de verdad le tuvo fe.
—Espera, espera... no sé qué te dijeron, pero te juro que no...—.
Eso la enojó todavía más.
—¡No es solo eso Maurice! —Alzó la voz furiosa—Son todos los malditos años que he dado todo por ti—trataba de no llorar, pero ya no podía parar—A todos diciéndome que no debía confiar en ti...—.
Aceptar que estaba equivocada era decepcionante.
Porque siempre deseó con todas sus fuerzas que todo el mundo lo mirase como ella lo hacía.
Mientras Rouge le llamaba imbécil, ella le decía que solo era demasiado bromista. O cuando Shadow le llamaba flojo y desinteresado ella siempre se esforzó por llamarle hiperactivo.
Estaba mal, en el fondo era culpa suya el haberse creado tantas expectativas por alguien que no hacía —ni haría— lo mismo por ella.
Que patético resultaba todo ahora que lo pensaba con detenimiento.
Era tan idiota de su parte creer que podía ayudarle a cambiar. Que de algún modo u otro podría sacar la mejor versión del cobalto y convertirlo en todo eso que ella veía en él.
Siempre pensó que sólo hacía falta que todos conociesen al verdadero Sonic.
Pero ¿Quién era el verdadero Sonic? Solo un aprovechado, soberbio y pretencioso sujeto que además de todo lo ya mencionado, el cabrón destruía todo a su paso.
Shadow se lo dijo; Sonic creaba el caos a cada paso que daba...
Y nunca quiso creerlo.
—Entonces estás diciendo que crees toda esa basura que dicen de mí...—No supo si sonaba ofendido, pero ella se echó a reír.
Basura, claro.
—¿Y eres tú quién lo pregunta? —Ironía sin duda alguna salió de sus labios—Eres tan cínico que parece un mal chiste—Suspiró—Pero la culpa es mía por creer que de verdad eras mi amigo—.
Sí, era su culpa por confiar ciegamente en que su cariño y amistad resolverían todos sus problemas.
Su madre siempre le enseñó que el amor y el cariño era la mejor cura para las adversidades, pero ahora entendía que no.
No había logrado nada con eso...
Sonic siempre sacó ventaja de sus atenciones, de todo el interés que desde niña mostró hacía el.
Porque sí, aunque a estas alturas de la vida era bochornoso pensar que una pequeña se enamorase perdidamente de otro mocoso como ella, sucedió.
Supo desde el primer momento en que sus ojos se encontraron con los de Sonic supo que éste le gustaba.
Aún con su precario conocimiento de la vida y las emociones entendió que ese chiquillo de dientes chuecos y rodillas raspadas era importante para ella y que no quería separarse nunca de su lado.
Sentimientos infantiles quizá... pero no desaparecieron a medida que crecía.
Con los años ese gusto obsesivo —casi insano— por el niño vecino de sus abuelos evolucionó por lo que ella entendió que estaba muy —muy— enamorada de él.
El tiempo le ayudó a controlar los impulsos de demostrar su cariño de forma tan efusiva y asfixiante; ya que, según la abuela el corazón de un hombre siempre se gana con comida.
Durante mucho tiempo trató; con postres y todo tipo de galletas, aunque el insistía que no sabían bien.
Aunque los mayores le alentaban en que no debía desanimarse, tomó todos los consejos —y críticas— para mejorar y hoy en día era toda una profesional en la cocina.
—Claro que soy tú amigo—exaltado recalcó—He sido tu amigo desde siempre— la sola idea de que lo dudase era apremiante.
Su amistad era muy importante —demasiado— tanto que se dijo a si mismo durante años que solo sería su amiga.
Estaba en negación; o mejor dicho estuvo.
Durante años mantuvo firme y convenientemente esa idea en su cabeza sin importar lo que sus sentidos le dijesen.
Sin importar que sus postres le gustasen; ignorando que le gustaban sus atenciones e incluso fingiendo que no importaba que saliera con Mighty.
Y bueno, la tarde en el parque cuando ella se confesó por última vez antes de que se fuese a la universidad algo se quebró.
Verla llorar ante ese rechazo —posiblemente menos cruel que los anteriores— donde usó como excusa —conveniente— su relación con Sally y el estar enamorado de ella.
Bastante cobarde de su parte, sí.
—¿Mi amigo? —Ella seguía en ese régimen de enojo y no iba a sacarla de ahí—¿Un amigo que sólo se aprovecha de mí? —estaba mal echarlo en cara, sobretodo porque todo lo hizo desde el fondo de su corazón—Un amigo que solo se ha burlado de mí...—.
Esperen, esperen... ¿Cuándo él se ha burlado de ella?
Abrió la boca para responder, pero las palabras de la rosada le dejaron anonadado.
¿Ella de verdad creía eso?
—¡Eso no es verdad! —Demasiado cerca de ella, la tomó del hombro obligándole a mirarle—Jamás me he burlado de ti Amelia Rose, jamás—.
Instintivamente ella se alejó; al sentir aquel contacto. Solo tenerle cerca lograba sulfurar sus sentidos.
—¿¡Cómo te atreves a negarlo!?—los gritos probablemente despertarían a sus vecinos, pero no le importó.
Estaba cansada de todo esto y ya no iba a fingir que no era así.
—¿Estás escuchando lo que dices? ¡Por Chaos, Amy! Pasar tanto tiempo con ese resentido social te está comenzando a nublar el juicio—.
—No hables así de Shadow—se apresuró a decir—A sido honesto conmigo todo este tiempo y yo dudé de sus palabras por ti...—.
Aún con la advertencia de alguien que no se caracterizaba por bromear o exagerar las situaciones se dio el lujo de rechazar sus evidencias.
Que estúpida podía ser a veces con todo y lo que se estaba esforzando por ser una mejor profesionista.
Sonic se mantuvo callado buscando en su interior las palabras adecuadas para responder. En este punto debía ser bastante cuidadoso sino quería exponerse nuevamente ante alguien más.
Si hablaba a lo idiota terminarían muy mal...
—Sigo sin entender que rayos está pasando entre nosotros—su tono curiosamente sereno le produjo sorpresa—Pero te aseguro que las cosas no son como las crees—.
¿Cómo eran entonces?
Ni aun haciendo el mayor de los esfuerzos por tratar de calmarse podría hacerlo con toda esa hipocresía que Sonic podía reunir en tan pocas palabras.
Era francamente ofensivo el solo hecho de que fingiera demencia ante lo que ambos sabían que estaba —estuvo— y estaría mal entre ellos dos.
El simple hecho de ser amigos era un completo error y le tomó 15 años entenderlo.
Ya no valía la pena gastar sus energías en esa conversación porque ya no había más que decir, al menos no de su parte.
Cualquier cosa que saliese de sus labios solo añadiría más sal a la herida y su salud mental no estaba para esas cosas por el momento.
Miró al cobalto que también le miraba con el rostro angustiado y muchas arrugas formadas en su frente eran la señal inequívoca de que estaba preocupado.
Pocas fueron las veces que vio esta peculiaridad en el chico y fue solo por eso que se le estrujó el corazón.
¿Por qué tenían que ser así las cosas?
—Perdón por todo, Sonic—Ahora era ella quien se disculpaba para sorpresa de ambos—Pero creo que ya no podemos ser amigos—.
Eso sí le dolió.
No se movió, ni siquiera pudo atreverse a parpadear después de lo dicho por ella y sin quererlo una lágrima corrió por su mejilla.
Quizá fue la desesperación, tal vez el dolor pero que estuviese terminándole—al menos amistosamente— le dolió.
Le dolió más que todas las veces en que su familia le ignoró; incluso más que aquellas en que sintió el rechazo de su madre y su preferencia por Shadow.
Ni siquiera saber que fue un hijo no deseado le dolió tanto como saber que Amy Rose ya no quería ser su amigo.
Desesperado por aquella abrumadora sensación de desolación en su pecho solo pudo atinar a aferrarse torpemente de la chica y abrazarle como si la vida le fuese en ello.
Y que ella no correspondiese a ese último intento por no dejarle ir fue aún peor para sus últimos gramos de cordura.
—Lo siento Amy, lo siento de verdad lo siento tanto—seguía aferrado a ella echando por la borda toda su fachada de chico cool y desinteresado.
Jamás había llorado por una chica ni rogado por un perdón; ahora estaba ahí de rodillas aferrado a la chica que lo amó durante años esperando su perdón.
Qué ironía.
—Lo siento—seguía mojando la tela de su blusa y ella se mantenía inmóvil sin saber que decir o que hacer—No era mi intención que creyeses que no me importas...—Confesó.
Tal vez tenía razón y solo por eso le concedería ese último desahogo.
Dejarle que dijera lo que tuviese que decir y no dejar cabos sueltos entre ellos dos.
—Soy tan idiota—la liberó de su abrazo y ambos se miraron—No quiero perderte, no a ti Ames...—.
—Dejémoslo así, Sonic—le costaba, pero ya había tomado una decisión y no iba a cambiar de idea—Por el cariño que un día te tuve, lo mejor será que te vayas a casa—.
Porque era lo mejor; ya no podía ofrecerle nada más.
—¿Por qué haces esto, Amy? —genuinamente no entendía que sucedía.
Ya ni siquiera le importaba si lo veía llorar, si se humillaba al pedir explicaciones y oportunidades. No iba a renunciar a ella.
Por muy egoísta que eso sonase no podía imaginar una vida sin ella.
No iba a soltarla...
Aunque ello significase ir en contra de todo lo que fue alguna vez.
Ese tipo desinteresado que no se apegaba a nada; que ninguna mujer había dominado su corazón.
Que ni su propia madre le dolía tanto como la chica que tenía frente a él terminando aquello que ya no sabía que tenían, pero que de un modo u otro no podía soltar.
Era un pésimo amigo, un mal hermano mayor y ahora también un mal sujeto porque ni él sabía que quería de la vida.
Y se sentía tan desesperado; completamente abrumado y a la expectativa de que podría suceder.
Iba a perderla...
—No puedes hacernos esto, Amy—farfulló—No puede... no puede terminar así—balbuceó al aire sin comprender todo lo que le abrumaba—¡No puedes!—.
Dándole la espalda no hizo otra cosa que sumirse en ese espiral de desolación al que solo le hacía falta añadir esta ruptura para culminar su fatalidad.
Todo se estaba derrumbando dentro de él y se sentía morir.
Posiblemente se debía a la carga de estrés —mal atendido— que ya traía a cuestas o tal vez...
Giró sobre sus talones para ver cara a cara a la chica quien a su vez también le miraba y en silencio ambos lloraron.
Dolía mucho...
—¿Por qué, Amy?—Pregunto por enésima vez y la tomó del rostro para obligarle a mirarlo—¿Por qué tenemos que terminarlo todo por una discusión del pasado?—.
No tenía sentido, al menos no para el que vivía negando sus propios sentimientos.
—Porque estoy cansada de poner tus bienestar e intereses por encima de los míos, Sonic—al liberarse de su agarre, trató de limpiarse algunas lágrimas—Rompiste mi corazón tantas veces...—
No deseaba romperlo, no el de ella.
—¡Lo siento! ¿SÍ? ¡NO SÉ PORQUE HE HECHO TODAS ESTAS COSAS TODO ESTE TIEMPO!—Gritó sin dejarle concluir—¿De acuerdo? Dije tantas cosas que no debí haber dicho...—.
Y la hizo llorar y lamentarse, sí.
—Y no importa—insistió—Porque eso no cambiará el pasado—Tenía razón, dolorosa razón—No interesa quien hizo o no hizo que... tampoco importa si te amé o no... nada volverá a ser igual...—.
El aquí, el ahora, ese preciso instante era lo importante y ya no estaba dispuesta a darle su máximo esfuerzo.
Ya no quería caer rendida en sus brazos como una niñita tonta que no sabía qué rayos pasaba por su cabeza.
Ya no deseaba pensar en el príncipe azul que nunca fue y nunca sería.
Porque lo sucedido en estos últimos días posteriores a su estúpida idea de intentar ser madre eran el claro ejemplo de que debía madurar y dejar atrás todo lo que le hacía mal.
—Maldita sea—Blasfemó—Todo esto es a causa del emo, ¿no es así? El te puso estás ideas de mierda sobre mí...—acusó.
En parte sí, no iba a negarlo. Muchas de las cosas que Shadow le dijo resultaron ser verdad, aunque no solo era por ello que estaba terminando con él.
—Eres tú—cortó—Tú y tu ego de superestrella al que no le importa nadie salvo tú—.
¿Tan mal le veía?
—Salvé tu vida...—susurró.
El ambiente en la habitación si antes era tenso en ese momento se transformó en un témpano de hielo a punto de desquebrajarse y hundir todo a su paso.
—¿Gracias?—respondió con sarcasmo y Sonic se derrumbó al fin.
Sentando en el suelo de la cocina se aferró a sus propias rodillas hundiendo su rostro entre estas como método de autodefensa.
Recordar ese momento era una maraña de situaciones que todavía le producía pesadillas. Sobretodo tomando en cuenta lo delicado de la situación y lo mucho que le costó no asesinar con sus propias manos a ese bastardo.
Cuando recibió aquella llamada por error no le tomó mucho tiempo entender que algo malo sucedía e hizo gala de aquella rapidez que sus años de atletismo en la preparatoria le dieron para llegar al departamento de la rosada.
Tenía algunas imágenes borrosas que se fueron perdiendo con el tiempo y lo caótico del momento. Recordaba haber roto la puerta a costa de patadas y luego de eso ver el rostro asustado de Amy lleno de sangre.
De resto podía ver sus puños golpear a ese moco verde y que el maldito le golpeó con una lámpara en la cabeza dejándole aturdido y con una herida en la oreja donde le dieron siete puntadas.
Verla llena de vendas, con tres costillas rotas, el hombro dislocado y los ojos amoratados aún le perseguía.
—Cuando te vi herida casi me vuelvo loco—confesó al fin sin mirarla—Aún tengo pesadillas con ese día...—siguió en su confesionario.
Seguía en su mente, dándole vueltas una y otra vez. Atormentando sus recuerdos con el fantasma del tal vez.
Tal vez pudo llegar antes...
Tal vez debió darse cuenta antes...
—Porque creí que te perdería...—al decir esto ella no pudo disimular la sorpresa—Pensé por un momento que no volverías a ser tú... y me asusté—.
Algo recordaba de esa época tan difícil en su vida y la recuperación en donde de un modo u otro siempre estuvo ahí; siempre al tanto de todo lo que necesitase, incluso cuando la terapia comenzó fue el quien insistió en acompañarla en todas ellas.
La cuidó...
—Me asusté de mí... de ti...—.
—No sé a qué quieres llegar con esto, Sonic—desconfiada, trató de no darle más atención a su discurso—Agradezco que me hayas ayudado en mis momentos vulnerables, pero...—
—No lo entiendes...—murmuró—No lo entiendes—seguía más para él que para ella y aún así no terminó—Me aterraba perderte... ¿no lo ves? Creí que si te cuidaba nada malo te pasaría y míranos ahora...—sus manos apuntaban a su pecho dolorido y se sorbió los mocos de paso—Aún así lo arruiné...—.
Le dolía, le dolía tanto...
—No sé que más decirte...—era sinceramente ácida con sus palabras—Todo esto no debió suceder...—.
Seguramente estaba demasiado sensible y cualquier cosa que ella dijese le iba a afectar más de lo debido, pero eso le ofendió.
El desdén con el que minimizaba sus sentimientos...
Su confesión.
Porque le estaba abriendo su alma, sus mayores miedos e inseguridades estaban frente a ella y al parecer no le importaba.
Se lo merecía...
No lo valía.
Era así de simple, ¿no? Así de sencillo de comprender y solo un idiota como él seguía aferrándose a una batalla que tenía perdida.
—Sonic, creo que debes irte a casa...—ya no tenía caso mantener esa conversación.
Solo sacaba lo peor de ambos y deseaba guardar lo poco de cordura que le quedaba —y que ya no quería verlo así—.
Le guardaba cariño.
—Lo arruiné... ¿no?—estaba ahí sentado sin mirarla—Tan solo... quisiera preguntarte algo...—.
Dudosa Amy formuló.
—¿Qué cosa?—.
De pie y junto a ella Sonic le dedicó una larga mirada de nostalgia que la hizo estremecer.
Siempre tuvo la habilidad para expresarle todo sin ninguna palabra.
—¿Alguna vez has creído algo por tanto tiempo aún en contra de tus propios instintos?—no dejaba de mirarla—Convencerte durante años de algo y al final darte cuenta de que no era así... que estabas en un error y que no puedes remediarlo—.
Le pasó muchas veces; con Shadow, con Silver y ahora con el propio Sonic. Pero eso era algo en lo que no entraría en detalles para no prestarse a malas interpretaciones.
—Supongo que sí—dijo a secas y se dispuso a caminar hacía la entrada para abrirle la puerta.
Los dedos del cobalto se adherían a su carne y sin darle tiempo a reaccionar como un ser coherente sus labios se fundieron en los suyos en un remedo de beso.
Uno lastimado y cargado de nostalgia que denotaba dolor.
El dolor de lo que pudo haber sido y no lo fue; de aquello que ambos dejaron en tiempos distintos y hoy les cobraba factura.
Al separarse fue ella quien se animó a romper el silencio.
—¿Por qué, Sonic?—el aliento le faltaba y sus pensamientos eran un mar de ideas yendo y viniendo.
Decirlo le costaría, pero quizá ya era tiempo de sincerarse. Que ambos aceptaran aquella verdad tan absurda.
Y sobretodo las cosas dejar de negarse a sí mismo todo lo que tenía dentro.
Tanto dolor y sufrimiento solo podían deberse a una cosa y ya no podía seguirlo negando.
Tails se lo dijo, inclusive Sally entre todo su drama se lo insinuó.
¿Por qué le costaba tanto aceptarlo? ¿Qué le detenía ahora? Ya no había nada que perder.
Entonces...
Al verla a los ojos dejó que cualquier palabra que le viniera a la mente saliera como vómito verbal en un torpe intento de darse valor.
Daba igual si fracasaba en el intento, solo lo diría y ya.
—Porque estoy estúpidamente enamorado de ti, Amelia Rose—Confesó—No importa cuánto me lo niegue a mi mismo—se desesperó con su propio sentir—¡Y ese es precisamente el problema, carajo! QUE LLEVO QUINCE AÑOS TRATANDO DE NO SENTIR AMOR POR TI—Y aunque el aliento se le iba, aún no podía sentir libertad.
Esa opresión en su pecho que le obligaba a seguir vomitando sentimientos reprimidos mientras Amy seguía en silencio sin saber que decir.
¿Amarla? ¿De verdad pensó que ella iba a tragarse semejante mentira?
—¿Por qué no evitas ridiculizarme más y te vas? Deja de mentir Sonic, no necesitas hacerme sentir mejor para tener tu consciencia más tranquila—.
—¡Con un demonio Amy!—gritó exasperado—¿Por qué te mentiría?—inquirió, ofendido—Por años traté de ignorarte, de no sentir celos del idiota de Mighty cada vez que lo veía besarte—recordar eso todavía le molestaba—Porque eres mi hermanita...—bufó—Pero siempre estabas ahí... incluso cuando no lo merecía...—.
—¡¿Y ESO DE QUÉ SIRVE?!—Con el índice le acusó—¿¡POR QUÉ RAYOS ME DICES QUE AMAS CUANDO YA NO QUIERO SER TU AMIGA!?—Con sus puños golpeaba su pecho presa del enojo y resentimiento—No seas absurdo Sonic...—.
Tanta ira acumulada estrujaba su corazón.
—Por que soy un cobarde...—respondió—Un cobarde que tenía miedo de terminar decepcionándote porque no puedo comprometerme—confesó.
¿Tenía sentido? Quizás sí, pero para ella estaba completamente fuera de lugar.
—Sonic...—
—Te amo Amelia Rose—dijo de nuevo—Es lo único que he hecho bien en mi vida y terminé cagándola otra vez...—.
Amor... amar.
¿Qué razones tendría él para mentirle en este momento?
Sonic tomó sus mejillas y con las yemas de sus dedos limpió los restos de lágrimas en aquellas esmeraldas que le miraban confundidos.
—Te amo—reiteró uniendo sus frentes—Sólo eso...—su mano sobre la suya temblaba ligeramente y ella seguía en silencio.
El pecho le dolía y aunque algunas lágrimas seguían rodando por sus mejillas ya no se atrevió a decir nada más.
Dio un paso hacia atrás y suspiró.
—Se acabó, Sonikku...—tomó su mano y le sonrió con nostalgia—Tal vez es mejor así... ser como hermanos nos funcionó...—al soltar su mano se encaminó a la puerta otra vez—Ve a casa...—
Ante esto no le quedó más remedio que salir; ninguno de los dos pudo mirarse nuevamente.
.
.
Sentado en la cama Silver se tomó el tiempo de reflexionar todo lo sucedido durante el día; tuvo mucho trabajo, aprendió muchas cosas las cuales desconocía y finalmente hubo una especie de salida/cita con la asistente de Amy, Cream.
Una chica muy joven pero bastante amable y servicial. Era agradable y siempre parecía dispuesta a seguir la conversación, incluso cuando se le acabaron las anécdotas y empezó a improvisar.
Fue muy amable de su parte cuando trató de ignorar el hecho de que la llamada de su madre no le distrajo.
Lo cual nos remonta a otro asunto igualmente importante: su madre.
Si, sabía que este tema no debía generarle tanto conflicto porque vamos, era su madre quien le hablaba después de quien sabe cuánto tiempo y ahora que su relación con Blaze había terminado las tensiones entre ambos no deberían existir.
Sin embargo, sabía plenamente el tipo de mujer que era Melinda The Hedgehog y más tarde que temprano encontraría la forma de reprocharle el tiempo perdido.
Algo que no le enorgullecía, cabe aclarar. Siempre supo que no debió ignorar los sentimientos de su madre.
Estuvo mal —terriblemente— haber dejado de lado toda su vida familiar por los conflictos entre ella y Blaze.
Conflictos que podían evitarse si ambas no fuesen tan orgullosas y con el ego entre las nubes.
Melinda siempre consideró a la abogada como alguien pretenciosa y con mal corazón.
Era irónico como cambiaban las cosas y que, aunque no lo admitiría frente a ella —por dignidad— tenía razón.
Posiblemente se debía al instinto de madre o solamente ellas nunca iban a caerse bien. Eso era algo que ya no sabría ni tenía caso pensar porque le sentaba mal.
El tiempo perdido era apremiante y pese a que creyó sentirse feliz durante esas épocas ahora comprendía que no era así.
Le bastaron unos pocos días para comprender que desperdició un tercio de su vida persiguiendo una relación que estaba destinada a fracasar.
Y contrario a lo que pudiese creerse le dolía mucho más pensar en ello que en Blaze.
Bastante triste ahora que reparaba en ese detalle, pero al fin de cuentas era eso, pensamientos.
Unos nostálgicos que le daban directo en la consciencia.
Porque sí, se sentía arrepentido aunque con ello ya no se solucionaba nada.
—Soy un idiota—se lamentó al llegar a la cocina—¿Qué voy a decirle a mamá? —seguía su martirio al servirse un vaso de agua y beber de él.
Eso era lo que más le preocupaba...
¿Qué iba a decirle? ¿Cómo justificar todo el tiempo que pasó sin llamarle?
Los pensamientos taladraban su cabeza y sin querer el vaso cayó al suelo rompiéndose en pedazos al contacto.
Al recogerlo uno de estos trozos le hizo un pequeño corte en el dedo y se quejó.
El dolor físico era nada a comparación del cargo de consciencia que traía sobre sí.
El pequeño Orión le miraba con preocupación.
—Estoy bien—Le dijo y se lavó la mano en el lavatrastos—Estoy distraído, eso es todo—.
Camino a su cuarto tomó un calcetín y se vendó la mano de manera precaria e improvisada.
Ya luego se preocuparía por eso.
Estaba cansado y darle tantas vueltas al asunto lo ponía aún peor.
Se sentía mal consigo mismo por ser tan estúpido y manipulable.
¿Qué pensaría su padre si le viese así? No estaría orgulloso del tipo tan crédulo y pusilánime en el que se había convertido.
Tan patético.
Miró el techo de su habitación y suspiró.
¿Qué sería lo peor que podría suceder? En el mejor de los casos su madre solo le reprendería y la vida continuaría como siempre.
Caso contrario, terminaría solo y desdichado sin posibilidades de remendar su vida familiar y terminaría con un funeral triste y vacío.
De acuerdo, quizá estaba siendo demasiado dramático. Era su madre por el amor de Chaos.
Ni estando tan enojada podría ser tan mala...
¿O sí?
Durante toda su vida la relación con su madre podía considerarse, peculiar. Melinda era una mujer que trabajaba en el hospital general llevando guardias de más de 72 horas a la semana.
Le enorgullecía la dedicación con la que cumplía su trabajo, más tomando en cuenta que dichas guardias eran normalmente voluntarias debido a la falta de personal médico en el hospital.
Y si bien, esto ayudó en gran medida tanto al currículo como la economía familiar, la brecha entre madre hijo se estableció.
No podía decir que tuvo una mala infancia; siempre tuvo comida, educación y diversas comodidades típicas que un niño podría querer. Pero el crecer sin una madre en casa —y que cuando estaba, solo era para dormir— le produjo una sensación de abandono.
No la juzgaba, sabía que las decisiones eran basadas por su vocación y altruismo.
Aunque eso le haya quitado tiempo con su mamá.
Después de tantos años seguía lamentándose un poco, aunque si se lo pensaba con detenimiento no era algo que pudiese controlar. Era un niño viviendo una vida relativamente normal y con eso debía bastar.
Su padre siempre procuró llenar esos vacíos en su vida y aunque trató lo más que pudo de que las ausencias justificadas de Melinda no se notaran, de igual modo estuvieron ahí.
Los años de terapia no sirvieron de mucho.
Aún tenía esa sensación de ansiedad al pensar en su madre, esa idea de sentirse un mal hijo e insuficiente en llenar sus expectativas no le abandonaba aún a pesar de ser un profesionista con dos licenciaturas, trabajo estable y una vida independiente.
¿Qué le impedía convivir con su madre en todo caso? ¿Miedo quizá? Era posible y eso le hacía sentirse incluso más idiota.
Un adulto teniendo miedo de ver a su madre era absurdo...
—¿En qué estoy pensando?—se lamentó—Lo mejor será dormir...—
Tomó las mantas y se cubrió hasta la nariz cerrando los ojos después. Ya no quería pensar, de igual modo no podría evitar esa visita.
.
.
—Sigo pensando que esto es una mala idea...—.
—Lo sé cariño, ya me lo hiciste notar...—suspirando, lo miró—ahora ayúdame a quitarle la ropa vomitada—Rouge y sus manos frías trataban de trabajar lo más rápido posible.
—Déjalo así—no quería tocar vómito, ni mucho menos a Shadow—Eso le enseñará a no beber si no lo controla—.
No iba a entrar en una discusión a las 3 de la mañana, tampoco tenía el humor para ello.
—Cariño, te agradecería que muevas tus enormes dedos de salchicha y te apresures—.
A regañadientes y con todo el asco del mundo comenzó a realizar lo que su esposa le pidió.
—He perdido el control de mi vida—se lamentó entre muecas y refunfuños.
Rouge tan solo rodó los ojos en señal de fastidio y se dirigió hasta su habitación en búsqueda de ropa limpia ante la atenta mirada de descontento de su marido que no estaba nada conforme con lo que estaba sucediendo.
El tipo borracho e inconsciente —que le caía muy mal— no solo los molestaba a altas horas de la noche, sino también arruinó un sillón que apenas acababa de terminar de pagar y ahora iba a usar su pijama favorita.
No es que hubiese hecho falta que lo externase verbalmente para que su esposa entendiera su molestia.
—Solo ayúdame y deja de quejarte—.
Su vida podía llegar a ser muy absurda a veces.
Shadow no era santo de su devoción, para nadie era un secreto —tampoco se molestó alguna vez en ocultarlo— que ambos se odiaban.
Y siendo el mejor amigo de su esposa se vio obligado a soportarlo más de la cuenta, como ahora.
Estaba ahí recostado en su sillón, ante lo que a todas leguas era una crisis y bueno, tampoco era tan insensible como para no empatizar con la situación.
Es decir, el tipo tenía el corazón roto —si es que eso era remotamente posible— y todo era gracias a Amy.
Su linda hermanita adoptiva menor le rompió el corazón al sujeto más desagradable que conoció alguna vez.
¿Era ironía o solo justicia poética? No lo podría asegurar, aunque en este punto ya no tenía caso alegrarse.
No tenía todo el contexto, aunque no se necesitaba ser un genio para intuir el papel y grado de participación de su esposa en todo el asunto.
Y a juzgar por cómo terminaron las cosas, la rosada fue bastante contundente con su rechazo.
Al terminar de cambiar al moreno Rouge le puso una manta encima y se dirigió al cuarto de lavado a dejar la ropa sucia en la lavadora.
Estaba callada y silenciosa; debatiendo mentalmente por muchas cosas a la vez. Mientras le colocaba jabón Knuckles le observó desde el umbral esperando silenciosamente una respuesta.
No tenía humor para entrar en una discusión, aunque necesitaba respuestas sobre Amy, Shadow y todo este embrollo.
—Deja de verme así...—dándole la espalda, la albina seguía haciendo su labor—No quiero tus sermones—.
La voz le flaqueaba y sus piernas estaban temblando ligeramente en señal de emociones contenidas que trataba de disimular.
—Claro...—caminó hasta su esposa y le obligó a mirarle—¿Vas a decirme que es lo que pasa? O prefieres seguir fingiendo que no te está carcomiendo la culpa—iba directo y sin rodeos.
No pretendía ser grosero, pero solo así conseguiría la verdad.
Por su parte, Rouge solo pudo agachar la mirada al sentirse asediada por la atenta mirada de su marido que exigía respuestas que no estaba segura de cómo responder.
De un modo u otro tenía parte de culpa de que todo esto sucediese de ese modo.
Tanta presión, tanto acoso —bien intencionado— con la firme intención de convencerlo de seguir adelante.
Que la vida seguía y que era tiempo de darse una nueva oportunidad.
Sí, ahora entendía que no debió meterse. Sí, sí, la cagó hasta el fondo.
Aunque en su defensa genuinamente pensó que las cosas prosperarían positivamente.
Y cuando Shadow le dijo que sentía una ligera atracción por Amy no dudó de las casualidades y puso manos a la obra para que todo progresara entre ambos.
—¿Y bien?—no iba darse por vencido así que ya no tenía caso seguir omitiendo aquella verdad.
Aunque bueno, le costaba trabajo admitir que se equivocó.
—¿Recuerdas lo emocionada que estaba cuando te dije que Pinky tenía un nuevo prospecto?—Knuckles asintió—¿Y que Shadow al fin estaba por dejar de ser un amargado?—De nuevo asintió—Tal vez soy parcialmente responsable de ello—Admitió, apenada.
No le sorprendía, sin embargo se vio en la necesidad de preguntar que tanto había intervenido en esta situación.
—¿Y?—sus respuestas escuetas solo alteraban mas a la fémina que ya de por si estaba alterada.
—¡Lo arruiné todo! ¿¡Feliz!? ¡Es mi culpa que Shadow esté ebrio y que Amy posiblemente esté sufriendo!—Chilló, conmocionada—Yo y mi manía de meterme en la vida de los demás—Seguía lamentándose.
Con un contexto un poco más amplio de lo sucedido solo pudo atinar a abrazar a su esposa tratando de reconfortarla.
Estaba sensible y muy frágil y aunque lo último que hubiese deseado era hacerla sentir mal, ambos sabían que era algo que debía salir de su pecho más temprano que tarde.
Durante unos minutos le permitió descargar toda esa tristeza y frustración que traía dentro y una vez que la vio más tranquila se permitió seguir con ese pequeño interrogatorio.
—Muy bien...—separados por unos cuantos centímetros Knuckles suspiró—¿Por qué dices que es tu culpa?—.
—Presioné demasiado, rojito...—aunque estaba más tranquila no había dejado de llorar—Cuando Shadow me llamó para decirme que por alguna razón Amy comenzó a atraerle, me emocioné...—.
Aún con todo lo dicho seguía pareciéndole bastante irreal que alguien como Shadow tuviese esa clase de sentimientos.
Lo poco —o mucho, según sea el caso— que conocía de este tipo no dejaba mucho lugar a la idea de pensar que pudiese enamorarse genuinamente.
Sí, conoció a la rubia novia un tiempo antes de que falleciera, aunque si se lo preguntaban —cosa que gracias a Chaos nunca sucedió— eso nunca le pareció amor.
Tal vez costumbre, posiblemente compromiso o en el peor de los escenarios, lástima, pero no amor.
Shadow era un sujeto frío y bastante huraño, incluso para alguien tan cascarrabias como era el propio Knuckles la actitud de ese tipo era pesada y poco tolerable.
No iba a pretender que era experto en relaciones —la suya ya tenía sus problemas de vez en cuando— pero hasta él entendía cuando algo no estaba bien y esa relación estaba destinada al fracaso.
La joven Robotnik era la definición de bondad y buenos modales y Shadow mientras tanto podría considerarse todo lo contrario.
Era un secreto a voces todas las cosas que hizo mientras estaba bajo el influjo del alcohol y las drogas, muchas de las cuales dejaron consecuencias graves en quienes tuvieron el infortunio de ser sus víctimas.
Al parecer todos habían olvidado las peleas callejeras, las riñas de media noche y todas las trifulcas de fiestas, bares y cantinas.
Shadow era un tipo problemático, donde quiera que estuviese era sinónimo de que habría problemas y por lo menos alguien saldría herido de ello.
Durante esos años vio muchas de estas cuestiones y aunque no se consideraba un santo, la verdad es que le produjo escalofríos en más de una ocasión.
Sobretodo si tomamos en cuenta que no solo se limitaba a los golpes.
Atacaba a traición con lo que sea que tuviese en frente y más de un incauto sufrió heridas por arma blanca de la mano del ojos color rubí.
—De acuerdo...—Besó su frente y le sonrió—Ya has tenido suficientes emociones por hoy y necesitas descansar—.
—P-pero es que yo...—.
—La verdad es que no estoy de acuerdo con lo que hiciste—se apresuró a tomar el rumbo de la conversación—Pero ambos sabemos que tus intenciones fueron buenas... —.
Buenas, sí...
Aunque desastrosas.
Tal vez estaba mal que se culpase por las acciones que Shadow había realizado, es decir, él era un adulto completamente capaz de tomar sus propias decisiones, aunque en el fondo la culpa le ganaba porque de un modo u otro sentía que había alentado aquel comportamiento.
Quizá si no se hubiese alegrado tanto...
Tal vez sí no lo hubiese aconsejado...
—Está bien, suficiente autocompadescencia—tomó a su mujer en brazos y caminó hasta su habitación depositándola en la cama—Ya, no importa que tanto te culpes, lo hecho, hecho está... ahora vayamos a dormir y hablemos de esto en la mañana—.
Aún sin responder solo pudo atinar a recostarse y mirar el techo pensando en cómo podría responder.
Sabía que tenía razón, ya no podía cambiar nada de lo sucedido y aunque se culpaba, ya no había más que hacer.
Las cosas sucedieron y ya...
Bien, mal, ya no importaba y a este punto ya estaba tan cansada mentalmente que no le tomó mucho tiempo quedarse dormida. Knuckles mientras tanto miró enternecido a su esposa mientras pensaba como carajos iba a limpiar la mancha en la alfombra.
Daba igual qué tan bien o mal le caía Shadow, incluso sus prejuicios y opiniones eran irrelevantes.
Ahora lo único que le restaba era esperar y ver cómo reaccionaba por la mañana ante esa crisis amorosa.
Y bueno, también esperaba que no terminase ahogado en sus propios fluidos lo que restaba de la noche...
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Temprano por la mañana el sonido de su despertador le produjo jaqueca. Miró el aparato sobre la mesita de noche y pensó en arrojarlo lejos y seguir durmiendo hasta que la espalda le doliera y los ojos se le pusieran hinchados.
Lastimosamente para ella debía trabajar y aunque estaba cansada la emoción de ver al albino le hizo levantarse.
Tomó un baño rápido y se puso un vestido bonito y elegante. Quería lucir bonita y que el joven se lo hiciese notar.
Al llegar a la cocina se encontró con su madre y su pareja charlar animadamente.
—Buen día, Cream—Vector la saludo gustoso leyendo el periódico—¿Cómo has estado?—.
—Estoy bien, gracias—por cortesía respondió.
La verdad es que no tenía nada en contra del sujeto; no podía decir que hubiese algo en el que le agradase como para mantener una conversación larga y fluida, pero si hacía feliz a su madre lo aceptaría.
Después de todo no era ella quien tenía que besarle esa boca tan grande y roñosa.
—¿Vas temprano a la oficina?—Ahora su madre era quien le hablaba—¿Cómo está la señorita Amy? Escuche que tuvo un accidente y le han incapacitado—.
La noticia se expandió mucho más rápido de lo que pensó. No tenía noticias de su jefa ni nada relacionado a su condición.
—Nada nuevo, madre—tomó un durazno sobre la mesa y lo mordió—Debo llamarla al llegar a la oficina y preguntar algunas cosas—.
Sin dejar de prestar atención a la estufa, la mayor asintió.
—Envíale mis saludos—pidió—Esa pobre muchacha debe estar pasando por mucho estrés siendo tan joven—.
Vector pareció concordar con su madre, aunque él de Amelia Rose solo supiese el nombre. Cream por otro lado mantuvo silencio.
No supo que podía decir; no creía que su jefa tuviese una vida tan extrema, es decir, todas las mañanas le veía llegar al trabajo y centrar toda su atención en ello como si no hubiese más en la vida que notas y facturas.
Al finalizar la jornada normalmente se despedían e iba directo a su hogar.
Tenía una rutina tan aburrida que honestamente no sentía nada de interés en preguntar que hacía por las tardes.
Y no le malentiendan, la señorita Amy no le desagradaba, siempre estaría agradecida por darle empleo a ella y a su madre y por ser tan amable y comprensiva con sus horarios de la universidad.
Durante todo este tiempo no había tenido más que atenciones hacia ella y lo menos que podía hacer era realizar bien su trabajo.
No obstante, de un tiempo a la fecha algunas cosas habían cambiado. No sabía si era aquella actitud tan pasiva y poco inspiradora que poseía la joven Rose, o que tan solo quizá sus ideales ya no combinaban con los suyos, pero había algo que le molestaba.
No era su modo de trabajar, ni tampoco tenía que ver con la paga que recibía. Había algo en ella que ya no le agradaba tanto y pese a no ser grosera le costaba mucho mantener completo profesionalismo.
Sí, la señorita no tenía la culpa de sus propios problemas y prejuicios, ni siquiera pareció haberse dado cuenta de aquel cambio de actitud.
En vez de eso estos días estuvo mucho más distraída de lo normal.
Y aunque con todo y lo discreta que trató de ser, no le costó mucho esfuerzo darse cuenta de que algo sucedía entre su jefa y los otros socios de la empresa.
Había tensión en el ambiente y las habladurías no se hicieron esperar —no de su parte, había que aclarar— donde los otros empleados especulaban y catalogaban a la señorita como alguien de moral cuestionable.
Sobretodo tomando en cuenta sus interacciones con el joven Sonic quien tenía fama de libertino. Y aunque no las creyó —al menos no del todo— siempre le pareció curiosa esa amistad.
No era su asunto, tampoco le dio muchas vueltas. Y cuando el rumor de que salía con el CEO de la empresa y las posteriores fotos que circularon con respecto a ello, le pareció todavía más curioso.
De igual modo tampoco es que fuese a interferir o hacer algún comentario al respecto, los implicados eran adultos y podían hacer de su vida un circo si bien les parecía.
—Cream—su madre le distrajo de sus pensamientos—¿Te divertiste en tu cena de anoche?—.
El tono con que se lo dijo no pasó desapercibido para la chica quien solo suspiró.
Que su madre no estuviese de acuerdo con su interés en el joven jefe de diseño y multimedios de la empresa le producía un ligero escozor.
Le gustaba, sería estúpido negarlo a estas alturas. Se sentía genuinamente enamorada del joven de ojos ámbar que no hizo más que ser lindo y amable con ella en cada oportunidad que tuvieron una interacción.
¿Quién en su sano juicio no se enamoraría de alguien tan tierno y noble como él? Era todo lo dicho y encima de todo, era muy —muchísimo— muy guapo.
Le tomó unos segundos armarse de valor y poder responder de forma ambigua a lo que su madre le cuestionó.
—Fue agradable—dijo al fin.
No deseaba entrar en detalles, tampoco hacía falta que la sermoneara sobre sus sentimientos.
Ya sabía que no tenía oportunidad, pero de igual modo le gustaba admirarlo desde la lejanía.
—¿Tú en una cita?—el tercero en la mesa intervino y se rió después—Vaya, al fin la pequeña Cream se ha enamorado—estaba genuinamente feliz por ella y sin querer eso la hizo sonreír.
Vanilla en cambio solo atinó a resoplar en modo cansino. No estaba de acuerdo con todo lo que su hija estaba planeando. Bueno o malo la idea de que se enamorase de uno de sus superiores no le agradaba.
El joven era agradable, atento y responsable, pero era mayor y con una vida de pareja que ya les ponía en etapas completamente distintas de la vida.
Su hija era una flor recién intentando abrir sus pétalos y el joven ya estaba en su segunda primavera.
Estaba mal que fuese tan dura, pero la experiencia de involucrarse con un hombre mayor le daba un poco de ventaja y deseaba genuinamente evitarle el sufrimiento y desencanto.
Más tomando en cuenta que el muchacho no tenía interés en su pobre hija y dudaba que lo tuviese alguna vez.
—Solo fue una cena—Cream se apresuró a decir—Me voy, se hace tarde—y antes de darles tiempo a comentar algo más tomó su bolso y salió de su hogar.
Lo último que necesitaba eran las burlas de Vector, que aunque no iban con mala intención tampoco quería escucharlo.
Lo primordial sería aclarar su mente, centrar toda su atención en sus labores y con suerte podría tomar un café a la hora del almuerzo con Silver.
De solo imaginarlo ya se emocionaba como si fuese una niñita.
Pensar en él y en el breve pero significativo momento que compartieron juntos le llevaba hasta las nubes y echaba su imaginación a volar.
Tantos escenarios y situaciones cursis en donde por escasos segundos podía compartir sus sentimientos con el albino le ponía los vellos de punta y le alteraba el corazón.
Tal vez estaba mal que el joven le gustara y como decía su madre, eso no iba prosperar. Y aún así el sentimiento germinando en su interior no quería perecer.
Muy contradictorio si se lo preguntaban, pero las cosas eran así.
Aferrarse a un imposible era parte de su alma y solo el rechazo contundente de su adorado —tal vez— podría destruir ese sentimiento.
¿Sería posible? La verdad lo dudaba, aunque ya no tenía caso pensar en ello porque de igual modo no se atrevería a confesarse.
No podía solo llegar y decirle lo mucho que le atraía ni lo bonitos que le parecían sus ojos.
En cambio se conformaba con admirarlo en la lejanía y eso estaba bien.
¿Verdad?
Camino a la parada de autobús la imagen del albino llegó nuevamente a sus pensamientos y sonrió ante esto.
La cena de ayer fue casi perfecta...
Obviando el hecho de lo incómodo que se puso al recibir una llamada de su madre —que no lo podía juzgar, le pasaba lo mismo— y el regreso a casa relativamente silencioso luego de encontrar aquellos aretes en el auto.
Era ridículo que sintiese celos y molestia cuando Silver ni siquiera podía llamarse su amigo, aún así la molestia seguía ahí.
Posiblemente fuese cosa de nada, después de todo ellos sí eran amigos y tenía sentido que compartieran tiempo juntos.
¿Y por qué seguía sintiendo molestia?
Hubo algo... durante una fracción de segundo posterior a tomar aquel par de aretes algo en su rostro cambió.
Un rubor, una micromueca que le indicaba que pensaba en algo.
El que era ese algo no lo sabía, pero en el fondo sabía que tenía que ver con su jefa y siendo honesta eso le molestaba.
¿Sería posible que Silver se sintiese atraído por Amy? Ojalá que no, la verdad deseaba estar equivocada.
.
.
Bien.
De acuerdo, recapitulemos. ¿Qué es exactamente lo que salió mal de esa visita improvisada de anoche?
Lo último que pudo recordar es hablar de sentimientos y luego algo hizo crack.
No supo si fue su lado dramático o si de verdad fue su corazón rompiéndose al mismo tiempo que su amistad con Amy lo hacía y toda la verdad salía a cuestas.
Genial...
No había dormido absolutamente nada, le dolía la cabeza, la garganta y ahora estaba tomando un baño xpress con agua fría para tratar de mejorar aunque sea un poco su aspecto.
Ni el frío de la mañana, ni el agua que le daba directo en la espalda y que normalmente le habría hecho retorcerse surgió efecto alguno esta vez.
Al salir y vestirse de forma rápida se dio un vistazo en el espejo y se sintió bastante patético y derrotado.
Tenía el rostro hinchado, bolsas en los ojos y su nariz seguía irritada luego de tanto sollozar. Jamás en toda su existencia había llorado tanto y en el fondo seguía sintiendo esa sensación albergarle.
Y aunque deseaba con todas sus fuerzas tumbarse en la cama y llorar hasta que el cansancio le ganara ya tenía una cita con la abogada y no podía darse el lujo de perderla.
Camino a la salida se encontró con Tails que también estaba por irse a la universidad.
—Cielos, Sonic—su rostro preocupado se hizo evidente—¿Qué te ocurrió?—.
La última vez que hablaron no estaba ni cerca de tener ese aspecto tan deplorable y lastimero.
Fiel a su esencia, Sonic se forzó a sonreír. No era el momento ni quería hablar de ello tampoco.
—Creo que me enfermaré—Mintió vilmente y de uno de sus estantes tomó unos lentes de sol—Iré al doctor, lo prometo—y ambos salieron del departamento.
No muy convencido Tails se despidió de su mejor amigo y ambos tomaron caminos contrarios.
Aliviado de no tener que responder a sus preguntas Sonic se permitió relajarse.
La cabeza le estaba matando y seguía pensando en Amy y todo el desastre de su departamento, aunque en este momento su atención debía centrarse en sus problemas legales.
Ya habría tiempo para autocompadecerse...
Caminó durante veinte minutos en búsqueda de aquel edificio que le fue indicado y al cabo de un rato, llegó a su destino.
Tomó valor y entró al recibidor con aroma a menta y se dirigió a la señorita que estaba en el mostrador.
—Buenos días—Habló y ella aparentemente se sobresalto—Lo siento, no fue mi intención asustarte—.
—No hay cuidado, es culpa mía por estar distraída—le tomó unos segundos recobrar la compostura—Bienvenido, mi nombre es Jewel, ¿en qué puedo ayudarle?—.
—Tengo una cita a nombre Maurice The Hedgehog—la mención de su nombre de pila seguía pareciéndole irreal.
Solo sus padres le seguían llamando de ese modo...
La chica del escritorio le dedico una pequeña sonrisa de amabilidad y procedió a buscar algo en su computador.
Un minuto después alzó su vista hacía él y sonrió de nuevo.
—Muy bien señor The Hedgehog, por favor siga por ese pasillo y la estación B—3 es su destino—.
Abrió la boca para formular otra pregunta pero la fila tras de sí ya no le dio oportunidad.
Agradeció a la señorita y caminó en la dirección indicada no sin antes cuestionarse en donde había visto a esa chica antes.
Su rostro le parecía familiar y ya no tuvo tiempo de cuestionar si ella pensaba de algún modo lo mismo.
De cualquier forma eso era irrelevante en ese momento; continuó caminando por ese largo pasillo lleno de otras puertas numeradas y decoración de estilo bohemio.
No era lo suyo pero igual lucía bien.
Al final del pasillo la puerta que le habían indicado le esperaba. Llamó un par de veces a la puerta y cuando la voz femenina dentro de la oficina le dio acceso, giró la manija.
Frente a él descansaba un escritorio sumamente ordenado y la fémina que estaba del otro lado, le sonrió.
—Bienvenido señor The Hedgehog—estrecharon sus manos en un formalismo innecesario—Soy Whisper, un placer—
La abogada que no parecía tener una diferencia de edad muy diferente a la suya le invitó a tomar asiento.
Tantas cosas le daban vuelta por la mente que no sabía cómo empezar.
Posiblemente se tomó más de dos minutos para poner en orden sus ideas, pero ella no parecía tener mucha prisa.
—Mi ex—secretaria me ha robado mucho dinero—comenzó a relatar—Y bueno, mis socios de un modo u otro creen que soy yo quien se robó ese dinero y necesito...—.
La puerta se abrió de golpe y una tercera presencia se adentró en la oficina para sorpresa de la abogada y su cliente.
—Whisp, cariño... ¿tendrás una pluma que me pres...—la tercera en entrar se detuvo de golpe y dio un salto emocionada—¡No puede ser!—chilló—¡¿SONIC?! ¿DE VERDAD ERES TÚ?—.
Después de quedar sordo por unos segundos su cerebro recobró el sentido y le bastó un momento para recordar a quien tenía frente a él.
—¿Tangle?—.
Station Square era más pequeño de lo que pensaba.
.
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Mientras conducía la sensación de que recibiría malas noticias le invadió. Dejando de lado que tenía que reunirse con su madre por la tarde había algo en el ambiente que le auguraba malas noticias.
Frente al semáforo le dio un trago a su café y trató de serenarse. Lo que sea que sucediera lo solucionaría al llegar a la oficina.
De todas formas ya se le estaba haciendo costumbre exagerar las cosas —siempre— últimamente.
Al aparcar el auto tomó su portafolio y cerró la puerta tarareando una canción para calmar sus nervios.
Ni bien avanzó dos pasos cuando un tumulto de empleados le abordó.
Muchos ojos le observaban inquisitivamente y docenas de preguntas le bombardeaban poniéndolo nervioso.
No entendía que estaba sucediendo.
Miró a su alrededor en búsqueda de una respuesta cuando notó que la entrada seguía cerrada.
Shadow aún no había llegado y eso no era una buena señal. Algo muy malo debió sucederle para que no se presentara a la oficina.
—¿Qué está sucediendo?—escuchó a lo lejos.
—Nos quedaremos sin empleo—dijo alguien más.
Tratando de recobrar la compostura tomó su mazo de llaves abriéndose paso entre la multitud.
—Les pido una disculpa por los inconvenientes, todo está bien—finalizó dándoles entrada y ante las habladurías, trató de mantener la calma—Inicien sus actividades, solo fue un pequeño atraso—y entró a su oficina dispuesto a contactar a Shadow.
No le sorprendía que Sonic no hubiese llegado y con la incapacidad de Amy las cosas se estaban poniendo difíciles.
Tomó el teléfono y marcó el número de Shadow el cual lo dirigió directamente al buzón de voz.
Dubitativo el joven albino suspiró; ¿Qué sería prudente hacer entonces? Buscar al irresponsable de Sonic no era una opción pues seguramente sabría menos que él.
Y con la aparente desaparición de Shadow solo le restaba hablar con Amy.
No quería molestarla, aunque de todos modos deseaba llamarla y saber cómo se encontraba.
Tomó de nuevo el teléfono y marcó ahora el número de la fémina esperando que ella si respondiera.
Saber que ella estaba bien al menos le tranquilizaría un poco. Después de tres timbrazos ella atendió con voz adormilada.
—¿Diga?—su voz se escuchaba chistosa por la somnolencia.
—Amy, buen día... disculpa si te desperté—.
Unos ruidos de algo moviéndose se escucharon del otro lado de la línea.
—Lo siento, Silver... tuve una noche terrible y todavía no me conecto con la realidad—admitió—¿Qué sucede?—.
Mentirle estaba mal, aunque el informarle de la aparente desaparición de Shadow y el desinterés de Sonic lo empeoraría aún más.
—Quería saber cómo estabas...—se animó a preguntar y esperó su respuesta.
—Supongo que podría estar mejor...—.
Hubo un momento de silencio entre ambos en donde el albino no supo cómo responder.
—Entiendo...—esto de dar ánimos se le daba fatal—Mamá me invitó a tomar el té esta tarde—Dijo de pronto e inmediatamente una idea le invadió—¿Te gustaría ir con nosotros? A mamá no le disgustara y creo que te levantaría un poco el ánimo, claro... si estás de acuerdo—.
Por alguna razón se sentía sumamente ansioso por lo que sea que ella pudiese responder.
No era la primera vez que salían aunque si sería la primera que Amy y su madre iban a coincidir formalmente.
—Suena bien, supongo—la escuchó bostezar y quejarse después—De acuerdo, tu ganas... este encierro me tiene loca, ¿a qué hora pasarás por mí?—.
—A las 5:00— y se despidieron sin más.
Era curioso pero la sensación de ver a su madre de pronto ya no le generaba tanta ansiedad.
Alguien llamando a su puerta le distrajo de sus pensamientos; murmuró un pase y Cream entró en su oficina con una carpeta llena de documentos.
—Buen día, ¿listo para el papeleo?—
Estaba tan de buen humor que todo ese montón de trabajo repentinamente ya no pareció tan tedioso.
—Preparé la cafetera...—
Cream tan solo sonrió enternecida por la actitud tan positiva que mostró.
.
.
El chillido penetrante de un infante taladró sus oídos despertándole de golpe.
Le dolía el alma; y tras unos segundos de estupor típicos de quien recién despierta entendió que esa no era su casa.
Miró hacía todas direcciones y la sala de estar de su mejor amiga fue el escenario que se plantó frente a él.
Estaba recostado en el sillón con un pijama que obviamente no tenía al llegar y la garganta le ardía —y sabía— como el infierno.
Tomó asiento mientras se masajeaba las sienes tratando de recordar como carajos había llegado a ese lugar.
La mano le dolía y al observarla a detalle notó que estaba vendada improvisadamente.
—Al fin despiertas—Knuckles se hizo notar en la sala y le ofreció un vaso de agua y una aspirina.
Su orgullo era grande, pero el dolor de cabeza esta vez pudo mucho más por lo que terminó aceptando.
—Puta madre—se lamentó entre carraspeos y la mirada del contador seguía sobre él—¿Qué?—la hostilidad se le daba como respirar y con ese mal humor que traía a cuestas le salía mejor.
—Nunca creí que viviría para verte en este estado, otra vez...—iba a responder, pero el tipo continuó hablando—Y aunque habría pagado una buena cantidad por verlo con mis propios ojos creo que ni siquiera tú mereces esto...—.
Merecer...
Efectivamente, no merecía nada. Ni lo bueno ni malo y por eso estaba ahí sentado en una casa que no era suya crudo y con una mano posiblemente rota, en el fondo se lo agradecía.
Aunque evidentemente no iba a externarlo abiertamente, mucho menos frente a él.
—Deja de compadecerme, rojo—no necesitaba su lástima.
—Yo sé que es muy profundo tu dolor...—sonaba tan filosófico que hasta le asqueaba pensarlo—Es el precio del amor...—puntualizó.
—No quiero tus sermones—no estaba de humor para nada que no fuese desaparecer.
Lo menos que necesitaba en este momento era que le recordaran lo patética que era su existencia.
Que Rose no correspondiera a sus sentimientos era como una daga escarbando sus entrañas una y otra vez.
Era frustrante sentir esa desolación en su interior y que ni el alcohol pudiese frenarlo le indicaba que estaba muy jodido. Tomó su olvidado celular ahora maltratado y roto de muchas partes en la pantalla y bufó ante esto.
Todas sus pertenencias estaban rotas o cubiertas de sangre seca. Ya ni quería pensar como estaría su auto en todo caso.
Al tratar de ponerse en pie toda la habitación dio vueltas a su alrededor.
—Carajo—maldijo y entre quejidos escuchó la risa del patriarca de los Echidna—¿Qué es lo que te parece tan gracioso?—.
Sin sentirse intimidado, Knuckles no paro de reír.
—Si te digo que me rió de todo esto te lo tomarás a mal—admitió, más tranquilo—No lo tomes a mal, es solo que después de tanto tiempo sintiendo aversión hacia ti, en este momento creo que empatizo contigo—.
¿Se supone que debía tomárselo a bien?
Tomó las llaves de su auto dispuesto a no permanecer un minuto más al lado de ese papanatas entrometido.
Camino hacia la puerta, el rojizo continuó.
—Por alguna razón mi esposa cree que tiene alguna especie de responsabilidad social hacía ti y que debe arreglar tus problemas—dándole la espalda podía sentir su mirada clavarse sobre él—Eres importante para la mujer que amo y no importa cuánto me esfuerce, eso no va a cambiar nunca...—.
Que no le agradaba no era sorpresa; desde que empezó a salir con Rouge la hostilidad entre ambos era evidente.
Knuckles al ser un ser tan primitivo y celoso que lo único que pensaba era en el atractivo físico de la albina y su aparente "pertenencia" y el por su parte tenía esa manía de considerar inferiores a todos los seres vivos en el planeta.
Al final de todo le daba igual con quien compartiera la cama, Rouge era su socia de muchas cosas y confidente de otras tantas y si a ella le parecía bien intimar con un tipo como Knuckles a él daba lo mismo.
Daba igual si le caía bien o si lo odiaba, tampoco es que eso le produjera algún tipo de miedo.
Si quería darse de golpes con gusto se los daba. Si quería insultar eso se le daba incluso mejor —si es que era posible—.
Con el tiempo y pese a los evidentes altercados y escenas de celos que el rojizo protagonizaba su relación prosperó.
Que a Rouge le gustaran los idiotas no era su problema —ni una sorpresa— y en la boda como gesto de familiaridad —y dicho sea de paso, aprecio por ella— le acompañó hasta el altar.
Fue una boda cursi, llena de alcohol y ella estuvo feliz.
—Y es justo esa manía que tiene por cuidarte lo que nos trae a esto, ¿no?—continuó con la conversación y Shadow se giró a mirarle—Meter a Amy en este juego me pareció fuera de lugar, siendo honesto—.
Rose...
—Cierra el pico, Rojo—le advirtió.
Pensar en ella le sacaba de sus cabales y no quería causar más problemas en el aquel hogar ajeno.
—Lo más fácil sería asumir que mi loca mujer de algún modo logro persuadirte de que te interesaras en Amy—Knuckles era tan directo que incluso le sorprendió—Aunque eso sería darle demasiado crédito a las casualidades y no eres la clase de sujeto que se deja convencer...—.
Tenía un punto.
No, no se dejó convencer por las palabras de Rouge y sus evidentes intentos de conseguirle una novia formal.
El se había fijado en Amelia Rose por convicción propia.
Había algo en esa mujer de ojos verdes y voz chillona que siempre había llamado su atención, aunque siendo un hombre con novia jamás le pasó por el pensamiento de otra forma que no fuese la molesta amiga de María que tenía interés platónico en él.
Sí, la prejuzgo y muchas de las opiniones que tenía respecto a ella estaban equivocadas. Amy Rose era mucho más que una chiquilla escandalosa que se enamoraba a primera vista de cualquier sujeto que le pareciera atractivo.
Era alguien de gustos extrañamente parecidos a los suyos y le sorprendió enormemente el hecho de que pudiese sostener una conversación de filosofía contra él.
Tenía sus fallos, pero siempre estaba dispuesta a aprender y conocer.
Entonces comenzó a considerarla como alguien tolerable.
—De cualquier modo no es eso de lo que quiero hablarte.—Admitió sin ninguna clase de reserva como era su costumbre—Mi mujer te adora y ahora me entero de que estás interesado en mi hermana menor...—sonaba tan raro aún viniendo de él—Y a juzgar por cómo llegaste a anoche ella te rechazó...—.
Eso no le hizo ni pizca de gracia...
—Solo cierra la boca...—no iba a ponerse en evidencia frente a este monigote rojizo, al menos no más de lo que ya lo había hecho anoche.
—Tú dirás lo que quieras... pero te hace falta madurar, Shadow—.
—¿Madurar? ¿Quién carajos te crees para decirme eso?—.
Knuckles ni siquiera se inmutó; los arrebatos emocionales del moreno no surgían efecto en el, básicamente porque no le intimidaba.
¿Golpes? Le daba igual, lo mismo las ofensas, el ya no caía en provocaciones.
—Sí...—al mismo tiempo su expresión cansina se relajó—Los años pasan, la vida te da nuevas oportunidades y bueno... ya no soy el idiota cabezahueca que pelearía contigo en la menor oportunidad...—
Los años no pasaban en vano, al menos no para él y sentía pena por Shadow.
Era un pobre sujeto demasiado enojado con la vida negándose a dejar que los demás se preocuparan por él.
Lo conocía incluso desde antes que a su esposa y era consciente de todo lo malo que traía a cuestas, lo vivió de primera mano y fue testigo de muchas de las trastadas que el tipo hizo.
De otras tantas se enteró por medio de Sonic, que aunque buena fuente, quizá no tenían tanta validez como las propias.
Fuese lo que fuese, el asunto era que después de tantos años sentía genuina empatía por él.
Por su soledad y su corazón roto, porque pese a todo era un mortal con sentimientos y el rechazo le dolía a todos, incluido Shadow.
—Mi esposa y mi mejor amiga te aprecian... tal vez yo no lo entiendo y posiblemente no me esfuerce mucho en ello, pero creo firmemente que esta experiencia te ayudará a entender muchas cosas—.
La basura filosófica que el tipo pelirrojo le estaba lanzando ya no venía al caso así que decidió callar.
Daba igual cuánto le molestase o cuanta superioridad moral creyese que tenía sobre él; ni eso ni lo otro le importaban.
Porque al fin y al cabo qué podía saber ese sujeto de su vida y de toda la mierda que traía a cuestas.
Nada...
Absolutamente nada.
—Y el que creas que soy un idiota que no sabe de lo que habla solo confirma mis palabras—Tal como si le leyese el pensamiento siguió en esa línea de parafernalia.
El tipo estaba empeñado en que le diese un puñetazo con todo y la mano rota y encima la cruda que lo mataba, podía darse el lujo si seguía hostigándole de ese modo.
Nunca fue alguien paciente, jamás fue un secreto para nadie que lo conociese y dadas las circunstancias se estaba viendo orillado a reaccionar de manera poco civilizada.
—De cualquier modo...—suspiro cansinamente y negó al fin—Rouge dice que amas a Amy...—habló y ambos se miraron—¿Es eso verdad?—.
Aunque la pregunta resultase tan obvia Shadow decidió no responder.
Su evidente deterioro y declive bochornoso eran el claro ejemplo de lo que Rose y su rechazo significaron y la locura que le generó el perderla de esa forma.
—¿La amas?—Insistió.
Había una corazonada en su corazón; algo que clamaba por ser resuelto y Shadow y su mal genio se rehusaban a cooperar.
—Tú pregunta es tan absurda que no vale la pena que responda—harto de la situación, Shadow al fin salió de la casa de su mejor amiga dejando al marido a solas en la sala.
Para Knuckles aquella respuesta era lo único que necesitaba para corroborar sus sospechas.
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—¡BLUE, MI AMIGO!—Tangle le abrazó con tanta fuerza que hasta el aire le hizo perder—¡Me alegra tanto verte, viejo!—Al soltarlo, ambos se sonrieron como los viejos conocidos que eran y la nostalgia en el ambiente se hizo notar.
—Demasiado tiempo—concedió—Rayos, Tangle, nunca creí que te vería de traje y corbata alguna vez—bromeó entre risas y la joven le golpeo el hombro en gesto amistoso.
—Aunque su reencuentro me parece algo lindo, me temo que estoy en medio de un asunto laboral—Whisper intervino al fin y ambos la observaron.
—Lo lamento—Sonic se disculpo y recobró la compostura—Prosigamos entonces—.
Tangle sin embargo no le dio tantas vueltas al asunto.
—Whisp, cariño no seas tan rígida—se acercó hasta ella y le abrazó—Blue es como un hermano para mí y no tienes que estar celosita—la fastidió entre risas y la joven solo pudo abochornarse.
—¡Tangle! Ya te he dicho que en la oficina debes ser profesional—le riñó—Lo siento mucho señor The Hedgehog, mi...—
—"Mi esposa es alguien impetuosa y no entiende las reglas básicas de convivencia profesional y de estímulos sociales"—imitó burlesca.
Sonic solo pudo reír.
—¡Tangle!—se sentía levemente avergonzada—¿Podrías dejarme trabajar?—.
Ambos se miraron con complicidad y pese a querer seguir conversando con su amigo, terminó por darle la razón.
—Tú ganas, tu ganas... Blue, avísame cuando termines, necesitamos ponernos al día—.
—Tú mandas, Tang—y chocaron los puños despidiéndose.
Al recobrar la compostura la joven abogada prosiguió con lo suyo.
—Entonces... ¿por qué no me explica cuál es su situación, Señor The Hedgehog?—.
Señor...
Qué raro se sentía que le dijeran señor; era como pensar en su padre o incluso en el abuelo.
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Después de la llamada con Silver inmediatamente después se sintió completamente arrepentida de haber aceptado su invitación.
Tenía ojeras entre las bolsas de los ojos y la cabeza le mataba. Tanto llorar le cobró factura y ahora su aspecto lastimero y desanimado serían difíciles de ocultar.
No había dormido nada después de que Sonic se fue y después de llorar durante media mañana sus ojos decidieron no formar más lágrimas.
Estaba ahí sentada frente al televisor pensando en silencio en todo lo acontecido.
Seguía pensando, muchas cosas se dijeron y ninguna le terminaba de quedar del todo clara ni podía asimilar que de verdad rompiese su amistad con Sonic.
Después de tantos años le diría adiós a todo ese sentir; lo bueno, lo malo, todo cuanto Sonic le hubiese ofrecido estaría enterrado en su pasado y no daría marcha atrás.
Era triste, sí.
¿Le dolía? Indudablemente.
Dejar atrás todo el pasado era difícil; perder un amigo lo era todavía más.
Estaba molesta, triste y decepcionada. Tantas emociones dando vueltas por su mente, tantas cosas cayendo una sobre otra y todas producto de sus malas decisiones.
Se sentía culpable; primordialmente de no saber decir no.
Porque de haberse negado a cubrir las mentiras de Sonic nunca hubiese traicionado la confianza de Silver y muchas de las cosas que pasaron previas a la boda de su primo no hubiesen sucedido. Muchos hubieras y ninguna certeza de nada en absoluto.
O tal vez sí, de algo sí tenía certeza y era de ser una traidora.
Silver era un buen amigo, alguien que le fue leal y que se preocupaba por ella y terminó traicionando su confianza para proteger a Sonic que resulto ser todo lo contrario.
Vaya cosa...
No tenía justificación; ayudar a uno indudablemente terminaría jodiendo su amistad con el otro y eso era lo que más le frustraba. Estar en el medio de situaciones que sobrepasaban sus límites de inteligencia.
Siempre terminaba en el medio de todos los pleitos y discusiones; le tocaba ser la mediadora entre el trío de masculinos que lo único que tenían en común era la S en apodo. De resto sus personalidades eran tan contrarias que siempre chocaban y ella debía ser esa voz de la razón para evitar que la empresa se fuese al caño.
Mucho trabajo les había costado llegar a donde estaban y de un momento a otro todo ese esfuerzo pendía de un hilo delgado llamado Sonic.
Lo cual nos traía otra vez a lo mismo; pensar en ese ladino de ojos verdes que no hacía otra cosa que complicarle la vida una y mil veces más.
Maldita sea...
Llegó a la cocina dispuesta a prepararse un té para los nervios cuando el sonido de su ya olvidado celular captó su atención por lo que de mala gana contestó sin reparar en aquel detalle de que no conocía el número del remitente.
—¿Diga?—
—Rossy—La voz inconfundible de Mighty la relajó un poco—¿Cómo estás? Me sentí muy preocupado por ti...—.
—Estoy bien—mintió— Tanto estrés laboral al fin me cobró factura y terminé con una crisis nerviosa... nada serio—mintió de nuevo pero para su fortuna el chico pareció conformarse con esa explicación.
Incluso pudo pasar por alto el pequeños detalle de que nunca le había proporcionado su número.
Una de las ventajas de que no fuesen tan cercanos —a estas alturas— era que podía omitir muchos datos y él ni siquiera se iba a dar cuenta o indagaría más al respecto. Era mejor así, tener alguien con quien hablar de cualquier otra cosa que no fuese el trabajo, su vida amorosa o su fracaso como amiga.
—Me alegra saberlo—inmediatamente se corrigió a sí mismo—Quiero decir, me alegra que estés bien, eso es lo que me alegra—Mighty y sus trastadas siempre la hicieron reír y esta vez no fue la excepción—Quise llamarte más temprano pero no tenía tu número telefónico y bueno... terminé llamando al hospital y ellos me comunicaron a tu oficina y después una chica muy amable me dio tu número—Enlistó—Bastante complicado, ¿no?—.
Eso resolvía el misterio de cómo logró dar con ella y ahora abría el recordatorio de hablar con Cream y recordarle —nuevamente— que no debía proporcionarle su número personal sin cuestionarle al menos.
Aún así le pareció halagador todas las molestias que se tomó para poder contactarla.
—Mighty, quiero agradecerte por ayudarme...—Hablo de nuevo con sinceridad—De verdad, lo aprecio mucho—.
Que le haya ayudado en uno de sus momentos más vulnerables —otra vez— era curioso e irónico por ambas partes: de un modo u otro siempre terminaba salvándole de ella misma. Desde que se conocieron el siempre estuvo ahí como su soporte, su hombro para llorar y aquel que escuchaba sus penas.
Mighty siempre tenía un chiste bajo la manga, algún comentario inteligente o simplemente la disposición para escucharla, daba igual si era sobre sus padres y lo mucho que los extrañaba; incluso cuando lloraba por Sonic y sus groserías disfrazadas de bromas mal disimuladas, siempre estuvo ahí.
Como buen amigo...
—No hay nada que agradecer, sabes que siempre me preocupo por ti... incluso cuando no te veo—.
Era tan amable y atento; quizá tanto que no merecía que alguien como él tuviera tantas atenciones hacia ella...
Porque sí, en el fondo siempre supo que no se sentía enamorada de él; lo quería —y quiso— mucho, pero no se sentía enamorada de él. Y cuando le pidió que fuesen novios lo externó lo mejor que pudo para no herirlo y al parecer no le importó.
"Quiero sanar tu corazón" fue lo que le dijo aquella ocasión y aunque le costó mucho asimilarlo terminó por aceptarlo en su vida como una pareja a la cual le debía fidelidad y respeto.
Porque sí, como su novio le daba besos, abrazos y todo lo que conllevaba estar con alguien en modo romántico; trató de enamorarse de todos los detalles, de esos poemas y versos que le escribía todos los viernes y el esfuerzo desmedido que hacía para llevarla a lugares bonitos.
Iban a fiestas y todos quienes les miraban jamás habrían dudado del cariño que se profesaban. El lo decía, ella era su princesa adorada y nada estaba por encima de ella; la cuidaba y protegía y al mismo tiempo le brindó seguridad.
Seguridad de sentirse bonita —porque siempre se lo recalcaba— no había atuendo que no se viese fenomenal en ella —según su criterio— y no había mujer más hermosa en toda la ciudad.
Se tomaban de la mano, incluso se lo presentó a sus abuelos y estuvieron de acuerdo con la idea de que fuesen una pareja.
Todo pudo ser tan perfecto...
Pudo haber sido y no lo fue; pudo más no lo fue y en su lugar estaba ahí sentada en la cocina lamentándose de haber llorado por un idiota que recién se daba cuenta de que la quería cuando ya su vida estaba hecha mierda y esta le llegaba hasta el cuello.
¿Se lo merecía por haberse dejado envolver en una relación unilateral? Absolutamente sí.
—Quiero invitarte un café—Habló de nuevo el chico y ella no se atrevió a responder—Claro, cuando te sientas mejor y estés de ánimo, obviamente... ¿Qué te parece?—.
Negarse sería la opción más coherente para no seguir siendo esa egoísta y aprovechada de antaño, en el fondo no quería herir sus sentimientos con un rechazo que no quería escuchar.
Maldita sea...
—Supongo que está bien... te haré saber cuándo me encuentre en condiciones—Y antes de que el chico pudiese responder algo más termino la llamada de forma abrupta.
Que idiota podía llegar a ser...
.
.
Cuando llego a su departamento lo primero que hizo fue meterse a la regadera y dejar que el agua helada enjuagara todo rastro de dolor, vómito, lágrimas y cualquier otro fluido que pudo habérsele escapado por ahí.
Después de 20 minutos salió del baño y tan solo se lanzó a la cama bocarriba mirando el techo en un intento de conciliar el sueño.
De más estaba decir que no lo consiguió.
—Carajo...—se quejó al fin después de mucho silencio y su sangre hirvió.
Estaba furioso; pero sobretodas las cosas se sentía decepcionado de sí mismo. Porque por un momento de verdad creyó que aquel sentimiento que había nacido hacía Rose era completamente correspondido y podía iniciar de cero otra vez.
¿Cuán equivocado podía estar? Rose no le correspondía, se abrió ante ella y le confesó sus más profundos sentimientos y ni siquiera le respondió. En vez de eso se quedó en silencio y huyó de él.
Lo cual lo hacía sentir mil veces peor... ni siquiera era digno de un no. Eso lo volvía doblemente patético y miserable.
Que la mujer que amaba no le correspondiera tal vez le sería tolerable, querría morirse y acabar con su existencia, pero al menos estaría justificado. Y en vez de un rechazo directo y contundente estaba ahí sumido en el limbo de un mar posibilidades que se inclinaban hacia un lado negativo y sin embargo, muy en el fondo seguía esperanzado.
¿Podía ser incluso más patético? Al parecer se había vuelto una especie de reto personal porque terminaba superándose una y otra vez durante los últimos seis meses.
Desde que se dio cuenta que ella le interesaba más allá que una colega de trabajo y una chiquilla fastidiosa, su vida cambió.
Pasó de ignorar completamente que existía mientras se pasaba horas y horas leyendo hojas de cálculo, contratos e inversiones, a pasar las noches en vela pensando en cómo podía abordarla sin verse tan desesperado.
No quería sentirse como un acosador, pero de verdad le interesaba que hacía, que le gustaba y sobretodo que podía hacer para capturar su atención.
Preguntarle directamente siempre fue una opción descartada porque número uno no era su estilo ni eran tan cercanos a estas alturas para cuestionar cosas tan personales sin sonar tan sospechoso y número dos su orgullo le impedía cortejar a esa mujer como era la costumbre de los simples mortales.
Podía pensar en muchas formas de tratar de entablar conversación —y que de verdad trató — y sin embargo siempre terminaba arruinándolo con algún comentario sarcástico que lograba hacerla callar.
Nunca fue su intención hacerle sentir mal; aunque el mal genio le salía tan bien como respirar y por mucho que tratase de buscar un método eficiente para tratar de acercarse a ella, de algún modo su verdadera personalidad ácida y carente de empatía tomaba el control de sus acciones.
Eran esos impulsos de emociones mal controladas las que le llevaban a fracasar en el intento y pese a que se esforzó por mantenerlo a raya aun así terminaban por ganarle para su desgracia.
La conocía lo suficiente, sabía que ella no le tenía miedo ni resentimiento como el resto; Amy era esa clase de chica que le ofrecería su cariño sincero sin esperar nada a cambio y lo apreciaba.
De algún modo u otro trató de retribuir aquellas pequeñas atenciones que tenía hacía él como llevarle el café por las mañanas o preocuparse porque hubiese desayunado/comido.
Que se preocupase por él le hacía sentir querido y aunque nunca podía —ni pudo — externarle con palabras, se lo agradecía.
Fue entonces que con mucho esfuerzo trató de acercarse a ella mientras llenaban los informes de contabilidad; aquella mañana cuando llegó con su vestido de flores amarillas le lanzó un cumplido y ella sonrió murmurando un gracias y siguió en su trabajo.
Estuvo ahí durante un rato más y esta vez fue él quien le invitó un café para cambiar el ambiente. Lejos estaba de imaginar que ese cabeza de cannabis arruinaría todo al entrar en su oficina —sin tocar — alegando que era imperativo que fuese ella quien le ayudase con una tarea en sus labores.
Después de eso cualquier intento de acercarse a Rose se veía eclipsado por cualquier imbécil que creía buena idea interrumpirlo y no le quedó más remedio que dejar de intentarlo.
O al menos por cuenta propia porque al final de todo tuvo que acudir al único medio que estaba a su alcance.
Rouge...
Al principio fue un dolor de huevos —como todo el tiempo — y con el tiempo las cosas fueron a peor. Porque sí, como podía sospecharse las cosas que ella le dijo sobre Rose eran ciertas y de un modo u otro esta podía ayudarle a conquistarla.
Pero la desgraciada era una fuente inagotable de obscenidades y pendejadas propias de un puberto recién entrando a la adolescencia. Que sí que sí le había ayudado mucho en el transcurso, pero la muy cabrona siempre terminaba encontrando la manera de fastidiarle hasta la médula y más allá.
Aún le resultaba irreal como después de tantos años seguía soportando a una mujer como ella, pero ese no era el punto en este momento. El asunto se resumía a cuatro simples palabras; Amy no le amaba.
No importa cuando se esforzó ni tampoco cuanto Rouge le asegurara que la rosada podía caer rendida a sus pies, la realidad ya le había golpeado a la cara y no le quedaba más remedio que aceptarla, seguir con su vida y vivir solo y amargado como era su costumbre.
Después de todo no era la primera vez que sentía el corazón roto; eso era lo único bueno de los desamores, que después del primero el dolor se volvía tolerable. María murió y con ella muchos de sus sueños y esperanzas y que Rose no le correspondiera era simplemente un contratiempo menor.
Entonces...
¿Por qué le ardía como el infierno el pecho y no podía dejar de pensar en ella? Deseaba llamarla, gritarle que no podía dejarla ir y que no quería rendirse.
Pero también estaba esa parte orgullosa que le impedía rogar, porque sí, se había humillado pero no rogaría por su amor.
No lo había hecho antes, ni tampoco cuando perdió a su madre, mucho menos lo haría ahora ante una mujer que no era nada suya.
Y aunque deseó sentirse tan seguro como debería muchos pensamientos se agruparon otra vez y trató torpemente de mantener la calma.
Tratar de aligerar el ambiente al convencerse de que solo estaba mejor solo logró aumentar su ansiedad y el dolor en su pecho le hizo suspirar; aún sentía ese hueco que no se calmaba con nada.
No quería llorar; ya había derramado muchas lágrimas en el transcurso de la noche y le quedaba ese mínimo de amor propio que le impedía seguir deshidratándose.
Se sentía tan jodido...
Y su único consuelo era que las cosas ya no podían ponerse peor. Ya le habían quebrado el corazón, ¿Qué más podía pasarle en todo caso?
El ruido de la puerta principal le hizo detener su soliloquio mental y antes de que pudiese tomarse la molestia de mandar al carajo a quien sea que se atreviese a molestarlo en su momento de vulnerabilidad la puerta se abrió de golpe y unos pasos se dirigieron directamente hasta su habitación.
Sólo había alguien que podía atreverse a tomarse ese atrevimiento sin miedo a las consecuencias que eso le traería.
La puerta se abrió y el aroma cigarrillo y vodka se manifestó en el ambiente.
—Levanta ese patético trasero tuyo de esa cama y explícame porque carajos no fuiste a trabajar hoy —Mephiles se hizo presente por primera vez en mucho tiempo y su traje perfectamente planchado y ceñido a su cuerpo hacía juego con sus zapatos.
Al sentarse en la orilla de la cama las ganas de vomitar le obligaron a inhalar en un intento de que su estómago se mantuviese quieto y que ese sujeto que se decía su progenitor no tuviera algún pretexto para joderle más de lo usual.
—Estoy indispuesto —Dijo al fin y la vista borrosa lo mareó.
Sin embargo y para su infortunio ese tipo de respuestas no convencerían a la bestia de las bienes raíces y aunque trató de aparentar seguridad, ambos sabían que era inútil.
—Ponte de pie y mírame cuando te hablo, carajo—Al acercarse dos pasos, el tipo y su cigarrillo le dieron de llano en la cara —Te ves como una nenita asustada —.
Al no obtener una respuesta por parte de su vástago, Mephiles tuvo camino libre para seguir hostigándole de manera verbal. Cosa que era su especialidad.
Se le daba muy bien utilizar aquella lengua venenosa para encontrar diversas formas de puntualizar todos y cada uno de los defectos con los que había venido al mundo y sobretodo, echarle en cara lo mucho que le decepcionaba y que le daba asco por parecerse a su madre.
Era cruel, insensible y posiblemente la tortura psicológica a la que estaba sumiendo a su único hijo le traería repercusiones después.
No, eso no pasaría; había invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero en ese esperpento como para no esperar perfección de su parte.
Pasó años tratando de convertirlo en un digno sucesor pues aunque le pesara, el no sería eterno y tarde o temprano su imperio y su legado pasaría a manos de su único hijo quien debía liderar con puño de hierro como él lo había hecho todos estos años.
Después de meses de no verle se encontraba con la sorpresa de que el inútil no había ido a trabajar y que en vez de eso estaba tirado en la cama, crudo y depresivo.
No tenía contexto, aunque tampoco es que le hiciera falta suponer que se ponía así cuando pensaba en novia la muerta y le daba por chillar hasta quedarse dormido.
Era muy patético para su gusto; Shadow era débil y siempre dejó que sus emociones le dominaran.
Siempre chillando y berreando porque la vida era muy dura y muy cruel. Siempre preguntando entre lágrimas en donde estaba su mami.
—Quiero que muevas ese culo tuyo y lo lleves en 15 minutos a la oficina—al verlo, su rostro se oscureció—Y que ni se te ocurra volver a hacerme esperar, ¿quedo claro?—.
Shadow no respondió, pero el que se pusiera de pie y se encaminara en silencio hasta su clóset fue suficiente para el mayor y salió de la habitación.
Cinco minutos después la puerta se abrió dejando ver un Shadow perfectamente vestido y de semblante alicaído. Ambos se observaron por fracciones de segundo y el mayor encendió el sexto cigarrillo de la tarde.
—Anda ya, que tenemos que hablar de negocios—Al salir del departamento los guardias de Mephiles le miraron de mala manera—Súbete—le ordenó.
El auto lujoso con tintes de limosina también apestaba a alcohol y cigarros, aunque no podía —ni quería— comentar nada al respecto. En su lugar solo permaneció en silencio observando por la ventana los autos ir y venir.
Acción que no paso desapercibida por parte del moreno mayor que no le quitaba la vista de encima ni un momento.
Esa manía que tenía de mirar por la ventana cuando algo le incomodaba siempre había estado ahí; desde que era un niñito torpe e impetuoso que desobedecía reglas y terminaba llorando en silencio, hasta ahora que casi cumplía 30 y fingía que no se comportaba como ese mocoso engreído de antaño.
Le resultaba difícil de creer el tiempo que había transcurrido desde el primer día en que llegó al mundo, pequeño, flaco y bastante feo si se lo preguntaban.
Los padres debían ver bellos a sus hijos por esa simple razón, sin embargo para Mephiles la apariencia inusual del bebé que había engendrado con su entonces esposa no le generaba ternura dentro de él.
Era pequeño, tan pequeño como sus siete meses de gestación le permitieron desarrollarse. Muy delgado y de ojos saltones que parecían tratar de analizar todo a su paso. Verlo lleno de cables y máquinas que le daban soporte a la vida a la que se aferraba con fiereza le provocaban todavía más rechazo e incredulidad.
Le tomó un tiempo comprender que era padre de otro ser vivo y cuando esa bola de pelo llego a su hogar muchas cosas cambiaron en su dinámica familiar.
Si bien podía criticar a Aleena en muchas cosas —como el hecho de que era una zorra— debía darle crédito pues atendió perfectamente las necesidades de ese bebé a tal punto de no poder recordar alguna vez escucharlo llorar.
Aunque de lo bueno siempre hubo muy poco y el pequeño Gerald creció a pasos lentos pero seguros y pronto su verdadera personalidad salió a flote y muchas de las cosas que hacía Aleena se le pegaron debido a la convivencia, como el tronarse los dedos o el gusto por el jugo de naranja recién exprimido.
Era idéntico a ella, todo cuando mirara en ese idiota era igual a la traicionera mujer.
Al sentir la mirada penetrante sobre él Shadow lo miró también.
—¿Has pensado en mi propuesta?—de pronto hablo para sorpresa del menor.
Lo pensó durante un breve periodo de tiempo. Le dio vueltas y más vueltas a la idea de convertirse en la mano derecha de su padre y fungir su derecho a aplicar el nepotismo en su máxima expresión.
Ser parte de la empresa familiar era algo que jamás le había pasado por la mente; al menos no por voluntad propia y por deseo mucho menos. Él tenía otras ideas de lo que quería hacer con su vida y el que Mephiles y sus negocios le dieran para vivir lo que le restaba de vida no era uno de sus planes.
No por nada había fundado su propia empresa y tenía sus propios negocios fuera del ojo público que en este momento no venían al caso.
Pensar en su propuesta era poco alentador, seguir atado a los deseos de esta bestia de corazón podrido y pulmones calcinados no estaba a discusión. Aunque legalmente no podía hacer nada al respecto.
Ya tenían un trato y aunque se revolcara en el estiércol debía cumplirlo a cabalidad.
—Aún no decido los términos—Dijo al fin y no conforme con su respuesta, Mephiles se rió a carcajadas.
—¿Decidir entre un imperio y esa basura que llamas empresa de cuarta categoría? —se rió en su cara—No seas absurdo Gerald, te he educado mejor que toda esa basura fraternalista que intentas mantener a flote—.
En efecto, no le habían educado para tener alianzas ni amistades que no le beneficiaran en lo más mínimo.
Porque ni ese idiota del Faker, ni el pelele de Silver servían para algo y de Rose no hablaría en ese momento porque se pondría peor.
Aun así era un proyecto al que le invirtió tiempo, esfuerzo y mucho de sí para no dejar que fracasara. Darle la razón a Mephiles sería admitir que era un fracaso y no le daría ese gusto, no a él.
—La rebeldía adolescente ya no justifica tu comportamiento absurdo, ni tampoco las estupideces que estás cometiendo con mi dinero—Al echarle más sal a la herida, el tipo hizo señas que detuvieron el auto—Iremos a esa oficina tuya y me mostrarás los estados de cuenta de todas y cada de una de las transacciones que han realizado—.
Le parecía correcto, así que asintió.
—De acuerdo—.
—Luces especialmente tranquilo... espero que hayas solucionado los activos faltantes—.
Carajo...
Había olvidado ese detalle y no pudo disimularlo apropiadamente.
—Estoy trabajando en ello—aseguró—Mi contador se está encargando personalmente de rastrear estos detalles—.
Extrañamente no obtuvo respuesta por parte del hombre fumador; en su lugar una mirada que no pudo interpretar tomó por completo el control de la situación y aunque él tampoco menciono nada, la incomodidad no se hizo esperar.
Tenía esa manía de analizarlo, de buscar defectos o alguna cosa con aquella mirada inquisitiva en la búsqueda de encontrar la manera de atacar.
Siempre le funcionaba, porque el cabrón era la peor clase de ponzoña que podía existir.
Mephiles en cambio seguía en silencio. Había muchas formas distintas en las que podía humillarlo, tenía el poder y los medios para ello.
Porque lo conocía como la palma de su mano y el chico que tenía frente a él era un libro abierto, uno al que moldeó a su gusto durante años y estaba luchando por salir de su control.
No iba a tenerlo tan fácil, eso lo tenía claro.
Todo el asunto del dinero ni siquiera le importaba un carajo, esa empresa no valía ni siquiera un céntimo de lo que tenía en su patrimonio neto, si se mantenía o seguía a flote a él le daba francamente igual. Se trataba más bien del control.
De la disciplina que implicaba el deberle dinero y pagar a cabalidad por aquel préstamo que le dio en un inicio para iniciar esa farsa.
En moldearlo se le fueron 23 años de su vida, lo menos que esperaba era obediencia.
—Llegamos, señor—El conductor abrió la puerta para dejarle bajar y al llegar a la entrada los guardias se pusieron nerviosos ante la presencia del señor Mephiles.
—Buen día, señor—Le saludó uno de ellos y ni siquiera se molestó en dirigirle la mirada.
Al entrar todo el ambiente de tranquilidad se detuvo en el tiempo y todos los que tuvieron el infortunio de encontrarse cara a cara con la bestia de los negocios palidecieron ante él.
Shadow camino en silencio del que se decía su progenitor y algunas miradas curiosas se posaron sobre él también.
—¡Shadow!—A lo lejos la voz molesta de Silver se hizo audible y con pasos torpes se acercó hasta el sin notar quien estaba a su lado—Gracias a Chaos que te encuentro, hay algo de lo que necesito hablarte... acabo de encontrar...—el humo del cigarrillo lo hizo toser y se vio obligado a callar.
Giró el rostro para encontrarse con aquel hombre que también le miraba de mala manera y aunque no tenía del todo claro de quien se trataba —porque así de despistado era—, le saludo cortésmente como era su costumbre.
—Buen día—saludó—Soy Sil...—cualquier intento de presentación se vio abruptamente cancelado cuando el tipo le dio la espalda y se dirigió directamente a la oficina de Shadow para sorpresa del albino.
Que hombre tan maleducado, pensó.
Al darse la vuelta para continuar hablando con Shadow este solo le hizo una seña de que debía esperar y se abrió paso a su oficina cerrando la puerta tras de sí dejando al pobre Silver con más preguntas que respuestas.
Tomó asiento frente a su escritorio y encendió el computador para brindarle todo lo solicitado.
Ante el silencio Shadow agradeció mentalmente que ya no emitiese ningún comentario al respecto. Necesitaba paz y tranquilidad y la idea de que precisamente hoy tuviera que lidiar con él era frustrante.
Cuando abrió la base de datos las gráficas que se generaron automáticamente mostraban algunas inconsistencias que no estaban ahí la última vez que habló con Vector.
Mephiles observaba la información en silencio, procesando todo lo que estaba recolectando.
—Muéstrame el acceso a la cuenta conjunta—Ordenó.
Un click aquí y uno allá le dieron acceso y efectivamente, el contenido se encontraba temporalmente congelado.
Al menos el Faker estaba tratando de poner orden a sus estupideces.
—Suficiente—.
Al cerrar el programa la ansiedad en su interior aumentó; que mantuviera tanto silencio no era una buena señal. Algo estaba pensando, siempre había algo con ese sujeto.
—Voy a conseguir el dinero—Aseguró—Solo necesito...—
—Cierra la boca y escucha atentamente lo que pasará—se puso de pie y camino hasta la puerta, para sorpresa de Shadow—Te voy a dar dos semanas para que estos números rojos mejoren y consigas mis honorarios, de lo contrario voy a embargar esta porquería y trabajarás conmigo en la inmobiliaria...—del bolsillo tomó otro cigarro, aunque no lo encendió—¿O prefieres hundirte con este barco y vernos en los tribunales? —.
Ninguna de las opciones terminaba de convencerle, pero dadas las circunstancias se veía obligado a aceptar.
—Dos semanas—.
Sonrió orgulloso debido a la soberbia y altanería con la que le respondió. Tal vez después de todo sus enseñanzas si habían servido efecto en su vástago y no era un caso perdido.
.
.
—Muy bien, creo que tengo todos sus datos recopilados y listos para comenzar a perseguir el caso—Whisper le sonrió complacida—Voy a ponerme en contacto con el banco y su aseguradora y le informaré—.
Al menos algo le estaba saliendo bien el día de hoy.
Cuando la puerta se abrió una segunda ocasión Tangle entró otra vez y tenía consigo una lata de soda que le lanzó con la intención de que le atrapara.
Le costó bastante, pero lo logró.
—Te haces viejo, Blue—se burló la fémina—¿Cómo te fue? ¿Whisper no fue muy dura contigo? —.
—Me haces sonar como una tirana—fue la chica quien se pronunció al fin y Sonic solo pudo reír.
No supo del todo como es que debía intervenir entre aquellas bromas tan íntimas de pareja, no conocía a la chica de nada y ahora era su abogada y le debía respeto.
Por otro lado con Tangle la cosa cambiaba bastante. Era una de sus mejores amigas durante su época de universitario. Siempre siguiéndole la corriente en todas sus tonterías y participando en muchas de sus juergas como una tapadera que le salvó el trasero en más de una ocasión.
Incluso muchos trataron de emparejarlos, pero lo suyo era meramente fraternal. Tangle siempre fue muy abierta con respecto a sus gustos y ella no tenía reparo en admitir que gustaba de ambos bandos.
No era de sorprenderse en todo caso que decidiera tener una novia —que dicho sea de paso, Whisper era bonita— aunque si le sorprendía el hecho de que estuviera casada.
La chica era un espíritu libre, sin ataduras de ningún tipo —al menos no por mucho tiempo— yendo y viniendo constantemente y viviendo al día en cada cosa que hiciera.
Algo así como una versión femenina de él mismo.
Así que era curioso cuanto menos.
—Ay Blue... sigo tan feliz de verte hermano—
Tangle era la clase de chica que nunca se guardaba lo que sentía, siempre siguiendo sus impulsos y abrazando a todos a su paso, dando cariño sin restricciones y siendo una buena amiga.
Era su cómplice y los años que pasaron juntos nunca los olvidaría.
Lamentablemente cuando se graduaron tomaron caminos distintos y bueno, el resto es historia.
—Pienso lo mismo, apenas y te reconocí... estás tan cambiada que parece que te cambiaron por otra—se burló.
Y no es que hubiese cambiado físicamente —que aunque sí, embarneció con los años como todos los adultos— pero sí algo en su semblante se notaba distinto.
Tal vez la madurez...
—El amor, el amor...—canturreó—Me enamoré y mírame ahora... soy un pan de Dios que no rompe un plato y trabajo d como buena oficinista... ¿quién lo hubiera dicho?—.
Diez años atrás se habría reído en la cara de cualquiera que le asegurase que Tangle podría ser capaz de soportar un ritmo de vida tan rutinario como el que tiene un oficinista.
Jamás la hubiese imaginado casada —con quien fuera— porque era casi tan enamoradiza —libertina— como él.
La fiesta, las carreras y los excesos eran el pan de cada día y el futuro era tan lejano e irrelevante como el refresco sin azúcar y la cerveza sin alcohol.
Fuera de todo lo obvio que resultaba su sorpresa, genuinamente se alegraba de la felicidad de su amiga y le daba gusto que cualquier meta que se haya propuesto se convirtiera en una realidad.
Porque Tangle siempre se negó rotundamente a la idea de casarse y formar una familia pues alegaba que desde el divorcio de sus padres le daba miedo pasar el mismo proceso.
No iba a juzgarla y en ese entonces tampoco pensó mucho en ello. La vida daba giros inesperados y bueno, él era el ejemplo perfecto de ello.
—Whisp, iré a tomar un café con Blue... regreso en un rato—Y sin esperar alguna clase de respuesta por parte de su esposa y su amigo tomó a este último del brazo y lo arrastró fuera de la oficina para sorpresa del implicado. Una vez afuera lo libero tras cerrar la puerta—Lo siento, pero es la única forma de lograr que no me regañe por haraganear... ¿nos vamos?—.
Sabiendo que tampoco es que pudiese negarse, Sonic se dejó guiar fuera del edificio y luego de tres cuadras en las que Tangle le dio santo y seña de todos los pormenores de las construcciones y chismorreos que había alrededor llegaron a su destino.
Una cafetería estilo años 50's donde servían desayunos, hamburguesas y bistec.
Tomaron asiento y Tangle se le adelantó pidiendo para ambos una hamburguesa y una malteada.
—Debes probarlo, es la mejor—y seguía hablando mientras el solo se dedicaba a escuchar—Oh vamos, sé que estás crudo y que apenas puedes con tu alma... ¿Pero los años han hecho que el gran Sonic no soporte los frutos de la diversión?—.
Mentiría si dijese que entendió a que se refería en un inicio. Bastaron diez segundos para que comprendiera lo que ella estaba diciendo.
Pensaba que estaba crudo por haber bebido.
Y aunque si, estaba crudo por el desvelo, la realidad era distinta. Era obvio que no podía decirle —abiertamente— que efectivamente no podía con su alma, decidió que debía seguirle la corriente.
—¿Qué puedo decir?... creo que estoy perdiendo el toque—.
Ella se desbarató de la risa y algunos otros en la cafetería los observaron de manera extraña debido al escándalo.
Cuando la señorita llegó con sus pedidos Tangle comenzó a devorar su comida de inmediato. Sonic en cambio se tomó su tiempo.
Le dolía la cabeza y pese a que el olor era tentador y estaba seguro que le explotaría la cabeza en cualquier momento.
Tomó un trago de la malteada y se mantuvo en silencio tratando de que sus ideas se quedaran en su sitio. Seguía teniendo a Amy presente y todo lo sucedido durante la madrugada aún lo atormentaba.
Tal vez hizo mal en apresurarse a declarar los sentimientos que ni el mismo comprendía del todo, pero ante situaciones desesperadas debía tomar medidas extremas y aquella voz de la necedad dentro de su cabeza clamó porque se lo dijera.
Desde aquella noche en el patio de los señores Rose no pudo dejar de pensar en ella y todo lo que habían vivido juntos. Sally se lo dijo y no quiso escucharla por temor a parecer todavía más patán, pero ambos sabían que ella tenía razón.
Incluso Tails se lo afirmó desde mucho antes de que pasara el asunto del celular; demás estaba decir lo mucho que lo sermoneó y cuando llegó la boda mejor ni hablar.
Había arruinado las cosas con Amy, eso ya lo tenía claro y claramente nada de lo que hiciera o dijera cambiaría lo sucedido.
Estaba muy arrepentido y quería golpearse una y mil veces por ser tan estúpido.
No obstante estaba frente a Tangle y debía guardar la compostura para que no le creyese un loco.
Ella seguía hablando de su vida, de lo mucho que amaba a su esposa y alguna que otra travesura que hizo en el transcurso.
Sonic la escuchaba y ocasionalmente respondía con monosílabos y afirmaciones con la cabeza. Le estaba prestando un 40% de su atención lo cual era mucho tomando en cuenta como se sentía.
De igual modo no le tomó mucho tiempo darse cuenta que algo estaba mal y Tangle siendo tan perspicaz hizo el comentario más atinado que se le pudo ocurrir.
—Cielos Blue...—dejó su hamburguesa de lado y lo miró directamente al rostro—¿Tan mal estuvo la ruptura que te tiene tan devastado?—Ella seguía mirando a su rostro y su expresión debió ser muy obvia para indicarle que estaba en lo cierto pues continuó con sus palabras—No necesito ser científica para notar que estás que no te calienta ni el sol porque tienes el corazón roto... cielos, jamás creí que esto te pasaría—.
Tangle era así, directa y sin adornar ninguno de sus comentarios.
A diferencia de Amy que siempre buscaba decirle las cosas de modo educado para no herir sus sentimientos. Tampoco era como Tails que le daba sermones y términos haciendo alusión a experimentos que respondían a sus comportamientos.
De Knuckles ni hablar, ese solo se burlaba en su cara a la menor oportunidad.
Por eso siempre valoró su opinión; ella le diría si era blanco o era negro sin ningún tapujo o reparo. No tenía filtros o restricciones y lo apreciaba bastante.
Era absurdo fingir que no tenía razón y pese a que no le diría quien fue la que rompió —metafóricamente— su corazón —porque ambas se conocían y no quería hacer más grande el asunto— terminó por aceptar que efectivamente tenía un mal de amores.
—¿Tan obvio soy?—dijo al fin en tono bajo y se permitió relajarse, ya no tener que fingir era liberador.
—Vaya que sí... hasta parece que te atropelló un camión...—comió otra vez, como si nada y sonrió—Lo hubieras dicho antes y te habría llevado a un bar—al ver la cara de su acompañante, ella se echo a reír—Solo bromeo... solo bromeo—tomó su mano y la apretó en un gesto fraternal—Sabes que puedes contarme si te sirve...—.
Tenía la opción de negarse y dejar que toda la mierda que traía a cuestas siguiera rebosando en su interior.
Afortunadamente para él la voz de la necedad en su interior se encargó de reaccionar por él.
—Me enamoré al fin Tang...—confesó—Y lo arruiné...—.
Por primera vez en toda ese reencuentro el rostro de la chica se tornó serio. Meditando sus palabras podía inferior que lo que sea que le hayan dicho le afectó demasiado al punto de hacerlo llorar porque Sonic no era de los que mostraban sus sentimientos.
Así que esa chica debía ser muy especial…
—¿La chica Acorn terminó contigo?—cuestionó dudosa y expectante.
Hasta donde ella sabía eran pareja y vivían juntos. Así que era lógico que pensara eso.
Tangle tenía sus opiniones respecto a la chica Acorn. Nunca fue fan de que fueran una pareja ni que ella tratara de ejercer tanto control en el cobalto. Y la gota colmó el vaso para que la pelirroja no fuese santo de su devoción fue aquella ocasión en la que le acusó de intentar seducir a su novio.
Claramente una estupidez completa y rotunda y de ahí en adelante poco o nada habló con ella. Y a estas alturas como cabría esperar fue testigo —y dicho sea de paso, tapadera— de muchas de las trastadas y amoríos de una sola noche que Sonic tuvo durante el camino.
No, no se arrepentía de haberlo ayudado, era su amigo y a Sally no le debía nada porque nunca se comportó ni hizo el intento de llevarse bien. Así que le daba igual lo que le sucediera.
En el fondo le culpaba de necia por seguir en una relación que no tenía futuro, pero no era su asunto.
Así que, dicho lo dicho la idea de que los papeles al fin se hayan invertido y que Sonic al fin sintiera algo por la pelirroja y que esta en venganza le estuviera rechazando era factible.
Francamente lo último que hubiese imaginado era la respuesta que Sonic le dio.
—Terminé con Sally hace unas semanas—confesó taciturno—Es otra mujer quien me tiene incluso más idiota que de costumbre—Trató de bromear con su estado, aunque no lo logró.
Estaba deshecho, podía notarlo hasta por como respiraba y aunque en otra época de la vida se habría burlado sin piedad, esta vez sintió ternura y un poco de pena por él.
—Vaya...—Ya no sabía que decir y Sonic sonrió con melancolía—Esto es nuevo para mí...—.
Para el también, aunque no se atrevió a decirlo porque todavía le quedaba un poco de ego escondido por ahí.
Así era la cosa, estuvo llorando por una mujer que por años y años rechazó y ahora el karma —o lo que sea— se lo estaba devolviendo.
—No creo que sea algo que no puedas controlar—se animó a hablar de nuevo la chica que ya había terminado sus alimentos—Eres Sonic The Hedgehog, no hay mujer que se resista a tus encantos—estaba tratando de animarlo y lo apreciaba enormemente, pero dadas sus circunstancias ni aún adulándole le hacía sentir mejor.
Sabía en el fondo que todo era producto de sus malas decisiones; de todo ese daño que le hizo a las mujeres que genuinamente se enamoraron de él.
Tristemente era tarde para lamentaciones pues nada que hiciera o dijera arreglaría sus errores.
—A juzgar por cómo te ves, cualquiera pensaría que Amy fue quien te rompió el corazón—Tangle y su honestidad le tomaron tan desprevenido que el trago que le estaba dando a su malteada le hizo atragantarse—NO JODAS—Chilló incrédula llamando la atención nuevamente—¿ES AMY QUIÉN TE PUSO ASÍ?—Ella que no era conocida por su prudencia ni siquiera reparo en el detalle de que todos en la cafetería prestaron atención a su mesa, con curiosidad.
Sonic deseó que la tierra se lo tragara y lo escupiese tan lejos como fuera posible, pero armar un escándalo ya era inevitable.
—Sal y grítalo más fuerte—ironizó avergonzado y verse expuesto cubriendo su cara con ambas manos en señal de frustración—Anda, grítalo—bufó.
Sentirse expuesto lo ponía de mal genio y Tangle que era despistada más no ciega solo suspiró.
—Lo siento, ¿sí?—al modular más su voz las miradas dejaron de posarse sobre ellos dos—Es solo que me tomaste por sorpresa—confesó—¿Qué sucedió, Sonic? ¿Cómo es que tú...?—.
Qué más hubiese querido que responderle como el tipo cool y despreocupado que siempre había sido y restarle cualquier tipo de importancia a toda la situación y pese a que abrió la boca para intentarlo, no le resultó.
Cada intento de emitir palabra se le atoró en la garganta y en vez de eso la impotencia de no poder remediar las cosas lo volvió a inundar.
Otra vez estaba débil y vulnerable y por segunda —o tercera, ya ni se acordaba— le dieron ganas de llorar.
Ay que patético se sentía y se mordió la mano tratando de tragarse toda la ira y el dolor que tenía dentro.
—Tranquilo, déjalo salir—Ella le tomó de la mano y algo en su mirada terminó de quebrarlo.
Ya ni le importó que estuviesen en un sitio público donde llamaría la atención y cualquiera podía mirarlo.
Solo se dejó ir en ese tornado de sentimientos en donde la desesperación dominaba sus pensamientos.
Tantas cosas pasando al mismo tiempo y su poca inteligencia no le ayudaba a salir de esa hecatombe en su interior.
—La perdí, Tangle... la perdí—al fin las palabras salieron y la joven se mantuvo en silencio esperando a que el continuara hablando—No sé qué rayos sucedió...—estaba tan frustrado que le resulta difícil respirar—Un día desperté y la vi más bonita... de pronto no quería separarme de ella—confesó—Supe que algo andaba mal y me alejé...—estaba siendo sincero con ella e incluso consigo mismo.
De pronto muchas cosas empezaban a tener sentido y quería abofetearse otra vez.
¿Cómo carajos no lo vio antes?
—Puta madre—sonaba a berrinche de niño chiquito pero no pudo ni quiso evitarlo, estaba furioso consigo en mismo—Soy un estúpido Tangle yo mismo hice todo este lío y ahora mírame...—sus manos se extendieron de forma casi histriónica—La cagué y ella no me lo va perdonar... —
Al escucharlo así no le costaba mucho inferir que era lo que estaba sucediendo. Los conocía a ambos casi por las mismas fechas. Y aunque no era ni por asomo tan unida y cercana a Amy nunca fue un secreto ese favoritismo que tenía hacía el cobalto.
Como trataba de protegerlo, cuidarlo y hacer que notara pequeños detalles femeninos que todos —menos él— podían mirar a kilómetros.
Por un tiempo se sintió incómoda ante esta situación, apreciaba a Amy y no le gustaba verla sufrir de ese modo; aunque Blue era su mejor amigo, casi su hermano y eso pesaba aún más.
Nunca intervino más allá de unos cuantos consejos para la chica Rose y en el algún punto ella le puso los ojos encima a otro sujeto cuyo nombre no recordaba pero le caía muy mal.
Ahora que las cosas cambiaban de perspectiva ciertos acontecimientos cobraban un sentido distinto para ella.
—¿Recién te diste cuenta?—si sonaba dura o no, no iba a reparar en ello—Hace años te lo advertí y no quisiste creerme... esa chica tarde o temprano se daría cuenta que podía conseguir algo mejor y al final, pasó...—
Que se lo dijera le dolía y si era posible estrujarle el corazón, sin duda lo estaba logrando.
Se lo merecía...
Sorbió un poco los mocos y trato de limpiarse el rostro en búsqueda de autocontrol, aunque las palabras de su amiga no cesaron.
—No sé exactamente cuál fue el detonante, pero ambos sabemos que Amy no es la clase de chica que se alejaría solo por un malentendido, al menos no para siempre... ¿Qué fue lo que sucedió?—.
Dudó un momento si debía o no relatar lo sucedido a riesgo de quedar como un imbécil de niveles estratosféricos, pero la insistencia de Tangle le hizo ceder a regañadientes.
Fue así como relató lo mejor que pudo la situación desde el asunto del ex-novio, la boda y todo lo sucedido con Blaze hasta llegar a la visita inocente que se tornó en una confesión dolorosamente desastrosa —Omitiendo descaradamente aquella vez en que casi se acostaban—.
Los años de convivir con Whisper le habían dotado de la suficiente prudencia como para no interrumpir en los momentos serios, así que cuando Blue termino su explicación sintió deseos de darle una patada en el trasero por ser tan cabrón.
Para suerte del cobalto tuvo el suficiente autocontrol como para no dejarse llevar por sus instintos primarios aunque su lengua no estaba en ese conjunto de contemplaciones.
—Tú sí que estás bien pendejo...—se le salió decir y ante la mirada sorprendida del masculino ella ni se inmutó—Lo siento, pero es la verdad y con todo y que Chaos sabe que te adoro la cagaste, cabrón—inquisitivamente le acusó—Y el problema es que ni siquiera entiendes cual es el problema—.
¿Entender?
¿Estaba hablando en serio? Hasta un maldito desconsiderado como él sabía que era lo que estaba mal en esa ecuación.
Él.
Así de simple y sencillo.
—Aún sigo sin creer que te dieras a Blaze...—
—Gracias por recordármelo...—aún le pesaba y se arrepentía.
Tangle en cambio encontraba comiquísimo reírse de lo absurdo de la situación.
—Solo a ti te pasan estás idioteces, Blue—perdiendo la seriedad, ella continuó—Quiero decir, eres demasiado fácil de manipular... el alcohol te hace perder la cabeza—.
No se lo negaría, aunque tampoco iba a aceptarlo abiertamente.
—Estás loca...—aún le quedaba un cachito de vergüenza y no iba a dejarlo ir.
—Oh vamos Blue—el tono de su voz se incrementó lo suficiente para aturdirlo un poco—Cuando bebes te vuelves tan fácil de engañar, como aquella vez que Knuckles y yo le pagamos a una enfermera para que te hiciera creer que te hiciste la vasectomía—ella reía amenamente, Sonic en cambio sintió su sangre congelarse.
Un minuto...
—¿Qué hiciste qué?—
Al ver que él no se reía Tangle sintió un escalofrío recorrerle.
¿De verdad se lo había creído?
.
.
Cuando Mephiles salió de la oficina Silver tuvo la sensación de que ese hombre era una especie de ogro o alguna clasificación de monstruo del cual te incomodaba su sola presencia.
El hecho de que le haya ignorado y encima el ambiente de todo el edificio se haya tornado incómodo le pareció prueba suficiente para convencerse de que ese hombre planeaba algo.
Desde luego que tampoco ayudó mucho el hecho de escuchar a Shadow maldecir y lanzar cosas de acá para allá en la oficina demostrando su descontento.
Conocía a Shadow y de mala manera había aprendido a no interponerse en su camino cuando su furia se desataba.
Lamentablemente cualquier atisbo de supervivencia se iba directamente al cuerno porque sí o sí tenía que entrar y hablar con él.
Mientras trabaja con Cream ambos habían descubierto depósitos fantasmas, cuentas que estaban evidentemente alteradas y lo más alarmante recaía en que los últimos trabajos no habían sido liquidados.
En resumidas cuentas no habían obtenido ganancias durante el último mes y encima de todo, aquellos gastos exorbitantes generaron que los fondos de reserva decayeran hasta casi llegar a cero.
Primero creyó que estaba viendo mal; después pensó que sus conocimientos en matemáticas estaban atrofiados y que él había sacado mal las cuentas, pero Cream y sus métodos le confirmaron que efectivamente estaba en lo correcto.
Y siendo ese el caso la ansiedad le invadió.
¿Cómo rayos había sucedido eso? Muchas preguntas se le acoplaron pero el evitar a Shadow solo sería postergar lo inevitable.
Armándose de valor entró sin ser invitado y fue por mera suerte que logró esquivar una engrapadora que casi le daba de lleno en la cara.
—¿¡Qué carajo quieres!?—Estaba alterado y molesto—¡¿NO VES QUE ESTOY OCUPADO?!—.
Y con los ojos del moreno clavados sobre él, Silver sintió como la sangre se le congelaba momentáneamente y su garganta se secaba al sentirse nervioso.
Aún con todo tenía en claro que la empresa era mucho más importante que cualquier berrinche que Shadow pudiese tener; tomó aire y levanto la mano que contenía la carpeta para entregársela a su socio.
—Léela—Pidió.
Al arrebatarle el fólder Shadow le dio una rápida mirada a los papeles que estaban apilados dentro y su expresión cambió en un instante.
Si antes estaba molesto ahora estaba que se lo llevaba el diablo y no trató de disimularlo.
—Carajo—Lanzó los papeles sobre su escritorio y se desplomó en su silla tomándose la cabeza con ambas manos en señal de completa frustración—Maldito seas Faker—vociferó.
—¿Faker?—era obvio que sabía quién llamaba como el "Faker", aunque lo que seguía sin tener sentido para él.
¿Sonic hizo algo?
Al no obtener respuesta por parte de Shadow su desesperación incrementó.
—¿Estás diciendo que todo esto es culpa de Sonic?—trato de razonar y colega soltó una risa carente de gracia que le incomodó.
—Eres menos estúpido de lo que pensaba...—se estaba desquitando con quien no debía pero en ese momento no le importó—Ese hijo de puta y sus pendejadas nos llevarán a la ruina—Al fin alzó el rostro para mirar al confundido Silver que se había quedado callado sin saber que decir—Ese estúpido...—
Le resultaba difícil de creer que Sonic fuese capaz de provocar semejante caos en la empresa. No creía que Shadow fuese un mentiroso ni que las pruebas no estuviesen ahí, después de todo el mismo las había encontrado de primera mano, aunque aún así seguía sin sentirse real.
Sonic era alguien peculiar, alguien de moral distraída y su opinión sobre él ya estaba marcada desde mucho antes de que cruzaran palabra —y terminó de volverse negativa cuando le rompió la nariz—.
Por esta razón muchas de sus opiniones sobre Sonic podían pecar de subjetivas.
Aún así, con todo y el pasado que traían a cuestas el que Sonic fuese un estafador seguía sin cuadrarle.
—¡ESE MALDITO!—Otro de los objetos en su escritorio salió volando y ante el mutismo de Silver su ira se concentró sobre el albino—¿Tú también vas a creer que ese imbécil es inocente?—.
Que le leyera el pensamiento ya no le sorprendía tanto, porque él era muy predecible y Shadow bastante astuto. De algún modo absurdo tomó el suficiente valor para atreverse a dialogar con esa bestia iracunda.
—No estoy diciendo que sea inocente—inició su respuesta con falsa seguridad—Tan solo me parece extraño que sea él quien hace esas cosas... quiero decir, hablamos de Sonic... no tiene la suficiente paciencia para actuar con premeditación—.
Tenía un punto muy válido y era que el Faker no tenía paciencia. Era impulsivo y por mucho que quisiera condenarlo sabía que no podía hacerlo —del todo—.
—No digo que no tenga culpa en lo que está pasando...—guardo silencio un momento y se acercó hasta los papeles que traía consigo al inicio—Todo esto es tan meticuloso...—miró al moreno y este a su vez lo miraba a él—Parece obra de alguien que sabe cómo actuar sin ser detectado—.
Seguía teniendo sentido lo que ese alfeñique decía y pese a que le molestaba decidió callar.
Había tanto en su mente y la falta de sueño lo ponía aún peor. En el fondo su sentido lógico clamaba para que se tranquilizara antes de que las cosas se pusieran peor.
Reposando sobre su silla se permitió suspirar largo y tendido. Silver estaba ahí tratando de encontrar alguna respuesta y el solo quería no morir en ese preciso instante.
—Pierdes el tiempo—tenía los ojos cerrados y una mano masajeaba su sien—Vector a revisado todo esto y seguimos en números rojos—.
—Lo sé y es justamente lo que me preocupa...—Su tono usualmente calmado ahora flaqueaba—Los pagos de insumos y materia prima no se han efectuado, tampoco el pago a los trabajadores...—Preocupado sus manos temblaron—¿Qué se supone que debemos hacer?—.
No iba a andarse con rodeos, tampoco pretendería que se sacaba las soluciones del culo cada que se les presentaban problemas.
La presión lo estaba matando y con lo que Silver acababa de confesarle las palabras de Mephiles le calaban todavía más profundo.
—Ni puta idea, Silver... ni puta idea sobre que carajos haremos—tal vez sonaba rudo, pero estaba siendo completamente honesto esta vez.
Por ello agradecía que el albino fuese alguien callado y cauteloso. Al menos se tomaba el tiempo de razonar y no soltar la primer estupidez que le viniera a la cabeza y eso ya era un punto a su favor.
—Debemos hablar con Sonic...—al ver el reloj de su muñeca, Silver rodó los ojos con apatía—Aunque dudo que se aparezca a estas horas—.
No obtuvo respuesta por parte de su colega; este a su vez se había quedado dormido sobre su silla.
Ante tal escena, no se atrevió a molestarlo y salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí.
Cream en tanto se acercó hasta él con un semblante preocupado.
—¿Está todo bien?—su rostro lo decía todo—El señor Shadow nunca grita de ese modo...—.
No tenía caso que le informara de lo sucedido pues consideraba que no era el lugar ni el momento, sumado al hecho de que no deseaba que la información pasara de boca en boca antes de tener una plan.
—Tranquila... solo estaba estresado—medio mintió y se metió en su oficina nuevamente.
Había mucho que hacer, muchas cosas que firmar, otras por aclarar. De cualquier modo ya le estaba agarrando el gusto a todo esto de organizar y facturar.
Ahora solo le restaba convocar a Sonic y a Amy para que los cuatro pudiesen hablar y aclarar todo el asunto.
Después de todo eran socios, aunque unos hicieran más que otros.
Lo cual lo llevaba a pensar en que de no ser por Amy posiblemente no estaría metido en todo esto.
Ella le había convencido de trabajar en el mismo equipo con un sujeto que no conocía de nada pero que constantemente le menospreciaba y le lanzaba ataques directos sobre su inteligencia y luego estaba el otro con el que tenían una rivalidad de años atrás en donde ninguno de los dos salió bien librado.
De no ser por Amy seguramente ni siquiera les podría dirigir la mirada a ese par de sujetos tan altaneros y prejuiciosos pero era lo que había y ya había tomado la decisión.
Hiciera lo que hiciera ya estaba dentro de ese barco y solo le restaba tratar de mantenerlo a flote o naufragar en el intento.
Habían muchas posibilidades; en un modo u otro sabía que podían perderlo todo y aunque le aterraba la idea solo restaba esforzarse al máximo y tratar de ayudar.
Desde luego que le cuestionaría a Sonic que rayos estaba pasando y cuando Amy volviera estaba seguro que ella tendría alguna solución que ellos ignoraban y las cosas mejorarían como siempre.
Hablando de Amy...
Miró el reloj nuevamente y faltaba una hora y media para que tuviese que pasar por ella. El tiempo se le iba volando últimamente.
Entonces el teléfono sonó y el número que se marcó en la pantalla indicaba un remitente desconocido.
Intrigado atendió la llamada esperando que quien sea que llamase no le hiciera perder el tiempo.
—¿Sí?—
—Silver...—la voz entrecortada de Blaze dio una punzada en el pecho—Pu—puedes ven—venir por mí—el que arrastrara las palabras era señal de que estaba ebria.
Y ante esta situación ¿qué se supone que debía hacer?
—Blaze yo no sé si eso sea buena idea...—
Se sentía preocupado por ella, no podía negarlo, aunque ello no significaba que estaba cómodo con la idea de ir a salvarla otra vez.
La quería —creía— pero no podía seguir así.
Lo habían hablado, hablaron del tiempo y el espacio. De lo cómodo que se sentía estos últimos días en su nuevo hogar y que la nueva rutina le estaba sentando bastante bien.
Lamentablemente para Blaze las cosas estaban pintando bastante mal y no tenía ningún reparo en ocultarlo.
Seguía insistiendo en que debían volver, que lo quería de regreso en la casa que compartían juntos y que estaba más que dispuesta a pretender que nada sucedió.
Aunque bueno... el no estaba seguro si quería lo mismo.
—Por favor...—suplicó—Estoy ebria... sola... y lejos...—le costaba hablar y eso lo puso ansioso—estoy llamando de un teléfono público... te necesito...—.
Silver se maldijo internamente al ser tan débil y manipulable.
—¿En dónde estás?—se resignó al fin y ella balbuceó algo acerca del muelle—Voy para allá, no te muevas...—
Guardó todas sus cosas y papeles en su maletín y decidió llevarse su laptop para seguir investigando tan pronto llegase a casa.
Al salir cerró con llave su oficina y en el trayecto se encontró con Cream quien le observaba curiosa.
—¿Se va tan pronto?—al notar sus pertenencias guardadas en su maletín ella se apresuró—Si el papeleo es demasiado con gusto puedo ayudarle, no tengo problema en quedarme un poco más—.
Y aunque servicial y acomedida, la buena voluntad de la jovencita no surgió efecto en esta ocasión.
—Lo siento, tengo un compromiso muy urgente y debo salir cuanto antes...—y se fue a pasos apresurados sin siquiera despedirse.
Ya luego repararía en esa descortesía...
Subió a su auto y lo encendió unos segundos después; aún seguía reprendiéndose mentalmente por haber cedido ante esa petición.
Debió haberle llamado un taxi y que este le llevara sana y salva a su destino. Aunque conociéndola seguramente no querría subirse y era completamente capaz de pasar la noche en el muelle con tal de llevarle la contra.
25 minutos después pudo distinguir a lo lejos algunos barcos de la zona pesquera y pequeños establecimientos aledaños a la zona.
Estacionó el auto en la entrada y avanzó con rapidez en búsqueda de la chica. Al dar una mirada a lo lejos pudo distinguir la silueta inconfundible de la joven parada en la orilla observando el agua turbulenta.
Dio un paso y luego otro y dejó que sus pies le guiaran a la joven quien no había notado su presencia.
—Blaze...—le llamó bajito y ella se giró—Vamos, te llevaré a tu casa—le dio la mano para que ella la tomara y al verle más de cerca notó que efectivamente había estado bebiendo.
Tenía el maquillaje corrido, seguramente había llorado. También su peinado estaba deshecho y de su ropa mejor ni hablar.
Finalmente estaba su aroma; ese inconfundible hedor del alcohol entrando en tus venas y saliendo por cada uno de tus poros.
Estaba hecha un desastre y a duras penas daba un paso sin trastabillar. Cuando llegaron al auto y logró subirla ella empezó a llorar otra vez.
—Perdóname...—pidió—Sólo.. sólo quiero que vuelvas—seguía entre lloriqueos y seguía mudo sin saber como responder.
¿Qué debía hacer? No podía solo dejarla a su suerte en ese estado tan inconveniente. Pese a todo sabía que ella estaba vulnerable y que lo correcto sería llevarla a su casa.
Aún así...
¿Por qué se sentía tan culpable?
—¿Aún... me amas...?—
La pregunta le hizo sentir como sus entrañas se revolvían y las manos le sudaron sobre el volante.
¿Aún la amaba? Se cuestionó el también, ¿De verdad podía seguir sintiendo ese amor desmedido hacía ella como en antaño?
—Yo te amo...—ella le dijo y tomó su mano con fuerza mientras lloraba otra vez.
A Silver esto solo le estrujó el corazón.
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Continuará...
Atte.
Gri.
