El deseo de vivir nunca desaparece o ¿El deseo de la supervivencia puede ser quemado en las fauces del calor y las cenizas?
El niño se perdió a sí mismo. Se puede ver en sus ojos dorados opacos, desprovistos de todo pensamiento que no fuera motriz. Caminaba torpe en un escenario de muerte y fuego.
El pequeño carraspeaba con brusquedad, tapándose la boca por puro instinto. La tierra era roja y el cielo negro, las casas se derrumbaron como árboles y los cuerpos eran negros como el carbón. Podía decirse que todo el panorama era como una gran hoguera que se levantaba por los cielos.
El niño no sentía, el horror ya le había consumido.
No llora, sus ojos se habían secado.
No puede hablar, ya había perdido la voz.
Camina, aunque sus piernas perdieron todas sus fuerzas.
Respira porque desea vivir.
Pero ¿Por qué era el único que había sobrevivido?
Tropezó y calló con la cara al cielo.
Y su cuerpo dejó de reaccionar. Al perder la única actividad que le alejaba del mundo, el niño finalmente se lo volvió a preguntar.
¿Por qué fue el único que sobrevivió? Al principió corrió entre las llamas, ignorando a todos los que se le cruzaron, aun así lo pudo ver. Como el techo de una casa caía sobre un hombre que ayudaba a un anciano a salir de la casa.
Gritos desesperados, una persona que ha olvidado alentándole a no mirar hacia atrás. No importa donde mirada, el resultado es el mismo. La muerte, lenta y dolorosa, lo únicos que estaban en paz eran los cadáveres.
¿Por qué tiene que pasar esto?
Su brazo en el aíre, pidiendo la salvación, ¿Realmente la merece? Tal vez debería cerrar los ojos y acompañar a todos, es lo justo, pero ¿Por qué no puede bajar la mano? ¿Por qué? ¿Tantos deseos de vivir?
Que egoísta es.
Aún busca un salvador, alguien que responda su llamado, como alguna vez fue respondido…
Su mano, es atrapada antes de caer. Es fría y dura, porque el metal le cubre. La mano de un caballero y un rostro le observa. El rostro de un hombre mayor parece tan serio y estoico, pero se romper en una sonrisa que agradecía a la diosa.
Es una hermosa sonrisa.
(*)
Lo primero que vio fue blanco, la luz del sol se filtra en la carpa. ¿Carpa? Shirou observa su alrededor. Una pequeña carpa, la ¨cama¨ parece algo construido a la rápida, pero es suficientemente cómoda para él.
Sus parpados se siente tan pesado.
¿Dónde está? Su mente apenas puede irla ideas o recuerdos, solo el fuego y la muerte es una constante, luego la caída y por último el rostro de un hombre que sujeto su mano.
¿Ha sido salvado? ¿Por qué? ¿Por qué ha sido salvado y no las personas que murieron en el fuego? Si hubiera hecho algo…
Intento levantarse, pero el dolor inundo sus nervios como un rayo.
—Tranquilo hijo, es muy temprano para levantarse.
Una mano le sujeto el hombro con delicadeza. Finalmente se dio cuenta que no estaba solo. Lo reconoció inmediatamente, el hombre que lo salvo. Un hombre adulto de cabellos naranjas está sentado en una banquilla al lado de él.
—Lo mejor sería que descanses un poco más, no te preocupe, estaré aquí cuando vuelvas a despertar.
Su voz es segura y amable, por lo que simplemente cerro los ojos.
Fue como si hubiera dado un simple parpadeo y el fuego volvió, envolviendo su cuerpo. Cerro lo ojos y los volvió abrir, la luz de exterior desapareció, una vela ilumina la carpa y el rostro del hombre, que tallaba con un cuchillo un trozo de madera, dándole la forma de un oso.
Noto su mirada.
—Disculpa hijo, no tuve que haber prendido la vela. Sigue descansando…
—No—habla por primera vez, por primera vez sintió la sequedad—no lo apague. No quiero dormir más.
No quiere volver al fuego. El hombre pareció entender las implicaciones y afirmo. Dejando la figura a un lado en una mesa. En donde había una jarra de agua, abrió la boca por instinto al verla. El hombre le ayudo a beber y lo dejo en la cama otra vez.
El agua pareció darle la vida y la claridad. Todos murieron.
—¿Cuál es tú nombre hijo? —pregunta el hombre.
—Shirou—lo único que le queda, un nombre y el tormento.
—Shirou… parece un nombre extranjero y tampoco parece de Faerghus.
—¿Faerghus?
El hombre le observo una mirada inescrutable.
—¿Qué tanto recuerdas Shirou?
—Mi nombre y el fuego… las personas en el fuego…
—Detente—le dijo con suavidad—no pienses más en ello. Si no quieres dormir, responderé cualquiera pregunta que desees para distraerte.
Shirou lo miró por unos segundos y pregunto.
—¿Cuál es su nombre?
Abrió los ojos con sorpresa.
—Disculpa por mi falta de educación. Mi nombre es Gustave Eddie Dominic, solo llámame Gustave, soy un caballero de Faerghust.
—¿Faeghust es…?
—Un país, el Santo Reino de Faeghust, al norte del continente Fódlan.
Shirou analizo la información y se dio cuenta que lo nombres le parecen conocidos, pero su mente está en rojo. Tiene una pregunta, pero su intuición de lo dice que ya conoce la respuesta.
—¿Hay otros supervivientes?
El hombre lo negó y su mirada se oscureció. No se sorprendió, no se sintió peor. Es lo que esperaba.
—Disculpa, Shirou.
—¿Por qué se disculpa?
—Llegamos demasiado tarde, el fuego ya había consumido el pueblo y no logramos encontrar la fuente del incendio. ¿Lo recuerdas?
Shirou lo niega.
—No tengo palabras de consuelo, perdón. Lo único que puedo hacer es una promesa. Cuando te recuperes, partiremos a la capital, Fhirdiad y no descansare hasta que tengas un hogar e incluso si recuperas tú memoria y deseas ir en búsqueda de tú familia en otra ciudad, lo haré personalmente.
Shirou le miró a los ojos y entiendo que cada palabra que escuchó es verdad. Afirmó y el cansancio lo lleno otra vez.
Gustave, es un caballero, la persona que sonrió al salvarlo.
Un héroe.
(*)
Gustave es un caballero, está acostumbrado a encontrarse con escenarios desoladores, pero aun así le causa dolor, principalmente cuando hay niños involucrados.
Se le había asignado la protección de un nombre de la Alianza de Leicester que visitaron Faeghust por razones comerciales desde la capital hasta la frontera de ambos países. Había tenido que escoltarlo hasta lo territorios de Galatea y mientras pasaban por frontera natural de montañas, notaron el humo a los lejos.
Lo bueno es que lo esperaban sus propios escoltas, así que pudieron partir inmediatamente. Demasiado tarde, el fuego había consumido todo. Ningún rastro del origen, por la destrucción, imagina que fueron bandidos, pero no hay rastros de caballos.
Al menos pudo salvar al chico.
El pelirrojo se levantó a los tres días gracias a la ayuda de la Sacerdotisa que lo ha cuidado día y noche, aunque él siempre se mantuvo a su lado. Simplemente no puede abandonarlo, porque no puede imaginar lo que debe estar sintiendo.
El fuego se llevó todo lo que conocía, incluso sus recuerdos. Podía verlos en sus ojos al principio, está roto, pero es fuerte e incluso algo testarudo. Parece de 7 años y aun así lucha contra las heridas como todo un campeón.
Se levantó e incluso intento desarmar la carpa que estuvo usando, pero lo detuvo y le dijo que puede estirar las piernas o sentarse en el carro de suministros, prefirió caminar. Notó como entre sus tropas lo miran con pena o admiración.
Gustave se acerca más a la admiración, se acercó al niño que estaba observando en dirección a lo que alguna vez fue su pueblo, tuvieron que acampar en una colina cercana, por lo que permitía observar la oscura planicie, las casas derribadas y las tumbas que cavaron sus hombres para todos los cuerpos que encontraron. Más de 100 cadáveres y es probable que muchos más se perdieron el fuego. Las tumbas solitarias tienen plegarias a la diosa, que los cuide ahora que están a su lado.
No es algo que debería observar un niño, el único sobreviviente de la tragedia, pero no había más opciones. Su mirada inescrutable puede ser el sinónimo de una fortaleza de acero o una mente de cristal rota.
Desea que sea la primera.
Se acercó y le toco suavemente el hombro.
—Es momento de irnos, Shirou.
El niño afirmo y le dio la espalda a su hogar.
Gustave ordeno a sus tropas movilizarse.
(*)
No hubo problema en el inicio del viaje, los caballos y pegasos habían descansado los suficiente para que no tuvieran problemas en el avance, los pegasos funcionando como exploradores. Descansaron en un pueblo en donde les compraron suministros a los locales antes de continuar con el viaje, lo que le permitió comprar ropas de niño para Shirou.
No ha recuperado la memoria.
El chico ha estado callado, demasiado para el gusto de Gustave.
Así que cuando tomaron un descanso cerca de un lago, fue en búsqueda de Shirou, el cual estaba terminando su chequeo diario con la sacerdotisa en el carro de suministro.
Su actual chequeo es más meticuloso a diferencia de la inicial usando magia blanca, la mujer revisaba las posibles consecuencias a largo plazo, lo bueno para Shirou es que lograron encontrarlo a tiempo, el fuego ya lo había marcado superficialmente, pero si la magia blanca es utilizada antes que estas cicatricen, no quedarían marcas.
—Buen trabajo, Nat—dijo Gustave.
—Shirou es un niño saludable, pronto volverá a dormir sin la necesidad de hierbas para los dolores...
El hombre afirmó y la mujer acarició el cabello del niño antes de retirarse con una sonrisa. Gustave se acercó se sentó al lado del chico en silencio.
—Veo que el trabajo de Nat está haciendo fruto, es bastante buena con los niños.
—Si, pero le gusta acariciar mucho mi cabello.
El hombre comenzó a reír.
—Creo que le gusta el cabello con tonalidades rojizas como el tuyo, porque yo tuve que vivir lo mismo cuando me han herido en batalla, te trata como un niño.
El chico miró el caballero naranja del hombre y afirmó.
Gustave miró al chico y le dio una suave palmada en la espalda.
—¿Puedes caminar?
—Si.
—Perfecto, ¿Me acompañarías un rato?
Shirou aceptó y Gustave miró a su segundo capitán y con movimiento de la mano le informó que abandonaba el campamento por un rato.
—El invierno se acerca—dijo el caballero.
Es el 28 del mes de Wyvern Moon, los Wyvern inician su migración al sur del continente para pasar el frio invierno. Faeghust no es cálido, es frio y duro, los campesinos están adaptados a esta época, así que la ropa que llevan está hecha de bastantes capas para mantener el calor.
Shirou casi parece una esfera para jugar
—Lamentablemente es la peor época para pescar.
Se acercaron a uno de los ríos que nacen de las montañas Oghma, la barrera natural que separa Fódlan, seguir los ríos es la manera más fácil de no perderse, están cada vez más cerca de Fhirdiad.
El olor a la tierra húmeda, el choque constante del agua y el silbido del viento crea un ambiente de lo más cómodo para el hombre. Encuentran unos troncos caídos que utilizan como silla.
—¿Le gusta pescar? —pregunta Shirou.
—Si, es uno de mis pasatiempos cuando no tengo un arma en mi mano.
—¿Usted viaja por todos lados combatiendo con su espada?
—No, digamos que este fue un trabajo excepcional por las circunstancias. Mi principal deber es servir y proteger a la familia real, pero tampoco soy un ignorante del campo de batalla. He servido a dos reyes, el antiguo y actual rey de Faeghust, la guerra o la lucha con bandidos es algo común en el reino, pero mi papel está en Fhirdiad. Entrene a nuestro rey Lanbert y estoy entrenando al príncipe Dimitri en la actualidad en el manejo de la lanza.
—¡Sorprendente! —esto sorprendió al caballero, no esperaba una reacción tan enérgica del chico—¿Me puedes enseñar?
Gustave soltó una risita, la chispa en los ojos del niño es la más clara que ha tenido desde que lo conoció.
—Claro, cuando te recuperes y lleguemos a la capital. Dime Shirou, ¿Te interesan las espadas? Soy más de lanza y hacha, pero me he entrenado bien en el manejo de la espada.
—¡Si, me interesan todas!
—Perfecto. Aunque tienes un nombre extranjero, puedo notar la sangre de Faeghust en tus venas, Shirou.
—¿Sangre de Faerghust?
Cierto, no tiene memoria.
—El sacro reino de Faerghust no es un lugar fácil de vivir, Shirou. Principalmente en el norte, en donde la guerra con distintas tribus es constante. Los Gauntier están constante deteniendo los avances de los Sreng, el año pasado hubo guerra y anexamos la mitad de Sreng No participe en la guerra, me dejaron protegiendo la capital.
Shirou calló y pensó. Gustave se dio cuenta que eso era mucha información para un niño.
—¿Por qué hubo guerra? La guerra es igual a…—no puede terminar la frase, su boca tiembla y termina en un balbuceo.
El caballero se quedó en silencio y eligió bien sus palabras.
—Por nuestro pueblo—el chico giro la cabeza con confusión—. Como te dije, las tierras de Faerghust no son amables con nosotros, los fríos inviernos hace que el pueblo pase meses de hambre constante y lo mismo pasa en Sreng, lo que los lleva a atacar nuestras tierras por recursos. Así que es nuestro deber como caballeros defender a nuestros pueblos de las invasiones y ladrones que nacen del hambre.
El niño mantuvo el silencio por unos segundos antes de responder.
—No hay suficiente para todos—musito.
—Correcto—dijo con sorpresa—. Pero no es nuestra única alternativa. Fuimos a la guerra porque Sreng preparó un gran ejército para un avance sin precedentes, lo que no obligo a atacar de la misma manera, pero queremos cambios. Lo sé, el Rey lo busca. Mejorar las relaciones entre los distintos pueblos de Sreng y Faerghust, abrir un camino para que Sreng pueda comerciar con el resto de Fódlan—está hablando con un niño—, para que la comida llegue a su pueblo. No habrá más paisajes como ese, porque nosotros como los caballeros de Faerghust no permitiremos que vuelva a pasar.
Lo último fue una mentira piadosa, pero es lo mejor para el chico. No necesita la fría verdad, solo una luz de esperanza. Le espera una vida difícil y que al menos sepa que afuera hay personas buscando que aquellos paisajes tan desoladores solo sean excepciones.
El niño no respondió, pero se levantó y camino en dirección al rio, la corriente se ha calmado, por lo que pudo escuchar sus palabras.
—Si fuera un caballero ¿Habría sido distinto? —no es una simple pregunta. Es casi una súplica.
No pudo responder, porque un gritó lo hizo levantarse en dirección a su campamento y múltiples gritos y choques de metal se levantaron sobre el ambiente.
—¡Escondente Shirou! ¡Volveré a buscarte!
Gustave corre para proteger a sus camaradas.
(*)
El niño quedó congelado y el miedo se filtraba en su rostro, cerro los ojos y el fuego volvió. Gritos en su cabeza y en la realidad, como si un martillo golpeara su sien y no pudiera entender donde se encuentra. Cada pestañeo es un cambio, cae de rodilla y tapa sus oídos.
Su cuerpo lo sabe, debe escapar, correr y no mirar atrás. Como lo hizo en el fuego…
Las llamas se desvanecen y el ruido del combate se hace más fuerte. Shirou se levanta y avanza en dirección al combate mientras se oculta entre arbustos.
No le importa hacer mucho ruido, no lo escucharan, por lo que solo se enfoca en que no lo vean.
Su instinto base de supervivencia le dice que retroceda, no puede hacer nada y es lo correcto. Es un niño, pero incluso él conoce sus límites y ahora más que nunca, los conoce. No hará ningún cambio.
Pero no puede huir y dejar atrás a las personas que lo rescataron. Le dijeron que se escondiera, es lo que está haciendo. No lo está desobedeciendo, solamente lo está haciendo a su manera.
Poniéndose en riesgo con facilidad… no es el mejor plan.
Siguió avanzando y se escondió cuando un gritó que conoce muy bien, una vida que desaparece como si nunca hubiera existido. Tan cerca…
El Caballero lo dijo, que mientras los caballeros existan, no se repetiría… quiere aceptarlo como la única verdad. Avanzó y se somo entre las ramas y su mente se puso en blanco al intentar entender lo que estaba viendo.
Lo primero que vio, fue el carro de suministros en llamas. La tela había desaparecido y la madera se cae a pedazo, los caballos habían sufrido un destino parecido. Parpadeo con pesadez.
Otra vez.
Dirige su mirada a los gritos, es a Gustave acertando un hachazo en un hombre. El hombro del hombre se separó de su cuerpo como si fuera una rama endeble e inmediatamente se dirigió al siguiente enemigo que logró desviar el hacha, pero con su gran escudo cuadrado, cayó sobre el hombre, dándole un golpe en la mandíbula y tirándolo a piso, levantando el hacha y dejándola caer con fuerza.
El hombre gimió y dejó de moverse.
Aquel horror no es único, cada hombre y mujer está viviendo su momento de horror.
(*)
Aunque había sido un ataque por sorpresa y que se llevó el 30% de sus hombres, los caballeros no demoraron en tomar formación por órdenes del segundo capitán que armo una escuadra de los hombres con armadura pesada o que llevara escudo para detener el avance de golpe de los bandidos que atacaron con magia de fuego y flechas para crear el desorden y acabar con ellos con facilidad.
Pero son caballeros de Faerghust, aguataron hasta la llegada de su capitán, quien apareció de la retaguarda con hacha de plata en mano, cortando con la brutalidad de un caballo furioso a dos hombres que cayeron entre gritos y terror.
Al parecer, varios de ellos retrocedieron, entre ellos un extraño hombre de ropas negras, que logró dirigir a los hombres que superaron la sorpresa y lo atacaron con espadas mientras el retrocedía, lo que le obligo a tomar defensiva ante la superioridad numérica, recibiendo unos cortes leves que no significaron alguna desventaja. Ya que su escuadrón fue rápido cuando tres caballos en sus monturas llegaron a su rescate empalando a los sorprendidos hombres.
El hombre de negro había desparecido, maldigo y aprovecho para corta a otros tres bandidos y reunirse con sus hombres, que le entregaron un escudo pesado.
—¡Informe!
—Nos atacaron con flechas y magia desde la Noroeste. Los pegasos y los carros fueron los primeros en caer. Apenas nos quedan poco más de cinco caballos. Aparecieron de la nada, ninguno de nuestros exploradores y vigías notaron su presencia hasta el primer ataque.
Gustave analizó la situación, no pensó en como pasaron inadvertido o la razón del ataque, analizó el esquema de su ataque.
Magos y arqueros. No parece un ataque de bandidos, porque no hubieran destruidos los carros, esto es un ataque con el fin de matar, aun así, es extraño. ¿Dónde están los magos y arqueros?
Una trompeta y los hombres desconocidos retrocedieron. Los hombres más jóvenes de su escuadrón dieron un ademan de avance, pero los detuvo con el movimiento del brazo. Esto definitivamente es una trampa.
Espero unos minutos antes de dar una orden, esperando cualquier ataque sorpresa, pero ningún hombre volvió a atacarlos.
Ordeno armar un perímetro y creo una nueva retaguardia y avanzada con los mejores exploradores que le quedaban, lo que se limitó a dos hombres en cada puesto. No podía quedarse aquí, tenían que avanzar los antes posible. Por lo que el mismo se puso a cavar junto a otros hombres tumbas para los caídos. No tenía tiempo para explorar sus pertenencias.
Ordenó a un hombre que fuera a buscar al niño, pero este volvió en menos de un minuto.
—¡Capitán! El chico está aquí, disculpe mi intromisión, pero considero que usted debe hablar con él.
Le miró con un rostro de estatua, el soldado retrocede, pero apunta al chico que se encuentra al lado de un cadáver. El cuerpo de Nat.
Gustave casi maldice y camino hacia el niño que no pareció notar su presencia hasta que se agacho a su altura, levantando la mirada con ojos llenos de sentimientos.
—Shirou… ven, te dije que volvería a buscarte.
—Perdón, pero no pude detenerme…—Miro la pala—¿Puedo? Yo… quiero hacer algo por Nat… no puedo dejarla aquí.
Gustave dudó, pero le entrego la pala al niño.
—Nos vamos en una hora.
Se la paso al chico, el cual comenzó a cavar con dificulta, pero sin ninguna queja lo hizo. ¿Estaba haciendo a un niño cavar una tumba? ¿Cómo es que llegó a esta situación? Se golpearía si no tuviera el deber de organizar a sus hombres. Volvió a buscar una pala mientras daba órdenes y enterraba a sus hombres al mismo tiempo.
Que la diosa cuide sus almas.
Y paso la hora. Logró enterrar a sus hombres, excepto por una. Shirou aún seguía cavando media zanja, por lo que le ayudo y deposito el cuerpo de la sacerdotisa. Lamenta no poder darle una verdadera despedida, una plegaria a la diosa y los hombres continuaron su camino.
Dejaron marcado el territorio para volver a futuro y comenzaron la marcha. Apenas cinco caballos, por lo que tres cuartos de los hombres se movían a pie. Gustave comparte un caballo con Shirou.
El chico se mantuvo en silencio y Gustave respeto ese silencio.
Pasaron por un pueblo, vendieron armamento y armaduras para aligerar el paso, comprando los caballos de los lugareños. No fue fácil comerciar con los locales, aún como caballeros, se acerca el invierno.
Paso otro día y las tropas que lo atacaron no dieron acto de presencia, parecía que aparecieron de la nada y el comportamiento del ataque no deja descansar a Gustave. Parecía más asesinos que bandidos, por lo que mantenía una constante exigencia en los exploradores.
—¿Siempre es así? —pregunto el niño.
—¿Los viajes a caballos? ¿No te gustan?
—No, digo, si me gustan. Hablo… de la muerte—el niño comenzó a temblar—. No recuerdo mi pueblo, pero sus gritos… Nat… ¿Siempre es así?
—Lo que viviste fue una… tragedia inmoral. No hubo un fin o sentido. Por eso existimos los caballeros de Faerghust, para proteger al pueblo y a nuestros seres queridos del caos producido por los corazones heridos.
Pero para Shirou había algo más. Un sentimiento que le carcome por dentro apenas puede entender lo que siente. Es un niño, aun así comprendió el final de las personas a su alrededor. Entendió los resientes sucesos, aunque no entiende la razón de todos estos sucesos.
Levantó la mirada hacia Gustave y observó atentamente su rostro. Su expresión siempre es estoica, puede ser considerada amenazante, pero cuando sujetó su mano. Su sonrisa era hermosa y sus ojos brillaron como estrellas.
Sus ojos opacos ¿Podría brillar como el sol? ¿podría tener una sonrisa tan bonita?
—Yo… ¿Puedo ser un caballero como tú?
El hombre, le volvió a mostrarle su sonrisa.
—Serás un gran caballero Shirou, confía en mí.
(*)
El regreso a Fhirdiad fue tranquilo, demasiado tranquilo para el gusto de Gustave. Sus caballeros están cansados, no les permitió detenerse, manteniéndolos alertas y preparados para un ataque en todo momento, incluso cuando la capital amurallada estaba a simple vista, le comenzó a doler el estómago de los nervios.
En los momentos donde tuvieron que acampar, Shirou le pidió que le enseñara. No tenía una espada para el chico, por lo que le estuvo enseñando posturas básicas de combate. Simples ejercicios de respiración y de mantener la postura, pero el chico se lo tomaba tan enserio que lo dejaba con un ejercicio mientras organizaba a sus tropas y al volver después de dos o tres horas, seguía con el mismo ejercicio.
Cuando le abrieron las puestas, la boca del chico se cayó al suelo. Nunca había visto una ciudad y la capital es una obra 100% humana, desde los grandes muros y las calles pavimentadas. Un laberinto de viviendas en donde los visitantes se pierden con tanta facilidad, que las fuerzas de orden se pasan respondiendo preguntas sobre direcciones tan seguidos, que varias esquinas tienen mapas de la ciudad para guiarse con mayor seguridad.
Agradece que lleva a Shirou en el caballo, porque está seguro de que lo hubiera perdido.
—¿Te gusta nuestra capital? Ahora vivirás aquí.
—¿Aquí? ¿Con tantas personas?
Gustave comenzó a reír.
—Te acostumbrara a la ciudad, no te preocupes. Me encargaré personalmente de que tengas un buen hogar.
Shirou afirmó y siguió embelesado por la ciudad.
Había enviado a uno de sus exploradores por adelante para informar su llegada, por lo que esperaba un recibimiento, pero no esperaba al Rey Lambert y la maga a su servicio, La Santa Cornelia.
Ayudo a Shirou a bajar y se lo entrego a uno de los sanadores de Cornelia para que lo revisara mientras se acerca al Rey con una reverencia.
—Mi Rey y nuestra Santa, es un honor que me reciban.
—Gustave—el Rey sonrió y con cercanía de un amigo, le puso la mano en el hombro—puedes relajarte, estas en casa. Ya he recibido el informe, me disculpo por no enviarte con más hombres y la culpa de los muertos es solo mía.
—Mi señor…
—Ya he dicho, descansa. El viaje ha sido largo, ve donde tú familia por el tiempo que te necesites y cuando estes listo, puedes volver al castillo. Yo escribiré a las familias de los caídos.
Pensó en su esposa e hija. Abrazarlas y comer junto a ellas, el tacto de las manos de su esposa y la voz de su hija. No hay nada más que desee en este momento. Estuvo a punto de aceptar la orden, sus caballeros también se le ha ordenado descansar, pero aún tiene un deber que no ha cumplido.
—Gracias mi señor, pero aún no he terminado mi labor. Tengo un pendiente que debo dejar cerrado.
—Mmm ¿Es tú sentido del deber que no te permite descansar o es el chico rescatado que mencionaron en el reporte?
—El niño, Shirou. Le prometí encontrarle un hogar.
El Rey afirmó y miró en dirección al único niño del grupo que había sido sentado y estaba siendo revisado meticulosamente junto al resto de hombres y mujeres.
—Tenemos los orfanatos, podemos buscar el mejor de Fhirdiad. Diría que me encargaré de la situación, pero veo en tú rostro que no lo aceptaras.
El caballero afirmó.
—Pero—intervino Cornelia—¿No sería muchos problemas para nuestro dulce y confiable Gustave? Debería volver con su familia. Déjamelo a mí, encontrare un buen hogar para él.
Su voz es reconfortante y segura. Ella sonrió con amabilidad y miró al niño con ternura. auténticamente la pareció una buena idea. La Santa que curó a su pueblo, una dama amada por todos es una persona de confianza.
Aun así hay algo que le molesta. No es con sus palabras o actitud. Aunque la Santa no fuera de su gusto personal, era indiscutiblemente la mejor persona para dejar a Shirou.
Miró al niño, que se mantenía la cabeza en alto mientras es impresionado. Un huérfano sin memorias en la capital, sin pasado y un futuro incierto. Puede ser un caballero en el futuro, ha visto dignidad y esfuerzo en el chico, aunque una salpicadura de rebeldía.
Se le encogió el corazón e imagino el futuro del chico muy difícil. Desea entrenarlo, aunque no sea un maestro de la espada, conoce a varios y él podría enseñarle el resto, como el manejo de la lanza y el hacha. Shirou podría aprender las bases de la caballería a su lado. Aunque la mayor parte del tiempo se enfoca en el entrenamiento del príncipe Dimitri y el poco tiempo libre que tiene, lo dedica a su familia.
No había un espacio en su vida para el chico más que alguna visita ocasional.
Se podría decir que es lo que uno puede considerar normal para las condiciones en la que se encuentra, la vida no es fácil y hay muchos huérfanos por el mundo. Sería difícil, pero no imposible para Shirou logra superar los obstáculos que se avecinan y levantarse incluso en la noche más oscura.
Sin memoria, sin familia, solo bajo la luz de la luna.
Cornelia puede conseguirle un buen lugar, en donde sus deseos de levantarse no sean desperdiciados, pero le gustaría verlo.
Desde que sostuvo su mano y agradeció a la diosa que aún respiraba, deseaba la felicidad a la criatura.
¿Era la culpa o el simple deseo que el chico viviera para volver a sonreír?
No lo saber, pero ya llegó a su conclusión. Espera que su esposa le entendiera.
—Discúlpame Santa Cordelia, pero tengo que hacerle una pregunta al chico antes de pensar sobre su ayuda. Ya tengo un lugar para él, me disculpo majestad y Santa, pero tengo asuntos inmediatos.
Gustave avanzó hacia el pequeño que ya había terminado con su chequeo. Se sentó a su lado y aunque había sentido completa seguridad hace un momento, esta desapareció y las palabras no venían.
—¿Pasa algo, Gustave?
El caballero sonrió ante la naturalidad de la pregunta. Le comenzó a llamar por su nombre durante los últimos días y nadie lo corrigió. Le parecía correcto. Tal vez fue esto lo que desapareció toda duda.
—Shirou, tengo que acerté una pregunta —el chico daleó la cabeza—. La señorita que se encuentra al lado de Rey.
—¿Es el Rey? —el niño saltó.
—Si, el Rey Lambert. Lo podrás conocer, pero antes necesito que me respondas una pregunta—Shirou afirmó y esperó—. Como decía, señorita de ahí, es la Santa Cornelia, una mujer muy importante del reino y ofreció buscarte un hogar. Es una mujer de muchos contactos y podrá encontrarte un buen lugar, en donde nunca sentirás hambre. Es una buena opción y tal vez la mejor, pero quiero ofrecerte una alternativa más—respiró solemnemente y lo dijo—. Te quiero adoptar, Shirou.
El pelirrojo no parece sorprendió, cerro los ojos y cruzo los brazos, pensativo.
—Toma tú tiempo, Shirou. Es una decisión que no debes tomar a la ligera…
Levantó la mano y le apuntó.
Estuvo a punto de preguntarle si está seguro, pero el hombre caballero simplemente lo acepto con la hermosa sonrisa parecida al día en que salvó a su hijo.
Nota de Autor:
¡Hola! Espero que le gustara esto. Antes de todo voy a ser sincero, esto es un prólogo, pero no estoy seguro si continuare con esta historia. Fue por un reto personal entre amigos para escribir un crossover.
Igual este fic es un día que llevo teniendo hace años. Shirou y Dimitri son dos de mis personajes favoritos, siempre he tenido esperanzas de un fic en donde interactuaran, hay bastante potencial en una amistad entre ambos.
Tengo unas ideas para el futuro desarrollo, pero al menos que tenga tiempo libre, la seguiré casualmente. Así que no puedo prometer actualización.
