Feliz viernes a todos c:
Ayer tuve un contratiempo con mi trabajo y cuando menos pensé ya eran las once de la noche y como la floja que soy, me puse a ver memes y bueno, heme aquí con insomnio.
Capítulo Once
"Familias incómodas..."
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El trayecto a casa había sido tormentoso. Con su padre contando anécdotas familiares que Tails no debía saber.
Miró el reloj en su muñeca y suspiró; eran las 2:30 de la madrugada. Moría de sueño.
−Muy bien chicos, hemos llegado−Detuvo el auto y les sonrío animado−Tienen suerte, tu madre esta preparando sus famosas galletas para la cena de ensayo de mañana−Comento mientras ponía un pie fuera del auto.
Ellos le siguieron; realmente hubiese deseado celebrar la idea de comer las galletas de su madre, pero la hora y el cansancio le estaban cobrando factura. Tails en cambio, se relamió los bigotes pensando en la posibilidad de probar algunas.
La cocina de Aleena era legendaria entre las amistades de Sonic que habían tenido la oportunidad de probar alguno de sus platillos y Tails no era la excepción.
Dentro de la casa percibió el aroma inconfundible del dulzor de aquellas galletas de vainilla y canela que acompañaron su niñez.
−Estoy casa−La voz de su padre resonó en sus pensamientos, mientras lo observaba quitarse los zapatos y cambiarlos por unas pantuflas−Tengo compañía−Añadió después.
Pasos provenientes desde la cocina se aproximaron hasta donde se encontraban los recién llegados y ahí, frente al umbral de la puerta divisó una figura femenina sostener un bowl de metal y lo que podía suponer era un instrumento para batir.
−¿Maurice?−Lo miro incrédula, pero emocionada−¡Mira que guapo te has puesto!−Se abalanzó hasta él dejando caer el bowl con la mezcla que, por fortuna fue interceptado por su esposo −¡Me alegra tanto que estés aquí! ¿Pero por qué a está hora y sin avisar?−La mirada de confusión en la mujer era evidente.
−Los encontré vagando en la Av. Wisp−Jules sonrió burlesco−Dicen que era una sorpresa−Añadió con diversión.
La idea de ver a su hijo y a su mejor amigo vagando por la ciudad a altas horas de la noche por haberse desorientado le resultaba en extremo gracioso, pero a su adorada esposa al parecer no tanto.
−¡Mi pobre bebé!−lo zarandeó un poco y comenzó a revisar que no tuviese heridas externas−¡Mira nada más que flaco estás!−Le apretó un poco las mejillas, abochornándolo−Te prepararé algo de cenar−Y dicho esto se encaminó a la cocina dispuesta a prepararle algo de comer a su hijo en extremo flacucho y a su amigo de baja estatura.
Tails contuvo las ganas de reír sólo por respeto; sabía que el pobre Sonic ya tenía suficiente con su madre y su manía de tratarlo como un bebé.
−¡Mamá, son casi las tres de la mañana! ¿Realmente crees que es un buen momento para comer?−Se quejo frotando la mejilla que su madre había pellizcado.
Aunque sus protestas y quejas de nada sirvieron, media hora después la fémina ya tenía una docena de chilidogs sobre la mesa. −aún era un misterio como podía cocinar tan rápido−.
−Me alegra tanto que estés en casa−Mencionó animada la mujer retomando la actividad que hacía en un inicio−¿Verdad, cariño?−Se dirigió a su esposo, quien asintió gustoso.
−Vaya que sí−Concordó−¿Cómo va todo en la gran ciudad? ¿Cómo están las cosas con Sally?−Cuestionó sentandose al lado de su hijo.
Tails dejo de comer y se removió incómodo; miró levemente a Sonic quién al parecer no parecía molestarle la pregunta sobre su ahora ex-novia.
−Todo ha estado bien, trabajar... trabajar y nada más que eso... −miro un momento a Tails, como esperando una confirmación− En tanto a mi vida amorosa−Observo a sus padres con tranquilidad, para sorpresa de quienes le contemplaban−Soy oficialmente soltero−Aclaró.
Jules y Aleena observaron perplejos el comportamiento tan natural que su hijo mantenía. Era tan extraño que luego de tantos años de relación no pareciese para nada afectado con la ruptura.
Desconocían muchas de las dinámicas de aquella pareja, si debían ser sinceros, pocas fueron las veces en las que interactuaron con aquella joven pelirroja. Sonic había sido demasiado hermético con respecto a su vida "personal" que pocas veces habían compartido el mismo espacio.
Estaba tan concentrado en el trabajo −y la vida galante que el creía que ellos desconocían− que en raras ocasiones tenía tiempo para ellos.
−Vaya hijo, lamento escuchar eso...−Jules se compadeció−¿Y qué hay de ti Tails? ¿Cómo va tu taller?−Cambio drásticamente de tema para evitar poner en un predicamento al menor de sus hijos.
El jovencito mastico rápidamente el bocado que tenía entre sus fauces y sonrió.
−¡De maravilla! Últimamente no podemos darnos abasto con todos los pedidos y clientes que se acumulan diariamente−.
Los escuchaba conversar animadamente de cosas que en ese momento poco o nada le interesaban. Ahora que su estómago estaba lleno lo único que quería era echarse a dormir.
Se puso de pie y murmuró una excusa apenas audible mientras subía las escaleras y se tumbaba en la cama −pues sabía que su madre siempre mantenía su habitación reluciente−.
Y sin más se dejo echo a dormir cuál tronco.
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El olor a canela inundó sus fosas nasales, despertándole. Abrió los ojos perezosamente y los cerro de nuevo mientras se acostumbraba a la luz que entraba por la ventana.
Inspeccionó la habitación donde se encontraba mientras notaba con sorpresa que Amy ya no se encontraba ahí. En su lugar estaba la cama perfectamente tendida, además de una maleta revoloteada.
Suspiró y se estiró un poco tratando de quitar los últimos rastros de pereza en su cuerpo; la noche anterior le había dejado un sentimiento agridulce.
Era triste recordar a su padre y toda esa etapa tan oscura en su vida, pero también sentía como si se hubiese sacado un gran peso de encima al haberlo hablado con ella. Ser sincero sobre su dolor había logrado disminuir un poco toda sensación de desolación y eso ya era un triunfo y una gran virtud −y un recordatorio de que la terapia no le había ayudado en nada−.
Se dirigió hasta el baño y se aseó un poco. El aroma inconfundible de hotcakes recién hechos vino nuevamente hasta él y sonrío como un niño al pensar en aquel manjar.
Bajo torpe y lentamente las escaleras buscando la fuente de tan delicioso aroma; desde la cocina ya hacía Amy y Aretha cocinando varías docenas de hotcakes, mientras conversaban muy animadas.
Se quedo observándolas unos cuantos minutos embobado. La cara de emoción que Amy tenía en el rostro era contagiosa. Sabía que ella disfrutaba cocinar, pero pocas veces le había visto tan de buen humor mientras lo hacía.
Absorto en sus ideas, la mirada de la matriarca de los Rose se posó en él, notando cómo observaba a su nieta directamente.
−Buenos días joven Silver... ¿Tan temprano levantado?−le hizo señas para que se acercara−Oh es verdad... el que duerme en casa ajena, temprano se levanta−Parafraseó la mujer y Silver solo pudo reír.
−Es usted muy amable, señora Rose−.
Amy se giro con otro plato de hotcakes entre sus manos y se lo tendió, tranquilamente.
−¿No esperaremos a los demás?−Cuestiono confundido observando el plato, con trozos de fresa, plátanos y arándanos cubriendo sus circulares manjares.
La abuela le tendió la miel de maple y negó suavemente.
−Come, o después van a dejarte las sobras y eso no es bonito−Le aseguró.
El asintió mientras llevaba un bocado a su boca; eran los mejores hotcakes que había probado y su cara lo delato por completo.
−Esto es delicioso−Aseguró, mientras masticaba rápidamente otro bocado.
Aretha sonrió complacida, mientras una idea traviesa surcó sus pensamientos.
−Desde luego, mi querida Amy sería una excelente esposa... ¿No lo crees, joven Silver?−Lo codeó animosa y el casi se atragantó con un pedazo de plátano.
Amy por otro lado solo atinó a observar a su abuela de mala manera y chillar molesta.
−No digas tonterías, Silver y yo sólo somos amigos−Se apresuró a decir la joven mientras volteaba uno de los cakes.
Complacida, Aretha sólo sonrío ladinamente. Su instinto de madre y abuela chismosa se habían activado. Ese jovencito le agradaba, parecía buen chico −para nada relacionado con el malandrín que había sido el ex-novio−.
−Yo sólo digo que serías buena, querida−Contuvo las ganas de reír.
Ambos chicos se removieron incómodos ante la afirmación de la mujer. La señora Rose podía ser bastante intensa si se lo proponía.
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Bebió un sorbo de café y miró sin muchos ánimos el medidor de gasolina en su auto. Estaba al tope y todos las funciones en perfecto estado.
Encendió el navegador y una voz femenina le dio la bienvenida.
"Bienvenido Gerald... ¿Cuál es su destino?" Pregunto con cortesía la máquina.
−Green Hill, distrito never lake, 1996−Ordenó con su tono autoritario.
"Enseguida, Shadow" contesto con voz monótona el asistente de viaje y emprendió su camino. −Odiaba cuando ese aparatejo le llamaba por su nombre de pila−
Le esperaba varías horas en la carretera pero con suerte estaría antes de que diesen las tres de la tarde. Ya tenía todo planeado; había echo la reservación en un hotel céntrico la tarde anterior.
De resto solo le quedaba llegar y esperar que el idiota del Faker no hubiese cometido ninguna estupidez en su ausencia, cosa que ya dudaba bastante. −ese idiota solía estropear todo a su paso−.
Y pensar en el Faker indudablemente le hacía pensar en Rose −por raro que eso pareciera− la imagen de ese beso compartido entre ambos el día interior no hizo si no darle deseos de aniquilar a Sonic por su atrevimiento.
No podía evitarlo −ni tampoco hacía mucho esfuerzo por ello− Rose le volvía irracional; era como perder el control de todo su ser. Estar cerca de ella, el olerla o el simple hecho de verle sonreír abocaban en el un sentimiento que había creído perdido.
Ese sentimiento de paz y calidez que ella le provocaba le estaba cobrando factura.
Simplemente el recordar que había tenido que recurrir a Mephiles para evitar que el idiota de Silver siguiese en la calle y por ende Rose sufriera, le provocaba acidez estómacal.
Adoraba tanto a esa mujer que estaba dispuesto a entablar una conversación con su padre y eso sí que era una locura.
Fuere lo que fuere, en este punto ya no podía retroceder; el plan estaba en marcha y Rouge le había asegurado que no debía preocuparse por nada que no fuese dar una buena impresión a Amy y su familia.
Era un plan a prueba de errores, pero aún tenía sus sospechas. En otras sucurstancias se habría reído en la cara de Rouge al atreverse si quiera a suponer que el podría atreverse a relacionarse de esa manera con alguien.
Pero esta vez estaba desesperado y por mucho que quisiera fingir, se notaba.
Después de todo; si que debía estar muy loco como para conducir a una ciudad extraña y sobretodo seguir un consejo de su mejor amiga.
Era tan risible y patético que hasta el mismo se reiría de no ser porque estaba demasiado ansioso por salir de todo esa situación.
Había cosas que requerían su atención y él perdiendo el tiempo en estupideces.
"Gire a la derecha" la voz del asistente le distrajo.
−Si que eres molesta−Murmuro para sus adentros.
El reconocimiento de voz el aparato hizo un sonido indicándo que buscaba que responderle.
"Pero tu me caes muy bien, ¿hay algo pueda hacer por ti?"
Bufó con fastidio y rodó los ojos en señal de apatia y desgano.
Definitivamente sería un largo viaje.
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Si se lo preguntaban; Silver podía describir la estadía en el casa de los abuelos de Amy como poco más que pintoresca. Tenía menos de 10 horas en aquella morada y había sido testigo de más de una veintena de situaciones y tradiciones que jamás había compartido con ninguno de sus amigos.
Ni siquiera la familia de su ex-novia le había acogido con tanto cariño como los Rose.
La vibra que emanaban todos ellos le ponía de buen humor, porque incluso el abuelo parecía un buen sujeto si lo mirabas con atención.
−Entonces Silver−Alanna, otra de las primas de Amy llamo su atención−¿Qué te parece esta loca familia? ¿No somos geniales?−Bromeó y todos los presentes rieron ante ello.
Era innegable, eran unidos −Muy impetuosos− y buenas almas que compartían su espacio y lo agradecia inmensamente. Nunca se había sentido tan aceptado.
−Claro que sí−.
Continuaron conversando de anécdotas familiares −Vergonzosas para Amy− En las que no podía evitar reír y esperar más y más detalles de la misma. Era divertido imaginar a una Amy más inocente y menos enojona.
−Eres muy lindo...−Amanda se aproximo hasta el, invadiendo su espacio personal−Si fueses diez años más grande o yo cinco más joven−Se lamentó mientras le apretujaba las mejillas.
Silver solo se removió incómodo, esa mujer si que era extraña. Dos de sus tres hijos estaban en la mesa compartiendo el mismo espacio y no parecía importarle en lo más mínimo hacer esa clase de comentarios.
−Suficiente Amanda−Amy se apresuro a intervenir.
−Oh vamos Amy, ni siquiera es tu novio... no veo porque no podría aprovecharme de este guapetón−Continuó la mujer aumentando la tensión en el ambiente.
Miradas retadoras entre ambas primas provocaron que Silver tratara de restarle importancia al asunto.
−Pero que ricos hotcakes Amy, cocinas delicioso−Le alagó.
Pero ninguna de las dos pareció prestarle atención a sus palabras.
−Te lo advierto Amanda, no comiences con tus estupideces, hay niños presentes−Masajeó sus sienes, abochornada con el comportamiento de su prima mayor.
−Oh vamos florecita, no seas tan egoísta...−Hizo caso omiso a las advertencias de su prima menor−Y tu bomboncito, ¿Has pensado en lo interesante que sería probar a una verdera Rose?−.
Silencio.
Incómodo y ensordecerdor silencio que no hizo sino aumentar el enojo en el rostro de Amy.
Aretha, profundamente abochornada por el comportamiento de su nieta y, consciente de que aquello estaba a punto de convertirse en una batalla campal, decidió intervenir.
−Muy bien, suficiente las dos...−Se interpuso entre ambas, evitando que la menor le rompiera la nariz de un puñetazo−Amelia querida, creo que lo mejor es que lleves a Silver a conocer la ciudad−.
−Eso suena genial, Amy...−Tomo de la mano a su amiga, tratando de hacerla retroceder−¿Te importaría enseñarme algunos de tus lugares favoritos?−.
Realmente deseó partirle la cara su prima por ser tan vulgar y atrevida, pero la mirada suplicante en la cara de su abuela termino por hacerla retroceder.
Suspiró derrotada y molesta; odiaba perder ante las estupideces de su idiota prima.
Pero no iba a causar una escena delante de Silver, tomó de la mano a su amigo y subió rapidamente las escaleras, casi arrastrandole.
Asotó la puerta tras de si y tras unos segundos de estupor, soltó un grito de frustración.
−¡LA ODIO!−Chilló histérica−Siempre hace eso, le encanta llamar la atención y hacerme quedar en ridículo−Se sentó en la cama, abatida.
Se sentía avergonzada por aquellas palabras, pero sobretodas las cosas, estaba furiosa. ¡¿Cómo se atrevía es maldita a coquetearle a Silver de ese modo?! Habría querido arrancarle los dientes uno a uno para borrarle esa sonrisa vulgar del rostro.
De no haber sido por su abuela, seguramente ahora tendría un collar con los dientes chuecos de Amanda en el cuello.
−Tranquila, Amy... no me molesta−.
Lo observó furiosa y el retrocedió, asustado.
−¿Eso significa que quieres acostarte con esa zorra?−Farfulló iracunda y sin medir sus palabras.
En estos momentos poco o nada le importaba si las cosas podían malinterpretarse, estaba furiosa con todo y todos.
El joven, sin saber que responder agacho la mirada en señal de sumisión.
−Lo siento, Amy...−Murmuró apenado−Sería incapaz de faltarle el respeto a esta casa o al marido de tu prima, no tendría nada que ver con ella ¡Lo juro!−Trato de justificarse.
Porque era verdad, el no se atrevería a tener nada con una mujer casada y con tres hijos a cuestas y menos si esa mujer era la prima de Amy.
Ella en cambio seguía molesta y frustrada, pero él no tenía la culpa de ello. Suspiró derrotada y desistió de la idea de golpear algo, tal vez la idea de la abuela de salir un rato a despejar su mente sería lo mejor.
−Muy bien, tu ganas−Relajó sus puños−Anda a cambiarte, hay un lugar que quiero mostrarte−Y dicho esto, tomo algunas prendas de su maleta y salió de la habitación.
Una vez a solas Silver se permitió respirar con normalidad; conocía el carácter explosivo de Amy, los años de convivencia le habían enseñado a vivir con ello, pero nunca dejaba de sorprenderle.
Le parecía increíble como alguien de apariencia tan frágil y adorable pudiese reaccionar de manera tan hostil.
Fuere como fuere, el asunto del carácter de Amy era algo que le parecía más un chiste que otra cosa, a estas alturas pocas eran las veces en las que ella se había molestado hasta ese punto con él, por ello no le preocupaba.
Sonic era quien generalmente se encargaba de pagar esos platos rotos.
Sonrío de lado y decidió que lo importante en esos momentos era estar listo para salir a dar un paseo, ya se preocuparía después por la prima loca de Amy y el mal genio de esta última.
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Despertó de golpe sobresaltado al sentir un tirón en sus piernas; la confusión y el aturdimiento fueron rápidamente sustituídos por la molestia al caer en cuenta de que era lo que estaba pasando.
Su madre era la única criatura en el mundo que se atrevía a despertarlo así; jalando sus piernas hasta casi arrojarlo de la cama.
La observó con molestia y frustración; una de las principales razones por las que odiaba visitar a sus padres era por la insistente manía de Aleena de querer despertarlo de ese modo.
Madre e hijo se observaron unos instantes hasta que la mayor fue quien decidió romper el silencio.
−El desayuno está listo, Maurice...−Lo observó con severidad−Hace media hora que estoy llamándote−Recriminó.
Su madre insistía en seguir tratándole como si fuese un niño pequeño sujeto a un horario y reglas fijas.
Bufó con fastidio y masajeó sus sienes intentando no hacer ningún comentario que pudiese molestar a su madre. Por mucho −Muchísimo− Que le hiciese enojar, era su madre y la respetaba. Había límites que no se atrevía a cruzar.
−Ya voy, mamá−Se limitó a responder esperando que eso fuese suficiente para que ella saliera de su habitación.
Sin embargo, la mirada recelosa que ella tenía en el rostro le indicaba que pensaba en preguntarle algo.
Algo la inquietaba y era evidente que no lo dejaria tranquilo hasta que obtuviera una respuesta.
−Maurice... quisiera saber...−No le permitió continuar.
Ya sabía a donde quería llegar y para ser francos poco o nada le interesaba hablar del tema.
−Él está bien, mamá−Movió ambas manos en un gesto conciliador−Es el mismo emo, amargado y solitario de siempre−.
Arrugó el entrecejo de manera reprobatoria y negó con la cabeza unos segundos después. Estaba acostumbrada a ese tipo de expresiones y aún así no dejaba de molestarle.
−Espero que no hayan peleado recientemente−.
Sonic prefirió omitir por completo el asunto de la discusión que habían tenido con respecto a Amy y todo el lío que le acontecio después.
−Somos adultos, ahora nos odiamos en silencio y nos dedicamos miradas de infinito desprecio−Ironizó.
Y en parte era verdad; por lo regular solían ignorarse lo más que les fuese posible, a tal punto de pretender que el otro no existía −algo que a Shadow se le daba bastante bien−.
Por otro lado; ese asunto con Amy y el aparente interés que Shadow estaba demostrando en ella era un aspecto que contradecía todo lo anterior.
Pero ese era otro asunto que ella no debía saber, principalmente porque sabía que no lo entendería.
−Muy bien, tu ganas−Se puso de pie−Vamos a desayunar−Camino hasta la puerta esperando que su madre le siguiera, pero ella se mantuvo estática.
Algo en su mirada le indicaba que no estaba satisfecha con su respuesta. Y en parte lo entendía, Shadow era la clase de hijo que no llamaba en navidad ni otras ocasiones especiales.
Sabía que era un bastardo amargado que no se quería ni él mismo, pero su madre si solía quedar bastante afectada ante estos desplantes.
La observó enternecido y pensó brevemente en lo idiota que era Shadow en despreciar a una mujer tan buena como ella.
Si lo pensaba con detenimiento, nunca supo el porque su madre se había divorciado de Mephiles.
−Mamá... ¿Nos vamos ya?−Pregunto tratando de sacarla de su estupor, a lo que simplemente asintio y camino en silencio hasta la salida.
No se atrevio a comentar nada al respecto. Siempre supo lo difícil que fue para ella el no tener a sus hijos juntos. Después del divorcio −Por lo que había logrado inferir− Mephiles había obtenido la custodia completa y su madre paso los dos años anteriores a su nacimiento entre tribunales intentando apelar el veredicto.
Algo que lógicamente no consiguió.
Pensar en eso era algo que le incomodaba bastante; muchos de esos aspectos le eran completamente desconocidos y aquellos que aún quedaban vagamente en su memoria, prefería guardarlos en lo profundo de su alma pues no eran agrables.
Había visto demasiadas veces a su madre llorar por ese asunto y no era algo que −Según él− valiera sus lágrimas.
Mientras bajaba las escaleras divisó a lo lejos a Tails quien comía muy animosamente al lado de su padre algo que interpreto como waffles.
Frente a la cocina observó a ambos comer y dialogar animadamente sobre motores y cosas mecánicas.
−Buen día−Se limitó a decir tomando la caja de cereal y sirviendo un poco en el plato frente a él. Ambos masculinos devolvieron el saludo y su padre le observó directamente.
−¿Dónde está tu madre?−.
Metió una cucharada de cereal a su boca y bajo la mirada, apático.
−En su habitación... hoy es uno de esos días−Informó.
Sin tiempo que perder, Jules salió rápidamente de la cocina dejando detrás al par de amigos.
Tails, quién no entendía a que se referían guardo silencio y continuó comiendo su desayuno con normalidad.
Ya habría oportunidad para cuestionar que estaba pasando.
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Frente al umbral de la puerta Silver esperaba a su mejor amiga con algo de inquietud. No era una persona que se considerada impaciente, por lo regular siempre tenía algún libro que leer o alguna nube que observar, pero esta ocasión era diferente.
La mirada libidinosa de Amanda le observaba desde el otro de la habitación y estaba seguro de que se acercaría en cualquier momento hasta él.
Sabía defenderse, así que no le preocupaba su integridad física, si no más bien el posible alboroto que se generaría después de ello. No era alguien a quien le gustase el escándalo o las confrontaciones y sabía que si Amy notaba algo raro esta vez no podrían detenerla.
Se sentía tan incómodo y nervioso que no notó cuando la abuela se acerco hasta él, al notarlo crispado.
−¿Estás bien?−Le tocó la frente sin avisarle−No, no tienes fiebre... quizás, ¿diarrea?−.
El negó efusivamente intentando dar una respueta pero la mujer se lo impidió.
−Tranquilo, salgamos al jardín a esperar a Amelia−Le tomo de la mano y lo condujo fuera de la casa, para su alivio−Muy bien, ya puedes respirar tranquilo−.
Era un tanto extraño que la señora Rose pudiese estar en todo a la vez, pero supuso que los años de conocer a su familia le facilitaban el trabajo, además del hecho de ser una mujer bastante suspicaz.
−Gracias−.
Era agradable sentir el aire fresco chocar contra su rostro, mientras el aroma de las flores provenientes del jardín de la familia inundaban sus fosas nasales.
La noche anterior no había tenido la oportunidad de observar con detalle lo bonito que era ese patio, dándole ese toque de casita de muñecas que le pareció enternecedor.
−Joven Silver, me gustaría hacerle una pregunta directa y sincera, si me lo permites−La actitud seria le hizo sentir un escalofrío.
Le resulto extraño que ella le hablese con ese tono, por lo que intrigado asintió en un gesto afirmativo esperando la pregunta.
La mujer, enigmática como siempre, le sonrió con coquetería y avanzo hasta él lentamente hasta quedar a escasos centímetros de él.
Lo observó fijamente a los ojos, como si tratase de adivinar su pensamiento.
−¿Tienes algún sentimiento romántico por mi nieta?−Formuló de golpe logrando aturdirlo.
Sin daber exactamente que decir o cómo reaccionar, intentó entrelazar algunas palabras pero estas se atoraron en su garganta de tal modo que sólo pudo pronunciar un montón de palabrería sin sentido.
Ella, aparentemente complacida ante la reacción del chico, sonrío y camino unos pasos lejos de él.
−Justo lo que creí... −Le dio la espalda para observar sus rosales−Lamento haberte puesto nervioso, era una duda que me aquejaba.
Y, antes de que si quiera pudiese ser consciente de que rayos estaba pasando la puerta principal se abrió dejando ver a su mejor amiga salir dando un portazo.
La falda color carmín y el crop top blanco que vestía le hacían lucir muy femenina y estilizada. Incluso él que no solía darle importancia a la ropa debía reconocer que Amy se miraba bastante linda ese día.
Caminó hasta él y le sonrió suavemente.
−Lamento el retraso... surgieron algunos inconvenientes... ¿nos vamos ya?−.
−Sí... sí−.
Despidiéndose entonces de la señora Rose subieron al auto emprendiendo el camino rumbo a lo que Amy describía como "el lugar más tranquilo del mundo".
Definitavamente quería conocerlo.
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El molesto e insesante sonido de su celular le hizo detener el auto en la orilla de la carretera; miró el remitente de mala manera y presionó la opción de contestar.
−¿Qué mierda quieres?−.
−Más respeto con ese tono, sombra−La voz del otro lado de la línea soltó una estrepitosa carcajada−¿Cómo va todo?−.
Frunció el ceño, dispuesto a colgar por hacerle perder el tiempo, pero desistió al recordar aquellos asuntos con el sujeto.
−No estoy para tonterías Vector, ¿has hecho las investigaciones que te pedí?−.
Sonaba ansioso y desesperado; porque lo estaba. Ese asunto el tenía igual incluso más inquieto que sus líos emocionales.
−Justamente para eso te llamé, genio.. encontré algunas cosas que pueden interesarte−.
Sin pretenderlo, una leve sonrisa se instaló en su rostro, aquellas palabras eran música para sus oídos.
−Soy todo oídos...−
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Continuará
Dispensen a la prima incómoda de la Ames... es que está loquita... la mamá Aleena, pronto va jugar un papel crítico en la trama ¿Qué más? Ah sí, la abuela es una casamenteta en potencia, ya lo sé xD
Hoy le dí mas protagonismo a Sonic porque pronto explicaré el porque de su actitud de mujeriego, así que hay que entrar en contexto... dejamos poquito de lado a Amy y su plan absurdo, pero lo compenzaré en el próximo capítulo :3
Dispensen las faltas, mi celular y mis ojos miopes y astigmáticos no dan para más.
Se cuidan y gracias por leerme.
Atte.
Gri.
