Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Rochelle Allison. I'm just translating with her permission.
Capítulo 19
Alice se reclinó contra su montaña de almohadas, bostezando ampliamente.
—¿Una noche larga? —bromeé, sabiendo que probablemente lo había sido.
—Sí... —Sonrió, echándome un vistazo breve—. Jasper y yo estuvimos hablando por teléfono hasta tarde.
—¿Cómo está?
—Bien, supongo. —Se encogió de hombros, una expresión pensativa en su rostro—. Creo que está listo para alejarse de toda esta... emoción.
—Puedo entender eso. Si yo no fuera de aquí, dudo que quisiera esperar a que acabe. —Asentí, girando sobre mi vientre.
Alice cerró los ojos, pareciendo cansada de repente.
—Bella, yo soy de aquí y no quiero esperar a que acabe.
—Entonces... ¿Qué? ¿Te irás? ¿Con él? —Supuse, curiosa de ver si ella confirmaría las sospechas que me habían estado plagando por semanas. No estaba ciega: había visto lo cercanos que Jasper y ella se habían vuelto.
La verdad era que Alice y yo nos estábamos distanciando lentamente... pero más que nada porque estábamos creciendo. Era un tipo de cambio sutil; seguíamos siendo mejores amigas, pero nuestras prioridades finalmente habían comenzado a separarse. Sabía que esto era una parte de crecer; no puedes pasar el rato con tus amigos sin parar por el resto de tu vida. Eventualmente, encuentras el indicado, te casas, y comienzas una familia. Emmett había sido el primero en hacerlo, y no hacía falta decir que no sería el último. Al menos, a estas alturas el año anterior, él y Edward habían sido inseparables; ahora él y Rose eran una unidad... y Edward se encontraba a menudo conmigo.
Asimismo, hubo un momento cuando Alice y yo habíamos pasado la mayoría de nuestro tiempo libre juntas. Si no estábamos en las clases, en mi casa o la suya, estábamos al teléfono... pero ahora yo tenía a Edward y ella a Jasper.
Mi cerebro aceptaba esto como un hecho inevitable de la vida, pero mi corazón dolía, y sentía un poco de tristeza.
El hecho también era que Alice estaba en profundo desacuerdo con la implicación de Edward en el IRA local. Ella era un alma pacífica, idealista al extremo, y lo que él representaba entraba en conflicto con su propio sentido de moralidad. Quizás esa era la razón por la que un extraño la había enamorado; Jasper no estaba atado a Belfast o a sus políticas. Y como Alice, él simpatizaba profundamente con la opinión nacionalista, pero tenía serias dudas sobre si los medios realmente justificaban los fines.
Alice y yo habíamos sido lo suficientemente cercanas para reconocer cuándo ciertos temas necesitaban ser dejados solos—cuando era momento de simplemente aceptar estar en desacuerdo. Las actividades de Edward y Emmett eran una de esas cosas. No había ni una pizca de hostilidad entre ella y yo, pero aún seguía siendo personal y delicado y no había mucho sentido en seguir discutiendo nuestra diferencia de opinión.
Antes del verano, no había sabido lo que pensaba con respecto al rol de los Provos en el Conflicto pero ahora, no podía evitar preguntarme... ¿Cómo podríamos alcanzar la libertad y siquiera la paz si no luchábamos por ellas? ¿Valía la pena luchar por una Irlanda unida o, como había visto en el titular de un periódico, el "ojo por ojo" nos dejó ciegos a todos?
Pa nunca había presionado realmente sus opiniones, probablemente porque el Conflicto traía mucha agitación a nuestro entorno que quería que su casa fuera un refugio seguro. No fue hasta que tuve doce años que supe que él había estado con el IRA cuando era joven, y las noticias me habían dejado pasmada. Quizás era debido a esto que ahora sentía que podía entender las ideologías de Em y Edward. No siempre aceptaba sus acciones, pero lo entendía.
Alice entrecerró los ojos pensativamente, una expresión que conocía bien. Ella tenía cosas en su mente, cosas que ella no me había contado todavía, aunque estaba bastante segura que las había adivinado de todos modos.
—Eso creo, sí. Los programas de intercambio estudiantil funcionan en ambos sentidos, ¿sabes?
—Así es —coincidí suavemente, apoyando mi mejilla sobre la manta. No hablamos después de eso por un rato, y probablemente me hubiera quedado dormida si ella no me hubiera pinchado en el hombro. Sentándome en la cama un poco, apoyé mi barbilla en mis manos y la miré expectante.
—¿Crees que soy tonta por siquiera considerarlo?
—No. —Fruncí el ceño, sacudiendo la cabeza—. Siempre has querido viajar. ¿Qué piensa tu mamá?
—Ella y Pa están de acuerdo con ello, mientras que me quede en los dormitorios. —Sonrió—. Obviamente.
—En lugar de quedarte con Jasper. —Sonreí intencionadamente—. Lo cual harás de todos modos.
Alice resopló, sacudiendo la cabeza.
—Lo que siento por él es tan endemoniadamente extraño. Sé que no ha pasado mucho tiempo viéndolo desde afuera, pero los dos estamos de acuerdo en tantas cosas fundamentales, y desde el comienzo ha habido esta... —Su voz se apagó, mirando hacia la ventana.
—¿Conexión? —ofrecí.
—Sí —susurró—. Y cuando me besa...
Y justo así, estaba distraída, de regreso en sus ensoñaciones. Sin dudas este era el primer chico con el que había visto así a Alice, una mezcla de divagaciones temblorosas y ojos desenfocados. Si él no era el indicado para ella, no podía imaginar quién podría serlo.
Envidiaba la relativa facilidad de la relación de Jasper y ella. Ella no tenía que preocuparse sobre si él regresaría a casa o no.
Segundos después, parpadeó, regresando su atención a mí, sonrojándose intensamente.
—Está bien, amor. —Me reí—. Lo sé. Y bien, ¿los dos han...? Ya sabes...
—Cielos, no —balbuceó—. ¿Qué parezco?
Levanté las manos.
—De acuerdo, entonces, solo preguntaba.
—No lo he conocido ni una pizca del tiempo que tú conoces a mi hermano —reprendió—. No que apruebe eso tampoco.
—Sí, hermana Mary Alice. —Puse los ojos en blanco.
—Pero, como sea —continuó, ignorándome—, cuando él me contó que iba a regresar antes de lo que originalmente había planeado, sabía que tenía que ir también —hizo una pausa, respirando hondo—. A pesar de que la idea me aterra.
—¿La idea de estar tan lejos de casa, o de comprometerte a Jasper tan seriamente? —pregunté.
—Ambas. Ambas cosas me aterran —admitió, haciendo una mueca.
Me enderecé y me acerqué a ella así nuestras rodillas estaban en contacto.
—Creo que va a estar bien. Él obviamente es perfecto para ti, y tus padres lo aprueban. Incluso a Edward le agrada. Y, como sea, también irás a estudiar, no solo por él. Si las cosas salen mal, siempre tendrás la academia. —Le guiñé el ojo.
—Judas Iscariot, ¿eso debe reconfortarme? —Se rio.
Sonreí un poco, contenta de tener un momento ligero. Aquí estábamos, considerando la verdadera posibilidad de estar separadas en los próximos seis meses, y la realidad de eso comenzaba a hacerme sentir sentimental e insegura. Esto no sería para siempre, solo un semestre, quizás unos años, pero era la primera vez para nosotras al mismo tiempo.
Como si ella pudiera escuchar mis propios pensamientos, los ojos de Alice de repente brillaban con lágrimas.
—Aunque te extrañaré —murmuró.
Mi garganta se cerró ya que me sentía sensible también, y toqué las puntas de mis dedos con los suyos.
—Y yo también te extrañaré. Pero aún así creo que es lo correcto para hacer.
—¿Crees que tú te quedarás aquí? —preguntó.
—No lo sé, en verdad. Sé que no te gusta que haga planee mi vida alrededor de Edward, pero quiero estar dónde él esté. Si se va, quizás también me vaya. Y si se queda, me quedaré, a pesar que odio cómo las cosas siguen empeorando aquí.
Ella asintió, mordiéndose la uña de su pulgar.
—Imagina si vinieras a Estados Unidos —comentó—. Los dos.
—Imagina. —Asentí, llevando la mirada hacia la ventana junto a su cama.
Llegados a este punto, cualquier cosa era posible.
~V~
—¿Aún quieres aprender a conducir? —preguntó Edward un par de días más tarde cuando me recogió de la casa de sus padres. Como la mayoría de los días de semana, Deklan y Donal nos habían dejado a Alice y a mí allí después de clases.
—Sí, pero no puedo hoy. Le prometí a mamá que la ayudaría con la colada. Vamos a hacer todo, sábanas, mantas, alfombras... —dije.
—Ah, bueno.
—Me sorprende que lo recordaras —comenté, cosquilleando el pliegue de su brazo.
Tomó mi mano, deteniendo mis dedos al entrelazarlos con los suyos.
—He estado pensando en ello. Puede que me encuentre lejos por un tiempo, así que quiero asegurarme de que aprendas antes de que me vaya.
Mi pecho se contrajo ante la mención de su partida. Ya temía la operación que haría necesaria que él fuera desterrado de Belfast, sin importar que fuera temporal. Todo eso me preocupaba.
—Mañana entonces —dijo, deteniéndose frente a mi casa—. Iremos a los acantilados en Ballycastle donde hay mucho terreno abierto.
—De acuerdo, sí —acepté, desabrochando mi cinturón de seguridad—. No puedes quedarte, ¿o no?
Negó con la cabeza, viéndose contrito.
—No puedo, hoy no.
—Está bien. —Me encogí de hombros. En solo unas horas, él vendría a recogerme de todos modos, en algún momento de la noche. Podía esperar hasta entonces.
Al día siguiente, Alice pasaría el rato con Jasper, así que los chicos me trajeron directo a casa. Después de tomar el té con mamá y Rose, me retiré arriba para concentrarme en mis estudios. Estaba a mitad de un ensayo cuando Edward entró en mi cuarto, rápidamente moviendo mi cabello a un costado así podía colocar un beso en mi cuello.
—Necesito hacer algo contigo y esa llave de casa —dije, estremeciéndome cuando sus labios abandonaron mi cuello.
—Puedo hacerte una para mi apartamento —dijo, poniéndome de pie.
—Nunca estoy en tu apartamento a menos que vaya contigo —señalé.
—Si supieras conducir, podrías sorprenderme con una visita. —Me abrazó, permitiendo que sus dedos fríos se deslizaran bajo mi camiseta.
Me retorcí para escapar de la incomodidad que sus manos heladas traía.
—La última vez que te sorprendí en casa, estabas haciendo cosas que preferiría olvidar.
—Ese era el refugio.
—¿Cuál es la diferencia? Ambas están a tu nombre, ¿no?
—Uno es para los negocios y el otro es para el placer. —Sonrió inocentemente.
—Creo que mezclas los dos más de lo que quieres admitir —dije, examinando mi armario en busca de abrigo adecuado.
Al echar un vistazo afuera mientras cerraba mis cortinas confirmaba que estaba intenso afuera, una gran capa de nubes sofocaba cualquier rayo de sol que podría haber ayudado a calentar el aire gélido. Me coloqué un segundo suéter sobre el fino que ya tenía puesto, y entonces mi abrigo favorito y un par de guantes.
—No es mi intención hacerlo —dijo seriamente, metiendo las manos en sus bolsillos.
Sujeté sus mejillas entre mis manos enguantadas, planeando quitar la seriedad de su rostro a besos.
—Cielos, Edward, solo estoy bromeando. Quise decir que solíamos acostarnos en el refugio antes que tú y Em consiguieran el apartamento.
—Sé a lo que te referías. —Asintió, cerrando los ojos cuando mis pequeños besos comenzaron a subir.
—Entonces, ¿por qué...?
—Me gusta mantener las cosas por separado. Eres algo bueno, y no debería ensuciar nuestro tiempo juntos con el resto de la mierda en mi vida —dijo.
—Gracias —susurré, rodeando su vientre con mis brazos—. Pero eso no es necesario. Quiero todo de ti.
—No las cosas malas —persistió.
—He visto las cosas malas. —Suspiré.
—No todas.
—¿Intentas apartarme? —pregunté, soltándolo así había espacio entre nosotros.
—No —dijo suavemente, llevando la mirada al suelo. Se veía triste de repente, la nostalgia suavizaba las líneas de su rostro.
A veces, en momentos como este, recordaba quién era él en verdad, quién siempre había sido para mí. A menudo, era debido a una expresión familiar: él sonreía de cierta manera, o reía o fruncía el ceño, y lo veía a la edad de doce años, cuando tenía el corte de pelo más horrible, o a los quince años cuando él y Emmett aún montaban en bicicleta y él se había esguinzado el tobillo al regresar a casa de la escuela.
Quienquiera que fuera ahora, él seguía siendo ese chico, y esa era la parte de él que anhelaba proteger. Imaginaba que todos teníamos la esencia de quienes éramos cuando éramos niños, alojada en lo profundo de nosotros mismos.
—Te amo —dije, tomando su mano y jalándolo hacia la puerta—. Siempre lo he hecho.
Le dio un apretón a mis dedos en respuesta, y dejé que eso fuera suficiente.
—¿Comiste hoy? —pregunté mientras entrábamos a la cocina.
—Así es, sí, en la casa de mamá y pa.
—Bueno, tomaré una taza de té antes de salir a alguna parte. ¿Quieres una taza? —Tomé la pava y comencé a llenarla con agua del grifo.
—Sí —dijo, doblando su cuerpo largo en una de las sillas frente a la mesa.
—Eres tan alto —dije, sonriendo—. ¿Recuerdas cuando pegaste el estirón y de repente todos tus pantalones eran demasiado cortos?
—Ja, sí —resopló—. Papá no paraba de preguntar cuándo vendría la inundación.
Eso me hizo carcajear, porque podía escuchar a Carlisle decir algo así.
—Fue realmente gracioso hasta que tuvo que costear diez pares de pantalones nuevos para la escuela —dijo Edward, sacudiendo la cabeza ante el recuerdo.
La pava comenzó a silbar poco tiempo después y nos serví una taza a cada uno, asegurándome de colocar el plato de cubos de azúcar frente a él antes de sentarme. Yo bebía mi té con una o dos, pero él siempre consentía a su diente goloso.
—Y bien, será la próxima semana —dijo de repente, revolviendo la cuchara perezosamente alrededor de su taza.
—¿Oh?
—Y entonces tendremos que irnos por un tiempo. Rose y Em también se irán, será incluso peor para ellos, estando en un matrimonio mixto y embarazada y todo eso.
—¿Adónde irán, de nuevo? ¿Con tu tía en Cork? —pregunté, pensando que ese té era una elección inteligente porque mi estómago estaba hecho un nudo de nuevo.
—Sí, ella es mayor y tiene bastante lugar en su casa, así que será allí.
—Hmm. —Hice una mueca cuando el sorbo que tomé quemó mi lengua.
Bebimos el resto de nuestro té en silencio, y cuando terminamos, rápidamente lavé las tazas antes de dejarlas a un costado.
—¿Vas a enviar a alguien a buscarme, Edward? —pregunté, ocupándome con los botones de mi abrigo.
—Depende de cuánto tiempo estaré lejos.
~V~
—¡Cielos, Bella, dije afloja el embrague y presiona el acelerador, no al revés!
—¡Calla, Edward! ¡Es más difícil de lo que parece! —espeté.
Mi lección inaugural de conducción había sido menos que inspiradora hasta el momento. Era un milagro que el Land Rover siguiera cooperando en absoluto, entre pisar los frenos inexistentes de su lado del vehículo, y apagar el motor cada ciertos segundos.
—Está bien. —Respiró hondo, y me dio unas palmadas en el brazo—. Inténtalo de nuevo. Lentamente.
Lo hice, y esta vez realmente avanzamos hacia adelante por unos segundos antes de detenernos bruscamente.
—Tomemos un descanso —sugerí, poniendo el freno de mano. Ese había dominado.
—Hagámoslo —murmuró Edward, bajándose.
—Entonces, de nuevo, ¿por qué necesito aprender? —Fulminándolo con la mirada, di la vuelta hacia donde Edward se encontraba apoyado contra el capó.
—Pensé que tú querías aprender —dijo, alzando las cejas.
Encogiéndome de hombros, me ubiqué sobre el capó como usualmente lo hacía cuando veníamos a los acantilados para relajarnos.
—No te pongas sarcástica, Bella. Nadie aprende de inmediato. —Se rio, acercándose.
Apoyé la cabeza sobre su hombro.
—Tú lo hiciste.
—Aprendí el primer día, sí, pero papá lo pasó bastante mal —dijo—. ¿Cómo... cómo sabías eso, de todos modos?
A veces, mi previa obsesión con él saltaba en la conversación. Esta era una de esas veces, y me sonrojé.
—¿Alice me lo contó?
—¿Fue porque se lo preguntaste? —bromeó, apartándose del coche y parándose frente a mí. Rodeando su cuerpo con mis piernas, lo acerqué aún más mientras él me abrazaba.
—Te ríe de mí de nuevo —me quejé, mientras él intentaba besarme.
—Porque es gracioso. Si hubiera sabido lo consciente que estabas de todo, me hubiera aprovechado de ti mucho antes.
—Eres un cerdo. —Me reí, capturando su labio inferior entre mis dientes—. Pero me gusta —añadí, sabiendo que él lo diría si no lo hacía yo primero.
Él sonrió contra mi boca, y solté su labio así podía besarlo. Me devolvió el beso, su lengua deslizándose seductoramente en mi boca, haciendo que mis muslos se contrajeran instintivamente alrededor de sus caderas mientras permitía que mi lengua se moviera alrededor de la suya. Él inhaló profundamente, nuestras bocas eran cosas calientes en un día miserablemente frío, y me besó más fuerte, sosteniendo mi rostro en sus manos mientras enredaba mis dedos en su cabello.
A través de las capas de prendas, podía sentirlo endurecerse, y trabé mis pies a su alrededor, presionándome contra él por completo. Él gimió suavemente, llevando sus labios a mi mejilla, mi oído, y entonces los apartó.
—Hace mucho frío —dijo, presionando su helada nariz contra el calor de mi cuello.
—¿Puedo intentar conducir de nuevo? —pregunté, más que lista para salir de los vientos polares.
—¿Por qué no? —aceptó, bajándome. Acomodó sus pantalones, mirándome con furia fingida cuando lo atrapé haciéndolo.
El interior del Land Rover no era tan cálido, pero al menos la mayoría del viento era mantenido a raya. Cuando nos fuimos alrededor de una hora más tarde, fui capaz de bajar el acantilado y regresar a la carretera principal. Sintiendo una euforia natural, rogué sin aliento al menos conducir parte del camino a casa, y Edward accedió, diciendo que él se haría cargo una vez que lleguemos a zonas más pobladas.
—¿Tendremos tiempo para hacer esto de nuevo antes de que te vayas? —pregunté una vez que habíamos cambiado de lugar varios kilómetros después.
—Lo dudo —dijo, echando un vistazo atrás mientras salía del arcén e ingresaba al tráfico—. Tenemos mucho por hacer...
—¿Será como en Derry? —Recordaba lo ansiosa que había estado ese fin de semana, preguntándome si él y mi hermano estaban bien, y lo horrible que había sido ver los titulares en los periódicos.
No ansiaba soportar ese tipo de aflicción de nuevo, pero al menos él estaría cerca.
Se mordió el labio, manteniendo la mirada en la calle.
—De una manera.
—¿Y James? ¿Él vendrá, o...?
—James fue arrestado.
—¿Qué? —Giré en mi asiento, mirándolo con asombro—. ¿Cuándo sucedió eso?
—Hace dos días; finalmente lo capturaron y se lo llevaron.
—¿Por qué ahora?
—No lo quieres saber, en serio —prometió, sacudiendo la cabeza.
—Sí quiero —insistí.
Edward me ignoró, jugando con una perilla en el salpicadero.
—¿Qué hizo? —pregunté de nuevo, tocando su brazo gentilmente.
—Su grupo estuvo involucrado en embadurnar y emplumar a la prometida de un soldado leal unionista —dijo.
—¿Por qué harían eso? —jadeé—. ¿A una mujer?
—El soldado disparó y mató a un hombre católico varias semanas atrás, y esta era su forma de retribución.
Me hundí en mi asiento, asqueada.
—Estuvo en los periódicos —añadió de manera monótona.
—Solo... no entiendo. La chica era inocente —dije.
—Nadie es inocente, Bella —contestó.
—Sabes a lo que me refiero, Edward. ¿Por qué no fueron directamente tras el soldado?
—Por la misma razón que el RUC te llevó esa vez. Duele más cuando es alguien que amas —explicó.
—¿Y si alguien me hiciera eso? ¿Atarme a un poste y cubrirme con alquitrán y plumas?
—Sería lo último que harían —gruñó, sus dedos tensándose alrededor del volante.
—Pero podría suc...
—¡Jamás podría suceder! —prácticamente gritó—. Bella, he tomado precauciones. No soy un idiota, sé cuáles son los riesgos.
Se veía salvaje, sus ojos brillaban mientras ponía mala cara. Si él creía que tenía las cosas bajo control, no iba a seguir con esa línea particular de preguntas—no cuando él ya se encontraba estresado y propenso a los arrebatos.
—Bueno... ¿qué hay de Victoria? ¿Sigue en Derry? —Mi corazón se contraía por ella; sabía que debía estar devastada, saber que su hombre bien podría morir tras las rejas.
—También la arrestaron —contestó, echándome un vistazo—. Está embarazada.
—¿Está... embarazada? ¿Cómo sabes eso? ¿Qué hará allí adentro? ¿Por qué la arrestaron? —chillé, a pesar que no era completamente ingenua con la forma en que James y Victoria vivían.
—Lo sé porque James me lo contó la semana pasada, cuando nos reunimos para repasar los planes. Y se la llevaron porque ella siempre ha estado muy activamente implicada tanto en las actividades del PIRA en Belfast como en Derry —dijo.
Me mantuve en silencio, asimilando esta nueva información. Era obvio por qué Edward y ahora Em y Rose tendrían que salir de la ciudad después de la operación de la próxima semana. Los chicos guardaban comprensiblemente el silencio al respecto, pero tenía un presentimiento que iba a ser grande, incluso más grande que Derry... y si el RUC había estado observando su brigada tan de cerca como lo sospechábamos, la aprehensión era inevitable.
—Así que, verás por qué no estoy demasiado emocionado de que intentes involucrarte —dijo Edward, golpeteando sus dedos ansiosamente sobre la consola entre nuestros asientos.
Asintiendo, uní mi mano a la suya, entrelazando nuestros dedos. Estaba tan cansada, y ni bien cerré los ojos, me quedé dormida.
Más tarde esa noche, Edward vino como siempre lo hacía, en algún momento entre las doce y la una. Mientras giraba para poner llave a la puerta detrás de mí, alguien silbó agudamente al final de la calle. Era un sonido fuera de lugar, llamativo y espeluznante en el oscuro silencio de la noche, y Edward volvió a abrir la puerta, empujándome para que entrara de nuevo. Entró detrás de mí, cerrando la puerta, y echando un vistazo por la ventana, mirando por el espacio entre las cortinas.
Petrificada del miedo, torcí mis manos entre sí, sintiéndome vulnerable y expuesta en mi tonto y pequeño camisón y abrigo.
—¿Qué pasa? —susurré.
Él se estiró en busca de mi mano, jalándome hacia él así podía ver lo que fuera que estaba mirando: luces traseras, alejándose por la calle.
Mi corazón se saltó un latido.
—¿Quién es ese?
—¿Recuerdas al tipo en tu tienda?
—Sí.
—Él y varios otros. Pero está bien, Deklan y Seamus se encuentran en mi coche allí en el bordillo y Donal está al final de la cuadra con alguien más, vigilando.
Lo miré boquiabierta.
—¿Y aún quieres salir?
¿Está jodidamente loco?
—No es la primera vez que han estado alrededor, de hecho —dijo, pasándose las manos bruscamente por su cabello—. Estás más segura conmigo ahora, ¿sabes eso, cierto?
—Porque estás armado y eres peligroso —espeté.
Él resopló y abrió la puerta.
—¿Lista?
Esa era una excelente pregunta, de hecho.
¿Lo estoy?
Embadurnar y emplumar. (Tarring and feathering, en inglés) es una forma de tortura pública donde una víctima es desnudada por completo, o hasta la cintura, mientras se le es vertido alquitrán (a veces caliente). A la víctima entonces se le echa plumas o es girada sobre una pila de plumas así estas quedan pegadas al alquitrán.
Este método fue popular y llevado a cabo por el IRA en Irlanda del Norte en la década de 1970. A veces le cortaban el cabello antes de ser llevadas y atadas a un poste de luz para después hacerle lo previamente mencionado, y a muchas víctimas se les colgaba carteles de sus cuellos para informar a la comunidad de sus presuntos crímenes.
