Hey Arnold no me pertenece
Mientras ella dormía
No había podido dejar de mirarla y eso lo molestaba tanto. Se notaba a simple vista que, por una u otra razón, ella no había dormido bien y ahora se estaba quedando dormida en clases.
—¿Había visto un maratón de luchas? ¿Se la pasó jugando videojuegos? ¿o acaso fue culpa de Olga? Solo tenía que preguntarle para saber. Claro, si eso fuera tan fácil. Seguramente si le preguntara por qué tenía tanto sueño, solo le gritaría. ¿Por qué era así con él? Si ella en realidad lo amaba, estaba seguro de eso, aunque intentara ocultarlo.
Al finalizar las clases, vio cómo se recostó en su pupitre, mientras los demás se iban a sus casas, dejándola atrás. Ese detalle también lo enojaba mucho. ¿Por qué nadie se fijaba en ella? En realidad, ella no era una mala persona.
Prefirió quedarse de último para pensar qué hacer, pero el señor Simmons lo notó.
—Parece que se quedó dormida.
—Sí, la despertaré para que vaya a casa.
—De acuerdo, voy a llevar algunas cosas a la sala de maestros y regresaré a cerrar el salón mientras la despiertas. La dejo en buenas manos.
Arnold miró con recelo a su profesor. ¿A qué se refería exactamente con eso?
Cuando los dos niños se quedaron a solas, Arnold se sentó en el pupitre delantero de Helga y simplemente se sentó allí a mirarla. Ella era bonita al natural, no necesitaba realzar su belleza con maquillaje y verse más madura. Estaba bien tal y como era. Aún si era un poco ruda y tenía mal genio. Eso de hecho, la hacía interesante. No era para nada aburrida, se había dado cuenta que con quien mejor la pasaba era con ella.
Si alguien lo viera así, mirando a Helga con una sonrisa de enamorado le dirían que estaba loco de remate. Muy loco…y probablemente lo estaba, de hecho, sabía que ya no había vuelta atrás, estaba total e irremediablemente enamorado de Helga G. Pataki. Incluso lo gritaría a los cuatro vientos, pero para ello primero se lo tenía que decir a ella.
Observó cómo se movía un poco en su asiento y sonreía.
—Arnold…—susurró.
El niño no pudo evitar sonrojarse, ella lo había llamado en sueños.
Sabía que debía despertarla, pero realmente no quería. Probablemente le gritaría y se iría corriendo. Odiaba cuando intentaba alejarlo, aunque él solo quería estar a su lado, pero si no lo hacía, el profesor Simmons regresaría a cerrar el aula y pronto cerrarían la escuela y no quería quedarse allí atrapado hasta el día siguiente.
—Helga…—llamó—, Helga despierta.
La niña comenzó a parpadear aún adormilada.
—¿Despertaste?
—¡¿Arnold?!—gritó con ese tono de voz que siempre utilizaba cuando chocaban por las calles.
La chica tuvo tal susto que casi se cae de la silla, pero por suerte Arnold la sostuvo del brazo a tiempo, aunque la soltó enseguida, para no tener represalias por tocarla sin permiso.
—Tranquila, solo te quedaste dormida, hay que irnos antes de que cierren la escuela.
—¿Me quedé dormida?
Al darse cuenta de que esa parecía toda la verdad, casi corrió de la escuela, pero Arnold logró seguirla, no confiaba en que no se quedara dormida en otra parte.
—¿Por qué aun me sigues? —le gritó al darse cuenta de su presencia.
—Qué tal si te quedas dormida otra vez, mejor veré que llegues a casa, pero por cierto, ¿no dormiste bien anoche?
—¿Acaso eso te incumbe?
—Recuerda que fui yo quien te despertó, digamos que lo único que quiero a cambio por ello, es que me digas por qué no dormiste bien.
—Me quedé despierta viendo un maratón de las mejores luchas del año, ¿de acuerdo?
Había obtenido una respuesta bastante creíble, pero Helga no lo miraba, al contrario, le huía a su mirada, ¿estaba mintiendo?
—¿Segura? Yo creo que mientes.
Helga lo miró con horror. Él tenía razón, había estado muy inspirada la noche anterior y se la había pasado escribiendo poemas y poemas sobre él hasta muy tarde.
—Já, y si así fuera, ¿qué?
—Simplemente me gustaría saber si fue por mí.
Helga se detuvo en seco.
—¿Por ti? —rio de mala gana—, como si yo hiciera las cosas por ti.
—Vamos Helga, sabemos que muchas cosas las haces por mí.
—No te lo creas tanto—gruñó.
Ella siguió caminando rápidamente, no quería seguir esa conversación.
—¿Acaso estás huyendo? —la retó.
—Por supuesto que no, ¡zopenco! —le gritó deteniendo su andar y plantándole la cara.
—¡Te recuerdo que fuiste tú quién puso palabras en mi boca y se zafó del asunto!
—Yo no quise realmente hacer eso, simplemente lo hice para pensar en ello y asegurarme de lo que me dijiste era totalmente cierto.
—Entonces, ¿crees que te mentí en tal enorme arrebato?
—Helga, era realmente extraño que mi matona personal en realidad me amara, obviamente no me lo esperaba, pero ¿acaso no te has dado cuenta de que yo no te rechacé?
—¿De qué estás hablando?
—Precisamente de lo que crees que estoy hablando.
—Arnold…
Todo hubiera sido maravilloso si todo hubiera sido real y no solo un sueño.
Pero, ese mismo niño la estaba mirando a los ojos en ese momento.
—¡¿Arnold?!—gritó.
—Lo siento, ¿te asusté? Es que te quedaste dormida y ya todos se fueron.
—¡¿Y nadie se atrevió a despertarme?!
—Yo sí.
Helga guardó rápidamente sus cosas para poder irse de una vez, no quería estar cerca de Arnold después de lo que soñó, por suerte, el niño estaba muy callado, ya que su mente estaba hecha un lío.
—¿Qué hice? Me siento como un acosador…estaba durmiendo, no debí hacerlo, aunque tal vez eso me dé el valor necesario para hacerlo cuando esté despierta, pero algo es seguro, ¡no volveré a robarle un beso mientras duerme!
