Admito que perdí la cuenta del tiempo que ha transcurrido de mi ausencia y este hiatus en el que me he visto envuelta, pero bueno ¿qué hacerle? les ofrezco mis más sinceras disculpas; mucho a sucedido en mi vida desde la última actulización.
Mi corazón está de luto y no había tenido ni el tiempo ni los ánimos para continuar con este drama.
Les ofrezco mis mas sinceras disculpas y espero que este capítulo valga la espera, el próximo no tardará tanto, lo prometo.
Capítulo dieciocho
"De amores cobardes, pasión desbordante..."
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Pensar en la planificación familiar inevitablemente le remontaba a un pasado en el que si bien, no podía decir que tuvo una mala infancia, si había ciertos aspectos que no quedaban del todo claros ahora en su adultez.
Pensar en el pequeño Maurice de 5 años era agridulce; había un pasaje peculiar en su memoria que aún hoy no podía dejar de darle vueltas entre sus pensamientos más profundos.
Su hermano y hermana sentados en su habitación tratando desesperadamente de mantenerle tan entretenido para que no tuviese intenciones de salir de ahí. Abajo podía escuchar a sus padres discutir; sumado a la discusión había alguien más que aún no dejaba de darle vueltas una y otra vez durante sus noches de insomnio.
"Obtienes lo que mereces, zorra" Había escuchado a aquel hombre gritar mientras los llantos de Aleena le dificultaban escuchar lo que su padre hablaba a la par.
"Aún ni siquiera has firmado los putos papeles y ya hasta tienes un nuevo bastardo" lo escucho de nuevo y con el tiempo dedujo que ese hombre era Mephiles, el papá de Shadow.
Entre el griterío y los juegos desesperados de sus hermanos para mantenerle ajeno a todo, no se había enterado de toda la conversación; pero con los años y las pistas que pudo recolectar de sus padres e inclusive del propio Shadow comprendió que las cosas no habían terminado a bien.
Se negaba a creer que su madre fuese todas esas cosas que ese sujeto pregonaba.
Aleena era una buena mujer incapaz de lastimar a una mosca, sencillamente no podía ser verdad.
¿O sí?
−¿Sonic?−La mano de Amy le sacó de su letargo−¿Estás bien?−En su rostro la preocupación era evidente.
Por inercia, el movimiento de su cabeza fue afirmativo; pero la mirada en el rostro de su amiga no estaba para nada conforme con su respuesta.
−Lo siento, es sólo qué... pensar en bebés y esas cosas me da escalofríos−Confesó.
No era del todo mentira cuando decía que pensar en ello le provocaba un sentimiento de incomodidad inherente. Era verdad que los niños no le desagradaban, de hecho podía decir que se llevaba bastante bien con los hijos de su hermana mayor y hasta podía considerarse el tío favorito, pero de tío a padre había una gran brecha que estaba seguro no debía cruzar.
No tenía madera para ello, muy en el fondo era consciente de que su vida y sus ambiciones no daban para ello. Era un espíritu libre viviendo al día y tener un hijo implicaba planificar, mantenerse estancado y esforzarse al triple por cosas que ni siquiera son para tu uso personal.
Quizá sonaba egoísta −y lo era− pero se consideraba bastante joven para dedicarle todo su empeño y esfuerzo a otro ser vivo que no fuese él y ocasionalmente alguno de sus padres.
Miró a Amy y esta le miraba también visiblemente confundida y contrariada ante las palabras que acababa de expresarle. La conocía, sabía que ella era una chica hogareña, de la clase de mujer que sería una gran madre y esposa.
Casi de película, pero el pasaba de esas cosas...
Por otro lado; el nerviosismo en el cobalto no hizo sino aumentar la certeza de que no podía elegirlo como un candidato.
Era la clase de chico que huía de las responsabilidades y el compromiso. Bueno, ahora que lo veía actuar de ese modo entendía porque había decidido hacerse la operación para no tener hijos.
Una sabía decisión −si se lo preguntaban− al menos no era el típico gañan que deja hijos esparcidos por todos lados y eso era un punto a su favor.
−Entiendo, tener hijos es una gran responsabilidad−Comento mientras le restaba completa importancia al asunto−Siento haberte puesto incómodo Sonic−Finalizó sonriéndole suavemente y bostezo después.
Aún seguía soñolienta y al llegar a casa terminaría rendida a los pies de la cama. Sonic por su parte, no mencionó nada más al respecto; conocía a Amy y sabía que ella se tomaba bastante en serio todo ese asunto.
Así que, sin nada relevante que comentar, ambos subieron al ascensor en completo silencio.
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Cuando regresaron a la sala de espera terminaron encontrándose al pobre Silver recoger a duras penas las maletas que Shadow le lanzaba desde fuera del hospital ante la mirada de desaprobación de las enfermeras y el ceño fruncido de Mighty y la cara llena de vergüenza de Tails.
−Eh, Shadow... ¡ten más cuidado!−Se quejó el albino mientras tomaba en el aire lo que parecía ser el bolso de Amy.
−Que te jodan−Finalizó saliendo hecho una furia.
La verdad es que a nadie le tomaba del todo por sorpresa dicha actitud, aunque sí que era extraño que decidiese armar un escándalo en un lugar como ese. Silver sólo suspiró apenado al escuchar a una de las enfermeras murmurar algo sobre él.
−Vaya amigo tan efusivo que tienen, ¿eh?−Mighty se acercó hasta Silver para ayudarle con las maletas−Cielos, nunca había conocido a un tipo tan explosivo−.
Silver solo resopló; Shadow y sus rabietas siempre le traían dolor de cabeza. Dirigió una rápida mirada por la sala de espera y sonrió al encontrar a Amy mirarle desde lejos con una cara de preocupación en el rostro. Ya sabía que era lo que estaba pensando por lo que se apresuro a mover ambas manos en un gesto conciliador a manera de tranquilizarla.
Por su parte, para Amy la situación que se había suscitado momentos antes honestamente ya no le sorprendía en lo más mínimo; el que Shadow actuase de ese modo era algo tristemente común y nada atípico para aquellos que convivían diariamente con él. Era una situación en la que él estaba molesto y cuando se ponía en ese modo lo mejor era apartarse de su camino y evitar el contacto visual.
Caminó hasta donde estaba el pobre y abochornado Silver y palmeó su hombro intentando reconfortándole.
−Yo creí que ver a los bebés le pondría de mejor humor−Ironizó el albino entregándole su bolso.
−Es de Don amargado de quien hablas, blanquito−Intervino el cobalto−Ese tipo necesita urgentemente un loquero−.
−Sonic, no digas esas cosas−Le regaño la fémina con un tono maternal, todos eran sus amigos y no le gustaba que ninguno hablase mal del otro frente a ella independientemente de que las cosas fuesen reales o no−Gracias por atrapar mi bolso, Silv−.
−Muy bien, no sé ustedes pero muero de hambre...−Mighty hablo nuevamente haciéndose notar en el ambiente−Y a no ser que Tails y el buen Silver decidan que quieren ver a los bebés, lo mejor será irnos a desayunar algo−.
Tails negó con la cabeza suavemente y miró de reojo a su mejor amigo unos segundos.
−Knuckles y Rouge necesitan paz y tranquilidad para estar con sus bebés, en unos días iré a visitarlos−tomó su celular y tecleó algo en su agenda−Además, también muero de hambre y el cuello me está matando−.
−¿Qué me dices tú, Silver? ¿Quieres ver a los bebés?−.
El tema de la paternidad y los infantes en este momento era algo que le revolvía el estómago. Su reciente conversación con Blaze y la incertidumbre de saber si la prueba arrojó un resultado positivo o no era algo que le ponía de nervios y aunque sabía que la situación no estaba ni remotamente cerca de parecerse a la suya no se sentía cómodo con la idea de estar cerca de dos pequeños infantes, al menos no mientras no arreglase todo su drama con su ex-novia.
−No, no... ¡Soy un desastre! Además he dejado a mi chao mucho tiempo en el auto y debe de estar preocupándose por mí−.
Sonic rió ante lo hilarante de la situación.
−¿Estás diciendo que dejaste al chao dentro del auto, por casi dos horas solo?−Sonaba muy estúpido si lo decía de ese modo, pero era una realidad.
Todos le miraron con un gesto de incredulidad en el rostro y no pudo evitar sentir sus mejillas enrojecer al comprender lo idiota y descuidado que había sido.
−¡ORIÓN!−Chilló histérico saliendo del nosocomio.
Tails rodó los ojos en señal de fastidio y caminó en dirección a la salida, seguido por Mighty quien se había autoimpuesto la tarea de cargar con la pesada maleta de la fémina y caminaba al lado de Tails.
Sonic miró a Amy y esta le devolvió la mirada por fracciones de segundo, no parecía tener intenciones de volver a hablar de lo mismo para fortuna del joven que aún tenía un conflicto interno por la conversación en la sala de maternidad. No se lo había dicho, pero era evidente que era algo que le alteraba y siendo ella alguien tan perspicaz intuía que lo mejor era evitar hablar de ello.
No era que le gustase que cosas como esas le afectaran de ese modo −de hecho, se reprendía mentalmente por ello− pero sí que le sabía fatal todo ese asunto de formalizar una vida al lado de una mujer y posteriormente tener hijos que dependiesen de él para sobrevivir.
Era egoísta, sí.
Pero no se sentía lo suficientemente bueno como para poder ser un ejemplo positivo para otro ser vivo. Vale que había convivido con Tails desde que era un niño pequeño y que muchas de las actitudes y comportamientos del jovencito se veían directamente relacionados a la influencia que él había ejercido en su vida diaria y para ser completamente franco agradecía completamente que Tails fuese esa clase de chiquillo que sabe diferenciar el bien del mal por su propia cuenta.
En otras palabras, el chico no era tan idiota y sabía discernir entre todos esos malos comportamientos tan propios del gran Sonic The Hedgehog. Que Tails no hubiese imitado todos sus malos comportamientos era lo que había hecho progresar su amistad.
−Sonic−Hablo ella tomando la maleta de Silver con la mano derecha−¿Nos vamos ya?−.
Asintió mecánicamente y caminó unos cuantos pasos hasta ella aún absorto en sus pensamientos. Una vez en el estacionamiento la mirada de desaprobación en el rostro del fortachón le hizo sudar frío.
−Eres tan poco caballero Big Blue−bufó tomando la maleta entre las manos de Amy sin ninguna clase de dificultad y colocándola en la cajuela del auto.
Le tomó más de dos segundos percatarse de que era lo que estaba sucediendo, trato de excusarse pero Amy le detuvo.
−Está bien Mighty, sabes que me gusta hacer estas cosas por mí misma, no soy una niña desvalida−.
Ninguno de los dos se atrevió a contradecirla; lo último que necesitaban era un ataque de histeria de la linda Amelia. Dentro del auto, Silver y Tails conversaban de cosas que poco le interesaban; subió del lado del copiloto y se permitió suspirar sonoramente; había tenido una noche y mañana extremadamente larga, pero ahora todo había terminado.
Aún quedaba pendiente el asunto de Shadow y la discusión que tendrían cuando volviesen a encontrarse, pero por el momento decidió que lo único que necesitaba era comer algo y regresar a su hogar tomar un baño y dormir hasta que la espalda le doliera.
Mighty y Tails desde la parte trasera discutían cual era la mejor opción para comer mientras Silver ocasionalmente intervenía para dar sus "pros" y sus "contras" referentes a la comida.
Sonic, el único ajeno a todo el drama de la comida tenía su atención completamente dirigida en observar por la ventana casi como si la vida se le fuese en ello; algo le estaba inquietando. El no era la clase de sujeto que se mantenía en silencio por mucho tiempo, tampoco le gustaba mantener la seriedad por espacios prolongados.
Lo pensó por unos segundos, dudando de los motivos del reciente mutismo; ¿la idea de ser padre le había puesto así? Le resultaba casi imposible que algo tan simple como una pregunta le pusiese en jaque de esa manera, lo conocía, sabía que no le gustaba comprometerse con nada ni nadie a largo plazo, pero ello no significaba que le tuviese fobia a la idea de ser padre, ¿o sí?.
Bueno, quizá sí; después de todo la decisión de operarse y no tener más hijo era un gran foco rojo para confirmar dicha afirmación. Aún así le costaba trabajo creer que fuese la clase de sujeto que se dejase afectar por algo como eso; había algo más que estaba pasando por alto, lo sabía. Lo conocía casi como la palma de su mano y lo que sea que le estuviese molestando no era solo su miedo o incapacidad para comprometerse, había algo mucho más profundo que de verdad tocaba una vena sensible en el joven.
Después de todo estábamos hablando de Sonic, el chico que podía acostarse con la novia de uno de sus mejores amigos y después actuar como si nada hubiese pasado; era el mismo Sonic que un día parecía querer acostarse con ella y peleaba con Shadow por ese "privilegio" y después la trataba como si fuese cualquier chica más del montón −que vale que al fin de cuentas lo era, pero no por ello le dolía menos la indiferencia y falta de congruencia en su comportamiento−.
Los años de conocerle siempre le hicieron pensar que Sonic ocultaba algo; pero el muy ladino era demasiado escurridizo y siempre encontraba la manera de distraerla o evadir sus preguntas. Siempre que había intentado tocar el tema de su actitud tan despreocupada encontraba la manera de distraerla y evitar contestar sus preguntas.
Con el tiempo comprendió que tratar de obtener respuestas de parte de él sería como buscar una aguja en un pajar.
−¿Tu qué dices, Rossy?−Mighty le distrajo de sus pensamientos −¿Apoyas los waffles o quieres algo más fitness?−.
Ninguna de las cosas le apetecía en este momento, pero al ver la cara de sus amigos sumamente entusiasmados con la idea de comer ese menú, asintió afirmativamente.
−Waffles está bien, chicos−.
−No se diga más entonces, a comer−.
El resto del viaje ocurrió sin contratiempos.
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No mentía cuando decía que dormiría como un tronco al llegar a su hogar; después de despedirse de Silver sólo pudo atinar a lanzarse al sofá y dormir de lleno hasta que el dolor en su cuello le indicó que era hora de encontrar una nueva posición. Miró el reloj en la pared; eran las 3:45pm. Había dormido media mañana y aunque no estaba completamente repuesta, al menos podía levantarse, tomar un baño y seguir durmiendo.
Caminó en dirección del baño y se deshizo de su sucio y arrugado vestido entrando en la ducha de un solo movimiento; el agua fría le provocó un sobresalto al contacto con su piel. Luego de unos segundos, comenzó a relajarse dejando que el agua se llevara todo ese cúmulo de emociones del fin de semana. Estaba mentalmente agotada; primero su familia y su manía por hacerla quedar en ridículo, después Sonic y sus emociones contradictorias y al final Shadow y sus rabietas absurdas.
Ya a estas alturas no estaba segura si era porque de verdad se sentía atraído por ella o simplemente era parte de su manía de pelear contra Sonic por cualquier aspecto en su vida. De alguna forma extraña le hacían sentir como si ella fuese una meta más por la cual luchar y que no descansarían hasta obtenerla, costase lo que costase y después se aburrirían de ella, rompiéndole el corazón.
Bueno, quizás estaba dramatizando mucho, pero fuese lo que fuese era algo que no le gustaba para nada. Ya tenía suficientemente problemas en su vida como para lidiar con los dramas de Shadow y Sonic y lo último que necesitaba era un triángulo amoroso del que no iba a salir bien librada. Vale que en los libros eso fuese hasta romántico y le encantaba leerlo, pero ahora que su vida se estaba pareciendo sospechosamente a uno de esos capítulos ya no era tan gracioso.
Bufó ante lo idiota que le resultaba pensarse como una protagonista de novela romántica y cerró la llave del grifo tomando una toalla en el proceso; camino a su habitación escuchó su teléfono sonar estridentemente. La verdad es que no le apetecía para nada conversar con nadie así que dejó a la contestadora hacer su trabajo.
Después de unos segundos el aparató comenzó a grabar el mensaje de quien sea que le estuviese llamando.
Tomó una de sus pijamas holgadas y se lanzó en la cama dispuesta a seguir durmiendo, pero el insistente sonido del teléfono sonando se lo impidió. Quien sea que estuviese fastidiando podía irse al cuerno; tomó una de sus sábanas y se cubrió de pies a cabeza, tratando de ignorar el molesto sonido, pero después de 8 llamas insistentes decidió que le diría unas cuantas cosas por atreverse a importunarle.
Salió echa furia de entre la sábanas y tomó el aparato de mala manera.
−¿QUÉ?−No iba a andarse con contemplaciones, estaba cansada y de mal humor.
Unos ruidos de interferencia se escucharon del otro lado de la línea.
−Buenas tardes señorita Rose, ¿Cómo se encuentra el día de hoy?−La voz femenina del otro lado le hizo arquear una ceja a manera de confusión−Represento a bienes raíces rubí, mi nombre es Cosmo y me gustaría hablar de negocios con usted−.
Le tomó más de dos segundos lograr entender que era lo que estaba sucediendo en esos momentos; no supo si era por la falta de sueño, el mal humor o una combinación de ambas cosas pero le sonaba bastante extraño que le llamasen precisamente a ella, específicamente a su teléfono personal −que había que mencionar, no solía brindar a los clientes− y más aún en un día no laboral.
Aclaro su garganta dispuesta a rechazar amablemente cualquier ofrecimiento que le hiciesen, pero la mujer del otro lado de la línea continuó con su discurso.
−Los altos socios desean comunicarle que les interesaría ofrecerle el puesto de publicista y administrativo en ventas−el tono de voz en la mujer cambio ligeramente−Están dispuestos a ofrecerle un suelo de cuatro cifras para demostrarle lo interesados que están en su participación en la empresa−.
¿Cuatro cifras? Sonaba demasiado bueno para ser verdad; aunque la oferta era tentadora aún no le quedaba del todo claro cómo es que habían obtenido el número de su casa y más aún porque le estaban ofreciendo este trato directamente a ella sin siquiera haber aplicado para el puesto.
Era demasiado bueno para siquiera pensar en que podía ser cierto; a ella no le pasaban esa clase de cosas.
−Escuche señorita, no sé quien le dio mi número personal−se rascó la barbilla, levemente nerviosa−Pero no estoy interés...−
−Lamentamos la intromisión señorita Rose, pero su asistente nos redirigió a contactarnos por este medio−Aclaró la mujer−Los altos socios insisten en ofrecerle el puesto, ¿le parecería discutirlo personalmente y hablar con ellos de los beneficios de convertirse en parte de la corporación rubí?−Insistió.
Había algo en todo ese asunto que no le sonaba del todo lógico; Cream tenía instrucciones de no proporcionar sus datos personales bajo ninguna circunstancia, así que dudaba completamente que aquellas palabras fuesen reales.
−Me temo que no, no estoy interesada... lo siento señorita−Se apresuró a decir de manera tosca, intentando cortar toda comunicación−Que tenga buena tarde−Finalizó sin darle tiempo a continuar con su ofrecimiento.
Deposito el teléfono en su lugar y se permitió respirar con naturalidad otra vez; no supo exactamente porque, quizá se debía a su paranoia, o simplemente era muy idiota, pero lo que acababa de suceder le daba un mal presentimiento. Simplemente con el hecho de que los dueños se autodenominaran como "los socios" le sonaba a poco menos que una secta y ella no quería verse para nada relacionada o inmiscuida en algo así.
Además ya tenía un trabajo y compromiso con Sonic, Silver y Shadow y no quería faltar al juramento que hicieron al fundar su empresa; quizás sólo eran palabras vacías, pero para ella su amistad era mucho más importante que todo el dinero que pudiese obtener.
Aunque aún le quedaba esa incertidumbre del cómo −y por qué− habían dado con su número. Y mejor aún, de dónde rayos habían intuido que ella podía desempeñar un puesto de esa jerarquía en una empresa de la que apenas y sabía el nombre.
Suspiró brevemente y trató de omitir cualquier otro pensamiento; ahora solo se dedicaría a dormir. Mañana podría hablar con Cream y aclarar que había pasado en esos días en que estuvo fuera de la ciudad.
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Aspiró sonoramente con la nariz y sintió como su cuerpo vibraba a causa de la ira contenida dentro de su ser; había conducido tan rápido que fue mera cuestión de suerte el que no hubiese ocurrido ningún accidente en su recorrido. Había llegado a su departamento hecho una fiera y destruido algunas cuantas cosas en el trayecto a su habitación.
Estaba tan molesto; su sangre hervía y la acidez estomacal le invadía de manera visceral. Pensar en el Faker y Rose era simplemente inconcebible, inaceptable. ¿Cómo rayos podía osar ese hijo de perra a atreverse siquiera a pensar en intentar algo con la mujer que había autoproclamado como suya?.
Golpeó con fuerza el pilar en su habitación, mientras un pequeño hilo de sangre recorría sus nudillos a causa del golpe; no dolía. Estaba sencillamente fuera de sí. Deseaba estrellar al Faker contra aquellas paredes y dejar su cabeza cual balón desinflado; asegurarse de que el muy maldito dejase de entrometerse en sus jodidos asuntos de una vez por todas.
Deshacerse de esa alimaña sería el fin de sus preocupaciones, problemas y de las deudas que se generaban en la empresa. Si lo pensaba con detenimiento, Maurice The Hedgehog producía más complicaciones que beneficios y cualquier labor que desempeñase en la empresa podía ser perfectamente cubierta por alguien más.
Tosió de manera hosca y tomó un cigarrillo de la mesilla de noche y lo encendió mientras sus manos temblaban; inhaló el humo del cigarro y dejo que este inundase sus pulmones. Necesitaba serenarse y pensar fríamente en que era lo que debía hacer. Por mucho que detestase a es bastardo −porque lo era− no podía simplemente prescindir de sus servicios así cómo así.
Por mucho que le jodiera, sabía que el cabrón levantaría sospechas; necesitaba pensar asertivamente en cuál sería el método adecuado para deshacerse de él. El tipo tenía familia −por insulsa que le resultase− amigos −que no merecía− y una deuda que pegar.
Frunció el ceño a manera de frustración e inhaló nuevamente. Normalmente podía ignorar olímpicamente cualquiera de las estupideces que hiciese o saliera de su boca. Con el tiempo, había desarrollado dicha habilidad. Mayoritariamente por salud mental, pues estaba convencido que la convivencia prolongada con individuos poco fructíferos como el Faker disminuirían su coeficiente intelectual.
Con el paso del tiempo −y la interferencia de María− había aprendido a dejar cualquier pensamiento negativo dentro −muy muy muy dentro− y guardar silencio.
El silencio su mejor arma; su mejor amigo y sin lugar a dudas, el que le había evitado muchos conflictos innecesarios. Sobre todo en el ámbito amoroso, por lo general; cuando tenía alguna especie de mal entendido o algo no le parecía con respecto a su noviazgo, podía interiorizar sus sentimientos sin ninguna clase de dificultad. Llevaba años haciéndolo, era algo que le salía como respirar.
Aunque en este momento los traumas de la infancia poco o nada venían al caso; estaba molesto, fastidiado y sobretodo, estaba harto de que de una u otra manera ese malnacido de melena azul siempre terminara inmiscuyéndose en su vida y arruinando todo lo que le costaba tanto esfuerzo conseguir. No podía recordar una sola cosa buena que ese tipo haya hecho por él.
De hecho, si hacía retrospectiva, el gran número de veces en que tuvo algún conflicto fue gracias a su existencia.
Desde Mephiles ebrio culpándole por el hecho de que su madre lo hubiese abandonado por −lo que él denominaba− otro depósito de esperma, hasta sus socios comerciales quejándose de la mala atención recibida por su agente de publicidad.
Masajeó el puente de su nariz y exhaló la última bocanada del cigarrillo, apagándolo en el proceso. Tomó asiento en su cama ahora desordenada por su arrebato de ira y miró sin muchas ganas a su alrededor. Quizá si se le había pasado un poco la mano al destruir todo lo que estaba en su ángulo de visión. Bufó fastidiado; ahora tendría que contratar a alguien para que limpiase todo su desorden.
Se recostó bocarriba mirando el techo sin ánimos, abstraído en la poca complejidad que en esos momentos podía adquirir y bostezó, somnoliento. Tenía varias horas sin dormir, estaba cansado y seguramente no podría conciliar un sueño reparador a estas alturas. Se maldijo internamente y se giró sobre su costado izquierdo cerrando los ojos fuertemente obligándose a dormir.
Nada...
No sucedió nada.
Se giró hacia la derecha y repitió el mismo proceso un par de veces más sin obtener ningún resultado; fastidiado, se puso de pie y comenzó a recoger algunas de las cosas que estaban regadas por el suelo, intentando acallar los pensamientos en su mente; la imagen de Rose dormida plácidamente en los brazos del maldito del Faker se repetía como una broma cruel de sus pensamientos, mientras se esforzaba inútilmente porque eso no le molestase.
Porque le jodía, le jodía como nunca antes lo hubiese siquiera pensado. Le jodía que ese cabrón se hubiese atrevido a tocarla; que el pudiese tener esa cercanía sin ningún tipo de esfuerzo; que ella se sintiese tan en confianza con él.
Le jodía... le jodía que el Faker le superase en algo que realmente le importaba.
Apretó los puños, tratando de contener la ira que recorría su interior y mordió su labio inferior con tal fuerza que comenzó a sangrar. El muy maldito lo sabía, sabía que él quería a Rose y aún así...
Aún así se atrevía a meterse.
Salió de su habitación con dirección a la cocina y abrió el refrigerador mientras tomaba una lata de cerveza abriéndola con desesperación; necesitaba acallar esos pensamientos. Necesitaba olvidarse de todo o cometería cosas de las que seguramente terminaría arrepintiéndose después.
La vibración en su bolsillo le hizo dejar de beber; colocó la lata sobre la barra de la cocina y llevó su mano magullada hasta su bolsillo sacando su teléfono celular, miró el remitente y atendió de mala gana.
−¿Qué?−.
Un poco de interferencia se escuchó del otro lado de la línea, seguido de alguien tosiendo secamente.
−¿Es esa la forma de hablarle a tu padre, Gerald?−El tono burlesco con que pronunció aquellas palabras le hizo sentir náuseas.
Era el único ser vivo −además de Aleena− que aún le llamaba por su nombre de pila −y sí, si lo detestaba con toda su alma−.
−¿Qué carajo quieres?−No iba a andarse con rodeos. La vida adulta y su independencia financiera le habían ayudado a poder hablarle con total franqueza al sujeto que se decía su padre.
−Cuida tu lengua−Le advirtió y un escalofrío involuntario recorrió su columna−Supongo que a estas alturas intuyes el porqué de mi llamada−El tono pasivo-agresivo con el que pronunciaba aquellas palabras no hacía sino aumentar el grado de incomodidad en su interior.
Desde luego que sabía el porqué de su llamada; ese malnacido no se comunicaba a menos que tuviera reproches o exigiese respuestas −que al fin y al cabo iban de la mano−. Suspiró de manera imperceptible y guardo silencio, esperando a que terminase lo que sea que tuviese que decirle.
−Los activos querido Gerald, los activos−Insistió con su nombre de pila haciéndole rabiar internamente. −Voy a ser honesto contigo−tosió fuertemente−Cuando empezaste con todo este jueguito de querer hacer una asociación con tus estúpidos amigos y el bastardo de Maurice Jr, creí que era una señal de rebeldía juvenil, un capricho idiota del que terminarías aburriéndote−Guardo silencio unos segundos, indicando que pensaba en que decir−Y cuando me nombraste acreedor, creí que era una broma de mal gusto...−Añadió, despectivamente.
No obtuvo respuesta por parte del moreno, por lo que continuó con su discurso previamente ensayado. Siempre parecía tener algo hiriente que decir, aunque no usase ninguna palabra peyorativa.
−Imagino que a este punto sabes a donde voy...−
−Estoy investigando la fuente responsable de los faltantes−Se apresuro a decir, evitando a toda costa sonar ligeramente nervioso.
Pues aunque no lo estaba observando directamente a la cara, podía intuir que estaba sonriendo complacido ante los sentimientos de incomodidad que evocaba en su interior. No era un secreto que el muy maldito era un sadista que disfrutaba con el dolor del prójimo, en especial el de los seres cercanos a él.
−Vaya, al parecer lo tienes todo bajo control−.
−Así es−Aseguró, aunque en su interior hubiese deseado convencerse de lo que acababa de pronunciar.
Tras unos segundos de silencio, Mephiles continuó.
−Espero un informe completo y la cabeza del responsable−Finalizó cortando la llamada dejándole nuevamente a solas con sus pensamientos.
Había dejado de lado todo el asunto de las faltas y la aparente culpabilidad del Faker; se maldijo internamente por la falta de buen juicio a la que se había sometido estos últimos días y trató de alguna de recobrar la poca compostura que le quedaba. Tomó otra cerveza del refrigerador y la bebió de golpe.
El líquido recorría su garganta tan rápido que ni siquiera era un sabor placentero. Repitió el mismo procedimiento con tres cervezas más y después de la quinta su vista se nublo ligeramente. Sonrió socarronamente al sentirse ebrio y continuó con el resto de cervezas dentro del refrigerador.
No supo exactamente cuánto tiempo le tomó; pero había agotado todo el alcohol dentro de su refrigerador y sentía esa impetuosa necesidad por seguir bebiendo. Se sorbió los mocos, de manera torpe y trato de dar un paso al frente. Todo le daba vueltas y las repentinas pero no extrañas ganas de vomitar le invadieron.
Se detuvo en seco tratando de recobrar un poco el sentido, pero la sensación de vértigo no le abandonó. Dio otro paso hacia delante y después otro, tan lentamente que hasta un caracol podría haberle superado en ese momento. Contuvo la respiración por unos segundos y avanzo hasta la puerta nuevamente cuando uno de los objetos que había destruido durante su rabieta se atravesó en su camino haciéndole caer fuertemente contra el suelo sin la posibilidad de frenar el golpe contra su nariz.
Negro.
Todo se volvió negro...
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La extraña sensación de que algo malo estaba sucediendo le invadió de pronto y sintió como un escalofrío le recorría de arriba abajo como una corriente eléctrica que recorría su interior. Se estiró con pereza, tratando de liberarse de esa sensación y encendió el televisor para distraerse un poco.
Después de que Silver le había dejado en su casa decidió darse un baño y dormir un largo rato para recuperarse del susto de la madrugada; habían sido muchas emociones para una sola vida. Maldijo internamente al idiota de Shadow y cambio continuamente los canales tratando de encontrar algo interesante que llamase su atención. Después de repetir el proceso por seis veces, decidió que no quería hacerlo una séptima y apago el televisor, fastidiado ante la sensación de preocupación que le invadía.
No le gustaba sentirse abrumado por cosas que no podía comprender. Por alguna razón la imagen del Shadow psicótico del viaje de regreso se repetía en su mente y le hacía sentir extrañamente consternado y culpable. Más allá del hecho de que su vida realmente corrió peligro, la mirada vacía y carente de toda emoción en el rostro del moreno le hizo sentir, ¿compasión? ¿Lástima? No sabía qué era lo que estaba sucediendo, pero lo revelado a sus padres durante la ceremonia.
Pensar en lo que había revelado le hacía replantearse muchas de las ideas −muchas erróneas, otras no tanto− que tenía respecto a Shadow. Sí, el tipo era un cabrón, odioso y carente de empatía, pero ahora que era consciente del maltrato por el que su padre le había sometido podía comprender el porqué de muchas de las actitudes que este solía tener.
Visto lo visto, ahora podía entender porque era un malhumorado; si él hubiese tenido un padre como el de Shadow seguramente también sería igual.
Masajeó sus sienes en señal de cansancio y soltó un sonoro y largo bostezo; aún estaba cansado y tenía sueño. Miró el reloj en la pantalla de su celular; las 7:30pm. Había pasado medio día durmiendo. Normalmente siempre estaba ocupado haciendo alguna cosa, por muy idiota que esta resultase para sentirse productivo. Pero ahora, preso de sus propios pensamientos tenía una sensación extraña recorrerle las entrañas.
Pensó un momento en que podía hacer para distraerse e inmediatamente la imagen de la querida y elocuente Amelia vino a su mente, sorprendiéndole al instante. Amy era su mejor amiga, compañera en muchas de sus tonterías y tapadera de otras tantas, pero no era la primer candidata en quien pensaba cuando deseaba desaburrirse Generalmente solía acudir a Tails, incluso a Knuckles, pero uno estando en la universidad y el otro con su nueva faceta de padre sabía que sus esperanzas de salir a divertirse juntos se veían reducidas considerablemente.
No era que necesitase forzosamente la compañía de alguien para divertirse, normalmente le gustaba ir a los clubes nocturnos a encontrar alguna chica dispuesta a ser un poco traviesa. Pero en este punto, no supo si era el cansancio o sencillamente un golpe de vejez momentáneo, pero deseaba únicamente comer un poco y tener alguna plática entretenida con alguien.
Y ese alguien, por alguna razón tenía melena rosa, ojos verdes y le llegaba a la barbilla.
Sintió un leve picor recorrer sus mejillas y dudó de lo que estaba sucediendo en su mente. ¿Es qué se estaba volviendo blando?
Meditó un momento lo que estaba sucediendo; si bien Amy era su amiga −o mejor dicho, la única− durante tantos años, no tenía nada de raro que de vez en cuando saliesen, o se visitasen para comer y conversar, ¿no? después de todo siempre tenían cosas divertidas que decirse, o mejor dicho, el siempre tenía idioteces que decirle y ella solía reír por ello.
Cogió su celular y tecleó el número de Tails, tratando de algún modo de distraerse; después de tres intentos desistió al ser enviado a buzón casi al instante. Suspiró derrotado y nuevamente meditó la idea de visitar a Amy un rato para despejarse un rato. Tal vez la idea de cenar juntos sería un buen momento para serenarse y limar las asperezas que surgieron durante las últimas semanas.
Lo meditó nuevamente, quizá era buena idea dormir y recuperar energías, aunque el ruido en su cabeza exigía distraerse.
−Rayos Maurice, ¿Qué rayos pasa contigo?−Se recriminó en voz alta poniéndose de pie−¿Desde cuándo debe haber una razón válida para visitar a tu mejor amiga?−Continuó su soliloquio, poniéndose los zapatos y buscando su billetera−No hay nada de malo en que un par de amigos conversen un rato−se dijo nuevamente en tono decidido−Y mucho menos si hay una pizza de por medio−Finalizó cerrando la puerta de su departamento de un portazo caminando rumbo al ascensor.
Adentro, una pareja de ancianos tomados de la mano parecían tener una noche muy animada.
−Buenas noches−Saludo con cortesía mientras les daba la espalda; por alguna razón verlos tan melosos le produjo un poco de incomodidad.
−Buenas noches−saludo la anciana, mientras el marido solo hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo−Hace un buen tiempo hoy, ¿No lo cree?−Comento casual, tratando de hacer conversación.
Asintió levemente con la cabeza y sonrió levemente; no acostumbraba hacer conversaciones con extraños, pero tampoco quería ser grosero con una señora que parecía tan amable.
−¿Vas a visitar a tu novia, jovencito?−Le pregunto mirándole levemente entre risillas pícaras.
Negó frenéticamente con la cabeza; pensar en la palabra "novia" y "Amy" no tenían −ni debían− tener cabida en su mente. La coincidencia de que justamente aquella mujer pronunciase esas palabras −y su estúpida mente maquilando cosas aún más idiotas− no hizo sino aumentar su ansiedad.
Desde luego que no iba a demostrarlo frente a un par de ancianos a los que jamás había visto; mucho menos a sabiendas de que ni siquiera tenía sentido que se alterase del modo en que lo estaba haciendo.
−Iré a comprar algo de cenar−Dijo recuperando su pose altiva de siempre.
La mujer le observo nuevamente y tras un breve momento de silencio que le pareció una eternidad, continuó con su plática anterior.
−Es una lástima−se acomodó el gorro de lana que traía en la cabeza−Un jovencito tan guapo y soltero en estos tiempos...−La mujer le dedico una mirada para nada discreta y una mueca de horror se instaló en su rostro−¡¿No será a caso que le gustan los jovencitos?!−Se escandalizó.
Le tomó más de dos segundos entender que era lo que había dicho esa mujer; pasó de una ligera incomodidad a directamente desear soltar un par de improperios a esa loca mujer, pero para su fortuna su marido pareció adelantarse.
−¿Qué preguntas son esas, mujer?−La reprendió el marido−Una disculpa joven, mi mujer está mal de la cabeza−Añadió dándole una mirada de reproche a la anciana que parecía intentar decir algo más−.
−No hay cuidado−Mintió dándoles la espalda. Tomó su celular tratando de ignorar por completo la discusión de aquella extraña pareja.
Y por alguna extraña razón aquella mujer regordeta de ojos verdes y melena claramente encanecida por el pasar de los años le recordaba de alguna manera a alguien pero no podía recordar quién.
Las puertas del elevador se abrieron y salió rápidamente dejando a aquella pareja seguir discutiendo. Salió del edificio y sintió el fresco de la noche envolver su cuerpo. Caminó unas cuantas calles hasta su pizzería favorita y ordenó una grande pepperoni con queso extra y un par de refrescos como acompañamiento.
Fuera del local, caminó con paso apresurado unas cuantas calles más hasta el complejo de apartamentos en dónde vivía Amy.
Durante el trayecto realmente no estaba pensando con mucho detenimiento que era lo que estaba haciendo; honestamente no creía que fuese algo malo. Muy por el contrario, deseaba disculparse por haberse comportado como un reverendo imbécil los últimos días y sobretodas las cosas, quería pedirle una sincera y verdadera disculpa por todo ese asunto de Silver y Blaze.
Sabía que Amy no era la clase de mujer que le gustase relacionarse con esa clase de situaciones; le causaban conflicto, la conocía perfectamente bien y sí, era consciente de que fue muy idiota de su parte pedirle que cuidase su teléfono mientras mantenía una conversación con Blaze. Pero más en su defensa podía decir que sinceramente no pensó que aquello fuese a escalar niveles colosales.
Y claro, lo de Blaze también fue algo que se le salió completamente de las manos; en un principio no pasaría de un acostón de borrachera, pero ella seguía insistiendo tanto, que en algún punto terminó cediendo ante la presión de una mujer que le resultaba sexualmente atractiva. Sumado al hecho de que, de alguna manera llegó a considerar el hecho de que tanto ella como Silver le debían alguna clase de compensación al haberle vuelto el hazmerreír de la escuela secundaria.
Fuese como fuese, lo hecho, hecho estaba y aunque era consciente de que aquello era una mala excusa para justificar que era un completo patán, tenía más que claro que, al menos ahora estaban a mano.
Escaleras arriba, se topó con algunos de los vecinos de Amy quienes le miraban de manera curiosa, seguramente dado al hecho de que ella era la clase de chica que no solía salir con nadie que no fuese algo completamente serio.
Saludo a los vecinos de manera educada y pudo escuchar perfectamente como cuchicheaban algo referente a que era el segundo sujeto en el mes que visitaba a la santurrona del 2-I. Frunció ligeramente el seño al escuchar dicha descripción y continuó caminando ignorando completamente las miradas poco disimuladas de quienes le rodeaban.
Tomó una gran bocanada de aire y llamo a la puerta con dos golpes; esperó un par de segundos para llamar nuevamente, repitió el proceso un par de veces más sin obtener respuesta. Pensó por un momento en que quizá ella no se encontraba en su hogar, pero deshecho completamente la idea al observar una tenue luz por debajo de la puerta.
Llamó con más fuerza, provocando que los cuchicheos aumentasen considerablemente. No era que pensase que ella le estuviese ignorando; pero la pequeña vena de la duda comenzó a invadirle. La mínima pero latente posibilidad de que Amy le estuviese ignorando era algo que si bien, tenía pocas razones para considerarlo como algo posible, no podía descartarlo por completo simplemente por el hecho de que ella solía ser demasiado voluble en algunas ocasiones.
Esa mujer y su humor tan cambiante como el viento no le terminaban de dejar en claro cómo actuar o que decir.
Suspiró sonoramente por la nariz, tratando de contener la leve desesperación que comenzó a albergarle y llamó por décima vez a la puerta; la cual, para su sorpresa se abrió de golpe dejando ver a una Amy con cara de pocos amigos observarle directamente sin comprender que era lo que estaba sucediendo.
−¿Sonic? ¿Qué haces aquí?−Preguntó mirándole con incredulidad sin comprender nada de lo que estaba sucediendo.
Sonrió de lado y miró de soslayo a los vecinos chismosos quienes seguían atentos a su aparente y posible fracaso de entrar a la morada.
−Estaba por cenar y pensé ¿Por qué no compartirla con Amy? Y bueno, heme aquí−.
Dubitativa, Amelia Rose se hizo a un lado para permitirle el acceso para alegría del cobalto. Cerró la puerta una vez dentro y le condujo hasta la barra de la cocina donde con un gesto le indicó que colocara la comida que había comprado.
Segundos de silencio se instauraron entre ambos; ¿Qué debía decirle ahora? abrió la boca para preguntarle alguna trivialidad, pero ella fue más rápida y se adelantó.
−No quiero sonar grosera Sonic, pero... ¿por qué viniste aquí?−La duda en su tono de voz era evidente y su mirada evidentemente confundida le rectificaba el hecho de que seguramente si le tomaba por sorpresa esa evidente cortesía que había decidido tener.
−Ya te lo dije, estaba por cenar y pensé en compartirlo contigo−Aseguró−Siendo sincero, sólo tenía ganas de conversar...−Admitió para sorpresa de ambos−¿Te he incomodado?−Pregunto, dispuesto a disculparse sin tener en claro por qué.
Ella le miró un momento y negó con la cabeza.
−No, no, no... −movió ambas manos en señal de negación−Es sólo que me has tomado por sorpresa−Admitió tomando asiento frente a él. −No sueles tener esa clase de atenciones conmigo−Aseveró−¿Estás seguro que no hay alguna clase de motivo extraño o dobles intenciones?−Trato de asegurarse de que sus intenciones fuesen realmente nobles.
Soltó una leve carcajada ante la desconfianza de Amy y negó con la cabeza restándole por completo toda importancia al asunto; ahora podía tomar nuevamente el papel de Sonic The Hedgehog.
−Oh Ames... ¡Claro que no!−Le sonrió con esa pose coqueta y encantadora que le caracterizaba−¡Juro solemnemente que mis intenciones son completamente buenas!−.
Le observó levemente desconfiada, analizando cada movimiento que él le manifestaba. Buscando algún rastro de mentira, la cual al parecer no le hizo flaquear.
−Muy bien, tú ganas...−.
Complacido ante su pequeña victoria, Maurice The Hedgehog −porque la visita a la casa de sus padres le hizo darle una nueva oportunidad a su verdadera identidad− decidió dar por terminado todo ese asunto y disfrutar de una velada tranquila.
−A comer entonces−.
.
Después de haber dejado a todos sus amigos en sus respectivos destinos, había decidido acudir a la veterinaria más cercana para adquirir todo lo necesario para los cuidados de su nuevo amigo.
Le había tomado más tiempo del que había considerado y ahora, casi a punto de dar las nueve de la noche decidió que tomaría un baño y se iría a la cama pues estaba exhausto.
Tomó una toalla de la estantería y camino rumbo al baño mientras se despojaba de sus ropas sucias; abrió el grifo y entro de golpe en el chorro del agua envolviéndose en una sensación agradable y placentera.
El agua relajaba sus músculos y le generaba una sensación de paz sumamente enriquecedora. Media hora después y con los dedos vueltos pasas, salió de la regadera cubriéndose únicamente por una toalla y con paso lento se dirigió hasta su habitación.
Se visitó rápidamente y se sentó en la orilla de la cama a ponerse un par de calcetines a tiempo que el sonido de una llamada entrante en su celular captaba su atención. Tomó el aparato de su mesita de noche y atendió rápidamente al notar quien era quien llamaba.
−¿Hola?−Hablo dudoso de lo que sea que le aguardara al otro lado de la línea.
−Silver−La voz seria y apática de Blaze le produjo un escalofrío.
La conocía lo suficiente como para saber que algo le ocurría, por lo que, fiel a su instinto se apresuró a cuestionar que era lo que le sucedía.
−¿Te encuentras bien?−Le cuestiono con preocupación que no se molesto en disimular. No era su novia y seguramente ella le mandaría al diablo, pero le importaba lo suficiente como para preocuparse por ella.
Un prolongado silencio se hizo latente entre ambos, a tal punto en que tuvo que verificar que la llamada no hubiese sido cortada.
−¿Blaze?−Le llamó, dudoso.
No sabía exactamente qué era lo que estaba pasando, pero fuese lo que fuese debía ser algo bastante grave para alterarla de esa manera. Ella no era la clase de mujer que iba por ahí demostrando sus sentimientos, mucho menos cosas que −según su propia opinión− eran "absurdas", tales como la tristeza y los problemas personales.
Lo sabía a la perfección; después de tantos años de relación con la chica pocas −muy, muy pocas− habían sido las cosas con las que fue completamente abierta demostrando ante él cualquier sentimiento que no fuese apatía o descontento.
Una pequeña punzada recorrió su pecho al pensar nuevamente en las evidentes faltas de cariño a las que ella le sometía y no parecía importarle.
−¿Blaz...?−Un ruido estridente se escucho del otro lado de la línea, alarmándole. −¡BLAZE!−Gritó preocupado−¿Estás bien? ¡CONTÉSTAME!−Se estaba alterando ante la falta de respuestas.
Tras unos cuantos ruidos más la voz de la chica se hizo nuevamente audible para sus oídos y eso le tranquilizo un poco.
−Silver−Le hablo nuevamente, bajito.−Yo...−titubeó− Te necesito−.
Te necesito.
Dos simples palabras que evocaban en él un sin fin de sentimientos que no podía definir. ¿Le gustaba? ¿Lo hacía sentir feliz? No supo exactamente cómo reaccionar o que decir. Aquellas simples palabras habían logrado dejarlo sin una contestación.
Las imágenes de su último encuentro se manifestaron en su mente y una punzada le recorrió nuevamente. La Blaze que estaba en sus pensamientos poco o nada tenía que ver con la Blaze que ahora le llamaba.
¿Era una broma? ¿Una declaración de perdón? ¿Qué rayos estaba sucediendo? De un momento a otro todo pareció dejar de tener sentido. Todas esas palabras hirientes, los malos tratos y sobretodas las cosas, el engaño que ella le echo en cara aquella noche se estamparon contra su cara y la idea de que ella se burlaba de él, no hizo sino aumentar el dolor en su alma.
−Blaze yo no...−
−Por favor, Silver...−Exclamó, con pesar−Yo... yo te necesito tanto ahora mismo−.
La pesadez en su cabeza y su corazón se hicieron evidentes pues de un momento a otro comenzó a sentir como las fuerzas se le iban de a poco. Blaze, Blaze seguramente mentía, su mente gritaba que mentía y su corazón, herido ante las dudas de amor clamaba que corriera a buscarla.
¿Qué hacer?
¿Qué decir?
Blaze mentía, sabía que mentía...
Pero aún así; aún así sentía esa impetuosa necesidad por estar con ella; por ver sus hermosos ojos color ámbar y reconfortarla de todas las formas que le fuesen posibles.
¿Era un idiota por amarla? Desde luego que sí. ¿Iría a buscarla y tiraría toda su dignidad a la basura?
Sí, la respuesta era sí.
−Llego en quince minutos−Le respondió bajito, casi en un susurro cortando la comunicación.
Sintió un hormigueo recorrer todas sus extremidades y un dolor punzante y persistente invadir su nuca.
Algo, algo muy en el fondo le decía que no debía mover ni un músculo en dirección a aquella chica que ahora, mágicamente clamaba por su presencia.
Pero, fiel a su costumbre −idiota, lo admitía− escucharía a sus estúpidos instintos. Iría en su ayuda, iba a salvarla. Porque eso se hace por quienes amas, ¿no?.
Se puso los zapatos y tomó las llaves de su auto de manera apresurada; ni siquiera se molestó en observar al pequeño chao que le observaba con preocupación ante su evidente falta de buen juicio.
Encendió el auto y más por fuerza que por ganas condujo en dirección de su antiguo hogar. No estaba pensando coherentemente, muy en el fondo lo sabía. Sabía que seguramente nada bueno iba a aguardarle al llegar a aquella casa de dos pisos que conocía como la palma de su mano.
Sabía que hiciese lo que hiciese y que independientemente de lo que se atreviera siquiera a considerar en decir, iba a dejarla ganar.
Lo sabía, había sido un papel tan recurrente por los últimos diez años que ya ni siquiera era capaz de racionalizar las situaciones que le habían llevado a ello.
Tan patético se había vuelto que aún después de que habían pisoteado su orgullo, hombría y dignidad ya hacia camino a la casa de verduga.
−Eres tan patético, Silver−Soltó de golpe en una afirmación para sí golpeando con fuerza el volante.
Silver The Hedgehog era un pusilánime, un cobarde, un idiota.
¿Debía detenerse y dar marcha atrás? Sí, claro que debía mandar al cuerno cualquiera de las insinuaciones de su ex-novia de querer "apoyo" sabía que debía dejar todo atrás ahora que su vida estaba comenzando a mejorar. Lo tenía tan claro que hasta se sentía como un completo idiota.
¿Por qué no podía detenerse? ¿Por qué seguía yendo tras ella?.
Se maldijo internamente y soltó un grito ahogado por la rabia que tenía contenida dentro de sí. Sentirse tan patético, tan inútil...
Tan poca cosa.
Tan jodidamente dependiente de una mujer que no lo quería.
Era patético, pero en él era normal.
.
Después de un prolongado e incomodo silencio debía admitir que la compañía de Sonic no era del todo desagradable. No negaría que después de los últimos acontecimientos muchos de los pensamientos e ideas que tenía sobre el estaban equivocadas, pero eso se debía principalmente debido a la errónea y absurda idea de esforzarse a tomarlo como potencial pareja en vez de disfrutar su compañía como los amigos que siempre habían sido −y que siempre serían−. Había estado bastante molesta por todos los problemas que su lealtad a Sonic le habían acarreado a su moral y buen juicio pero, ¿Para eso estaban los amigos, no? Sonic lo haría por ella.
O eso le gustaba creer.
Fuere lo que fuere, era consciente de que muchos de los malos entendidos que habían surgido entre ambos eran completamente proporcionales a sus líos mentales y a un cúmulo de casualidades y malos entendidos que no hicieron sino aumentar su confusión, como el asunto del beso la noche anterior a la boda.
Miró de reojo al cobalto que estaba sumamente entretenido jugueteando con uno de los adornos que tenía sobre la mesa y sintió un ligero calor subir a sus mejillas. Pensar en ese fugaz pero intenso beso le hizo estremecer.
Seguramente para Sonic no había significado nada especial, después de todo el muy ladino siempre iba por ahí besando chicas y acostándose con cualquiera que le diera la oportunidad. ¿Qué podría significar ella entonces? Una amiga con derechos, quizá.
−Ames−Hablo de pronto el cobalto sacándola de sus pensamientos−¿Estás bien?−.
Le tomaría más de dos segundos ser capaz de hilar más de dos palabras coherentemente por lo que se limitó a asentir con la cabeza como señal afirmativa tratando de restarle toda importancia al asunto y olvidarse del pensamiento impúdico que surco su mente.
El la observó no muy convencido y tomó otro trozo de pizza y lo mordió.
−¿Estás segura? Pareces... alterada−Afirmó, señalándola con el trozo de pizza entre sus manos.
−Estoy bien−Y en su interior deseó parecer tan segura como su voz lo manifestó.
Una carcajada se escapó de los labios de Sonic y la miró con aquella mirada coqueta que tanto le caracterizaba; hacía ruidos al comer y pronunció algo entre mordidas que no fue capaz de entender correctamente. No tenía los mejores modales del mundo y carecía de la suficiente caballerosidad como para disculparse por eso último, pero aún así parecía no molestarse.
Después de tantos años de convivencia ya se sentía en la suficiente confianza para comer como un cerdo delante de ella; Amy por su parte continuó comiendo en silencio presa de sus propios y nada simpáticos pensamientos.
La observo comer, ajena a todo lo que le rodeaba y meditó por unos cuantos segundos la posibilidad de que ella mentía con respecto a que algo malo le sucedía. La conocía lo suficiente para entender que algo le acontecía. Algo le estaba sucediendo, podía notarlo en su mirada, sea lo que sea le preocupaba y sabía que debía ser lo suficientemente profundo como para evitar que estuviese quejándose de cualquier cosa.
La conocía casi como la palma de su mano y sabía que no era la clase de chica que disfrutara de los silencios prolongados. La observo nuevamente y se cuestionó mentalmente el porqué de su mutismo.
¿A caso seguía molesta por ese beso? Si lo pensaba con detenimiento tenía suficiente sentido pensar que ella estuviese molesta por esa situación. No le enorgullecía haberla puesto incómoda, era su amiga al fin de todo, aunque tampoco iba a negar que no besaba para nada mal −de hecho, no le molestaría para nada repetirlo−.
.
Tomó un trago de la bebida alcohólica que tenía sobre el escritorio y suspiró sonoramente segundos después; llevó una de sus manos hasta el sobre que aquel extraño sujeto le había entregado unas horas antes y lo analizo con detenimiento.
La idea de que seguramente era un policía no terminaba de abandonar su mente. O que quizá era algún líder de alguna mafia cercana. Fuese lo que fuese la cifra que estaba ofreciendo era lo suficientemente tentadora como para hacerle replantearse aquella "amistad" que mantenía con Shadow.
Básicamente el tipo necesitaba recolectar el máximo de información posible referente a todo lo relacionado con Shadow y todo lo que llevase el sello de aquella empresa que el cabrón estaba tan encaprichado en seguir sacando a flote. Aún no entendía cual era la necesidad de mantener un desperdicio de dinero como lo era tener una asación con trío de donnadies.
No lo entendía, sencillamente era un desperdicio de recursos y dinero −que, en efecto, no necesitaba− el muy hijo de perra tenía el dinero suficiente como para no preocuparse ningún día de su vida por pagar las facturas y aún así seguía empecinado en mantener a flote algo que −según su propio criterio− no tenía ningún futuro a nivel monetario.
Shadow The Hedgehog era el claro ejemplo de lo que el dinero y el aburrimiento pueden comprar; el muy bastardo lo suficiente para vivir cómodamente y todavía −el maldito− sería el heredero de un padre igualmente rico.
Tenía el poder y los medios para poder hacer lo que le diera la gana −entre ellos, pagarle a él para limpiar sus trapos sucios, obviamente− pero aún así, se conformaba con tan poco.
Bufó resignado y miró por fracciones de segundo el papel que tenía entre sus dedos; ¿Qué podía hacer? ¿Aceptar la oferta y enriquecerse a costa del único sujeto al que había considero su amigo en los últimos 15 años? Porque sí, tenía toda una historia detrás que, aunque no le gustase admitirlo removía dentro de su arrugado corazón pensamientos de lealtad.
Leves, pero estaban ahí. Estaban tan profundamente arraigados dentro de su interior que rara vez se había cuestionado en profundidad que era lo que le hacía guardarle tanta fidelidad. Era extraño; incluso frustrante que aún después de tantos años aquella devoción no se hubiese visto mermada en ningún punto.
¿Cómo había llegado a este nivel de idiotez?
Le dio otro trago a su bebida dejándose envolver por ese amargo sabor en un intento de acallar todas esas sensaciones abrumadoras dentro de sí. Ahora se veía reducido a acallar esas ideas y pensamientos impúdicos con alcohol y otro tipo de sustancias que ya le cobrarían la factura después.
Beber alcohol para olvidarse de pensar; olvidarse de sentir y sobre todas las cosas, olvidarse de Shadow The Hedgehog y todo lo que significaba en su vida. Porque sí, no solamente era un simple lacayo cumpliendo órdenes −aunque últimamente sus interacciones se viesen reducidas a ello−.
Hubo una época en la que podía considerarlo su mejor amigo, su confidente, su otra mitad...
Tiempo atrás, cuando era un simple adolescente iniciando su época en la preparatoria en donde era marginado y rechazado por ser un inadaptado de voz extraña y chillona conoció al tipo más impresionante que sus ojos habían visto. Veía a Shadow de lejos causando alborotos y problemas con todo aquel que se interpusiera en su camino y aunque no se había animado a hablarle, había algo en ese sujeto de mirada amenazadora que le causaba intriga e interés.
Lo observaba de lejos todas las mañanas al llegar a la escuela y lo seguía desde lejos −siempre desde una distancia prudente, no quería ser molido a golpes− y lo admiraba cuando subía a su motocicleta.
Sencillamente le parecía el tipo más cool y paradójicamente estaba tan solo como él.
.
Debía darse la vuelta; la voz en su interior gritaba por regresar y huir de lo que auguraba era una mala idea. Pero estando tan cerca ya no podía retractarse de estar ahí. Iba en contra de todo lo que alguna vez su padre le había enseñado; incluso iba en contra de sus sentimientos y todo lo que ella significaba para él. Debía estar molesto, furioso con ella por haberse atrevido a hacerle todo ese daño −y en cierta forma, lo estaba−. Estaba dolido, herido de las dudas y las penas que su amor por ella le generaban, pero aún así no podía ignorar el hecho de que en su interior el sentimiento de amor quemaba como el sol.
Frente al semáforo en rojo; miró por el retrovisor dudado en si debía dar marcha atrás; debía volver, debía alejarse de todo lo que ella significaba.
Pero no, no lo haría; así de idiota podía llegar a ser.
El camino lo sabía de memoria, le restaban cinco minutos para llegar a aquel lugar que por mucho tiempo considero un hogar; en cinco minutos la tendría frente a frente y sabía que ella haría lo que quisiera con él.
Sabía que de desearlo lo haría trizas.
Y aún así no podía evitar ir a ayudarla; ¿Por qué? No lo tenía del todo claro. El amor, pensó en sus adentros, la idiotez, también era una posibilidad. Pero lo que sí era una realidad es que, a pesar de todas esas cosas feas que ella había dicho, la quería. Los años de cariño no iban a desaparecer de la noche a la mañana, eso lo tenía muy en claro y si ella lo necesitaba, sabía que siempre acudiría a salvarla de lo que sea que la pusiese en peligro, incluso de sí misma si era necesario.
Y ahora, a escasos metros de aquella casa color crema detuvo el auto y se permitió respirar sonoramente, tratando de ordenar sus pensamientos por última vez. La imagen de aquella Blaze gritando y maldiciendo su hombría y lanzando cosas de allá para acá se presentó nuevamente frente a él y una punzada de dolor surcó su corazón. Las palabras le habían herido más profundo de lo que podía comprender.
Las ganas de llorar le invadieron; se sentía idiota al querer llorar por algo así.
Tan patético y poca cosa.
El molesto e incesante sonido de alguien llamándole al teléfono le hizo bufar fastidiado y atendió de mala gana.
− ¿Qué?−
−Silver−Susurró la mujer del otro lado de la línea −¿Dónde estás?−Aumento ligeramente el tono de su voz.
No obtuvo respuesta por parte del masculino; estaba demasiado ocupado debatiéndose mentalmente en que debía hacer en ese preciso momento. Ahora, frente a la acera principal de su antiguo hogar se debatía en sí debía o no bajar del auto.
−¿Silver?−.
Seguía escuchando la voz de Blaze llamarle desde el otro lado de la línea mientras desde afuera podía observar su silueta en la ventana sentada en la sala estar, abrazada a sus rodillas, con un rostro incierto. No supo si fue la distancia, o sencillamente el enojo que aún tenía en su interior nublaba su vista, pero aquella expresión en el rostro de la fémina le sonaba a todo, menos a dolor.
Su pecho subía y bajaba mientras su respiración agitada le impedía concentrarse en algo que decir; abrió la puerta del auto y de manera mecánica salió rumbo a la puerta principal y llamó con golpes torpes un par de veces mientras su mente daba vueltas y las punzaciones en su pecho aumentaban cada vez más.
Eran tantas sensaciones recorriendo su interior. Demasiado en que pensar le abrumaba.
La puerta se abrió dejando ver tras de ella a una Blaze pálida y con ojeras visiblemente marcadas en el rostro.
No pudo definir si se debía a que había estado llorando o solo eran producto del cansancio de sus jornadas extenuantes, pero algo en su mirada había cambiado.
Esa expresión altiva y pretenciosa se había esfumado y ahora en su lugar se encontraba el rostro de una mujer derrotada y confundida.
¿Sería a caso que había reflexionado?
Se miraron a los ojos por fracciones de segundo que sintió como una eternidad y fue ella quien rompió el silencio.
−Gracias por venir−Le dijo y se hizo a un lado para dejarlo pasar.
Sus pies se mantuvieron estáticos y dudó en que era lo que debía hacer por enésima vez.
Poner un pie dentro de la casa echaría a perder todo lo que había logrado en tan poco tiempo, tiraría su dignidad y su orgullo a la basura.
−¿No entrarás?−Hablo de nuevo, dudosa de la actitud del masculino. Era extraño verlo tan serio y callado.
Tan antinatural que le hacía sentir incómoda.
Con toda la fuerza de voluntad que aún le quedaba, movió uno de sus pies hacia adelante y dio un paso dentro de la casa.
Se quedo ahí parado unos cuantos momentos más asimilando lo que estaba sucediendo. Si bien no había transcurriendo demasiado tiempo desde la última vez que estuvo ahí, sí podía sentir algo completamente diferente.
¿Sería el olor? ¿El color de las paredes? No pudo definirlo, pero algo había cambiado.
Camino por el pequeño recibidor notando que las fotos donde ambos aparecían habían desaparecido. No le extrañó, seguramente se había deshecho de todas las fotos que él no pudo rescatar.
El aroma a cigarrillo inundó de pronto sus fosas nasales, extrañándole. Dio otros cuantos pasos recelosos hacia el interior y sentada en el sillón con un cigarrillo en mano, Blaze le esperaba.
Se veía nerviosa y alterada; había papeles por aquí y por allá y cosas fuera de su sitio. Podía notarse que había estado fumando compulsivamente.
−Siéntate−Le dijo, apagando el cigarrillo −¿Cómo estás, Silver?−.
−Bien−A secas, tomó asiento en el sillón de una plaza y se removió incómodo ante el olor que se desprendía.
No le gustaba el aroma a cigarrillo.
Podía notarse la tensión en el ambiente, estaba molesto y era evidente que sólo buscaba una excusa para irse.
Ante esto último, Blaze suspiró.
Sabía que debía empezar a hablar, que debía disculparse y tratar de enmendar todo el daño que había causado, pero ¿cómo empezar?
Silver y su mirada de pocos amigos le indicaban que estaría a la defensiva y que debía seleccionar con sumo cuidado sus palabras o él se marcharía.
Tomó una gran bocanada de aire y se masajeó las sienes, tratando de espabilar su cerebro. Estaba cansada y dolida, pero sobretodas las cosas, se sentía profundamente arrepentida de todo lo que había sucedido.
Silver era un gran sujeto, quizá el mejor que había conocido en toda su vida y no merecía todas esas cosas horribles que le había dicho.
Se tronó los dedos como señal de nerviosismo y el solo la observaba en silencio.
Estaba molesto; ya estaba ahí, estaba completa y sana, podía irse tan rápido como había llegado y pretender que nada había sucedido, pero su grado de estupidez le obligaba a mantenerse ahí estático a la expectativa de lo que sea que ella fuese a revelarle.
−Silver−Evitaba a toca costa mirarle directamente al rostro en tanto las palabras se atoraban en su garganta como señal inequívoca de que lo que se avecinaba no auguraba nada bueno.
Esperó en silencio a que ella continuase; movía uno de sus pies desesperado mientras su corazón latía con prisa debido al nerviosismo que se acrecentaba en su interior.
Demasiadas cosas podían suceder, todas y cada una con el mismo grado de improbabilidad y aún así seguía de algún modo esperanzado en solucionar aquella relación rota.
−Perdón−Fue lo único que salió de sus labios y se aproximó hasta él, asfixiándole con un abrazo−Perdón, por todo−su rostro fundido en su pecho llenó de lágrimas la pijama de Silver que no movió un solo músculo.
No se atrevió siquiera a replicar.
Perdón, ¿así de fácil era para ella disculparse de herirlo y decir todas esas cosas han horribles? ¿Así de sencillo se arreglaría todo?
¿Con un simple perdón?
Podía escucharla murmurar cosas a las que no le estaba prestando atención, le dolía, le dolía el hecho de no poder soltar las palabras correctas para responder asertivamente ante esta situación.
Un perdón no iba a borrar su dolor, la humillación de haber sido echado a la calle cual basura, ni tampoco iba a borrar todos los insultos a su ego y dignidad. Un perdón no borraría esa sensación de vacío que ella le dejo.
No iba a deshacer lo que había hecho.
Con cuidado, la tomó por ambos hombros separándola de él dejando a la fémina confundida debido a aquella actitud tan fría y arisca.
Viniendo de alguien como él, era extraño. Difícil de creer que Vincent se comportase de ese modo y mucho más con ella.
Confundida, lo miró directamente a los ojos buscando algún tipo de respuesta para tal situación. Estaba tratando de guardar toda la compostura que le quedaba aunque el corazón se le estrujase por hacer tal acción.
−Acepto tu disculpa−Le dijo, soltándola−Pero eso no va a cambiar el hecho de que me echaste de casa−mordió su labio, tratando de contener esas ganas de llorar que le invadieron de pronto−Ni tampoco cambiará el hecho de que crees que soy un idiota, un donnadie, un pusilánime que no tiene mente propia−enumeró alguno de los insultos que ella le lanzó aquella noche.
Muda ante la sinceridad en las palabras del masculino, sintió como las lágrimas corrían con mayor rapidez por sus mejillas y el deseo de abrazarlo se acrecentó.
−Silver yo... de verdad... de verdad lo siento tanto−sollozó dispuesta a lanzarse nuevamente a su pecho, pero él se lo impidió.
−Lo dijiste, sé que lo crees...−suspiró, tratando inútilmente de no llorar−Y duele... aquí−señaló su corazón, dejando caer las lágrimas de dolor y resentimiento−Duele tan profundo, que me quema el alma−sus puños apretados le indicaron la ira de la que era presa−Duele saber que la mujer que más amo en el mundo crea eso de mí−Lágrimas amargas corrieron por sus mejillas.
Le dolía, le dolía tanto que ya no iba a fingir dureza. Ella le había herido tanto, por tantos años que ahora, frente a frente solo lo dejaría salir.
Necesitaba sacar todo el dolor que había en su interior.
Pero verla así, frágil y vulnerable le dificultaba hacerlo.
Deseaba gritar, deseaba decirle tantas cosas y hacerle pagar de uno u otro modo todo el daño que le había hecho.
−Lo siento, de veras lo siento−Lloro más fuerte, con ambas manos en el rostro limpiando sus lágrimas.
Estaba tan histérica como él, ambos rotos, dolidos, incompletos.
Ese dolor, ese jodido dolor.
−Sólo...−Calló un momento, la garganta se cerraba a causa del llanto ahogado−Sólo, aléjate de mí−Hizo un amago de ponerse de pie para marcharse, pero ella lo impidió.
Ese tacto le quemaba, dolía. Dolía tanto y a la vez era tan reconfortante.
Poco a poco se dejo envolver por aquellos brazos que por tantos años habían sido su abrigo y sintió deseos de gritar. Quería gritar de dolor, quería huir y dejar todo atrás, pero ese abrazo asfixiante le obligaba a quedarse.
Era como si una especie de fuerza extraña le mantuviera pegado a ella y no quisiera dejarle ir. Como si todas sus penas pareciesen poca cosa y simplemente todo dejara de tener sentido.
Ella...
Esa mujer era su delirio y perdición; su gloría y penitencia.
−¿Me amas?−Le pregunto ella juntando sus frentes, combinando sus respiraciones.
Ambos, llorosos, jadeantes y expectantes de lo que pudiese suceder se observaron silenciosos, casi suplicantes.
¿La amaba? Pensó para sus adentros, ¿de verdad la amaba? ¿Aquello que quemaba su interior de verdad era amor?.
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−Entonces Ames, ¿Qué te pareció la pizza?−Había obtenido pocos resultados para lograr entablar una conversación satisfactoria con ella, pero aún no se daba por vencido. Conseguiría que ella se relajase y hablaran como era costumbre. −¿Deliciosa?−.
Debía admitirlo, la pizza estaba deliciosa.
−Sí−le dio un trago a su soda−Gracias por invitarme a cenar, Sonic−.
Ese Sonic a secas sonaba fatal. −Estaba demasiado acostumbrado a ser Sonikku−.
Mentiría si dijese que eso no le estaba incomodando cuanto menos un poco; tantos años de amistad y de palabras lindas entre ambos traían consigo que aquella indiferencia −que demás estaba decir, sí se merecía− le estaban afectando.
Ella era Ames y el Sonikku; le gustase a quien le gustase.
−¿Te cuento algo gracioso?−
Ella le dedico una mirada curiosa y asintió a secas.
−Cuando éramos niños, pensaba que besar a las niñas hacía que te pegasen los piojos−Admitió, levemente avergonzado y sin mirarle directamente a los ojos−¿Qué idiota, no?−Se rió sonoramente ante aquellos recuerdos−¡No me juzgues, tenía 8 años y era muy bobo!−Añadió después haciendo una cara graciosa que a ella la hizo reír.
Música para sus oídos, pensó para sus adentros mientras ella se llevaba una mano a la boca para tapar el bocado de comida que aún tenía dentro.
−No puedo creer que hayas creído algo así−Rió nuevamente pensando en el pequeño Sonic creyendo semejante tontería.
−¡Knuckles tuvo la culpa!−Se justificó−Ambos creíamos que si una niña te besaba te salían ronchas en todo el cuerpo, te daba comezón y después te volvías un zombie esclavo de las mujeres−se rió nuevamente ante lo hilarante de su comentario−Aunque si lo piensas bien, las mujeres te vuelven un zombie de alguna forma−.
−Eso explica porque eres fan de las mujeres−Ironizó.
El pequeño Maurice era un ser inocente que había confiado ciegamente en las palabras de su mejor amigo, hoy día −aunque fuese mera coincidencia− que las mujeres lo volvieran un zombie era algo meramente placentero.
No podía negarlo, le gustaban.
Las mujeres habían sido su vicio más grande a lo largo de su vida. A estas alturas que lo negase sería abusar de la inteligencia de quienes le rodeaban.
Sabía que había cometido bastantes errores, que había herido a chicas inocentes y que estas le odiaban con cada fibra de su ser.
−Y eso también explicaría porque huías de mí cuando éramos niños−Continuó ella, recordando aquellas veces en que le perseguía de niña, sintiendo pena por sí misma.
Sí que había sido fastidiosa en ese entonces; obsesionada con la idea de casarse con él y ser la madre de sus hijos –hijos que obviamente no podía tener− pasaba cada verano de visita con sus abuelos ideando la manera de que el lograse enamorarse de ella.
−Pero bueno, de no ser por esa tontería jamás habría probado tu comida y no sería fan de tus chilidogs−Habló el nuevamente, recordando lo maravillado que había quedado del sazón y las habilidades culinarias de la joven y tierna Amelia Rose, sonrojándola en el proceso.
Puede que lo dijese para aligerar el ambiente, pero era tierno escucharlo decir un cumplido tan simple como ese.
Sonic tenía la habilidad de derretirla con tan solo unas simples palabras; cualidad que siempre admiró. Tenía la facilidad de palabra, eso era indudable.
−Gracias, Sonic…−
El gesto de desagrado fue tan evidente que hasta a ella le extraño.
−Ames, Ames… ese "Sonic" suena tan… poco elegante viniendo de una educada y distinguida dama como tú… ¿No has considerarlo cambiarlo por un Sonikku? –Habló con coquetería guiñándole el ojo.
¿Sonikku? ¿Desde cuándo él pedía algo como eso? En todos los años que tenían de conocerse, era la primera vez en que externaba abiertamente que le gustaba ser nombrado de esa manera.
Siendo sincera, siempre creyó que eso le avergonzaba un poco; si lo pensaba con detenimiento, solía llamarlo de ese modo desde que eran niños.
−Sonikku−repitió ella sin mirarle sumergiéndose en sus propios recuerdos.
−Así es Ames−Contestó sin perder esa pose altiva−Me gusta que seas Ames y yo ser Sonikku−Aseguró.
Definitivamente aquella noche no podía ser más extraña; primero esa llamada extraña y ahora Sonic y su visita y las subsecuentes revelaciones aumentaban el grado de rareza en su día.
−Bien…−Se puso de pie con ambos platos en mano para llevarlos al fregadero−Si te soy sincera, creía que te molestaba−Le dijo lavando los platos, dándole la espalda.
Sonic por su parte solo negó con la cabeza con una expresión indescifrable en el rostro.
No negaría que hubo un tiempo en que cualquier demostración de amor por parte de ella le parecía molesta, impensable, inclusive fastidiosa. ¡Pero vamos! Eran un par de niños que no sabían nada de la vida y él –muy idiotamente− creía que los piojos y los amores eran pan con lo mismo, así que no podían culparle por no querer nada de chicas en ese entonces.
El tiempo había pasado y aunque nunca se sintió románticamente atraído por ella, siempre la consideró una gran mujer, amiga y compañera. No por nada había aceptado su propuesta para trabajar en la empresa.
Porque sí, de haber sido cualquier otro ser vivo en el mundo, se abría negado completa e irremediablemente –porque, ¿trabajar con Shadow? Era un no gracias, completo y sin miramientos− pero ella había insistido tanto que no pudo decirle que no.
Había algo en su mirada que le impedía negarle las cosas, siempre había sido la clase de chica que podía obtener lo que quisiese con una expresión de niña pequeña y una sonrisa.
O bueno, al menos con el siempre le funcionó…
Eso, sumado al hecho de que, de una u otra manera era un sujeto recién titulado sin muchas aspiraciones en la vida, fue un factor completamente decisivo para la creación de aquella alianza tan extraña.
Aunque si algo tenía claro, era que Amelia Elizabeth Rose era, fue y sería la pieza clave ante aquella sociedad dónde los integrantes poco o nada tenían en común.
Bajo otras circunstancias jamás habría trabajado con su medio hermano sociópata y con el tipo que le robo a su novia de secundaria, pero Amy era persuasiva y bueno, una cosa había llevado a la otra y ahora tenía un departamento, empleo e ingresos fijos, así que un desperdicio no había sido después de todo.
Así que sabía que en el fondo debía agradecerle. Amy siempre había estado en muchos de los mejores momentos de su vida, acompañándole y dándole ánimos ante cualquier cosa que se le ocurriese hacer.
−No me molesta, en serio−Aseguró al tiempo que ella cerraba la llave de fregadero y quedaban nuevamente frente a frente−Viniendo de ti, es lindo−Confesó.
Imposible fue el contener el ardor en sus mejillas y que las piernas le flaqueasen ligeramente ante aquel comentario tan directamente indirecto por parte del cobalto.
No supo porqué, pero la Amy de 8 años gritaba internamente que debía correr y cubrirlo con un abrazo asfixiante; aunque su cuerpo –gracias al divino− no se movió.
Que Sonic dijese toda esa cantidad de cosas tan específicas estaba comenzando a preocuparla. ¿Era eso un coqueteo? ¿Estaba intentando decirle algo? Lo miró con leve consternación intentando de todas las maneras que le fue posible que el sonrojo y el nerviosismo no se le notasen y suspiró suavemente aclarando sus líos mentales.
Sonic era un tipazo, eso lo tenía completamente claro. Un tipazo que la confundía y que le ponía la carne de gallina.
Y uno que tenía una particular fijación por decir y hacer cosas que podían malinterpretarse.
−Muy bien, creo que ya es tarde−Hablo tratando de dejar todo el nerviosismo de lado y mirando el reloj en la pared de la cocina. –Será mejor que vayas a casa, gracias por la cena, es un lindo gesto de tu parte Sonikku−.
Quizá estaba siendo algo ruda, pero si seguía teniéndolo en su hogar sabía que nada bueno saldría de ello. Sonic, quién solo la miraba en silencio, sonrió levemente y se puso de pie, acercándose lentamente hasta donde ella se encontraba acorralándola contra la barra de la cocina sin posibilidad de escapatoria.
No sabía porque, pero el impulso y deseo de besarla otra vez fue tan fuerte que por mucho que hubiese intentando siquiera racionalizar la situación, no lo habría logrado.
Se miraron a los ojos unos segundos, expectantes ante cualquier cosa que fuese a suceder y el llevó una de sus manos hasta su rostro, acariciándolo suavemente sin apartar su mirada de la suya en un solo momento.
Debía apartarse, podía darle una patada y echarlo de su casa sin ninguna clase de dificultad pero su cuerpo no se molesto en responderle. Solo se quedo ahí, estática con la respiración agitada y las mejillas ardiéndole por la proximidad de sus cuerpos y las hormonas haciendo de las suyas ante semejante espécimen que tenía frente a ella.
Podía fácilmente aprovecharse de la situación y pasar un rato agradable con él. Siendo como era, sabía que podía tener un acostón y que fingiría que nada sucedió entre ellos como muchas veces lo había hecho con otras chicas que había conocido por ahí.
Pero…
El aroma masculino de Sonic inundó sus fosas nasales logrando que los vellos del cuello se le erizaran mientras rápidamente. La tomó fuertemente por la cintura y la atrajo lentamente hasta el; fue entonces cuando perdió cualquier atisbo de control de la situación.
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El incesante y molesto sonido de su teléfono sonando le hizo removerse incómodo sobre aquella superficie rígida en donde su cuerpo reposaba y, con un gruñido de disgusto abrió un ojo tratando de acostumbrar su visión con la luz que se colaba por el pasillo.
Tosió fuertemente momentos después y se llevó una mano a la cabeza tratando de frenar la jaqueca que comenzaba a invadirle.
−Mierda−Murmuró dolorido, cambiándose de posición. El sonido se detuvo para su alivio, solo para comenzar por enésima vez.
Quien sea que estuviera del otro lado de la línea podía irse al carajo en ese momento. La cabeza le dolía como los mil infiernos y ni hablar del pómulo izquierdo, que había recibido la mayor parte del golpe.
Se incorporó lentamente quedando de rodillas frente a la cama recobrando las fuerzas que había perdido. Miró sin muchas ganas el desastre que había causado durante su arrebato y bufó fastidiado al pensar en que debía limpiarlo.
De pie, agobiado por el dolor caminó escaleras abajo rumbo a la cocina en busca de una aspirina; abrió todas las gavetas y revoloteó por acá y por allá sin mucho éxito.
Resignado ante lo evidente, encendió la cafetera y tomo asiento en la sala de estar. Tomó el celular entre sus dedos y encendió la pantalla notando como tenía alrededor de 8 llamadas perdidas de Vector.
Seguramente tenía noticias de ese hijo de perra del Faker y eso le alegro momentáneamente.
Oprimió la opción de regresar la llamada y encendió el altavoz esperando a que su llamada fuese atendida.
Después del tercer timbre, Vector atendió.
−Jefe, al fin te encuentro−La voz del masculino se notaba agitada y preocupada.
Masajeó sus sienes tratando olvidar que la cabeza le mataba y suspiró.
−¿Qué noticias me tienes, Vector? −carraspeó−¿Has obtenido lo que te pedí?−.
El ruido de los papeles se escucho del otro lado de la línea y Vector tosió sonoramente.
−Hay malas noticias Shadow, pésimas noticias−Le hablo con el nerviosismo bastante evidente en su voz.
No le gustó para nada el tono en que Vector estaba empleando las palabras; primero Mephiles jodiendo con los activos y ahora este idiota reafirmando algo que no quería aceptar. Bufó con fastidio y se haló de las púas conteniendo los gritos de desesperación que exigían salir de su ser. El dolor de cabeza aumentaba exponencialmente y la vista se la hacía levemente borrosa.
−Sólo dilo, joder−.
−¡ESTAMOS EN NÚMEROS ROJOS!−Gritó desde el otro lado de la línea, aturdiéndole. −¡NÚMEROS ROJOS!−Reiteró, casi como si dudase de su capacidad mental.
La acidez estomacal se hizo presente dentro de su ser recorriéndole amargamente de abajo hacia arriba a tiempo que la sensación de ardor se concentro en su esófago. Las manos le temblaron y su respiración se hizo pesada; ¿números rojos? ¿Es qué a caso no podía joderse más todo?.
Incapaz de poder pronunciar alguna palabra, Vector continuó.
−Y eso no es todo, Shadow−Vector tenía un tono nasal que le exasperaba−No se han realizado los depósitos para todo el material que es ha comprado en el mes, básicamente hay un adeudo de más de 5000 y contando−.
Bueno, sí se podía poner peor y Vector se lo estaba confirmando.
−MIERDA−Gritó con amargura y antes de que pudiese hacer algo más comenzó a expulsar la bilis desde su interior.
Por interminables segundos solo los quejidos del moreno fue lo único que escuchó entre aquella conversación telefónica. De rodillas en el suelo, solo podía arquear la espalda de cuando en cuando debido al dolor y el asco que le generaba vomitar; maldijo con todas las maldiciones que conocía a Mephiles y su puto dinero, maldijo también a Sonic y a sus jodidas pendejadas que habían jodido todo a su paso y ahora el debía pagar los platos rotos.
Ahora, gracias a ese maldito bastardo que no sólo se conformaba con interferir entre Rose y él, sino también se atrevía a robar −y vaya usted a saber desde cuando−.
Con ardor en la garganta se limpio como pudo los restos de vomito con la manga de su camisa y tosió fuertemente.
−Cuánto−las nauseas volvieron, obligándolo a callar un momento−¿Cuánto tiempo tenemos, Vector?−Formuló con dificultad.
Si iba a joderse todo, al menos trataría de arreglar las cosas fiel a su instinto de no dejarse vencer.
−Tal vez una semana, o dos−.
Quizá no era mucho, pero debía darse prisa y acabar de una vez por todas con ese engendro. De pie con el teléfono en mano Shadow asintió más para sí, envolviéndose en sus propios pensamientos. Debía idear la manera de solucionar las cosas si quería conservar todo ese esfuerzo.
Y si para hacerlo debía deshacerse de Sonic, lo haría.
−Muy bien... debemos darnos prisa−Y sin más, cortó la comunicación.
Caminó rumbo a la cocina y tomó una taza de la estantería; necesitaba un café para aclarar sus ideas y borrar esa sensación de su boca. Vertió el líquido con lentitud y bebió segundos después.
Ahora lo fundamental sería acabar con esa plaga, el cómo y cuándo sería la mayor interrogante.
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Presa de las fuertes y decididas manos de Sonic, Amelia Rose sintió como las fuerzas se le iban; sólo podía observar la comisura de sus labios que le demandaban ser besados una y otra vez mientras una de las manos del cobalto bajaba lenta y tímidamente hasta posicionarse en uno de sus glúteos.
Sintió como éste era apretado y soltó un leve suspiró de sorpresa; le había gustado y no podía negarlo. El solo sonrió complacido ante tal acción y sin más la besó de golpe dominando por completo la situación.
Su mente gritaba que la situación no era correcta, que debía huir y parar todo esto, pero se sentía tan bien. Besar a Sonic era como ir al cielo y regresar de golpe a la tierra. Podía sentir como las manos del masculino no solo se centraban en su trasero, sino también jugueteaban sus senos y daban suaves y pasionales caricias en el interior de sus muslos.
Se tensó ante esto último cuando uno de sus dedos rosó su intimidad.
Entre jadeos, se separo en busca de aire y con dificultad trato de frenar inútilmente al cobalto y sus caricias.
−Sonikku... n-no podemos−Murmuró al tiempo en que el le besaba el cuello y la atraía aún más hacía el.
Sonrió con sorna al verla tan excitada y cómo aún estando en ese estado intentaba racionalizar las cosas. Estaría mintiendo vilmente si dijese que no la deseaba en ese momento; había algo, algo que no solo era sexual lo cual lo estaba obligando a ir más y más y allá.
La besó nuevamente y la cargo unos segundos para depositar su cuerpo en la barra de la cocina; las mejillas sonrojadas y la mirada desorbitada le hacía desearla aún más. Pero el que ella le pidiese parar le hizo replantearse levemente la situación.
Se mordió el labio inferior, tratando de sacar autocontrol y la miró, abochornado.
−¿Quieres parar?−Cuestionó, jadeante y deseoso. Porque tenía el calentón en lo más alto y parar ahora le sería casi imposible, pero aún así la respetaba lo suficiente para tomar en cuenta su opinión.
Sabía que debía parar, que se iba arrepentir por la mañana y que seguramente no podría mirar a Sonic de la misma manera después de esto, pero ¿eso importaba?
Lo correcto era detenerse, pedir disculpas y pretender que nada de esto había sucedido, pero...
Realmente lo deseaba.
Habían pasado más de dos años desde que tuvo algún tipo de contacto físico y ¡Dios! Sonic besaba endemoniadamente bien.
Cualquier intento por parar podía irse al cuerno. Ahora, sólo por esta vez se dejaría llevar, ya habría tiempo de arrepentirse después.
Jadeó, seductora yo besó con ansias poco disimuladas mordiéndole el labio suavemente en el proceso.
Aquello le daba pase directo a darle rienda suelta a sus instintos y vaya que lo disfrutarían.
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No supo cuanto tiempo permanecieron así, abrazados y ajenos a todo aquello que les rodeaba, pero de algún modo eso le hizo sentirse levemente reconfortado.
Estar así, ajeno al dolor que le había invadido durante las últimas instancias le hacía olvidar lo maravillosa que era la compañía de Blaze.
Ella fue su compañera por tantos años y el simple hecho de una dulce mirada y un abrazo lograba calmar sus penas.
Poco a poco se separo de aquella figura femenina que descansaba en su pecho y sin que ninguno de los dos emitiera algún sonido que pudiese ser interpretado como palabras, se fundieron en un beso ansioso en el que ella tomó el control completo.
Simplemente se dejo fundir por aquellas manos que tantas veces le habían recorrido y antes de darse cuenta ella ya estaba acariciando su masculinidad entre besos y jadeos.
−No sé si sea correcto−hablo entre el espacio de beso y beso pero ella no pareció escucharlo.
Lentamente comenzó a despojarse de aquellas prendas femeninas y sus perfectas curvas quedaron al descubierto. No iba a negarlo, Blaze tenía un cuerpo hermoso y cualquier sujeto estaría extasiado con solo contemplarlo.
Pero en estas instancias no lo sentía correcto. Estaba molesto y decepcionado de ella, lo último que deseaba era caer nuevamente ante sus encantos.
−No debemos−Trato de apartarla de su cuerpo, pero ella continuó besándolo sin muchas contemplaciones.
−Sólo déjate llevar−Le susurro al oído y beso su cuello, excitada.
Quería parar; su dignidad exigía tal acción pero su lívido y las manos expertas de aquella fémina de algún modo estaban convenciéndole de lo contrario.
Tomó una gran bocanada de aire, casi como eso le fuese a brindar las fuerzas que necesitaba para huir, pero su cuerpo no se movió.
Realmente la deseaba, lo sabía en el fondo de su alma marchita y sería muy idiota negarlo a estas alturas.
Ante aquella evidente verdad sabía que no tenía sentido seguir luchando y dejó que ella siguiese dominando por completo la situación.
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Abrió otra lata de cerveza y sintió como todo a su alrededor de movía brevemente.
Estaba ebrio, lo sabía.
Había bebido desde que salió del bar casi como si eso le ayudase a tomar la decisión correcta ante una situación difícil.
Shadow y sus problemas siempre terminaban volviéndose parte de su día a día. O más bien, eran parte de su vida desde aquella vez en que el moreno salvó su vida.
Porque sí, ser el tipo de voz chillona rechazado por todos había mermado en su autoestima tan fuertemente que deseó morir. En más de una veintena de ocasiones había estado tentado a acabar con su existencia insulsa.
Y aquella tarde de otoño, frente al borde del edificio más alto del plantel observaba a algunos cuantos alumnos alejarse sin reparar en su existencia.
Nadie lo notaba, a nadie le importaría si saltaba y se partía el cuello en el proceso.
A nadie le importaría ver el suelo ensangrentado y algunos sesos por aquí y por allá...
A nadie excepto Shadow que, aquella tarde se plantó frente a él mencionando una frase que se quedo grabada en su mente y le hizo replantearse su existencia.
"Entonces... eso significa que realmente te importa lo que esos bastardos piensen de ti..." la sonrisa irónica en su rostro solo acentuó sus rasgos, causando escalofríos en su interior "Si de verdad te importa lo que piensan, salta... el mundo no necesita más cobardes" Y ante esto, se dio la media vuelta y se alejó.
Shadow era un misterio y aquella tarde, incrédulo ante lo que acababa de suceder solo pudo atinar a seguirle y preguntarle a que se refería con ello.
Nunca obtuvo una respuesta clara, inclusive hoy en día a veces se preguntaba porque le ayudó de una u otra manera.
Bebió torpemente de la lata y se derramo un poco por la comisura de su boca.
Estaba demasiado ebrio.
Maldijo torpemente al moreno y entre torpes manoteos tomó su celular intentando digitar el número de Shadow.
Después de cuatro intentos infructíferos logró conectar la llamada y espero a que fuese atendida.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
La llamada conecto y la voz de Shadow del otro lado de la línea le hizo temblar levemente.
−¿Qué carajo quieres, Jet?−Nunca andaba con miramientos ni contemplaciones, siempre directo y sin tapujos.
Sonrió torpemente y sin ser consciente de que estaba tardando más de lo usual para responder, se sentía maravillado ante aquella voz.
−Quiero decirte...−su lengua se trabó un poco−algo−.
Impaciente como siempre Shadow bufó fastidiado.
−Habla rápido, estoy muy ocupado y no tengo tiempo para tus pendejadas−.
Sus ojos iban y venían y aunque trataba de mantenerse sereno el alcohol lo mantenía en un constante movimiento.
−Yo... tú...−
El tiempo transcurría y siendo Shadow el tipo impaciente que era, no estuvo de ánimos para tolerarlo −como ya era costumbre−.
−No tengo tiempo para tus pendejadas−Reiteró y cortó la llamada dejando a Jet con las palabras en la boca.
Imposible le fue comprender que era lo que estaba sucediendo, pero aún entre el alcohol y los mareos que este le acarreaba pudo sentir como algo su interior se partía a la mitad.
Shadow le estaba rechazando...
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Sin darse cuenta había terminado teniendo relaciones con su aún ex-novia de manera salvaje y desenfrenada.
Había sido presa de la calentura y los bajos instintos que no sabía que poseía.
Ella descansaba en su pecho mientras le murmuraba cosas que no podía ni quería entender.
Ahora, más relajado pudo ser presa del complejo de culpabilidad.
La había cagado.
−Quiero que estemos juntos nuevamente−Hablo ella mirándolo con tranquilidad.
Volver...
¿Era lo correcto? ¿Debían darse una segunda oportunidad e intentar salvar su relación?
Miró con recelo a la mujer que tenía frente a él y dudo de la oferta que ella le ofrecía. En su interior las acciones pasadas que ella había realizado aún estaban presentes y sabía que no podía −ni debía− olvidarlas tan fácilmente.
−Necesito pensarlo−Le dijo incorporándose en la cama en busca de sus prendas perdidas.
Ella se aferro a su espalda impidiéndole la huida.
−Sólo... déjame compensar mis errores−.
Su corazón se estrujó al escuchar aquellas palabras. ¿Valía la pena intentarlo?.
Pensó brevemente en los pros y las contras que volver con ella le traería. Pensó también en Amy y en lo que ella diría cuando lo supiese.
¿Estaría decepcionada?
Sin quererlo, la imagen de la espalda de Amy aquella tarde previa a la boda surcó su mente y el suave tacto de su piel regresó a sus dedos, casi como si lo estuviese palpando en ese preciso momento.
¿Qué rayos? ¿Por qué pensaba en eso en un momento como ese? Se removió incómodo y nuevamente centró su atención en la mujer que tenía frente a él, que le miraba ansiosa en busca de una respuesta.
Tomase la decisión que tomase sabía que terminaría arrepintiéndose.
−Acepto−Dijo sin pensar y ella le abrazó.
−Mañana puedes mudarte otra vez aquí...−.
Ante esto, negó con la cabeza rápidamente.
−Me temo que no puedo, el depósito de mi departamento cubre tres meses y no quiero perder ese dinero−Hablo con seriedad−Vendré a verte por las tardes, después de trabajar−.
Ella le miró no muy convencida pero no podía negarse ante eso. Lo último que necesitaba era comenzar un pleito ahora que las cosas estaban mejorando.
−Tu ganas...−Termino por aceptar.
En silencio, luego de un rato ambos amantes se dejaron caer en los brazos de Morfeo.
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Sentía cómo la lengua del cobalto recorría uno de sus senos en una acción eróticamente deliciosa.
Sonic tenía una maestría en las artes amatorias, eso no podía negarlo.
Podía sentirlo recorrer cada centímetro de su piel y eso la hacía vibrar. Él por su parte estaba deleitado ante el sabor tan dulce que ella desprendía.
Y, aunque todo eso solo era un preámbulo que anunciaba lo deseosos que ambos estaban por profundizar tal acción el par de "amigos" estaban disfrutando en demasía aquella lluvia de sensaciones de las que eran presas.
En todos los años en los que había sido sexualmente activa nadie, jamás la había hecho vibrar de esa manera.
Y aún ni siquiera estaban fornicando...
La mano del cobalto acariciaba la feminidad de la joven Rose mientras se fundían entre besos y suspiros.
Sumamente concentrados en aquellas sensaciones el sonido del celular de Sonic vibró en su bolsillo trasero obligándole a detenerse un momento.
Le dedicó una leve mirada como disculpándose por la intromisión y atendió la llamada de mala manera.
−¿Qué?−Hablo toscamente y en su mirada había una mirada de molestia.
Desde la posición en la que se encontraba podía notar como sus púas estaban revoloteadas y como la camisa ya no estaba colocada correctamente.
−Con un demonio Shadow, no es un buen puto momento−Lo escucho gritar y eso la alarmó.
Escuchar el nombre de Shadow no era una buena señal y el rostro de Sonic le indicaba que el moreno estaba discutiendo por el otro lado de la línea.
Podía verlo gesticular y hacer rostro de molestia e incredulidad. Sea lo que sea que Shadow estaba diciendo estaba casi segura que se debía a ese asunto de los faltantes.
Preocupada ante esto, se acercó hasta Sonic intentando escuchar la conversación. El cobalto como acto de reflejo se alejó unos cuantos pasos.
−Mierda Shadow, te he dicho que no es un buen momento, puta madre−Vociferó.
Era la primera vez en todo el tiempo que tenía de conocerlo que el utilizaba ese lenguaje frente a ella.
Tenía el ceño fruncido y los puños cerrados; sabía que se estaba conteniendo. Pocas fueron las veces en que lo había visto molesto y esta sin lugar a dudas era una de esas veces.
−¿Faltantes?−Su rostro se deformó por completo−¿Vestidos y ropa interior?−No podía dar crédito a lo que escuchaba−Carajo Shadow, ¿Yo para qué mierda necesitaría gastar en eso?−guardo silencio unos momentos y una sonrisa descarada se formó en su rostro−Para tu información, Don Perfecto, no tengo una novia y aún que la tuviese los vestidos no son regalos que yo compraría−Aseguró.
Amy solo se mantuvo en silencio escuchando aquella conversación, tentada en más de una ocasión a intervenir.
−He dicho que no, carajo−.
−Sonikku−Hablo de pronto y este la miro con una expresión indescifrable en el rostro, ella por su parte pudo escuchar antes de que Sonic cortase la llamada como Shadow gritaba que se alejase de ella.
La mirada en el rostro del cobalto denotaba vergüenza y culpabilidad. Se veía como un pequeño regañado y deseó darle un pequeño abrazo para reconfortarlo.
−Sonic, yo...−.
−Lo siento Amy−guardo su celular y se abrochó los botones de la camisa−Debo irme, Shadow necesita mi presencia−.
Se estaba acomodando los pantalones cuando la observó regresar con unas botas y un abrigo de lana a cuestas.
Intrigado, cuestionó.
−¿Qué planeas, Amelia?−.
−Iré contigo, ¿a caso crees que voy a dejar que Shadow te arranque la cabeza?−.
Sonic negó, no tenía intensiones de que ella los observase pelear.
−No creo que sea buena idea, además necesitas descansar−.
Aunque, siendo la necia y voluntariosa mujer que era, no aceptó las palabras del cobalto.
−Yo te acompañaré, quieras o no−Y ante esto tomó su pequeño bolso y ambos salieron del departamento rumbo a la salida del complejo de apartamentos.
El frío de la noche la hizo temblar ligeramente, aunque el suéter fuese abrigador siempre fue alguien a quien el frío le afectaba.
−Muy bien señorita que no acepta un no por respuesta, ¿nos vamos?−Le dijo mientras la rodeaba con un brazo brindándole calor.
No fue capaz de pronunciar otra palabra, solo caminaron en silencio por las frías calles de Station Square.
En menos de una hora ya se encontraban frente a la entrada del enorme edificio donde Shadow vivía.
Luego de abrir aquella enorme puerta de cristal la recepcionista les atendió.
−¿Puedo ayudarlos?−.
−Con el Señor Gerald, por favor−Pidió Sonic y la recepcionista les permitió el acceso.
Aún a pesar de la hora.
Caminando por los largos y vacíos pasillos solo podían escuchar el eco que hacían sus pisadas.
Al cabo de cinco minutos se encontraban frente a la puerta con el número 18 marcada al frente.
Llamó sin muchas ganas a la puerta y antes de que pudiese reaccionar las manos de Shadow se abalanzaron sobre el tomándole del cuello para estrellarle contra la pared.
−¡TÚ, MISERABLE HIJO DE PERRA!−Vociferó, tomándole del cuello de la camisa con fuerza−VOY A HACERTE DESEAR JAMÁS HABER NACIDO−Le aseguró apretándolo con más fuerza dificultándole la respiración.
Al ver esto Amy intervino de inmediato tratando de separarlos con todas las fuerzas que tenía.
−¡Basta Shadow, vas a matarlo!−Lo jaloneó, logrando que este lo soltase y la mirara con extrañeza en el rostro.
−¿Por que carajo trajiste a Rose aquí, cobarde?−Lo señaló con el dedo dispuesto a asestarle una patada al magullado Sonic pero ella lo impidió.
−Yo no...−le era difícil hablar−yo no la traje−.
−Yo vine a evitar que cometas una locura, Shadow−lo miró severamente a los ojos y el moreno solo bufó resignado.
Se alejó de ellos rumbo a la cocina mientras Amy ayudaba a Sonic a incorporarse. Luego de un rápido vistazo podía notarse el desastre que había por todo el lugar.
Ambos caminaron en dirección hacía donde Shadow se había alejado y dentro de la cocina el moreno ya hacía sentado en la barra sirviendo dos tazas de café.
Sin mediar palabra le tendió una a Amy y bebió de la suya de manera apresurada tratando de calmarse.
Sonic no dijo nada y solo le dirigió una leve mirada a Amy, casi como si le estuviese previniendo de algo.
Tomó con cuidado la taza entre sus manos y sintió el vapor chocar contra sus labios. Miró de soslayo al par de varones y dio un trago a la taza.
Shadow, luego de dos minutos decidió hablar por fin.
−Muy bien Faker... −sacó su celular y se lo tendió de mala forma−Dime que carajo ves ahí−.
Tomó el aparato entre sus manos y observó los archivos que le fueron proporcionados. En dichos archivos ya hacía los estados de cuenta de sus tarjetas de crédito, las cuales estaban sobregiradas y en números rojos.
Sin lugar a dudas habían sido realizadas un sin fin de compras sin su consentimiento. Alguien había estado gastando su dinero en vestidos, joyas y restaurantes.
Pero, ¿quién?...
Dejo el aparato sobre la barra y palideció al comprender la realidad del asunto. Estaba prácticamente en la calle, sin un centavo y ahora −según Shadow− alguien había utilizado su cuenta para gastar también los fondos de la empresa.
Simplemente genial...
Amy por su parte solo atinaba a observar a sus amigos dirigirse miradas hostiles.
−¿Hay alguna forma de solucionar esto, Shadow?−Pregunto ella, cual mediadora.
El moreno la observó un momento sin muchos ánimos y suspiró.
−Ninguno de los pagos fue efectuado durante el mes, sino liquidamos todas las deudas con los contribuyentes, seremos embargados por Mephiles y su consorcio−se llevo una mano a la cabeza, como si pensara−Sino solucionamos este asunto en menos de una semana, todo se irá al carajo−.
Sonic guardo silencio, dubitativo. Amy por su parte estaba pensando en algo inteligente que aportar.
−Amy−le llamó, de pronto−Knuckles es tu contador, ¿no es así?−.
Ella asintió sin comprender el porque de su pregunta.
−El lleva mis finanzas desde hace años, ¿por qué?−.
−Si el puede administrar tus cuentas y compras compulsivas, podrá encontrar las anomalías en la mía−Inquirió, como si fuese lo más obvio del mundo−Alguien a gastado mi dinero y averiguaré quien−.
Tal vez tenía razón, pero ¿sería suficiente una semana para resolver todo ese embrollo?.
−Dudo que sea tan sencillo−Hablo el moreno, frío como siempre−Pero, suponiendo que puedes encontrar a la rata, ¿cómo vas a llenar los faltantes en la empresa?−.
Ese era un detalle que no había considerado. Aunque encontrase a quien estaba haciendo fraude con su identidad financiera no tenía el dinero para cubrir los gastos que se hicieron a nombre de la empresa.
−Tal vez... podríamos pedir una prorroga o alguna especie de convenio−Amy no quería dejarse vencer tan fácilmente.
−Ella tiene razón Shadow, podemos con esto, ya lo verás−el espíritu optimista del Faker le asqueaba.
Ninguno de los era consciente de lo que Mephiles era capaz hacer sino obtenía su dinero en tiempo y forma.
Con ese sujeto las contemplaciones no estaban en su vocabulario y poco o nada le importaba sus buenas intenciones.
−Mañana hablaré con Silver para ponerlo al tanto y le pediré a Cream que cambie las contraseñas de la base de datos de la empresa, como precaución−.
Ambos asintieron ante las palabras de la joven Rose.
−Mañana empezaré a pedirle a Knuckles que haga su magia de contador...−
Shadow rodó los ojos con fastidio.
−Eres un imbécil, Faker...−
Y ante esto último, el resto de la noche transcurrió sin contratiempos.
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Continuará...
Dispensen ustedes cualquier falta que se me haya ido por ahí...
tengo dos días escribiendo sin parar y mi cerebro no da pa' más... recordad que no todo es lo que parece, no se dejen guiar con las primeras impresiones ;)
Ahora sí, se viene el drama amoroso...
Se cuidan y muchísimas gracias por leerme.
Atte.
Gri.
