(How can you feel the way that I'm feeling
If you're not inside of my head?)
—Sólo necesito saber una cosa, una maldita cosa; sé que puedes decírmelo —la falsa calma que proyecta en su frase llega a mis oídos después de unos minutos de crudo silencio. El agotamiento me obliga a estar recostado en el frío y sucio suelo, el dolor que invade cada parte de mi cuerpo incrementa con el paso del tiempo; la golpiza que me propinó antes de que me trajera a este inmundo lugar me hace incapaz de hacer cualquier cosa.
Lo miro, suplicando piedad en silencio. —Por favor... —Mi voz es baja, torpe, temblorosa, tan patética. Él sonríe burlonamente, desde luego me ignora con descaro.
— ¿Morirías por él? ¿Me entregarías tu absurda vida tan fácilmente sólo porque ese ingrato esté bien? —tales preguntas me dejan helado. Sólo me limito a observarlo como si no supiera de qué diablos habla, como si le hubiese crecido otra cabeza de la nada. Balbuceo respuestas sin sentido gracias al terror y nerviosismo, mi lengua enredándose una y otra vez cada que quiero decir algo coherente. Él ríe, aunque el sonido es seco y carente de humor— ¿No habías dicho que "de eso se trataba tu amor"? ¿que "harías cualquier cosa con tal de que él fuera feliz"? ¿era una mentira? ¡¿Nuevamente me mentiste!?
Los gritos y golpes llegan una vez más. Ahora puedo sentir la sangre escurriendo por mi barbilla, posiblemente también tengo un par de costillas rotas. — ¡Basta, te lo ruego! —lloriqueo—, ¡Detente!
— ¿¡Morirías por él!? —la histérica pregunta escapa de sus labios una vez más mientras su pie impacta con mi rostro en un acto despiadado, obligándome a asentir con desespero—, ¡Dime que morirías por él!
— ¡Sí! —por fin exclamo—, ¡daría mi vida por Todoroki-kun si eso implica que estará bien y será feliz! —de pronto, todo se detiene. Sus penetrantes ojos me miran con dulzura; su rostro luce sereno, gentil, con una sonrisa tan pura y desconcertante que me hace sentir terriblemente confundido.
—Oh, Izuku. Oh, querido Izuku —susurra mi nombre con felicidad, escalofríos recorren mi espalda con crueldad—, eres bueno, tan bueno... Podría perdonarte y dejarte ir.
— ¡Sí, por favor! —ruego una vez más, incorporándome con la poca fuerza que me queda. Él sigue sonriendo, se coloca en cuclillas y roza nuestras narices.
—Pero, si hago eso, Todoroki-kun estaría en problemas, y tú no quieres que esté en problemas, ¿verdad? Es por eso que morirás por él.
— ¿Qué? —los sucesos ocurren demasiado rápido luego de que abro por última vez la boca. En un instante tengo un arma clavándose en mi sien izquierda y al otro todo explota en rojo. Mi cuerpo cae, inerte, sin delicadeza alguna, y mi cabeza duele tanto que quiero gritar.
Pero no puedo. Ni siquiera soy capaz de moverme. Eso no evita que su delirante voz aún llegue a mis oídos, o que su loca risita me haga sentir aterrorizado. —Lo maté, lo maté, lo maté, ¡no puedo creer que lo maté! —ríe nuevamente, cada vez sonando más y más psicótico. Sus brazos me rodean tiernamente, su aliento roza mi oído graciosamente— Todoroki Shōto no hubiese muerto por ti, ¿sabes? Hubiera entregado tu cabeza sin dudarlo porque no te ama; es un maldito egoísta, al igual que yo, al igual que todos.
Sus sádicas palabras solamente me provocan ganas de llorar. Lo siento acariciar mi cuerpo con suavidad, su gentil toque es completamente extraño para mí. Endereza mi cuerpo, colocándolo perfectamente boca arriba, mi ojo izquierdo aparentemente ha perdido completamente la visión, el derecho apenas puede enfocar un par de cosas.
Pero nunca su rostro.
Comienzo a adaptarme al dolor insoportable de cabeza que tengo, y esta vez me enfoco en lo que él está haciendo conmigo. Sus labios fríos sobre la piel de mi cuello me asquean, sus dedos traviesos desabrochando mi cinturón y, posteriormente, mis pantalones me hacen estar completamente alerta.
Quiero gritar, decirle que se detenga, que no me gusta la sensación que dejan sus dientes arrastrándose sobre mis clavículas, y que absolutamente odio que restriegue su pene en mis muslos desnudos. Pero no puedo moverme, ni siquiera puedo respirar.
Oigo sus jadeos desesperados, así como también el ligero rasguido de un empaque; mi ropa interior ha desaparecido ya. Separa rudamente mis flácidas piernas, su glande presiona con tosquedad mi ano en cuanto un quedo gemido escapa de su garganta.
Entonces me penetra. Es brusco, áspero. Mis entrañas arden y nuevamente todo es dolor. Cada estocada me hace querer vociferar una y mil palabras soeces, gritar hasta que se detenga y me golpeé una vez más, porque prefiero que me lastime de la forma en la que siempre suele hacerlo antes que esto.
Mi cuerpo laxo sólo se mueve ante el irregular ritmo de sus embestidas. El sonido de nuestras pieles chocando combinado con sus quejidos pronto se vuelve insoportable. —I-Izuku —débilmente jadea—, Izuku, Izuku. ¡Oh, mierda, Izuku! —gruñe, gutural. Sus embestidas, cada vez más salvajes y agonizantes, se detienen abruptamente cuando, supongo, está a punto de eyacular—, No creo que te importe que me venga en tu preciosa cara, ¿verdad? —carcajea—, ¡de todos modos ya estás muerto!
Su pene por fin sale completamente de mí. Siento cómo se incorpora, luego su peso está concentrado en mi pecho. Los gemidos aparecen una vez más, y sólo se detienen cuando, segundos después, el repugnante semen salpica en mis labios, cuello y mejillas. —Siempre tuve esta fantasía —musita con la respiración acelerada—, no tienes idea de cuántas ganas tuve de hacer esto. Y me hubiese encantado follarte mientras estabas vivo. ¿Por qué tuviste que arruinarlo? Esto es completamente tú culpa, Izuku.
¿Es mi culpa?
—Sí —divaga, alejándose por fin de mí—, es tu maldita culpa.
(What can I say that would make you see?
Make you need me?)
Vuelvo a ser consciente de que el tiempo transcurre cruel y lentamente cuando me empapo en mi propia orina, luego mis heces fecales hacen un desastre debajo de mí. Quizá han pasado varios minutos, incluso horas, mi único ojo servil apenas visualiza pobremente los rayos de luna entrando por las ventanas de la vieja e inmunda bodega donde me ha dejado botado.
El semen comienza a sentirse como una molesta y repulsiva plasta sobre mis labios resecos. Mi ojo arde después de permanecer bastante tiempo abierto; parpadear en momentos como este sería una completa bendición. Estoy frustrado por ser incapaz de moverme y me aferro con todo mi ser a la idea de que sigo vivo, incluso si él repitió una y otra vez que me había matado.
Eso me mantiene consciente y alerta durante, lo que parece ser, horas. Tengo frío, pero no soy capaz de tiritar o buscar una forma de calentarme. Hasta la sangre que hace horas escurría sin parar ahora está seca y helada. Mi cuerpo se queda estático, gélido, y parece que comienza a endurecerse con horrible lentitud.
Quiero moverme, necesito hacerlo. La desesperación de no tener control absoluto de mi cuerpo hace que me angustie más con cada minuto que pasa, ¿así es como se siente estar en coma? Es una sensación tan inimaginable cuando estás completamente consciente que se vuelve despreciable una vez que la experimentas.
Ligeros rayos de sol iluminan levemente el lugar, ¿ha amanecido ya? Apuesto a que mamá está preocupada porque no he llegado a dormir. No puedo creer que hayan pasado tantas horas desde que fui abandonado aquí. La tristeza repentinamente llena mi pecho porque, de alguna manera, siento que nadie va a salvarme.
"Todoroki Shōto no hubiese muerto por ti, ¿sabes?".
Sus palabras resuenan suavemente en el fondo de mi cabeza, entonces quiero llorar. ¿Todoroki-kun estará preocupado porque desaparecí repentinamente? Me consuelo diciendo que sí, que está buscándome como loco porque mi madre le ha preguntado miles de veces por mí y ahora ambos están reportándome con la policía como persona extraviada.
Pero no puedo engañarme durante mucho tiempo, sólo un tonto lo haría. Cuando mi cuerpo está totalmente endurecido y el sol casi está en su punto más alto, me rindo; Todoroki-kun, probablemente, ni siquiera ha pensado en mí.
Desde hace bastantes días, quizá desde que dejamos abruptamente de hablar como solíamos hacerlo, comencé a reflexionar una y otra vez mis sentimientos por él. Nuestra historia no fue sencilla, ciertamente a veces me suelo preguntar cómo fue que terminamos siendo amigos y como, a su vez, rompió mi corazón. Siempre estuve consciente de que lo nuestro no estaba destinado a ser. Y aún cuando Kacchan lo gritó y escupió una y otra vez, yo, necio, me aferré al imposible amor que Todoroki Shōto nunca me profesó.
Kacchan... Me pregunto cómo se estará sintiendo justo ahora. Apuesto a que mamá también le ha llamado preguntando por mí.
Por la tarde, después de autodestruirme una y otra vez, llueve a cántaros. El deplorable estado de la bodega permite al agua filtrarse por todos lados e, inevitablemente, termino empapado y con más frío del que tenía. Sin embargo, me ayuda a limpiarme. Las plastas de semen rápidamente desaparecen al igual que la pegajosa sensación de la orina. Charcos se forman debajo de mi cuerpo y ayudan a que el desastre que han hecho mis heces se sienta menos desagradable.
Cuando ha anochecido, el mal clima persiste en una ligera llovizna. Me siento endurecido, incómodo, la asquerosa sensación de tener moscas en absolutamente toda mi piel me provocan ganas de vomitar. De pronto, se escucha un estruendo, luego pasos y al final una voz desconocida— por allá —indica. Es entonces cuando me percato del horrible sonido que producen las sirenas policiacas.
—Oh, sí —dice un hombre mientras me toca y revisa—, definitivamente está muerto.
No lo estoy, por favor, créeme, ¡escúchame!
— ¿Uh? —esta vez es una mujer la que habla—, se parece a un chico que reportaron como desaparecido hace dos días. Midoriya Izuku, creo que era.
Sí, soy yo, ¡soy yo! ¡ayúdame! No estoy muerto.
—Cumple con las características, sí —concuerda el hombre—; adolescente de 16 años, 1.66 de estatura, pecoso, ojos y cabello verdes. La probabilidad de que sea él es alta.
—Pobre chico —la mujer se lamenta—. Tan joven... —Ella aparece en la escasa visión que tiene mi único ojo funcional. Es bellísima. Sus ojos azulados me miran con intensa pena—. Por fin irás a casa, querido —y, con un poco de esfuerzo y dolor, logra bajar mis párpados, sumiéndome en la bendita oscuridad que tanto anhelé—, descansa —susurra mientras me cubre de pies a cabeza con una delgada manta. Después de eso, por fin me dejo llevar por la inconsciencia, deseando, en el fondo, que cuando despierte esto sólo sea un horrible sueño.
(My current state
Is heavy
Hope it's a phase or something
Don't let me go).
En la casa de los Midoriya el ambiente es frío, tenso.
Uraraka Ochako sonríe un poco cuando Inko, la madre de Izuku, le da una taza con té de manzanilla bastante caliente. Sus pequeñas manos se envuelven en el recipiente, no puede evitar suspirar mientras se recarga un poco en Todoroki Shōto. Este, también con una taza en mano, envuelve el cuerpo de la chica con uno de sus brazos buscando consolarla, su eterna expresión estoica dándole, inconscientemente, un poco más de fortaleza a todos.
En el otro sofá, Bakugō Katsuki mantiene un constante ceño fruncido mientras muerde sus labios. Entre sus manos, Ochako nota una pequeña caja de color verde adornada con un bonito moño amarillo. — ¿Creen que esté bien? —ella no puede evitar preguntar por milésima vez, buscando una forma de romper el incómodo silencio que hay entre los cuatro presentes. Inko detiene abruptamente la acción de darle té a Bakugō y voltea a verla con sus ojos brillando por la angustia.
Aún así, se las arregla para sonreír con gentileza. —Sé que lo está —asegura, aunque su tono no es firme, sino dudoso—, sé que mi Izuku volverá bien a casa —entonces, el teléfono suena. Ella modula una silenciosa disculpa antes de correr a contestar, los tres adolescentes la miran con la ansiedad creciendo poco a poco en su pecho.
—Que sea él, por favor... —el ruego apenas audible de Katsuki parece ser lo único que resuena en el tenso ambiente, el tono esperanzado sorprendiéndolos por completo. El rubio, con el carácter explosivo y grosero que tanto lo caracteriza, logra desconcertarlos por lo débil y cansado que suena. Observan en silencio a la señora Midoriya, y retienen la respiración cuando ella se congela en su lugar y su rostro palidece drásticamente. Ellos no escuchan lo que dice, pero al parecer sí se trata de Izuku.
Una vez que deja el teléfono en su lugar, rompe en llanto. Ochako al instante se incorpora, dejando caer la taza, y se apresura a sostenerla cuando nota sus movimientos inestables. — ¿Señora...? —farfulla la pregunta con el aire retenido, un tanto aterrada también.
—Tengo que ir con la policía... —Inko musita al mismo tiempo que su cuerpo entero tiembla, lágrimas aún bajando por su rostro.
— ¿Izuku está bien? —La voz de Shōto, por primera vez en la noche, resuena con increíble suavidad en el lugar. La mayor, al escuchar el nombre de su hijo, solloza audiblemente, cubriendo con ambas manos su cara y tiritando, Uraraka, siendo más pequeña que ella y la única que intenta estabilizarla, no puede sostenerla más, así que ambas caen de rodillas.
Los tres adolescentes no saben qué hacer en ese momento, sólo se quedan en su lugar, incómodos y quietos. —Dígame que está bien, que Deku volverá a casa —en el momento que Inko ahoga un grito en sus manos, Katsuki mentalmente se prepara para esperar lo peor.
—Ellos quieren que vaya a reconocer un cadáver; sospechan que es él —y, con esas últimas palabras, todo se vuelve un caos.
(I got some mixed emotions about
how I've been getting to all these checks).
Un profundo y horrible dolor me trae de vuelta a la realidad. Todo lo que veo es negro, y mi cuerpo aún sigue frío e inerte. Estoy sobre una superficie dura y helada, parece ser de metal. Alcanzo a percibir extraños ruidos a mi lado izquierdo, como el sonido que hacen los cubiertos cuando chocan entre sí.
—Sufriste un poco antes de morir, ¿no es así, joven? —una gentil voz suena muy cerca de mí. Pronto me doy cuenta de que el dolor que siento es causado por algo pequeño y filoso; un bisturí. Él... Me está abriendo—. Múltiples hematomas en el cuerpo, rastros de agresión sexual, herida hecha con arma de fuego aún no identificada en el lado izquierdo de la cabeza; esto último es la causa de muerte.
En el instante que comienza a enumerar cada herida visible en mi cuerpo, la realización me cae como un balde de agua helada en medio de un gélido invierno ruso.
¿Esto no es un sueño? ¿de verdad estoy muerto?
—Eras tan joven... Es bastante doloroso que no hayas podido vivir correctamente tu vida. Todas las metas que querías cumplir, los sueños a realizar, se te fueron arrancados tan cruelmente. Qué injusto es Dios —el hombre sigue divagando, sin estar consciente de que lo escucho. Se detiene, lo oigo alejarse como si fuese a buscar algo.
Cada palabra se clava en mi corazón como si se tratasen de las espinas de un rosal. Una vez que él lo dice y sigue abriendo mi cuerpo y sacando mis órganos para revisarlos, por fin la fantasiosa idea a la que tanto me negué se vuelve una realidad. Estoy muerto. Él logró su cometido.
¿Quién diría que morir sería tan doloroso?
"Qué hay después de la muerte" es una gran incógnita cuando estás con vida. Hay tantas hipótesis sobre eso, tantas posibles respuestas, y, quizá, ninguna se acerca a la que es absolutamente verdadera. O al menos yo nunca lo había escuchado.
Se suele decir que del polvo venimos y como polvo nos iremos. Nunca le había tomado importancia. Desde el punto de vista de la ciencia, somos meras máquinas, organismos que, una vez muertos, simplemente dejan de funcionar. La mente, los pensamientos, las emociones... Simplemente se apagan.
Entonces, ¿Por qué sigo sintiéndome tan vivo?
Cada cosa que el forense hace con mi cuerpo se siente tan intensa y aterradora. Duele, duele tanto, duele al punto de que quiero llorar y gritar, rogar porque se detenga, correr y esconderme de todo, de todos.
—Encontraremos a quien te hizo esto, hijo; no dudes de ello. Esa persona pagará su horrible crimen.
Por favor, no lo hagas.
Una vez que el pensamiento abandona mi mente, entro en conflicto. Por un lado, por supuesto, quiero que él pague por esto que me hizo, porque fue cruel, inhumano e injustificable. Ni siquiera el odio que tanto expresa cada día por mí es una excusa para cometer un crimen tan horrible. Simplemente... Es imperdonable.
Por el otro lado, y es horrible siquiera pensarlo, no quiero que lo atrapen. El cariño inmenso que le tengo es suficiente para perdonarlo. Quiero saber por qué lo hizo, quiero entenderlo, aún cuando sólo diga "porque quise hacerlo, bastardo".
Mentalmente suspiro, cansado y adolorido. —Después de terminar con esto, prometo que te pondré bonito para que vengan a reconocerte. Si la dulce señora que está allá afuera es tu madre, será horrible que te vea en tan feas condiciones, ¿No crees? —concuerdo con el hombre en silencio, luego grito cuando su bisturí nuevamente comienza a cortar.
(Somebody find me and fast
Look what I did to myself and my friends).
—Puede pasar acompañada de una persona —el oficial, con expresión imperturbable, musita por lo bajo a Inko. Ella asiente, nerviosa, y luego mira a Bakugou con cariño.
—Katsuki-kun, ¿Me harías es favor? —el rubio asiente torpemente antes de colocarse a su lado y acompañarla dentro de las instancias donde se encuentra la morgue. Los pasillos parecen infinitos, y son helados. ¿Realmente Izuku es el que está ahí?
Pronto lo descubre. Cuando entran a un cuarto apenas iluminado y el olor a muerte se convierte en el único aire que pueden respirar, ven un cuerpo tendido e inerte en una fría mesa de metal. El forense, un hombre rubio y menudo, los invita a acercarse con un gesto antes de jalar la sábana para descubrir al cadáver.
Y todo se derrumba dentro de Katsuki.
Entre los gritos de dolor de Inko y su propio caos, Bakugou se deja caer sin delicadeza alguna, en shock. Cubre sus oídos, tiembla como el peor de los terremotos, y logra exclamar el apodo que le dio a Izuku muchos años atrás. — ¡Deku! —solloza. Chilla como un niño haciendo berrinche. Su compostura pronto se ve arruinada por miles de jadeos y palabras entrecortadas, susurra miles de veces perdón a su amigo muerto. —No puede ser —es la primera frase entendible que sale de su boca—; ¡No es él! ¡no puede ser él!
Inko sólo puede permitirse destrozarse un poco más. — ¡Mi bebé, mi Izuku! —ella exclama, suavemente acariciando el gélido rostro de su niño, sintiendo que su propia alma se va con él.
Bakugō se obliga a calmarse por un momento. Con esfuerzo se levanta y luego coloca la pequeña caja que ha acogido entre sus manos toda la noche. —Quería darte esto —murmura con tristeza—, quería que supieras que no te odio, Izuku... Te amo, siempre lo he hecho; perdóname —y se atreve a darle un pequeño beso en los labios, a pesar de la mirada de desaprobación que le da el forense y las duras peticiones de que deje de hacer cosas estúpidas.
(Up and away, I'm an alien
I need a moment).
Mi corazón se destroza terriblemente al escuchar a mi mamá gritar. Me lamento muchísimo, quisiera poder incorporarme y abrazarla, decirle que aún estoy aquí, aún estoy con ella. Entre el ruido que produce, logro escuchar un "Deku" de parte de Kacchan, y luego como él llora. No me gusta oírlo, por favor que se detenga.
Emite algunas palabras. Una confesión, sobre todo, con la voz rota por los gritos. Dice mi nombre con ternura, luego se disculpa, oyéndose profundamente arrepentido.
Pero yo no puedo pensar en nada de eso. Mis pensamientos rondan a través de su forma de llamarme. "Es Deku", pienso desesperado, "nomedigas Izuku, ¡Soy Deku ysólo Deku!". La sensación de terror me hace gritar en mi mente, estoy asqueado. ¿Por qué estás haciendo esto, Kacchan? ¿Por qué lo hiciste? ¡Responde, por favor!
—Es hora de que se retiren —el forense pide amablemente—. Ya que han corroborado que es Izuku Midoriya, podemos seguir con nuestra investigación. El oficial de afuera les indicará cuándo será entregado el cuerpo. Por lo mientras, les recomiendo paciencia y discreción.
No, no, no, ¡No te vayas! ¡Necesito una respuesta!
—Por favor, cuide de él y encuentre al responsable —la suave voz de mi madre comienza a sonar lejana. Yo me desespero aún más.
¡Kacchan!
(I'm back and forth, I think I'm going crazy
I'm back and forth, I can't make up my mind).
El funeral de Midoriya Izuku se realizó sin complicaciones ni contratiempos. Hubo muchas lágrimas de compañeros que iban con él en el mismo salón de clases, de sus amigos más cercanos, de su pobre madre.
Todoroki Shōto, al principio, no pudo derramar ni una sola lágrima por el chico. No es que no lo quisiera, simplemente parecía que todas sus emociones se habían atrofiado en su pecho, manteniéndolo en un estado frío y vacío. Después de un buen puñetazo por parte de Bakugō, se sintió como si lo reiniciaran, cual televisión vieja mostrando una imagen distorsionada, y los recuerdos llegaron como una imagen nítida, cálida, llena de vibrantes colores y dulces sensaciones.
El cálido tacto de Izuku en sus manos frías, su risa tímida y sincera, su voz diciendo "te amo" sin vergüenza alguna, los brillantes rizos verdes sacudiéndose por la ráfaga de viento otoñal mientras rebeldes hojas cafés se adherían a él.
La realización de que nunca más estaría en su vida llegó con la explosión violenta de Bakugō, dejándolo sin aliento. Lo había perdido, había perdido a Midoriya Izuku, la persona que, probablemente, más lo amaba en el mundo.
Y ahora, mientras espera en el crematorio a que entreguen sus cenizas y escucha como si un fuerte grito proviniera de su garganta, se permite descontrolarse. Cubre su rostro y ahoga un gemido de dolor en tanto lágrimas de agonía caen sin parar. Es un idiota ¿cómo no se dio cuenta de que lo amaba? Definitivamente, a veces la vida lo odiaba en demasía.
(Acting all funny because of the money
It's making my tummy upset).
Extra: unas horas antes de los sucesos.
Después de que el timbre de salida sonó, se atrevió a acercarse a Izuku—. Oye, Deku —llamó, utilizando su típico tono despectivo—, nos veremos en mi casa a las seis —incluso si sonaba como una orden, en realidad era una tímida petición. Escondido en los bolsillos de su uniforme, una cajita verde bellamente adornada con moño amarillo fue tiernamente apretujada por el rubio, los nervios carcomiendo todo su ser.
El muchacho de cabellos verdes lo miró con algo de temor durante un instante. —U-uh... Saldré con mis amigos esta tarde, Kacchan, ¡pero trataré de hacerme un espacio para ir a verte!
Esperanza. Eso fue lo que sintió Katsuki cuando Izuku pronunció esas palabras. Con un asentimiento seco, tomó sus cosas y se marchó, pensando en una y mil maneras más de por fin confesarle sus patéticos sentimientos al chiquillo de ojos verdes que siempre, desde niños, estuvo con él.
El discurso empezaba con una disculpa sincera por los años de maltrato, le seguían un montón de palabras cursis y, para finalizar, un pequeño beso que sellaría su silencioso pacto de amor verdadero y eterno. Preparó una cena deliciosa, con la comida favorita de Izuku. También se bañó, arregló y perfumó especialmente para él, porque quería demostrarle que era un digno candidato de su amor, mucho mejor que ese idiota de Todoroki.
Eran pasadas las seis cuando Midoriya le mandó un mensaje diciendo que no podía asistir. Y Bakugō nunca se sintió más furioso. ¿Qué iba a pasar con la comida, las palabras bonitas, la idealización de la cita perfecta y el anhelo de que Deku le diera el "sí" finalmente? ¿Por qué su esfuerzo estaba siendo botado tan cruelmente a la basura?
No lo soportó. Buscó entre sus cajones aquellas pastillas prohibidas que alguien del otro salón le vendió. Aquellas a las cuales era adicto y las consumía cada que Deku le rompía el corazón al estar con otro chico. Tomó una, dos quizá, y esperó a que el efecto lo hiciera sentir bien.
De ahí, todo es borroso en su memoria. Recuerda tomar el arma que su padre escondía en el cajón de su ropa interior para luego salir a buscar al chico y seguirlo durante una hora hasta que se despidió de sus amistades y emprendió su camino a casa, solo. Recuerda haberlo acorralado en una calle solitaria y arrastrarlo durante bastante tiempo mientras lo golpeaba hasta una bodega en mal estado y abandonada, donde una vez se organizó una fiesta escolar completamente descontrolada.
Todo es borroso, como si fuera un sueño. —Sí —musitó—, es tu maldita culpa —y luego despertó, frío, triste, recostado en el suelo de su sala, con lágrimas secas ensuciando su rostro. Había sido una horrible pesadilla más.
