[Serie de Drabbles]

Las memorias de la abuela Karai Hamato

—Karai Oroku/Hamato—

La conexión de April con Gram-Gram Hamato parece no haberse desvanecido por completo. Últimamente, la joven O'Neill parece tener visiones al pasado de la abuela Karai; la primera lideresa Hamato. ¿Qué descubrirá en ellas?

Advertencias: Teorías de la autora sobre lo que ocurrió en la vida pasada de la gran abuela Hamato. | OOC (vimos poco de la abuela, siendo ella un espíritu, así que su interpretación joven está a merced de la autora). | Fics sin orden cronológico, salvo por el primero y los últimos.

Disclaimer:

Rise of the Teenage Mutant Ninja Turtles © Kevin Eastman/Peter Laird / Nickelodeon.

Las memorias de la abuela Karai Hamato © Adilay Vaniteux/Reine Vaniteux

Notas: Como me gusta la idea de estar iniciando fanfics sin terminar los otros, vengo con uno que se me ocurrió al ver la historia resumida de la abuela Karai.

A mitad de la explicación en la serie me dije; "¡wow! ¿Me están diciendo que lo que usualmente estamos acostumbrados ver en TMNT (una Karai rebelándose contra su padre para pasar a ser aliada de los Hamato) pasó también en Rise pero muchos años en el pasado, convirtiéndose en la abuela de estas nuevas tortugas?"

¡Y luego pasamos a la película! ¡Donde se nos habla de 4 guerreros místicos (azul, rojo, naranja y morado) que lucharon no sólo contra Shredder sino también contra el Kraang y ganaron! ¡A un costo altísimo, al parecer, pero ganaron, como en las series anteriores a Rise!

Y me dije, ¿qué tal si hago algo con esto? Jijiji, y heme aquí. Ojalá les guste.


PROHIBIDO DESCARGAR/IMPRIMIR PARA SU VENTA (la autora condena todo tipo de acto ilícito de este tipo y se procederá legalmente en caso de suscitarse el caso). / FAVOR DE NO RE-SUBIR A NINGUNA PÁGINA (todo acto de ese tipo será considerado como plagio). / NO TRADUCIR SI NO SE HA PEDIDO EL PERMISO CORRESPONDIENTE. Seamos honestos y educados; este trabajo es únicamente para entretener y no se busca lucrar con este de ningún modo.

—Gracias por su atención.


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Secuelas


April O'Neill ya no estaba tan acostumbrada a desvelarse por varias noches seguidas desde que comenzó la universidad, menos cuando ahora tenía mucho que estudiar y trabajar para pagarse sus necesidades. ¿Qué clase de Dios condenaba a una heroína a tener sueños tan extraños?

—Así que… ves a la abuela Karai en tus sueños —anotó Mikey en su libreta mientras April, con los ojos enrojecidos, hinchados y con ojeras, esperaba que el Dr. Delicate Touch… o Feelings, o lo que sea que fuese ahora, pudiese tratar de encontrar algo de calma para ella. O alguna solución para estas noches de insomnio.

¿Y por qué no acudía a un psicólogo humano?

¿Cómo decirle a uno de estos profesionales en la salud mental que en los últimas semanas ella había estado soñando con un espíritu ninja de hace miles de años, la tatara-tatara-tatara-etcétera-abuela de sus amigos tortugas mutantes… sin que este le mandase con un psiquiatra y este la devolviese a casa con medicamentos para la esquizofrenia?

El Dr. Feelings era lo que necesitaba… o era lo más cercano…

—Sí… bueno… —cansada, April juntó sus manos y jugó, nerviosa, con sus dedos—; es como si viese una película, Mikey… la veo a ella… —inhaló profundo y sopló, tratando de concentrarse—; al principio era, tranquilo, supongo… ella, de niña, jugando y entrenando con un hombre… quien creo que era, ya sabes, Saki Oroku antes de ser Shredder; pero luego vinieron esas escenas donde el Clan del Pie era atacado por otros… luego la vi discutiendo con, ya sabes, él… su padre. Ehm… el sueño de la noche pasada… vi a Karai gritando a su padre porque él se fusionó con la armadura oscura… y… cielos, ella era… muy joven, una niña —April se pasó las manos por la cara, no queriendo rememorar aquello—, luego, vi a Shredder, en la armadura, atacando grupos rivales… había mucha sangre. Karai gritaba… y… y… yo desperté gritando también… por eso vine tan tarde… por eso necesito ayuda. Mikey, lo siento, no sabía a quién más acudir.

—Entiendo. Mmm, April, si quieres omite los detalles; no quiero que te inquietes demasiado, ¿sí? —dijo en un suave tono de voz compasivo.

—Sí, gracias Mikey.

El Dr. Feelings inhaló profundo y se puso de pie del sillón que Splinter usaba para ver sus novelas y se acercó a ella, que estaba acostada en el sofá grande de 3 espacios.

—Hagamos esto, trata de dormir otra vez.

—Mikey… no sé si…

—Creo que es necesario que te vea mientras tratas de dormir, si esto es algo relacionado a tu momentánea fusión con el alma de Gram-Gram, tendré que verlo, ya sabes, yo soy el guerrero místico más grande del mundo —dijo Mikey usando en broma el tono heroico de Leo cuando él se refería a sí mismo como el futuro ninja más poderoso, gracias a que Casey le había elevado el ego apenas se conocieron.

—Bien… sólo… ten… cuidado… ¿sí?

—¿Contigo? Siempre, April.

Tan cansada como estaba, April no le costó mucho cerrar sus ojos y dejar su mente vagar por la oscuridad hasta que bastante pronto, volvió a ver un antiguo Japón; una aldea, casas ardiendo, gente herida, muerta o quemándose y muriendo de una forma muy lenta y dolorosa.

April, siendo una total espectadora, se habría tapado los ojos o la boca de haber podido, pero no pudo evitar mirar.

No muy lejos, miró a varios ninjas con el símbolo del Clan del Pie mirando el desastre que su maestro estaba ocasionando.

—¡Larga vida al Pie! —gritaban atrás de una helada Karai joven de no más de 13 años o 14 máximo, que veía horrorizada el espectáculo de sangre y fuego; una brutalidad que April no se sacaría jamás de la cabeza.

Quiso abrazar a la pequeña Karai, que April sabía, tenía prohibido apartar la mirada. Debía ver a los enemigos caer. Debía sentir gozo… pero Karai no podía… no podía alegrarse por tal sadismo.

Su amoroso padre no era así…

El hombre que la tomaba en brazos y le contaba cuentos no podía ser ese mismo enorme monstruo rabioso que atacaba sin compasión a toda una aldea, que (¡sólo se decía!) era un refugio para uno de los clanes rivales del Pie. Ni siquiera había ninjas ahí que intentasen hacerle frente al recién nacido Shredder.

—Para… papi —en japonés, Karai musitó entre dientes, queriendo retener las lágrimas y el temblor en su cuerpo, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo.

A pesar de que ella hablaba y pensaba sólo en japonés, April podía entenderla muy bien; aunque afuera de dichos sueños, su nivel en el idioma fuese básico aunque estaba tomando clases con Splinter.

—Papi… por favor… por favor… no mates más… por favor.

—¡Por favor, padre! —April se oyó a sí misma gritar en perfecto japonés.

Sintiéndose volver al mundo real de golpe, sintiéndose sudorosa y bastante caliente, como si fuese a darle una fuerte fiebre, April abrió sus llorosos ojos sólo para sentarse y encontrarse con muchos ojos rodeándola, ya no sólo Mikey. Entre ellos, Casey y Splinter; todos estaban quietos y con caras tensas.

Algo había tenido ese sueño que los otros no. Este dejó a April temblando y agitadísima, a pesar de saberse de vuelta en Nueva York, la sensación de seguir oyendo a la gente de aquella aldea sufrir, le ocasionó unas monstruosas ganas de vomitar su miserable cena de un plato de cereal, lo que por supuesto, terminó pasando y ensució el piso.

—Tranquila, sácalo —le dijo Mikey dándole suaves palmadas a su espalda.

—¿Qué pasó? —gimió April con esfuerzos, volviendo a sentarse bien en el sofá, mirando el techo; volviendo a su realidad.

Su mente quedó divagando mientras oía a lo lejos a Donnie explicar rápida y energéticamente una manifestación mística que… blá, blá, blá

April estuvo a punto de dormirse de nuevo (o desmayarse) cuando Casey apareció en su parámetro de visión y le mostró una cara preocupada.

—Comandante, ¿puedo traerle un vaso de agua? ¿Necesita algo?

Sonriendo por su noble gesto, April decidió ignorar a los 4 hermanos y a Splinter, que al parecer decían lo obvio: sí, los sueños de April estaban conectados al alma de la abuela.

En resumen, ella estaba viendo fragmentos del pasado de Karai Hamato.

Y estaban siendo cada vez más horribles.

—Acompáñame a la cocina, ¿sí? —le pidió April en un susurro, que el chico oyó a pesar de la acalorada conversación de los miembros sanguíneos del clan—. Quiero algo sólido también.

Casey la ayudó a ponerse de pie y la dejó poner un brazo sobre su hombro. Ambos caminaron en dirección a la cocina no sin antes…

—¡Donnie, no me conectarás nada al cerebro! —le gritó April.

Si Donatello pensaba que ella no lo había oído diciendo que debía conectar cables desde su nariz hasta su cerebro para revisar sabrá dios qué frecuencias, estaba muy equivocado.

—¡Vamos, April! Por la ciencia.

—¡Donnie! —exclamaron sus hermanos y padre.

—Bien, no conectaré nada —él se cruzó de brazos—, ¿entonces qué proponen ustedes?

La sala quedó en un momentáneo silencio mientras April y Casey llegaban a la cocina y ella miraba al chico moverse con la finalidad de hacerle un sándwich y un café sin azúcar.

—Dudo que quieras dormir —dijo él, poniendo la comida frente a ella.

—Gracias, Casey —masculló April tomando el sándwich.

Cansada, April miró de reojo a Casey y no pudo evitar mostrar algo de debilidad frente a él.

—¿Sabes? —bajó el sándwich, sintiéndose temblar—. No es bonito ver en vivo y en directo la masacre de tantas personas.

Él pareció nublar su mirada, como si sus propios recuerdos lo abrazasen con frialdad.

—Lo sé. Comandante, no está sola, se lo juro.

April soltó la comida y no pudo evitar abrazar a Casey, buscando confort. Él, considerando la seriedad de la situación, no se mostró inquieto ni nervioso como lo haría un joven hormonal sin una pizca de afecto femenino; Casey la abrazó de vuelta y acarició su cabeza.

—Estamos con usted, comandante O'Neill.

—Casey… ya llámame April, ¿sí? —pidió—. Ahora tenemos prácticamente la misma edad, y aún no me enlisto al ejército.

Al parecer era tan mala como Leo cuando quería hacer un chiste para apaciguar una oscura situación. Pues April ahora sí sintió a Casey tensarse un poco.

—Va-vale…

A pesar de todo, April volvió a cerrar sus ojos. El calor y aroma de Casey la adormecieron, y sin embargo… cuando volvió a ver aquel antiguo Japón, por suerte, ya no había sangre ni fuego…

Había…

Karai… si no estás de acuerdo con lo que hace tu padre, ¿por qué ayudarlo?

April hubiese fruncido el ceño de haber podido.

Máscara azul, katanas dobles… un atuendo desgastado de samurái. Mirada azulada y cabello oscuro, largo, atado en una coleta alta; además, un filoso fleco se asomaba en su rostro, con dos mechones rebeldes en cada lado de su rostro delgado y alargado.

Sé que eres honorable, Karai Oroku. Sé que no quieres seguir haciendo esto…

La abuela Karai ya no era una niña, más bien, parecía una adolescente de 16/17 años. Usaba armadura ninja negra y una espada kodachi en su cintura.

¿Crees que me conoces? Sólo nos hemos visto para tratar matarnos… ¡eres un enemigo jurado de mi padre! Te interpones en su camino a la grandeza.

—¡Me opongo a su sadismo! Eso lo sabes —él afiló su mirada sobre ella, y Karai se enfadó consigo misma por ponerse nerviosa—. Y aun así aquí me tienes, de pie y hablándote como si fuésemos camaradas. Irónico, ¿no?

April miró interesada como la joven abuela Karai adquiría un tono rojo en su cara.

Luego vio al extraño samurái de las katanas dobles en su cintura, tan joven como ella, sonriendo con cierta picardía…

Esa sonrisa… le recordaba a Leo.

—¿Acaso en el fondo te agrado demasiado, Oroku-san?

April volvió a abrir los ojos.

—Bu-buenos días, comandante.

April parpadeó confundida ante la voz de Casey. Cuando recuperó algo de sentido, April se vio sentada en el regazo de chico; sus brazos sobre los hombros de él se sentían tensos, como si se hubiese congelado encima de él. Casey por su parte, estaba muy rojo de la cara. Tal vez eso era porque estaba sentado en el sofá de Splinter con los cinco miembros del Clan Hamato, riéndose y disfrutando de la vista.

—¿Tuviste un mejor sueño esta vez, April? —preguntó Leo, con ese tono tan suyo de burla y sarcasmo.

Esa sonrisa…

—Cállate —espetó April soltando a Casey y bajando de él, tratando de no evidenciar lo avergonzada que estaba ella también.

—¿Y qué viste ahora? —preguntó ahora, Splinter, interesado—. Te negaste a soltar a Casey; han pasado dos horas, pero no gritaste como en la vez anterior.

Carraspeando la garganta, April meditó en lo que había visto. La abuela Karai… y ese joven de armadura azul y katanas dobles. Llevó una mano a su propio corazón, el cual seguía acelerado. ¿Vergüenza por lo que ella había hecho con Casey sin haberse dado cuenta o por lo que había presenciado? April no quería averiguarlo ahora.

—Ehm… vi… a la abuela… y… —tragó saliva antes de caminar lejos de los varones de la habitación—, creo que también vi a su abuelo —murmuró bajo.

Corrió rapidísimo al baño oyendo el descomunal "¡¿QUÉ?!", el cual resonó con mucha fuerza.

April se refugió en el baño y ahí trató de calmarse.

Su corazón latía agitado. No sólo era su vergüenza, y la culpa por lo que había tenido que soportar Casey, sino también la sensación que la abuela Karai había tenido al encarar a uno de los ninjas que había logrado hacer que su padre por primera vez en su vida bajo el dominio de aquella armadura maldita, retrocediera.

Y quien la había citado esa tarde para hablar cara a cara con ella.

—Ryōsuke-san —masculló April viéndose al espejo, teniendo el brillante flash de la abuela Karai viendo su cara sonrojada en el reflejo de un río.

Sonrió con la misma picardía que Leo y lavó sus manos con agua fría.

—Bien, lo admito, abuela Hamato. Tu gusto en chicos no está nada mal.

【:.❁.:】


Saludos y espero que les haya gustado.

Gracias por leer.


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