Hi c:


Capítulo veinte
"Remembranzas..."


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−Lo digo en serio Blue, no sigas negando lo evidente−Sally seguía empeñada en hacerle confesar la verdad sobre sus sentimientos.

Y aunque no negaría que las cosas sí que se habían tornado extrañas entre Amy y él, tampoco es que pudiese atreverse a asegurar que estaba enamorado de ella.

La quería, sí.

Eran amigos, mejores amigos...

Era la mujer que mejor lo conocía en el mundo y la única −Además de Tails− Con quien podía ser el mismo.

Pero eso no significaba nada. No porque ella fuese la primer mujer que lo encendía a tal punto de querer estallar como un volcán significaba que estaba enamorado.

¿No?

Vale que Amy era muy guapa, tenía una sonrisa adorable y unos ojos que podrían derretir a cualquiera −Shadow, por ejemplo−. El que ella fuese linda, divertida y amable no tenía nada que ver.

¿Verdad?

Carajo...

Había tantas posibilidades de enamorarse de ella que le aterraba pensarlo.

−Sólo admítelo y ya Blue−Seguía insistiendo la pelirroja evidentemente interesada en descubrir la verdad.

Ella lo conocía, seguramente mucho mejor de lo que podría creer; los años de convivencia le habían enseñado sus altas y bajas. Lo conocía tan bien que le era difícil creer en lo que afirmaba con tanta vehemencia.

−Muy bien, asumiendo que lo que me dices es verdad, supongo que no tendrías el menor inconveniente en que regresemos a nuestra vida en pareja, ¿no?−El tono serio con el que pronuncio esas palabras lo descolocó.

Incapaz de poder pronunciar una palabra luego de esa afirmación los ojos del cobalto viajaron por toda la cafetería en busca de algo que le ayudase a salir de ese embrollo.

Definitivamente no quería una relación en ese momento.

−Verás Sally, yo...−

Era evidente que no estaba sorprendida ante tal comportamiento; aunque tristemente para él, ella no iba a darse por vencida hasta conseguir la verdad.

−Tú la amas...−Dictaminó con convicción y le dio un trago a su café−Y aunque me deleito fastidiándote, me temo que tengo que irme, mi trabajo me espera−.

Levemente aliviado, Sonic suspiró.

Sally era una mujer muy suspicaz y bastante insistente cuando se lo proponía. Aunque en el fondo sus sospechas no estuviesen mal fundadas no era un tema que quisiese traer a discusión.

Mucho menos con su ahora ex-novia quien era sospechosa de haber falsificado sus cuentas bancarias.

Joder...

Había olvidado por completo ese asunto debido a sus líos emocionales. Se chupo los dientes en señal de fastidio y miró a la fémina tomar su bolso dispuesta a irse.

−Espera−Tomó su antebrazo con delicadeza haciéndola retroceder−Necesito preguntarte algo−.

Ella asintió prestándole toda la atención.

Ahora que tenía a Sally frente a él podía intuir que la respuesta sería obviamente negativa. En el fondo no creía que ella fuese capaz de hacer algo como eso, pero debía cerciorarse de igual modo.

−Escucha Sal...−Se rascó la nuca en señal de nerviosismo−Sucede que... he tenido un problema bancario muy grande−.

−No voy a prestarte ni un centavo, Maurice−Respondió tajante.

−No se trata de eso...−Se justificó−Más bien yo quería preguntarte si tu, bueno... ya sabes...−Le era difícil formular aquellas oraciones−Si tu de casualidad no tomaste mi tarjeta de crédito y la sobrecargaste con compras caras y absurdas−dijo al fin.

Ya lo había dicho, bien o mal solo quedaba esperar la respuesta.

Ella mantuvo silencio unos cuantos segundos, como analizando lo dicho anteriormente. Podía notar en su mirada que estaba pensando y el gesto en su rostro demostraba una actitud sorprendida y curiosa.

−¿Estás hablando en serio?−.

Avergonzado, asintió.

No era un tema que quisiese discutir, mucho menos con ella, pero ante la desesperación y la falta de sospechosos evidentes tenía que hacerlo.

Sally parpadeó perpleja unos cuantos segundos al comprender al fin el rumbo de la conversación.

−No−Fue su única respuesta y Sonic no supo cómo interpretarlo.

¿Estaba molesta? ¿Dolida? Esa expresión en su rostro no le decía cómo debía actuar.

−Lo siento, Sally...−suspiró−Es solo que... estoy desesperado, la empresa podría irse a la quiebra sino resuelvo esto y no tengo ni la menor idea de cómo empezar ni dónde buscar...−se sinceró.

Hablar de eso abiertamente le quitaba un peso de encima.

−No sé porque no me sorprende−Hablo al fin la pelirroja−Quiero decir, era cuestión de tiempo para que alguien buscase venganza−.

Frunció el ceño levemente ofendido ante tales palabras.

−¡Alicia! Yo no tengo enemigos−Afirmó de brazos cruzados fingiendo estar muy ofendido.

Sally solo rió ante ello.

−Claro...−rodó los ojos en señal de fastidio−Y supongo que todas esas chicas a las que les has roto el corazón no te odian a muerte−Ironizó.

Efectivamente, muchas de ellas le habían deseado la peor de las muertes, accidentes y fatalidades tales como que su amigo dejase de funcionar en algún momento, pero ninguna de esas chicas sería capaz de algo así.

−No te negaré que hay algunas chicas a las que no les caigo bien−el gesto inquisitivo de su acompañante le intimidó un poco−De acuerdo, hay muchas chicas a las que no les agrado, ¿bien?−admitió abochornado−Pero te juro que no me he acostado con nadie... últimamente−Mintió descaradamente.

No quería admitir frente a Sally que se había acostado con su secretaria y la novia de uno de sus compañeros de trabajo, hace menos de un mes.

Era un cabrón, pero no tan cínico como podría pensarse.

−¡Eso no te lo crees ni tú, Blue!−Elevó el tono de su voz y algunos de los presentes les observaron curiosos−Lo siento, pero no puedo creerte eso, Sonic−tomó su bolso nuevamente dispuesta a irse y le miró directamente a los ojos−Si quieres mi ayuda más vale que seas sincero o no podremos crear una lista de posibles sospechosas confiable−.

En el fondo sabía que ella tenía razón. Y si quería su ayuda debía jugar bajo sus reglas, le gustase o no.

Tomó una gran bocanada de aire y comenzó a mencionar una lista de nombres de mujeres con las cuales podía recordar haber tenido relaciones.

Sally se mantenía serena e inmutable, como si fuese consciente de antemano de lo que estaba escuchando.

Todo le parecía normal hasta llegar a los últimos dos nombres en esa enorme lista.

Fiona y Blaze...

Acorn casi escupió el trago de café que estaba bebiendo al escuchar aquellos nombres. Se sentía sorprendida, asqueada y bastante molesta de enterarse de ello.

−¡Lo sabía, lo sabía! Sabía que esa zorra tenía algo que ver contigo−vociferó molesta−Sabía que esas llamadas de emergencia para acudir a la oficina no eran más que patrañas−refunfuñó−Aunque no me sorprende, esa chica es una suripanta−Añadió.

No obtuvo una respuesta por parte del cobalto.

−Aunque sí que me sorprende que Blaze haya tenido algo que ver contigo−admitió y en su rostro un gesto de indignación se formó−Eres muy asqueroso, Sonic−Aquello último aunque ofensivo era una verdad que ninguno de los dos podía pasar por alto.

Sí, la había cagado hasta el fondo. Sobretodo tomando en cuenta que ella era su pareja y todas esas aventuras de una noche la habían herido profundamente.

Por otro lado, el que ella se mantuviese tan tranquila le indicaba que estaba pensando en algo.

Le observó entre intrigado y ansioso esperando que ella tuviese una respuesta para darle fin a su suplicio.

−Quisiera decir que tengo alguna idea, pero no quiero mentirte−tomo su bolso nuevamente dispuesta a irse y se detuvo unos momentos, pensando en que decir−Voy a ayudarte−le dijo al fin−Eres un cerdo... pero no creo que merezcas ir a la cárcel por algo que no hiciste−sonrió al fin−Espérame esta noche en tu departamento para hablar de tu problema Blue−se despidió y a solas Sonic tan solo se dejo caer en el respaldo de la silla.

Eso había sido demasiado intenso para su salud mental, pero al menos había obtenido tres cosas con aquella conversación.

Número uno, había logrado hacer las paces con Sally y eso le ayudaba a estar en paz consigo mismo. Seguidamente estaba el hecho de que de un modo u otro había logrado desahogarse y liberar un poco de tensión.

Pensar en todo ese asunto del dinero y la empresa le producía jaqueca.

Y finalmente estaba el asunto de Amy y la ayuda que Sally le brindaría para solucionar todos sus problemas.

Que si bien, una cosa no estaba necesariamente ligada con la otra en el fondo sabía que no podría huir de ella y del tema por mucho tiempo.

Tomó un trago a su café y suspiró...

Le restaba un largo camino que recorrer para averiguar quién le había robado.


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Era en momentos como ese cuando comprendía que por mucho que te esfuerces, algunas veces no puedes huir de la verdad.

Había tomado terapia, había asistido a esos cursos de superación personal y de aumentos motivacionales y todos esos esfuerzos se fueron al caño con solo una llamada.

Bastaron unas simples palabras para robarle toda su estabilidad emocional y excretarla a sus pies cual basura y desperdicio.

Todo ese tiempo de auto superación se fue al diablo.

Ahora estaba ahí, aferrada a un buzón de correos mientras las multitudes pasaban y de cuando en cuando algún curioso se acercaba más de la cuenta para cuestionarle como se encontraba.

Estaba teniendo una crisis nerviosa.

Algunos la miraban con pena, otros con curiosidad, pero todos concordaban en un mismo fin.

Lucía patética.

Con la respiración agitada y la vista nebulosa, solo podía atinar a temblar ligeramente mientras su corazón latía con una rapidez dolorosa. No supo cuanto tiempo había transcurrido, tampoco se molestaba en corroborarlo.

Se sentía incapaz...

Era como si sus manos y piernas hubiesen dejado de responderle y en su lugar solo la sensación de inmovilidad le embargaba.

Tenía ganas de llorar.

¿Por qué? ¿Por qué a ella? ¿Por qué ahora? ¿Qué había hecho mal? Lágrimas saladas corrían por sus mejillas y el temblor en sus piernas se hizo más evidente. Podía escuchar el golpeteo que estas hacían con la pared de metal a la que se aferraba como si la vida le fuese en ello y las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Quería gritar, salir corriendo y esconderse hasta que todo pasara.

Pero en vista de las circunstancias estaba segura que no podría huir si él le encontraba.

No lo había superado...

Y ese no era el mayor de los problemas; ahora estaría frente a su agresor y no sabía que tanta suerte tendría esta vez.

Las nauseas y mareos la invadieron; esa impetuosa necesidad de soltar todo el desayuno quería dominarla.

Tenía la respiración agitada, el solo hecho de aspirar le quemaba mientras el dolor en su pecho iba en aumento. Todos le observaban como si fuese un bicho raro; la señalaban, murmuraban y la sensación de ahogo nublaba su vista. Algunos, congregados a su alrededor cuchicheaban, juiciosos, mientras una señora intentaba hacerla entrar en razón.

Demasiados recuerdos; demasiado dolor. Gritos, insultos; todo llegaba de golpe a su mente y no podía dejar de escuchar esas palabras repetirse una y otra vez en su cabeza.

−¿Señorita?−Le hablo una señora tratando de llamar su atención.

La escuchaba, podía verla y sentía su tacto acariciando su cabeza, como queriendo reconfortarla.

Pero no podía dejar de llorar...

−¿Necesitas ayuda?−Pregunto alguien más y otros se acercaron para intentar a ayudarle a levantarse.

Logrando únicamente que sus nervios aumentaran exponencialmente.

Solo pudo atinar a abrazar sus rodillas y aferrarse fuertemente a estas en un intento de no perder el poco control que le quedaba.

Quería gritar, necesitaba gritar.

Y el aire le faltaba...

−¿ROSSY?−Escuchó a la lejanía y pasos aproximarse entre la multitud−Háganse a un lado, déjenla respirar−escucho más cerca y alzó levemente la vista para encontrarse con los ojos preocupados de Mighty observarle aterrado.

No hacía falta que dijese una palabra para entender que le asustaba verle así.

−Rossy−dudo en acercarse y le tocó suavemente el hombro, titubeante−¿Qué... qué te ha pasado?−.

No hizo falta alguna respuesta; verle ahí le hizo aferrarse instintivamente contra su pecho y llorar amargamente sobre él.

Mighty por su parte, sólo le correspondió. Cobijando a la muchacha de manera casi fraternal. Podía escucharlo susurrarle cosas al oído, diciéndole que todo estaría bien, que estaba a salvo.

Pero, lo dudaba...

Se separo de su fortachón amigo y con dificultad se puso de pie ante la atónita mirada de quienes le observaban. Dio un paso y luego otro; seguido de ello el amargo sabor de la bilis corrió libre por su esófago. Mucha bilis era derramada sobre sus pies.

Luego de eso, todo se oscureció...


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Migraña.

Abrió un ojo con pereza y apatía mientras se levantaba de la cama estirando todos sus huesos en el proceso.

Le dolía la cabeza y se sentía levemente desorientado, pero al menos estaba en casa y eso ya era una ganancia.

Ni siquiera en esas noches de juerga desenfrenada le había ido tan mal. Ahora le quedaba más que claro que los años le estaban cobrando factura.

Se dejó caer nuevamente en la cama y cerró fuertemente los ojos con la esperanza de volver a dormir. Recostado boca arriba, solo podía escuchar el ruido de los autos ir y venir desde la calle.

Maldijo por lo bajo, consciente de que ya no podría recuperar el sueño y se levanto de la cama dispuesto a tomar un baño.

Si ya no iba a dormir al menos sería productivo y seguiría en la búsqueda de pruebas y estados de cuenta. No podía dejar que ese inconveniente echase a perder todo su esfuerzo.

Y lo último que quería era tener a Mephiles sobre su trasero hostigándole recordando que lo que había augurado desde un inicio se estaba cumpliendo y que iba a fracasar inevitablemente.

Cómo todo en su vida...

Mephiles era el menor de los problemas con los cuales tenía que lidiar. En el fondo, estaba acostumbrado a todo ese desprecio y desdén.

Abrió la llave de la regadera y se metió en ella sin pensar. El agua fría se llevaría un poco de la pereza y le ayudaría a pensar con claridad.

¿Qué podía habérsele escapado? Había revisado minuciosamente las cuentas de los últimos siete meses y no había irregularidades que no hubiese detectado antes.

La última auditoría constó de eso, joder.

Todo se resumía al Faker...

Y aunque en el fondo sabía que lo más sencillo sería culparlo de todo −que grandes rasgos, así era− había algo que le impedía hacerlo. No creía que ese idiota fuese capaz de algo como eso, no era su estilo. Y aunque aquellos cargos estaban hechos en su tarjeta y contenían compras que un idiota haría para conquistar mujeres, en el fondo sabía que ese bastardo no hacía esas cosas. Es decir, ¿gastar en ropa, vestidos y zapatillas? Eso no se acercaba para nada a las compras que hacía regularmente.

Condones, lubricantes, cenas en restaurantes y hoteles caros. Eso si se ajustaba al Faker.

No tenía sentido.

Esas compras se ajustaban mucho mas al tipo de personalidad que el alfeñique de Silver tenía. El era quien hacía regalos caros a su frígida novia, pero si mal no recordaba lo habían mandado al cuerno y ahora estaba quebrado.

Algo no cuadraba; no tenía una razón para pensar que el Faker gastaría cantidades ridículamente absurdas de dinero solo para alardear con una mujer.

Cerró la llave del agua y salió envuelto en una toalla. Miró su rostro en el espejo y notó las ojeras que le acompañaban. Maldijo por lo bajo lo patético que lucía y tomó un trago de enjuague bucal haciendo gárgaras unos momentos.

Salió del baño rumbo a la cocina en búsqueda de algo que comer.

El silencio de su apartamento era reconfortante en esos momentos. Tomó una manzana sobre la barra de la cocina y la mordió sin más. El extraño sabor del enjuague combinado con el dulzor de la manzana le dio un leve escalofrío.

Caminaba rumbo a su cuarto cuando el sonido del teléfono le hizo retroceder. Normalmente nadie le llamaba, mucho menos a esa hora.

Tomó la bocina y atendió.

−¿Diga?−.

Unos ruidos del otro lado de la línea le ensordecieron unos segundos.

Shadow...−La voz del pajarraco de Jet se escucho entrecortada del otro lado de la línea y no pudo evitar fruncir el ceño ante esto.

−¿Qué carajo...?−calló al escuchar el ruido de algo impactando contra el suelo.

Si mal no podía inferir aquello había sonado como alguien cayendo al suelo.

Shadow...−Hablo de nuevo su compinche y tosió fuertemente−Todo este tiempo... yo solo... ¿qué... soy para ti?

No entendió exactamente a qué se refería con esa pregunta tan fuera de lugar.

En esos momentos no tenía tiempo para lidiar con Jet y sus estupideces.

−No sé qué carajo te has metido esta vez−arrojó la manzana al cesto de basura y suspiró−Pero no tengo tiempo para tus sandeces de ebrio−Le dijo y corto la llamada sin esperar una respuesta por parte de su contrario.

Ya había suficiente en su mente como para encima solventar las tonterías de Jet.

Caminó hasta su habitación y tomo una de sus pijamas para colocársela sin muchas ganas; seguido de eso, encendió su computadora dispuesto a seguir buscando.

Debía encontrar como carajos se había desviado tanto dinero.

No le cabía en la cabeza, maldita sea.

Abrió el programa de contabilidad y leyó los gastos una vez más. De enero a mayo no había irregularidades. De mayo a julio mucho menos.

Y ahora, finales de septiembre, principios de octubre.

Aún no había nada.

−Carajo−Maldijo por la bajo y bufó con fastidio.

Se le estaban acabando las opciones y el tiempo transcurría con mayor velocidad. La empresa corría peligro, lo sabía bien y si no hacían algo todo se iría al diablo y no podría evitarlo.


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El desayuno había mejorado su día considerablemente; se sentía mucho más tranquilo y el que Blaze no hubiese insistido en llamarlo le brindaba una sensación de desahogo que era mucho más relajante de lo que alguna vez consideró.

Normalmente era él quien insistía en llamarle, enviarle mensajes o cualquier método que estuviese a su alcance para mantenerse en constante comunicación con su adorada novia, porque de verdad le interesaba.

Quizá era tonto, pero pensar en que podía pasarle algo malo le volvía insistente y paranoico. Y el que ella le ignorase deliberadamente aumentaba considerablemente esa sensación.

Ahora que lo pensaba con detenimiento se sentía muy idiota, sí que debió ser alguien muy molesto. Tal vez debía disculparse por todos esos años de molestias y disgustos que le había causado con su amor asfixiante. Aunque en su defensa podía argumentar que el estar enamorado le había vuelvo mucho más idiota que de costumbre.

Enamorado...

Pensar en esa simple y sencilla palabra evocaba en él un montón de sentimientos que le revolvían en el estómago.

Por otro lado, los años al lado de aquella fémina pesaban. Y no por el hecho de se sintiese arrepentido por toda la serie de decisiones y acontecimientos a los que se había visto sometido con el pasar del tiempo.

Estuvo muy enamorado de aquella mujer de ojos ámbar y estaba convencido que si volviese a nacer, volvería a cometer los mismos errores que le llevarían hasta ella.

Pero había algo; muy profundo y en el fondo de su alma había ese sentimiento de apatía e inconformidad.

¿Qué le fastidiaba? no lo tenía del todo claro, pero sí que calaba muy dentro de su alma.

Cómo si las fuerzas se le fuesen y la sensación de que estaba cometiendo un gran error le diera de golpe cuestionándose los porqués.

Todo era tan irreal; jamás en todo el tiempo que tenía de conocer a Blaze había sentido algo similar al rechazo.

Era impensable, irreal.

−No tiene sentido−Murmuro para sí mirando la pantalla de su computador en búsqueda de alguna clase de respuesta a su dilema interno.

El pequeño Chao ya hacía dormido en el sillón de descanso y él seguía cuestionándose que era lo que sentía por su ¿novia? ¿Podía estar seguro de llamarla de ese modo? No tenía del todo claro que era lo que se suponía eran en ese momento.

¿De verdad podía considerarla su novia, cómo hasta hace unas semanas atrás? ¿O sólo fue un acostón y ya? Había tantas posibilidades, tantas posibles situaciones en las cuales ya no se sentía tan cómodo como hubiese deseado.

Era tan contradictorio, que le asustaba...

Pensar en la posibilidad de que su reciente libertad le impidiese volver a reanudar su relación con Blaze le hacía sentir incompleto.

Durante años había tenido cómo único fin trabajar y vivir al lado de esa mujer, para formar una bonita familia feliz, criar juntos a sus hijos y morir felices y contentos, incluso había pensando en alguna ocasión como desearía que sus lápidas estuviesen juntas durante el resto de la eternidad.

Pero ahora, ese sentimiento apremiante que albergaba su alma no le dejaba en paz. ¿Por qué a él? ¿Por qué no podía sentirse feliz con la idea de que las cosas con Blaze se habían solucionado?.

Suspiró de manera cansina y se recargó su cabeza sobre su escritorio; sea lo que sea que estuviese pasando con sus sentimientos, en el fondo sabía que debía tomar una decisión.

Irse, quedarse; sea lo que sea, en el fondo debía aceptarlo y tomar una decisión.

Aunque no tuviese ni la menor idea de que era lo quería o necesitaba en su vida; al menos le consolaba el hecho de poder tener un poco de tranquilidad por las noches. La idea de no tener que estar a la expectativa de como actuar o que decir le hacía sentir libre.

Después de tanto tiempo oprimido y expectante ante la posibilidad no ser suficiente para Blaze al fin se sentía libre de actuar y pensar por si mismo. Irónico que le resultaba el hecho de que a pesar de sentir ese sentimiento de libertad, también estaba experimentado el vacío que ello acarreaba.

Tantos años al lado de la misma chica con la cual había planeado y visualizado una vida juntos le hacía sentir incompleto. Casi como si hubiese fracasado en su plan de vida y aunque en el fondo sabía y tenía plena certeza de que no era así, no podía evitarlo. Muchos fueron los años que le había dedicado a la chica y que las cosas hubiesen terminado tan abruptamente no le terminaba de caber en la cabeza.

Solamente había pensado en ella durante tanto tiempo que le parecía irreal la idea de no seguir a su lado.

Aquella noche en que Blaze había decidido terminar todo entre ellos sintió como el mundo se caía a pedazos.

Por mucho que había rogado pidiendo un motivo y una oportunidad ella se había negado rotundamente a ello.

Había lanzado por la borda todos sus años de compañía y profundo amor que le había otorgado. Todo su esfuerzo y sueños a futuro fueron echados a la calle.

Y eso dolió...

Le dolió tanto que no pudo evitar llorar como un niño pequeño y dejó que el dolor le consumiera.

Perderla le hizo caer una realidad que se había negado por muchos años a aceptar.

Ahora; solas y en silencio tenía la oportunidad de reflexionar y comprender que quizá, tan solo quizá eso era mejor.


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Después de la segunda taza de café decidió que necesitaba un descanso; bufó ante el dolor que su cuello le producía y lo masajeó levemente. Por más vueltas que le diese al asunto no lograba encontrar algo que fuese relevante.

No había nada...

Ni aquí, ni allá. Era como si los papeles se los hubiese tragado la tierra, como si el que hubiese hecho todas esas compras se hubiese evaporado en el aire y solo quedaran los recibos como prueba de que en algún momento existió.

Vector debía encargarse de llamar a los bancos buscando información, pero dadas las circunstancias estaba comenzando a dudar de que conseguiría algo.

Se le agotaban las opciones; necesitaba ese dinero y lo necesitaba ya.

Sí el tiempo seguía corriendo el daño sería irreparable y no podría arreglarlo.

Se negaba a admitirlo, pero estaba aterrado. Tantos años de planeación, de esfuerzo y trabajo duro dependían de algo tan absurdo como una tarjeta robada y eso ya era triste.

El Faker era un imbécil...

No, la palabra ya quedaba corta para describir al idiota al que le robaron tal cantidad de dinero.

Era un...

Ya ni siquiera los insultos ayudaban a disminuir la ira que tenía dentro de sí. Había pasado años formando aquella empresa.

Y no sólo él, Rose, incluso el papanatas de Silver habían dado lo mejor de sí para lograr que las cosas funcionaran. Se habían esforzado y no era justo que las cosas terminasen de ese modo.

−PUTA MADRE−Gritó exaltado y furioso consigo mismo al no ser capaz de encontrar las respuestas que necesitaba.

Era un fracaso como líder, un idiota que no merecía ser llamado como tal.

Estaba tan frustrado con la vida...

Primero perdía su familia, su inocencia y posteriormente al amor de su vida y ahora, cuando las cosas parecían mejorar todo venía cuesta abajo.

Era como si el destino se estuviese burlando en su cara y le dijese que no merecía que las cosas estuviesen bien.

No era un tipo que creyese en esas cosas, el destino y las casualidades estaban fuera de su rango de pensamientos, pero ante tan apremiante situación estaba comenzando a dudar de todo en su vida.

Qué podía estar sucediendo, honestamente lo desconocía.

Pero tenía en claro que no quería fracasar.

Algún tiempo atrás, cuando las cosas parecían adecuarse a una monotonía acogedora y creía que no necesitaba más en su vida para ser feliz, Amelia Rose entró por la puerta una mañana y por primera vez en años las ganas de vivir le invadieron.

No lo comprendió en ese momento; de hecho ni siquiera pareció prestarle atención durante las semanas que siguieron sin ningún cambio aparente.

Porque ella seguía siendo la misma de siempre; ella era la misma Amelia, que llegaba tarde en las mañanas y que le sonreía cuando llegaba a su oficina.

Para Amy nada había cambiado en esas semanas y el, en cambio y contrario a lo que cualquiera pudiese pensar, notó detalles que nunca había logrado apreciar. Rose y su perfume con esencia dulce fue el primer detalle que pudo identificar.

Sutil, casi inadvertido.

Incluso se convenció a sí mismo de que solo era una coincidencia y que ella seguramente había aumentado la cantidad, eso era todo.

Posteriormente llegaron los gestos; detalles pequeños y sin importancia que iban intensificándose conforme la convivencia iba en aumento.

Detalles que, si hubiese notado en algún otro momento de la vida, no hubiese dudado en juzgarle de lunática.

Porque Rose y su gusto por los dulces le parecía francamente razonable. En menos de una semana había descubierto mucho más que en siete años de conocerse.

Ella cepillaba su cabello treinta veces de un lado y treinta del otro, pues creía que así luciría más bonito y sedoso.

Era el sol entre la oscuridad que su alma en tinieblas clamaba por clemencia.

Aunque fiel a su instinto, había decidido negar cualquier rastro de sentimentalismo en su vida porque se negaba rotundamente a volver a sentir dolor.

Sentirse atraído por Rose era algo que no tenía ni pies ni cabeza, ella, su amiga y socia no era ni remotamente el tipo de mujer con el que solía relacionarse.

Era ruidosa, impetuosa y siempre estaba ideando tonterías. Aunque grande fue su sorpresa cuando aquella noche de auditoría la sola idea de pensar que ella tuviese una relación le hizo rabiar.

No lo había demostrado, pero presto particular atención a cualquier acción que ella tuviese a bien realizar para lograr identificar al sujeto que había ganado su afecto.

Después de una investigación encubierta había reducido su lista de sospechosos a únicamente tres individuos, entre los que se encontraba el Faker, Silver y por último y no por ello menos importante, él.

Algo que le había tomado por sorpresa, pero que aumentaba su deseo de querer averiguar quién era el dueño de los afectos de Rose.

No le fue del todo complicado inferir que entre ella y el idiota de Silver no había nada que ver −no se necesitaban muchas neuronas para intuir que el cabrón estaba loco por Blaze−.

Y con el Faker...

¡Ah jodida la suerte!

Pensar en esa posibilidad le jodía todos y cada uno de los planes que tenía en mente.

Ese maldito...

No le había tomado mucho tiempo darse cuenta de las intenciones del cobalto aquella noche en que se llevo Rose de su oficina a "cenar". Demás estaba decir lo molesto y frustrado que se sintió en ese momento. Sus emociones le habían traicionado y se había confesado −Sin quererlo− De un modo muy idiota ante Rose.

Aunque según Rouge, luego de que hablasen por teléfono por media hora para lograr serenarse, aquello podía ser algo positivo.

Quizá ese era el empujoncito que necesitaba para lograr cambiar su vida al final de todo.

Y cuando finalmente −Luego mucha insistencia− Rouge le convenció de invitarla a salir se había tomado la molestia de reparar hasta en el más mínimo detalle para que las cosas fuesen perfectas.

Lo del vestido y los zapatos fue cortesía de su amiga y confidente, de resto, se lo debía a su ya oxidado método de conquista.

Mucho tiempo había pasado desde que tuvo una cita real y aunque se sentía en extremo nervioso no lo demostró.

Todo ese nerviosismo valió la pena cuando la vio salir por la puerta tan hermosa y radiante que por un momento dudó de que fuese la misma Amy Rose que conocía.

Soltó un suspiro de frustración y con el celular en la mano observó aquella foto que conmemoraba aquella noche.

Se sentía un completo idiota...

Ella parecía tan cómoda y feliz; y de haberse mantenido así las cosas seguramente habrían funcionado.

−La cagaste, Shadow−Se dijo para sí.

Había arruinado su oportunidad con ella dejándole el camino libre a ese bastardo.

Pensar en la escena del hospital le hacía enfurecer, en el fondo sabía que sus acciones no fueron las correctas.

¿Qué pensaría ella sobre él?

Recostado en la cama observó el techo durante un largo rato remembrando. Necesitaba buscar la manera de solucionar las cosas.

No solo con Rose, sino también con la compañía.

Cerró los ojos dispuesto a conciliar el sueño una vez más, cuando la vibración de su teléfono captó su atención.

Tomó el aparato notando en la pantalla un número desconocido insistir en contactarlo.

Atendió de mala manera y esperó.

−¿Diga?−La voz ligeramente adormilada de hizo presente.

¿Es usted el señor Gerald The Dark?−la mujer del otro lado de la línea sonaba como una recepcionista.

Rodó los ojos en señal de fastidio debido al nombre con el que fue nombrado y se aclaro la garganta.

−Él habla−.

Algunas voces se escucharon al fondo y el ruido de máquinas le ensordeció levemente.

Señor Dark, me apena informarle que usted es el contacto de emergencia de la Señorita Amelia Rose en caso de que...−No logró mantener la calma al escuchar la palabra "emergencia" y "Amelia Rose" en una misma oración.

−¿DÓNDE?−Fue su respuesta y la mujer le dio instrucciones de cómo llegar al hospital.

Fue un tiempo récord lo rápido que pudo vestirse y tomar las llaves de su auto para bajar las escaleras como alma que el maligno persigue.

Solo tenía una cosa en mente; asegurarse de que Rose estuviese bien.


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Después de que saliera de aquella cafetería pensó por un momento en cómo podría lidiar con los sentimientos que traía consigo.

Estaba preocupado y ansioso por no obtener respuestas; por otro lado, todo ese asunto con Amy no hacía sino aumentar el suplicio que traía consigo.

No tenía tiempo para pensar en amores y líos emocionales, lo sabía de sobra. No estaba en condiciones de enamorarse de nadie.

En el fondo, sabía que si por alguna extraña razón las cosas funcionaran, tarde o temprano terminaría hiriéndola.

Siempre sucedía; él era así.

Tomó una gran bocanada de aire. El aire fresco entrando en sus pulmones le daba un poco de serenidad.

Necesitaba pensar; ¿Qué podía estar pasando? ¿Por qué ahora? Sabía que no era precisamente un santo y que Sally tenía razón y muchas chicas −y sus novios, seguramente− Le odiaban.

No los culpaba, después de todo se lo merecía...

Por años actuó como un completo imbécil guiado únicamente por el calor del momento y nunca pensó en las consecuencias que esos actos podían acarrearle a futuro.

Quizá y todo esto sí era a consecuencia de lo mal novio, amigo y hombre que había sido por todo este tiempo.

O quizá, sólo tenía mala suerte y ya.

Estaba frustrado y a cada paso que daba la sensación de pesadez invadía su pecho.

¿Así se sentía la culpabilidad?

Había pasado años enteros actuando por instinto, comiendo, bebiendo y llevando a la cama a cualquier chica que se le plantase por enfrente y le diese luz verde.

En ningún momento había sentido ni siquiera un deje de culpa cuando las veía llorar, cuando ellas se confesaban y esperaban ser correspondidas en sentimientos.

No sentía nada.

Y en el fondo eso era más triste. Su constante necesidad de conseguir emociones fuertes era lo que le había llevado a esta situación en primer lugar.

Su lucha interna por sentir emoción y reafirmarse así mismo que era alguien genial y "libre" de cualquier atadura terrenal.

Si bien tenía novia y sentía aprecio por ella, el hecho de que estuviese en una relación no significaba que debía renunciar a su estilo de vida.

Solo debía ser más cuidadoso, eso era todo.

Pero ahora que las cosas con Sally habían terminado y no le debía ningún tipo de explicación a nadie, la ironía de sentirse atraído por su mejor amiga iba en aumento.

No solo parecía ser algo meramente sexual lo que venía acompañándole los últimos días al estar cerca de ella. Era más bien una sensación de necesidad y compañía que no parecía verse saciada en ningún momento.

La noche anterior, luego de lo que pudo haber sido una situación picante, no pudo conciliar el sueño, pensando en todas las posibles formas en las que desearía que ese momento pudiese volver a repetirse.

No era solo el hecho de acostarse con ella, aventuras de una sola noche podía conseguirlas en una noche de copas.

Sólo quería compartir con ella, charlas por horas, escucharla reír y esperar que el tiempo y las hormonas hiciesen lo suyo.

Se sentía tan idiota al sentirse de ese modo, pero no podía evitarlo.

Amy se había metido en su sistema como una droga y ahora no podía quitársela.

La necesitaba, no tenía ni idea de cómo o porque esto estaba sucediendo, pero si tenía muy en claro que quería protegerla de todo y todos.

En especial de ese bastardo de su ex-novio estaba intentando acercarse a ella nuevamente.

Pensar en ese malnacido y todo el daño que había causado en ella le hacía hervir la sangre.

Amy había salido con ese sujeto por dos años y durante todo ese tiempo los maltratos que había sufrido por culpa de ese idiota eran incalculables.

Se había alejado de todos, incluso para Rouge era difícil contactarla y lograr saber cómo se encontraba.

En tan solo unos meses había pasado de ser una chica risueña y feliz, a ser alguien retraída y distante.

Sólo podían verla en horas de trabajo, en las cuales pasaba la mayor parte del tiempo en su oficina evitando todo contacto con quienes le rodeaban.

A veces incluso podía observarla sostener su teléfono celular mientras hablaba en tono bajito con una expresión de angustia en el rostro.

No podía asegurarlo, en ese entonces había muchas otras tonterías dándole vueltas por la mente −Mujeres y alcohol, para ser más específicos− Como para reparar en la apariencia física de ella, pero, incluso para alguien tan despreocupado como él era más que evidente que Amy había cambiado.

Con ropa holgada y una mirada perdida, era como comúnmente solía acudir a trabajar y durante las juntas de suministros guardaba silencio.

Ella le preocupa, no podía negar que después de años de amistad lo último que desearía era que ella sufriese. Por ello, en muchas ocasiones había intentado acercarse a ella con la intención de averiguar qué rayos estaba sucediendo.

En respuesta solo obtuvo la mirada apacible de la chica y unas escuetas y nada tranquilizantes palabras en donde ella aseguraba encontrarse perfectamente bien.

No se tragó ese cuento.

La conocía tan bien como la palma de su mano y sabía que lo que sea que le estuviese pasando, necesitaba su ayuda y la necesitaba urgentemente.

El brillo en sus ojos verdes estaba apagándose y cada vez podía notarse la palidez en su rostro.

Recordar ese pasaje en la vida de Amy le provocaba acidez.

Pensar en lo mucho que ella sufrió al lado de ese imbécil y que él no pareció notarlo le removía la consciencia.

Ella, su mejor amiga, casi su hermanita había sufrido en silencio y nadie parecía notarlo.

Sin quererlo sus pies le habían conducido hasta un pequeño parque no muy concurrido en esos momentos del día y ante lo apremiante de sus pensamientos tomó asiento en una banca y se relajó.

Debía encontrar una manera de solucionar sus problemas; no podía dejar que las cosas terminaran de ese modo.

Sí, era un idiota y bastante insensible, pero no era un ladrón, ni un estafador. El no había robado ese dinero y debía encontrar la manera de probarlo.

Porque sabía que Shadow no dudaría ni un segundo en lanzarle todo el peso de la ley de ser necesario y que no se tocaría el corazón con tal de deshacerse de él.

Se sentía muy idiota al respecto; no sabía cómo actuar ni a quién acudir. El tiempo corría y eventualmente perdería todo lo que tenía.

Abatido ante esto, se pasó una mano por el rostro y se masajeo las sienes en un vano intento de encontrar un alivio momentáneo.

Nada tenía sentido...

Inevitablemente terminaba en el mismo sitio una y otra vez.

−Soy un desastre...−musitó, hastiado ante sus propios pensamientos.


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−BLAZE−El chillido de Marine taladró sus oídos y le hizo sobresaltarse.

No había logrado conciliar el sueño después de que Silver salió de la casa y ante la sorpresa que le generó dicha actitud pensó que lo mejor sería darle su espacio.

Ella no era la clase de chica que mandaba mensajes una y otra vez buscando controlar cada aspecto de la vida de su pareja.

O al menos no lo era hasta que Sonic llegó a su vida nuevamente y le hizo replantearse muchas de las cosas que creía correctas.

Pensar en ese idiota le estrujaba el corazón, sabía que no merecía ni su tiempo y aún así no podía evitarlo.

Se colaba entre sus pensamientos más profundos y en más de una ocasión se reprendió así misma tecleando su número dispuesta a llamarlo.

−Estás muy distraída−Marine seguía hablando y en efecto, no estaba prestándole atención.

Le era inevitable no pensar en Sonic; aunque se sentía como una torpe adolescente ilusionada con el tipo idiota que no valora sus sentimientos, seguía ahí, aferrada a tonterías que debían parar.

Las cosas con Silver posiblemente no estaban en los mejores términos, pero con suerte y un poco de esfuerzo en poco tiempo podría recobrar su vida tal y como la recordaba.

Con una cena al lado del albino y las pláticas de este último quien le contaba con emoción su día y las cosas que había realizado.

Honestamente no solía prestar oídos a las anécdotas que él tenía a bien contarle. Estaba tan sumergida en su trabajo y sus propias ocupaciones que rara vez escuchaba completamente alguna de sus conversaciones.

Podía recordarse sentados en la mesa, comiendo algo preparado por Silver, con vino en una copa y al muchacho hablarle una y otra vez sobre colores y matices.

Asentía y de cuando en cuando hacía contacto visual esperando que no le hiciese ninguna pregunta en específico sobre lo que estaba relatando.

Tenía muchos casos que atender, muchas historias e investigaciones las cuales requerían que se sumergiese de lleno en ellas y buscara la mejor resolución que pudiese encontrar.

Mientras Silver hablaba de las bonitas fotografías que vendieron para una empresa, ella estaba analizando un caso de asesinato y buscaba como defender a su cliente.

Dos temas que nada tenían que ver uno con el otro, pero que por educación fingía interés.

−¿Entonces estás de acuerdo?−Marine pregunto de pronto y eso captó su atención.

Ambas se miraron unos segundos y Blaze parpadeó perpleja al no poder comprender que era lo que estaba hablando.

−¿De acuerdo en qué?−.

Marine suspiró; estaba más que claro que su amiga no estaba en ese momento en las mejores condiciones para trabajar.

−Sé que lo que voy a decirte no va a gustarte, pero te aseguro que esto lo hago como tu amiga y porque me preocupo por ti−La mirada de la chica se instaló en la suya, tratando de parecer seria−No puedes dejar que ese asunto con Sonic siga influyendo en tu vida, no te merece, ni siquiera merece que le des el privilegio de que pienses en él, Blaze−.

Podía escuchar que Marine se estaba esforzando por intentar levantarle la autoestima y ayudarla a sentirse mejor consigo misma, pero no lo estaba logrando.

Simplemente no necesitaba que nadie le recordara que Sonic no valía ni su tiempo, lo sabía muy bien y no iba a negar que las palabras de su amiga estaban cargadas de verdad.

Sin embargo, tampoco es que se hubiese esforzado lo suficiente por hacerlo; sabía que por mucho que intentase racionalizarlo, las cosas entre ella y el cobalto no iban a desaparecer.

No lo hicieron antes, tampoco lo harían ahora.

Podía enterrarlo en su memoria, fingir que las cosas estaban bien y dejar que Silver y su trabajo se encargaran de ayudarla a mitigar sus sentimientos por el azulado.

Después de todo había funcionado todos esos años.

−Y creo firmemente que debes tomar una decisión−Finalizó su discurso la menor de las amigas y Blaze sonrió levemente.

Le parecía francamente risible el grado de inocencia que Marine tenía aún a pesar del trabajo que desempeñaba y la carrera que había decidido ejercer.

El mundo en el que ambas se despeñaban no dejaba lugar a esa clase de buenas intenciones; y aunque apreciaba notablemente que ella se tomase el tiempo de preocuparse por su vida sentimental, no era algo que estuviese dispuesta a dialogar.

Ni con ella ni con nadie.

Era un asunto sumamente personal y sabía que tomase la decisión que tomase era algo que solo le concernía única y exclusivamente a ella.

Miró de soslayo a Marine y pensó en al menos tres respuestas con las cuales podía responderle, pero decidió que no quería ser ruda con ella.

Después de todo, la pobre no tenía nada que ver con sus malas decisiones.

−Gracias Marine, pero creo que ya te he mencionado con anterioridad que no estoy interesada en que resuelvas mis problemas personales−tomó algunos papeles sobre su escritorio y comenzó a ojearlos sin mucho interés−Soy un adulto perfectamente capaz, gracias, puedes retirarte−.

El rostro de Marine se entristeció ligeramente ante las palabras de quien consideraba su mejor amiga y contuvo las ganas de llorar.

Tal vez y era muy sensible; pero la sequedad con la Blaze le trataba desde que ese sujeto azul había llegado a su vida, le hería una y otra vez.

Si bien era verdad que Blaze era perfectamente capaz de cuidarse por sí misma, muchas de las decisiones que había estado tomando no eran de fiar.

Pero sí, ella tenía razón. Era su vida y al final no podía hacer nada más.

Caminó con pasos torpes hasta la puerta conteniendo los deseos de llorar y salió dando un portazo tras de ella.

Blaze por su parte tan solo negó con la cabeza en un gesto de desaprobación. Marine era demasiado empática y sensible.

Dichas cualidades eran una de las muchas razones por las cuales le apreciaba y era su amiga en primer lugar; pero debía aprender a respetar la vida de los demás.

Tomó su teléfono nuevamente y jugueteó nuevamente con la idea de llamarle al cobalto.

Sí, era idiota y estaba muy molesta, pero su deseo de hablarle era casi tan grande como su orgullo.

Abrió la mensajería y releyó algunos de los mensajes que compartían.

La mayoría cargados de tensión sexual, insinuaciones, obscenidades y demás.

Ni un te quiero, ni una sola insinuación que no fuese llevársela a la cama −O al revés

Nada...

Él nunca le dijo que la quería; ni siquiera le había hablado bonito. Desde un inicio habían establecido la naturaleza de sus encuentros y ella al parecer lo había llevado al terreno sentimental.

No hizo falta más que una sonrisa y una mirada seductora para que la Blaze que vivía enamorada del chico que conoció en clases de francés regresara y tomara el control.

Posiblemente había perdido el juicio, o tan solo era el destino cobrándole factura por llevar años al lado de un hombre al cual no amaba.

No lo sabía y siendo franca se negaba a creer que algo como eso pudiese existir. Como ella lo veía, algunas veces no puedes obtener un final feliz, pero si algo que se le pareciese mucho.

Y esa era su situación con el albino. Quizá no estaba enamorada de él, pero ello no significaba que no lo quisiese.

Era su mejor amigo después de todo, el único que siempre estuvo para ella, el chico a quienes sus padres aprobaron para ella, quien le hizo sentir bien consigo misma.

Y lo viese por donde lo viese eso tenía bastante peso y validez en su vida.

Tal vez había sido muy idiota y descuidada al atreverse a lanzar por la borda todo lo que tenía con Silver, pero estaba sinceramente arrepentida de ello y deseaba retractarse.

Quería que todo volviera a la normalidad −Si es que eso fuese posible−

Sabía que debía esforzarse, que debía ganarse a Silver y enmendar el daño que le había hecho con sus estupideces, aunque en estas instancias no sabía cómo debía actuar.

Después de haber pasado la noche juntos parecía genuinamente arrepentido de dicho encuentro, ¿Qué habría cambiado? Lo pensó un momento y aunque siempre había lugar para la duda razonable, el hecho era que estaba segura que el amor que Silver le profesaba no iba a morir tan fácilmente.

Posiblemente sonaba pretencioso viniendo de ella, pero era una verdad a la que se aferraba a creer firmemente.

Honestamente no tenía sentido que Silver se olvidase de ella tan fácilmente, era algo tan poco probable viniendo de él, que hasta sonaba ridículo.

De igual modo; y aunque sonase redundante y bastante obsesivo viniendo de alguien como ella, tampoco podía dejar de pensar en aquella llamada durante la madrugada y el nombre que pudo escuchar ser pronunciado por el cobalto.

Ames...

¿Quién era Ames?

Tomó un sorbo de café que a estas alturas ya estaba frío y suspiró. Tenía tanto trabajo y ella seguía perdiendo el tiempo.


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Le tomó menos de diez minutos llegar al condenado hospital y algunas cuantas blasfemias para quienes tuvieron la desdicha de interponerse en su camino.

Estaba ansioso y preocupado y no se molestó ni un solo momento en pretender que no era así.

Llegó hasta la recepcionista y de golpe cuestionó el estado en el que Amy se encontraba.

−Me temo que la señorita está inconsciente y que aún no hay noticias de su estado actual, debemos esperar a que el efecto de los tranquilizantes que le fueron suministrados pierdan su utilidad−la enfermera de turno parecía tan tranquila y eso le frustró.

No tener ni la menor idea de que era lo que pasaba con Rose le ponía en una situación donde sus emociones estaban a tope, pero fiel a su instinto, sabía que debía guardar la compostura debido al lugar donde se encontraba.

Agradeció a la mujer y se dirigió a la sala de espera sin saber a ciencia cierta cómo es que podría mantenerse sereno, cuando a lo lejos la figura familiar de ese sujeto en la boda se vislumbró frente a él.

No recordaba su nombre −Tampoco le importaba− Pero eso no era lo importante.

Lo fundamental en esos momentos era saber que carajos hacía él ahí y mejor aún, ¿el tenía algo que ver con lo que le sucedió a Rose?.

Sentado en una de esas incómodas sillas de hospital el joven fortachón tenía su mejilla reposando sobre su mano en una pose que indicaba claramente que estaba dormitando.

Parecía tranquilo y apacible.

Frunció levemente el ceño ante esto; ¿Cómo podía estar tan tranquilo sabiendo que Rose estaba inconsciente?

Dejó caer su peso en la silla continua y procuró hacer el mayor ruido que le fuese posible para despertarle.

Abrió un ojo con pesadez y miró a su alrededor buscando la fuente de tal escándalo. El sentimiento de negatividad que irradiaba el tipo de al lado le provocó escalofríos.

Soltó un suspiro de pereza y se estiró sobre su asiento deshaciéndose del entumecimiento.

Luego de esto se permitió observar al sujeto a su izquierda, quien le miraba con aire asesino y le pareció ligeramente familiar.

¿Dónde había visto a este tipo?

Tras unos segundos donde ninguno de los dos quitaba la mirada del otro, fue Shadow quien pronunció las primeras palabras.

−¿Qué haces tú aquí y que le sucedió a Rose?−Fue directo y sin rodeos y Mighty se sintió ligeramente molesto por el tono tan déspota con el que se dirigió a él.

Quizá no estaba acostumbrado a lidiar con sujetos con ese grado de negatividad, pero había algo en ese tipo que no le daba buena espina desde el primer momento en que le observó.

Su madre siempre decía que los ojos son las ventanas del alma y, ante dicha creencia y enseñanza podía sentir como aquellos ojos color rubí parecían vacíos y sin esperanza.

−¿A caso estas sordo o algo así?−Shadow continuó hablándole de mala manera y Mighty frunció el ceño nuevamente ante esto−Te pregunte que carajos pasó con...−

−No lo sé−Respondió a secas el joven y en su rostro podía notarse lo molesto que estaba.

Shadow, incapaz de creer lo que acaba de escuchar abrió la boca para proferirle unos cuantos insultos, cuando este continuó.

−No sé qué es lo que Rossy ve en ti para considerarte un amigo−el tono serio con el que hablaba hizo que Shadow le escuchase atentamente−Pero lo cierto es que no lo sé−Se tomó unos segundos para pensar en cómo continuar la conversación−Salí del trabajo a almorzar y cuando estaba a medio camino un había una multitud observando algo con curiosidad−.

Recordar la cara de terror que Amy tenía cuando la encontró en la calle le estrujaba el corazón.

Parecía una niñita asustada y acorralada por lo que sea que la estaba asustando.

−¿Qué clase de multitud?−Hablo el moreno y Mighty se tomó unos segundos para responder.

−Del tipo de muchedumbre que observa la desgracia ajena con morbosidad−.

Shadow guardo silencio, sintiendo que las palabras se atoraban en su garganta de solo pensar en Rose y lo que pudo haberle sucedido.

Mighty en cambio solo estaba en silencio mientras su corazón latía dolorosamente al pensar en las lágrimas de desesperación que la chica derramaba.

−No sé qué sucedió−Continuó hablando, para sorpresa del moreno−Estaba aferrada a un buzón de correos a unas cuantas calles de Blue Avenue... llorando, desorientada−.

Llorando...

¿Qué pudo haberle sucedido? Blue Avenue estaba a unas cuantas calles de distancia desde donde su departamento se encontraba, lo cual significaba que lo que sea que hubiese afectado a Rose era indirectamente su culpa por hacerla tener que llevarlo a su departamento.

Mighty continuaba en silencio, ajeno a la culpabilidad que Shadow traía a cuestas, ambos desconociendo la verdadera naturaleza del dolor que aquella joven que ambos apreciaban estaba sufriendo.

Era frustrante esperar, pero era todavía más frustrante no tener ni idea de lo que sucedía a su alrededor.

En general los hospitales no eran un lugar particularmente tranquilizador, mucho menos para quienes esperan noticias de algún ser querido, como era su caso.

El ir y venir de las enfermeras y doctores y no recibir ninguna especie de noticia era algo francamente desalentador.

Que ella estuviese teniendo problemas para despertar solo significaba que la gravedad de su situación incrementaba.

No podía parar de culparse así mismo por exponerla a tal situación. ¿Por qué había dejado que le convenciera de llevarle a su departamento?.

Si tan solo se hubiese quedado en su oficina nada esto estaría sucediendo, se recriminó mentalmente, mientras el sujeto que estaba a su lado parecía concentrado en la pared.

No sabía del todo que relación tenía con Rose, ni tampoco si debía fiarse de su historia. Le parecía demasiada casualidad que fuese precisamente él quien la encontrara.

Era extraño que ahora que ese tipo había aparecido, las cosas empezasen a ir mal.

No tenía ninguna prueba o fundamento y sabía en el fondo que eran los nervios y la falta de sueño quienes le hacían pensar cosas descabelladas, pero la idea de que ese sujeto tuviese algo que ver con los problemas con la empresa y la salud de Amy tenía mucho sentido para él.

No se fiaba de un sujeto tan buena onda y relajado, después de todos los años de conocer al Faker y todas las obscenidades que traía a cuestas, ningún sujeto que proyectase esas "intenciones" le parecía alguien decente.

Posiblemente era prejuicioso, pues no había una verdadera razón para creer que Mighty era como Sonic y que era culpable de lo que su mente desconfiada le acusaba.

Pero no le agradaba, sí, era esa la verdadera razón. No le agradaba en lo más mínimo ese tipo, había algo en el que le indicaba que tenía intenciones ocultas en sus interacciones con Rose y eso no le gustaba en lo más mínimo.

Esos "Rossy" tan cariñosos con los que se refería a ella eran señal inequívoca de que se sentía atraído hacía ella.

Y, siendo el celópata que era, desde luego que no permitiría que ningún tipo venido de la nada se atreviese a cortejar a Rose o insinuarle cualquier barbaridad.

Tal vez era anticuado de su parte y bastante atrevido, pues si había que ser justos, ella no había aceptado sus intenciones en ningún momento.

De hecho, ahora que lo pensaba con mayor detenimiento era consciente de que en ningún momento le había aclarado de forma directa que estaba interesado en ella.

Sabía que ella era la clase de chica que disfrutaba esa clase de formalidades y cursilerías, Rouge se lo había mencionado en más de una ocasión aunque lo había pasado por alto debido s su incapacidad para expresar sus emociones asertivamente.

El no era un sujeto muchas palabras, siempre le costaba trabajo poder expresarse de manera de manera no sarcástica y "natural".

Siempre creyó en que una acción era mucho más valiosa que mil palabras, por lo qué, durante aquella cita había dado por hecho que ella había captado sus intenciones de cortejarla.

No lo habían hablado desde aquella noche, tampoco habían quedado en nada claro, pero sus intenciones seguían firmes y poco o nada había cambiado con respecto a ello.

Miró el reloj en la pantalla de su celular y sintió como si el tiempo avanzar velocidad anormalmente lenta.

Había transcurrido una hora desde que llegó al hospital y aún seguía sin noticias de Amy.

No sabía cuánto más podría soportar estar en ese lugar sin noticias de ella.


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Había perdido media tarde intentando aclarar sus pensamientos y pensar de manera objetiva como es que saldría de todo ese embrollo.

Pensó que quizá lo mejor sería pedir alguna especie de préstamo para poder pagar el dinero que le debía a Shadow.

Aunque terminó dejando de lado todo eso cuando recordó que no tenía nada de valor que pudiese dar como una garantía.

Era en momentos como ese cuando se arrepentía de no tener una casa propia la cual pudiese hipotecar para conseguir dinero.

En vez de eso tenía un departamento con una renta ridículamente cara y ni aunque vendiese todas sus pertenencias juntas lograría recaudar el dinero.

Estaba bastante desesperado, incluso barajeó la idea de vender uno de sus riñones para conseguir tal cantidad.

¿En qué estaba pensando? La desesperación le hacía pensar estupideces.

Frustrante ante sus pocas opciones, la leve idea de acudir a su padre llegó como una idea difusamente lógica, pero en el fondo sabía que no era correcto.

Pedirle ayuda a sus padres significaría darles motivos para preocuparse; además de darles el pase directo a inferir y tener libre derecho a opinar sobre su vida y posteriores acciones.

No, eso definitivamente estaba fuera de sus posibilidades.

Si bien era verdad que lo necesitaba, también era verdad que él era un adulto y que no podía dejar que sus padres resolviesen sus problemas, por muy desesperado que estuviese.

Aunque no por ello dejaba de darle vueltas al asunto.

−No seas idiota, Maurice−Se reprochó−Vas a encontrar una salida, siempre lo haces−Trató de convencerse así mismo con falso positivismo y suspiró.

Estaba mucho más jodido de lo que pensaba.

Quizá solo era su desesperación y sólo debía relajarse y esperar que las cosas se acomodasen a su favor, aunque por más que pensase, nada parecía resultar de un modo favorable.


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Bebió un trago de vodka y sonrió con tranquilidad. Había tenido un largo día lleno de papeleo y citas laborales que consumieron su tiempo de manera extenuante.

Ahora, solo en su estudio podía relajarse un rato y administrar sus finanzas.

Encendió el computador y se relajo en su silla mientras esperaba que el aparato terminase de encenderse. Del cajón de su escritorio tomó un habano de su reserva especial y lo encendió con suma delicadeza.

Era delicioso y placentero...

Miró la pantalla en su computadora y clickeó en el programa de contaduría. Normalmente eso debía hacerlo algún empleado de confianza, pero se negaba a relegarle algo tan importante como sus finanzas a algún pelele mal informado.

Tenía muchos negocios, demasiado dinero invertido en muchas cosas y debía monitorearlo si esperaba obtener ganancias de ello.

Después de todo no había forjado un imperio regalando el dinero. Aspiró el humo del tabaco y sintió como llenaba sus pulmones.

Ya se había vuelto una costumbre regresar a su casa, beber hasta emborracharse y fumar un habano como el plato fuerte.

A este punto, los años le pesaban. No era un anciano, pero no estaba tan lejos de serlo. Con un hijo próximo a cumplir 30 años estaba comenzando a sentir los estragos de la edad.

Posiblemente su estilo de vida influía directamente en la manera en cómo se estaba sintiendo últimamente.

Pamplinas y patrañas, pensó después y continuó con su lectura. Abrió los registros que habían entrado esa semana y notó con sorpresa como es que los depósitos a nombre de la editorial no habían sido registrados.

Soltó el humo del cigarro y abrió aquel archivo con curiosidad. Había faltantes, números rojos por todos lados y una cantidad considerable de dinero estaba creciendo en contra.

−Shadow, Shadow...−Murmuró para sí, releyendo el contenido en sus archivos y bebió de su vaso−Cuando aprenderás que todo esto es una causa perdida...−

Cerró aquel archivo y tecleó el número de su contador. Después del tercer bip, la llamada conectó.

¿Qué sucede, Señor The Dark?−.

−Faltantes, mi estimado Locke...−Aspiró y exhaló−Me temo que el jueguito de mi estúpido hijo está causando problemas y se la ha salido de las manos−Añadió, con fastidio.

El hombre del otro lado de línea no hizo algún comentario al respecto. El carácter del empresario no era el mejor del mundo, mucho menos cuando de su hijo se trataba.

El hombre era alguien de armas tomar cuando de su dinero se trataba y no se andaba con contemplaciones ni siquiera cuando ese asunto se trataba de su hijo.

−Necesito un informe detallado de los movimientos bancarios del inepto de Gerald y sus estúpidos amigos en mi oficina mañana antes de las tres de la tarde−Y sin más cortó la comunicación.

Locke era una especie de empleado al que podía confiarle algunas de sus labores y podía resolverlas de manera eficiente.

Y si bien, los años y la experiencia le habían enseñado muchas cosas, tampoco es que fuese un experto y de vez en cuando necesita la opinión de un entendido en la materia.

Aún así no se necesitaba ser un contador para saber que las decisiones financieras que su torpe hijo había tomado eran francamente reprobables.

Creía haberle enseñado a ser una fiera en los negocios, no por nada tenía una carrera en administración de empresas y la otra en contaduría, además de un máster en finanzas.

Había invertido mucho esfuerzo en ese chiquillo malagradecido y al parecer no había aprendido nada de provecho en todos esos años.

Primero se había negado en aceptar el empleo en su empresa y ser su contador personal.

Después esa idea absurda de emprender un negocio sin futuro y poco redituable.

Honestamente pensó que solo sería un capricho pasajero y que más temprano que tarde entendería que los negocios y los "amigos" no debían mezclarse.

Aunque no negaría que se sintió genuinamente sorprendido cuando al cabo de un año ese cuarteto de mocosos habían logrado mantener a flote dicha inversión. Había decidido mantenerse al margen limitándose únicamente a recibir su parte de las ganancias sin interferir en el manejo del funcionamiento de aquella "empresa".

Nunca le importó cómo conseguían generar suficiente dinero para mantenerse estables y aún así pagarle, pero supuso que no podía esperar menos de su hijo.

Era un Dark al final de todo y aunque no estuviese para nada de acuerdo con que se relacionase con ese bastardo azul, tampoco es que fuese a escucharle.

Al cumplir la mayoría de edad y ser "libre" se había sumergido en un espiral de decadencia y perversiones.

No iba admitirlo abiertamente, pero se sintió genuinamente preocupado al verlo caer en adicciones y excesos.

Y, secretamente había tenido que intervenir de la única manera en la que sintió capaz de hacerlo.

Puso en su camino a María Robotnik, la hija de uno de sus socios comerciales y para fortuna de todos, la naturaleza y feromonas habían hecho su trabajo y Shadow había cedido ante los encantos de una mujer que le hizo progresar y superarse.

Se sintió aliviado cuando le comunicó sus deseos de estudiar una carrera universitaria y en menos de dos años se había graduado con honores y tenía el título en sus manos.

No se sintió extrañado cuando el joven le comunicó la idea de estudiar otra carrera, aunque en esta última si se había tomado el tiempo de "disfrutar" la vida de un joven universitario.

No vio verdadero problema con ello, inclusive secretamente se alegró por él y la estabilidad que su vida estaba formando

Lo irónico fue, a pesar de todo lo bueno que había logrado poco tiempo después se enteró por rumores de terceros que la joven Robotnik; padecía una rara enfermedad terminal.

Un total desperdicio, pensó. Veía un futuro prometedor en aquella unión y la posibilidad de un matrimonio exitoso y el posterior manejo de su empresa en manos de Shadow.

Lo había adecuado con mano de hierro, había criado a un profesionista completamente capaz de cumplir con las expectativas de cualquier trabajo en el que se desempeñara.

Pero nunca se está preparado para una pérdida. Y cuando la joven murió aquel otoño algo en él cambio.

Bebió el último trago de su vodka y soltó un bufido de pesadez. Pensar en el pasado no era placentero.

Pensar en su hijo y todo lo acontecido en su vida no hacía sino darle pesadez y acidez estomacal.

Hoy en día solo mantenían comunicación esporádica, limitándose única y exclusivamente a asuntos de dinero.

Como cuando le pidió que le facilitara el acceso a uno de sus nuevos condominios para un "amigo cercano". Sabía que el muchacho era muy orgulloso para admitir que le necesitaba, pero se regodeaba secretamente de que acudiese a él aún después de tanto tiempo.

Sólo se tenían el uno al otro después de todo.

No tenían parientes, ni un círculo de amigos lo suficientemente cercano para poder establecer lazos duraderos.

Eran sujetos solitarios, unidos por un destino trágico. Ambos habían perdido a las mujeres que amaban, aunque en su caso, la fatalidad no había acabado con su ex-esposa −aunque en el fondo hubiese preferido tal situación−.

Fuese como fuese a estas alturas solo restaba esperar. Su hijo se aferraba firmemente a mantener esa inversión.

Apagó el computador y avanzó hasta su habitación por el largo pasillo de su solitaria casa en penumbras.

Lo sabía de memoria, no sentía miedo ni nada remotamente parecido. El largo pasillo estaba repleto de fotografías cada una enumerando los logros de su hijo desde que había llegado al mundo.

Se detuvo un momento a observar una de aquellas fotografías, un pequeño Gerald sostenía entre sus manos un oso de peluche y una sonrisa adornaba su rostro.

No debía pasar de los 3 años, recordaba ese momento a la perfección, aquella navidad de todos los juguetes que el pequeño había recibido, ese fue sin duda su favorito.

No podía dormir sin tener al pequeño Timmy a su lado, ni solía salir de casa sin él.

El pequeño Gerald...

De pie frente al muro de los recuerdos las imágenes del crecimiento de su hijo golpeaban sus memorias una tras otra; el tiempo era veloz. Los años habían transcurrido y ahora, siendo un hombre de edad madura, con millones en el banco y la única certeza de que la muerte le alcanzaría en algún momento sabía que era hora de tomar una decisión.

Ahora, frente a la cama; tomó asiento y se deshizo lentamente de los zapatos de importación y los dejó perfectamente acomodados al lado de la cama. En ese momento no le apetecía deshacerse del traje que portaba y solo se recostó boca arriba a observar el techo, sumido entre sus pensamientos.

Pocas eran las veces en las que pensaba en un futuro mayor a seis meses; era un hombre que no temía a nada, no había cosa que pudiese entorpecer sus planes el tiempo suficiente como para que no lograse lo que quería. Sabía que, con el debido esfuerzo podía salir bien librado de todo.

Era su filosofía de vida, lo que le había traído el éxito y muchas de la mejores inversiones de su carrera. Y aún así, a lo único que el gran Mephiles el Dark no podía controlar era el paso del tiempo y la inminente muerte que sabía, tendría. No era que se sintiese enfermo en ese momento, pero era consciente de que en algún momento su organismo dejaría de funcionar y todas sus finanzas y esfuerzo deberían pasar a las manos de Shadow.

¿Era Gerald capaz de administrar correctamente lo que con tanto esfuerzo logró construir? No dudaba de su preparación, en el fondo sabía que el muchacho estaba incluso más capacitado −académicamente hablando− que él. De igual modo, el hecho de no haber tenido más herederos facilitaba todavía más las cosas pues no tenía que repartir nada a nadie que no fuese el cabeza dura de Shadow.

Sabía que el muchacho era un necio, terco como una mula y que no le dejaría las cosas tan fáciles, porque ya le había expresado abiertamente su deseo de no recibir ni un centavo de la fortuna familiar. Alegaba que no quería dicha responsabilidad. Tampoco es que le importase mucho los deseos de su hijo, de igual manera le dejaría todo en sus manos.

Ya estando muerto, no podría negarse.

Soltó un sonoro bostezo y cerró los ojos en señal de cansancio, pensar en esas cosas le agotaba mentalmente.

Giró hacía la izquierda y antes de perderse entre sueños decidió que empezaría a redactar su testamento.


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La espera era larga cuando no obtienes noticias; sentía como la desesperación corría de arriba abajo por todo su ser y en más de una ocasión se sintió tentado a exigir respuestas al personal médico. Aunque en el fondo eso sólo le llevaría a que le expulsaran del edificio.

Sólo le restaba esperar y rogar porque lo que sea que estaba pasando con Rose no fuese sino un simple susto. A su izquierda el sujeto con finta de hippie seguía sentado sin una aparente intención de marcharse. Lo había visto atender algunas llamadas y excusarse con que no podría

No iba a decirlo abiertamente, pero se sentía bastante desesperado. Movía un pie de arriba abajo una y otra vez esperando que la sensación de ahogo abandonara su cuerpo.

No saber qué rayos estaba sucediendo acabaría con su cordura. Pensar en las miles de posibilidades en las que podía terminar esa situación tampoco ayudaba mucho.

La posibilidad de perderla a ella también le excedía.

Posiblemente estaba exagerando, ni siquiera sabía que era lo que había sucedido y él ya estaba pensando en fatalidades. Era difícil no sentirse incómodo en aquellas paredes; venían a su memoria tantas cosas. Muchas de las peores experiencias que había tenido que enfrentar involucraban hospitales y ello no le ayudaba precisamente a sentirse mejor.

Había pasado la mitad de su infancia curando sus heridas de aprendizaje, como solía llamarle a los golpes que Mephiles le había proporcionado con el pasar de los años.

También había pasado una temporada cuando a los 17 tuvo una congestión alcohólica que casi le pone frente a las puertas del infierno.

Algunos años después, más repuesto y centrado en cosas que de verdad valían la pena, regresó diariamente por seis meses para apoyar a María durante su lucha contra la enfermedad.

Después de perder a la rubia, prácticamente había jurado no volver a poner un pie en ese lugar. Aunque irónicamente estaba ahí y ahora dejando todo de lado para esperar a Rose.

No entendía que pudo haber sucedido con ella; no había indicios de alguna enfermedad ni nada parecido. Tampoco creía del todo que la chica hubiese sufrido un accidente, pues de ser el caso ese hippie lo habría dicho, ¿no?

Ninguna de esas situaciones calmaba sus inquietudes, pero solo restaba esperar.

−Maldita sea−Se quejó, entre murmullos y tomó su celular buscando algo con lo cual entretener su cerebro.

Tenía muchas llamadas que realizar, cientos de correos que revisar y aprobar, además del asunto con el Faker y el dinero desviado; cosas que le parecían tan insignificantes en ese momento.

De nada valdría que intentara ponerse a trabajar cuando su mente estaba demasiado concentrada en el ir y venir de los doctores en el hospital.

Ninguno parecía tener noticias, ese ajetreo le mareaba.

−¿Tú también quieres volverte loco?−Habló el hippie con una media sonrisa y no obtuvo respuesta por parte del moreno−Yo también estoy preocupado por ella, pero sé que es fuerte y puede con todo esto−.

Efectivamente, Rose era una mujer fuerte y no dudaba de su capacidad para afrontar retos y adversidades, aunque por alguna extraña razón que fuese precisamente ese sujeto quien hiciese tales afirmaciones no le agradó en lo más mínimo.

Si lo pensaba con detenimiento no tenía idea quien era el tipo ni qué tipo de relación guardaba con la mujer de su interés. Intuía que era algún "amigo" de la época en la que vivía en ese pueblo, pero la naturalidad con la que le nombraba "Rossy" no le parecía algo tan amistoso.

Se aclaró la garganta y centro su atención en el muchacho de ojos negros que parecía ajeno a todas sus conjeturas y suposiciones.

−Exactamente, ¿Qué relación guardas con Rose?−preguntó directo y sin rodeos.

No iba andarse por las nubes, le interesaba saber quién era ese sujeto y quería asegurarse de que sus intenciones no fuesen más allá de una "amistad".

Mighty por su parte solo pudo atinar a arquear una ceja visiblemente sorprendido ante la pregunta de ese sujeto. No lo conocía, pero sus pocas interacciones le habían demostrado que era un tipo con un carácter bastante dominante.

No le agradaba, no iba a negarlo.

Mighty no era alguien que le gustase juzgar a los demás en base a simples actitudes, le gustaba creer que siempre habría algo de bondad y buenos ánimos en todos, pero ese tipo no le inspiraba ni el más mínimo gramo de confianza.

No se sentía cómodo hablando con él sobre sus intenciones con Amy, ni creía que fuese el momento adecuado para revelarlo tampoco.

Por lo que, muy a pesar de Shadow y con todo el autocontrol y cortesía que el fortachón pudo reunir se limitó a responder.

−Amigos de la juventud−Le dijo a secas, esperando dar por terminada aquella conversación.

Shadow que no era tonto entendió al instante aquella actitud. Que el tipo estuviese evitando responderle le indicaba que estaba omitiendo información.

Y juzgar por el tono en que respondió, su pregunta le había incomodado.

−Estas interesado en ella−Afirmó mirándole directamente a los ojos sin ningún atisbo de duda en su voz.

Mighty quien no se sintió ni remotamente amedrentado, simplemente se encogió de hombros.

−¿Y qué si es así?−

Unos segundos de silencio se instauraron entre ambos masculinos quienes se miraban retadores, dispuestos a llevar las cosas a un nivel mucho más agresivo.

Fue por puro autocontrol que consiguió la fuerza suficiente para ignorar a ese papanatas y regresar a su actitud indiferente de siempre.

−No pierdas el tiempo−Hablo al fin sin mirarle directamente−Ella será mi mujer−Finalizó y se alejo del lugar dejando a Mighty sin posibilidad de responder.


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Llegó a su departamento dispuesto a darse un largo baño y dejar que todo el estrés saliera de su cuerpo. Abrió la llave de la regadera y entro de golpe mientras el agua recorría su cuerpo. Necesitaba mantenerse sereno y buscar una manera de salir del problema en el que se había metido. Debía haber una forma, solo que era muy idiota para notarla.

Con el agua recorriendo su cuerpo los pensamientos fluían por su mente uno tras otro, aunque ninguno terminaba de convencerle. La idea de recurrir a su padre para solicitar ayuda seguía rondando su mente; Jules era un hombre precavido el cual siempre tenía un fondo de ahorros del cual disponer de ser necesario.

Quizá, si le explicaba la situación podría ayudarle un poco...

Aunque la idea era tentadora, la sensación de que estaba siendo un idiota sin capacidad para solucionar sus propios problemas seguía invadiéndole.

Acudir a sus padres no era algo que un adulto responsable haría.

Frunció el ceño al sentirse como un fracasado y pensó por un momento que haría Shadow en un momento así.

Pensar en el señor perfección le producía sentimientos encontrados; durante toda su vida había crecido y mantenido la idea de que el tipo no era más que un ricachón malcriado y mimado. Uno que no tenía ni el más mínimo sentido del respeto por los demás y que iba por ahí, disfrutando de hacer sentir mal a su mamá.

Aunque visto lo visto durante la boda, aquella revelación pareció añadirle el contexto faltante a muchas de las interrogantes que había formulado durante su crecimiento.

Tenía sentido aquellas actitudes, incluso parecía encajar en la poca atención que sus padres le brindaron durante la mayor parte de su infancia temprana.

−No es momento de sentimentalismos, Maurice−Se reprocho a sí mismo y cerró la llave de la regadera cubriéndose con una toalla segundos después.

Camino a su habitación trato de pensar nuevamente en soluciones para su problema. Estaba esperanzado de que Knuckles encontrase la manera de solucionar el asunto del dinero, aunque muy en el fondo sabía que seguramente era un caso perdido.

Anhelaba que no fuese sino un malentendido y que el banco le diese alguna excusa tonta con respecto al dinero y cuentas faltantes.

Sentado en la orilla de la cama fijó su atención en un punto equis en la pared perdiéndose en el cúmulo de emociones que estaban invadiéndole.

La preocupación y la incertidumbre se llevaban la mayor parte de la batalla, aunque no podía omitir a la culpabilidad y la nostalgia que le seguían muy de cerca.

Era tan torpe, pensaba y se reprendía ante los errores en su vida. Sabía y era plenamente consciente de que todo esto se lo había buscado él solito.

Y eso era lo triste; que aunque se lo estuviese repitiendo una y otra vez no le terminaba de quedar completamente claro. Podía darle una y mil vueltas a lo mismo y sin embargo seguiría sin creerlo, al menos no del todo. Tomó su pijama y se la colocó sin ánimos, lo mejor sería dormir y dejar que las cosas que le abrumaban se perdiesen por un rato.

Cerró los ojos en espera de poder conciliar el sueño, cuando el sonido de su celular resonó por toda la habitación.

Después de una incesante melodía, atendió de mala gana a la llamada.

−¿Qué?−.

−Con esa actitud, mejor no te ayudo, Blue−La voz de Sally le produjo un leve escalofrío−Abre la puerta, traje comida china−Finalizó la llamada.

Había olvidado por completo que Sally le visitaría; y de no ser porque ella había ofrecido su ayuda −Y dicho sea de paso, estaba muy desesperado− No se hubiese molestado en abrir la puerta.

Por lo que, con toda la buena cara que se sintió capaz de fingir abrió la puerta del departamento y la pelirroja entro con la bolsa de comida entre sus manos.

Ambos se miraron a la cara y aunque hubiese deseado que la chica no hiciese algún comentario al respecto, era evidente que no podía esperar lo contrario.

−Cielos Blue, que mal te ves...−Tomó asiento en el pequeño comedor y comenzó a sacar la comida poco a poco−¿Te declaraste a Amy y ella te rechazó?−trató de jugar un poco con la tensión pero no obtuvo respuesta por parte del cobalto.

En su lugar un silencio incómodo se instauró entre ambos jóvenes y la mirada de pocos amigos indicaba que no estaba de buen humor.

La seriedad en Sonic indicaba que estaba o muy molesto, o demasiado triste. Sea cual sea el resultado, ninguno de los dos era favorable.

−Escucha Blue, no es mi intención hacerte enojar−.

Sonic negó con la cabeza, restándole importancia al asunto.

Ella no tenía la culpa de sus problemas y no debía lidiar con su mal humor.

−Lo siento Sal, sé que te pedí tu ayuda en este momento de dificultad en mi vida, pero no creo que esté en condiciones de socializar−.

Ella le observó atentamente unos segundos como si analizara sus palabras con minuciosidad.

−¿Ya comiste?−Ignoró por completo sus palabras y tomó un par de palillos.

Evidentemente descolocado, Sonic negó.

−Sal, yo no...−

−Come−Se limito ella−No es necesario hablar sino lo quieres, pero creo que debes comer−.

Sabiendo entonces que ella no aceptaría una negativa, suspiro derrotado y tomó asiento en la silla frente a su invitada tomando un poco de la comida frente a él.

Ambos en silencio, comían con calma. De vez en vez sus miradas se conectaban pero ninguno pudo romper el silencio que les rodeaba. Con comida en su estómago un poco del malestar que le invadía pareció disiparse. Sintiéndose más tranquilo se permitió estirarse de forma perezosa y bostezar.

−Gracias Sally−Le sonrió sinceramente−Siempre sabes cómo actuar−Añadió.

Los años de convivencia le habían enseñado muchas cosas con respecto a Sonic y la manera de lidiar con su mal humor. La comida le relajaba y dormir terminaba de aliviar todos sus males.

Mirarlo más tranquilo le reconfortaba, pues no había dejado de pensar en la conversación que habían tenido unas horas antes.

¿Quién pudo haber robado ese dinero? Era evidente que Sonic quedaba completamente descartado. Incluso había dejado todas sus actividades laborales pendientes con tal de encontrar una solución al problema que Sonic estaba enfrentando.

−No hay cuidado, azulito−Le devolvió la sonrisa y dejó los palillos sobre la mesa−Ahora bien, ¿me dirás que te sucede? Además del dinero, claro−.

Hablar de sus líos emocionales no le entusiasmaba en lo más mínimo. Bien podía mentirle y quitársela de encima, aunque de nada serviría porque volvería a insistir. Quizá decirle un poco de lo que estaba molestándole le ayudaría a aclarar su mente y pensamientos.

−Problemas familiares−Fue su respuesta y se arrepintió casi al instante de haber pronunciado aquello.

−¿JULES Y ALEENA ESTÁN BIEN?−El tono de preocupación en la chica era tan real que hasta se sintió apenado por hacer que se preocupase.

−Tranquila, ellos están bien−.

Sally suspiro aliviada.

−¿Tus hermanos?−

Sus hermanos mayores estaban bien, al menos dos de ellos.

Sin quererlo, la imagen de Shadow y las palabras que había pronunciado aquella tarde seguían en su mente.

No podía ignorarlo, por mucho que lo desease; ahora que era consciente de muchos de los horrores que había pasado, se sentía culpable por haber deseado que no existiera.

Eran pensamientos absurdos, un pequeño niño de cinco años el cual no podía −Ni le interesaba− Entender de la vida de los adultos y del porque su mamá y papá estaban tan ocupados intentando que "traer a Shadow a casa".

Nunca lo entendió y durante muchos años se alegro secretamente de que ese chiquillo tan odioso y grosero no estuviera en casa y el no tener que compartir a su mamá y sus hermanos mayores.

Era tan absurdo y egoísta...

Y aunque ya habían pasado 20 años, la culpa llegaba como un balde de agua fría directo a su cara.

Miró a Sally quien le observaba con una expresión de preocupación en el rostro mientras esperaba una respuesta.

−Manic y Sonia están bien−Le dijo al fin y ella pareció sentirse aliviada.

−Entonces, ¿Qué sucede?−Tomó su mano y la apretó con fuerza−¿Algún familiar que yo no conozco?−Pregunto y Sonic asintió mecánicamente−¿Quién?−.

−Shadow...−


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Cuando salió de su oficina se encontró con la sorpresa de que ninguno de sus compañeros se encontraba en el edificio.

A esas horas ya solo quedaba Cream en el escritorio frente a la oficina de Amy llenando las últimas formas del día. Y del lado izquierdo Fiona parecía bastante entretenida limándose las uñas.

Nunca entendió cómo es que Sonic pudo contratar a una chica como ella para hacerse cargo de su trabajo.

Tomó su maletín de dibujo y al pequeño Chao en brazos y cerró con seguro la puerta de su oficina. El no tenía una asistente que se encargara de esas cosas, pero no creía que le hiciese falta. Caminó hasta el escritorio donde Cream se encontraba y la saludo cálidamente. Debía esperar que la chica terminase su trabajo para poder salir y cerrar todo el edificio.

−Buenas noches, Cream−La saludo y ella le devolvió el gesto−Creo que estuve demasiado concentrado en mi trabajo y no noté que todos se fueron temprano hoy−comentó casual y ella seguía acomodando papeles en su escritorio.

−La señorita Rose salió con el Joven Shadow, el pobre no parecía sentirse bien y le acompañó a su casa−apagó su computador portátil y lo guardó en su bolsa especial−Y bueno, el joven Sonic salió un rato después y ya no regresó−Finalizo mientras entraba en la oficina de Amy a apagar las luces y cerrar todo con llave.

Cream era alguien bastante organizada y eficiente en su trabajo. Todo lo que ella tocaba parecía ponerse en orden y transmitía además, una energía de positivismo y tranquilidad que era bastante acogedora.

−¿Has terminado ya?−le pregunto y ella asintió suavemente.

Desde donde se encontraba le lanzó una mirada a la pelirroja quien no parecía ni inmutarse en su presencia.

−¿Has concluido, Fiona?−le hablo y ella le ignoró por completo.

Normalmente habría pasado por alto tal situación y repetiría la pregunta sin ningún tipo de problema; pero la actitud de esa chica no le agradó en lo más mínimo.

Colocó su maletín en el suelo y dejó al chao en brazos de Cream para avanzar con paso decidido hasta la fémina que seguía limando sus uñas como si el tiempo no transcurriese.

Se aclaro la garganta y con toda la seriedad que pudo reunir, formulo la siguiente oración.

−El cuidado personal en una chica siempre es algo de admirarse−le dijo y ella le miró de reojo−Aunque considero que puedes continuar en tu casa, por hoy la jornada ha concluido−.

Ella pareció contener una risilla burlesca y tomó su bolso sin dignarse a mirarle.

−Vale, cariño...−se burló y apagó la luz de su área de trabajo.

Ni siquiera se molestó en limpiar o cerrar la puerta de Sonic con seguro. Solo avanzo hasta la salida y salió sin despedirse siquiera. Por su parte, Silver solo frunció el ceño ante tal falta de cortesía y regresó donde Cream quien le esperaba pensativa.

−Esa chica necesita modales−comentó el albino al salir del edificio.

Cream tan solo asintió, no le gustaba meterse en polémicas, mucho menos tratándose de esa joven quien no era alguien a quien tuviera en alta estima.

Mucho podía decirse de Fiona; demasiados rumores y cosas que una chica −Según los estándares de Cream− no debía hacer.

A sus oídos el rumor de que la pelirroja tenía amoríos con el joven Sonic le incomodaban en demasía. Sobretodo tomando en cuenta de que el cobalto tenía una pareja y que dichos encuentros no poseían nada de discreción.

Mucho había escuchado de la boca de Fiona sobre dichos encuentros y otras tantas de cuchicheos en la hora del almuerzo. Fuere como fuere, no le parecía correcto y había preferido mantenerse completamente ajena a esos chismes y problemas.

−Muy bien Cream, que pases una linda noche−se despidió el joven y emprendió la caminata hasta su auto.

De reojo observó a la chica caminar a la parada de autobús y la idea de ofrecerse un aventón surgió en su mente. Encendió el auto y luego de dar una vuelta, aparcó frente a ella y bajó el vidrio del copiloto para sorpresa de ella.

−No me gustaría sonar atrevido pero me sentiría mucho más cómodo sabiendo que ya estás en tu casa en menos tiempo−le dijo sonriéndole tranquilamente y ella se negó casi al instante−No es ninguna molestia, de verdad−.

Cream sabía que subir al autobús le tomaría una hora y media para llegar hasta su hogar; y aunque no negaría que le parecía un gesto muy amable de parte del joven Silver, sentía una ligera incomodidad de compartir un mismo espacio.

No lo consideraba un mal sujeto, tampoco creía que pudiese hacerle algún tipo de daño, sino más bien lo suyo era algo meramente hormonal.

No le enorgullecía, de hecho; se sentía bastante apenada por ello. Considerar al joven Silver como el hombre más guapo que sus ojos hubiesen visto le ponía los bellos de punta y hacía su corazón latir con rapidez.

Tenía un enamoramiento inocente y platónico con el albino y aunque sabía que nada ocurriría entre uno de los socios de su jefa, no podía evitar sentirse deslumbrada por él. Le gustaba, era guapo, lindo, considerado y sumamente caballeroso. Y el que estuviese ofreciéndose a llevarla a casa no hacía sino aumentar sus sueños de chiquilla enamorada.

−Joven, yo no...−

−No es molestia, insisto−Le abrió la puerta y ella no tuvo más remedio que entrar−Además, creo que tu madre se sentiría más tranquila, ¿no crees?−.

No pudo responder; las palabras se atoraron en su boca y las mariposas en su estómago revolotearon con mucha más fuerza de la usual. Para fortuna de la chica, Silver no pareció notar su evidente nerviosismo. En vez de eso encendió la radio para sintonizar una estación de música pop y hacer más corto el recorrido.

−Es una linda noche, ¿no crees?−había querido deshacerse de toda la negatividad que trajo consigo durante gran parte de su día, hablar con Cream le ayudaba a mantenerse tranquilo.

O más bien, intentar hablar con ella porque pocas eran las palabras que salían por su boca. Quizá se sentía incómoda por el modo en que había decidido abordarla.

Tal vez pensaba que era una especie de pervertido o algo similar y en cualquier momento bajaría del auto y llamaría a la policía.

Miró de soslayo a la chica quien mantenía la mirada fija al frente, los hombros tensos y apretaba fuertemente el doblez de su falda color beige.

Sí, estaba muy incómoda.

Deseó abofetearse a si mismo ante tal acto tan estúpido de su parte y se apresuró a intentar disculparse con la chica.

−Oh Cream, ¡lo siento tanto! No era mi intención incomodarte ni nada por el estilo−se disculpo−es solo que he tenido un largo día y creí que un poco de compañía nos haría bien a los dos, es decir, a mí me gusta charlar y bueno, creo que viajar en un autobús a estas horas no es algo seguro para una jovencita−trato de excusarse.

Ella le miró unos segundos y tras serenarse, le respondió.

−Estoy bien, no se preocupe−respondió apenada−Es solo que soy muy cohibida algunas veces−aseguró.

Más tranquilo, Silver se permitió suspirar con tranquilidad.

Le gustaba tener con quien conversar; en general siempre era un ávido conversador. Disfrutaba hablar de prácticamente cualquier cosa, aunque últimamente no había tenido la manera de hacerlo. Durante el trayecto hablaron del clima, sobre Chaos y trivialidades que lograron hacer el viaje mucho más corto de lo que hubiese esperado.

Frente a la vivienda de la chica, se despidió de ella con una sonrisa.

−Que tengas linda noche, Cream−se despidió amable como era su costumbre.

De camino a casa, el sonido de su celular le hizo detenerse a medio trayecto.

−¿Aló?−.

Silver−la voz de Blaze sonaba ligeramente aturdida−¿Dónde estás?−.

No respondió al instante; se tomó el tiempo de analizar el tono en que ella le hablaba y a juzgar por la lentitud con la que le hablaba, podría jurar que estaba ebria.

−Voy camino a mi casa−respondió con simpleza−¿Necesitas algo?−.

A ti...

Mentiría vilmente si dijese que esa frase tuvo el efecto esperado.

Era hasta cierto punto incómodo tener que recordar el encuentro del día anterior. Se sentía culpable por ello. Y aún sabiendo que quizá era su orgullo herido el que estaba resistiéndose al cariño de la chica.

−No creo que sea buena idea−.

Estaba intentando ser frío y distante y para su sorpresa le estaba costando mucho menos trabajo del que hubiese pensado. Blaze por su lado pareció notarlo también. No iba admitir que se sintió levemente ofendida ante el evidente rechazo que estaba recibiendo del chico.

En todos los años que tenían de conocerse, jamás le había visto o sentido actuar de ese modo; se sentía genuinamente sorprendida ante la actitud que estaba tomando y una punzada de culpabilidad le recorrió desde lo más profundo de su ser. Quizá le sería muy difícil recuperar la confianza de Silver y todo lo que habían construido juntos.

Pero debía esforzarse y tratar de enmendar las cosas, si de algo tenía certeza en la vida era que el amor que Silver profesaba por ella nada ni nadie podría cambiarlo.

Así de segura estaba de los sentimientos del chico.

Silver−su tono levemente seductor cambio a uno más lastimero−Quisiera invitarte a cenar, ver una película y pasar un buen rato juntos... ¿Qué te parece?−Propuso con coquetería.

No era su estilo, debía admitirlo.

Jamás en todos los años que tenían de conocerse había sido ella quien tomase la iniciativa de algo en su relación; usualmente era él quien se encargaba de esas interacciones y no le molestaba. Era el quien recordaba las fechas, los aniversarios y quien se encargaba de las salidas "espontáneas" y regalos bonitos.

No había tenido que pensar en nada, salvo calmar ocasionalmente los ímpetus sexuales del muchacho de ámbar en los ojos.

Nunca lo considero como un problema; si bien era más que obvio que era una rutina que tarde o temprano terminaría por desgastarse, no creyó necesario aplicar más esfuerzo del debido ante esto.

Estaba tan concentrada con su carrera y sus intereses personales que ya ni siquiera había necesidad de pensar en una excusa para justificar su falta de interés.

Trabajar hasta tarde y llenarse hasta el hartazgo de los problemas legales de los demás le mantenía en una burbuja de tranquilidad en la que sólo debía preocuparse por ello y al parecer Silver estaba bastante conforme con eso.

Era una vida aburrida, no iba a negarlo. Pero, ¿eso estaba tan mal? Lo había considerado tantas veces, la rutina había matado cualquier atisbo de interés por parte de ella y cuando Sonic y sus chistes de mal gusto llegaron a su vida nuevamente todo pareció cobrar un sentido distinto.

Como si las fuerzas y los ánimos de vivir regresaran a su sistema y el ímpetu de experimentar su sexualidad creció hasta el cielo.

Sólo de pensarlo se sentía verdaderamente avergonzada; si bien había conseguido recobrar la emoción que creía perdida, ahora entendía que no valía la pena dejar su estabilidad por la calentura del momento.

−Silver, sé que estás molesto conmigo−el efecto del alcohol en sus venas le permitía expresarse con mayor facilidad−Y lo entiendo perfectamente−tomó una bocanada de aire, buscando las palabras adecuadas para su expresión−Pero me gustaría enmendar mi error−.

Enmendar...

¿Así de simple se podían solucionar los problemas? Por mucho tiempo creyó que una disculpa era suficiente para borrar el dolor que había en su corazón, pero esta vez sabía que no era una de esas veces.

Las disculpas no se llevarían su dolor, ni tampoco borrarían las palabras que ella utilizó esa noche para ofenderle.

Sencillamente las disculpas no iban a solucionar nada. Y si la amaba o no, no bastaba para enmendar las cosas.

−Sólo déjame compensarte−ella le pidió y la punzada en su pecho se intensificó.

Quería creerle, de verdad quería creer sus palabras y dejar que las cosas volvieran a la normalidad.

Lastimosamente no se sentía preparado para ello...

−Blaze−tenía la vista al frente, mientras que su mano libre se aferraba al volante intentando contener sus emociones−Hablamos otro día, ¿sí?−musitó poco antes de colgar sin permitirle a la chica replicar.

Sentía ese deseo inherente de llorar de amargura y soledad. Sabía que su alma pedía a gritos soltar esos sentimientos tan amargos, aunque ninguna gota cayó por sus orbes.

Era extraño; tenía esa sensación cubriéndole y aún así no podía derramar las lágrimas que tanto necesitaba.

¿Se estaba volviendo loco?

Quizá sí, era una posibilidad...


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−Jefe−la voz de su mano derecha le llamó desde fuera de su oficina y el solo pudo hacer una mueca de fastidio y desagrado−Jefe por favor abra la puerta−.

No estaba de ánimo para ver a nadie. Sólo quería desaparecer y que los gusanos se comieran sus restos.

Ese bastardo...

El muy hijo de perra seguía burlándose en su cara; seguía menospreciando sus sentimientos y tratándole como si él no valiese nada.

Como si fuese una basura, un trozo de mierda que no valía ni su tiempo ni una mísera parte de su amor.

Recostado en un rincón las lágrimas corrían libres por sus mejillas. Tenía los ojos rojos y los fluidos corrían libres por sus fosas nasales.

Estaba destrozado...

Molesto con la vida, con Shadow, con todo. ¿Por qué él? ¿Qué había hecho de malo? Muchas preguntas golpeaban su mente y las acciones que le habían llevado hasta dónde estaba ahora no hicieron sino aumentar su suplicio.

Había estado enamorado de ese fantoche desde mucho antes de que pudiese entender que era lo que sentía y aunque por años se había negado a sí mismo que dicha posibilidad fuese real, aún así se mantuvo leal y servicial para el heredero de Mephiles. Había estado a su lado siempre, cuando las cosas se pusieron difíciles, cuando toco fondo e inclusive cuando el muy cabrón ni siquiera le quería cerca.

Era incondicional...

−Jefe, por favor...−Storm continuaba insistiendo en ayudarle cuando ni siquiera entendía que era lo que estaba pasando.

Nadie podía entender su dolor

Porque ni siquiera el mismo sabía que había en Shadow The Hedgehog que le volvía dependiente a él. Nunca hubo nada, ni un solo indicio, nada que pudiese prestarse a malas interpretaciones y pensar que había una posibilidad.

Ni un sola...

Entonces, ¿Qué había en él para ponerle así? Era su obsesión; lo primero que pensaba al despertar y lo último al soñar. Él único ser vivo que realmente le importaba y aún así no parecía importarle nada más. Él solo era su empleado y nada más. El idiota que recogía su basura y poco más que un conocido y ya.

El tipo con el que se drogaba en su juventud, el mismo sujeto con el que pasaba horas sintiéndose miserable y desolado. Porque sí, en algún punto de la vida ellos de verdad coincidieron y Jet supo que había alguien más en el mundo que entendía el sentimiento de rechazo y tristeza. Cuando Shadow apareció en su vida le otorgó un sentido de pertenencia que no pudo explicar.

Pero se sentía tan bien...

Había alguien más que entendía por lo que estaba pasando y en el fondo, le gustaba. Era embriagante tener con quien sentirse miserable.

Y con el tiempo, eso se intensificó.

A medida que sus interacciones iban en aumento, también crecía esa sensación de comodidad y tranquilidad al estar al lado del moreno. Fue con Shadow con quien tomó su primera cerveza y con quien fumó su primer cigarrillo. Aunque ahora pensar en ello le pareciera muy estúpido y masoquista, anhelaba aquellos tiempos.

Podía escuchar a Storm insistirle mientras golpeaba la puerta, pero prefirió ignorarlo y seguir hundiéndose en su propio dolor.

Le había tomado más de 10 años entender que ni siquiera volviendo a nacer lograría que Shadow le correspondiera.

Y eso quemaba.

Ni todo el alcohol que su sistema pudiese soportar borraría esa sensación. Ya no había más que hacer, ya no tenía sentido seguir aferrándose a algo que no tenía razón de ser.

Era momento de seguir...


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El ambiente de hostilidad que se formó entre ambos masculinos era tan denso, que incluso alguien tan sereno y apacible como lo era Mighty creyó que tendría que golpear a ese presuntuoso y petulante sujeto.

No tenía porque darle ninguna explicación de su relación o intenciones con Amy, porque pese a que tenía un interés genuinamente romántico hacía ella, ante todo era su amiga y no haría ni diría nada a menos que ella mostrase señales de estar interesada del mismo modo en él.

Y no era que fuese un cobarde o algo por el estilo, solo quería estar seguro de que si las cosas se tornasen serias, iba a funcionar. Odiaría el hecho de confesar sus intenciones y que ella le evitase a toda costa.

Era su amiga antes que todo y sólo quería que ella fuese feliz.

Pero ese tal Shadow...

Dios, no entendía como Amy podía ser amiga de un sujeto tan desagradable.

Ambos mantenían un silencio incómodo, Shadow mantenía los brazos cruzados y su mirada parecía enfocarse en alguno de los letreros para informar sobre el cáncer.

−Familiares de Amelia Rose−Habló la recepcionista de pronto y ambos avanzaron con pasos rápidos hasta ella−La señorita a despertado−les informó llenando algunas cuantas hojas frente a ella−El doctor Towers necesita hablar con alguno de ustedes−.

Ambos se miraron unos cuantos segundos decidiendo silenciosamente quien era quien debía entrar a verla y quien debía ir con el médico.

−Por mucho que me moleste no ser de utilidad, me temo que tú estás mucho más actualizado con respecto a su salud−Fue Mighty quien hablo y para pesar de Shadow, tenía razón.

Se chupó los dientes en señal de indiferencia y caminó en dirección del cubículo que le fue indicado por la enfermera.

Al llegar a su destino llamó a la puerta ligeramente ansioso.

−Adelante−Escucho del otro lado de la puerta y la abrió con cuidado. Frente a él un sujeto de mediana edad y bata blanca escribía en una libreta−¿Familiar de Amelia Rose?−le preguntó sin mirarle.

Tomó asiento y asintió con la cabeza.

−Soy el Doctor Towers−le tendió la mano y se presentó con cortesía y formalidad−El médico de Amelia y me gustaría hacerle unas cuantas preguntas−.

Se limitó a asentir en modo afirmativo y espero a que el médico iniciara su discurso; ya se sabía todo el protocolo y formalismo que le precedía a las malas noticias, ya había pasado por esto tantas veces que hasta parecía un mal chiste.

Uno de muy mal gusto, para su parecer.

−La señorita Rose ha estado bajo tratamiento psicológico según su expediente médico−Habló y eso captó poderosamente su atención−Entiendo que fue diagnosticada con estrés postraumático y ansiedad social−El tipo le explica sintomatología y demás aspectos clínicos que no entendía ni un carajo−Y entiendo que haya dejado el tratamiento a la mitad debido a una aparente mejoría−el tipo tenía unas hojas en la mano que le tendió−Pero me temo que lo que su... ¿esposa?−No negó tal afirmación− Ha sufrido un ataque de ansiedad−Fue su respuesta y para Shadow ninguna de las palabras expresadas por el tipo parecían tener sentido.

Desconocía por completo esa faceta en Rose y todo lo que conllevaba el tratamiento y posteriores síntomas; si bien entendía que era lo que representaba y podía hacerse una idea de todo lo que podría traer consigo, no entendía ni le era posible asociar algo como eso con Amy Rose.

Era posible sí, pero aún así no terminaba de creerlo.

¿Qué podía haberla dañado tanto para que estuviese presentando esos síntomas? Y lo más importante, ¿Qué estaba sucediendo en ese momento para ponerla de ese modo? Había ojeado aquellos papeles con el expediente clínico de la chica y representaban que el tratamiento lo había llevado dos años atrás.

De pronto la idea de ser un imbécil no le parecía tan descabellada, ni tampoco el que el idiota del Faker le hubiese acusado de nunca haber estado para ella. ¿A eso se refería? ¿Era por esto que ambos compartían un "vínculo"? Muchas interrogantes golpeaban sus pensamientos, pero no era el lugar ni el momento para pensar en ello, lo importante ahora era comprobar que Rose estuviese bien.

−Entiendo−Fue su única respuesta y el Doctor no pareció sorprendido ante ello.

−La joven necesita un periodo de descanso, alejada de las situaciones que pueden ser estresantes para ella, buscar un método para canalizar sus emociones, o incluso considerar la idea de retomar su tratamiento−.

−¿De qué clase de tratamiento estamos hablando?−

−Al ser la señorita Rose una paciente con evidente tendencia a presentar episodios de pánico, mi recomendación sería comenzar una nueva terapia para determinar que es lo que está causándole tanto estrés−.

Tenía sentido, aunque no terminaba de comprender que era lo que ese sujeto le estaba explicando.

El ser consciente de lo que estaba sucediendo con ella no hizo sino aumentar el grado de culpabilidad que ya le albergaba con anterioridad.

Si necesitaba otro motivo para creer que no merecia la atención de Amelia Rose, con ese diagnostico se lo reestregaba en la cara por completo.

−Lo ideal sería que descanse y tenga y recupere energía−El doctor tomó una hoja de recetario y anotó algunas indicaciones en ella−Gracias por su atención−.

Salió de aquel consultorio con más dudas que respuestas; ¿de verdad estaba sucediendo esto?

Avanzó hasta la recepionista con pasos lentos y preguntó por la habitación de Rose. Quería mantenerse sereno y tranquilo pero era demasiada información que asimilar.

Frente a la puerta con el número 2B, abrió la puerta con cuidado y en la habitación ya hacía Rose recostada en una de esas camillas de hospital cubierta con una fea bata y con el hippie sosteniendo su mano.

Ambos le dirigieron una leve mirada y el rostro de Amy los restos de lágrimas eran mas que evidentes.

Abrió la boca para pronunciarse al respecto; aunque las palabras se atoraron su garganta y no se sintió capaz de decir algo coherente.

Sólo pudo atinar a contemplar aquella escena frente a él con una sensación recorrer su interior.

−Todo estará bien, Rossy−seguía tratando de consolarla el sujeto y ella luchaba por no llorar−¿Qué te parece si vamos por un helado cuando te sientas más recuperada?−.

Amy, quien hasta ese momento se había mantenido en silencio dirigió su mirada hasta el moreno y la expresión en su rostro cambió.

Parecía genuinamente sorprendida de su presencia ahí y no hizo falta que emitiese alguna palabra para que él supiese que quería decirle.

−El hospital me llamó−Le aclaro de una y ella relajó el rostro.

Ahora que se permitía observarla con mayor detalle podía notar los vestigios de lágrimas sobre sus mejillas y como sus ojos estaban hinchados y sus pómulos parecían haber recibido un golpe contundente.

Fuera de esos minúsculos detalles −Que de minúsculos no tenían nada, pero no se podía quejar− ella parecía estar bien.

−Me alegra que estés bien−Mighty habló una vez más−Pero me temo que debo irme, mi trabajo me espera y ya no puedo retrasarlo más−acarició ambos mofletes en la rosada−Avísame cuando te den el alta, ¿sí?−Pidió al despedirse con beso tímido en la frente y una mirada hostil para Shadow después.

A solas, ambos se observaron en un silencio incómodo que ninguno supo como romper. Shadow tenía muchas preguntas dándole vueltas en la mente, clamando por salir y que éstas fuesen aclaradas por ella.

Quería saber que había pasado, se moría por saberlo y calmar sus inquietudes, pero sabía, por lo poco que había entendido del médico que no debía someterla a alguna clase de estrés.

Debía aguardar el momento adecuado para obtener respuestas. Ahora lo importante era lograr que ella se sintiese mejor.

−Señorita Rose−la enfermera irrumpió en la habitación para sorpresa de ambos−debo tomarle unas cuantas muestras, revisar sus funciones y ver como ha reaccionado su cuerpo a los calmantes−le explico y ella solo se limitó a asentir.

Tímidamente permitió que la mujer comenzara con aquellos procedimientos; revisando sus ojos, sus oídos entre otras partes. Cuando termino con eso, extrajo algunos tubos con su sangre y se retiro de la habitación.

Ligeramente mareada debido a la sangre que le fue extraída, Amy se recostó de espalda a Shadow. La bata de hospital cubría escasamente algunas partes de su cuerpo y para desfortuna de la joven una parte de su espalda baja quedó al descubierto.

Bajo la atenta mirada del heredero de Mephiles, Amy Rose sintió como las fuerzas se le iban y una pregunta directa y contundente resonó en su cabeza.

−¿Quién carajo te ha hecho eso, Rose?−No pudo evitar sonar rudo y directo, frente a él estaban las marcas de lo que pudo interpretar como latigazos en la espalda de la chica−¿Quién te hizo eso?−Pregunto de nuevo y ella y se giró tratando de cubrirlo.

−No es nada−aseguró−No tiene importancia−.

Nada...

¿Cuántas veces se había dicho así mismo esa frase a lo largo de su vida? ¡Claro que había algo! El mejor que nadie conocía las marcas, las cicatrices que los golpes dejan en la piel.

Y esas marcas no eran sino la prueba contundente de que alguien se había atrevido a hacerle daño a Rose.

Deseó poder alzar la voz y obtener el nombre del malnacido que se había atrevido a causarle eso, pero la expresión de terror en el rostro de la chica le obligó a callar.

Abrazada a sus rodillas, Amy sintió como las ganas de llorar volvían a ella y los recuerdos de esas noches de dolor llegaban una vez más.

−Hija de perra−Vociferó iracundo el sujeto y en su mano tenía el cinturón recién quitado de sus pantalones−Ven a aquí maldita zorra, no vas a escapar de mí−Corría detrás de ella dispuesto a golpearla.

Lágrimas corrían por sus mejillas y la sensación de desesperación era tal, que ya no sabía dónde debía ocultarse.

El la iba a encontrar...

−Rose−

La vívida sensación recorría su carne nuevamente; un golpe, luego otro, mientras el aroma a cigarrillo le daba directo a la cara.

−¡ROSE!−Shadow la sujeto por los hombros y sus ojos llenos de preocupación le trajeron a la realidad.

Estaba llorando, estaba destruida y sin ánimos de vivir.

Tan patética y poca cosa...

−Todo estará bien, tranquila−le acariciaba la cabeza con suma delicadeza, susurrando a su oído−Tranquila Rose... tranquila−.

Y aunque no podía dejar de llorar, estar en los brazos de Shadow le hacía sentir un poco mejor.


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−Creo que no estoy entendiendo, Sonic−Sally parecía incrédula y sorprendida−¿Shadow... es... es tu pariente?−Quiso reafirmar que había entendido correctamente lo dicho por el cobalto.

Sonic asintió.

−Shadow es mi medio hermano mayor−Confesó y algo en su interior pareció liberar un poco de tensión.

Decir abiertamente su parentesco con Shadow si bien, puede que no viniese del todo al caso con respecto a Sally y todo lo que estaban hablando con anterioridad, sentirse libre de uno de los tantos secretos que había ocultado por años le hacía sentir bien.

−De acuerdo, me has sorprendido esta vez−Sally parecía levemente incrédula ante sus palabras−Pero supongo que tiene sentido, siempre creí que ustedes dos eran demasiado parecidos para ser coincidencia−.

Omitiendo el hecho de que nunca le gustó ser comparado con el emo, Sonic suspiró.

−Sea como sea, el asunto es que Shadow va a matarme si no encuentro una solución pronto−.

Era algo difícil, pero no imposible. Acorn era una mujer de negocios con un máster en administración y sabía a la perfección que debía haber alguna forma de enmendar la situación.

−Necesito que me des las contraseñas de todas las cuentas importantes con las que manejes tu información personal, como la app del banco, alguna página donde hagas compras online, todo eso−.

Meditó unos momentos la petición de la chica haciendo memoria de todos sus datos.

−Ten−le tendió su teléfono sin más−Ahí está todo lo que tengo, sino lo encuentras ahí, no existe−.

Era irónico como durante años había estado evitando a toda costa que ella tuviese acceso a su teléfono y ahora era el mismo quien le daba toda la libertad de hurgar todo cuanto quisiese.

De cuando en cuando podía observarla fruncir el ceño, quizá debía leer alguno que otro mensaje subido de tono.

Nada nuevo, nada que ella no supiera ya.

−Eres un sucio, Blue−se quejó−Y muy idiota, ¿quién carajo compra en Black Market?−ironizó la chica−No me sorprende que te hayan robado tanto dinero, esos tipos buscan cualquier forma de clonar tu tarjeta de crédito y robarte todo lo que puedan−.

Black Market...

No recordaba haber usado esa aplicación.

−Yo no...−Sally hurgaba en sus cuentas y el seguía sin recordar de dónde había salido esa aplicación−Debió ser un virus−Supuso después.

Entre más hurgaba, mas cosas de las que no tenía idea estaban instaladas en su teléfono, inclusive una aplicación con la cual rastreaban su ubicación estaba oculta tras el emoticono de la calculadora.

−Parece que alguna de tus zorras te tiene bien vigilado−Ironizó mientras el devolvía su teléfono−Me temo que no hay mucho que pueda hacer por ti en estas instancias, tal vez deberías llamar a Tails y que el se encargue de este asunto−.

Debía concederle por completo la razón; el genio de las computadoras y sistemas era el jovencito y si alguien podía descubrir quien había instalado todo eso en su teléfono era él.

−Gracias Sally−La ayuda que la chica le había proporcionado aunque en teoría era poca, era sumamente significativa.

A el jamás le hubiese pasado por la mente algo así.

Si lo pensaba con detenimiento el ni siquiera se hacía cargo de sus cuentas. Era Fiona quien siempre hacía los pagos de todo lo que debía comprar y pagar.

−Ay Blue... ¿Qué sería de ti sin mí?−Lo codeó, animosa y ambos se sonrieron, con complicidad−Te quiero Blue, espero que todo se resuelva−lo abrazo, con cariño−Y espero que pronto me digas que Amy y tu están saliendo−susurro a su oído divertida.

Amy...

−No sé si eso sea posible−Respondió−Amy y yo sólo somos amigos, no hay nada más que eso entre nosotros−.

Si, eran amigos que se besaban y que estuvieron a punto de tener relaciones, pero nada tenía que ver una cosa con la otra. Eran amigos y ya.

−¡Amigos mi trasero!−Ella no se iba a tragar ese cuento, podía sentir esa tensión tan característica de cuando alguien está interesado en alguien más−Ella te gusta, Blue−.

No tenía la menor duda de ello y sabía que no podía convencerla de lo contrario.

¿Podía Sally tener razón y el de verdad sentía algo más que cariño de amigos por Amy?

Podía ser posible...

Quizá, tan sólo quizá sentía algo por ella. Aunque no era momento de pensar en ello, al menos no por ahora.

Ya solucionaría el asunto con Amy cuando le viese, ahora debía llamar a Tails y esperar noticias de Knuckles.


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Cuando el alcohol se terminó y sus ojos se quedaron sin más lágrimas que derramar la sensación de ahogo invadió su pecho.

Estaba solo; desolado y con la certeza de que todo lo que pudo imaginar en algún momento durante su insignificante vida no podría ser. No era un secreto que todo le sabía a mierda.

Desde que nació las cosas pintaban para ser una basura; su padre era un asqueroso abusador quien había ultrajado a su madre a la edad de quince años y la pobre se vio obligada a cargar en su vientre con su asquerosa existencia.

Aunque no todo fue tan malo, después de darle a luz le dio en adopción y pasó la mitad de su vida en un orfanato; la otra mitad la había vivido en hogares de acogida en donde no solía durar más de dos semanas dado a que siempre terminaba metiéndose en problemas.

Siempre fue un niño impetuoso, dispuesto a buscar la manera de sobresalir y conseguir lo que sus ambiciones le exigiesen. Le gustaba el dinero y a una corta edad aprendió que su estadía con aquellas familias tenía fecha de caducidad y algún punto tendría que valerse por sí mismo.

Incontables fueron los problemas que su necesidad de conseguir dinero le causó; el repudio de los adultos quienes le consideraban un niño revoltoso y sin escrúpulos y los otros infantes solían huir de él por temor a perder su escaso dinero.

Con el tiempo y tras el rechazo que genera entre aquellos con quienes convivía, aprendió a que debía conseguir las cosas de mala manera.

A los 10 años ya era un experto en el fino arte de hurtar, incluso podía jactarse de ello de vez en cuando.

Aunque como cabría esperar; el rechazo fue cada vez mucho más marcado, eso sumado al hecho de que al llegar su adolescencia hubieron ciertos cambios. Pequeños detalles que había pasado por alto en años anteriores pero que ahora estaban ahí para reafirmarle algo que no entendió ni quiso aceptar.

Fue durante su primer año en secundaria cuando notó ese interés tan particular en los de su mismo sexo. Primero con cosas pequeñas, como los zapatos nuevos, el aroma tan característico que desprendían y cómo podía pasar horas observando sus rostros y no cansarse de ello.

No lo entendió durante esa temporada y pasó bastante tiempo sin siquiera cuestionarse el porqué. Durante algún tiempo consideró que todo ese interés simplemente era fruto de sus años de aislamiento social y que esa etapa eventualmente terminaría por pasar.

Veía a sus demás compañeros interesarse en las chicas, hablar de sexo y como se interesaban en las féminas de muchas formas.

El por su lado, las notaba, sí. Podía verlas y decir abiertamente que eran lindas −algunas− Y como otras no le parecían tan agraciadas. Pero, fuera de ello ninguna despertaba un interés particular en él.

Al segundo año; cuando las cosas con las chicas pasaron a un segundo plano, fueron sus congéneres quienes terminaron de poner sus ideas de cabeza.

−¿Entonces eres gay?−Le preguntó uno de sus compañeros y solo pudo negar−Yo creo que si lo eres−El tono de burla fue en aumento−Eres de los que les gusta la verga−El muchacho vulgar llamó la atención de todos quienes les rodeaban−JET SE LA COME ENTERA−Gritó para que aquellos que no entendieron se unieran a la burla.

De nada sirvió negar aquellas acusaciones, ninguno de esos sujetos estaba interesado en entender de razones, el solo era su nueva burla y poco a poco toda la escuela comenzó a llamarle con apodos hirientes referentes a su "sexualidad".

Gay, gay, gay.

Todos se burlaban, todos juzgaban y si en algún punto tuvo la esperanza de ser aceptado todo se fue al cuerno. Ya le rechazaban por su historial de hurtos y ahora le estaban rechazando por algo que no terminaba de comprender.

¿Por qué era malo que le gustasen los chicos?

Ni siquiera le había dado tiempo a cuestionar, todos habían tomado como una verdad absoluta y a nadie parecía extrañarle dicha situación.

Todos encontraban comiquísimo dejarle papeles con obscenidades escritas en su casillero, fotografías indebidas y recortes de periódicos pegadas en su asiento en el aula, además de llenar su escritorio con un líquido blanquizco en más de una oportunidad.

Años difíciles; en donde las "bromas" fueron en aumento y al llegar a la preparatoria, dónde sus esperanzas de ser alguien "invisible" para el ojo público se vieron obstruidas por la reputación que traía a cuestas.

Ya todos parecían conocerle como el sopla pitos ejemplar. Habladurías que eventualmente termino por escuchar; como la que decía que había dormido con quince hombres a la vez.

No entendía como eso podía ser mortalmente posible pero nadie lo ponía en duda.

Los insultos eventualmente pasaron a las agresiones físicas, en las que diariamente terminaba golpeado y magullado mientras caminaba por los pasillos, cuando comía su almuerzo o simplemente cuando estaba sentado en su asiento.

Era el saco de boxeo de muchos en la escuela; se deleitaban golpeando y siendo un huérfano sin aspiraciones tampoco es como que pudiese pedirle ayuda a la pareja de ancianos que estaban bajo su cuidado en ese tiempo.

Diariamente durante todo el ciclo escolar su vida se sumergió en un ciclo de maltratos y humillaciones tan constantes que perdió la motivación de intentar defenderse.

Estaba tan cansado de la situación que solo se dejo ser. Llegó ese punto en dónde los golpes dejaron de doler y los insultos de importar. Había tocado un espiral de apatía y desinterés tal, que la vida ya no tenía ningún sentido.

¿Qué caso tenía vivir si sólo había dolor y desgracias?

Fue esa tarde luego de salir de las clases habituales cuando tomó la decisión de acabar con todo. Quería morir ahí y no había ninguna razón por la cual no hacerlo.

Iba a saltar, iba a estrellarse contra el pavimento y todo acabaría al fin.

Iba a terminar con todo de no ser por Shadow...

Shadow y su boca floja lo habían convencido de que morir no era la opción. Fue en ese preciso instante en donde todo encajó; al fin después de tanto tiempo alguien hablaba con él y no había ningún insulto entre oraciones, ningún doble sentido ni miradas de asco o consternación.

Shadow le hablaba y no había ninguna intención detrás.

Supo entonces que había ganado un amigo, un compañero y una motivación para que su vida no fuera tan mierda como lo había sido hasta el momento. Con Shadow había aprendido muchas de las cosas que servirían en su vida adulta, como el sexo, el alcohol y cuidarse el trasero.

Fue con el moreno con quien bebió su primer cerveza, con quien fumó el primero de muchos cigarrillos y quien le acompañó a su primer salida a un bar. Shadow le hizo crecer.

Y no solo para vicios y malas conductas; fue Shadow quien estuvo presente en su graduación y quien le ayudó cuando la tutela terminó y debió buscar un trabajo con el cual mantenerse.

Le debía tanto...

Y aún así la sensación de desolación en su interior no desaparecía. ¿Por qué el? ¿Qué le faltaba? Se lamentaba recostado en el suelo mientras la cabeza le daba vueltas y las ganas de llorar volvían a él.

Shadow no le amaba eso lo sabía. No era un idiota, había aprendido que sus sentimientos no serían correspondidos, pero aún así no dejaba de doler. El muy hijo de puta tenía que ser tan cruel...

Menospreciando sus sentimientos y sus fantasías más profundas con su jodida indiferencia. Para Shadow el solo era un peón en su tablero de ajedrez y durante mucho tiempo no fue algo que le preocupara.

Pero ahora, en ese estado tan deplorable ya había decidido que tenía suficiente. Tanto dolor y desprecio debía terminar. El amor y devoción que sentía por ese bastardo se terminaría aquí y ahora.


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Durante mucho tiempo había evitado de todas las formas en que le fue posible la posibilidad de que alguien se enterase de su tratamiento. Había decidido que no quería que sus amigos ni su familia descubriese ese detalle en su vida, porque no deseaba preocuparlos.

No quería que le vieran con lástima como la chica que no podía defenderse. La Amy que todos conocían podía patear traseros y jamás dejaría que nada ni nadie le pusiese un dedo encima.

Pero no era verdad, ella era un fraude.

Habían maltratado su cuerpo, su autoestima y todo lo que ella creía como verdad. Su expareja se había encargado de destruir a Amelia Elizabeth Rose y solo quedaba un cascaron vacío con el cual luchaba por mantener unido a pedazos.

La terapia había ayudado sí, después de que Sonic le convenciera de levantar la denuncia y el juez dictase prisión para su expareja el proceso de sanación había sido lento y tortuoso.

Noches sin dormir y pocos deseos de vivir le acompañaron durante meses. Incluso de vez en cuando se sentía insignificante.

Aunque la terapia le había devuelto algunas de las cosas que creía perdidas, en el fondo seguía negándose a la posibilidad de entablar una relación.

No lo negaría, muchos eran los hombres que se había acercado y a todos los había terminado rechazando y rehuyendo ante la idea de iniciar algo con quien fuese.

Rouge lo decía una y otra vez; que debía darse una oportunidad, salir y conocer a alguien que llenase sus vacíos y complementara su vida, pero seguía negándose a la idea.

Tenía miedo...

Le daba miedo que le hirieran nuevamente y por mucho que su cuerpo reclamase interacciones afectivas, era su mente quien se negaba rotundamente a la idea.

Aquella noche en que sus ideas se ordenaron de una manera tan tonta y creyó que un bebé sería la solución a sus problemas, por primera vez en mucho tiempo se permitió pensar en un hombre otra vez.

Aunque aquellos en quienes pensaba tenían algún punto que le imposibilitaba cumplir su cometido, de verdad fue agradable compartir tiempo con sus amigos como antes.

Fue divertido viajar con Silver, fue lindo salir a cenar con Shadow y fue excitante besar a Sonic y casi tener sexo con él.

Y aunque en un inicio no quería que sus interacciones se tornaran bajo ningún contexto remotamente afectivas, todo este cúmulo de sentimientos ya estaban cuesta abajo y solo fue cuestión de tiempo para que todo viniera sobre sus hombros.

Shadow le miraba expectante, dándole su espacio para permitirle tranquilizarse y pensara en aclarar sus ideas.

Su rostro preocupado le indicaba lo difícil que era para el no presionarla para obtener respuestas.

Shadow era alguien muy necio y terco, pero en el fondo y con los años de conocerse no le cabía la menor duda de que podía confiarle lo que fuese, aún después de lo raro que se habían tornado las cosas entre ambos durante los últimos días.

Su amistad era importante y pese a que no sabía que rayos pasaba por la mente del joven, creyó prudente liberar un poco de información para la salud mental de ambos.

Suspiró...

Sería una historia muy larga y no sabía cómo el reaccionaría ante esto.

−Shadow yo...−Las palabras se le atoraron en el pecho y las ganas de llorar le invadieron otra vez.

−No es el momento, Amy−La calmó y acarició su rostro suavemente−Ya hablaremos después de eso, ahora descansa...−.

Aunque la necesidad de respuestas era latente, que ella estuviese bien era mucho más importante. Verla tan frágil y sensible le provocaba intenciones de querer protegerla y evitar a toda costa que sintiese dolor.

−Gracias por estar aquí, Shad−Agradeció llorosa y le sonrió levemente.

Apreciaba que fuese el quien estuviese acompañándole en un momento así. Sonic intentaría animarla con sus bromas o Silver intentaría distraerla con alguna historia de fantasía y aunque apreciaría ambos gestos, en esos momentos solo quería paz y tranquilidad.

Sensación que solo alguien como Shadow podía brindarle. Alguien que sin palabras podía otorgarle el conforte que su alma necesitaba sin necesidad de expresarlo.

Solo quería tener compañía y ya.

Con Shadow ahí se sentía segura y eso estaba bien. Un leve bostezo invadió su rostro; estaba tan cansada que no pudo evitar bostezar una segunda ocasión.

−Duerme−Le dijo y le ayudo a recostarse para arroparla después con delicadeza−Voy a estar aquí cuando despiertes, lo prometo−con el dorso su mano acariciaba su mejilla.

Cerro los ojos para dejar que el sueño le invadiera por completo y se durmió.

A solas y en silencio se permitió observarla con esa expresión de tranquilidad en el rostro comprendió que ahora si estaba descansando.

Suspiró aliviado y luego de unos minutos que le parecieron una eternidad tomó su teléfono para distraerse un rato en lo que ella despertaba.

El mensaje que tenía esperándolo en su bandeja de entrada le hizo fruncir ligeramente el ceño.

Era la hermana de Knuckles quien le estaba invitando a salir y tomar una bebida pues vendría a la ciudad a conocer a los bebés.

Esa chica no se cansaba; no estaba para nada interesado en ella, ni en ninguna otra que no fuese Rose. Bloqueó el número de la fémina y revisó sus otros mensajes en búsqueda de algún otro mensaje que hubiese ignorado y el nombre de Jet salió a relucir.

35 mensajes tenía de ese cabeza dura y ninguno estaba bien escrito. Leyó durante un par de minutos el texto buscándole algún sentido o contexto y entre caracteres mezclados pudo descifrar un te amo oculto entre la letanía que había escrito su compinche.

La mueca de incredulidad que se formó en su rostro fue algo que debió ser digno de ser retratado.

Así que aún creía amarle...

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Continuará...

El capítulo de los recuerdos, de los motivos y los porqués... mis sinceras disculpas, me perdí pero ya regresé... dispensen las faltas, tengo 3 días sin dormir.
Se cuidan y muchas gracias por leerme.
Atte.
Gri

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