Tuve un breve hiatus...
Ya sé que me perdí, así que les regalo 27 páginas recién exprimidas de mi mente trastornada XD
Capítulo Catorce
"Yo los declaro marido y... ¿desastre?"
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−Bueno, evidentemente ya no podrás negar que Amelia Rose te genera interés−Se pronunció su mejor amigo con una media sonrisa en el rostro.
Incapaz de replicar; el cobalto simplemente suspiró, enigmático.
Era hasta triste admitir que había fracasado estúpidamente en su cometido, pocas −muy pocas− fueron las veces en la que no pudo salirse con la suya de una u otra manera.
−Dime que no viste todo ese desastre−Murmuro, apenado.
−Incluso lo tengo en vídeo−bromeó el menor−Tu padre cree que esto te ayudará−le tendió una lata de cerveza−Ahora, creo que tenemos una plática pendiente, Sonic−tomó asiento en donde momentos antes Amy había estado.
No le sorprendía, sabía que tarde o temprano le buscaría para hablar de aquel 'secreto' tan oscuro.
Abrió la lata y dio un trago sintiendo el espumoso y amargo sabor correr por su garganta.
−Muy bien amiguito−comenzó a tronarse los dedos en señal de nerviosismo mal disimulado−¿Qué quieres saber?−Pregunto dándole otro trago a la lata de cerveza.
Segundos de silencio se establecieron entre ambos amigos; había demasiadas cosas que deseaba preguntarle, pero no tenía claro el cómo comenzar.
La noticia del parentesco entre Sonic y Shadow le tomó bastante desprevenido; ni siquiera en sus más locas teorías pudo ser capaz de inferir algo de esa naturaleza.
Todo era tan extraño y el que Sonic mantuviera esa atmósfera de misterio no ayudaba mucho.
−Creo que debemos empezar desde el comienzo... ¿quién eres realmente, Sonic?−.
Bebió otro trago y suspiró; sería una larga explicación.
Miró de soslayo a su mejor amigo y pareció perderse en sus pensamientos. Un cúmulo de sentimientos le invadieron, recordar el inicio de una de las etapas más difíciles de su existencia no le resultaba para nada satisfactorio.
El jovencito a su lado le miraba expectante, a la espera de algo sumamente trascendental.
−Un gusto, soy Arthur Maurice The Hedgehog−Se presentó, con mofa, haciendo una leve reverencia−Hijo de Aleena y Jules The Hedgehog−.
Bueno, eso no era lo que tenía en mente y su cara debió ser muy obvia pues Sonic prosiguió.
−No hay mucho que pueda contarte, mi madre se casó con papá después de divorciarse de Mephiles−arrugo el entrecejo al mencionar ese nombre−De esa unión nací yo y fin de la historia−.
No quería externarlo abiertamente, pero aquella escueta explicación no hizo salvo aumentar las dudas en su cabeza.
Pensó en indagar más a fondo, pero la mirada de pocos amigos en el rostro de su mejor amigo le indico que entraría en un terreno peligroso.
Después de todo el no sabía hasta dónde podía afectarle ese tema.
−Entonces, la señora Aleena y Shadow...−Trataba de conectar ambas ideas en un mismo concepto, pero honestamente era tan extraño.
Pensar en Shadow siendo hijo de una mujer tan dulce y comprensiva como Aleena era prácticamente imposible.
−Compartimos un mismo útero, sí−Confirmo rápidamente esperando dar por terminada aquella plática.
No deseaba −Ni necesitaba− Entrar en un debate con Tails de cosas que habían pasado hace tanto tiempo.
Aunque también era consciente de que el mismo había propiciado todo ese embrollo.
−Escucha, Tails−Dio un último trago a la bebida y arrojo la lata lejos de donde estaban−Shadow y yo somos completamente diferentes, de los pies a la cabeza y lo único que nos une es certificado de nacimiento en el que indica que Aleena Destiny, es nuestra madre−Se puso de pie, observando el cielo−Si no te lo dije antes es sólo porque no creo que sea la gran cosa−Añadió con su tono tranquilo y despreocupado.
Tal vez tenía razón, o tal vez no. Él no era la clase de sujeto que iba por ahí, ventilando su vida privada.
−Aún así...−Dudó en continuar−¿Alguien más lo sabe?−.
Sonic solo negó con la cabeza.
−Ninguno de los dos estamos interesados en que alguien, fuera de la familia sepa de nuestro "parentesco"−Esto último lo dijo haciendo el gesto de comillas con ambas manos.
Para Tails la noticia de que su mejor amigo resultara ser el medio hermano menor del mayor rival de este último fue algo que estaba fuera de sus capacidades.
Por mucho que se esforzara en entenderlo habían cosas que no le cuadraban y los motivos que él cobalto había decidido otorgarle le parecían insuficientes.
No tenía sentido pensar que aunque ese par se detestara con toda el alma, el hecho de que sus padres solventaran esa indiferencia era antinatural.
−Es extraño...−Fue Tails quien se pronuncio nuevamente−Es decir, te conozco desde hace años y nunca hubiese logrado imaginar que tu y Shadow comparten el mismo ADN...−Se sinceró−Aunque admito que siempre encontré algunas similitudes entre ambos que me resultaban curiosas−Agregó.
Momentos después, aquella actitud serena y misteriosa se convirtió en cosa del pasado.
−¡NO ME COMPARES CON ESE EMO!−Chilló histérico.
Tails sólo rió ante esto, definitivamente su mejor amigo nunca cambiaría.
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Miró con apatía el techo en la habitación y soltó un largo y sonoro suspiro de pereza y desdén.
Después de terminar de hablar con Rouge había tratado de dormir un poco sin éxito alguno.
Pensar en María siempre traía lo peor de sí. Recordarla le remontaba a lo que consideraba eran los mejores años en su vida.
Irónicamente ahora solo eran un recuerdo de un pasado no tan lejano que le quemaba por dentro. Se sentía impotente y frustrado con todo y todos a su alrededor.
Porque sí, si culpaba a la vida por todo lo que había sucedido. Aunque mayormente se culpaba así mismo por no haber sabido interpretar aquellas pequeñas señales.
Esos dolores de cabeza que le atribuyeron al estrés de ser una aspirante a enfermera. Esos mareos constantes y los dolores de pecho que dejaron de lado debido a los exámenes semestrales.
Estuvo tan concentrado en estudiar, en obtener las mejores calificaciones que no tuvo tiempo.
No hubo tiempo para ella y eso le mataba. Le mataba la idea de lo que pudo haber sido y no lo fue.
Miró la hora en la pantalla táctil de su teléfono celular; otra madrugada más sin conciliar el sueño, simplemente perfecto.
Desbloqueó el aparato y entró en Mobius face −Algo bastante atípico− Y revisó algunas de las notificaciones en su bandeja. La gran mayoría referentes a las fotos que había decidido subir con Rose.
350 corazones; eso era sorprendente, incluso para alguien como él. Observó la sección de comentarios y decidió curiosear un poco.
"Que monos" "Felicidades a la feliz pareja" y demás trivialidades sin importancia. Amelia aún no era su pareja, eso lo sabía de sobra, pero tenía la suficiente confianza en que ella eventualmente le aceptaría.
No porque se creyese un gran conquistador −que dicho sea de paso, ninguno de sus tropiezos de una sola noche había tenido alguna queja al respecto− aunque si creía firmemente en que ella podía ayudarle a sanar.
Nunca se lo había dicho, pero siempre estuvo al tanto de los sentimientos que la chica había profesado por él −Era demasiado obvia−.
Sabía que era algo que la conflictuaba y que trataba por todos los medios de que nadie lo notara. Pero, transparente como era, incluso la propia María pudo intuirlo.
Y lejos de molestarse o ponerse celosa, aquella situación le parecía por demás adorable.
−Cree que eres una especie de caballero−Le había dicho en una ocasión la rubia mientras tomaban el té−¿No te parece adorable? Es como una niña pequeña enamorada de su maestro−calló un segundo comprendiendo que quizás no era el mejor ejemplo−Vale, mala comparación−Sonrió, apenada−Pero igual es lindo que crea eso de ti−Agregó dándole un trago a su té.
Definitivamente no compartía el mismo pensamiento; ella era su novia y no le interesaba ninguna otra mujer bajo ninguna circunstancia.
Amelia Rose era una muchacha agradable −Chillona e impetuosa− Pero sólo eso, era algo parecido a una hermanita menor.
−Me parece extraño que algo como eso no te moleste−Admitió mientras la observaba directamente, analizando sus expresiones corporales buscando algún indicio de celos o incomodidad.
Ella simplemente se limito a encogerse de hombros y restarle toda importancia al asunto.
−Amy me agrada−Le devolvió la mirada breves instantes−Y sé que sólo eres parte de una fantasía en su mente...−Tomó una galleta de la mesa y la mordió−Sé que valora tanto mi amistad que sería incapaz de hacer algo que pueda malinterpretarse−Dijo con tranquilidad.
Era demasiado confiada y por mucho que la amara por esa razón, no podía ir por ahí confiando ciegamente en los demás.
−Confiar en Rose podría costarte tu relación−La seriedad en su rostro aumentó−¿Confías en una chiquilla que está interesada en tu pareja?−Su tono era incrédulo, realmente le sorprendía su fé en quienes la rodeaban.
María, sin inmutarse ante el obvio intento de evocar sentimientos negativos en su corazón asintió con tranquilidad.
−Los ojos son las ventanas del alma, Shadow−Hizo una pausa, asegurándose de tener toda su atención−No vi maldad en los de Amy... hay algo en ella que me dice que puedo confiar en ella y que, cuidará de ti de ser necesario−Confesó.
No era alguien que se considerara particularmente interesado en creer en aquellos mitos y romanticismos baratos.
Amaba a María por ser justamente lo contrario a él en todo sentido; pero eso no la eximía de considerar risible lo que acababa de decirle.
−No debes confiar ciegamente en los demás−La reprendió suavemente−La gente puede decepcionarte siempre−.
−Entonces el problema son ellos y no yo−Respondió sin rodeos−No puedes ir por la vida desconfiando de todos los que te rodean−Bebió el último trago de su té−Hay mucha gente mala en el mundo, Shadow... pero también hay seres buenos, sólo debes darles una oportunidad−.
Casi sin desearlo; aquellas palabras estrujaron su interior. Amelia Rose fue un tema de conversación y lo había olvidado por completo.
Leyó algunos comentarios más en busca de aligerar sus pensamientos y frunció el ceño al notar como un imbécil había decidido hacer comentarios de mal gusto.
"Ya era hora de que decidieras mostrarle al mundo que no llevas una nenita dentro, Shadow" leyó con desagrado.
Ese bastardo de Jet siempre estaba jodiendo todo a su paso. Borró sin dudar ni un segundo el comentario y lo maldijo internamente, ya se las cobraría después al volver a su hogar.
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El estruendo de un camión en reversa le hizo despertar sobresaltada; abrió los ojos rápidamente buscando la fuente del sonido.
Miró con descontento como el camión con las mesas y sillas se instalaba en medio de la calle y algunos trabajadores comenzaban a descargar los objetos.
Sabía que tenía una familia numerosa, pero aquello era por demás exagerado. Bostezó con pereza y se estiró un poco intentando despabilarse.
El sonido de los suaves pero constantes ronquidos de Silver le hizo reír suavemente.
Tomó su celular buscando la hora; las siete treinta de la mañana; maldijo internamente a los imprudentes del servicio mobiliario y se puso de pie.
Ya estaba despierta, ahora solo le quedaba ayudar o comenzar con su ritual de belleza.
Silver y Orión seguían profundamente dormidos; pensó en despertarlos y ofrecerles el desayuno y después recordó que Silver seguramente despertaría con resaca, por lo que decidió dejarlo dormir.
El despliegue de hormonas masculinas de anoche ya era lo suficientemente bochornoso como para pensar en reprenderle por ello.
Eso, sumado al hecho de que estaba particularmente agradecida con el joven luego de haberla salvado de cometer algo de lo que a estas horas se estaría arrepintiendo.
Estuvo a punto de acostarse con Sonic, eso sí que era lo más loco que le había pasado. Ni siquiera en sus sueños más depravados se había atrevido a llegar a tanto.
Lo que pudo haber sucedido entre ella y Sonic era un abanico de posibilidades que le dejaban completamente intrigada. Si bien, una parte de ella sabía que estaba mal involucrarse con él, había otra que gritaba y clamaba por dejarlo faltarle al respeto entre las cuatro paredes de la habitación de un hotel.
Porque eso definitivamente daría por culminado su plan y se evitaría complicaciones tácticas.
Las oportunidades las había tenido, pero era demasiado cobarde para tomarlas.
Pensar en las repercusiones que su plan podría traerle le replantearse por completo todo ese asunto. ¿Tanta era su necesidad de tener un bebé? ¿Tan sola se sentía? .
Lo pensó un momento; definitivamente sí. Estaba llegando a una edad en la que su instinto materno clamaba por ser atendido, su mejor amiga, primas y colegas de trabajo ya eran o estaban próximas a ser madres.
¿Era egoísta desear eso para ella? Definitivamente sí.
Estaba siendo demasiado egoísta al intentar involucrar de esa manera a sus amigos en un plan simplemente loco.
Porque había que ser claros, lo suyo era una idiotez. Y, evidentemente, tomase la decisión que fuera, las cosas iban a complicarse en algún momento.
¿Y qué pasaría si alguien cuestionaba la paternidad del bebé en cuestión? ¿Y si alguien encontraba algún parecido? Eran detalles que no podía −ni debía− pasar por alto.
Si alguno de ellos se enterase de sus intenciones, ¿cómo reaccionarían? ¿Dejarían de hablarle? ¿Se lo tomarían como una broma de mal gusto? Ya a estas alturas no podía asegurar nada.
Aunque la idea de parar con todo esto revoloteaba por su mente, había algo que le reiteraba que debía hacerlo. Dejarse llevar y perseguir sus deseos por muy aberrantes que estos fuesen.
Porque sí, Amelia Elizabeth Rose había perdido el juicio.
Suspiró derrotada y se recostó en la cama nuevamente. Tal vez era momento de aceptar que no estaba en condiciones de sobrellevar una responsabilidad tan grande.
¿Realmente quería engordar y tener estrías por todos lados? Definitivamente no. ¡Mucho menos que sus pequeños duraznos se transformaran en melones! −Y terminar oliendo a leche agria−.
No, no, definitivamente no.
Tenía la mente echa un lío; ya no se sentía capaz si quiera de atreverse a intentar algún ademán de coquetería barata.
Estaba asustada.
Sí, por muy idiota que eso pudiese resultar su "casi" acostón con Sonic había logrado darle la claridad que su mente necesitaba para entender que era un plan muy idiota.
Ella no era la clase de mujer que tenía encuentros casuales −Podía fantasear con ello, como cualquier romántica empedernida− pero definitivamente no iba por ahí buscando un macho en pleno derroche de hormonas.
Eso estaba fuera de sus límites; la habían educado demasiado bien como para ceder a sus más bajos instintos de una manera tan vulgar.
Dale, quizás esos dotes de moralista estaban pasados de moda; pero lo cierto era que no se animaba a hacer nada. El cargo de consciencia y el temor que alguien, por alguna razón pudiese juzgarla la detenía por completo.
Que Sonic, Shadow o Silver se enterasen de la verdad le aterraba.
Los consideraba una parte fundamental en su vida y si ellos salían de esta, no sabría qué hacer.
Visiblemente abatida, Amelia Rose decidió que lo mejor sería ayudar con los preparativos y así, olvidarse momentáneamente de pensar.
Salió de su cama y bajó hasta la cocina con la intención de preparar algo de comer; abajo ya se encontraba su abuela acomodando algunas de las cosas que necesitarían por la tarde durante la fiesta.
−Buenos días−Le saludo mientras tomaba algunas flores y las colocaba en uno de los centros de mesa−¿Dónde está el joven Silver?−.
Tomó un sartén y lo colocó sobre la estufa encendiéndola segundos después.
−Arriba, aún duerme−respondió con simpleza mientras del refrigerador sacaba un par de huevos y un paquete de tocino−No acostumbra beber nada que tenga alcohol...−vertió aceite en el sartén−Así que, seguramente le espera un crudo despertar−.
Aretha solo rió ante este comentario. Ese joven era por demás simpático. Era una lástima que su nieta no formalizase una relación con un jovencito tan encantador.
Una idea traviesa se cruzó por su mente... quizás podía ayudarle un poco a su nieta en la elección de un buen marido.
−Amelia querida, ¿vas a subirle el desayuno a la cama?−.
Concentrada en el freír del tocino había olvidado por completo el hecho de que Silver despertaría hambriento. Miró los huevos revueltos y el tocino a punto de terminar de freírse y suspiró.
Tal vez era buena idea despertarlo y entregarle el desayuno como gesto de disculpa por involucrarlo en sus idioteces −aunque el pobre no estuviese ni enterado de esto último−. Tomó un plato y colocó el alimento con delicadeza, se veía simplemente apetitoso.
−Supongo que no estaría mal que lo alimente tan temprano−Menciono divertida y subió escaleras arriba en dirección a su habitación.
Una vez dentro observo al muchacho y al pequeño chao dormir plácidamente ajenos a todo lo que acontecía en el patio.
Colocó el plato sobre la mesita de noche y se sentó en la pequeña cama en la que descansaban el par de bellos durmientes.
Acarició suavemente la mejilla del chico y este soltó un leve suspiro. Sonrió para sus adentros; le parecía simplemente adorable.
−Silver...−le llamó suavemente−Vincent, es hora de despertar−Le susurro en el oído y por acto de reflejo el joven abrió los ojos rápidamente, cerrándolos nuevamente a causa de la luz enceguecedora.
Los abrió nuevamente notando con extraña sorpresa como Amy estaba ahí, sentada en su cama sonriéndole animosamente.
Luego recordó que estaba en casa de sus abuelos y todo cobro sentido. Aunque el dolor de cabeza estaba taladrando su cerebro.
−Buen día Silver−Saludo, poniéndose de pie−Te traje el desayuno, cómelo antes de que se enfríe−Y dicho esto salió de la habitación sin decir nada más.
A solas nuevamente pudo permitirse pensar con mayor detenimiento que estaba sucediendo. Ese despertar le había resultado tan cálido y familiar.
Era como volver a ser un niño pequeño y despertar con los besos y arrumacos de su madre todas las mañanas para ir a la escuela.
El pequeño Orión se removió en su sitio y abrió los ojos en forma perezosa. El olor a tocino había logrado vencer su pereza y casi cae de la cama al intentar llegar hasta el medio dormido.
Para su fortuna, su nuevo mejor amigo había evitado dicha caída sosteniéndolo justo en el momento adecuado.
−Muy bien, lo compartiré contigo−Le sonrió suavemente−Espero que hayas dormido bien−Añadió después tomando un trozo de tocino y entregándoselo al pequeño, quien lo recibió gustoso.
Sabía que no era la primera vez que lo pensaba, pero definitivamente Amy Rose cocinaba delicioso.
Tomó un trozo de tocino y lo llevo a su boca deleitándose con su grasiento y delicioso sabor. Incluso su pequeño amigo parecía apoyar dicha idea, nunca había probado comida tan exquisita.
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Después de una noche de cervezas había decidido que no bebería alcohol durante la fiesta. La cabeza le dolía, tenía sueño y sin lugar a dudas estaba sediento.
Bajo las escaleras en busca de un poco de jugo y algo que llevarse al estómago, en la cocina su madre preparaba lo que a simple vista pudo definir como waffles, mientras Tails observaba algo en su celular.
−Buen día−Saludo sin ánimos tomando asiento frente a Tails−Mamá, ¿tienes alguna aspirina, o algo así?−.
Aleena, sin dejar de mirar su sartén negó tajantemente.
−Eso te ganas por beber alcohol a escondidas−frunció levemente el ceño−Estoy decepcionada Maurice, sabes que nadie bebe alcohol en esta casa−Le reprendió.
Consciente de que discutir con su madre no le llevaría a ningún lado, prefirió guardar silencio mientras la escuchaba darle un sermón referente a las neuronas muertas, accidentes y resacas.
Al parecer su madre a veces olvidaba que él era un adulto perfectamente capaz de pagar por su propio alcohol y que hacía años −literalmente− que no vivía bajo sus reglas.
Pero, naturalmente no iba a decírselo a ella, valoraba lo suficiente su vida como para no buscar hacerla enojar.
−Muy, muy decepcionada Maurice−Colocó un plato de waffles con tocino frente a Tails−Sonia estará muy enojada cuando le cuente lo que hiciste−refunfuñó, colocando un plato de waffles para él.
Sonic solo rodó los ojos en señal de fastidio y comenzó a comer en silencio. ¡Genial! Ahora su loca y malhumorada hermana mayor le gritaría y sermonearía también.
Fantástico.
Tails, quien estaba ajeno a todo el drama familiar continuaba su lectura muy tranquilamente, mientras la matriarca de los Hedgehog seguía regañando a su mejor amigo.
−Buenos días familia−Jules se presento en la cocina, animoso como siempre−¿Cómo va todo?−Le dio un beso en la mejilla a su esposa y tomó asiento junto a su hijo.
La única mujer en la habitación ahora dirigió toda su atención al recién llegado.
−Y tú, Jules Wallace III, ¿Cómo te atreves a darle alcohol a tu hijo menor? ¡Y en mis propias narices!−Reprocho la mujer de brazos cruzados viendo amenazadoramente a su marido.
Tails alzó vista de su lectura y Sonic continuó comiendo en silencio sin inmutarse, ya sabía lo que pasaría a continuación.
−Oh vamos, Aleena... él es un adulto... ¿qué tiene de malo que beba un poco de vez en cuando?−Trato de justificarse.
Algo que lógicamente no consiguió.
−Sabes las reglas, en esta casa no se bebe−.
El hombre sonrió de lado y comenzó a leer el periódico, sin mucho interés en continuar la discusión.
−Técnicamente bebió en el jardín de los Rose, así que no rompió ninguna regla−.
Aleena hizo un mohín indicando que no estaba para nada de acuerdo con su lógica, aunque en el fondo era consciente de que tenía algo de razón.
Pero no iba a aceptarlo así que continuó con la discusión.
−¿Y qué hacían en el jardín de los Rose?−Cuestionó olvidando por completo el hecho de que la noche anterior había visto a Amelia Rose sentada en el jardín.
Jules miró a su hijo unos breves segundos, como esperando su aprobación; este en cambio solo atinó a encogerse en su lugar al saberse descubierto por su padre. −Al menos eso explicaría las cervezas de cortesía−
−Males de amores−Fue lo que respondió el mayor y Aleena palideció levemente.
−¡Oh cariño! ¡Lo siento tanto! He sido tan insensible−Se disculpó la mujer−Pero aún así sabes que no me gusta que bebas−Añadió mientras preparaba el desayuno de su esposo.
La risa mal disimulada de Tails no hizo sino aumentar su grado de bochorno. Sus padres siempre lograban avergonzarlo en toda situación.
−Sólo fui a hablar con Amy porque se veía triste−Se justificó−Y solo sucedió eso−.
Tails guardo silencio en apoyo a su mejor amigo, sabía que le tomaría tiempo aceptar frente a los demás su nuevo interés.
−Pues parecías muy abatido cuando la pequeña Rossy no quiso besarte−Pronunció su padre y ese fue el fin de todo su orgullo.
Aleena alzó la vista incrédula y observó a su hijo, visiblemente apenado.
−¿De verdad estás interesado en la pequeña Amy?−Cuestiono curiosa.
Tails contuvo la risa; Sonic en cambio, tenía ganas de golpear todo a su paso.
Aún no podía definir qué era lo que Amy Rose provocaba en su interior y sus padres ya estaban casi asegurando que ella le gustaba.
−Ella es solo una amiga, ¿SÍ?−Trató de dar por terminada aquella incómoda plática. Lo último que quería era tener a sus padres opinando sobre su vida amorosa.
−Una linda chica que te rechazo−rió su padre sin despegar la vista de su periódico−Te gustan las pollitas menores que tú, bien jugado hijo−Lo codeó, burlescamente aumentando su enojo y descontento.
−Amelia es una linda chica−Aleena concedió un poco de razón−Harían una linda pareja juntos−Añadió después colocando el desayuno de su esposo sobre la mesa−¿Recuerdas cuando te perseguía por todos lados para que jugases al príncipe azul con ella?−rió al recordar aquella escena−Quien diría que hoy día es ella quien huye de ti−.
Suficiente, esto era demasiado para su salud mental, si seguían así simplemente él iba a...
−Deberías invitarla a salir−Su padre hablo nuevamente−Es bonita, es soltera y sabe cocinar... ¿qué más quieres?−.
A volverse completamente loco...
Sí, definitivamente se volvió loco.
−¡BASTA! ¡BASTA! ELLA NO ME GUSTA, NUNCA ME HA GUSTADO Y NUNCA ME GUSTARÁ−se levantó bruscamente de la silla y los observó a todos visiblemente molesto−¡SÓLO INTENTO CUIDAR DE ELLA PORQUE EL HIJO DE PUTA DE SHADOW LA HARÁ SUFRIR!−Finalizó enfadado.
Todos los presentes le observaron en silencio, Tails, aunque consciente de la situación prefirió no intervenir.
La mirada en el rostro de sus padres denotaba confusión y sorpresa. La sola mención del nombre de Shadow había comenzado un efecto dominó en la mujer.
−¿Qué tiene que ver Shadow en todo esto?−Fue Jules quien se atrevió a cuestionarlo directamente.
Aleena solo lo observaba en silencio, esperando dicha respuesta.
Al parecer había destapado nuevamente la caja de pandora.
Suspiró sonoramente y rodó los ojos en señal de fastidio, había metido la pata hasta el fondo y ahora no le quedaba más remedio que hablar al respecto.
Aunque no diría toda la verdad obviamente, había detalles −Como ese beso en la oficina o ese secreto que ambos compartían− que sus padres no debían saber.
Resopló brevemente y miró a los ojos de su madre unos cuantos segundos.
−Sólo intento evitar que Shadow se aproveche de una chica inocente−soltó de golpe−Intenta reemplazar a María con Amy−Añadió, con la mirada perdida entre sus pies−No quiero que ella sufra por culpa de un idiota con traumas y depresión no atendida−Finalizó un tanto despectivo.
Después de todo no mentía cuando decía que se preocupaba por ella, realmente creía firmemente en la idea de que Amy Rose solo era un consuelo para ese idiota de Shadow.
Pero eso no le eximía de sus propios demonios y malos entendidos hacía la chica; porque sí, definitivamente se hubiese acostado con ella en esa ocasión −O en cualquier otra si se hubiese dado el caso−.
Era verdad que no era el mejor amigo del mundo, la había cagado hasta el fondo cuando le pidió que atendiera sus mensajes, pero en ese momento no vio nada malo.
Pero lo admitía, había sido un completo imbécil al pedir semejante cosa.
−Cuida tu lenguaje, Maurice−Su padre intervino nuevamente−No puedes seguir con esto−La seriedad en su rostro provocó un escalofrío en su hijo−Esto tiene que parar, ambos son adultos−.
¿Tenía que parar? ¡Por caos! Él ni siquiera había iniciado ese pleito absurdo. En su lugar siempre tuvo que tolerar al señor Don amargado hacer desplantes y malos tratos.
Sabía que hablar de Shadow siempre era un tema delicado para su madre; podía sentir su ánimo decaer. Pero no podía mentirle, no a ella.
−No es más que la verdad−Aseveró.
Ambos padres se observaron por breves instantes, incapaces de procesar la información que acababan de recibir. Después todo ese tiempo las cosas no habían mejorado en lo más mínimo.
Aleena sabía que la convivencia entre sus hijos nunca logró prosperar positivamente. Sabía del rencor que Shadow tenía hacía ella y cómo su incapacidad para lograr establecer vínculos afectivos con su hijo mayor terminó por afectar a Sonic.
Gran parte de la culpa la tenía ella por no haber actuado asertivamente cuando eran unos niños.
−Maurice−La voz tranquila pero autoritaria de Jules capto la atención de todos−No sé qué lío tengas hoy en día con tu hermano−bajo levemente la mirada, con evidente tristeza−Pero evidentemente este no es el lugar ni el momento para hablar de esto−Trato de dar por finalizado todo ese asunto.
Lo último que quería era hacer sentir mal a su pobre esposa. Ya lo pasaba bastante mal como para seguir dándole mortificaciones.
Por otro lado −Y, casi como un chiste de mal gusto− Aquellas palabras, lejos de amedrentarle o despertar en el joven un poco de sentido común, lograron enfurecerle.
Estaba cansado de la actitud sumisa de sus padres frente al problema. Shadow ya era un jodido adulto que había externado su apatía y falta de interés de que permaneciesen en su vida y ellos seguían justificándole como si fuese un niño pequeño con visitas programadas.
Vale que en algún punto eso fue una realidad; sabía que se esforzaron al máximo para que Mephiles no pudiese encontrar ningún pretexto para no dejarles verlo.
¿Pero ahora? ¿Hoy en día seguían creyendo que un tipo casi treintón necesitaba su ayuda y que le defendieran?
−Shadow es un imbécil, papá... −Su mirada se ensombreció−Y estoy harto de fingir que no es así−Finalizó para momentos después sentir un ardor en su mejilla.
Todos los presentes observaban incrédulos la escena sin darle crédito a lo que sus ojos veían; Aleena había abofeteado a Sonic.
Lágrimas amargas corrieron por sus mejillas al ser consciente de lo que había hecho.
−¡Hijo! Yo... lo-sien...−No le permitió continuar.
Ofendido; Sonic The Hedgehog dio media vuelta sin observar a nadie y camino fuera de la cocina.
Ahora le quedaba más que claro quién era el favorito aquí.
Antes de marcharse; giró sobre sus talones observando con seriedad a los presentes y suspiró.
−Siempre supe que era tu favorito−Finalizó; mientras la puerta principal se cerraba de un portazo.
−¡Hijito!−Trato de correr tras de él, pero el agarre de su marido la detuvo en el acto.
−Necesita estar solo−.
Tails, sorprendido ante aquel derroche de emociones por parte de la familia anfitriona no supo a ciencia cierta cómo reaccionar. Podía comprender que sus padres quisieran la paz entre ambos hermanos y, sin lugar a dudas no podía pensar en que aquella pareja hiciese diferencias de algún tipo.
Había algo más; algo en esa relación de hermanos no terminaba de cuadras e iba a averiguarlo.
Lo haría o dejaría de ser Miles Prower.
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Escaleras abajo; la abuela le esperaba con flores y otro tipo de decoración para que ayudase a colocarla.
No le molestaba, la decoración siempre fue uno de esos pasatiempos que compartía con su madre y le emocionaba recordar cómo podía pasar horas organizando la oficina de su padre.
−Amelia, querida... ¿Colocaste los pétalos de rosa en el altar?−Pregunto la abuela mientras cargaba algunas lámparas de papel y las colocaba entre los árboles.
−Sí abuela, ya está−.
Aretha Rose era la mujer más mandona y controladora que pudiese existir, pero igual era su abuela y en el fondo sabía que no era muy diferente a ella.
−Bueno, cariño... el servicio de banquetes deberá estar aquí a las 5:00pm−La mujer observó el reloj en su muñeca y secó el sudor en su frente−La recepción comienza a las 6:30, debes estar lista−Le recordó.
Asintió sin ganas y continuó acomodando aquí y allá; era bastante perfeccionista.
−Amy−La voz de Silver le llamo desde el umbral de la puerta−¿Necesitas ayuda?−.
Las ojeras y en su rostro confirmaron su teoría, pensó un momento en lo ocurrido anoche y asintió gustosa. Un par de manos extra siempre eran útiles.
−Encárgate de las mesas y las sillas del fondo−Pidió y el obedeció al instante.
Era el único hombre que conocía al que no necesitaba pedirle las cosas más de dos veces para que las realizara.
−Terminé−Le dijo animoso−¿Algo más?−.
Mentiría si dijera que no le sorprendió la rapidez con la que hacía las cosas; era eficiente y eso era imposible de negar.
−Joven Silver, ¿Podrías ayudarme a colocar estos floreros?−Fue Aretha quien se pronunció al respecto.
Ese muchachito servicial reduciría su carga de trabajo y eso estaba perfecto.
−¿Estos son?−Pregunto acercándose a la mujer.
Ella asintió, permitiéndose apreciar más de cerca al susodicho; era lindo, no podía negarlo. Y, dado a que su querida nieta se encontraba lo suficientemente lejos para escucharlos, puso en marcha su plan.
−Y dígame jovencito−Lo observo directamente, causándole una leve incomodidad−¿Cuáles son tus intenciones con mi nieta?−Pregunto de golpe mientras le hacía un moño a una de las bolsas de regalo para los invitados.
Silver tuvo que detener su actividad para cerciorarse de que había escuchado correctamente.
−Disculpe señora Rose, pero no creo que no entiendo su pregunta, Amy y yo somos sólo amigos−Respondió, incómodo.
Esa señora era muy extraña. Aunque lejos de dar por terminada la conversación, esta apenas estaba comenzando.
Aretha era una mujer de instintos; siempre dejándose guiar por lo que su mente y corazón le dictaban y había algo en este muchacho que le agradaba.
Por lo que, haciendo gala de esa impulsividad que le caracterizaba continuó.
−Mi pequeña Amelia necesita un hombre que pueda complacerla−Le codeó, pícaramente−Necesita las atenciones que un hombre puede darle, si sabes a lo que me refiero−le guiñó un ojo y Silver deseó que la tierra se lo tragara.
¿De veras estaba teniendo una conversación de este estilo con la abuela de Amy? Esa señora estaba completamente loca. Amy era su amiga y no le interesaba de ese modo.
Aunque debía admitir que era una mujer bonita y que cuando usaba vestido o faldas cortas era imposible negar que tenía un cuerpo bastante atractivo.
¡Pero ese no era el caso! Él no quería acostarse con Amy aunque sus glúteos se viesen favorecidos cuando usaba pantalones ajustados.
Vale, eso último no debió salir de su mente, ni siquiera debía de estarle viendo el trasero a Amy.
Se reprendió mentalmente ante ese pensamiento y Aretha sonrió complacida. Había logrado despertar en el muchacho la espinita del interés, el resto debía fluir naturalmente.
−Yo solo digo que mi querida Amelia necesita todo lo que un hombre entrega a una mujer−Finalizo mientras se alejaba en dirección a la cocina.
Sí, definitivamente esa señora era extraña, y ahora sin quererlo había pensando indecencias referentes a Amy, la cual parecía muy entretenida colocando guirnaldas en el altar.
Observó sin poder evitarlo la retaguardia de la chica y un leve sonrojo se apodero de sus mejillas. No sabía dónde tenía la cabeza en esos momentos, pero definitivamente −Bajo circunstancias muy especificas− Tal vez −Y sólo tal vez− podría atreverse a admirar más de cerca la figura de su mejor amiga.
¡Pero sólo bajo circunstancias que fuesen muuuuuuy específicas!
Porque no, el no estaba interesado en ella de esa manera, claro que no.
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Bebió un trago de café y miró la pantalla de su celular, el mensaje de Rouge contenía la dirección y la hora en que comenzaría el evento.
El reloj marcaba las 2:30 de la tarde, aún tenía tiempo de sobra para que la ceremonia comenzara.
Pensó en Rose y el deseo de llamarla le invadió por breves segundos, pero conociéndola como creía hacerlo, sabía que estaría en uno de eso rituales −Innecesarios− De belleza.
Suspiró; pensar en ella era extraño. Le gustaba, le gustaba más de lo que pudo pensar que alguna otra mujer le pudiese llegar gustar alguna vez.
Pero el que el Faker metiese sus narices en sus intenciones de cortejo no hacían sino aumentar su deseo casi −Bastante− Enfermizo por poseer a esa mujer.
Y no sólo sexualmente −Aunque era una gran parte de sus intenciones− Quería que fuese suya y de nadie más. Meterse hasta el fondo de su alma, poseerla en esta vida y en todas las demás.
Llegar hasta el fondo de esos ojos verdes y perderse en su inmensidad.
Y aunque eso hubiese sonado asquerosamente cursi, lo necesitaba. Quería aferrarse a esa mujer con todas fuerzas y lo más patético de todo es que deseaba despertar todas las mañanas y verla a su lado.
−Te estás volviendo blando, Shadow−Hablo para sus adentros con una media sonrisa en el rostro.
El sonido de su celular le distrajo de sus pensamientos; miró con fastidio el aparato y atendió de mala manera.
−¿Qué?−No conocía el remitente y no se caracterizaba por ser alguien muy amable.
La voz al otro lado de la línea soltó una risita y eso le fastidio.
−Buenas tardes Shadow... llamo para confirmar nuestros planes−.
Rodó los ojos en señal de fastidio; por poco olvidaba ese asunto.
−Sí, pasaré por ti a las 4:50−Le informo−Ni un minuto menos−.
−Vale, te estaré esperando−.
La llamada finalizo y se dejo caer en la cama agobiado.
Nunca creyó tener que recurrir a tales tácticas, pero siempre hay una primera vez para todo.
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Necesitaba golpear algo, lo que fuera; miró el cielo en búsqueda de encontrar la paz mental que tanto necesitaba en las nubes las cuales iban y venían sin ninguna preocupación.
Las envidiaba; él era un sujeto de gustos simples al que no le gustaba tomarse la vida tan en serio.
¿Tan difícil era de entender? No le gustaban las ataduras de ningún tipo y su incapacidad para respetar la relación que tenía con su novia era un claro ejemplo.
Si fuese por él viajaría por el mundo, sin ataduras, durmiendo dónde la ocasión se presentase y viviendo el día a día al máximo.
Pero debía respetar los decretos de la moral el turno y trabajar como el adulto autosuficiente que se supone que era.
No supo cuanto tiempo estuvo corriendo, pero a juzgar por la distancia que había recorrido, podía inferir que había pasado al menos dos horas desde que salió de casa de sus padres.
Había olvidado su teléfono sobre la mesita de noche y aquello le alegro, al menos ahora nadie le estaba molestando.
Pensó en su madre y en la bofetada que había recibido esa mañana; ya lo intuía, desde niños las cosas siempre estuvieron a favor del moreno y ahora esta situación termino de confirmar sus sospechas.
Ya ni siquiera podía decir que estaba molesto; estaba más bien decepcionado. Decepcionado de que le siguiese afectando como cuando era un niño pequeño.
Era patético sí, sus nobles intenciones de cuidar a Amelia Rose terminaron por revivir un trauma de la niñez.
Joder, era hora de volver a casa...
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Miró el vestido perfectamente planchado y colgado en el pequeño armario y sonrió con autosuficiencia al pensar en la elección tan perfecta que había realizado.
Ahora solo le restaba tomar un baño y comenzar con su ritual de belleza. Sus primas mayores incluso habían contratado a una maquillista profesional para que les ayudase a lucir radiantes.
Aunque eso no logró amedrentarle; después de todo había tomado lecciones con Rouge y aunque no era tan buena como ella, al menos podía hacerse lucir medianamente decente.
Tomó una toalla y entró en la regadera dejando que el agua relajara sus músculos.
Cinco minutos después se colocó la bata de baño y salió del baño dispuesta a secar su cabello. Silver y Orión jugaban sobre la cama y el joven no pudo evitar notar como los pezones de la chica traspasaban la tela de su bata.
Aparto su vista rápidamente, rogando a todos los dioses que ella no se diera cuenta de ello.
−Todo tuyo, Silv−Respondió sentándose frente al tocador−No vayas a resbalar−Le advirtió y un momento después encendió el secador para el cabello.
Incapaz de poder articular palabras el joven asintió.
La conversación con esa señora estaba afectando su juicio. ¿Desde cuándo él notaba cosas como esas?
Entro rápidamente a la regadera; el agua fría seguramente le ayudaría a relajarse y dejar de pensar en obscenidades. No recordaba cuando fue la última vez que había notado el cuerpo de otra mujer que no fuese Blaze. Sí, la vista era muy natural y echar una mirada de vez en cuando a alguna fémina que se encontrara por la calle no estaba mal.
Tristemente había sido demasiado −en extremo− fiel a su ex-novia. Ninguna mujer se cruzaba por su pensamiento, Blaze tenía todo lo que el necesitaba en una mujer. Lastimosamente ella había decidido que no lo necesitaba más en su vida. Quizás eso sonaba cruel, pero lo respetaba. Tanto tiempo juntos quizás terminaron por enfriar su relación.
"Tengo un retraso de dos semanas" le había dicho por teléfono. Podía ser verdad, ningún método era 100% efectivo, pero ¿Dos semanas? Era malo para recordar fechas y siendo honesto no es como que llevase un conteo exacto de las veces que mantenía relaciones con su novia, pero...
No, seguramente estaba malinterpretando las cosas y definitivamente si había pasado el tiempo que ella le había indicado. Ella era la mujer y ellas sabían llevar sus propias cuentas, ¿no?.
Salió de la regadera y se observó frente al espejo; más delgado de lo usual. Su nueva vida de soltero había causado estragos en su peso. Suspiró; no tenía caso pensar en esas cosas, ahora lo importante era disfrutar de la celebración y estar en compañía de los Rose, quienes habían sido tan amables −y afectuosos− con él.
La ventaja de ser hombre era que podía vestirse rápido y sin preocuparse de cosas como el maquillaje; cinco minutos bastaron para que saliera del baño dispuesto únicamente a ponerse los zapatos elegantes y la camisa azul eléctrico que había comprado para la ocasión.
−Vaya que eres rápido−Menciono la chica dándole la espalda.
Aún permanecía sentada en el tocador, ahora llena de tubos para el cabello y una paleta de sombras en su mano; podía observar su rostro frente al espejo y al menos su ojo derecho parecía listo.
El sonido de la puerta y la posterior voz de la prima Amanda desde afuera de la habitación logró que ambos jóvenes se tensaran.
−¡AMY! ¡AMY! NECESITO QUE ME PRESTES ROPA INTERIOR DE ENCAJE−Gritó desde fuera de la habitación, forzando la perilla para que esta se abriera. −La cual, gracias a los Dioses estaba cerrada−.
Silver volteó a ver a Amy y ella le devolvió el gesto; sin lugar a dudas era una familia peculiar.
−No Amanda, no tengo ropa interior que prestarte−Respondió sin dejar de colocarse el maquillaje.
−¡RAYOS!−Se quejo mientras sus pasos se escuchaban alejarse por el pasillo.
−Eso fue raro...−Se atrevió a mencionar, jugueteando con el pequeño chao.
No era extraño que hiciera esa clase de peticiones, nunca había respetado las cosas de uso personal, ni ninguna otra en realidad. Además, aunque ella fuese lo suficientemente sucia y despreocupada, su ropa y la de Amanda no coincidían en tallas.
Miró el reloj en la mesita de noche; las 4:22 y aún le faltaba la mitad del rostro.
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Abrió la puerta lentamente intentando que nadie le escuchara; pero la silueta de Tails logró desanimarle al instante.
−No estoy de humor para tus sermones, Tails.−Dijo cerrando la puerta tras de sí, caminando escaleras arriba en dirección a su habitación.
El jovencito le siguió en silencio.
Parecía analizar cada uno de sus movimientos esperando el momento oportuno para soltar algún regaño o reproche.
Frente a la puerta de su habitación Tails se detuvo y le observó con seriedad.
−Si tienes algo que decir, escúpelo−Refunfuño dispuesto a abrir la puerta y encerrarse en su habitación.
−Definitivamente no apruebo tu comportamiento−Dijo sin filtros−Pero no soy quien para juzgar tu sentir...−se dio la media vuelta dispuesto a irse−Debes darte prisa, la ceremonia comienza en 20 minutos−Y se fue sin más.
Visiblemente confundido el cobalto decidió que lo mejor sería darse prisa. No tenía caso darle más vueltas a ese asunto.
Ya se disculparía con sus padres después.
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Luego de haber quitado los tubos de su cabello y terminar su maquillaje el momento de la verdad había llegado.
Entrar en ese vestido color vino que se apresuro a comprar y que le enamoró casi al instante de verlo en la tienda.
Fue amor a primera vista.
Tomó aquella hermosa prenda y se dirigió al baño, aún le quedaban diez minutos, aunque desde la ventana podía escuchar el murmullo de la gente que estaba arribando.
De abajo hacía arriba deslizó aquella prenda notando con frustración su incapacidad para poder cerrarla adecuadamente. Lo intentó una, dos, incluso cinco veces, pero el cierre no cedía así que se vio forzada a pedir refuerzos.
−Hey Silver−salió del baño con el vestido medio abierto−¿Puedes echarme una mano?−le dio la espalda para mostrarle el cierre a medio camino.
Cortés, como siempre se aproximo a la fémina y con un ligero temblor en su manos comenzó a subir lentamente el objeto. La piel de Amy era suave y cremosa al tacto, ella desprendía el aroma de un perfume tan... singular.
Que instintivamente se acercó hasta su cuello para aspirar ese dulce aroma sin reparar en la invasión al espacio personal de la fémina en cuestión quién no hizo otra cosa que congelarse ante la cercanía de sus cuerpos.
−Hueles muy bien−Le dijo con voz ronca alejándose lentamente para subir el cierre de un tirón−Te esperamos abajo−Y salió de la habitación con el pequeño chao en sus brazos sin atreverse a mirarle al rostro.
A solas, con el tiempo apremiando a su situación solo pudo soltar un largo resoplido. ¿Qué rayos había sido eso? Aún podía sentir la cálida respiración de Silver sobre su cuello y eso la hizo sentir acalorada.
−¡Contrólate Amelia!−Se reprendió así misma y bajo con prisa hasta el jardín, la ceremonia estaba a escasos minutos de dar comienzo.
Afuera se encontraba la mitad de su familia y conocidos tomando asiento para esperar la gran entrada triunfal de la novia.
Miró a lo lejos a su primo quien parecía sumamente nervioso. A su lado algunos de sus tíos parecían intentar reconfortarle.
Buscó con la mirada a Silver, quien se encontraba sentado al lado de varios de sus sobrinos, quienes estaban hostigándolo de manera bastante cómica. Pensó en ayudarle, pero sus ideas estaban demasiado revueltas como para pensar en dirigirle la palabra en ese momento.
−Hey Amy−a lo lejos la voz de Tails le distrajo de sus pensamientos insanos y agradeció internamente al jovencito−Te ves muy bien−le halagó.
−Tu no te quedas atrás, ya eres todo un caballero−Sonrió peñizcándole una mejilla. Quizás ya no era un niño, pero le seguía pareciendo adorable.−A todo esto, ¿Dónde está Sonic y sus padres?−.
Visiblemente incómodo, el negó suavemente con la cabeza y suspiró.
−Vendrán a la fiesta, les han surgido algunos inconvenientes...−Respondió con hermetismo.
Amy, aunque confundida, decidió que lo mejor era evitar cuestionar cosas que no eran su asunto. Ahora lo importante era disfrutar de la ceremonia.
−Ven, vamos a sentarnos−Le tomó del brazo y le haló suavemente hasta dos sillas vacías−Este lugar es perfecto−tomo asiento y Tails hizo lo mismo−Es una lástima que Rouge no este aquí, a ella le encantan las bodas−Comentó casual, intentando iniciar una conversación.
Era un poco triste el no poder compartir un momento como este con su mejor amiga, pero entendía que con su estado lo mejor sería que se quedara en casa descansando.
−¡Oh! Por poco lo olvido −Se levanto de golpe−Voy por mi cámara, ya regreso−corrió con paso disimulado hasta su habitación y tomó el aparato con cuidado.
Con todo el ajetreo del maquillaje había olvidado por completo que ella tomaría las fotos en la ceremonia.
Tomó unas cuantas de su primo una vez que se acomodó en el altar y algunas otras desde distintos ángulos en el jardín. Ahora que todos habían tomado asiento solo restaba esperar a la novia.
Las seis treinta de la tarde era la hora establecida para dar inicio a la ceremonia, por ello, cuando media hora después aún no había rastros de la novia, algo comenzó a no cuadrar en el ambiente.
Los invitados murmuraban y el novio parecía intentar con todas sus fuerzas no caer ante un ataque de ansiedad. De vez en cuando veía a Silver quien evitaba a toda costa devolverle la mirada, seguramente muerto de vergüenza.
Pero ese no era el caso en este momento; ahora lo importante era pensar en que rayos podía estar pasando con esa mujer −Quien había que recordar, no le agradaba para nada− que no se había presentado.
¿Era posible que algo malo le haya pasado? ¿O tal vez huyó dejando solo y humillado a su pobre primo? Ninguna de esas razones le parecían 100% confiables, pero era evidente que estaba bastante retrasada y los invitados comenzaban a fastidiarse.
Incluso ella misma estaba que se moría por quitarse esos incómodos zapatos que aunque preciosos, le estaban cortando la circulación.
Cinco minutos más transcurrieron y el sonido de un coche aparcándose no tan lejos de la entrada capto la atención de todos. Segundos de blasfemias y palabras malsonantes se escucharon y a lo lejos, de la mano de un fornido y varonil pelirrojo, venía la novia, agitada, pero entera.
El sonido de la marcha nupcial resonó por todo el jardín, el pobre Robert trataba de contener las lágrimas de alegría; ver al amor de su vida caminar lentamente hasta el altar evocaba sentimientos tan hermosos que desbordaban su interior.
Incluso parecía haber olvidado por completo que hacía menos de 10 minutos todos pensaban que le habían dejado plantado.
El padre de la novia estrechó su mano y con una leve sonrisa se alejo hasta su asiento dando inicio a la ceremonia oficialmente.
−Queridos hermanos... hoy estamos reunidos para celebrar la unión de dos almas −El ministro carraspeo un poco−Robert y Marie Ann... hoy jurarán amor eterno ante los ojos de Dios y quienes les aprecian...−.
Ver a su primo feliz, le hacía olvidar que ella era odiosa hasta por respirar. Era simplemente perfecto todo el ambiente que se respiraba a su alrededor.
Cosas como esa le incitaban a desear casarse y celebrar su propio final feliz. −Metafóricamente hablando, claro está−.
−El joven Robert desea leer un breve pensamiento a su futura esposa−Anunció el ministro y todos observaron al novio.
−Querida Marie...−Carraspeo un poco, estaba tan emocionado y nervioso que las palabras se atoraban en su garganta−Te amo tanto... que ni siquiera puedo ser capaz de decirte un pensamiento que se compare a lo que siento aquí−señalo su corazón, con fuerza−Te amo Marie Ann... aún no puedo creer que hayas aceptado ser mi esposa−Gimoteó suavemente y los presentes soltaron suspiros de ternura.
Su primo era un cursi sin remedio, pero era muy lindo. ¡Ya quisiera ella un hombre así en su vida!.
−Ahora, Robert Rose... ¿aceptas a Marie Ann, cómo tu legítima esposa?−.
−Acepto−.
−Marie Ann... ¿aceptas a Robert cómo tu legítimo esposo?−.
−¡Sí!−Chillo emocionada y los presentes le imitaron.
−Por el poder que Dios me ha conferido, los declaro marido y mujer... ¡Felicidades! Puedes besar a tu bella novia−Finalizó el ministro y la feliz pareja compartió un tierno beso que fue coreado con aplausos, silbidos y diversas muestras de felicitación.
Oficialmente había una nueva Rose en la familia.
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Continuará...
Por poquito y no se arma la boda xD... el pobre primo ya estaba sudando frío... el pequeño Silver esta confundido... ¿será una señal? Shadow tiene un plan... y Sonic es... Sonic... el pobre no sabe externar sus sentimientos asertivamente... el próximo capítulo será decisivo, lo prometo :B
Recordad: dispensen faltas y dedasos... mis ojos miopes no dan para más (así es, la Gri es una cuatro ojos xD)
Se cuidan y muchas gracias por leerme...
Atte.
Gri.
