¡Hola a todas! Como saben, este es un Anthonyfic, una adaptación de mi autoría a la historia original, sin fines de lucro. Gracias por haberme acompañado hasta aquí. ¡Bendiciones!
"UNA VISIÓN DE AMOR"
CAPÍTULO XLIX
Tras conocer a Hope, el joven Grandchester se dedicó el resto de ese día a pasársela cerca de la pequeña bebé. Esto sorprendió mucho a las demás familias de visita en la Casa Brower. Los señores O´Brien y Brighton, y los mismos señores Britter no comprendían muy bien lo sucedido, ya que la tensión que tan solo el día anterior parecía existir entre los dueños de la casa y el inesperado visitante inglés, ahora parecía ser casi inexistente.
Tal como Candy lo había previsto, Terry se había calmado con la explicación recibida de su parte y ahora compartía con todos sin buscar pelea o discusión. Incluso, por la tarde de ese primer día, antes de marcharse junto con William Albert y sus sobrinos de vuelta a la Casa Andley, Terry insistió en aprender a cambiar el pañal de la pequeña, al haber tenido ella un pequeño accidente al estar él aun cargándola. Hecho que le pareció adorable a Candy, así como inapropiado a Anthony, pero igual Candy, muy gentil, accedió a enseñarle a hacerlo, en compañía de Dorothy, en la guardería.
Los días subsiguientes, Terry ya no se marchó del pueblo, sino que en compañía de William visitaba a la pequeña Hope todas las mañanas, tal como lo había acordado en privado con los rubios. Anthony, por su parte, lo toleraba todo con silenciosa educación, pero cada vez que podía dejaba en claro al supuesto padre, que la pequeña era parte de ese hogar. Cuando eso sucedía, el castaño solo lo miraba y se guardaba su comentario, para sorpresa de William.
Así, llegado nuevamente el fin de semana, llegó la celebración del cumpleaños de la pecosa, y el inglés, por cortesía, tuvo que ser invitado junto con la familia y amigos a tan especial celebración. ¡La hermosa pecosa cumplía 19 años de edad! Así que esa mañana del 7 de mayo, la Mansión Brower se engalanó para recibir a familiares y amigos para un almuerzo en su honor.
Luego de un ameno almuerzo en los jardines de la propiedad, con música en vivo, festejando bajo una adornada pérgola en compañía de los padres de la pecosa y los miembros de las familias Stewart, O'Brien, Brighton y Andley; Terry, como regalo de cumpleaños para Candy - tras regresar todos dentro de la casa -, ofreció interpretar para la concurrencia parte de su último papel como Romeo, en la obra Romeo y Julieta.
Una atenta Patricia O'Brien emocionada se ofreció a ayudarlo, leyendo las líneas de Julieta en el balcón, para molestia de un celoso Stear, causando diversión a Anthony y a Archie desde su posición hasta atrás del salón, al ver la romántica escena y al inventor rabiando con cada palabra pronunciada - según él, pasando desapercibido -, confirmando con ello su primo Brower con una sonrisa que no era el único en esos días con ese problema.
De hecho, toda las damas y jóvenes en el salón escuchaban emocionadas la interpretación de la escena - menos Elroy y la madre de Candy, por supuesto -, quienes ya sabían la verdad sobre el castaño. Por su parte, la señora Britter porque Anthony se los había explicado a ella y a su esposo la semana anterior, por lo ocurrido con el inglés. La tía abuela tras enterarse aparte en la mansión Andley.
La tía abuela, todo ese día, se había abstenido de comentar respecto a la presencia de Grandchester en el lugar – ella no se había mostrado de acuerdo desde un principio con la idea de invitarlo a una celebración familiar tan íntima -, pero comprendía que no era su casa y no quería crear más tensión para los rubios rebatiendo al respecto. Sobre todo, después de que tras preguntar por qué visitaba el actor con tanta asiduidad la casa de los rubios, William Albert finalmente le hubiese contado sobre su conflicto con Candy y Anthony por su posible derecho de paternidad sobre Hope. Fue entonces que la matriarca ¡casi que había puesto un grito en el cielo! La matriarca incluso aseguró a William que, si ese ebrio inglés intentaba llevarse a Hope de allí, ¡ella misma se encargaría de ponerle fin a su carrera en el teatro! Esa vez, William Albert la había logrado tranquilizar, asegurándole que los rubios ya habían conversado con Grandchester y que, en esa etapa, era mejor no involucrarse en los asuntos de ellos sin su consentimiento. Que era una petición que Anthony había hecho fehacientemente, y que incluso él mismo, como patriarca, había tenido que acatar, pidiendo lo mismo de parte de ella. Así que ella callaba – por lo pronto -.
No se podía negar en la actividad que la actuación de Terry era verdaderamente excepcional, pero la expresión molesta de Anthony contemplando a su linda pecosa muy entretenida escuchándolo, no pasó inadvertida tampoco para su primo Archie, de pie, junto a él en el salón.
Archie codeó al rubio de manera discreta. "Sonríe tú también", le dijo.
Anthony lo volteó a ver confundido por su petición.
"Grandchester está disfrutando mucho tu obvia distracción, mira", le dijo Archie, dirigiendo su vista al frente.
Anthony volteó, siguiendo su línea de vista hasta el actor que muy arrogantemente, se atrevió a sonreírle con autosuficiencia.
Molesto, Anthony se irguió más entonces, seguro de sí mismo, y puso su cara de póquer de inmediato, a pesar de su inadvertido desliz.
Los aplausos de la concurrencia de inmediato anunciaron a ambos jóvenes que debían aplaudir otra vez.
"¡Señor Grandchester, felicidades!", exclamó la señora Brighton fascinada desde los primeros lugares. "Por casualidad ¿sabrá alguna escena de Sueño de una Noche de Verano?", dijo emocionada la madre de Annie, no notando el ceño fruncido de su marido, sentado junto a ella, tan poco feliz como Anthony con el inesperado entusiasmo de las damas.
"Por supuesto que sí, estimada señora. Sé las obras completas de Shakespeare, por supuesto.", dijo Terry complacido.
"¿Y también podría representar la escena de Marco Antonio en Julio César?", dijo emocionada Annie, para sorpresa de Archie, ya que ella casi nunca hablaba, y menos en público.
"Si insistes.", le dijo coqueto.
"¡Entonces también la escena final de Romeo y Julieta!", gritó Archie desde atrás. "- Esa donde Romeo ya está muerto y no habla -", le dijo molestó.
"¡Archie…!", dijo Annie apenada, volteando a ver a su prometido atrás de los lugares, con desaprobación. Anthony rió junto a él, sacudiendo su cabeza divertido por su escena de celos.
"¡Con mucho gusto, Archie!", dijo el inglés sonriente desde adelante. "¡Pero solo si tú me ayudas haciendo de Julieta esta vez, en lugar de la señorita O'Brien!", le respondió Terry de vuelta, ganándose una carcajada involuntaria de todos los presentes en el salón, al imaginarse semejante escena.
El joven Cornwell estaba que echaba humo, pero Anthony lo detuvo del brazo al dar él un paso al frente.
"Ya, Archie, calma…", le dijo Anthony. "Tú lo molestaste primero.", le recordó Anthony, llamándolo a la cordura.
"Es tu culpa. No debiste obligarme a salvarlo la semana pasada, para empezar", le dijo en voz baja Archie, deteniéndose molesto.
Los demás continuaron sugiriendo nuevas escenas al castaño, ignorando a los jóvenes que conversaban atrás.
"¡¿Mi culpa?!", se sorprendió el rubio. "Yo no te obligué a nada esa vez, Archie. Tú te ofreciste solo", le recordó divertido.
"Sí, claro." Le dijo su elegante primo. "¡Míralo!", le dijo viendo ambos otra vez al actor hablando con los demás invitados. "¡Como si yo pudiera ser capaz de dejarte cargar el peso de semejante ego sin ayuda!", le dijo. "No habrías podido solo."
Anthony sonriente, lo codeó por su comentario. Y Archie, sonriendo, lo codeó de vuelta también divertido.
"Yo voto junto con la señora Brighton por Sueño de una Noche de Verano", dijo Candy tratando de aplacar la sobre animada lluvia de peticiones que recibía el inglés. Ya se había mencionado hasta Macbeth y varias áreas de obras de Voltaire. Y Terry volviéndose de inmediato a la bella homenajeada, asintió.
"Como tú digas, Candy. Después de todo eres la cumpleañera. Y por supuesto, será un honor complacerla también a usted, señora Brighton", le dijo caballerosamente a la primera dama en sugerirla. Luego Terry se adentró en explicar la situación de la escena que iba a representar.
Luego de la primera área de la obra solicitada, Anthony finalmente, necesitando un poco de espacio, se dirigió discreto a uno de los balcones de la sala para tomar un poco de aire, mientras Terry anunciaba las circunstancias de otra escena de la misma obra, que habían solicitado. William, sentado junto a su prometida Charlotte, y a su futuro suegro - Frederick Stewart -, lo notó salir de la sala. Y luego de unos minutos, disculpándose con Charlotte, lo siguió también.
Anthony, afuera, contemplaba el jardín a la luz del atardecer, sin mirarlo en realidad. Después de esa larga primera semana teniendo al actor tan cerca de su familia, temía admitir para sí mismo que era más de lo que podía soportar. La creciente cercanía de Terruce con su esposa al visitarlos por la pequeña, lo molestaba cada día más. Comprendía que debían hablar, y lo hacían frente a él siempre, pero igual, no podía evitar sentir una sensación de incomodidad al verlos sonreír juntos. Además, había descubierto que ver a Hope siendo paseada por el castaño, mostrándole los rosedales por las mañanas – en su lugar -, era una total tortura para él.
William Albert discretamente salió tras su sobrino, dejando en el salón a la familia riendo de lo lindo con la escena del actor inglés, que ahora representaba a varios personajes al mismo tiempo, maravillándolos con su actuación – Annie y Patty sentadas junto a Candy reían divertidas y contentas como la pecosa, y los señores O'Brien, Brighton y Britter, así como el señor Stewart consideraban, viéndole actuar ahora, que talvez el teatro no era tan mala inversión después de todo.
La risa de la concurrencia se escuchó otra vez desde dentro del salón, y William palmeó la espalda de su sobrino al llegar junto a él, mirándolo con comprensión.
"Tío.", dijo Anthony a modo de saludo, con una media sonrisa, mirándole brevemente, volviendo luego su vista al rosedal.
"¿Tomando un poco de aire fresco?", le dijo.
Anthony asintió en silencio.
Ya le habían quitado hace dos días el cabestrillo a William Albert.
"No te enfades, Anthony", le dijo William con empatía, recostándose en el barandal junto a él. "Recuerda que él es actor de profesión", le dijo. "Y uno muy bueno también."
"Más comediante que actor, diría yo, tío William", dijo Anthony sacudiendo su cabeza. Más carcajadas divertidas se escucharon desde dentro del salón, enfatizando su apreciación, y Anthony lo miró como diciendo ¡Te lo dije! Y William rió alegremente. Otros aplausos se escucharon otra vez.
"¿Cuándo dices que se marcha?", preguntó, de pronto interesado, el joven Brower.
"Pasado mañana.", dijo el patriarca con seguridad. "Debe volver a los ensayos de la próxima temporada."
"Qué bien", dijo Anthony con alivio. "Al fin tendremos un poco de privacidad en esta casa.", reconoció.
William se volvió y miró con empatía a su sobrino. "Has sido muy comprensivo en todo esto, Anthony. Créeme que te admiro por la manera en que has manejado toda esta situación.", le dijo sincero su tío. "Terry no es una persona fácil con quien lidiar", le dijo.
"Dímelo a mí.", admitió el joven Brower, recordando su convivencia con él últimamente. Se hablaban cordialmente, pero hasta allí, porque el castaño no desaprovechaba oportunidad de molestarlo de vez en vez. Incluso lanzaba uno que otro piropo a su Candy, de manera inocente, pero él sabía bien que solo lo hacía por molestarlo a él. Porque, a pesar de todo, el inglés parecía entender bien que su Candy, era su Candy. Si no hubiese sido así, hace rato que lo habría echado de su casa - acuerdo o no acuerdo, paternidad o no paternidad -.
Anthony sonrió. "Pues no me felicites todavía, tío William" Le dijo el rubio menor, con una leve sonrisa. "Mira que todavía podría cobrármelas todas antes de que se marche de Lakewood.", le dijo entre broma y verdad.
William sonrió de vuelta sacudiendo su cabeza.
"¡Anthony!", salió corriendo entonces el señor Britter al balcón, llamando la atención de sobrino y tío con su expresión de angustia. "¡Ven pronto, Anthony! ¡Es Candy!", dijo asustado.
Sin preguntar más, Anthony y William entraron corriendo de vuelta al salón, encontrando la conmoción de ver que Candy sufría de una fuerte contracción.
"¡Anthony!", dijo la rubia al verlo y él de inmediato se agachó a su lado haciendo a un lado a un asustado Terry, y tomando la mano de la rubia, sosteniéndosela mientras pasaba la contracción.
"Tranquila, amor, respira, tranquila. Así, despacio", le decía Anthony con sorprendente serenidad. Esa misma mañana la pecosa había tenido una contracción en la madrugada también, aunque al parecer no tan fuerte como ésta, pero la pecosa había insistido en seguir con su fiesta de cumpleaños a pesar de que Anthony insistía en que mejor sería anularlo todo. Sin embargo, tras ver que Candy había pasado su día bien, contenta, celebrando junto a toda su familia y amigos, sin manifestar otra molestia, Anthony se tranquilizó, pero previsor como siempre, había pedido a la señora Magda, de su personal, que contactara a la comadrona del pueblo para que estuviera con ellos esa tarde para revisar a su esposa tras la fiesta, ya que sabía que el doctor Miller había salido del pueblo por una emergencia el día anterior y tardaría días en regresar al condado.
Poco a poco, la contracción cesó. Candy suspiró.
"¿Estás bien, hija?", dijo su madre Caroline, preocupada, a su lado.
Candy sonrió apenada, "Sí, mamá. Ya pasó."
"Amor, será mejor que descanses.", dijo Anthony.
"Lamento asustarlos a todos.", dijo a los presentes.
Todos comenzaron a decirle que no se preocupara, que lo bueno era que estaba bien, y sin más, Anthony y Candy se despidieron de sus invitados, bajo la mirada preocupada de William y de Terry, y la tía abuela y Caroline salieron tras los rubios hacia su habitación.
Tras llegar al segundo nivel, y quedarse Candy platicando con su madre y la tía abuela, que la ayudaron a ponerse un camisón cómodo, Anthony bajó al primer nivel a ver si ya había llegado la partera.
Esta vez el muchacho bajó por la escalinata y al pie de la misma se encontró con su tío y el inglés, que esperaban noticias, inquietos.
"¿Cómo está?", dijo el preocupado actor al llegar él junto a ellos.
Anthony lo miró con un poco de molestia, pero, sin embargo, contestó con propiedad. "Bien.", dijo, "pero prefiero que una comadrona la revise, justo iba a ver si ya había llegado."
"¿Llamaste una comadrona?", dijo sorprendido William.
"Es que desde la mañana tuvo molestias y pensé-"
"¡¿Y entonces por qué demonios la dejaste que se extenuara con nosotros hoy así?!", protestó el castaño de pronto furioso.
"Anthony…", dijo su tío al ver que le cambiaba la expresión a su sobrino.
"Mira, Terry,", dijo Anthony volviéndose hacia él con total seriedad. "No tengo tiempo para explicarte lo obvio. Pero te voy a agradecer que te limites únicamente a guardar tu lugar como un conocido más de la familia en esta casa. Este es un asunto privado y familiar que no te concierne a ti en lo más mínimo. Ella es mi esposa. Así que guárdate tus comentarios para ti mismo", le dijo de manera seria, pero enérgica, y sin esperar respuesta de su parte, siguió su camino hacia las cocinas, en busca de doña Magda.
Terry quiso seguirlo, pero William Albert lo sujetó del brazo. "¡Basta ya, Terry!", le dijo con firmeza. "Él tiene razón."
"¡Pero Albert!", protestó el castaño.
"Quizás… sea mejor que te regreses a la Mansión de las Rosas antes. Le diré al chofer que te lleve. Yo te contaré si hay alguna noticia a mi regreso."
"¿Estás loco?", le dijo el castaño, molesto. "No me iré de aquí hasta que tú te vayas también", le dijo firme, y dándose la vuelta, regresó junto con los demás a la sala, haciendo a William exhalar con enfado al verlo marchar.
Una hora después, habiendo llegado la partera a los pocos minutos de Anthony buscarla, Candy ya había tenido otra contracción más, así que la partera, tras revisarla, advirtió a Anthony y a su madre Caroline de que tenía signos de querer entrar en un parto prematuro, lo cual asustó mucho a la pecosa y a las damas que la acompañaban. Sin embargo, la amable señora, para su sorpresa, le instó a la rubia a que se levantara de la cama a caminar por la habitación para detener las contracciones, y que a partir de entonces durmiera solo sobre su lado izquierdo, a pesar de su volumen. La partera inquirió si la joven señora padecía de alguna enfermedad, a lo cual Anthony negó esa posibilidad por lo que le había informado el doctor Miller, a quien la partera conocía del pueblo. Luego inquirió si había estado sometida a muchos problemas o tensiones últimamente, a lo cual el joven esposo apenado asintió.
"Tiene una reunión esta noche también allá abajo, ¿verdad?", inquirió la señora, habiendo visto todo el movimiento en las cocinas, al ella llegar.
"Así es, celebrábamos su cumpleaños hoy.", explicó el preocupado esposo. "Y tenemos varias visitas en la casa también."
"Talvez, señor Brower, sería aconsejable reducir la cantidad de personas que su esposa atiende por lo pronto", le aconsejó.
"Es verdad.", suspiró Anthony, dándose cuenta también de ello.
"Menos estrés y mucho descanso, sin estar acostada. Faltan algunas semanas para que llegue a término y lo mejor será darle prioridad a su descanso. Evitando toda tensión."
"Tiene razón", concordó Anthony de inmediato.
Esa misma noche Anthony habló con su tío en la biblioteca, y luego ambos platicaron con los señores Brighton y O'Brien, solicitándoles amablemente disculparan su solicitud de trasladarse de esa mansión a la de su tío por el resto de su estadía en Lakewood, para darle más tiempo de descanso a su esposa, con lo cual, por supuesto, ambos jefes de familia estuvieron totalmente de acuerdo. Así que se acordó que al día siguiente se haría el traslado de los Brighton y de los O'Brien de manera formal a la Mansión de las Rosas - para felicidad secreta de las dos parejas de prometidos -, aunque su felicidad era mermada por su preocupación por la salud de su joven amiga y prima.
Esa noche se retirarían solo William Albert junto con Archie, Stear y Terry a la Casa Andley - los cuatro muy preocupados -, pero Anthony les aseguró que la partera sabía lo que hacía y que disculparan que les pidiera espacio para ellos durante las próximas semanas. Solo los señores Britter y la Tía Abuela se quedarían acompañándolos durante esas semanas en la Mansión Brower. Charlotte le pidió entonces a Anthony la despidiera de Candy, al igual que de parte de su padre. Y Terry, teniendo que volverse el lunes a Nueva York, le pidió lo mismo a Anthony, con un corazón sombrío, a lo que el rubio agradeciendo les aseguró a todos dar sus saludos y buenos deseos a su esposa.
Terry vió por una última vez a la pequeña Hope antes de que la acostaran, dándole un beso sobre su frente y regresándola a los brazos de su niñera antes de marcharse. Y sin tener más opción, se vio obligado a partir junto con los demás miembros de la familia Andley, con una expresión más que abatida.
La noche pasó sin complicaciones afortunadamente, y al día siguiente, tras quedarse doña Estéfana, la partera, con ellos toda la noche y el día siguiente completo, por precaución, felizmente a la noche del día siguiente, las contracciones se declararon totalmente detenidas. Y Anthony pudo respirar con alivio una vez más al recibir la confirmación de que el riesgo ya había pasado.
Lo dicho por parte de la partera, también fue confirmado por el doctor Miller que, dos días después, llegó a visitar a su pecosa también para mantenerla bajo control constante.
Así, los días pasaron más serenos para la pecosa en compañía solo de sus padres, de la tía abuela y de Anthony en la Casa Brower, sintiendo la tranquilidad de que Terry ya había regresado a Nueva York, y que su pequeña era ya solo de ellos nuevamente. Anthony sabía bien que esa era la causa real de todo su estrés, a pesar de que ella lo negara y se hiciera la fuerte con él, para no preocuparlo. Entre todo, pensó Anthony, su pequeño había asegurado a su madre la paz que tanto necesitaba en esos últimos días, a pesar del susto que les había dado a todos.
Cada día, sin embargo, Anthony se informaba para saber si había noticias de la investigación. Preguntaba por teléfono a su tío William si tenía noticias del día anterior, pero la respuesta era cada día la misma: estaba todo aún en proceso.
Sin embargo, el día en que el pequeño bebé de los Brower se decidió finalmente a venir al mundo, dos semanas y media después del cumpleaños de la pecosa, la respuesta de su tío fue una sorpresa para el joven Brower.
Continuará…
¡Gracias por leer!
¡Muchas bendiciones a todas y gracias por comentar Sharick, Anguie, Guest y Julie-Andley-00! ¡Qué bueno que les gusta!
¡Un abrazo!
lemh2001
17 de abril de 2024
P.D. Se publicará la continuación el domingo 21.
