La niña se llama Emily y es la primera amiga que Lovino hace cuando su familia llega a Estados Unidos y ni siquiera sabe el idioma.
Ella se parece algo a su hermano, sonríe mucho, la gente dice que es linda y le gusta fácilmente a todos. Pero a diferencia de su hermano, Lovino no siente celos de ella ni quiere que se vaya lejos, ella no le hace desear ser hijo único.
A Emily le gusta más que Feliciano, tal vez porque Lovino siempre está detrás de ella y le ofrece comida o la acompaña a su casa, cosas que ella también hace por él, aunque ambos están de acuerdo en que la comida italiana es más deliciosa.
Ella es todo lo opuesto a él, se parece a su hermano en algunas cosas que dice, pero a diferencia de Feliciano a Emily no le molesta estar con él ni su actitud que mamá dice es horrible.
Emily habla de cosas imposibles como ser ricos o famosos y que todos los amen. A él le gusta asentir y decir que él podría lograrlo, a pesar de que por dentro sabe que es imposible para él, incluso con lo bonita que es Emily, también para ella.
Cuando se vuelven adolescentes, el padre de Lovino dice que basta con mirar Emily para saber que es una puta y que por eso no le conviene a ninguno de sus hijos. Es irónico viniendo de él porque el viejo pasa mucho tiempo en lugares donde esas mujeres se encuentran. Ni siquiera entiende en qué se basa su papá para decir eso, agradece que Feliciano no piense así o lo golpearía.
Cuando Lovino por fin le confiesa sus sentimientos él y Emily tienen catorce y quince años.
Los preciosos ojos azules se llenan de lágrimas cuando lo rechaza.
También te amo, pero...
Pero Lovino es patético, inútil y no le atraería jamás realmente a una chica tan hermosa. Alguien como él no puede retener a Emily, la chica con grandes sueños y está dispuesta a conseguirlo sin importar el costo.
Diez años después, la ve de un brazo de un jugador de beisbol vuelto actor de cine.
No le sorprende verla dentro del bar clandestino donde la gente se baña en alcohol, es más, la esperaba.
Ella ya no es Emily, sino alguien con un nombre que apesta a falso como los billetes que Lovino ayuda a mantener en circulación.
Él tampoco es la misma persona y mientras les invita un trago le pregunta -medio en broma medio cierto- si ella también ha matado a alguien para llegar a donde está.
Lovino le dice que él solo tuvo que casarse con una de las hijas de su jefe y por un momento disfruta la mirada de dolor que cruza su bello rostro.
