Saludos a todos

Aquí les traigo el tercer capitulo.


Capitulo 3

— Infinite Achilles con un final por salida. Tempest Dragon se lleva el segundo punto —anunciaba el réferi. — la victoria es para Drum Koryu.

— ¡Si!

— ¡No! ¡Aun no termina! ¡Quiero la revancha! —exigió Aiger, mientras recogí por quinta vez a achilles, colocándolo nuevamente en su lanzador. — ¡Estoy listo!

— Eh...

— Finalicemos este combate— ordeno Valt, quien había estado presentado durante el enfrentamiento de ambos chicos. — creo que alguien no esta del todo concentrado este día.

— ¡Pero si estoy concentrado Valt-sempai!

— No me refería a ti Drum. —decía Valt, señalando al mismo tiempo a Aiger. Después que el peliazul diera aquella orden los tres chicos caminaron rumbo a la salida, sin embargo antes de que Aiger siguiera sintió como Valt lo detuvo de su hombro. — Adelántate Drum, tengo que hablar con Aiger un momento.

Dicho eso, el chico rubio se retiro. una vez que este se fue Aiger se soltó del agarre de Valt y giro a verlo con una expresión molesta.

— No tenias que finalizar el combate. —le reclamo.

— Quizás no habría sido necesario si alguien no anduviera distraído. — le respondió el peliazul.

Desde hace dos días, Valt y algunos otros de sus compañeros comenzaron a notar que el chico no estaba del todo concentrado durante los entrenamientos, lo que generaba en ocasiones que Aiger no pudiera dar el 100%.

— ¡No estaba distraído!

— Dime entonces. Porque cuando tuviste la oportunidad de sacar a Drago del estadio no lo hiciste.

— Eso fue... —pensando en una respuesta, pero no se le ocurría ninguna. — sabes algo ¡No importa! necesito tomar algo de aire. — antes de que Valt dijera algo más, Aiger había salido corriendo de ahí.

— ¿Ahora que tendrá? —pensó Valt.

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Se podía escuchar el sonido de las olas chocar contra la arena de la playa, era uno de esos días en los que había buen clima en la ciudad. Muy cerca de ahí, dos niños se encontraban caminando y conversando entre ellos.

— Si que el mar en esta ciudad se ve increíble. — comento Naru.

— También pensé lo mismo cuando llegue aquí — decía el pelirrojo. — en nuestro otro hogar no había una playa, así que cuando mi familia se mudo a esta ciudad, tanto Hikaru como yo nos sorprendimos de ver lo grande que se ve. Además, descubrí que la arena de esta ciudad se siente muy suave.

— En eso tienes razón. — le respondió Naru. — por cierto, el combate que tuviste con Silas ayer fue increíble, se nota que has estado mejorando.

— ¡Tu crees! — decía Hyuga con emoción —, quizás tienes razón, aunque las primeras veces que lo enfrente el terminaba ganándome. Lo bueno es que los ataques que hago con Hyperion son muy efectivos

— Mm... quizás no deberías lanzarte atacar solo porque si, es decir se que te funciona pero también debes pensar muy bien en tu estrategia.

— Si... ya me lo a dicho Hikaru y Honcho-sempai. —decía el niño. — Pero es que, cuando estoy en la batalla no puedo evitarlo, la emoción es tan gran que puedo sentir que ganare.

— jeje, eso no es malo. —respondió Naru. Cuantas veces no había visto a su hermano hacer lo mismo que hacia Hyuga en combates. — si te sirve de consejo, date un tiempo para pensar muy bien en una estrategia y recuerda, no siempre atacar funciona, existen otras formas de vencer a tu rival.

Ante el consejo que le dio Naru, este se quedo en silencio. sabia que todo aquello que le dijo era cierto, si quería obtener la victoria debía de analizar y pensar muy bien en su estrategia, eso podría ayudarlo de cierta manera a salir de los problemas que tenga durante el combate. No cabía duda que Naru era una niña lista.

Días después de que la peliceleste llegara a la ciudad, el niño había querido volver a platicar con ella, ambos se había llevado muy bien aquella ocasión que hubo varios otros temas que no tuvieron oportunidad de charlar. Sin embargo esto no fue posible para Hyuga, ya que sus responsabilidad con los Bombers y con su familia eran muy importantes, además lo más seguro es que Hikaru no lo dejaría saltarse el entrenamiento solo para ir a platicar con ella.

Sin duda había sido una suerte que aquella ocasión su maestro Rantaro les propuso ir a la sede a tener un entrenamiento con las leyendas. No fue sorpresa para el ver que la peliceleste se encontraba presente durante el entrenamiento, ya que también se encontraba Aiger.

Hyuga aun seguía sin creer que Naru fuera hermana de Aiger Akabane, uno de los bladers más fuertes e invencibles de todos (según palabras de Hikaru). Eso sin duda era algo sumamente increíble, y no era de esperarse que Naru le contara muchas cosas geniales sobre este.

Habían estando tan entretenidos con su conversación aquella vez que Naru le propuso ir a una de las terrazas de la sede, a lo que el acepto, y sin que nadie se diera cuenta ambos se marcharon de ahí. Fue a partir de ese día que ambos niños se volvieron en muy buenos amigos.

— Oye Hyuga, ¿te encuentras bien? — le pregunto Naru algo preocupada. — te quedaste callado luego de lo que te dije, si no te convence no es necesario que hagas caso a mi consejo.

— Eh, no, no claro que no, de hecho creo que es un buen consejo. — le respondió el pelirrojo. — lo podre aprueba un día de estos.

— De acuerdo, por cierto quería presentarte a alguien. — dijo la niña. En ese momento Hyuga se percató de la pequeña caja de cartón que tenía entre sus manos.

— Ya me preguntaba porque cargabas con una caja desde la mañana. — decía el pelirrojo.

— Entonces te preguntarás que es lo qué hay en ella.— le respondió Naru. En ese momento removió la tapa que cubría aquella caja de cartón, Hyuga aprovecho para acercarse a ver que era lo que había.

— ¡No puede ser! pero si es muy kawai! — expresado con emoción el niño viendo como un pequeño erizo se removía dentro de aquella caja. — un erizo, ¿Como se llama?

—Aún no lo se. — le respondió la peli celeste. — pensé que entre los dos podíamos pensar en algún nombre.

—¿Enserio? mm... —poniendo una pose pensativa. — Ya, que tal Charlie.

—¿Charlie? no se oye mal. —decía Naru.

— Por cierto, ¿donde lo encontraste? — le pregunto el niño.

—Te acuerdas de ese refugio de animales que descubrí hace tres días, pues resulta...

Así fue como nuevamente iniciaron una de sus típicas conversaciones.

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— Y eso es lo qué pasó... —termino de contarle a Aiger a Ranjiro. Después de haber salido corriendo de la sede, el chico había ido a hablar con un de sus mejores amigos.

— Bueno, en vista de lo que acabas de contarme y como soy uno de tus mejores amigos, es mi deber decirte... que estas exagerando.

— ¡¿Que estoy exagerando?! acaso no escuchaste lo que te dije! ambos se estaban riendo juntos. — decía Aiger molesto. — obvio que están saliendo, que otra prueba quieres capi.

—Te escuche muy claramente —le dijo el rubio. — desde mi punto de vista, lo único que veo es que solamente se trata de dos niños riéndose, ni siquiera se ve como lo que te dijo ese sujeto.

— Si pero...

—Escucha —lo interrumpió de nuevo Ranjiro. — entiendo que armes todo este escándalo porque se trata de tu hermana menor y te importa, pero pienso que estas malinterpretando las cosas. Ademas que tiene de malo que tu hermana salga con un niño, en algún momento tendrá que conocer alguien que, no lo se, le gu...

— ¡Ni siquiera lo digas! —lo interrumpió Aiger. — tu no lo entiendes capi, Naru es mi hermanita, ella es una niña buena y amable, no quiero que ande con algún niño que se aproveche de ella.

— ¿Y tú piensas que Hyuga sería un niño que se aproveche de ella?

— No, pero...

— Entonces, yo no veo ningún problema. — decía el chico rubio. — el único problema que veo con ese niño es que ni aunque tengas 20 despertadores vas a hacer que se despierte. De hecho me sorprende como tu hermana se lleva bien con alguien tan flojo como el.

— ¿Crees que entonces exageró? —le pregunto Aiger.

— Un poco. — le respondió Ranjiro. — aunque velo de esta manera, tu hermana al fin tiene un amigo de su edad con el que comparte cosas en común, deberías sentirte feliz.

— Supongo — decía el chico del cabello marrón. — sabes que creo?

— ¿Qué?

— Creo que no importa cuanto lo intente, sigo creyendo que tienes peinado de escoba. — diciendo con una sonrisa burlona.

— ¡Lamentarás haber dicho eso! tengamos una batalla bey ahora!

Entonces ambos chicos prepararon sus beys, listos para la batalla.

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Luego de haber pasado todo el día entre risas y juegos, Naru regresaba a la sede acompañada de Hyuga, el cual estaba entretenido jugando con el pequeño animalito.

— Jejeje, Charlie hace cosquillas — decía el niño mientras el erizo olfateaba su oreja.

— ¡ Oh no! — dijo de la nada la peliceleste.

— ¿Que pasa?

— Como pude olvidarlo, en la sede no permiten animales. — decía Naru preocupada. — no voy poder entrar con Charlie.

— ¡Lo tengo! — dijo el pelirrojo. — porque no dejas que Charlie se quede conmigo y mañana venimos a verte.

— ¿Estas seguro? — le pregunto la niña. — ¿que vas a hacer con tu hermano, creí que dijiste que le tiene miedo a los erizos?

— No te preocupes por eso, me encargaré de que Hikaru no sepa de él. — le dijo el niño. —te lo prometo.

—Enserio? ¡Muchas gracias! —agradecido Naru para segundo después abrazar al pelirrojo.

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Luego de un par de batallas bey, Aiger y Ranjiro caminaban de regreso a la sede, al final para Aiger había sido un método muy útil para relajarse.

— Debo reconocerlo, has mejorado.

—¿Que te puedo decir? una leyenda como yo debe ser siempre el mejor.

— Si, si tampoco te... —quedándose callado abruptamente.

— mm... ¿Qué pasa? —volteando a ver a la dirección de Ranjiro. Fue entonces que vio aquella escena, Naru, su hermanita, estaba abrazando a Hyuga.

Aiger Akabane no sabía porque, pero dentro de él lentamente comenzaba a brotar en él un sentimiento de ira, aunque más que nada enojo, si eso debía de ser. Así mismo no sabía porque de pronto tenía la necesidad de querer ahorcar a ese niño de cabello extrañamente parecido al de un bambú rojo.

— Eh amigo, recuerda lo que te di...

¡¿QUÉ RAYOS ESTÁN HACIENDO USTEDES DOS?! —gritó con enojo Aiger a ambos niños, los cuales voltearon asustados al verlo. — ¡¿Y BIEN!?

—¡Aiger no grites! vas a llamar la atención de todos —decía Naru quien vio como ademas de su hermano, también se acercaban Valt y Rantaro.

—¡No me importa los otros! ¡Quiero que me digan ustedes dos en este momento que estaban haciendo?! —exigió saber de nuevo Aiger.

— Eh, bueno... nosotros

— ¡Estábamos saliendo! —respondió Hyuga.

—¿Qué? — dijo Naru.

—¡¿Qué?!— Ranjiro.

—¡¿Qué?! — Valt y Rantaro.

¡¿Quééé?! — grito Aiger en shock.


Solo les puedo decir.

Ese compa ya está bien muerto, solo no se lo han dicho v: