Que no se pierda la bonita costumbre de actualizar de madrugada... no puedo dormir y que mejor manera de lidiar con mi ociosidad que escribiendo hasta que me dolieron los dedos...

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Capítulo diecinueve
"Sentimientos cruzados..."


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Cuando fue momento de volver a su hogar −alrededor de las tres de la mañana− Shadow se había negado rotundamente a dejarla irse con Sonic a pie.

Por lo que, ahora sentada en el asiento del copiloto ya hacia sentada la joven Amelia esperando ser trasladada a su hogar, Sonic por su parte había decidido caminar, muy para pesar suyo alegando que jamás volvería a subirse en un auto manejado por Shadow.

Ahora, frente al semáforo en rojo y ambos en silencio Amy bostezaba presa del sueño y el cansancio. Había tenido un día extraño, primero el incidente en el hospital, luego aquella extraña llamada y la posterior visita de Sonic y el casi −casi− acostón que tuvo con este hacían que su mente trabajase a mil por hora.

Shadow por su parte se mantenía en silencio asimilando todo lo que había acontecido en su existencia. Ver a Rose silenciosa y distante le hizo recriminarse por todos esos arrebatos de ira y cólera de los que había sido presa.

Se había dejado controlar por la ira y dejo que ella viese ese lado suyo del que no estaba para nada orgulloso.

Pensar en el incidente del hospital −más específicamente pensar en el Faker abrazando a Rose− le ponía los nervios de punta.

No le gustaba admitirlo, pero era un celoso que no gustaba para nada de compartir lo que consideraba suyo por derecho.

El que Rose no fuese su pareja no significaba que de algún modo su mente no la considerase como tal. Quizá era ser posesivo, debía incluso admitir que se había obsesionado con Rose de un modo francamente insano, pero ella le gustaba genuinamente.

Más allá de lo mucho que le molestaba que el Faker se atreviese a interferir con sus planes, la idea de cortejar a Rose estaba en su mente y deseaba que ella le aceptase.

Quizá aquella salida a cenar no había sido por completo un éxito, pero se había sentido muy conforme con los resultados obtenidos.

Resultados que se habían ido al carajo cuando dejo que la ira dominara sus acciones.

Miró de soslayo a la mujer que tenía en el asiento de copiloto y sonrió levemente enternecido al notar que estaba quedándose dormida contra la ventana.

Faltaban al menos cinco minutos para llegar al hogar de la joven por lo que optó por emitir lo siguiente.

−Siento mucho mi comportamiento estos últimos días−Hablo, acariciando el dorso de su mano, haciéndole cosquillas.

Ella se estremeció ante esto y lo miró, levemente confundida y apenada. El contacto físico era algo a lo que no terminaba de acostumbrarse.

−No hay cuidado Shadow−Se limitó a decirle, somnolienta.

Había contestado más por fuerza que por ganas, ella solo quería llegar a su hogar y dormir al menos unas dos horas antes de tener que levantarse para tener que regresar al trabajo.

Un leve bostezo se escapo de sus labios y Shadow le sonrió nuevamente. Tomó con delicadeza su mano, dejándole perpleja y sin saber cómo reaccionar y besó suavemente el dorso de su mano sin quitar la vista del frente.

Expectante ante lo que sea que fuese a suceder, Amy sintió como su corazón latía con rapidez y sus mejillas ardían debido a aquel acto tan repentino.

Aún tenían sus manos entrelazadas; podía sentir el cálido contacto de los dedos de Shadow rosar con los suyos y como éste no parecía tener intenciones de soltarla.

−Permíteme corregir mi error−Le pidió, para poco después aparcar el auto frente al edificio donde ella vivía.

Ambas miradas se conectaron por breves instantes y solo pudo asentir torpemente sin dejarle de mirarle.

El sonrió complacido ante esto y liberó con delicadeza aquella pequeña y delicada mano para ahora acariciar una de las mejillas sonrojadas de la fémina.

−Descansa Rose, te veo en la oficina−Le dijo y ella salió del auto lo más rápido que le permitieron sus piernas sin mirar atrás.

Caminó tan rápido que ni siquiera se molesto en llamar al ascensor. Frente a la puerta de su apartamento, tomó torpemente la llave y giró el pomo de la puerta con la mano temblorosa. Entró rápidamente y sin más se dejo caer en el sofá.

Soltó un gran suspiro de alivio y sin más se echo a dormir.

Ya tendría tiempo para recriminarse después.


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Abrió pesadamente los ojos al sentir la vibración de su teléfono muy cerca de su oreja y bufó ante esto. Trato de ponerse de pie pero un peso se lo impidió.

Le tomó alrededor de dos segundos darse cuenta de lo que estaba sucediendo. En su pecho descansaba Blaze quien parecía dormir muy plácidamente.

De golpe, las imágenes de la noche anterior llegaron a su mente, trayendo consigo un cúmulo de sentimientos que le agobiaron al instante.

¿Qué había hecho? ¿Por qué había cedido ante ella? Muchas preguntas comenzaron a surcar su mente y ninguna de ellas parecía tener una respuesta satisfactoria.

¿Era eso lo correcto?

¿Realmente hizo bien en aceptar a Blaze en su vida otra vez? El sentimiento de culpabilidad le invadió.

Se removió incómodo en aquel pedazo de la cama y sintió como su espacio personal estaba siendo invadido. Entre aquellos movimientos Blaze despertó.

−Buenos días−Saludo ella, bostezando.

De un solo movimiento se sentó en la orilla de la cama y buscó con la mirada su ropa tirada en suelo, se puso de pie y comenzó a vestirse rápidamente.

Se le hacía tarde para llegar a su trabajo; aún tenía que ir a su departamento a darse un baño y cambiarse.

−¿Silver?−Hablo ella cubriéndose con las cobijas debido al frío matutino−¿te irás sin desayunar?−.

Estaba tratando de ser dulce y considerada, podía notarlo por el tono que usaba para pronunciar aquellas palabras y aunque lo apreciaba ese no era el momento ni tenía tiempo para ello.

Negó con la cabeza colocándose los zapatos y se estiró terminando de quitarse la pereza en el cuerpo.

−Tengo que trabajar, te veré después−Y dicho esto, salió de aquella habitación con rumbo a la salida sin mirar atrás.

Ella no lo siguió para su fortuna; cerró la puerta principal y subió a su auto. Se permitió respirar con alivio y arranco el auto sin reparar en Blaze que le observaba por la ventana con un sentimiento de incertidumbre en su interior.

Ninguno de los dos hablaría de eso abiertamente, pero algo había cambiado entre ellos y era tan evidente que asustaba.

El tráfico matutino estaba retrasando su llegada a su hogar y aunque no se sentía presionado por el horario de la oficina, si tenía esa impetuosa necesidad por tomar un baño.

Sentía picazón por todo el cuerpo y esa sensación de culpa no lo abandonaba. Era algo tan penetrante, casi como si un aroma extraño se desprendiera de su interior.

Había algo que no podía entender pero no le hacía sentir del todo cómodo.

Quería a Blaze, eso lo tenía en claro, pero...

−Eres un idiota Silver−murmuró para sí.

Un completo y reverendo idiota.


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No había logrado conciliar el sueño después de llegar a su hogar luego dejar a Amy y Shadow a solas durante la madrugada.

Se había recriminado mentalmente por dicha acción hasta el hartazgo. El muy bastardo de Shadow seguramente se había aprovechado de estar a solas con ella y...

¡No! Definitivamente eso no sucedió, Amy no era la clase de chica que hacía esas cosas.

Pero, ¿y ese casi acostón que tuvo con él? ¿Y si las ganas le volvieron y terminó consumándolo con Shadow? La idea le perturbaba de una manera abrumadora, más que nada por el hecho de pensar que Amy pudiese preferir a alguien que no fuese él.

Seguramente estaba desvariando debido a la falta de sueño, si eso era.

Sólo fue un momento erótico, ¿no? Había tenido relaciones más veces de las que podía recordar y siempre se emocionaba.

Aunque...

Había algo que no terminaba de comprender; aquel contacto con Amy no fueron más que simples besos y de alguna manera le había hecho vibrar.

Tocarla, sentir su olor le hizo sentirse tan excitado que le fue muy difícil controlarse y no hacerla suya en ese momento.

Pensar en ese momento tan erótico le hacía dar vueltas la cabeza; no entender que era lo que Amy le hacía sentir le abrumaba.

Era su mejor amiga, su confidente y la niña que lo acosaba cuando eran pequeños.

Pero ahora, aquella figura femenina que durante años no pudo ver con otros ojos que no fuesen los de una pequeña y fastidiosa hermana menor le daban un giro de 180° presentando ante él una perspectiva que jamás, en toda su vida hubiese podido siquiera concebir.

Pensar en Amy como una mujer −y no solo una mujer, sino una que le volvía loco con solo unos besos− le ponía ansioso.

Su mente volaba, era alguien activo sexualmente y pocas −de hecho, ninguna− veces se detenía a pensar en la mujer que llevaba a su cama.

Todo esto tan extraño.

Había salido por años con Sally, una chica sumamente atractiva con la que el sexo era maravilloso, pero ni en todos esos años se había sentido tan conflictuado como en este momento.

El olor de Amelia Rose le volvía loco... era adictiva, sus curvas, su suave y cremosa piel. Sencillamente era algo que no podía evitar.

Y todo ese sentimiento de erotismo desmedido era tan contradictorio...

En su interior la idea de hacer suya a Amy era tan latente y a su vez, el hecho de protegerla y no querer que ella sufriera latía con intensidad.

Se masajeó ambas sienes tratando de aliviar la jaqueca que estaba invadiéndole y tomó su celular segundos después.

Pensó en llamarla y preguntarle cómo se encontraba, pero decidió que mejor se lo preguntaría personalmente.

En este momento debía contactar a Knuckles y que este comenzara a evaluar sus finanzas.

Las cuales eran otro de sus líos que no terminaba de entender. Nunca, ni siquiera cuando estaba en su etapa de conquistador hubiese pensado en gastar tales cantidades de dinero en cosas tan ridículas como zapatos y vestidos.

Ni siquiera a Sally que era su novia le daba regalos de ese estilo.

Sally...

No había tenido noticias de ella después de que salió de su departamento aquella noche en que pelearon y rompieron. ¿Aún seguiría enojada? La posibilidad de que ella en un ataque de cólera hubiese gastado esa cantidad de dinero para darle una lección se presentó ante él y una punzada de culpabilidad le invadió.

Había sido un hijo de puta con Sally y sabía que si ella había hecho algo así, si lo merecía, pero tanto dinero malversado estaba afectando a la empresa y eso no compensaba ningún problema marital.

Tal vez lo mejor sería concertar una cita con ella y aclarar las cosas que habían quedado pendientes y averiguar de una vez por todas que estaba pensando.

Tecleó el número de Knuckles en su teléfono y se dirigió a la nevera en busca de un par de huevos y tocino que colocó sobre la barra de la cocina.

¿Sí?−La voz amargada del nuevo padre atendió su llamado.

−Rojito, cariño−Se burló encendiendo la estufa y colocó el altavoz en su teléfono−¿Cómo te va en tu nueva vida?−.

Pudo escuchar un quejido del otro lado de la línea y como algo se caía después.

Nunca tengas hijos, blue−Fue su contestación−¿Qué quieres? No creo que me llames porque te interesan los consejos paternales−.

Movió sin muchos ánimos los alimentos el sartén y sonrió de lado, Knuckles era tan perspicaz.

−Requiero de tus servicios−apago la estufa−Alguien ha malversado mis finanzas y necesito que me ayudes a averiguar cuándo, dónde y quién se ha estado gastando mi dinero y el de la empresa−.

Knuckles solo suspiró.

Siempre metiéndote en problemas...−


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Despertó con dolor de cuello y sintió como sus músculos se tensaban debido a la posición que había mantenido durante sus horas de sueño.

Le tomó un par de minutos poder recobrar las fuerzas y los ánimos para ponerse de pie para dirigirse al baño y darse una ducha.

Sentada, intentando aclarar su mente y dejando pasar el mareo que la invadía Amy sintió como todo a su alrededor parecía irreal.

Había dormido sólo dos horas y sentía como su cuerpo reclamaba por más horas de sueño. De pie, con las piernas entumecidas se dirigió con paso lento a la cocina y encendió la cafetera para segundos después caminar al baño y desvestirse sin más.

Abrió la llave de la regadera y se metió sin pensarlo. El agua fría recorría su cuerpo y eso le daba un poco de energía.

Al cabo de cinco minutos salió envuelta en una toalla y se sirvió una taza de café negro. Camino a su habitación abrió el clóset y tomo un pantalón de mezclilla y un hoodie color carmín.

Se puso los zapatos y salió con paso lento rumbo al trabajo. El ruido del tráfico matutino le producía dolor de cabeza y sin duda le ponía de mal humor.

Tenía sueño y deseaba solo echarse a dormir hasta despertar en el 2025 con todos sus problemas solucionados.

Rió interiormente ante lo absurdo de sus pensamientos y al cabo de diez minutos esquivando a quienes se interponían en su camino llego a la oficina con cara de pocos amigos.

Las miradas poco disimuladas de quienes le rodeaban no hicieron sino darle todavía más mal humor.

Entro de manera apresurada a su oficina pasando de largo a una pobre y confundida Cream que la observaba con preocupación sin entender que estaba sucediendo.

Cerró la puerta de un portazo y pateó algunos pétalos secos del desastre de días anteriores. Se chupo los dientes en obvia señal de molestia y comenzó a recoger todo el tiradero.

Limpiar generalmente le ayudaba a despejarse, pero en momentos como este solo quería dormir.

Definitivamente sería un largo día...


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Había llegado a su departamento luego de media hora atorado en el tráfico.

Abrió la puerta y fue recibido por aquel pequeño Chao con una cara de preocupación en el rostro. Había olvidado por completo a su pequeño amigo.

Se maldijo internamente y a acarició la pequeña cabeza de la criatura para tranquilizarle.

Camino al baño se observo en el espejo; no había ningún cambio en su rostro, lo sabía. Pero aún así se sentía tan diferente.

Tomó un baño rápido y después de un desayuno ligero se encamino en dirección a su oficina mientras que Orión le seguía sin querer quedarse solo nuevamente.

Miró con ternura a su pequeño amigo y decidió llevarlo con él.

−Tu ganas, pero debes prometer que vas a portarte bien−Le dijo y ambos salieron rumbo al trabajo.

El viaje había transcurrido sin ningún contratiempo, incluso se había dado el lujo de pasar al autoservicio de a Chaos Burger para pedir un par de hotcakes y huevos revueltos con café.

La imagen de Amy vino a su mente y decidió comprar una orden para ella también. Después de la comida no había hablado con ella.

Tal vez podrían desayunar juntos y conversar de lo que había sucedido en el viaje. Además claro, de pedirle un consejo con respecto a lo que estaba sucediendo con Blaze.

Quizá ella podría decirle algo que le hiciera entrar en razón. O tal vez lo único que necesitaba era hablarlo con alguien y dejar que las cosas se dieran naturalmente.

Frente al edificio de la oficina, tomó aquella bolsa con comida y ambos cafés dirigiéndose silbando una de esas tonadas pegajosas que aliviaban su ánimo.

Saludo a quienes se ponían en su camino, mientras que Orión se sujetaba a su cuello mirando curioso todo ese escenario nuevo para él.

Se detuvo frente al escritorio donde la joven Cream parecía atareada ordenando notas y archivos y la saludo animoso.

−Buen día Cream... −Saludo y ella le devolvió una mirada levemente confundida−¿Amy ya llegó?−.

Le tomo dos segundos poder articular una oración y asintió, cortés.

−La señorita Amy llego temprano hoy, pero me parece que hoy está un poco indispuesta−.

Arqueó una ceja sorprendido ante lo dicho por Cream; ¿Qué podría estarla molestando de ese modo?.

−Oh, bueno... ¿Podrías decirle que vaya a mi oficina?−Le pidió dándose la vuelta dispuesto a irse, cuando el pequeño Chao bajo de cabeza y se acercó amistoso hasta Cream.

−Eres tan adorable−lo acarició−Le daré su mensaje, señor Silver−Continuó acariciando al chao, quien parecía bastante cómodo con ella−En casa yo tengo un pequeño amiguito como tú esperándome, su nombre es Cheese−.

−Tal vez un día de estos puedan reunirse a jugar−ofreció animoso−Estoy seguro que a Orión le encantará−.

Ella asintió tan alegre como era su costumbre.

−Claro que sí, son bienvenidos a tomar el té cuando deseen−.

Y dicho esto último ambos se encaminaron hasta su oficina. Dejó sobre la mesita de café aquella comida y buscó entre sus cosas hojas blancas y algunos colores, plumones y demás objetos con los que Orión podía entretenerse.

Tomó un par de cojines y le indicó que podía usar ese espacio para jugar. Había leído en el internet que los Chaos disfrutaban de actividades propias de un niño pequeño.

Y él para su fortuna aún conservaba muchos de esos gustos en su interior.

Desempacó aquella comida y tomó asiento frente a la mesita, esperando.

¿Amy estaría de humor para conversar?

Tal vez estaba cansada y quería estar a solas, el viaje había sido agotador y unas cuantas horas no le servirían para descansar.

Tal vez sería buena idea enviarle un mensaje y ver como se encontraba. Tomó su celular dispuesto a escribirle un buenos días cuando la llamada entrante proveniente de Blaze le impidió hacerlo.

Al tercer tono, atendió al llamado.

−¿Aló?−.

Silver, te fuiste tan rápido que no me dio tiempo de hablar contigo...−la fémina tenía un tono ligeramente molesto al hablar−¿Cuándo podré verte otra vez?−.

Pensó un momento en lo que estaba escuchando; ese era el momento para arrepentirse y negarse a cualquier petición que ella le ofreciera.

Era su oportunidad, lo sabía.

Pero era muy idiota para darse cuenta, por lo que respondió.

−Te veo el sábado, tengo mucho trabajo−Y sin más, finalizo la llamada sin permitirle responder.

No supo de dónde había sacado la fuerza para terminar la llamada dejándola con las palabras en la boca, pero debía admitir que le daba un poco de placer el hacerlo.

Le gustaba tener su independencia; y aunque estaba convencido de que sus sentimientos por aquella mujer eran verdaderos, no negaría que el comportarse de manera dominante −según su propio criterio− era agradable.

Tomó nuevamente su teléfono y envió el siguiente mensaje, esperanzado de que ella aceptase su invitación.

"Amy, las penas con pan son buenas... ¿quieres desayunar conmigo?"

Oprimió la tecla enviar y esperó que aquel chiste tonto −muy al estilo de Sonic− surtiese efecto.

Aunque, ahora que lo pensaba con detenimiento aquella escena del hospital llegaba a su mente y no supo cómo reaccionar. Cuando ellos bajaron de la visita a los bebés había una mirada en sus rostros que no pudo definir.

¿Complicidad? Quizá.

En ese momento estaba demasiado cansado y confundido como para tomarle la debida atención aquellos pequeños gestos entre sus compañeros de trabajo, pero ahora que lo pensaba con detenimiento le daba la impresión de que algo estaba sucediendo.

No podía atreverse a asegurarlo, no tenía la verdad absoluta y honestamente era pésimo para interpretar las señales que se le presentaban, pero hasta alguien como él podía notar que había una tensión evidente entre esos dos.

¿Qué podía estar pasando? Lo desconocía por completo. Pero si algo tenía completamente en claro era que Sonic no era un hombre en quien se pudiese confiar.

Eran compañeros, colegas y hasta cierto punto mantenían una especie de amistad que con los años había ido aumentando.

Si bien en un inicio no podían estar en un mismo espacio sin que al menos uno de los desease arrancarle la cabeza al otro, con los años y gracias a la intervención de Amy había logrado apreciar de algún modo al cobalto.

No eran los mejores amigos, de hecho estaban muy lejos siquiera de poder llegar a serlo. Pero con el tiempo el estar en un mismo espacio le hacía disfrutar ocasionalmente de su humor y comentarios impertinentes.

Porque sí, Sonic era un completo idiota, pero a veces era gracioso y eso no podía negarlo.

Claro, tampoco podía dejar de lado que ellos tenían una situación a cuestas que les impedía ser dos individuos cercanos.

Los líos de faldas siempre terminaban jodiendo todo. Quizá si las cosas se hubiesen dado de un modo distinto la amistad habría prosperado de buena forma.

Y no es que se arrepintiese, sabía que había hecho mal y en su momento había pedido disculpas a quien considero prudente hacerlo.

Fue una situación que sucedió y de la cual estaba plenamente dispuesto a aceptar cualquier consecuencia que acarrease.

Su amor por Blaze estuvo por encima de cualquier comentario malintencionado en la escuela, incluso estuvo por encima de los golpes −que merecía− por parte de Sonic cuando se reencontraron en la universidad.

Aunque hoy en día las cosas habían cambiado y su relación con Blaze estaba en un punto en el que ni siquiera entendía que carajos estaba pasando, quizá podría limar algunas asperezas con Sonic luego de tantos años de aparente enemistad.

Tomó un sorbo de café y miró al pequeño Chao colorear algo desde su pequeño rincón de juegos y sonrió ante lo adorable que le parecía.

Era como un niño pequeñito.

No era secreto para nadie que los niños le encantaban. Se consideraba un hombre bastante paternal y no veía la hora para formar una familia propia.

Aunque claro, a Blaze esa idea jamás le había parecido rentable. Ella era de las mujeres que creían que debían dedicar su vida a trabajar y buscar la autosuperación personal.

Y no era que estuviese en desacuerdo, muy por el contrario; siempre admiró y respetó ese compromiso que ella tenía para llevar a cabo cualquier proyecto o idea que tenía en puerta. Estaba completamente orgulloso de todos los logros que ella había obtenido en su carrera, pero para él la vida iba más allá de reconocimientos, viajes y cenas costosas.

Le gustaba la vida hogareña, llegar a un hogar repleto de amor donde había comida caliente y alguien con quien compartir buenos ratos.

Amaba demasiado a Blaze como para siquiera atreverse a cambiar su visión de la vida, pero si lo pensaba con detenimiento no sabía si eso bastaba para ser feliz.

¿Qué era entonces la felicidad? Fuese lo que fuese era demasiado complicado para analizarlo en ese momento.


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Después de dejar a Amy en su hogar había pasado lo que restaba de la noche limpiando todo el desastre que sus ataques de cólera habían producido.

Le sorprendía como podía causar tanto desastre en tan poco tiempo, pero eso le había ayudado para aclarar sus ideas y trazar un plan decente para abordar las problemáticas que había en su vida.

Primero estaba ese asunto con el dinero que se le debía a Mephiles y después ese otro asunto con el pretender a Rose y los dilemas amorosos que eso le iba a acarrear.

Ninguno de los dos le parecía algo que pudiese solucionar en ese momento, estaba demasiado inestable emocionalmente y dudaba bastante de que siquiera pudiese estructurar una frase coherente para argumentar algo de dichos temas.

Estaba cansado y sobre todas las cosas desesperado. Por primera vez en mucho tiempo estaba perdiendo el control de su entorno y no le gustaba para nada esa sensación.

No iba a negarlo, disfrutaba tener el control de todo y todos quienes le rodeaban. Era un controlador que iba por ahí dando órdenes y haciendo las cosas a su manera. Y a todo aquel que no le gustase podía irse al infierno.

Tal vez estaba mal, no iba a mentir con que no creía que aquella actitud fuese la más ejemplar del mundo, pero en su defensa podía argumentar que fue esa actitud de mandamás la que había sacado la empresa a flote todo este tiempo.

A veces era difícil ser la voz de la razón. Cargar con el peso de los errores de quienes le rodeaban no era tarea sencilla, mucho menos tomando en cuenta que aquellos que le rodeaban confiaban ciegamente en sus decisiones y que sabría resolverlo asertivamente.

Bufó ante esto último y se haló las púas hacía atrás en un intento infructífero de liberar el estrés que tenía dentro de él.

No supo si fue la falta de sueño o si su mente le estaba jugando una mala pasada pero estaba comenzando a sentirse agobiado por lo que acontecía a su alrededor.

El terapeuta le había recomendado externar sus emociones mediante actividades positivas tales como el canto o tocar algún instrumento.

Demás estaba decir que no regreso a la siguiente sesión.

No disfrutaba dichas actividades; la música le recordaba aquella época en su vida en donde se veía obligado a tocar una y otra vez sin descanso.

No lo relajaba...

Rouge había insistido en que no desistiese de su idea de tomar terapia y ahora una vez al mes acudía a visitar a un nuevo terapeuta.

No sentía un cambio significativo, pero tampoco estaba demás hablar de algo que no fuese trabajo, pensaba.

Sólo ir y hablar del clima, la vida y otros temas de diversa índole le hacían sentir en paz.

Sólo paz...


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Encendió el computador sobre su escritorio y tomó de uno de los cajones un paquete de galletas que utilizaba como merienda entre horas, dispuesta a comerlo.

No tenía intenciones de buscar un desayuno, solo quería acabar todos sus pendientes e irse a casa a dormir. Mordió una galleta con chispas de chocolate y clickeó sobre uno de los muchos correos que se habían acumulado durante el fin de semana. Muchos sobre cotizaciones, otros para solicitar más información, otros simplemente correos basura propios del ambiente.

El día sería aburrido y pesado, de eso no le cabía la menor duda.

Le dolía la cabeza, la vista la tenía borrosa y definitivamente mataría por regresar a su cama y volverse un tronco; el centenar de correos acumulados no hacían sino aumentar su calvario, tomando en cuenta que la gran mayoría no tenían nada de relevante. Bufó ante esto y comenzó a seleccionar varios de ellos dispuesta a borrarlos.

Se sentía tan cansada y estresada...

Sólo quería terminar y dormir, ¿Era demasiado pedir?

−Señorita Amy−La voz de Cream le distrajo y no pudo evitar fruncir el ceño ante esto−El joven Silver solicita su presencia−Le informa y parece alejarse de la puerta.

Respiro profundamente y se puso de pie dispuesta a acudir al llamado; su mal humor no tenía nada que ver con Silver o Cream y sabía que no merecían que se desquitase con ninguno de ellos dos. Abrió la puerta de manera brusca sintiendo algunas cuantas miradas curiosas que se posaban en las ojeras que tenía en el rostro y se abrió camino hasta la oficina de Silver topándose con Sonic en el camino.

Miró de reojo al cobalto quien al parecer tenía una condición no muy diferente a la suya y lucía bastante sorprendido de encontrarla ahí. Este hizo amago de querer acercarse a conversar, pero fue mucho más rápida y entro en la oficina del albino sin llamar a la puerta.

−Oh, hola Amy−le saludo ligeramente sorprendido ante la abrupta intromisión−¿Quieres desayunar?−Pregunto, cortés como era su costumbre, la mirada en el rostro de Amy denotaba cansancio y apatía. Algo debía inquietarla, pensó.

Ella por su parte solo negó con la cabeza dispuesta a marcharse por donde había entrado; si bien el olor de la comida era delicioso y las galletas que tenía en el organismo no eran suficientes para saciar el hambre que estaba sintiendo; lo único que quería era terminar y regresar a su hogar. Sabía que si se sentaba a desayunar con Silver perdería mucho más tiempo del debido.

Además aún no estaba lista para hablar con él; las circunstancias en que se había suscitado el viaje le avergonzaban un poco y no quería aumentar el grado de incomodidad entre ambos. Si bien, directamente no había hecho o dicho nada que pudiese avergonzarla, su familia y su insistente manía por emparejarla con Silver ya eran bastante.

Su loca abuela y esa extraña fijación por intentar que se fijase en Silver de manera romántica no hacía sino aumentar su deseo por no querer estar a solas con él. ¿Qué pensaría él sobre eso? No quería ni imaginarlo, debía pensar que su familia estaba loca −porque lo estaba, de eso no había duda− pero eso no lo hacía menos incómodo. Además si recordaba lo que había dicho esa mujer en Twinkle Park lo volvía aún peor.

Sabía que Silver era un tipo genial y aunque a estas alturas su idea de ser madre y considerarlo como un candidato óptimo se habían ido al cuerno, no dejaba de pensar que cualquier tipo de contacto con él podría malinterpretarse. No era que lo considerase feo −todo lo contrario− sino más bien era el hecho de que él era demasiado bueno para alguien como ella.

−Lo siento Silver, tengo muchísimo trabajo y quiero irme temprano a casa−Respondió haciendo el intento de salir, pero la mano del albino le retuvo.

La mirada color ámbar se posaron en los suyos y con una sonrisa sincera pronunció el joven.

−Por favor, Amy... ¿sí?−Pidió en ese tono de cachorro meloso al que bien sabía que no podía negarse.

Suspiró resignada y tomó asiento frente a él y tomó el vaso de café que le ofreció. Definitivamente no era merecedora de un hombre tan cariñoso y atento como él. Que alguien se tomase tantas molestias para atenderla era algo a lo que no podía acostumbrarse, principalmente si dichas atenciones venían del sexo opuesto.

−Espero que te gusten−Hablo nuevamente y comenzó a comer animosamente. Todo el mal humor que había tenido camino al trabajo había desaparecido; estar con Amy le hacía sentir tranquilo y relajado aún estando en completo silencio.

La observó de reojo; solo miraba el plato frente a ella sin hacer algún tipo de movimiento; ¿estaría enferma? ¿Se sentiría mal de alguna forma? Tragó el bocado que tenía en la boca y pensó en una manera sutil de cuestionar que era lo que sucedía. Quizá estaba cansada, pero esa mirada en su rostro no era usual. Algo le preocupada, algo debía estarla afectando para que se manifestara de esa manera.

Tomó un trago de café y trato de parecer lo más casual que pudo.

−Oye Amy... ¿Cómo va todo?−Trato de iniciar una conversación.

Ella asintió por inercia; no tenía caso decirle precisamente a él todos sus líos con Sonic, Shadow y todo lo relacionado a la empresa. Sabía que se preocuparía y no ayudaría en nada a la "tranquilidad" que debía mantenerse en la empresa. Si Silver era consciente de que algo ponía en peligro a la empresa sabía que de alguna forma todos los empleados lo sabrían y no porque fuese un chismoso, pero era alguien bastante transparente y si algo le afectaba de tal manera era muy sencillo intuir cuales eran las razones.

−Lo siento, sólo estoy cansada−Medio mintió y comenzó a comer lentamente.

Mentía, sabía que mentía, pero no iba a echárselo en cara, no era quien para ello.


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Que Amy le estuviese evitando y no le quisiera cerca, era hasta cierto punto comprensible. Lo raro sería que no estuviese actuando de ese modo conociendo el tipo de chica penosa que podía llegar a ser y sumado al encuentro furtivo que habían tenido la noche anterior era más que obvio que ella no quisiera ni verle el rostro. ¿Estaría molesta? ¿O solo apenada?

O tal vez existía la posibilidad de que ella y Shadow de verdad...

¡NO! Eso ni pensarlo.

La falta de sueño le estaba haciendo desvariar, sí eso era.

Aunque...

No, seguramente sí era eso, Amy no era la clase de chica que se involucraría con un tipo tan pedante cómo Shadow. Rió ante lo hilarante de su pensamiento y algunos solo lo observaron de mala forma. Abrió la puerta de su oficina y el olor a perfume barato inundó sus fosas nasales. ¿Dónde había olido ese aroma? Tomó asiento frente a su escritorio y encendió su computadora segundos después.

Ya habría tiempo para aclarar las cosas con Amy, ahora lo importante en estos momentos era solucionar sus problemas financieros. El buen Knuckles se estaba encargando de checar sus números y todo lo relacionado al dinero mientras que el buen Tails se estaba encargando de cambiar todas sus contraseña importantes para detectar a quien rayos se había atrevido a robarle.

Mientras sus amigos se encargaban de eso, debía terminar de solucionar ciertos asuntos que aún quedaban pendientes.

La puerta se abrió de golpe dejando entrar a su asistente con una cara de pocos amigos mientras le lanzaba un fólder a la cara con papeles dentro. Estaba furiosa y no hacía falta que hiciese nada más para que lo entiende. No la culpaba, sabía que las mujeres se enamoraban de él, pero al menos había sido honesto y dejo las cosas en claro desde un inicio.

La culpa era suya en todo caso por haberse fijado en él.

Igual no era momento para fijarse en un berrinche de esa índole; ahora debía concentrarse en asuntos más importantes y solucionar las cosas antes de que Shadow le patease el trasero, o peor aún, terminase en la cárcel.


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Normalmente no acostumbraba mantenerse en silencio por mucho tiempo, ella era del tipo de mujer que tenía que estar hablando hasta por los codos o sentía una incomodidad muy grande brotando de su ser; pero ahora solo estaba ahí sentada comiendo en silencio sin saber que hacer o que decir. Por un lado estaban sus pensamientos nada decentes referentes a Silver y la lejana posibilidad de intentar revivir su plan y por el otro el cansancio y la preocupación de no hacer ni decir nada que pudiese hacer a Silver sospechar también le estaban afectando.

Tenía un debate mental y por muy serena que quisiera aparentar verse, sabía que Silver no era tan despistado como para no notar que algo estaba sucediendo. A su favor podía decir que las preocupaciones femeninas le estaban cobrando factura y eso normalmente daría por terminada la plática, pero ¿y sí no se lo creía? Seguramente eran solo ideas suyas, lo sabía, sabía que seguramente estaba exagerando.

Pero en estas instancias, con tanto sueño y preocupaciones no podía culparse así misma por las idioteces que estaban sucediendo en ese momento. O quizá sí, ya se lo cuestionaría después.

−Amy, ¿Estás segura de que estás...?−El sonido de su teléfono no le permitió continuar. Miró con fastidio la pantalla en su celular y atendió segundos después−¿Hola?−Dijo y Amy centró su mirada en el muchacho. La mueca de fastidio no había desaparecido de su rostro, sea quien sea que estuviese llamando lo incomodaba. −No lo sé, por la tarde, supongo...−Negó con la cabeza y soltó un sonoro suspiro−Blaze, hablamos después, estoy en una junta...−Y finalizó la llamada centrando nuevamente su atención ella.

Le tomó alrededor de dos segundos darse cuenta de lo que acaba de suceder; Amy lo observaba entre confusa y expectante; era lo suficientemente perspicaz para intuir lo que estaba sucediendo, pero seguramente esperaría una explicación.

Tomó un trago a su café y dirigió su mirada hacia otro lado buscando alguna clase de valor; Amy era su amiga y estaba seguro de que no le juzgaría por las decisiones precipitadas que había tomado, pero aún así se sentía extrañamente renuente a que fuese precisamente ella quien se enterase de que retomó su antigua relación.

−Regresé con Blaze−Soltó sin más y su mirada seguía evitando la suya, sin entender del todo porqué.

Esas simples palabras evocaron en la joven Rose un sentimiento que no se atrevió a externar; por un lado, se sentía completamente asqueada ante la idea de que Silver hubiese regresado con la mujer que le había sido infiel −por solo Dios sabe cuánto tiempo− con Sonic y por otro lado la sensación de que estaba siendo un completo idiota por volver con la mujer que le había externado abiertamente que no lo quería le insistía fervientemente en que se lo hiciese notar.

¿Pero quién era ella para juzgarlo por algo así?

Nadie, de eso estaba segura.

Después de todo ella también cometió errores muy parecidos a los de Silver en su última relación. Perdonó cosas imperdonables y dejo pasar muchísimas faltas entre las cuales el engaño y las palabras hirientes estuvieron involucradas. ¿Quién era ella entonces para atreverse a decirle algo a Silver entonces?. Tal vez las cosas debían volver a la normalidad y debía dejar de entrometerse en la vida de sus amigos de una vez por todas.

−Supongo que, ¿felicidades?−Hablo sin pensar y dejo el tenedor que tenía entre sus dedos sobre la mesita−Si eso te hace feliz, enhorabuena...−No quería extenderse ni hacer o decir algo comprometedor.

Silver por otro lado seguía evitando a toda costa mirar directamente a los ojos de su mejor amiga; se sentía como un idiota frente a ella y en el fondo, sabía que de verdad lo era.


.


−Jefe−Escuchó desde afuera de su pequeña oficina y bufó con pesadez y molestia al ser despertado. −Jefe, ¿se encuentra bien?−Insistió Storm desde afuera al no obtener respuesta.

Tosió de manera hosca y espetó segundos después.

−¿Qué carajo quieres?−.

Aquel enorme sujeto abrió la puerta segundos después y entró con lo que pudo definir como un vaso de agua y una aspirina; segundos después se las tendió sin decir nada más. Tomó aquella pequeña pastilla y bebió rápidamente del líquido en el vaso sin pensarlo. En un rato más estaría muriendo en resaca, ya podía sentirlo.

−¿Qué hora es?−Preguntó estirándose perezosamente y bostezando después.

−Son las 10:33 am−Respondió con simpleza−Jefe, un sujeto raro llamó hace un rato e insiste en que quiere una respuesta−.

Respuestas...

¿Respuestas de qué? No estaba con los vivos en ese momento y podía notarse fácilmente; le dolía el cerebro, tenía la garganta seca y el cuello chuco debido a la posición en que había terminado durmiendo anoche después de su crisis existencial. Tras unos segundos de meditación recordó a aquel extraño sujeto en el bar y todo ese asunto del dinero y Shadow.

Shadow...

Recordar a ese bastardo de ojos rojos le hacía hervir la sangre, pero ese no era el punto en este momento; debía tomar una decisión y ni siquiera estaba seguro de que era lo que debía hacer. De pie, unos segundos estático debido al mareo que la resaca le provocó tomó aquel sobre entre sus manos y se dirigió a la salida dejando a un confundido Storm mirándole expectante.

−Si llama nuevamente, dile que hoy a las 7:00 lo espero en el bar−se colocó sus gafas de sol−Vuelvo más tarde−Finalizó cerrando la puerta de un portazo.

No estaba de ánimos para nada más.

Debía tomar una decisión y esperar que fuese lo que fuese que decidiera tuviese resultados favorables. Aunque primeramente tenía que hablar con Shadow y esperar una contraoferta mucho más redituable, o al menos hacer el intento de conseguirla. Era un bastardo malagradecido, le había entregado muchos de los mejores años de su vida y seguramente poco o nada significaba para él, pero aún así le debía la vida y por ese pequeño atisbo de honor le daría una última oportunidad.

Salió de aquel edificio sintiendo como los rayos del sol entraban entre sus plumas, dándole un poco de energía. Necesitaba aclarar las cosas de una vez por todas y saber si es que realmente aquella alianza con Shadow valía o no la pena.

Más allá de todos esos años de "amistad", de juergas y riñas en las que se habían salvado mutuamente el trasero; nacía en él ese desesperado intento por saber que Shadow valía la pena. Quería desesperadamente encontrar algún atisbo de honestidad dentro de ese cabrón de mirada penetrante y poder así seguir aferrándose a una lealtad de la que no tenía del todo claro porque seguía manteniéndola.

Compañeros desde la preparatoria, vivieron muchos momentos, algunos de los cuales fueron decisivos para la vida de ambos. Con Shadow vivió quizás la etapa más intensa de su vida; una en dónde las drogas, el sexo casual, las riñas y apuestas, sumado a las peleas callejeras reinaron a más no poder. Y bueno, ahora que lo pensaba con detenimiento quizá no fue del todo su culpa, ni tampoco la culpa de Shadow; sólo eran un par de estúpidos deprimidos que no sabían cómo resolver sus problemas.

Shadow y todos esos problemas parentales que lo habían deprimido a tal punto en que prefería autodestruirse día con día con la esperanza de que un día su existencia dejase de seguir robando oxígeno al mundo.

Y luego estaba él, un donnadie sin familia con una voz chillona y una personalidad molesta que había pasado toda su infancia de hogar en hogar buscando que alguien le aceptase y poder tener una familia.

Dos idiotas que en algún punto de su vida se juntaron y terminaron ayudándose a autodestruirse...

Un par de idiotas con miseria en común; dos idiotas que se cuidaron las espaldas más veces de las que podía recordar, dos simples idiotas que estuvieron el uno para el otro hasta que ella apareció.

María Robotnik...

La chica que llego a "mejorar" la vida de Shadow y que terminó salvándolo, sacándolo de ese círculo de miseria del cual al parecer no podía salir, alejándolo de él y poniéndolo en el camino del bien.

Quiso reír aquella tarde en que los encontró sentados en el parque tomados de la mano. Incluso le pareció gracioso cuando rechazó una cerveza mientras estaban una de las fiestas de fin de año. Pequeños detalles a los que nunca les tomó la debida importancia hasta que las salidas nocturnas, los destrozos a propiedad ajena o simplemente las convivencias para sentirse miserables mutuamente comenzaron a volverse cada vez menos frecuentes.

En algún punto el Shadow a quien conoció pasó a convertirse en un sujeto recto y plenamente dispuesto a terminar una carrera universitaria, alejado de los vicios y las malas malas costumbres. ¿Se alegraba? Obviamente no, incluso se llegó a plantear el cómo es que las cosas fueron a terminar así, ¿Cómo es que pudo perder al único ser vivo en este planeta que le entendía, que le hacía sentir libre e importante por culpa de una mujer que vino a cambiarlo? Shadow le había dejado relegado.

Se había alejado de él dejándolo solo otra vez...

Y dolía, quemaba como las llamas del infierno sentirse solo nuevamente; pero más que sentirse sólo, se sentía completamente rechazado, utilizado y sobretodas las cosas, se sentía vacío.

Encendió un cigarrillo y continuó su caminata de manera apresurada; estaba pensando demasiado en cosas que creía olvidadas y no le gustaba para nada esa sensación en su interior. Era pasado y el pasado se queda enterrado, ¿no?. Exhaló el humo del cigarro y esperó a que el semáforo indicara que podía continuar su camino. Algunas miradas se posaron sobre él, algunas incómodas ante el humo que emanaba y otras tantas curiosas al ver las pintas que tenía en ese momento.

Parecía que había salido de un basurero; la pose de facineroso y el temblor en su muñeca podía incomodar a cualquiera; lo sabía, podía sentir como todos le juzgaban y le rechazaban por ser un adicto que se ganaba la vida afectando a los demás.

La luz cambió a verde y se abrió paso entre el tumulto, saliendo de aquellas miradas que quemaban su interior; estaba acostumbrado a que le juzgaran, a ser presa de burlas, de malos comentarios de quienes le rodeaban.

Jeremy The Hawk era un sucio huérfano adicto al crack y el único tipo que le importaba lo mandó al cuerno por un par de tetas... ¿A caso se podía caer más bajo? Sí, la respuesta era sí. Cayó tan bajo como para limpiar todo el santísimo río de mierda que Shadow dejaba a cuestas cada que cometía una estupidez. ¿Y por qué? Esa era la pregunta que carcomía su alma, ¿por qué seguir protegiendo a un tipo cómo él?

¿Por qué después de todos los años en que le ignoró y dejó a la deriva simplemente había decidido hacer caso omiso y perdonarle? Porque era un idiota sin remedio quizá, o quizás simplemente era patético...

Lanzó la colilla del cigarro y apresuró el paso; desde su posición podía visualizar el edificio dónde Shadow trabajaba; el momento de la verdad había llegado. No sabía sí aún estaba muy ebrio o si algo de lo que se metió la noche anterior aún estaba nublando su juicio pero quería comprobar que carajos tenía Shadow para ofrecerle.

No quería dinero, a estas alturas eso ya daba igual.

Sólo quería... sólo quería.

−TEN MÁS CUIDADO−Gritó un sujeto al chocar hombro con hombro en medio de la calle distrayéndole de todo su debate interno.

Miró por inercia hacia el frente y tomó una gran bocanada de aire; le dolía nariz, tenía la garganta seca y no era del todo consciente de la realidad en la que se encontraba; pero ahora frente aquella puerta de cristal era ahora o nunca.


.


Tomó la bocina del auricular del teléfono sobre su escritorio y tecleó el número de Sally, sabía que era momento de arreglar las cosas y que si por alguna razón era ella quien estaba haciendo todas esas cosas debía detenerla.

La conocía y aunque muy en el fondo no creía que ella era esa clase de mujer, no podía descartarla del todo. Después de todo tenía motivos de sobra para odiarlo y querer patearle el trasero de cualquier forma que le fuese posible.

El sonido de la operadora le recibió; después de una música de fondo su llamada fue conectada.

¿Diga?−La inconfundible voz de su ex-novia le recibió.

Tragó en seco unos segundos y dubitativo, respondió de la manera más serena que le fue posible.

−Hola... Sally−Quería sonar seguro y tranquilo como era su costumbre, pero estaba demasiado ansioso como para ocultarlo.

¿Sonic?−Chilló molesta−¿¡Cómo es qué te atreves a llamarme!?−.

Podía escucharla maldecirlo y soltar improperios no muy propios en una señorita y aunque fue difícil logró reunir el valor suficiente para interrumpirla.

−Perdón−Fue tan simple y directo que incluso el se sorprendió.

Unos segundos se silencio se instauraron entre ambos, al parecer a ella le tomó por mayor sorpresa.

¿Qué has dicho?−Cuestionó, dudosa de haber escuchado correctamente.

Durante sus años de noviazgo el jamás se había disculpado ni una sola vez por alguna de las faltas que había cometido en su relación. Más de una veintena de veces se vieron enfrascados en peleas en las cuales era ella quien terminaba disculpándose. Era consciente de que eso era algo que no debió ocurrir.

−Quiero pedirte perdón Sally−Hablo sereno−He sido un bastardo todo estos años y sé que no merezco que siquiera desees hablar conmigo, pero creo que te debo una disculpa, por todo...−Guardo silencio unos segundos, buscando el valor y las palabras adecuadas para continuar con su oración−No lo merezco, lo sé... pero, ¿te gustaría hablar? ¿Tomar un café y arreglar las cosas?−Ofreció−Claro, si quieres y tienes tiempo, entenderé perfectamente si no deseas...−.

La verdad es que no esperaba que ella siquiera aceptara la llamada, pero agradecía que tuviese la cortesía de al menos escucharlo.

Muy bien, te veo a las 3:00 en el café Chaotix−Finalizó y cortó la llamada, seguramente antes de arrepentirse de haber aceptado verle.

Le tomó dos segundos dejar el teléfono nuevamente en su sitio y asimilar lo que acababa de suceder; muy en el fondo no esperaba que ella aceptase salir a tomar un café, pero de verdad estaba agradecido.

Pero ahora que lo pensaba con detenimiento, ¿Eso significaba que arreglarían las cosas? ¿De verdad quería eso? Lo pensó un momento y de alguna manera eso solucionaría algunas cosas en su vida, pero ¿De verdad lo quería? Después de lo que casi sucedió con Amy todo estaba siendo tan confuso.

Se masajeó el puente de la nariz y buscó entre sus cajones algo con que distraerse; necesitaba serenar su mente y trazar un plan. Pero primordialmente debía aclarar sus pensamientos y que era lo que sentía. ¿Aún le gustaba Sally? ¿Le gustaba estar solo? ¿O era a caso que él y Amy? Pensar en todas esas posibilidades le daba migraña.

Ni siquiera sabía porque todo ese asunto de mujeres le estaba causando tanto conflicto, el era un tipo que no solía arrepentirse de lo que hacía y mucho menos solía sentirse culpable cuando sus líos de faldas se le salían de las manos pero ahora había un factor diferente. No era solo Sally y el asunto de que podía estar cometiendo fraude. Iba incluso más allá del hecho de que estaba comenzando a sentirse mal debido a las malas decisiones que había tomado los últimos años de su vida.

Era ese reciente interés que estaba comenzando a sentir por Amy y todo ese cumulo de emociones que ya estaban comenzando a escalar a un terreno mucho más allá del sexual.

Mierda...

No, definitivamente no se sentía atraído por Amy, no claro que no, sólo le caía muy bien. ¿Verdad? Sólo era eso y todo eso de querer estar con ella era parte de la calentura que traía a cuestas, de la novedad que eso producía, sí era eso.

Definitivamente él no estaba interesado en Amelia Rose, no claro que no...


.


Se sentía incómodo al hablar de eso con Amy, pero eran amigos y los amigos no se guardaban secretos, ¿no?.

−Debes pensar que soy un idiota, ¿no?−Musito mirando hacia el piso en un tono lastimero. Estaba por demás avergonzado de aceptar que había vuelto a caer las redes de esa mujer.

Sí, de algún modo lo pensaba, pero era por razones que él desconocía y no iba a decirle eso al chico.

Negó suavemente con la cabeza y dirigió una mano a su mejilla acariciándola suavemente; el la observó en silencio y una sonrisa comprensiva se plantó en su rostro.

−Amar no está mal, Silver... si eso te hace feliz, adelante...−Lo soltó−Tienes mi apoyo ante cualquier cosa que decidas hacer−Aseguró−Aunque admito que me tomo por sorpresa−.

No esperaba que Blaze aceptase al muchacho nuevamente y de manera tan sencilla; si lo que decía Sonic era verdad la chica estaba demasiado enamorada de él como para pensar en el pobre Silver. Pero, quizá Sonic estaba exagerando como siempre.

En lo que a ella respectaba si las cosas volvían a la normalidad al menos podría tener que dejar de preocuparse por Silver y todo el drama que conllevaba saber ese secreto que oprimía su pecho. Aunque no por eso se sentía mejor por ello. Ahora que era consciente de lo que había sucedido no podía dejarlo pasar así como así.

Silver no lo merecía...

−Gracias, Amy−Entrelazó sus manos con las suyas y sonrió tan sinceramente como sólo él sabía hacerlo−De verdad, gracias por ser mi amiga−.

Oh, bendito e inocente Silver, ¿Por qué el destino se empeñaba en hacerle ver que estaba traicionando la confianza de un sujeto tan bueno como él? Maldita sea, no lo merecía.

Sonrió de manera forzada y se libero de aquel agarre; de pie y con toda la tranquilidad que le fue posible reunir se dirigió hacia la puerta en un intento de huir del joven que tenía frente a ella.

−Gracias por el desayuno Silver, debo volver a trabajar−Alegó saliendo de manera apresurada de la oficina.

En el camino, la mirada confundida de Cream le dio a entender que lo que sea que estaba pensando no era algo bueno; se detuvo frente a la joven y trato de parecer serena y tranquila.

−Cream, ¿hay alguna llamada para mí?−Pregunto, desviando por completo el asunto anterior.

Cream tardó unos segundos en comprender que era lo que le habían preguntando y entre una búsqueda rápida tomó su bloc de notas y asintió rápidamente.

−Bienes raíces rubí acaba de llamar señorita, dicen que esperan una respuesta−.

Bienes raíces...

¿Por qué le sonaba?

Bienes raíces...

Ah sí, la llamada de esa chica rara del día de ayer; puso una mueca de disgusto y miró directamente a Cream al recordar el traspié que había cometido el día anterior.

−Cream, aprecio que quieras ser profesional y eficiente pero sabes que estoy completamente en desacuerdo de que proporciones el número de mi departamento sin consultármelo antes−.

Confundida, la joven negó repetidamente con la cabeza y ambas manos al no entender que era de lo que se le acusaba.

−Yo no sé de qué me habla, señorita Amy−Aseguró−¿Alguien ha estado llamando a su hogar?−El tono de preocupación fue más que evidente.

Si ella no había proporcionado su número entonces, ¿Cómo rayos habían dado con él? no aparecía en el directorio justamente para evitar este tipo de inconvenientes y dudaba mucho que alguno de sus compañeros supiese siquiera que tenía un teléfono en casa.

Era demasiada coincidencia que fuese quien fuese el que estuviera detrás de esa empresa supiera un dato tan personal sobre ella, más si tomaba en consideración que ella no era una persona tan influyente como lo era quizá Shadow, quién era la cara de la empresa o incluso el propio Sonic, que lograba cerrar algunos tratos cuando Shadow y su poca paciencia no lograba resultados.

Por lo que, en resumidas cuentas no tenía la menor idea de que estaba sucediendo.

−¿Señorita Amy? ¿Se encuentra bien?−.

Parpadeó un par de veces confundida, a veces perdía la noción del tiempo.

−Sí, estoy bien...−Le resto importancia al asunto−Tomaré la llamada la próxima vez−.

Cream solamente asintió y se dispuso a continuar con su trabajo como era costumbre, ella en cambio ahora menos que nunca podría concentrarse en el suyo.

Mucho en que pensar, tantas cosas cayendo sobre ella cual bola de nieve deslizándose por la montaña. Aunque en parte era consciente de que muchas de las malas elecciones que había tomado al fin estaban trayendo sus consecuencias.

Sentada nuevamente en su escritorio abrió un nuevo correo y leyó sin muchas ganas repitiendo el mismo proceso unas cuantas veces más. No podía sacar de su mente esa llamada extraña y mucho menos podía dejar de lado el cómo es que pudieron dar con su número. Aunque quizá solo era parte de su paranoia, le sabía bastante mal el pensar en mil y un posibles escenarios, cada uno más ilógico −y por ende, más fatalista− que el anterior.

¿Y si eran secuestradores? ¿Y si por alguna razón querían convencerla de entrar a una trata de blancas? De acuerdo, sea cual sea la razón seguramente tenía mucha menos relevancia de lo que ella estaba dándole.

−Madura, Amelia−Se dijo para sí y abrió otro de los correos, el cual contenía información sobre algunos de los estados financieros del último mes. Lo leyó detenidamente y decidió imprimir esa hoja y llevársela a Shadow personalmente.

Aún no estaba segura si Knuckles y Tails podrían resolver los problemas financieros y de seguridad de Sonic, pero en tanto tenían respuestas lo mejor sería resolver ella misma cualquier asunto referente a la empresa y hablar única y exclusivamente con Shadow de dichos asuntos. Podía confiar en la discreción y profesionalismo de Cream, pero lo mejor sería que entre menos intermediarios hubiese, todo resultaría mejor.

Tomó aquellas hojas y salió de su oficina con rumbo a la de Shadow; parada frente aquella puerta de madera llamó tímidamente a la puerta y segundos después escuchó un gruñido indicando que podía pasar. Abrió lentamente la puerta y sentado en su escritorio, el moreno releía una de las muchas pilas de papeles que tenía regados por todo su espacio de trabajo.

Alzó la vista unas fracciones de segundo cómo cerciorándose de quien había entrado y continuó leyendo, debía haber algo, lo que sea que indicase que podía darle una pista de que rayos estaba pasando con sus finanzas.

−Shadow−Le llamó y este no la miro−Tengo algunos estados de cuenta−Le tendió la hoja y este se la arrebato de la mano leyendo rápidamente el contenido−No sé exactamente si esto sirve pero...−.

−No−El tono seco y áspero con el que mencionó esas palabras, la intimidó un poco.

Tenía ojeras y la mirada perdida; parecía estar en un estado de trance en el que no iba a parar hasta dar con eso que lo tenía tan obsesionado. Suspiró de manera imperceptible y le dio una rápida mirada a todos los papeles que había a sus pies.

Que Shadow estuviese en ese estado no era algo nuevo, ya le había visto actuar de un modo similar en muchas otras ocasiones, pero esta vez había algo diferente en su mirada y no pudo pasar por alto ese detalle.

Había miedo en sus ojos, estaba asustado y eso nunca lo había visto en él durante todos los años que tenía de conocerle.

Shadow The Hedgehog era un sujeto fuerte y tenaz, una fiera en los negocios que no se doblegaba por nada y por nadie y que este asunto −por muy grave que pudiese resultar− de verdad parecía estarlo sacando de sus casillas. Sólo podía compararlo con la noche en que María falleció y aún así no se acercaba ni remotamente a esta situación de desconcierto y preocupación reflejada en el moreno.

Estaba ido, ajeno a todo lo que no fuesen hojas de papel, números y cuentas que según podía notar poco o nada ayudaban a reducir su martirio.

−Shadow...−Le llamó y este seguía sin mirarle−¿Pudiste dormir algo?−Y como respuesta sólo obtuvo otro gruñido traducido como un no.

Quizá era la falta de sueño o que ella era una entrometida que todo quería saber, pero el asunto del dinero no era lo que lo tenía así, lo sabía y podía casi asegurarlo.

Shadow no era la clase de sujeto que perdía los estribos así como así; aunque si lo pensaba con detenimiento a raíz de la confesión de sentimientos muchas de las ideas que tenía sobre él estuvieron bastante equivocadas.

Pero ese no era el punto, aquí lo importante era solucionar los problemas financieros y si quedaba tiempo ayudaría a Shadow y su vida amorosa −la incluyese o no−. Parecía estar sufriendo y por muy huraño que el fuese iba a tratar de ayudarlo, aunque no tenía ni la menor idea de cómo hacerlo.

−Shadow...−Lo llamo nuevamente y él se detuvo.

De pie frente al escritorio la mirada rubí se posó sobre la suya y entre un profundo silencio pudo sentir esa angustia adentrarse dentro de su ser. No hizo falta que el emitiera una sola palabra para que comprendiera que estaba sufriendo y no era el dinero el que lo estaba haciendo sufrir.

Era el perder el control...

Estaba completamente asustado de perder el control de todo lo que le rodeaba, podía notarlo en su mirada.

Avanzó unos cuantos pasos y sin avisar envolvió al estático Shadow entre sus brazos en un abrazo asfixiantemente reconfortante. Él ni siquiera se movió, pero el ligero temblor que le dominaba poco a poco comenzó a disminuir haciendo su respiración menos agitada. Podía sentirlo relajarse y eso era una buena señal.

Lentamente le soltó devolviéndole su espacio.

−Creo que has tenido demasiado papeleo por hoy−Le dijo y le tomo la mano−Te llevaré a tu casa, necesitas dormir−Y dicho esto, le obligo a seguirla con pasos lentos y torpes en dirección a la salida. Estaba demasiado exhausto mentalmente como para siquiera pensar en rechazar la petición de esta loca y adorable mujer por lo que simplemente se dejo ser, envolviéndose en ese aroma a cereza y el cálido tacto de la piel cremosa de Amelia Rose.

Se dejo guiar a la salida ante la atenta mirada de todos los peleles chismosos de la oficina y la furiosa e inquisitiva del Faker quien desde su oficina podía notarse que echaba chispas y maldiciones al notar la cercanía de sus cuerpos.

Estaba demasiado cansado para demostrarlo, pero por dentro estaba cantando victoria.

Estaba extrañamente satisfecho en dejarse dominar por esa mujer de cabellos rosados y aunque en otras instancias de su vida muy seguramente se habría burlado a carcajada limpia de este Shadow, extrañamente era sumamente reconfortante estar ahí.

El dulce aroma de Amelia Rose le hacía olvidarse de sus problemas y preocupaciones y le sumía en un estado de éxtasis del cual no quería salir.

Esa mujer era su perdición lo sabía y estaba volviéndole loco.

Fuera del edificio sintió una mirada penetrante posarse sobre él. Buscó disimuladamente entre la multitud de seres paseando por la avenida y a lo lejos la verde figura de Jet se divisaba entre los transeúntes.

Detuvo su caminar y miró directamente hasta dónde se encontraba el papanatas esperando algún tipo de respuesta no verbal del porque estaba ahí.

Tenía prohibido presentarse en la oficina por obvias razones; Jet era su matón personal y era echarse la soga al cuello el permitir que le viesen relacionarse con él.

¿Qué hacía ahí entonces? El aspecto sucio y desaliñado era algo bastante común en él, pero esta vez parecía que había estado inhalando sustancias ilícitas. Estaba ahí, parado entre la multitud observándole fijamente cómo si la vida se le fuese en ello. Cómo si deseara acercarse y sus pies estuvieran clavados al piso.

Estaba ahí, abstraído de la realidad.

Fijó su vista en ese ladino pajarraco y dio un paso en dirección hasta él cuando la mano de Amy le detuvo con suavidad.

−¿Dónde está tu auto?−Preguntó y su voz sonó tan melodiosa como el canto de los ángeles.

Señaló con el dedo hasta donde estaba estacionado su auto y ella le entendió la mano un momento después; antes de que poder reaccionar a dicha petición giró su cabeza nuevamente en dirección a Jet y este había desaparecido.

−Shadow−Ella le haló de la manga de la camisa y lo obligo a girarse nuevamente−Dame las llaves.

No, eso no.

Negó con la cabeza, no iba a dejar que esta mujer tomara su auto.

−Negativo Rose−Se deshizo suavemente de agarre y de su bolsillo sacó aquella llave−Aprecio mucho tus buenas intenciones, pero no dejaré que toques mi auto−.

La escuchó refunfuñar cual niña pequeña y pisar el concreto de manera infantil.

−No voy a hacerle nada−Se justificó−Además, tu no estás en condiciones de hacerlo−.

Podía tener razón, pero no iba a aceptarlo.

−No−.

Ella tampoco iba a darse por vencida tan fácilmente.

−Pues nos vamos caminando−Y lo tomó de la mano empezando a caminar.

Un paso y luego otro; poco después del quinto sintió un mareo instalarse en su cerebro. Bufó ante esto y se libero del agarre, bien, quizá tenía razón y debía ceder al menos esta vez.

−Tu ganas Rose, pero si le haces algo a mi auto, trabajarás horas extra para pagarlo−Finalizó tendiéndole la llave, resignado.

Sonrió ante su obvia victoria y presionó el botón de la alarma y ambos entraron segundos después; nunca había conducido un auto tan lujoso. Encendió el motor y Shadow relajó el cuerpo en el haciendo del copiloto. Lo miró de soslayo notando como poco a poco parecía quedarse dormido. Estaba fatigado, podía notarlo con solo verlo.

−Descansa...−Le susurró y emprendió el camino hasta el hogar del moreno.


.


Ese maldito...

Ese maldito y sucio hijo de perra.

Haló con desesperación de sus plumas y sintió como se arrancaba unas cuantas debido a la fuerza que aplicó en esto; el deseo de gritar se instaló en su ser. Quería gritar, quería golpear algo y destruirlo, quería, quería golpear a ese bastardo hijo de perra...

A ese maldito de Shadow...

Nuevamente lo había dejado relegado.

Otra vez, el muy maldito otra vez estaba prefiriendo a otra mujer...

Se abrió paso entre la multitud sin importarle con quien chocaba en el trayecto; aumentando la velocidad entre cada esquina. Sin darse cuenta comenzó a correr, corrió tanto que cuando no pudo más se encontró en un callejón sin salida en uno de los barrios bajos de la ciudad.

Se detuvo a recobrar el aliento, jadeando con dificultad; se dejó caer de rodillas presa del cansancio y la fatiga maldiciendo con todas sus fuerzas a ese bastardo.

Golpeó el suelo con ambas manos apuñadas haciéndose daño al contacto con este; y sin más, una gota salada resbaló por su mejilla. Frustración, ira, decepción, pero sobretodas las cosas, dolor era lo que albergaba su corazón en ese preciso instante de debilidad. Frustrado por esa vida de mierda que había tenido que sobrellevar, molesto con el cómo no había logrado salir de ese bache en todos sus años de existencia.

Lágrimas saladas corrieron, una tras otra por sus orbes reflejando la impotencia de la que estaba siendo presa; ¿por qué? ¿por qué tenían que ser así las cosas? Por que después de tantos años seguía creyendo...

−Maldita sea−Chilló, histérico aún golpeando el suelo.

Aún seguía creyendo luego de todos estos años que tenía una jodida oportunidad; por más mísera que fuera, aún seguía creyendo muy en el fondo que podía llegar a interesarse en el.

Mierda.

Maldita sea...

Maldito Shadow...

Maldito todo, maldita vida que se empeñaba en joderlo todo, se empeñaba en rectificarle que estaba jodido. Que todo en él estaba mal; no podía simplemente. Soltó un alarido de dolor al impactar una última vez sus magulladas manos que a este punto sangraban profusamente de los dedos y nudillos.

Aún después de tantos años seguía empecinado en seguir con esas absurdas ideas; ese absurdo sentimiento que había intentando reprimir con alcohol y drogas, que había guardado en lo más profundo de su alma. Ese sentimiento impuro y erróneo que sabía que estaba mal el solo hecho de pensarlo; era tan antinatural, tan aberrante.

Tan patético.

Era simplemente tan patético, como si de una novela de mal gusto que estuviese relatando los acontecimientos de su vida y se empeñara en reafirmarle que debía sufrir. En darle a entender que estaba mal desde lo más profundo de su alma, que estaba mal amarlo.

Amar a Shadow The Hedgehog estaba mal...

Le quemaba, le quemaba el alma como las mismas llamas del averno el tener ese sentimiento recorriendo su alma marchita. No quería aceptarlo, era inconcebible, inaceptable, simplemente un error...

Un error que le perseguía todos los días de su vida y no le dejaba vivir tranquilo. El simple hecho de que Shadow existiese era su pecado y penitencia.

Le destruía por dentro, lo sabía.

Le mataba saber, que nunca podría tenerle...


.


Si había algo que podía presumirle a sus futuros nietos −que a este punto, estaba dudando en que siquiera los tendría− era que había conducido un auto ultra lujoso de última generación por media ciudad y que lo había hecho estupendamente.

Rió ante lo absurdo que sonó eso en su mente y aparcó el auto en el lugar del estacionamiento que le pertenecía a Shadow; se deshizo de su cinturón y bajo del auto. Camino unos cuantos pasos hasta la puerta del copiloto y después de abrirla, palmeó suavemente el hombro del moreno quien dormía plácidamente.

−Hemos llegado, Shadow−Le dijo y el sólo soltó un gruñido a manera de protesta.

Lo movió de nuevo y al cabo de tres segundos se puso de pie por inercia y comenzó a caminar con pasos tambaleantes y torpes dentro del edificio.

Sabía el camino hasta el apartamento de Shadow así que el camino fue mucho menos complicado de lo que podría haber imaginado.

Podía sentir la colonia de Shadow inundar sus fosas nasales y era francamente exquisito. Tan masculino, sofisticado y varonil.

Shadow era un sujeto tan atractivo, tan elegante y refinado.

Y el tenerle tan cerca le ponía la piel de gallina.

Pero en este momento no estaba para pensar tonterías de esa índole. Sólo dejaría a Shadow recostado en su cama y tomaría un taxi de regreso a la oficina.

Abrió la puerta con rapidez y se abrió paso en el departamento, ahora limpio y oloroso a manzana-canela.

−Vamos Shadow, te acompañaré a tu habitación−Le tomó de la mano, tratando de conducirlo, pero el no se movió.

Se quedo ahí, estático mirando a la nada y negó suavemente.

−Puedo hacer esto yo solo Rose, no soy un niño−Finalizó caminando rumbo a su habitación perdiéndose entre los pasillos.

A solas, colocó las llaves de Shadow sobre la encimera y se permitió relajarse un poco. También estaba cansada, pero aún tenía algunos pendientes que resolver.

Esperó unos cuantos minutos y con un poco de nerviosismo se abrió camino por donde Shadow lo había hecho unos minutos antes con la intención de cerciorarse que todo estuviese en orden.

Camino con paso lento y receloso, dudando de si eso era lo correcto o no. La puerta estaba abierta y los zapatos de Shadow tirados en dos puntos completamente opuestos en la habitación.

Dio una rápida inspección con la mirada y notó como éste ya estaba dormido justo en el medio de la cama, boca abajo, cual tronco.

Sólo podía escuchar la leve pero constante respiración de Shadow mezclarse con el ambiente y eso la relajo. Tomó una de las manas que ya hacían en el suelo y lo cubrió con ella en un gesto meramente maternal.

En su rostro la paz se reflejaba y parecía ajeno a todas las preocupaciones de la vida adulta, era inevitable no sentir ternura al verlo así de frágil y tranquilo.

Acarició suavemente su cabeza y se giró para irse, cuando algo la tomo de la muñeca y le obligo a detenerse. La mirada somnolienta de Shadow se cruzo brevemente con la suya y la haló sin ningún esfuerzo hasta él, obligándola a sentarse.

Se giró sobre su espalda y aún sujetándola, se acurrucó en su regazo.

−¿Shadow?−Le llamó sin entender del todo que estaba sucediendo. Poco a poco la presión con la que era sujetada fue perdiendo fuerza hasta que se vio libre y nuevamente la suave respiración de Shadow fue lo único que podía escucharse.

Se miraba tan tranquilo que sentía un poco de pena de moverse y despertarlo, pero aún tenía cosas que hacer.

Con sumo cuidado y paciencia lentamente se abrió paso entre el cuerpo de Shadow y se liberó de su agarre.

Le dio una última mirada al moreno y con un pie fuera de la puerta le escuchó murmurar "María...".

Cerró la puerta con suavidad y se dirigió hasta la salida sintiendo una sensación agridulce recorriendo su estómago.

Shadow pensaba en María y al parecer aún no la olvidaba.

No le sorprendía, de hecho eso confirmaba por completo su teoría de que seguramente solo estaba confundido. Aunque eso no demeritaba el hecho de que le provocara pena que el pobre estuviese sufriendo de ese modo.

Comprendía el sentimiento de perder a alguien que amas, ella perdió a sus padres, el perdió al amor de su vida...

Quizá no era lo mismo, pero la muerte dolía de igual modo.

Tomó el ascensor y presionó el botón que le dirigiría a la planta baja.

Tantas cosas, tantos sentimientos...

Eso la estaba desbordando.

La puerta se abrió y caminó hasta la salida mientras el portero se despedía amablemente de ella.

Miró el reloj en la pantalla de su celular y decidió que caminaría de regreso al trabajo. Caminar le ayudaba a despejarse y eso era lo que necesitaba en ese momento.

Tranquilizar un poco sus pensamientos y el sentimiento de nostalgia que Shadow había despertado en ella.

María fue su amiga, casi una hermana mayor que cuidó y veló por su integridad sin esperar nada a cambio y cuando murió, se llevo una parte de su corazón con ella.

Podía recordarla, tan joven y jovial. Era una bella rubia de ojos azules que iba por ahí repartiendo amor y buenos sentimientos a quienes se cruzasen en su camino.

María era el claro ejemplo de que la vida no era justa, tenía todo un futuro por delante, lleno de dicha y felicidad y su vida terminó tan abruptamente que aún hoy en día les costaba trabajo asimilarlo.

Era tan noble y buena chica.

Suspiró suavemente y caminó entre las calles pensando en la noche en que María partió de este mundo.

Había partes que se fueron borrando con el tiempo, pensamientos que seguramente no pasaron como ella creía, pero el dolor era tan nítido y las palabras del doctor de guardia esa noche resonaban en su mente cada vez que pensaba en ello.

"María Robotnik se fue..."

Podía recordar a Rouge abrazar a Knuckles y a Shadow caer de rodillas, presa de la impotencia.

Esa fue la única vez que le vio llorar.

Era un llanto tan desgarrador, tan cargado de sentimiento y desolación que estaba grabado en su mente como si fuese tinta indeleble.

Su teléfono sonó y por inercia fue que atendió la llamada.

−¿Diga?−.

Señorita Amy, hay un caballero que solicita una cita de negocios con usted−Cream parecía inquieta e impaciente−Le dije que usted había salido y que no podía atenderlo, pero el caballero insiste en que...−el sonido de alguien jaloneando el teléfono la ensordeció un poco.

Querida Amelia−La voz aterciopelada desde el otro lado de la línea le saludó y su corazón comenzó a latir como un caballo desbocado.

Esa voz..

Era inconfundible.

Ese maldito...

¿No vas a saludar al amor de tu vida?−Continuó burlesco y sus piernas temblaron al escucharlo reír.

Palideció ante la idea de pensar que aquello podía ser real.

¿Por qué? ¿Por qué ahora?

Su respiración se hizo agitada y los últimos dos años de terapia, preparándose para un momento de esta índole se habían ido al carajo.

Estaba a punto de hiperventilar.

Finalizó la llamada tan rápido como su dedo se lo permitió y trato de serenarse, aquellos que pasaban a su alrededor le miraban curiosos ante la crisis que estaba teniendo.

Sus pulmones parecían ser incapaces de trabajar con normalidad. Dio un paso y luego otro y continuó su camino entre la multitud tratando de no chocar con nadie a su paso.

Todo daba vueltas pero sabía que debía ser fuerte y afrontar la situación como la mujer adulta que era, aunque eso le generase estrés postraumático.

La terapia de algo tenía que servir, ¿no?...


.


Estaba molesto y quería patearle la cara a Shadow pero ya iba muy tarde a su cita con Sally y no podía darse el lujo de echar a perder sus planes.

Apagó su computadora y cerró su oficina con llave al salir. En el camino se encontró con Fiona quien parecía muy entretenida pintando sus uñas color carmín.

Rodó los ojos con apatía y paso de largo de la chica. Ya luego ajustaría cuentas con ella.

Por lo pronto lo importante era llegar al café y averiguar si Sally tenía algo que ver o no.

Caminó por el living de la oficina, escuchando algunos cuchicheos normales del oficio cuando el grito proveniente de una voz extrañamente conocida le hizo centrar su atención en la fuente del sonido.

A escasos tres metros, justo en dirección donde se encontraba la oficina de Amy la figura verdosa de ese sujeto se hizo presente ante su mirada y pudo reconocerle al instante.

¿Qué carajo hacía ese bastardo ahí?

Apresuró el paso hasta quedar justo detrás de ese escandaloso e impertinente sujeto y pudo notar como Cream estaba sumamente incómoda y asustada.

−Carajo, Rossy−Masculló y un momento después escupió en el suelo−Si cree que voy a irme esta muy equivocada−...

Ese sucio y despreciable sujeto, ¿cómo es que se había atrevido a poner su cara deforme en la empresa después de todo el daño que le había hecho a Amy?.

Tosió fuertemente intentando llamar la atención del forastero el cual se giro sobre sus talones y le dedicó una mirada de arriba abajo analizando la situación.

−Blue, mi amigo−abrió los brazos para darle un abrazo, el cual fue rechazado−Cuanto tiempo sin vernos, rata azul−.

Frunció el ceño al sentir ese hedor tan repulsivo de alcohol barato y cigarrillos mentolados.

−Me parece increíble que tengas los pantalones de venir a pararte aquí−endureció el gesto−Después de la paliza que te di...−.

El verdoso sólo atinó a reír sonoramente en una carcajada incómoda que llamó la atención de quienes le rodeaban.

−Siempre tan cómico, Blue−fingió limpiarse una lágrima−Pero dime, ¿has visto a Rossy? Regresé esta mañana y necesito poner en forma mis negocios y a mí mujer...−Pronunció de su pestilente boca y la ira comenzó a acumularse dentro de Sonic.

Ese bastardo se estaba atreviendo a decir que Amy era su mujer. ¿Quién carajos se creía? Ya le había pateado el culo una vez y definitivamente no dudaría en hacerlo una tercera.

−Largo de aquí−Soltó, con el tono más amenazante que podía formular.

No quería pelear dentro de la empresa, pero lo haría de ser necesario.

Ese sucio y miserable moco verde había tenido el atrevimiento de lastimar a Amy física y mentalmente durante dos años.

Dos años en los que abusó de su fuerza y condición haciendo añicos el autoestima y amor propio de esa pobre chica y no conforme con ello se atrevió a intentar obligarla a sostener un trío sexual sin ella estar de acuerdo.

Era un ser sucio y despreciable...

Y el día en que se enteró de todas esas canalladas no dudó ni un momento en partirle la cara y asegurarse de que no se atreviese a molestarla otra vez.

Y bueno, creía que estaban libres pero al parecer las cucarachas siempre llegan a joder todo.

−Muy bien Blue, tu ganas...−Alzó ambas manos en un gesto conciliador−Hoy no estoy de humor para pelear, nos veremos pronto−Finalizó guiñándole un ojo en son de burla.

De buena gana podía soltarle un puñetazo, pero la pobre Cream estaba tan pálida y asustada que no quiso aumentar su angustia.

Salió del edificio silbando una canción de mal gusto y Sonic se permitió relajarse un poco. Sabía que no iba a librarse de esa alimaña tan fácilmente, pero por el momento las cosas parecían en calma.

−Ya puedes estar tranquila Cream, ese maldito no hará nada si sabe lo que le conviene−Trato de tranquilizarla y la joven asintió.

−Jamás creí que tendríamos que ver de nuevo a ese horrible hombre−.

−Ni yo tampoco, pero tendremos que estar atentos a cualquier intento de acercarse a Amy−No era sorpresa para nadie que Amelia Rose había pasado momentos muy amargos con ese sujeto y que hoy en día debía mantener contacto cero con su agresor.

Era algo de lo que según Amy sólo Cream tenía conocimiento, pero Sonic había averiguado todo eso por su propia cuenta.

Le preocupa su bienestar y sabía que era demasiado orgullosa para admitir que necesitaba ayuda.

−Avísame sobre cualquier cosa sospechosa que puedas notar−Le pidió con una sonrisa pretenciosa en el rostro aparentando que nada estaba sucediendo.

−Claro que sí joven Sonic... me preocupa mucho el bienestar de la señorita−la preocupación era evidente.

A él también le preocupaba, pero lo ideal era estar tranquilos y esperar que ese idiota perdiera interés.

Se despidió de Cream y apresuró el paso, ahora iba ligeramente retrasado. Caminó con paso rápido y cinco minutos después se encontró cara a cara con aquella cafetería tan concurrida.

Entró y buscó con la mirada aquella cabellera color carmín divisando al fondo a la izquierda que Sally sostenía su teléfono entre las manos y dos cafés estaban servidos sobre la mesa.

Se acercó con cautela, tratando de no hacer nada que pudiese incomodarla y una vez frente a ella, la saludó con una de sus típicas sonrisas.

Tomó asiento y ella se mantuvo en silencio unos segundos sin contestar el saludo. Parecía que en cualquier momento tomaría su bolso y se iría de ahí.

Le dedicó una mirada larga y silenciosa, como si de alguna forma estuviese tratando de leer su mente y adivinar sus pensamientos.

Parecía contrariada y la expresión en su rostro denotaba tristeza.

Tomó una gran bocanada de aire y antes de que pudiese decir algo ella se le adelantó.

−Antes de que digas algo quiero preguntarte algo, sino te molesta−Ella parecía ahora mucho más calmada y relajada, casi como si hubiese reunido las fuerzas necesarias para sostener esa conversación que tenían pendiente.

Estaba expectante y no tenía ni la menor idea de como iba a terminar todo esto, pero estaba dispuesto a solucionar las cosas, principalmente por salud mental.

−¿Qué deseas saber?−Tomó un sorbo a su café y le añadió más azúcar.

Sin quitarle la mirada de encima ella formuló lo siguiente.

−¿Te acuestas con Amy Rose?−.

Bueno, no esperaba algo como eso viniendo de ella.

Podía mentir, podía decir la verdad. Y aún así ninguna de las dos opciones le hacía sentir cómodo para usarlas como respuesta.

Aunque sabía que debía ser honesto así que solo pronunció un no.

Ella le miró a los ojos sin despegar un solo momento su mirada azul de la suya y luego de lo que bien pudieron parecerle horas, ella solo sonrió.

−Muy bien, te escucho−se acomodó el cabello como liberando tensión−¿Qué es eso que querías decirme con tanta urgencia?−.

El momento había llegado y sabía que no podía echarlo a perder.

Aspiró hoscamente con la nariz y pronunció torpemente otra disculpa que ella no se molestó en responder.

−Sé que las cosas entre ambos no terminaron de la mejor manera, que te hice daño y que le fallé a tu amor... pero quisiera pedirte perdón, no sólo porque mi consciencia me obliga a hacerlo−Se rascó la mejilla con nerviosismo−sino más bien porque nunca fue tu culpa... no eras tu, sino mi estupidez y calentura−.

−Fuimos muy inmaduros...−se limitó.

Tal vez tenía razón; se habían enfrascado en una relación por años en la que ninguno de los dos terminaba de acoplarse.

Pero aún así eso no justificaba la traición y las faltas de respeto y eso lo sabía perfectamente bien.

−Aún así Sally, perdón por ser un idiota contigo todos estos años... −Se sinceró y ella le sonrió.

−Ambos nos hicimos daño y te disculpo por ello... pero sospecho que este cambio tan repentino de visión del amor no es del todo obra tuya, ¿no es así?−el tono en que mencionó eso último le hizo sentir una ligera incomodidad.

Ella sabía leerlo perfectamente, nada se le escapaba.

−Y ese alguien es Amy Rose−Aseguró−Y bueno, tu rostro grita "Cómo lo sabes" y voy a decírtelo sólo porque hoy es un lindo día...−.

Estaba ansiosamente nervioso ante tales afirmaciones y aunque deseaba ocultarlo le era sumamente difícil hacerlo.

−Sal, la verdad es que yo...−

−Es que tú estás enamorado de Amy Rose−Dijo con simpleza−Lo sé, te vi ir a su departamento la otra noche y tu mirada era todo un poema...−Finalizó con la voz ligeramente entrecortada.

Podía notar ese dolor en su voz; no quería hacerla sufrir, no en este punto de su vida en el que quería enmendar ciertos errores de su pasado.

La tomó de las manos y ella evitaba su mirada pues unas lágrimas traviesas escaparon de sus orbes.

−Nunca me viste de ese modo...−Murmuró−Era como si tus pies te llevasen al cielo... y ella fuese el arcoíris, ¿no?−.

No pudo responder ante esto último a lo que ella solo suspiró.

−Es mi orgullo el que duele, no mi corazón... no te creas tan importante Blue−Bromeó entre lágrimas−Pero puedo notarlo... sólo tu eres el que sigue negándose al amor...−.

Negación...

¿Sally podía tener razón?

Quizá...

Tan sólo quizá, si estaba enamorado de Amy Rose...

.

.

.


Continuará...

Antes que nada me gustaría aclarar que la personalidad y el rol de Jet en esta historia jugarán un papel clave para la trama. El conflicto de sentimientos hacía su sexualidad nacen a raíz de su nula aceptación de sí mismo por diversos factores que serán abordados a mayor profundidad más adelante.

Por lo tanto, las palabras expresadas por Jet sobre su obvia homosexualidad, son sino, el resultado de una vida de represión y malos entendidos que en resumidas cuentas le van a cobrar factura tarde o temprano.

Otro punto que me gustaría aclarar es que todo este capítulo abordó diversos sentimentalismos que hay que tomar en cuenta ya que serán pieza clave más adelante.

Hace acto de prescencia el ex-novio abusivo, ojo con el ex, tenganlo en cuenta también.

Por último, Sonic aclarando sus sentimientos, ¿será una buena señal? ¿Ustedes que opinan? Dejen sus teorías, me encanta leerlas...

Finalmente, dispensen cualquier falta que se me haya ido por ahí, ya mi pobre cerebro no da pa' más...

Se cuidan y muchas gracias por leerme.
Atte.
Gri.