Los dos son enemigos, pero aliados momentáneamente, así lo quisieron los países de ambos.

Son soldados, obedecen órdenes.

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La soldado soviética es más resistente al intenso frío invernal, a pesar de que Alfred también haya pasado cada año desde que nació rodeada de nieve y que el estado donde vive nieve puntualmente cada año, bloqueando caminos y causando accidentes como el que mató a su papá que murió antes de que la Segunda Guerra Mundial estallara.

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El soldado americano es de Wisconsin y conoce el frío. O eso le contó, que allí nieva cada invierno, pero Anya no cree que pueda tolerar un invierno ruso. Hombres más fuertes que él han muerto, la mayoría compatriotas del americano.

Anya no entiende su actitud, ni por qué le ofrece su última barra de chocolate cuando ella no ha hecho nada por él.

Él es la razón de que estén retrasados, debieron volver antes, pero él había intentado jugar al héroe hasta que se dio cuenta de que no podrían superar a sus enemigos.

Ahora por su culpa están en una casa con el techo derrumbado y una pared abierta, sin provisiones más que aquellas que él trajo en la mochila.

¿Por qué quiso darle lo último que le quedaba a ella?

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Alfred se despierta sintiéndose mareado. Se ríe feliz cuando se da cuenta de que ha logrado sobrevivir otro día. Su garganta le duele, pero de todos modos trata de gritarle a la joven que lo acompañó durante todo este viaje y recordarle que ella estaba equivocada.

Cuando voltea el rostro a su lado ve el cuerpo de Anya. Sus labios están morados como otras partes de su cuerpo que no es difícil apreciar porque su cuerpo está desnudo a excepción de su ropa interior.

Alfred comprende con horror la razón cuando se da cuenta de con qué prendas ha sido cubierto él mientras dormía.