Capítulo 10: Hierbas, falta de sueño y arrepentimientos.
Aoi entra a la habitación de los barones Tenjiro y abre la cortina, trayendo luz al lugar. Inmune de encontrarlos durmiendo abrazados y de seguro desnudos en su totalidad por la piel expuesta, se retira tan silenciosa como llego.
Shutara es la primera en despertar al ser bastante madrugadora y frota la unión del cuello y hombro de su marido.
—Vamos querido, hora de despertar.
Estaba ella apoyada en el pecho del hombre, pero, entre gruñidos y bufidos, queda ahora él abajo, descansando entre los senos de su esposa mientras le acaricia la espalda. Es lo malo de casarse con un hombre que funciona más en la noche que en el día.
—Te dije que prefiero quitar la ropa que ponerla — Gruñe el hombre, sacándole una risa a la mujer.
—Kirinji, arriba.
–No quiero. –Refunfuño como un niño pequeño repartiendo besos en su pecho y comenzando a subir. –¿Y si tenemos otra ronda? –Sugirió ansioso.
–Suena tentador, pero no. –Escucho al hombre chasquear la lengua. – Le prometiste a tu hija llevarla a visitar las tiendas botánicas de la ciudad ¿Recuerdas?
–Es verdad. –Recordó él en un golpe de lucidez, aunque pasar el resto de la mañana con su mujer era tentador tenía una promesa que cumplir. –Esta noche no te voy a dejar escapar, aunque quieras. –Amenazo.
–Me gustan esas palabras. –Beso la coronilla de su marido. –Aoi, tomare un baño. –Ordeno a su doncella provisional.
–Si baronesa, ya está listo y puede entrar cuando desee. –Dijo la joven de cabello miel.
–No podemos tener otra ronda, pero si un baño juntos. –Sugirió la dama.
–Tentador. –Murmuro Kirinji con una sonrisa ladina.
Tomaron un baño largo y tendido entre conversaciones y risas. En ese momento la pareja terminaba de vestirse, Aoi cepillaba el largo cabello de Shutara y Kirinji se ajustaba el saco cuando el barón tomo la palabra.
–Intentare regresar pronto. –Le informó él.
–De acuerdo, daré un paseo en bote con la emperatriz y la duquesa, quizás nos veamos en el almuerzo. –Kirinji se acercó y le beso la coronilla. –Diviértanse tú y nuestro petirrojo, cuida que no se meta en problemas.
–Lo haré.
–Y si ves al duque Kurosaki, por favor no vayas a armar una escena. –Le suplico.
–Lo intentaré... Pero no prometo nada.
–Confió en ti cariño.
–Bien, bien, me iré adelantando al comedor.
–Iré en un momento cielo.
–Bien estaré con las chicas en la mesa.
–Muy bien cariño. –Kirinji salió de la habitación mientras Aoi daba los últimos retoques a su imagen.
–¿Debo preparar una sombrilla baronesa?
–Ah sí, voy a necesitarlo con el sol que nos saluda este día.
–Lo preparare enseguida.
La mucama se alejó y en ese momento entro Saya con una joven más o menos de la edad de su hija mayor tras ella.
–Baronesa buen día, es un honor saludarla. –La doncella imperial se inclinó.
–Oh Saya, creí que con todo el desastre de ayer hoy descansarías.
–Es mi trabajo servirla mientras este aquí –Sonrió la doncella. –Sin embargo, he venido también por otro motivo.
–¿Sí?
–¿Recuerda que le comenté sobre mi sobrina?
–Oh si, la chica que dijiste habías instruido tú misma ¿Cierto?
–Así es Baronesa, preséntate vamos. –Animo a la chica tras ella.
–Soy Ryo Kunieda, es un honor saludar a la Baronesa Tenjiro. –Se inclinó suavemente en una reverencia.
–Es joven, pero creo que le puede servir tan bien como yo lo haría. –Dijo Saya orgullosa.
–No lo dudo si viene de ti. –Dijo amablemente la dama de ojos rubíes mientras encaraba a la joven. –¿Saya te ha dicho algo? –pregunto amablemente.
–Me ha dicho que necesita una doncella personal. –Dijo la joven.
–Así es, mi doncella Rochelle ya es mayor y deseo que se retire para estar con su familia y descansar, después de casi cincuenta años de servicio a la familia Tenjiro es momento, de que tenga tiempo para ella. –Dijo con una sonrisa. – Así que necesito una joven capaz y discreta para servirme.
–Espero cumplir sus expectativas Mi lady. –Dijo la chica con amabilidad.
–Bien, por el momento te pondré a prueba ¿De acuerdo?
–Claro mi señora–Acepto la chica.
–Le aseguro que es una jovencita muy lista. –Aseguro Saya. –No se arrepentirá.
–Tengo grandes expectativas de ti Ryo. –Se giró a Saya. –Por el momento será mi dama de compañía en el paseo que daré con la emperatriz y la duquesa Kurosaki.
–Si Lady Tenjiro. –Asintieron las doncellas.
–Entonces bajemos al comedor. –La dama se puso de pie y se encamino a reunirse con su familia.
Kyoko entro silenciosamente a la habitación y vio a Orihime dormir profundamente, la noche anterior había llegado muy tarde a su cuarto, cuando los barones y sus hermanos ya dormían profundamente, y tiene una vaga idea de qué estuvo haciendo, aunque no sabe con quién. Normalmente la chica se levantaba muy temprano para empezar sus labores, pero en casos como ese en que dormía después de las cinco su fiel doncella más tarde de lo normal; el desayuno se servía a las nueve con el resto de la familia así que debía despertarla una hora antes y asegurarse que se encuentre lista en ese tiempo.
–Señorita. –La tomo por el hombro y empezó a zarandearla.
–Hmmm. –Orihime abrió un poco los ojos pero los cerro nuevamente envolviéndose en las sábanas de seda; el emperador Aizen fue totalmente insaciable en la cama y la había dejado muy cansada.
–Señorita ya son las ocho y cuarto debe apurarse para ir al desayuno con sus padres. –Dijo firmemente.
–Estoy cansada, cinco minutos más. –pidió.
–De eso nada. –La joven pelinegra fue firme y le quito las sábanas de un tirón.
–Eso fue cruel Kyoko. –Murmuro la joven adormilada, su cabello estaba bastante desordenado.
–Lo sé señorita, soy cruel y mala. –Le siguió la corriente y obligo a la chica a ponerse pie mientras la guiaba al baño, le ayudaba a quitarse el camisón y la dejaba caer en la tina de porcelana.
–¡Esta fría! –Esto hizo que Orihime despertara completamente al comenzar a titiritar.
–En un momento traerán el agua caliente. –Le informo su doncella sin perder la compostura mientras echaba más agua sobre su cabeza y comenzaba a enjabonar.
Unos momentos después otras doncellas reales entraban con cubos de agua caliente y esto permitió que Orihime se relajara, la capital solía tener un clima caluroso en el día cuando era verano, pero como ya habían comenzado las lluvias la temperatura había bajado un poco en los últimos días.
Después de haber tomado un baño y ponerse un bonito vestido cuya parte superior tenía mangas largas color blanco con unas cadenas en el área de la cintura, un moño en el pecho y una hermosa falda color negro con bordados de vitrales, su doncella dio el visto bueno y movió la silla del tocador mientras esta tomaba asiento y comenzó a cepillar su cabello.
–Señorita ¿Cómo desea que la peine? –Pregunto.
–Es seguro que gran parte del día andaré por el pueblo, así que algo ligero y que no sea caluroso. –Pidió.
–¿Tal vez una coleta?
–Sí, eso estaría bien.
–¿Debo poner una cinta?
–Sí, una de color claro. –La joven castaña se puso manos a la obra y le hizo una cola de caballo alta que dejaba su cuello al aire y permitía circular el aire, finalizo con una cinta de color azul cielo y la chica sonrió feliz ante su reflejo. –Es perfecto.
–La belleza de mi señorita resalta, no importa que se ponga. –Suspiro la doncella feliz.
–No digas cosas así. –Dijo con un pequeño sonrojo. La conversación se cortó cuando se escuchó que tocaban la puerta. –Adelante.
La puerta se abrió mostrando a sus hermanos.
–Buenos días Sora, Rena. –Saludo amable.
–Buen día Orihime. –Saludo su hermano con una sonrisa.
–Buenas. –Respondió su hermana, se veía hermosa con ese vestido, en la parte de arriba era color perla claro con un hermoso encaje en el are del pecho y la falda era roja con caída en forma de cascada, parecían más pétalos de rosa florando alrededor de ella, llevaba unos zapatos de tacón bajo y unas medias hasta las rodillas de color negro al igual que ella. –Hemos venido por ti para bajar los tres juntos.
–¿Te has preparado tu sola? –Pregunto Orihime.
–No, me ha ayudado Ogawa. –Explico. –Durante el debut me hice cercana a lady Oshwarz, así que me invito a una fiesta de té y estaba tan emocionada que no podía dormir.
–¿Una fiesta de té tan temprano? –Pregunto el mayor extrañado.
–Rena, usualmente una fiesta de té suele hacerse a medio día. –Explico Orihime un poco acostumbrada, debido a que había ido a algunas fiestas de té de algunos nobles pequeños de Gardenium Village.
–Lady Danielle dijo que sería también una pequeña recepción al aire libre y que duraría gran parte del día. –Respondió pensativa.
–Entonces es más una fiesta de jardín que una fiesta de té. –Explico Sora.
–Deberías llevarle algo a la anfitriona. –Sugirió Orihime mientras se ponía de pie.
–¿Un regalo? –Pregunto Rena mientras los tres hermanos salían de la habitación.
–El tío Hyosube aún no se va hasta mañana ¿Porque no vas con él? Seguro que tiene algo raro para que puedas presentar.
–¿Tú crees?
–Sí, y si en dado caso no trae nada siempre le puedes preguntar a Riruka. –Sugirió la mayor de las hermanas.
–Bien, iré después del desayuno. –Hablo segura.
Cuando llegaron a la mesa sus padres ya esperaban a los jóvenes mientras conversaban entre ellos.
–Buenos días padre, madre. –Saludaron educadamente a sus progenitores.
El desayuno fue ameno y tranquilo hablando entre ellos sobre las actividades que harían en el día, entre bromas y risas éste término; Rena fue donde su tío al palacio primavera donde se alojaban, Shutara se dirigió al palacio principal, Sora fue a una reunión de caballeros y Orihime se fue con su padre.
–¿Estás lista?
–Por supuesto, ya quiero ver que medicinas o nuevas plantas han llegado a la capital en este tiempo para estudiarlas.
–Pues vayamos. –Dijo un feliz Kirinji al ver la pasión de su hija, al parecer el caso del idiota de Haschwalth empezaba a pasar poco a poco. Un carruaje sin la cresta de la familia real los llevo al pueblo donde al llegar se encontraron solo un pequeño obstáculo.
–Lo siento, la señorita no puede pasar. –Dijo el dueño del local.
–¿Como que no puede entrar? –Pregunto incrédulo Kirinji. –Es una tontería, la última vez que vine pudimos entrar sin más problema.
–De verdad lo lamento. –Dijo el herbolario. –Pero últimamente varias mujeres de algunas tabernas han venido aquí buscando algunas hierbas abortivas y hacen que se agote mi stock, porque se usan también para otros fines médicos.
–Bien, comprendo su malestar. –Hablo Orihime. –Sin embargo, yo soy una estudiante de medicina, mi padre es mi profesor ¿Podría hacer una excepción?
El hombre vio a la joven y el hombre, era obvio que eran nobles por su forma de vestir, no quería que lo encarcelaran por despreciar a la nobleza así que acepto con la condición de que siempre fuese acompañada por su padre.
—Muchas gracias, señor — Orihime le sonríe educadamente y el hombre se sonroja.
Ahora es turno de Orihime en sonrojarse porque el interior del lugar lo encuentra bellamente hermoso con las hierbas y toda clase de tónicos listos para vender. Es como la "oficina" de su papá multiplicado por diez en tamaño y sospecha que detrás de la puerta que se luce en el recibidor hay un laboratorio igual de enorme.
Como no quería problemas, mantuvo su palabra de no despegarse de Kirinji, escuchándolo murmurar palabras ilegibles al hablar en voz baja y rápida ya que en ocasiones así su mente trabaja demasiado veloz, y Orihime sonríe divertida de su hábito.
Logra escuchar las palabras "crema", "piel" y "Shutara"; suficiente para entender que pensaba en fabricar más de esa crema que le hace a su madre por la piel sensible que tiene y por eso siempre debe andar con sombrilla. Según su madre, en su juventud como la prometida de Isshin, se ausento una semana en eventos porque la piel se le había puesta roja y seca y al regresar al ojo público, Kirinji le había pasado apenas pudieron conversar una crema que había fabricado él mismo con el fin de ayudarla con la piel cada vez que salga al sol. Aquel gesto encantador la había conmovido y sorprendido (no es bien visto darle regalos a una dama prometida sin el novio presente o se puede malinterpretar) que le sacó una sonrisa y en agradecimiento le dio una canasta con flores y bocadillos hechos por ella misma. Y su padre aún tiene las flores, las dejo secar entre diarios y luego las enmarcó, es la única decoración que tiene en su laboratorio en casa.
Su sonrisa pasa a nostálgica y un poco melancólico al pensar en Jugram que finge perderse entre los pequeños letreros bajo las hierbas o los tónicos. Había creído que había encontrado al indicado esa vez en que él le llevó a la casa un día que cayó enferma (algo no normal en ella) unos dulces de Agrabath y también de dicho país unas hierbas de nombre rubí por su peculiar color rojo que recuerda a las joyas y sólo crecen allá por el clima. En cuando se las entregó le dijo que la había oído decir una vez que las querías mucho pero que es difícil de traerlas si no lo haces por ti mismo, así que aprovechó el viaje con su padre allá y así traérselo. En ese instante supo que quería una vida con él y le pidió que tengan una relación formal... pero se equivocó.
No.
Sí era el indicado.
El problema fue la cobardía de Jugram.
Y para afirmar sus palabras, encuentra la dicha hierba, la llamada rubí, y casi se echa a llorar al agarrarla con su mano.
—Oh, las rubí. — Kirinji se acerca y ve la peculiar hoja que, a pesar de estar algo seca, conserva el intento y claro rojo. — Muy bien conservadas y sirven…
Orihime sonríe, sabe que está dejando a propósito el espacio para que ella responda.
—Las hojas de rubí ayudan al sistema respiratorio. Si alguien tiene una enfermedad crónica o permanente en los pulmones, la rubí facilita a la persona respirar mejor. Ni siquiera se les escucha el jadeo que hacen al costarle respirar.
Y por eso luego de besar a Jugram, le dio las hierbas a su padre para que la ayude con el medicamento.
—Bien hecho petirrojo — Le besa la coronilla. — ¿Tienes ya una idea con qué vas a presumir a la Academia en Xing? Si te aprueban a dar el examen.
—No sé si algo complejo o algo sencillo pero perfecto. — Kirinji le da la razón, a veces algo menos es mejor que más. —¿Qué crees tú?
—No debo interferir en tu decisión, recuérdalo.
—No es intervención, más bien orientación.
—Chica lista pero no. — Le pega en la nariz con el dedo pulgar.
Hace su hija un mohín, pero lo dejan pasar y siguen buscando qué hierbas buscar y si algún tónico les llama la atención.
—¿Le harás crema a mamá?
—Por las moscas, no quiero que se le acabe si luego vamos con Hacchi. Ya sabes cómo es la piel de tu madre de sensible, no quiero que pase su estancia aquí o allá con malestares.
Shutara oculta un estornudo con su pañuelo.
—¿Hablando de ti? — Pregunta Masaki risueña.
—Sospecho que mi marido planea algo. — Sonríe ya subiendo al bote.
—¿Cómo sabes que es el barón y no un enamorado que le revivió la flama? — Bromea Miyako ayudándose de un soldado a subir.
—Ah, no lo había pensado — Admite Shutara con honestidad, se toca el mentón con un dedo. — Lo normal es que mis estornudos son porque Kirinji planea hacer algo por mí... eso o porque me voy a resfriar.
—¿Y no será un resfrió? — Masaki se preocupa de su condición.
—Si es así, Kirinji estará histérico curándome, así que no hay de qué preocuparse.
Las tres damas se sientan en unas sillas que parecen ser hechas de oro, protegidas por una sombrilla enorme de color escarlata. Un par de soldados hacen mover el bote y la doncella Ryo les sirve a las mujeres té preparado por ella misma y su habilidad las sorprende.
—Delicioso — Elogia la emperatriz y Ryo se sonroja. — Se nota que eres la sobrina de Saya.
—Qué suerte tienes Shutara, aunque sé que te duele dejar a Rochette. – Dice Masaki comiendo una galleta. — Ha estado contigo muchos años.
—Sí, me ha ayudado incluso en mis malos momentos... pero por todo lo que ha hecho por mí se merece un retiro como corresponde. — Ve a Miyako y le toma la mano. — Lamento mucho no haber estado contigo tras la muerte de Naoki.
La emperatriz asiente con un semblante triste en el rostro, la mano libre sostiene el collar que cuelga en su cuello, en donde lleva un mechón de pelo negro de su tercer hijo que falleció en un accidente de casería siendo solo un niño de siete años. Había lloriqueado que quería ir con sus hermanos mayores a un concurso de caza y estuvo muy contento de que lo dejaran.
Si tan solo hubieran sabido lo que pasaría, jamás le habría dejado ir.
Miyako se culpa mucho no solo de ceder, sino también que sus gemelos de solo trece años en aquel entonces, hayan tenido que ver el cuerpo muerto, ensangrentado y un poco destruido de Naoki.
Le caen las lágrimas a la emperatriz que tiene que sacar un pañuelo. Siente a su dama de compañía preocupada y sus amigas le frotan la espalda.
—Yo... sé que han sido cinco años, pero... no puedo. Aun me duele mucho y despierto por las noches.
—Debiste decirme si tienes problemas para dormir, Kirinji te puede dar algo.
—No quiero que la Corte tenga de qué hablar.
—Sabes que él es discreto. — Le da un apretón de mano. — Le pediré de inmediato a que te de algo.
—Gracias. — Respira hondo varias veces y consigue recomponerse. Se limpia las últimas lágrimas y acepta un jugo helado de limón con piña. — Lo importante es que te quedaras para la conmemorativa.
—No lo dudes. — Le besa la palma de la mano. — Mi familia está contigo.
—A veces sueño con él. — Dice de pronto, jugando con el collar otra vez. — Que me regala flores o que tomamos el té... a veces sueño que tuvo la misma suerte que tus hijas, Shutara.
La mencionada se siente algo culpable, años antes que aquel incidente, sus dos hijas de solo seis y cuatro años, fueron secuestradas y de milagro las encontraron vivas, heridas pero vivas. Luego de eso Kirinji decidió que les daría el mismo entrenamiento con la espada como a Sora sin aceptar una réplica.
Ojalá Naoki hubiese tenido la misma suerte.
—Cambiando tema. — Masaki toma la palabra de inmediato, queriendo aligerar la tensión. — ¿Alguna idea de cómo acabar con la rebeldía de una hija?
—¿A qué te refieres? — Pregunta Shutara.
—Karin no ha debutado y quiere unirse al ejército. — Suelta un suspiro cansino. — Y ni hablemos de su preferencia de vestir.
Shutara se ríe a sus palabras y las otras dos la ven sin entender.
—¿Qué ocurre? — Cuestiona Miyako.
—No entiendo que tiene de malo. Mi Orihime prefiere estar cómoda que vestir como una dama, pero lo hace si la situación lo amerita y Rena se va a unir al ejército en vez de Sora y está ansiosa.
—¿De verdad? — Masaki no lo puede creer. — ¿Y vas a permitir eso? ¿Qué hay de su futuro?
—Eso lo ven ellas; Orihime quiere ser doctora e irá a Xing si la aceptan y Rena quiere llegar a general al jubilarse y tener una boutique en cada ciudad del Imperio. Y Sora estudia para tomar el título de Barón y dejar a Kirinji tranquilo como doctor, después de todo son él y Hacchi quienes más hacen el negocio y mi esposo solo quiere que lo dejen solo en su laboratorio.
—Si toman esos rumbos, no van a...
—Masaki. — Shutara le habla con regaño, incluso la mira como a sus hijos en cuando se comportan mal. — Conozco a una mujer que casi treinta años atrás no le gustaba lo que estás diciendo ahora... y que quería meterse en el ejército, pero no la dejaban al ser la última Kurosaki.
La mencionada se sonroja al ser descubierta.
—¿Es eso cierto tía? — Pregunto sorprendida Miyako. –¡Nunca me entere que querías entrar a la milicia!
–Fue cuando era más joven. –Respondió ésta avergonzada.
–¡Pero el simple hecho de imaginar a mi tía con una espada es emocionante!
–Nunca use una espada. –Aclaro la castaña. –Yo era cadete de la cruz de plata.
–¿La caballería y los arqueros?
—Recuerdo que en esa época Masaki era muy gallarda. –Shutara hizo memoria y el recordar a su amiga portando orgullosa el uniforme blanco de dicha orden, la hizo recordar buenos momentos. — Aun recuerdo cuando venció al vice capitán de la guardia imperial, fue todo un escándalo.
—¡¿Es verdad lo que me dices maestra?!
–B-basta Shutara. –Pidió apenada la mujer. –Eso fue hace mucho tiempo.
–Oh, pero para mí está fresco en mi memoria. –La pelinegra oculto elegantemente su sonrisa con su mano y su expresión se volvió seria. –Si no hubiera sido por la orden del Emperador en ese momento, y no hubieses sido la última de los Kurosaki estoy segura que habrías llegado a ser comandante en jefe.
–Había olvidado esos sueños. –Murmuro la duquesa con una sonrisa melancólica.
–Tía ¿Porque nunca me conto esto? –Reclamo la emperatriz un tanto resentida.
Masaki tomo la taza de té y vio su reflejo en el líquido, al tiempo que rememoraba tiempos pasados.
–Supongo que quise enterrar ese deseo que tuve en el fondo de mi memoria. –Se sinceró. – Poco después de eso conocí a Isshin, me case, tuve a mis hijos y me dedique a mis labores en el ducado. —Dio un suspiro fuerte. —Supongo que "madure".
–Masaki...–La baronesa puso su mano sobre la de la duquesa y esta sonrío a sus acompañantes.
–Creo que me convertí en lo que siempre odié. –La mujer recordó a su madre. –Cuando era joven mi querida madre también estaba en contra de que ingresará al ejército, hizo mucho hincapié que para resguardar el honor de la familia mi hermano se enlisto en la segunda orden. –Se rio con sarcasmo. –Quien diría que él moriría en su primera misión y poco menos de dos meses después mis padres también fallecieron al accidentarse su carruaje en una montaña.
–Siempre me pregunte algo Masaki. –Pregunto la baronesa.
–¿Sí?
–En el funeral de tus padres e incluso tu hermano no recuerdo haberte visto derramando una sola lagrima. –Pregunto seriamente.
–Mi relación con madre no era la mejor. –Dejo la taza en la pequeña mesita de la barca. – Y mi padre y hermano estaban muy centrados en sus asuntos como para prestarme atención a mí.
–Entonces ¿mi tía no se llevaba bien con su familia? –Pregunto la emperatriz.
–Para nada. –Respondió de inmediato. –El ducado era un lugar frio para mí, estaba orgullosa de mi apellido, pero no era cercana a mi padre. — Explico. –Al morir él, asumí que yo debía tomar el título y me preparé para servir mi vida al emperador.
–Pero en cuanto asumiste tu título el emperador te lo prohibió, para evitar que tu casa desapareciera sin descendientes.
–Correcto. –Sonrió y sonrió con tristeza. – Ahora que recuerdo todo esto... me doy cuenta de lo hipócrita que he sido con mi pequeña. Jure que yo sería diferente con mis hijos y tendría una familia llena de amor, pero olvide en algún punto que estoy limitando a mi Karin.
–Tía Masaki aun estas a tiempo de arreglarlo. –La animo Miyako.
–Nunca es tarde. –Sugirió Shutara.
Las mujeres se dieron apoyo moral en silencio y sonrieron entre ellas.
En alguna posada de Karakura, Cang Du cayo de espalda en el frio piso de la habitación mientras se limpiaba la sangre que salía de su boca con la manga de su saco.
–Realmente no esperaba mucho de ti conde ¿Pero no poder conquistar una chica? –Se burló aquella figura ataviada en sombras
–No me estoy excusando. –Se defendió el hombre. –Sin embargo, es difícil acercarse con tantas moscas a su alrededor.
Otra figura junto al hombre que hablo se posiciona lentamente frente al hombre y rápidamente un cuchillo se enterró en la madera del piso.
–Está incumpliendo a su palabra conde. –Susurro aquella voz, llevaba una máscara así que no podía ver su rostro.
–Deme un poco más de tiempo.
–Veo que no está pudiendo solo, así que le daré un poco de ayuda. –Susurro la otra figura.
–¿Qué?
–Siga insistiendo, su deber es casarse con la señorita Die Adelle ¿entendido? A menos que no quiera tener beneficios más adelante.
–¡No! Lo hare, lo hare. –Hablo nerviosamente.
–Bien. –El enmascarado le dio unos golpecitos en la mejilla. –Esperamos mucho de usted, no nos falle y tendrá lo que se le prometió.
–Esto es un pequeño incentivo. – El hombre puso una pequeña bolsa frente a él, el conde abrió el saco y su cara de asombro no pudo ser disimulada, fácilmente había más de mil monedas de oro ahí. –Cumpla su deber y le daré el triple de esto. –Aseguro.
–Despreocúpese, me encargare de esa mujer. –Saco una pieza del saco y la mordió.
–Si logra llevarla con usted, cuando logre mi objetivo le prometo un futuro totalmente asegurado y honor para su familia.
–Sí, sí, lo que usted ordene, me retirare ahora–Cang Du salió rápidamente de la habitación.
–¿Cree que lo logre? –Pregunto el enmascarado.
–¿Quién sabe? Esta lo bastante desesperado como para dejarse usar estúpidamente, necesitaremos de su apoyo en un futuro. –Hablo el hombre. – ¿Cómo va lo otro que te encargue?
–Aquí tiene toda la información, mi lord. –El hombre se inclinó y entrego un sobre sellado.
–Debo empezar a moverme yo también, tengo poco tiempo y este plan de años ya está por fin terminando de concretarse. –Miro a su siervo. – Encárgate de lo demás y de esos estorbos, yo debo empezar a jugar también. –Dijo abriendo el sobre y leyendo el contenido.
–Sí, mi lord. –Aquel hombre enmascarado se puso de pie y se inclinó antes de desaparecer de un momento a otro.
Ya pasaban de las tres de la tarde en Zeon y ese día hacia bastante calor, el verano era insoportable ese año, por eso Kirinji prefería Gardeniun Village, debido a que estaban rodeados de montañas, lagos y un valle solía ser más fresco, no sabía cómo soportaban los aldeanos ese clima y agradecía enormemente que su mujer aceptara ir con él a su territorio.
En ese momento padre e hija habían tomado el almuerzo en un pequeño restaurante de la zona y Orihime organizaba sus apuntes mientras el Barón le hacía algunas preguntas.
–¿Y en caso que atiendas una infección cutánea?
–Limpio la zona con alcohol y después aplico compresas con una mezcla de dos a tres gramos de fresia, chasis y tomillo mezclado con agua fresca y limpia, debo repetir ese proceso de tres a cuatro veces o las que sean necesarias hasta notar mejora en la piel. –Respondió sin dudar. – Después el paciente deberá hacer este proceso de cinco a siete días en casa y dejar que la piel sane sin exponerla al aire libre.
–¿Y en caso de una fractura?
–Inmovilizar el pie, de ser posible entablillar y mantener recto hasta que sane, el paciente necesitara de dos a tres meses sin mover la zona afectada hasta que el hueso se haya recuperado.
–Perfecto. –La felicito el pelinegro. – Creo que tendrás un puntaje perfecto.
–No debo de tener altas expectativas papá, recuerda que hay otros aspirantes. –Sonrió.
–Bah, ninguno de esos tontos podrá superar a mi hija. –Fanfarroneo, pero su mirada se puso seria. – ¿Aun estás pensando en Haschwalth?
–¿Qué? Claro que…
–No trates de negarlo.
–Bien… no es algo que se pueda superar de un momento a otro. –Suspira resignada, era prácticamente imposible mentir a su padre, y lo supo a la mala cuando él se dio cuenta que había hecho el amor por primera vez con Jugram.
–Orihime, sé que esto te dolió. –Le dijo. – Que sientes que el amor es una mierda y que no podas amar a nadie más. –La ojiscastaña lo vio directamente a los ojos. – Pero esa herida sanara y encontraras a la persona adecuada, créeme.
–¿Y si no quiero encontrarla te decepcionarías?
–¿A qué te refieres?
–Quiero decir… –Se humedeció los labios. –Que si no quiero encontrar a esa persona especial y quiero ser una anciana decrepita que se encierra en la mansión y se rodea de gatos ¿te decepcionarías?
Kirinji bajo la taza de café y encaro a su hija mayor, se veía temerosa de su respuesta.
–Por supuesto que no. –Respondió seguro de sus palabras. –Orihime, eres mi hija y te amo, respetare la decisión que tomes no importa cuál sea. –El brillo en los ojos de la joven era notorio, para ella las palabras de su padre eran casi sagradas. – Si deseas quedarte para siempre en casa está bien, si encuentras a un chico al cual amar y es digno de ti, les daré mi bendición.
–Gracias papá. –La pelinaranja se puso de pie y se aferró al cuello de su padre, no le importo que los demás los vieran en público.
–Pero solo no aceptare si es ese mocoso de Isshin Kurosaki, no me gusta, no me agrada, definitivamente lo quiero bien lejos de ti. –Gruño en berrinche como niño pequeño, a lo cual la joven no pudo evitar reír.
–No te preocupes papá, te aseguro que entre él y yo no hay ni habrá nada en el futuro. Él no vería jamás a una noble de bajo rango como yo.
–Tienes razón. – Miro el reloj de la gran iglesia. – Ya es tarde, volvamos al palacio. – El hombre pago la cuenta y salieron del pequeño restaurante.
Rena sonreía de oreja a oreja en el elegante carruaje mientras veía la gran caja a su lado, Orihime había tenido razón y su tío Hyosube tenía algo llamado "dulce de leche" entre su equipaje, esto era una golosina muy rica de Okken y que no era fácilmente exportado, ella desde pequeña lo había comido por regalo de su tío o primos cuando los visitaban en casa, pero era probable que para los demás no fuera tan conocido así que aprovecharía de presumir las delicias de su familia materna con los demás.
–Veo que está emocionada señorita. –Ogawa, la doncella personal de Rena sonrió al verla tan feliz.
–Así es Ogawa, después del debut esta es mi primera fiesta oficial. –Sonrió feliz.
El carruaje se detuvo en una pequeña mansión de la zona noble, unos momentos después la puerta se abrió y el chofer le ayudo a bajar.
–Ogawa, no olvides…
–Aquí tengo el obsequio señorita. –Se adelantó la castaña.
Rena miro al frente y respiro hondo antes de dirigirse a la entrada de la mansión, donde algunos sirvientes esperaban a los invitados.
–Buenas tardes ¿su invitación? –Pregunto el mayordomo con amabilidad.
–Aquí esta. –La peliverde enseña el sobre azul con el sello de la casa del vizconde.
–¿Lady Rena Tenjiro de Inoue?
–Sí.
–Sígame por favor. –El hombre la guio por la propiedad al pequeño jardín trasero donde varias señoritas conversaban en varias mesas alrededor, las damas en el lugar eran las hijas de importantes casas de condes, incluso pudo ver a la sobrina del marqués Urahara hablando con otras señoritas de casas no tan famosas en una mesa. Para Rena era el cielo, después de estar acostumbrada a las pequeñas reuniones de niñas cuando era más joven esto era algo innovador.
–¡Lady Tenjiro! –Una joven de cabello rubio rizado y ojos azules la saludo y se disculpó un momento con sus invitadas para recibirla, tomo a Rena de las manos se vieron felices. –Me alegro que hayas podido venir.
–No podía rechazar la amabilidad de lady Oshwartz y no venir. –Defendió la ojicastaña.
–No seas tan seria, puedes llamarme Danielle.
–¿Está segura? –Pregunto.
–Por supuesto, al menos conmigo. –Le guiño un ojo.
–Bien, por el momento será Lady Danielle, debo acostumbrarme. –Se excusó.
–Por mi está bien.
–Puedo ver algunos caballeros. –Menciono la chica. –Pensé que era una fiesta de señoritas. –Pregunto extrañada.
–Oh en la invitación ponía que podías traer un acompañante. –Respondió sorprendida. –Estaba casi al final de la invitación.
–Me temo que no leí esa parte. –Respondió nerviosa.
–No se preocupe Lady Rena, no todas trajeron a alguien, muchas trajeron a sus prometidos o su pareja con la que planean formalizar.
–Ya entiendo. –Por un momento Rena se había sentido intimidada pues no tenía amante alguno, pero se calmó al saber que no todas llevaban un acompañante masculino con ellas.
–Señorita. –Rena escucho el susurro de Ogawa y esta recordó lo que llevaba, sacándola de sus pensamientos.
–Cierto le he traído un regalo. –Ogawa se acercó a la lady con la caja en sus manos.
–¿Un obsequio? No debía molestarse. – La rubia hizo una seña y una sirvienta tomo el paquete.
–Es un dulce de Okken, estoy segura que lo disfrutara.
–Oh dios, que ganas tengo de probarlo. –Se emocionó. –Ven, te presentare con las demás.
Rena siguió a la chica y le presento a las señoritas de la fiesta, era un ambiente tranquilo y relajado, todas las mesas estaban ubicadas debajo de un enorme árbol de olmo en el jardín, lo que les proporcionaba una sombra agradable y fresca para ese día caluroso.
A Rena le llama la atención unos suspiros de añoranza femeninas; todas miran a la misma dirección y curiosa busca qué caballero llama tanto la atención.
—Ah. — Dice simplemente ante la imagen gallarda de los gemelos príncipes de la corona.
Parece que han venido con la misma ropa, pero en diferentes colores. Mientras el heredero Hoshio lleva el negro con rojo del Imperio, su hermano se ha tomado la libertad de usar el blanco con azul.
Dan el saludo que corresponde a Danielle y Rena decide que ya los ha visto lo suficiente para satisfacer su curiosidad.
Y la desvía justo a tiempo o se habría encontrado con los ojos del heredero y habría sido incómodo.
Hoshio casi maldice en voz alta, delante de la anfitriona y habría sido el chisme de la semana, llegando a oídos de su madre y luego ella lo asesinaría. No quiere ser discriminador, pero, ¿Qué hace la hija de un barón de campo en una fiesta a nivel de una heredera a vizcondesa? De seguro ha llamado mucho la atención anoche con tantos bailes, su exótica belleza y que su madre sea amiga de los emperadores; los herederos e hijos de los nobles deben estar tan curiosos como sus padres, al menos la mayoría, y querían la oportunidad de una primicia en primera mano.
Pobre, casi le da pena.
Casi porque no se cree en su comportamiento de anoche, está bastante seguro que se está guardando el secreto con el fin de ganarse popularidad.
—Hoshio, cálmate un poco. — La voz de su hermano lo trae de vuelta. — Si sigues mirando a esa joven con el cabello de la primavera, van a creer que te gusta o que la vas a cazar.
—No digas tonterías — Mira a su gemelo entre enojado y sonrojado — Y deja de decir comentarios que me dejan mal que no eres un santo tampoco.
—Pero a diferencia de ti, yo soy discreto. — Finaliza sus palabras sonriendo inocente al temperamento de su hermano. — Es ventajoso que me hayas ganado por veinte segundos.
—No des las cosas por sentado, puedes sorprenderte padre con la noticia de que tú seas el futuro Emperador.
—No tendría sentido porque tú eres el que recibe los estudios no yo. — Frunce el ceño. — Últimamente te da por decir eso.
—Solo estoy cansado que todos me recuerden mi lugar o quién soy.
—Porque eres el Príncipe Heredero. Fingir ignorancia no quita las cosas.
—El tío abuelo Isshin también fue el heredero y sin embargo lo dejo.
—¿Estás hablando que quieres dimitir? — Susurra histérico y sorprendido.
—Sí... no… no se — Suspira. — A veces me pregunto si vale la pena ser la Espada de un Imperio si ni siquiera pude proteger a Naoki.
Yoshio comprende entonces el dilema de su hermano.
Porque él pasa por lo mismo.
Aún tiene pesadillas.
Lo mejor es guiarlo entre la gente confiando que el ambiente hará que su hermano deje de pensar en cosas que lo muestren triste y se obligue a recomponer o llamarían la atención.
Omite hacerle saber que, si se le ocurre dimitir, él haría lo mismo. Porque los dos han fracasado, no solo Hoshio.
Sin embargo, ha visto que de vez en cuando mira de nuevo a esa joven cuyo pelo no solo le recuerda la primavera, también a una joya esmeralda por el brillo bajo el sol.
—Si quieres algo con ella, deja de jugar y mueve tus fichas.
—Yo no... — Sin embargo, Yoshio ya lo había empujado dirección a Rena. — Maldita sea el tarado.
Ni siquiera que lo haya hecho para no pensar más en Naoki hará que lo perdone.
Una descarga recorre su columna por recordar durante un segundo el cuerpo mutilado encontrado en el bosque.
Su hermanito.
¡Yo también cazare!
¡No vayas lejos o te comerán!
—¿Su Alteza Real? — Hoshio da un brinco mientras se le escapa un jadeo de pánico. Alza la vista y se encuentra con los ojos castaños de la tal Rena. — ¿Tiene diarrea?
¿Qué ha dicho esa atrevida?
—¿Como osas...?
—Le pregunto porque está muy blanco y sudado. Normalmente una persona se pone así para ocultar sus ganas de un baño... o por tener fiebre, pero yo no le veo que tenga temperatura.
—No tengo fiebre. Ni tengo... eso.
—Diarrea no es una palabra que deba darle vergüenza.
—Y diarrea no es una palabra que una dama deba decir a la ligera, en especial durante una fiesta de té.
—Soy hija de un doctor. — Explica sencillamente, como si hablase del clima y no de cosas asquerosas. — He visto, olido, tocado y escuchado cosas más asquerosas. — Se encoge de hombros. — Como por ejemplo un cadáver descompuesto un mes.
¿Ha escuchado bien?
—¿Qué clase de educación le da su padre?
—Medicina... administración de un título noble... y entrenamiento militar para unirme al ejército. — Se señala a sí misma. — Pensaba ser comandante, pero al escuchar que mi padre tiene rango de General como el príncipe Ichigo, quiero eso... pero no me cambie de tema, ¿Esta o no enfermo?
—No lo estoy y no me parece correcto que una dama con potencial se eche a perder en tonterías.
¿Por qué ha dicho esa estupidez? No es que lo crea cien por ciento, pero no está de humor y por algún motivo no le simpatiza la idea de esa mujer tan... tan...
Salvaje.
—Con todo el respeto que se merece, no me interesa su opinión de cómo debo o no comportarme al tener tetas y no un pene.
–¿Disculpa? –Pregunto en shock. – ¿Tienes idea de a quien le estás hablando? –Generalmente no usaba su estatus para intimidar, pero esa mujer lo hacía hacer y pensar cosas que no debería.
–Si ¿Y qué? –Respondió ella desinteresada sorprendiendo al príncipe. –Sera muy el príncipe, pero usted no puede ordenarme cómo comportarme o qué decir.
–Serás… —Miro alrededor y al notar que algunas señoritas centraban su atención en ellos, le ofreció su brazo. – ¿Me acompañaría a ver el laberinto de rosas milady?
–Lo siento majestad, pero ya he prometido pasear con otras señoritas. –Lo rechazó tajantemente, cosa que lo sorprendió.
–Lady Tenjiro ¿Quiere una bebida fría? –La señorita Enoch hija de un conde se acercó sin notar el ambiente entre ambos.
–Claro. –Respondió Rena con una sonrisa y encaro al pelinegro. – dos gotas concentrado de lazu con bernamota en medio vaso de agua por ocho días majestad. –Menciono la peliverde. –Eso debería ayudarlo a dormir; y si cena una rebanada de pan con crema de maní y bananas le ayudaran con las pesadillas, tiene una tez pálida como si no hubiese dormido en días. –Le recomendó la joven mientras se inclinaba en respeto y se alejaba con la señorita.
¿Qué caraj...?, pensó sorprendido cuando escucho las palabras de la adolescente. ¿Cómo diablos supo que llevaba tiempo sin dormir bien? Siempre que estaban cerca del aniversario de su hermanito le costaba conciliar el sueño, era algo que nunca le había mencionado a otra persona, ni siquiera a su gemelo.
—¿Quién diablos eres señorita Tenjiro? –Murmuro para sí mismo al ver a la peliverde reír por un comentario de la futura vizcondesa.
Isshin fue a buscar a su esposa en donde no la ha visto poner pie en quince años: la zona de entrenamiento.
La casa Kurosaki tiene su propia área para entrenar como cualquier ducado o marquesado. Allí entrenó a Ichigo y éste le enseñó lo básico a Karin y ella ahora ha conseguido perfeccionarse sin recurrir a ninguno de los dos porque uno está ocupado y el otro se lo ha negado.
De brazos cruzados encuentra a su objetivo: Masaki con el pelo tomado y lanzando furiosa las flechas a su objetivo.
Sin equivocarse.
Recuerda el pasado, Masaki con su cabello corto solo por el placer de poner a su madre histérica, desafiando como a su igual hasta al general Yamamoto que en paz descanse, derrotando a todo el que le molestaba solo por no comportarse como la dama que es, gritarle groserías al Antiguo Emperador por prohibirle entrar al ejército por ser la última Kurosaki y jurarle que se unirá entonces a las filas enemigas. Y a pesar de toda esa furia que sacaba a todo el mundo, era sonriente y amable con sus allegados, con los que confiaban en sus habilidades ni dudaban de ella. Se pegaba a Shutara mucho y eso hizo que se vieran varias veces al punto de conocerla en realidad y caer enamorado.
Obstáculo: su padre y la propia Masaki.
—Pensé que ya habías olvido la arquería.
—Supongo que es algo que no se olvida como caminar.
—¿Qué ocurre Masaki?
—¿Por qué no hiciste algo cuando deje de venir aquí o cuando me negué a que Karin se uniera a la milicia sabiendo que yo anhelaba eso también? ¿Estabas feliz acaso de que me convirtiera en la dama que todos querían?
—No. — Dice tomándola de las manos a pesar de seguir sujetando ella el arco. — Nunca pienses eso de mí.
—¿Entonces...?
—Lo siento, yo... con el paso del tiempo estabas deprimida y casi mueres en el parto que yo... cuando te vi recuperada otra vez, pero concentrándote en eventos y esas cosas, dejando de lado tu arco, pensé que lo mejor era dejarte ser, si decidiste eso es porque lo necesitabas para seguir adelante.
—Solía estar triste todo el tiempo, casi mueres por esa batalla en Rinamas e Ichigo tuvo ese accidente en caballo que casi lo mata, casi pierdo a las niñas que tuvieron que sacármelas antes de tiempo y yo pensaba que sacrificare mi independencia, lo que sea, pero que no me arrebaten a mi familia. — Suspiro cansada. — Simplemente me encerré y acepté convertirme en mi madre.
—Tú no eres tu madre — Isshin con cuidado le quita el arco y la atrae a su cuerpo, abrazándola con un brazo porque la otra mano sostiene el arma de la mujer. — Eres mejor que eso.
—Estoy arruinando esta familia tal como mi madre lo hizo en su momento.
—Si hablamos de eso, yo también tengo la culpa; debí hablar contigo, hablar con Karin y con Ichigo mejor... y sí, tienes razón en que debí hablar contigo, por lo tanto, también falle como tu esposo. — Intensifica el abrazo al oírla llorar bajito. — Creo... que nos concentramos más en nuestros deberes y dejamos de lado lo que nos importa. — Le besa la sien. — Perdóname por fallarte.
—Y tú perdóname a mí por encerrarme en vez de hablar.
—Y Masaki... no dudes que no me arrepiento de haberle pegado a mi padre y dejar la corona por ti. Mira que tenía ganas de pegarle desde que supe que tenía hijos bastardos desperdigados por ahí.
Masaki se echa a reír mientras le responde el abrazo.
—No sé por qué te quejabas de ello si hay mucha probabilidad que venga un adulto a decir que es tu hijo. — Isshin se sonroja mientras se congela al recordar su tonta juventud. — Y no olvides que, si aparece un menor de veinticinco, te matare.
