Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Overconfidence Effect
Capítulo 6 - Takeshi
Hibari los iba a masacrar a todos tan pronto diera con ellos, y es que iba a dar con ellos gracias a cierto inquilino…
- Ok. - Si no podía decirle nada, iba a asegurarse de tener la menor interacción posible. - Adiós. - Y no estar en ese lugar cuando estuviera el chico.
No es que eso lo salvará de lo que venía, pero al menos estaba dejando en claro que no apoyaba esto, que no quería recibir una paliza por parte de Hibari y muy posiblemente ser arrastrado a un hospital y toda esa pesadilla que vendría de allí.
Tal vez era hora de buscar otro lugar en dónde quedarse, Hayato era un idiota de primera. Se lo advirtió, se lo advirtió.
Y no era como si el tal Tsubasa fuera otra cosa que un problema. Ya había dejado caer como 5 tazas y solo tenía tres días allí. Tres días. Cuidado y no incendie el apartamento, cuidado y si no.
Si, si, agradecía el dinero y todo lo demás, pero hasta allí. No es como si se lo hubieran pedido, o le debieran algo, o solo Dios sabe que según el imbécil de Hayato.
Iban a pagar más que los platos rotos. Todo por una verdadera estupidez.
••••••
- Te dije que Tsubasa no es un blanco. - Fue el comentario no solicitado de alguien a quien no le pregunto nada una vez que Hibari se fue.
Seguían intactos. Intactos.
- Cómo. - Y tenía que ser justo cuando-
- Tsubasa no es un blanco. - Repitió Hayato, abriendo un sobre. - Si tuviera que decir que es… - ¡¿Eso era dinero?! - diría que es un amigo de Hibari. - Qué.
- Hibari no tiene… - Se apagó a punto de decir la palabra "amigos".
Hibari llegó. Miro. Dejó algo. Se fue.
- Es para Tsubasa, ¿no es así? - Porque no era con ellos. Nunca vino antes, y perseguía a Tsubasa…
- ¿Tu qué crees genio? - Okey, se merecía eso.
Seguía… seguía siendo sumamente extraño de imaginar.
Hibari teniendo amigos…
••••••
- Hey. - Si, estaba loco. Pero… - ¿Puedo hacerte una pregunta? - No es como si se fuera a salvar por mucho si Hibari sabía en dónde se estaban quedando.
Una mirada helada inmediatamente le cayó encima, y comenzó a sudar frío.
- Yamamoto Takeshi. - Tan, pero tan seco. Tomaría como consuelo que a eso no le siguió nada. Que no tenía que salir corriendo como alma que llevaba el diablo.
- ¿Tsubasa es tu amigo? - Lo que en verdad quería decir era: "¿tienes amigos?". Si, aún lo estaba procesando.
Esos ojos se entrecerraron aún más y por un momento temió que iba a ser mordido hasta la muerte, pero lo que obtuvo fue:
- Te morderé hasta la muerte si vuelves a colocarle una mano encima al pequeño animal, Takeshi Yamamoto. - Dicho esto, el prefecto le dio la espalda y siguió su ronda, haciendo correr gente solo con la mirada y un leve movimiento del brazo.
Si, Hibari daba miedo.
- Ah, mierda. - No lo había tocado, pero…
Hibari sabía que había hecho y no lo había masacrado a duras penas.
••••••
- Solo tómalo, ¿quieres? - Estaba cansado de oír los no y las explicaciones que en verdad no valían. - Te la pasas más en casa que en la calle como nosotros. - Culpaba a Hayato, cada vez que se escapaba Hayato lo traía. No sabía cómo y no quería saber.
Automáticamente Tsubasa cerró la boca y bajó la cabeza, como si hubiera sido regañado. Eso… eso había sido mayormente su culpa, honestamente, incluso si ya había venido así. Sentía la mirada asesina encima justo ahora.
- Lo que el idiota quiere decir es que no hay ningún problema con qué tomes esa habitación. - Como la quinta vez, solo con otras palabras.
- Tu amigo nos matará si se entera que no te dimos la principal. - En serio, estaba seguro de que Hibari quería que tuviera la mejor de todas.
De todos los lugares que el prefecto demonio podía haber señalado había elegido una casa en una de las zonas más seguras sin ser tan cara. Una buena casa, una buena zona. Y ni siquiera tenían que pagar renta.
No tenía que preguntar para saber que el prefecto demonio había amenazado a múltiples personas antes de enviarlos aquí. El lugar estaba en óptimas condiciones y no parecía faltarle nada. Tenían todos los servicios básicos, e incluso cocina y nevera nueva. No quería pensar en el terror que el prefecto trajo consigo a esta gente, si es que esto no estaba así antes de su llegada.
- ¿Mi… amigo? - La mirada de reojo a Hayato no fue perdida por ninguno de los dos.
- Si, tu amigo. - Atacó rápidamente antes de que Hayato metiera la pata. - A mi no me importa, y no tengo ganas de morir por una habitación. - Lo que sea que funcionará, mientras funcionará. Eso era lo único importante.
- Es así… - Muy, muy bajo. Destinado a no ser oído.
Ese era el blanco. Perfecto.
- Lo harías muy feliz. - Agregó como un golpe de gracia.
Oiría muchas cosas lejos de los oídos de Tsubasa, estaba seguro. Pero había asegurado la victoria en esta batalla.
••••••
Este sofá era una bendición, mil veces más cómodo que el otro. Tomar siestas aquí no era malo, sería aún mejor si-crash.
Había esperado mucho hoy, ¿no es así?
- Déjalo, yo lo recojo. - Era tan torpe este chico que no sería sorprendido si se tropezaba con el aire y caía por una ventana.
No quería oír a Hayato quejarse por la sangre en el piso y luego entrar en… oh oh.
- ¡HIIIIIIIIEEEEEEEEEEEEEE!
¡Caray!, esos eran los mejores pulmones del mundo… ¿por qué esto se le hacía familiar?, ese grito, especialmente.
- Hayato no va a estar feliz. - Comentó, sin ser sorprendido de que el chico se colocara el abrigo a máxima velocidad. Ya era tarde para eso.
- ¡No rompí nada! - Casi como un anexo: - Esta vez. - Si, esta vez.
- No has estado comiendo. - No vio bien, pero sin ese abrigo…
- Si como, solo que no engordo. - No, no era ese tipo de delgadez.
- No va a estar feliz. - Hibari tampoco, si no sabía ya. Oh Dios, Habari… - Tarde o temprano va a verte bien, Tsubasa. - Se le era extraño que aun no lo notará, honestamente. Hayato estaba pendiente de él.
El abrigo, debía ser el abrigo que nunca se quitaba. Eso y que no se la pasaban aquí. Bueno, él no iba a decirle a nadie, pero…
- No diré nada si me dices como te hiciste amigo de Hibari. - Porque francamente: - Pensé que era imposible. - Hibari, teniendo amigos…
- No si podríamos llamarnos amigos, la verdad. - Eran amigos, no veía otra posible explicación. Cualquier otra cosa sería ser mordido hasta la muerte. - Ah, y estoy perfectamente bien, muchas gracias. - Si iba a seguir insistiendo con eso…
- Claro, lo que digas. - Hayato iba a tener un infarto en cuanto lo notara.
Esto no contaba porque fue un pequeño accidente. ¿Por su propia cuenta?
- Con razón el té no te está haciendo la gran cosa. - No pudo ahorrarse el comentario.
La cara que estaba enrojeciendo decía todo lo que había que decirse. Todo.
••••••
Y por supuesto que todo volvía al punto de origen, pensó para sí. Ahora que sabía, ahora entendía un par de cosas que antes daba por sentado o pasaba por alto. Mayormente la segunda.
No sabía de verdad como Hayato no lo había notado.
Sin pensarlo mucho, tomó un par de las cosas que mágicamente había vuelto a la cocina y se las lanzó a cierto alguien que estaba limpiando. No sintió pena alguna, honestamente:
- Uno no debería matarte. - Mala broma, definitivamente una mala broma, pero bueno, algo debía de decir.
Le dieron malos ojos, y un pan terminó de caer del pelo a la mesa y pues eso le causó gracia. El pan se le fue devuelto y lo regresó por reflejo.
Cuando Hayato llegó, lo primero que dijo fue:
- ¡Eso no es una pelota!
••••••
- Veo que ya no lo odias. - Casi se atraganta con el desayuno, ¿cuándo rayos llegó?
- Nunca dije que lo odiaba. - Estaban tirándose un pan, no era motivo de celebración como Hayato parecía pensar. - Tiene a Hibari detrás. - ¿Y no era eso suficiente motivo para no querer estar ni cerca?
- Estás hablando con él de buena gana. - Ah, eso…
- Se le cae todo. - Todo. Incluyendo el pobre teléfono. - Ya hasta da lástima. - Y dolor de cabeza, pero…
- El té no parece estar ayudando. - No, no mucho.
- ¿Y por qué crees que el agua con sabor a hojas haga algo? - La torpeza que tenía Tsubasa era legendaria. Dios, se tropezaba hasta con el aire. - Puede que sea así desde que nació. - Porque-
- No, nadie nace así, es demasiado nervioso, no es normal, algo le pasó. - ¿Uh?, pero que podría haberle pasado a alguien quién tenía a Hibari…
Tal vez era eso. Los nervios de saber que tenía a Hibari siguiéndolo, como una sombra.
- ¿Quieres llevarlo a que lo vea un experto? - Sería caro, y realmente no podían porque no tenían documentos. Era contraproducente en muchos sentidos. - Aparte de que es un peligro para sí mismo, no va a morirse como un hamster. - Esperaba. De verdad, de verdad esperaba que no fuera a morirse como uno de esos animalitos.
No… no lo descartaba por completo, no ahora al menos. Cualquier ruido lo alarmaba, y eso era…
- No Hayato, no creo que sufra del corazón. - Ya hubiera hecho como un hamster, pero con esa mirada…
- Ya es para que hubiera despertado. - ¿En serio?
- Duerme como un muerto. - A menos que hubiera un ruido fuerte… no, no se movería.
- Completamente lo opuesto a cuando está despierto. Raro, ¿no? - ¿Uh?
Ah. Ah.
- Forzarlo a tomar té no va a cambiar eso. - ¿Siquiera lo estaba ayudando?, ¿en algo?
- ¿Y qué sugieres? - Ah, pues…
- Le agrada tu compañía. - Se limitó a decir, sin querer decirle que quizás Tsubasa estaría más tranquilo si pasaba más tiempo con él, haciendo cualquier estupidez.
Solo esperaba que no se tiraran pan el uno al otro, se quedarían sin pan muy, muy rápido.
Y quién sabe qué otra cosa, si se quedaban sin pan o agarraban otra cosa.
••••••
Era como estar en una película de terror, con toda la honestidad del mundo. Ver a alguien abrir la ventana desde afuera y entrar en completo silencio era casi terrorífico si no supiera a qué venía.
- Allá. - Se limitó a señalar el cuarto principal, el cuarto de Tsubasa, y quién aún no había despertado.
Cuando Tsubasa se quedaba dormido, se quedaba profundamente dormido. Esta no era la excepción.
El prefecto demonio de Namimori lo miró por mucho más tiempo del que hubiera deseado y finalmente siguió la dirección indicada. No hubo ruido, chillidos, ni nada. Tsubasa estaba aún dormido, no había duda alguna.
Minutos después el prefecto salió del mismo modo en el que entró, y cuando finalmente creyó que se había ido por completo, pudo respirar.
Por más que Hayato le hubiera asegurado que el prefecto demonio no iba a hacerles nada, pues era muy difícil de creer, y más cuando ya tenía una razón para ser perseguido y mordido hasta la muerte. No… no lo había creído hasta este momento.
Pero Tsubasa de verdad no era un blanco, era… era un faro.
Un faro atrae prefectos demonios, claro está.
Y no se podía quejar porque gracias a Tsubasa estaban aquí, tranquilos y sin preocuparse de una renta.
Ahora lo que tenían que preocuparse era en reponer las cosas que Tsubasa sin querer destruía y de que a Tsubasa no le pasará nada. Tsubasa era un peligro para sí mismo, honestamente.
