Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Overconfidence Effect
Capítulo 12 - Hayato
Frunció el ceño, sin saber qué pensar. Esto podría ser bueno, como podría ser malo.
- ¿Hayato…? - Fue el llamado que lo devolvió a la realidad.
- Todo está bien, Tsubasa. - Y ese era justo el problema. No quería molestar a Tsubasa con eso, o explicarle sus preocupaciones. No quería mortificarlo, menos innecesariamente. - ¿Algo que te llame la atención? - Eso era mucho más importante, por una sola razón: por fin había conseguido convencer a Tsubasa de venir con él a hacer las compras.
Bueno, suponía que no era una salida muy interesante. Muchas veces era solo un dolor de cabeza, en su humilde opinión. Otras veces era una distracción. En esta ocasión, eran dos cosas por el simple hecho de que había alargado su recorrido a propósito. Las dos cosas antes mencionadas bien podrían ser dos razones en lugar de cosas.
La primera era ver que había y que no había cambiado. El avistamiento de un poseedor de las llamas del cielo no pasaría desapercibido, mucho menos de la forma en la que Tsubasa se había "anunciado". Mínimo debería de haber movimiento sospechoso. Tenía que tener un ojo en el movimiento, tenía que ver cómo se movía la marea. Desgraciadamente no era ciego ante el hecho que, tarde o temprano, tendrían que moverse solo para ocultar a Tsubasa.
Eso lo llevaba a pensar en que hacer o no hacer con su amigo. Por todo lo que hacía y decía Tsubasa, el chico era un civil que no tenía mucha idea de cómo funcionaban las cosas en el plano civil. En otras palabras: Tsubasa no tenía idea de la mafia o de que lo que hacía no era exactamente normal. Eso, por sí solo, presentaba un riesgo que no sabía cómo abarcar.
Tsubasa tenía problemas, y probablemente sólo quería que las cosas continuaran como estaban. Si no quería saber nada de la mafia, pues sería muy difícil lograr mantenerlo fuera de ese mundo le dijera o no. Eso, y el hecho de que no tenía mucha idea de cómo ayudar a Tsubasa con su propio poder, y no sabia que tanta atención vendría a ellos si Tsubasa comenzaba a practicar.
No tenía idea, y no tenía un buen lugar a donde llevarlo a hacer esas cosas. Estaba seguro de que podrían ingeniarselas, pero prefería no arriesgar nada.
Aun así, con Tsubasa siendo un cielo, que aun no podía digerirlo del todo, era solo cuestión de tiempo antes de que tal hecho volviera a relucir.
- Tu solo quieres comprarme más cosas. - Fue tanto una queja como una afirmación, y lo sacó de sus pensamientos.
- ¿Tiene algo de malo? - Cualquier cosita que le provocara. El murciélago superdesarrollado no estaba dándoles dinero para ellos en sí, sino para Tsubasa. - Así puedes elegir tú mismo, en lugar de tener que adivinar qué puede gustarte. - En todo, básicamente. Era prueba y error, y Tsubasa atesoraba todo, cuando por fin era convencido de que podía tenerlo.
Ahora que sabía que Tsubasa era un cielo, podía entender porque Batman estaba tan interesado en él. Era casi seguro de que el chico no sabía del bajo mundo o siquiera lo que era Tsubasa, pero había captado a un cielo y se vio atraído por el mismo.
Batman no estaría feliz de saber que la naturaleza de un cielo había afectado su decisión, pero tomando en cuenta cómo era ese chico… Bueno, Tsubasa no era un cielo débil, así que podía decir que tal para cual. En ese sentido, claro está. Y si se iba por ahí, hasta el mismo había caído. ¿Pero podría decir eso cuando estaba viviendo su sueño imposible?
A estas alturas de su vida, que no era mucho ni siquiera tenía 20 años, había creído que nunca encontraría un cielo que lo quisiera. De hecho, ya había renunciado a ser aceptado en alguna familia desde hace rato. Así que, ahora…
- No es necesario. - Desestimó el chico, encogiéndose de hombros. Cualquier cosa que fuera a decir de quien había cumplido sus sueños de la manera más abrupta posible (sin siquiera proponérselo) murió al verse cara a cara con ojos más naranjas que marrones. - Si tanto quieres mimarme, no te lo negaré. - Lo que siguió fue una advertencia: - Es posible que exija algunos mimos luego, si me agradan mucho. - Lo no dicho, pero entendible: "ya hay cosas que me agradan de por si, ¿quieres agregar más?"
- Entonces, ¿te gusta algo de aquí? - Estaban en la sección de dulces. Habia intentado en varios, pero hasta hora Tsubasa se habia hecho el tonto, o habia intentado cambiar la conversacion.
Sabía que las señales iban a aparecer, pero no tan pronto. Como si el tono tranquilo y la forma casual de hablar no dijera todo lo que había que decirse por sí solo… Bueno, al menos ya estaba seguro que los ojos eran una señal que sería recurrente.
- ¿Tsubasa? - ¿A dónde iba? - ¡Tsubasa! - No lo iba a esperar tampoco, vaya. Esto era… oh.
Bueno, él había dicho lo que le gustara o le llamara la atención, así que era su culpa ser sorprendido por esto. Honestamente pensó que solo tendría suerte con algún chocolate, a lo mucho. Y aquí estaban, Tsubasa mirándolo con esferas completamente naranjas ahora, un peluche entre sus manos que tenía forma de un león. La forma en la que lo sostenía decía que temía hablar, que temía que le dijeran que no o se lo quitaran, pero no quería soltarlo más lo haría si se lo pedían. Era como ver a un niño regañado en cierto modo.
Y aun así Tsubasa lo estaba mirando, mostrando el peluche a duras penas, como resistiendo el deseo de esconderlo. No necesitaba preguntarse mucho que pasaba aquí, Tsubasa era muy expresivo así no quisiera serlo.
- ¿Algo más? - La sorpresa no debería de dolerle, pero lo hacía. - Es lindo. - Dio como una excusa, en un intento de decirle que no importaba.
Eran jóvenes todos ellos, incluyendo al murciélago que de vez en cuando aparecía colgado en la ventana a visitar a Tsubasa y probablemente a evaluar cómo estaban las cosas y si debía morderlos hasta la muerte. Pero…
- Takeshi si puede que bromee contigo. - ¿Pero él?, no. - ¿Cuántos años tienes Tsubasa?, creo que no te lo he preguntado… - Si lo había hecho, varias veces. Pero Tsubasa siempre se hizo el loco.
Con casi todo lo personal Tsubasa no daba información más que vaga, si la daba. Viendo esto… viendo esto quizás Tsubasa era más joven que ellos, o aun tenía una mentalidad más… infantil. Si bien eso no era malo, no tenía idea de como tratar con-
- No estoy seguro. - Hizo una doble toma ante esta respuesta, porque era una respuesta. - Quién puede saber con seguridad es Hibari-san. - Hibari, ¿uh? - Hace mucho que no celebro mi cumpleaños. - Ah. Mierda.
- No pasa nada. - Tendría que preguntarle a Hibari eso también. No era tan importante, pero le encantaría saber. Al menos no le mintió. - ¿Nada más?, aprovecha. - ¿Qué más podía decirle?
Esos ojos lo miraban como si vieran algo que él no. Estaban viendo su alma o algo así de profundo, ¿no es así?
- Okey. - Vino luego de un rato de mirarlo. Sea lo que sea que buscaba lo encontró, porque le sonrió y esos ojos volvieron lentamente a la normalidad. No es que se dio cuenta de esto inmediatamente, porque se vio en la tarea de seguir a Tsubasa por la tienda ahora y no al revés como había sido antes.
Tsubasa ya tenía ideas, porque más que todo fue directo a buscar lo que quería. Era bueno saber que si había estado mirando, así fingiera que no. Quizás lo hubiera notado si no estuviera pendiente de otras cosas, pero no importaba, no con este resultado.
Un par de peluches. Caramelos. En esa tienda.
- Eso. - Tan pronto salieron, antes de que abriera la boca para decirle que prácticamente no agarró nada.
Tsubasa le estaba señalando algo que, irónicamente, no había pensado y debió. La ropa había sido más un… lo que consiguieran, no lo que en verdad les gustara.
- Okey. - Sonrió diciendo esto. ¿Qué más iba a hacer?
El mismo se lo busco.
••••••
- No le tienes miedo alguno. - Murmuró para sí secamente.
Tsubasa lo escucho, porque se detuvo para mirarlo como si hubiera dicho algo tonto.
- Claro que le tengo miedo, Hibari-san es la persona más fuerte y violenta que conozco. - Y lo decía quien había entrado al instituto como Pedro por su casa, jalandolo de la mano. Conocía el lugar, y le valía un colmillo la gente que los miraban como si estuvieran locos o fueran a morir.
Probablemente la segunda, era la más lógica.
La cara de la gente en la sala del Comité Disciplinario, que nombre, era aún peor. O al menos así fue hasta que reconocieron a Tsubasa, quien no les paro metra y quien lo soltó para hacer lo que seguramente nadie haría. Takeshi tendría un infarto si estuviera aquí. ¿El?, solo le daba gracia.
- ¡Hibari-san! - Tsubasa había llegado de buenas a primeras a despertar al prefecto durmiendo en el sofá, saludándolo con mucha alegría y una sonrisa de oreja a oreja.
En este punto era más que obvio que ambos se conocían muy bien porque tan pronto el murciélago super desarrollado despertó lo primero que hizo fue quererle volar la cabeza a Tsubasa con una tonfa solo para dar con aire. Tsubasa automáticamente bajo la cabeza, como si supiera que eso iba a pasar.
Esto se repitió como dos veces más: un prefecto tratando de golpear a alguien por despertarlo, y ese alguien mágicamente sabiendo que iba a pasar y esquivando justo lo necesario. Se conocían, y Tsubasa de paso tenía ese don. Hibari no iba a darle a menos que se pusiera serio, y si lo hacía Tsubasa iba a correr como alma que lleva al diablo.
- Pequeño animal. - Si bien esto sonó irritado, oyó perfectamente el: "¿a que vienes a molestar ahora?". La expresión de descontento del prefecto lo decía todo para él.
Esta expresión no duró mucho, bien podría no haber existido, tan pronto el prefecto dio de verdad con Tsubasa. O lo que tenía puesto, mejor dicho.
- Le queda bien, ¿no? - Fue lo que dijo tan pronto esos ojos grises pasaron a él, como si exigieran una explicación. - Desgraciadamente no pude conseguir que eligiera otra chaqueta, es lo único que faltó, aparte de un par de conjuntos más. - Porque Tsubasa solo había querido este conjunto en particular, armado por él mismo.
En respuesta el prefecto miró de nuevo a Tsubasa, lo miró de arriba abajo, le quitó el té que Tsubasa le había pedido comprar solo para el prefecto, y lo próximo que sabía era que el prefecto estaba buscando algo en los armarios de la habitación.
Honestamente no debió de ser una sorpresa que sacara una de las chaquetas estándar de la gente presente y se lo lanzara a Tsubasa a la cara. Ni las risas de Tsubasa ante esto, que no duró mucho porque Hibari no espero para quitarle el abrigo ese.
Alguien había querido quitarle ese abrigo en un buen tiempo. Su sorpresa era que Tsubasa se lo permitiera, y más por una de esas chaquetas.
Tal vez…
- ¿Fue Hibari quien le dio ese abrigo? - Pregunto al más cercano, tenía cabeza de mazorca de maíz.
El tipo le asintió lentamente con la cabeza. Con razón. Tsubasa atesoraba lo que le daban. Con razón.
- ¿Quieres venir a tomar chocolate caliente con nosotros? - Si, salió la idea de la nada, y si, igual la soltó.
Por todas las miradas que estaba recibiendo acababa de pedir que lo enterraran ya. Que lindo. ¿Acaso era el único que no le-
- ¿Vamos?, ¿si Hibari-san? - Al menos ya no estaba solo en que lo miraran como si hubiera pedido morir. No es que fuera mejor, claro está.
La diferencia es que no era algo nuevo para algunos de los que estaban allí. Estos dos se veían en otros lugares. Tomando en cuenta que Tsubasa huía de Batman por lo que estaba temiendo era el "no hace falta" ya que Batman era… Batman, no le sorprendía esto.
- Puedes ayudarme en conseguirle unos zapatos luego de eso. - Tsubasa lo miró como si lo hubiera traicionado, y llegó a abrir la boca mas no le dio tiempo de nada.
Batman terminó de arreglarle la chaqueta que le dio, tiró el abrigo en algún lado de la habitación, ignoró la reacción de Tsubasa y su creciente pánico, y lo tomó del brazo antes de jalarlo a la salida.
- Te conseguiremos otro abrigo. - A pesar de decir esto, fue a buscar el viejo y le dio mala cara al murciélago superdesarrollado.
Ya era entendible el problema del prefecto con Tsubasa. Super entendible.
