Hinata estaba de un mejor humor cuando volvio del gimnasio.
Resulta que el edificio tenía de todo un poco. Mientras estuvo concentrada haciendo sus ejercicios de rutina, un atractivo chico se le acercó y le ofreció invitarla a cenar. Obviamente, ella dijo que no. Pero se interesó cuando él dijo que había un restaurante en la azotea. Aún así, no confiaba en nadie, así que rechazo su invitación de manera educada y siguió en lo suyo. Él no volvió a insistir, pero si sintió su mirada en ella.
Llegó a su casa algo sudada con ganas de bañarse y comer algo. Caminó por el pasillo y se detuvo cuando vió que mantel seguía ocultando la cámara. Por lo menos, Naruto no había descubierto las cámaras y sonrió por eso. Estaba por entrar a su habitación cuando la última puerta, la que se había mantenido con llave, se abrió y salió Naruto.
Él se detuvo, la miró de pies a cabeza y sonrió.
— Si que te gusta ejercitarte — él comenzó a caminar y cuando paso a su lado palmeó su hombro desnudo.
Hinata aún se quedó estupefacta. No entendía qué hacía él allí, con un simple chantal y en cueros, mostrando piel bronceada, tersa y músculos definidos. Ella giró la cabeza para verlo caminar y se mojó los labios cuando vió su trasero apretado en ese chantal de color claro. Y luego frunció el ceño mientras él entraba en la cocina.
Olvidándose de que iba a bañarse, ella lo siguió y lo vió sacar un plato del microondas.
—¿Qué haces aquí aún?— preguntó, interiormente hizo una mueca cuando él la miró un poco asombrado.
—¿Dónde quieres que vaya?—, preguntó mientras abría un cajón y sacaba cubiertos.
Hinata apoyó las manos en las caderas, y observó como apoyaba el plato en la mesada central y se acomodaba para comer.
— Pues, no sé. ¿Tú casa, tal vez?
Naruto soltó una carcajada mientras revolvía la pasta con el tenedor. Él dió un bocado de espaguetis mirándola y luego la apunto con el cubierto.
—¿Dónde crees que estoy, cielo?
La boca de Hinata se abrió, su mandíbula cayó. Eso no podía ser verdad. Él había dicho..
—¡Me dijiste que era mí casa!— argumentó.
Naruto agarró el cuchillo y comenzó a cortar un trozo de carne, no parecía preocupado por lo que ella había dicho.
— Si, bueno. Es tu casa también, ahora—, dijo como si no fuera importante antes de meterse un trozo de carne a la boca.
Hinata se tocó la frente, intentando comprender a este hombre.. suspiró.
— Entonces me iré a vivir a otro lado—, dijo, aunque frunció el ceño. No tenía idea de a dónde.
Naruto alzó una ceja, la observó un rato, sus ojos dejaron esa chispa divertida. Por un momento ella tuvo miedo de haberlo ofendido, después de todo ella era una desconocida y él la había llevado a su casa. Bueno, bien. Él estaba algo loco con el tema de la seguridad para llenar su departamento con cámaras. Y no hablar del tema de dejarla encerrada e incomunicada.
Hinata se puso totalmente tensa, abriendo los ojos grandes y apretando los labios cuando Naruto dejó los cubiertos al lado de su plato. Él tomó una servilleta de papel y se limpio la boca. Toda su expresión estaba totalmente sería, no lo había visto así muchas veces y siempre activaba algo en ella. Era una mezcla entre miedo y excitación, se dió cuenta cuando sus pezones se pusieron duros y tembló ligeramente.
Naruto dejó la servilleta y al fin levanto la mirada. Sus ojos oscuros decían que no le había gustado lo último que dijo. Su ceño no era totalmente enojado, pero parecía que estaba... Algo estaba mal.
— Lamento que no sea de tu agrado. Pero te quedarás aquí—, dijo con voz dura.
Hinata jadeó, en parte por sorpresa y otra porque... Maldita sea, se había mojado. ¡Que vergüenza!
—¿Cómo.. yo?— ella tartamudeo sabiendo que su rostro se había sonrojado.
— Cielo...
Él seguía observándola con esos ojos duros que hacían que los bellos de sus brazos se alzarán. El aura era peligrosa y ella dió un paso hacia atrás, por instinto, cuando él dió uno a su dirección. Hinata no quería ni parpadear, él parecía un tigre listo para saltar si hacia un mal movimiento.
—¿A dónde quieres ir?— preguntó —. Porque, déjame recordarte. La casa de tu infancia ya no es de tu padre.
Hinata le frunció el ceño, pero no contestó.
— Tu hermana, Hanabi, parece haberse instalado muy bien con tu primo, Neji, en ese barrio privado que vive. Pero, seguramente no querrás ir allí. ¿Verdad?
Hinata tragó saliva, la voz de Naruto era a penas un susurró, uno muy tranquilo, pero no por eso era menos peligroso. Ella negó con la cabeza lentamente.
— Tu padre se sumergió en el alcohol después de tu matrimonio con el bastardo de Uchiha. La familia de tu novio ... ¿Cómo se llamaba?
— Otsutsuki —, susurró sin poder detenerse.
— Si, ese— dijo dando dos pasos más a ella, aún arrastrando una mano sobre la mesada central que estaba entre ellos. Hinata no podía moverse ahora, sus piernas parecían ancladas—. Lo ha encontrado y lo pusieron en una clínica de rehabilitación. No creo que te dejen estar allí, y mucho menos que te gustaría estar en medio de viejos babosos y alcohólicos. ¿O si?
Naruto sonrió de lado, no era una de esas sonrisas amistosas, llenas de diversión. Era una con deje de malicia que le hizo negar con la cabeza lentamente. Él siguió moviéndose, con lentitud y ella no podía hacerlo. Probablemente así se sentían los animales pequeños cuando eran hipnotizados por los gatos. Ella se sentía un pequeño ratón, pero Naruto no era un gatito.
Él era más grande, más peligroso y totalmente caliente, pensó cuando vió sus músculos ondular mientras se acercaba hasta detenerse justo al frente de ella. Hinata levantó la cabeza, no podía separar por mucho tiempo de la expresión de sus ojos.
— Tal vez..—, dijo arrastrando las palabras —. Te gustaría volver con tu novio ahora que eres soltera ¿Es eso?
Hinata pegó un pequeño salto y lo miró, su expresión se había oscurecido aún más. Ella lo pensó un segundo, ni siquiera se la había pasado por la cabeza volver con Toneri. Ella negó con la cabeza, él no había peleado por ella, aunque Hinata no le había contado la verdad. Tal vez si lo hubiera hecho..
Perdió el hilo de sus pensamientos cuando sintió un dedo caliente en su brazo. Su mirada fue allí para ver el delgado y largo dedo broncear recorrer su brazo, los bellos de su nuca se alzaron y se sintió estremecer. Su aliento se atoró en su garganta y levantó lentamente el rostro para observar a Naruto. Él tenía los ojos oscuros clavados en su dedo, que se movía de arriba hacia abajo.
— Entonces, eso también está descartado—, susurró con voz ronca—. Estás divorciada de Sasuke, por lo que no volverás a esa casa. Tienes un poco de dinero, pero recién el próximo mes tendrás tu primera indemnización...
—¿Indemnización?— murmuró Hinata con la respiración en pequeños jadeos.
Eso hizo que los ojos de Naruto fueran hacia arriba. No quería engañarse a sí misma, pero podía jurar que vio un hambre atroz en sus posos azules oscurecidos. Él dió otro paso, y Hinata se pegó contra la mesada. Podía sentir el calor de su cuerpo casi pegado al de ella. Naruto apoyó las manos al costado de sus caderas, sobre la mesada, encerrando su cuerpo con los brazos de él.
— Si, cielo — murmuró lentamente, su voz casi una caricia que hizo que coño se apretara en nada, haciéndola sentir vacía.
Se mojó los labios secos, subió las manos temblorosas para apoyarlas en su torso duro y caliente cuando él se inclinó sobre ella. Su idea era apartarlo, pero sólo mantuvo las manos ahí. No se había dado cuenta que estaba respirando con jadeos duros, haciendo que sus pechos casi se rosaran con él.
— Y como estás bajo mí protección, creí conveniente que podrías quedarte aquí por un tiempo. Por el tiempo que quieras, en realidad..
Hinata tuvo que luchar un poco para darle sentido a sus palabras, y luego le devolvió la mirada, ella asombrada.
— Me gusta más decir que estás bajo mí protección que mí tutela. ¿no, amor? Sería algo enfermo, si lo dijera así.
Hinata le frunció el ceño.
—¿Por qué? — preguntó con apenas un hilo de voz.
Naruto bajó la mirada por su cuerpo, sólo un segundo y volvió sus ojos a los de ella.
— Porque decir tutor me hace pensar en padre e hijos. Y no te veo como una hija, cielo—, los ojos de Hinata se abrieron casi por completo—. Se que soy unos años mayor, pero no tan viejo.
Hinata se sentía algo mareada, sus piernas inestables y con un calor que la quemaba. Su vientre revoloteo y su coño comenzó a palpitar. Ella apretó los muslos, y aunque lo hizo casi impresentable, Naruto bajó la mirada a sus piernas y sonrió.
—Ah..— pegó un pequeño maullido cuando él se acercó hasta apoyar la mitad de su rostro contra el de ella. Hinata sintió su aliento caliente golpear en su oreja.
— Así que... Cielo, estarás aquí un tiempo. Conmigo. Se una buena chica y portare bien..— Naruto alejó la cabeza y Hinata lo observó, su expresión divertida había vuelto, sus rostros apenas separados por unos centímetros —. Pero me gustan las chicas malas también—, él le guiñó un ojo.
Hinata retuvo la respiración cuando él bajó los ojos a su boca. Creía que volvería a besarla como la noche de la cena. Aún recordaba ese beso arrollador que casi le hizo perder la consciencia de todo. Pero él sonrió y se alejó, se dió media vuelta y salió de la cocina, sin mirar atrás.
Hinata soltó el aliento retenido y se desplomó sobre la mesada, tragando saliva.
¡Dios! Eso había sido caliente, pensó.
Luego hizo una mueca.. ¿Cómo podría vivir con alguien así, aunque fuera por un mes?
Continuará...
