Saludos

En esta ocasión les traigo una historia con un personaje del cual no esperaba escribir, antes de que comiencen a leer les aclaro que esta historia contendrá a un persona OC por lo que si no están acostumbrados a este tipo de personajes los invito a leer otra de mis historias, quizás encuentran alguna que les guste.

Ya sin más que decir nos leemos al final.


Never gonna give you up

..

— Así que... ¿Te caíste de nuevo mientras lanzabas? — le pregunto al chico. Este elevo sus hombros despreocupado.

La chica exhalo cansada.

— De acuerdo iré a buscar algunas vendas al estante.

Dejo al chico sentado en la camilla y se fue a buscar las dichosas vendas al gabinete que había en la enfermería. Mientras buscaba las vendas, la chica se preguntaba como era posible que un chico como él se accidentara tanto, es decir, prácticamente esta era la quinta vez en dos semanas que venia a parar a la enfermería.

No era posible que alguien fuera tan descuidado, más aún cuando se trataba de alguien que se dedicaba a un deporte como lo era el beyblade.

Tras encontrar el material que necesitaba la chica regreso junto al chico, el cuál se veía bastante tranquilo para haberse torcido la muñeca derecha.

Una vez estuvo frente a este, tomo su mano y pacientemente comenzó a vendársela.

— Entonces... — dijo el chico. — ¿Estas trabajando doble turno?

— Más o menos — le respondió. La chica seguía concentrada en la tarea que estaba haciendo. — solo estoy cubriendo a mi tía mientras esta en su hora de almuerzo. Yo acepte porque pensaba que no iba a ocurrir nada mientras no estaba ella, pero al parecer ese no fue el caso.

La chica continuo vendado la mano del chico hasta que luego de un par de minutos termino. Una vez concluida su tarea, tomo el rollo de venda restante y se dirigió a guárdalo. Pero antes de siquiera moverse sintió que alguien la sujeto del brazo.

La chica volteo hacia atrás y le sorprendió ver que aquel chico la estaba sujetando con la mano que estaba vendada.

— Hacer eso te puede lastimar más la mano.

— Escucha, necesito hablar contigo — le dijo. En ese momento la chica volteo a verlo completamente.

— Silas, ya te lo había dicho. No me interesa salir con alguien ahora.

— Ya lo sé, me lo dijiste el viernes pasado que vine por el dolor de estomago — respondió el peliverde.

— Si... dolor de estomago — dijo. —, sabes, ayer que fui a pedir un jugo de naranja a la cafetería, te vi muy animado comienzo pizza con tus amigos —. El peliverde a lado suyo se puso algo tenso. —, curioso que tu estomago se haya sanado tan rápido, luego de que me dijiste que no podías digerir bien los solidos.

— B-Bueno eso..

La chica se aparto unos pasos del peliverde.

— Mira, creo saber que es lo que estas buscando cada vez que vienes aquí a la enfermería a verme y mi respuesta sigue siendo no — le dijo al chico.

— Entiendo.

El peliverde se levanto de la camilla, la chica lo observo irse hacia la puerta así que supuso que este se marcharía.

Antes de que tocar la perilla, Silas se detuvo.

— ¿Quién fue? — le pregunto a la chica.

— ¿Disculpa?

—¿Quién fue el tipo que te lastimo? — volteando a verla. La chica lo miro confundida. — Escucha, no soy un sujeto sensible ni nada por el estilo, de hecho puedes preguntarles a los que me conocen — comenzó a decirle. —, pero hasta alguien como yo se ha dado cuenta estos días que he venido a este lugar, que no quieres salir conmigo o con alguien más, porque piensas que puede ser igual al idiota, con el que supongo que saliste ¿o me equivoco?

La chica al otro lado se quedo cayada. Jamás pensó que el chico descubriera ese hecho.

— Te recomiendo descansar una semana tu mano derecha, pero si quieres seguir practicando beyblade usa tu otra mano, aunque yo no lo haría — le respondió cortamente para luego darle la espalda al chico.

No supo cual fue la reacción del peliverde, pero al escuchar la puerta ser azotada supuso que el chico se había ido molesto. La chica volteo ligeramente a ver hacia atrás y tras comprobar que estaba sola, se sentó abrumada en una de las camillas de la enfermería.

Desde que veía aquellos programas sobre doctores y enfermeros en la televisión a los 7 años, a Mónica le llamaba mucho la atención ser doctora cuando fuera grande. Obvio que sabía que la vida de medico no era igual a como lo pintaban en la televisión, eso se lo dijo su tía quien era enfermera. Independientemente de aquello su curiosidad y deseos por aprender sobre medicina seguía latente en ella.

Así desde pequeña y gracias a la ayuda de su tía, Mónica comenzó aprendiendo primeros auxilios para así conocer un poco sobre el ámbito medico. Al mismo tiempo mientras aprendía con la practica, también se daba el tiempo de investigar por medio de los libros y algunos artículos en internet.

A pesar de que sus notas no eran las más destacadas en la escuela, tenia un promedio aceptable.

Algunos de sus compañeros la consideraban como una clase de cerebrito pero estaba algo lejos de serlo. Si, a ella le gustaba estudiar sobre medicina, pero también disfrutaba mucho salir a algún lado con sus amigas y pasar un buen rato.

Ella no se consideraba una chica que destacara del resto de las que había en la escuela, a decir verdad, su vestimenta era de lo más común. Además a diferencia de las chicas populares, ella no presumía de una buena vista, por lo que siempre llevaba consigo unos lentes, no tan grandes, pero que si requería para poder ver bien.

Debido a que no destacaba en lo absoluto, le pareció extraño que un día, estando en su casillero un chico que era considerado como uno de los mejores deportistas de la escuela se acercara a hablar con ella.

Al principio no sentía mucha confianza de hablar con él, pero luego de varios encuentros al rededor de la escuela, aquel chico termino por agradarle.

Conforme paso el tiempo ese chico comenzó a gustarle, así que un día tomo el valor de hablar con él y confesarle sus sentimientos. Para su suerte aquel chico le correspondió sus sentimientos y ambos terminaron por hacerse novios.

Todo iba muy bien para ella.

Hasta que su novio la invito a aquella cena con sus padres.

A diferencia de ella que venia de una familia común, su novio venia de una familia adinerada, por lo tanto sus padres tenían algo de control sobre la vida social de su novio. Así que cuando este la presento frente a sus padres, sintió en ese momento el rechazo de estos.

El padre de sus novio parecía no darle mucha importancia a su presencia, pero su madre era algo diferente. Desde que vio como se sentó en el comedor a cenar junto a ellos, aquella mujer parecía incomodarle que ella estuviera ahí.

Reafirmo ese pensamiento al asomarse en una ocasión a la cocina y escuchar como aquella mujer le decía a su novio, que había chicas más bonitas y agraciadas que ella. Al ver que no era aceptada por la familia de su novio pensó que quizás este terminaría con ella en algún momento.

Pero no fue así, su novio siguió firme en que la amaba y eso la hizo feliz.

Lastimosamente nunca supo que aquella mujer estaba tramando un plan a sus espaldas.

En algunas de las reuniones que tenían ellos con sus amigos, en varias ocasiones algunas chicas se le acercaban a su novio para coquetearle. Una de ellas era una chica de cabello largo rubio, la cual formaba parte del comité escolar y quien "casualmente" siempre era invitada a las mismas reuniones que ellos.

No hizo falta que pensara mucho para intuir que aquella chica iba a esas reuniones para hablar con su novio y así llamar su atención. Obviamente su novio no le prestaba la atención que la chica quería y regresaba a lado suyo.

Entonces llego el tan rumoreado baile de primavera, esa noche había ido con un vestido de color verde y unos tacones no tan altos. Cuando ambos llegaron cada quien fue a hablar con sus amigos.

Tras varias horas la chica tuvo el deseo de bailar en la pista con su novio así que fue a buscarlo con sus amigos, al llegar con estos le dijeron que no habían visto a su novio desde hace rato, confundida por la situación decidió buscar a su novio por toda la escuela.

Luego de buscar prácticamente por todo el lugar, llego hasta el área de las canchas en donde vio a lo lejos a dos personas conversando cerca de una malla. Camino hacia ellos para preguntarles si habían visto a su novio y cuando los enfoco mejor, se quedo quieta en su sitio al ver que se trataban de aquella chica rubia y su novio, los cuales parecían estar muy a gusto besándose.

Mónica consiguió reaccionar a tiempo y fue a reclamarle a su novio sobre lo que estaba pasando. Este evidentemente negó lo que estaba haciendo con aquella chica, obviamente no le creyó en lo absoluto y se fue molesta y triste de ese lugar.

Creyó que su novio ría a buscarla después para disculparse y explicarle la situación. Pero para su desilusión eso jamás paso.

Tras varios días se entero que este estaba saliendo con aquella chica rubia lo que la hizo sentirse peor. Una tarde en la biblioteca una de sus amigas le conto que aquella chica con la que salía su ex novio era hija de una mujer dueña de una boutique famosa, y de la cual supo que la madre de su ex novio era muy buena amiga de esa mujer. Eso la hizo darse cuenta que aquella mujer había tenido algo que ver con su rompimiento.

Después de esa mala experiencia que tuvo Mónica decidió olvidarse de los chicos y enfocarse nuevamente en sus investigaciones sobre medicina.

Había pasado un año desde aquel incidente. La chica consiguió pasar todas las materias del periodo, así que tenia un mes entero para disfrutar de sus vacaciones. Durante ese tiempo su tía había cambiado de trabajo, ahora en lugar trabajar en un hospital, le habían ofrecido trabajar como enfermera en una especie de club para deportistas.

Al ver que ella estaría de vacaciones, su tía decidió invitarla a trabajar con ella en la enfermería de aquel club. Mónica al ver que podría poner en practica sus conocimientos en el área acepto la propuesta de su tía.

Grande fue su sorpresa al ver que aquel dichoso club era nada más ni menos que BC Sol. Gracias a los medios y a sus amigos, sabía que ese sitio era una especie de club muy importante en donde entrenaban los jugadores de beyblade, juego que obviamente no era tan desconocido para la chica.

Sin duda trabajar en ese sitio sería algo bueno para su futuro curriculum.

Tras instalarse junto a su tía en la enfermería, la chica espero con ansias a su primer paciente. Lamentablemente eso no ocurrió al principio, habían pasado varios días en ese lugar y parecía que nadie iba a visitar ese lugar.

Hasta que llego el día, mientras su tía le estaba explicando sobre los tipos de jeringas, tres chicos llegaron a la enfermería. Dos de ellos parecían estar llevado al tercero cargando, luego de una breve indicación por parte de su tía, los chicos dejaron al otro chico en una de las camillas.

Al parecer y según explico uno de los que intuyo eran amigos del chico inconsciente, habían estado corriendo por el pasillo y sin darse cuenta, su amigo había resbalado debido al piso húmedo, por lo que se dio un golpe en la cabeza y había quedado inconsciente.

Tras aquella explicación algo sospechosa Mónica se acerco al chico que estaba en la camilla para revisarlo. A decir verdad, a pesar de verse en las mejores condiciones, aquel chico era algo atractivo.

Sacudió su cabeza para despejar aquellas ideas que no venían al caso y volvió a su trabajo. Luego de un par de minutos aquel chico comenzó a moverse y tratar de levantarse. Por lo que la chica lo ayudo a reincorporarse, mientras lo ayudaba aquel chico alcanzo a verla.

Y por algún extraño motivo se sorprendió al verla.

Después de una hora y media revisando que aquel chico no tuviera lesiones graves por aquella caída, al final su tía y ella comprobaron que no tenia nada grave y decidieron darlo de alta. No sin antes decirle que tuviera más cuidado la próxima vez.

Mientras su tía había salido a llevarle a la dueña del club un reporte del estado de salud del chico, tanto este como Mónica se quedaron conversando en ese lugar.

— Así que eres nueva por aquí.

— Algo así, estoy ayudando a mi tía mientras estoy de vacaciones — le respondió. —, si no es algo incomodo de mi parte, ¿Quisiera saber como fue que te caíste? es decir, tus amigos nos dijeron que resbalaste por el piso húmedo.

El chico se rasco la cabeza.

— Pues si fue por eso.

— ¿Y porque estaban corriendo? ¿Acaso estaban practicando para un maratón?

— Ah claro que no, lo que paso fue que esos idiotas comenzaron a sacarme de mis casillas por su discusión ridícula sobre el pan —respondió el chico.

— Entonces... supongo que querías que se callaran y comenzaste a perseguirlos por todas partes hasta que diste por un pasillo húmedo y te resbalaste.

— Sabes cuando lo explicas de esa manera suena ridículo.

— Pues la verdad lo parece — respondió la chica. —, deberías ser más paciente, sobre todo con esos amigos que tienes. He de suponer que a de ser difícil para ti aguantarlos la mayor parte del tiempo, pero estoy segura que agradeces tenerlos cerca.

— ¡Patrañas!, son unos latosos.

La chica se rio un por aquella respuesta.

— Latosos o no, tampoco les ha de ser sencillo a ellos aguantar el carácter amargado que tienes.

— Curioso que digas que soy amargado, considerando que hace un momento te reíste por lo que dije — le dijo el chico mostrando ligeramente sus dientes.

— Quizás, pero soy enfermera así que debo llevarme bien con los pacientes — respondió la chica.

Extrañamente para Mónica, aquel chico empezó a caerle bien. No sabía si era por sus gestos algo hurañas que hacia en ocasiones, su altanería cuando le contaba que era uno de los mejores bladers de BC Sol, su inusual sonrisa que se parecía a la de un tiburón o su nada desapercibido abdomen, a lo que la chica se preguntaba si aquel chico no sentiría algo de frio de solamente llevar puesto un chaleco.

— Bueno Doc, gracias por esta interesante charla. Si me disculpa tengo que ir a arreglar cuentas con un par de latosos — le dijo aquel chico.

— Lo mismo digo. Y por cierto esta doc tiene nombre, me llamo Mónica.

— Pues este paciente también lo tiene, mi nombre es Silas Karlisle — dijo el chico con una de sus habituales sonrisas.

Fue de esa manera que Mónica conoció al paciente más descuidado e insistente que tendría en toda su vida. Si bien, Silas no aparentaba verse como alguien que fuera propenso a accidentarse, le sorprendió descubrir que realmente lo era.

Desde que ambos se conocieron varios fueron los días en los que aquel chico de cabello verde visitaba la enfermería. Durante esas visitas Mónica se encargaba de atenderlo ya que dichos "accidentes" que el chico tenia no eran tan graves, así que ella podía atenderlo sin problema alguno.

Durante esas visitas que hacia el peliverde, se daba el tiempo para que ambos pudieran conversar y conocerse un poco más. Ella le había contando a él sobre su gusto por aprender medicina, escuchar música de loa 80's, su comida favorita, entre otras cosas.

Igualmente el chico le había platicado a ella sobre su hobbie.

— Pues para serte sincera no veo que sea tan complicado lanzar un bey — le dijo la chica. —, no entiendo que necesidad hay de hacer un lanzamiento tan complejo, es decir, creo que he visto a uno de ustedes correr y luego sostenerse con un brazo para después saltar y lanzar. ¿enserio es necesario hacer todos esos movimientos?

— Aunque no lo creas Doc, todos esos movimientos influyen bastante — dijo el peliverde. —, no solo es lanzar un bey y ya, es encontrar tu propio estilo, una vez que lo tienes termina importándote poco lo que piensen los demás.

— ¿Y tu harías un lanzamiento como el de ese chico? es decir, correr y después...

— ¡Bromeas! ni que fuera un mono — respondió Silas. — ese chico hace ese lanzamiento porque le encanta llamar la atención.

Entre esos y muchos otros temas eran los que tenia con aquel chico. Aunque no solamente platicaban de gustos y hobbies, la chica también llego a compartir algunas cosas en común con el peliverde.

— Creo que ya esta — dijo. Guardo el rollo de cinta en su bolsillo y luego le entrego al chico sus gafas. —, años usando gafas y me sorprende que nunca consideraras llevar un rollo de cinta adhesiva por si en algún momento llegabas a romperlas.

Esa tarde se había topado con el chico afuera de uno de los edificios de BC Sol, al parecer este había roto por accidente las gafas extrañas que siempre usaba.

— Porque nunca me había pasado, bueno, no desde los 8 años, cuando cambie de gafas — dijo Silas.

— ¿Y porque cambiaste de gafas? ¿Acaso también se te rompieron?

El peliverde negó con la cabeza.

— Fue por cuestiones estéticas — respondió. —, antes usaba unas gafas algo más normales y algunos chicos de mi barrio me molestaba por mi apariencia. Así que decidí mejor cambiar de estilo. Además con esas gafas no llegaría a intimidar a alguien como si lo hago con estas que uso.

Conforme siguieron pasando los días tanto Mónica como el peliverde comenzaron a acercarse más. Sin darse cuenta aquellas visitas que hacía Silas a la enfermería eran una escusa para pasar tiempo con ella, visitas de las cuales la chica no tenia ninguna queja.

Sin embargo Mónica sospechaba que tarde o temprano, esa relación de amigos que tenia con el chico escalaria a un nivel más alto.

— Te aconsejo que no cargues mucho el estomago, la pastilla que te dimos te va a ayudar a aliviar el dolor pero no hará el efecto deseado si comes algún alimento pesado...

— ¿Tienes planes para este sábado?

— ¿Eh? — la chica volteo a verlo. —, bueno la verdad no...

— ¿Te gustaría ir al cine conmigo el sábado? — dijo el peliverde. —, no soy mucho de ver películas pero por ti puede hacer la excepción.

— Silas, yo no creo que deberíamos salir — respondió la chica. — , agradezco tus intenciones pero no estoy interesada ahora en salir con alguien.

—¡¿Qué?! ¿Por qué? — exclamo el chico. —, aguarda, no me digas que tienes novio.

—¡No! claro que no — respondió inmediatamente Mónica.

— ¿Entonces? ¿Por que no quieres salir conmigo?

Afortunadamente para ella su tía le dijo que tenia una llamada de su madre, así que dejo al chico para ir a atender aquella llamada.

Después de aquel ultimo encuentro con el chico, este no volvió a visitarla a la enfermería. Una parte de ella se sentía aliviada por ese hecho, pero también se sentía mal por haberlo rechazado.

No es que la idea de rechazar a Silas le gustara, a decir verdad, aunque le costara admitirlo, ese chico había conseguido hacer lo que jamás pensó que pasaría de nuevo, enamorarse. Porque sí, se había vuelto a enamorar. Y de otro sujeto que es deportista, vaya ironía. Aunque Silas era mucho mejor que su ex en más de un sentido.

Dejo de observar por un momento la vista desde aquella edificación y decidió volver de regreso con su tía a la enfermería.

— "We're no strangers to love" "You know the rules and so do I"

Mónica se detuvo en medio de las escaleras. Al ver hacia abajo se dio cuenta que recargado cerca del marco de la entrada se encontraba el peliverde. Este la observaba con una de sus características sonrisas.

— " A full commitment's what I'm thinking of" — continuo cantando el chico. — "You wouldn't get this from any other guy" "I just wanna tell you how I'm feeling... Gotta make you understand"

La chica seguía de pie en las escaleras. Al ver que no se movería el chico decidió acercarse poco a poco hacia donde estaba.

A pesar de que la mente de Mónica le decía que se moviera, su corazón parecía decirle lo contrario. Sin darse cuenta del tiempo, en un instante Silas ya se encontraba enfrente de ella.

— "Never gonna give you up" "Never gonna let you down..."

— ¿Qué acaso esa no es la letra de una canción? — dijo después de un rato.

— Ah, entonces si conoces esa canción.

Hubo un breve silencio.

— Escucha, quizás no me vea como el mejor tipo del mundo, de hecho me has conocido estos días y sabes que tiendo a ser algo creído en ocasiones...

— ¿Algo? — agrego la chica.

— Bueno siempre, el punto es. Qué a pesar del carácter que tengo no soy realmente un mal tipo, es más incluso te confieso que de cierta manera aprecio a mis amigos, aunque me saquen de quicio en ocasiones — le dijo el peliverde. — No te negare que si he conocido a otras personas, pero en ninguna de ellas la relación ha ido más haya. Cuando desperté aquella vez en la camilla, al verte me dejaste de cierta manera sorprendido, te veías como una chica linda.

— ¿Aunque use lentes?

— Ese detalle me importa poco — respondió Silas. —, con ellos o sin ellos, eso no quita que sigues luciendo bien.

La chica no sabía que decir, siendo sincera el peliverde sabía como hacerla sentir halagada.

— Quiero que me des una oportunidad. A estas alturas con lo que te he dicho ha quedado más que claro que me gustas en más de un sentido.

Aquello sonaba tan irreal para la chica. Suspiro.

— El otro sujeto me dejo y jamás me dijo porque... — le dijo al chico. — ¿Cómo se que tu no harás lo mismo si esta relación no funciona?

El peliverde sonrió con arrogancia.

— Eso es fácil — la chica sintió el rostro del chico cerca de ella. — , yo no soy ningún cobarde.

Tras decir aquellas palabras ambos chicos compartieron uno de los muchos otros besos que tendrían a partir de ese momento.

..

..

Fin


Hace mucho tenia la idea de escribir algunas historias con personajes de los cuales no estoy tan acostumbrada a escribir y se me vino a la mente escribir algo del personaje de Silas. Al final salió esta idea.

En fin, gracias por leer nos vemos en otra de mis historias, chau!