Que les diga que no me está costando escribir sería mentir... pero sí, tristemente me esta costando mucho sacar cada capítulo básicamente porque no termino de quedar conforme con lo que quiero plasmar... quizá sea muy quisquillosa, quizá no, pero el asunto es que termino escribiendo algo y si no me gusta pum, a empezar otra vez...

Sin mencionar que últimamente he estado particularmente ocupada llena de pendientes, trabajos y otra serie de cuestiones referentes a mi salud que sinceramente me quitan prácticamente todos los ánimos y posibilidades de escribir conforme a la calidad/cantidad que suelo manejar...

De cualquier modo, una disculpa por la demora, los tqm.

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Capítulo Veintiuno
"Cuentas y sentimientos..."


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Después de un rato Rose había logrado dormir nuevamente y se permitió relajarse al fin. El reloj en su muñeca marcaba las 9:30 pm; el tiempo había transcurrido con mucha rapidez.

En silencio y el ir y venir del personal médico poco a poco comenzaba a ser menos frecuente; supuso se debía a que los pacientes —que podían— comenzaban a dormir.

Recostada en la cama Rose tenía esa expresión apacible y llena de calma y tranquilidad.

Le parecía la mujer más hermosa que existencia en ese plano existencial, no tenía duda de ello. Tan frágil y delicada cual Rosa en el jardín, sabía que esa mujer le había vuelto loco y no estaba seguro de querer dejar de estarlo. Aún dormida no perdía ese encanto que le caracterizaba.

Acarició su mejilla con el dorso de su mano y ella dio un leve respingo a causa del contacto. No había despertado, en cambio logro que la joven cambiase de posición dándole la espalda.

Era tan perfecta...

—Me encantas...—Soltó sin pensar acariciando la cabeza de la joven y ella nuevamente se estremeció un poco—Te juro por mi vida que jamás dejaré que nada malo te pase...—susurró, entre suaves caricias.

Porque solo en la complicidad del sueño se sentía capaz de dejar fluir aquellos sentimientos que florecían en su interior.

Era un cobarde en el fondo...

Soltó un leve bostezo debido al cansancio y se encamino hacía la salida en busca de la dichosa máquina de café. Si iba a pasar la noche ahí al menos bebería algo para afrontar los nervios del momento.

Sabía que ella estaba fuera de peligro y que el reposo le ayudaría a salir mañana por la mañana, pero aun así se sentía tan inseguro. Inevitable le resultaba pensar en esa época en dónde prácticamente vivía las 24 horas del día dentro del hospital.

Poco había cambiado desde su última visita a aquel hospital; y era inevitable que María no llegase nuevamente a su mente y la sensación de pesadez se instalara nuevamente en su pecho.

Caminó con pasos lentos hasta la máquina y depositó el billete presionando los botones segundos. Mientras esperaba que el líquido llenase el vaso de unicel que había seleccionado, se permitió echar un vistazo en su teléfono.

Demasiadas llamadas perdidas de ese idiota de Jet y toda su parafernalia de amores sentimentalismos baratos estaban fuera de su interés en ese momento; no tenía tiempo para pensar en ese idiota y sus sandeces de ebrio drogadicto, ya después se encargaría de él y sus crisis existenciales. Abrió su red social predilecta y notó como tenía un mensaje de Rouge indicándole que se comunicase inmediatamente con ella en cuanto leyera el mensaje.

¿Qué podía querer esa loca mujer a esas horas? Dudó un momento en si debía contactarla o no; posiblemente eran tonterías, pero la pequeña posibilidad de que fuese algo más estaba ahí y solo por ello se convenció a si mismo de hacerlo.

Presionó la opción de marcar y esperó un par de segundos a que la fémina atendiese el llamado; dio un trago al café recién servido y una pequeña mueca de desagrado se le formó en el rostro. No le gustaba, simplemente era eso.

Después del quinto tono, la llamada conectó.

AL FIN TE DIGNAS A CONTACTARME, BASTARDO—La voz chillona de Rouge le aturdió unos momentos, haciéndole derramar un poco de café en el proceso—QUIERO QUE ME DIGAS EN ESTE MOMENTO DÓNDE ESTÁ AMY, CABRÓN—Exigió la mujer con su tono demandante de siempre.

Solo por el hecho de que se encontraba en el hospital decidió guardar la compostura y no gritarle a la histérica; tomó una gran bocana de aire tratando de contener la ira y el pequeño ardor instalado entre sus dedos debido al café derramado.

—¿Por qué asumes que yo sé donde está?—Hablo con tono neutro.

No estaba seguro si debía decirle del estado de Rose en ese momento; acababa de tener bebés y conociéndola querría ir a dar al hospital y eso no era lo más conveniente.

Porque siempre que no me atiende el teléfono es porque la tienes haciendo horas extra—Obvio la joven y el llanto de un bebé se escuchó a lo lejos—Como sea, sí está ahí contigo, pásamela... necesito pedirle la receta de ese té que su abuela hace para poder dormir—.

Dubitativo, el moreno suspiró.

—Está ocupada...—Fue su respuesta tan seca como siempre, cosa que a Rouge no le agradó—Está dormida ahora, no puede atenderte—.

Silencio...

SHADOW HIJO DE PERRA, SÍ LE TOCASTE UN CABELLO A MI PEQUEÑA ROSE TE JURO QUE TE MATO, CABRÓN—.

Rió divertido ante lo hilarante que le resultaba que Rouge asumiera que habían pasado el tiempo juntos y que habían llegado a algo sexual; no negaría que si se daba la oportunidad le sería muy difícil resistirse, pero no. No basaba sus días pensando en tener intimidad con Rose. La respetaba demasiado y esperaría pacientemente a que ella estuviese lista para dar ese paso.

—No tengo nada que explicarte—.

Ella le insultó nuevamente, la verdad es que mentiría si dijese que entendió todo lo que le dijo en ese momento. La conocía lo suficiente cómo para saber que no lo decía en serio; pero entendía de algún modo esa sobreprotección que tenía hacía Rose pues la consideraba como una especie de hermana menor a la cual debía aconsejar y proteger aunque ésta última no se lo pidiese.

Carajo Shadow, quiero detalles—Calló un momento—¡Espera! Mejor no quiero saberlo por ti, se lo preguntaré a Pinky—Añadió entre risas y eso lo tensó—Mañana mismo iré a su departamento a enterarme de todo—.

Shadow rodó los ojos con molestia y apatía ante la impertinencia de su mejor amiga; tomó un trago de café y bufó segundos después.

—No digas estupideces—Retomó el mando de la conversación—No me acosté con Rose—.

El chillido que lanzó la fémina del otro lado de la línea resonó por los pasillos vacíos de aquel hospital, para infortunio de Shadow. Tantos años siendo amigos y seguía sin acostumbrarse a esos cambios bruscos de humor.

—Carajo, no grites... —sentía su oídos rezumbar—Mierda Rouge, esperaba que el ser madre te quitase un poco lo loca—Se burló.

Ella por su parte tan solo rió por el comentario; no le ofendía en lo más mínimo que la creyesen una loca, chillona e histérica mujer, lo era y estaba orgullosa de ello.

Idiota—Respondió con otro insulto—Ya dime dónde está Amy, de verdad la necesito—.

Caminó por aquellos pasillos en silencio con la intención de regresar junto a Amy mientras pensaba en algo que responderle a la estrambótica mujer. Ya iba a articular palabra cuando el alto parlante del hospital resonó por todo el lugar para su desgracia.

"Doctor Carter, se solicita su asistencia en quirófano..."

Mierda...

Todo se había jodido.

Ni bien pudo terminar de procesar lo que acaba de decir la enfermera en el altavoz cuando la gritona de pechos grandes se apresuró a hacer de las suyas nuevamente.

TE MATO, HIJO DE PERRA, DE VERDAD QUE TE MATO...

—Cierra el pico y escucha—El tono áspero hizo callar a la joven inmediatamente—Me llamaron del hospital para informarme que Rose había tenido una crisis nerviosa en plena calle, no tengo ni puta idea de que o porqué sucedió esto, sólo sé que si vuelves a dar otro de tus chillidos y la despiertas yo mismo me encargaré de cortarte la lengua y ponértela de moño—Sentenció, frío y amenazante.

El que Rouge guardara silencio indicaba que podía relajarse; de regreso a la habitación tomó asiento en el sillón frente a Amy y dejó que ella continuase con su discurso.

Bastardo—Hablo al fin con tono más mesurado—¿Cómo está? ¿Se encuentra bien? ¿Qué suced...?

—Haces muchas preguntas—su mirada estaba fija en la joven que descansaba pacíficamente, ajena a todo—No sé mucho al respecto White... el doctor mencionó algo referente a crisis nerviosa y que abandonó una terapia...—Esa parte hacía ruido en su cabeza pues no sabía que pensar—¿Tienes idea de que a puede referirse?—.

Si alguien podía darle respuesta a sus interrogantes era ella; Rouge era su mejor amiga y sabía todo sobre Amy.

La verdad es que no tenía ni idea de nada de eso—Admitió, con pesar.

Bueno, eso no lo esperaba...

—¿Qué has dicho?—

Que no tenía idea de ello—Reiteró—Pinky nunca mencionó nada al respecto—su tono parecía reflexivo—Pero ahora que lo mencionas, tiene sentido...—

¿Qué era lo que tenía sentido? Para él, que Rouge no tuviese ni idea de que era lo que estaba pasando no le tranquilizaba en lo absoluto. ¿Qué otros secretos estaría ocultando la joven de ojos verdes? Es decir, sí ella siendo su mejor amiga no tenía ni la menor idea de que había acudido a terapia ¿Qué podía esperarse? Rose era un misterio y en el fondo, eso le perturbó.

¿Qué tanto se había perdido de la vida de Amelia Rose por estar sumergido en su propio dolor y miseria?

Dexter...—Susurró entre otras cosas que no pudo entender.

Dexter... ¿quién era Dexter y por qué Rouge balbuceaba como una idiota? No le sonaba de ningún lado, pero escucharla tan preocupaba le indicaba que ese sujeto al parecer era alguien relevante para Rose.

—¿Qué es lo que balbuceas?—

Le exasperaba sentir dudas, no estaba de humor para esas tonterías. Ya tenía suficientes problemas en su haber como para encima Rouge saliese con sus idioteces acostumbradas.

Dexter—repitió la joven, provocando la molestia del moreno—El ex-novio de Amy—Dijo al fin y eso captó por completo su atención.

Ex-novio de Amy...

Sí, ahora lo recordaba; eso sí tenía sentido después de todo. Tiempo atrás podía recordar haberla escuchado mencionar algo sobre un novio, un sujeto al que no recordaba haber conocido personalmente. Tampoco es que le hubiese interesado, en ese entonces tenía otros asuntos en los cuales centrar su atención.

—¿Y eso viene al caso, por qué...?—

Rouge se tomó unos momentos tal como si pensara en escoger las palabras adecuadas para dar una respuesta, algo bastante inusual en ella.

Pasa que tiene todo que ver...—respondió con seriedad—Y a juzgar por la manera en que lo preguntas quiere decir que no tienes ni la menor idea de quien es el tipo, ¿no?—.

No iba a mentirle, no sabía quien era el tipo, pero no se necesitaba ser muy avispado para intuir que el malnacido tenía algo que ver con el estado actual en el que ella se encontraba.

—Ve al grano Bat, sabes que no me gustan los rodeos—demandó, exasperado—Dime quién ese tipo y que fue lo que hizo para dañar a Rose—Exigió, exasperado.

No le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación; la sensación de ira recorría su interior y estaba seguro que si no obtenía respuestas en ese preciso instante se arrepentiría después de lo que su cólera le obligaría a cometer.

Es complicado...—la joven musito—Quiero decir, todos sabíamos que algo no andaba bien con Amy cuando estaba con ese tipo pero no dejaba que nadie se acercara...—recordó, con tristeza.

Fue una época bastante deprimente; había perdido prácticamente todo contacto que no fuese ocasional con la rosada y por lo regular solo se limitaban a hablar del clima y saludarse sin mucha efusividad, pues ese tipo terminaba acaparando todo el tiempo y la atención de la fémina.

Si era honesta, no recordaba haber cruzado palabras con ese gañan; mucho podía decirse, pero lo cierto era que contadas fueron las ocasiones en las que habían compartido un mismo espacio. Ese sujeto siempre trataba de evitar a toda costa que Amy se viese o hablase con ella.

La alejó de todos nosotros—Fueron sus palabras y aunque Shadow deseó alzar la voz exigiendo que fuese más específica, ella continuó taciturna—La verdad es que no soy de fiar en este asunto, Shad—se escuchaba culpable y dolida—Quiero decir, me alejé de ella en ese momento y lo poco que recuerdo de ese tipo es que siempre buscaba la manera de mantenerla lejos de sus amigos—.

No estaba para nada satisfecho con las palabras de su mejor amiga; muy por el contrario, sólo le había generado más dudas y ansiedad. Pensar en que estuvo lo suficientemente alejado de Rose como para ni quiera percatarse de que la había pasado mal al punto de necesitar terapia, le sentó fatal.

¿Qué clase de tipo tenía que ser que no sabía ni lo más básico de la mujer que le gustaba?

Abatido; Shadow solo pudo guardar silencio preso de una incertidumbre con la cual no se sentía capaz de lidiar. Una parte de él estaba furioso por no poder obtener las respuestas que necesitaba; y por otro lado, se sentía completamente culpable de haber permitido indirectamente que Rose hubiese tenido que pasar por todo aquello.

De haberlo sabido...

—Maldita sea...—

Rouge podía intuir que tenía un debate mental bastante intenso debido al silencio que se había instaurado entre ambos; incluso para ella todo este asunto parecía cobrar un sentido bastante aberrante el cual había pasado por alto dadas las circunstancias en las que se encontraba su vida en ese entonces.

No podía justificarlo tampoco, es decir; había hecho todo lo posible por no perder el contacto pero tampoco podía obligar a Amy a contestarle las llamadas, aceptar salidas o simplemente pasar el rato con ella.

Muchas cosas habían pasado y aunque en el fondo sabía que no era su culpa, no podía evitar sentirse menos culpable.

Amy era como una hermanita menor para ella y el saber —o mejor dicho, enterarse— de que cosas malas le sucedieron sin que ella hiciese algo para poder evitarlo le asqueaba. Es decir, el tipo jamás le cayó bien y a juzgar por como se comportaba se había hecho una idea mental no tan errada, pero que aún así no deseaba —de verdad que no— que fuese la correcta.

Shadow de verdad no sé que decirte en este momento... es decir, todo es tan repentino—se sinceró—Ha pasado mucho tiempo y siendo sincera lo pasé por alto porque estaba demasiado concentrada en mi boda y los preparativos...—.

No iba a juzgarla; sería muy hipócrita de su parte hacer algún tipo de juicio dadas las circunstancias.

—Entiendo...—

Rouge tan solo suspiró, perdida en un mar de recuerdos y culpabilidad.

Mi querida Pinky—musitó—Vaya amigos tiene, ¿No?—Añadió, tratando de aligerar el ambiente y Shadow tan sólo gruño en un modo afirmativo—Big blue tenía razón al final de todo...

De entre sus balbuceos eso cobró un nuevo sentido para Shadow; la sola mención de ese papanatas azul abría una nueva vertiente a la ecuación y estaba completamente interesado en saber que carajos tenía que ver ese idiota y porque rayos tenía razón.

—¿Qué has dicho?—

Que Blue siempre tuvo razón—afirmó—Blue siempre sostuvo que ese bastardo le haría daño y bueno... tal parece que no se equivoco—Rouge parecía ligeramente fastidiada al mencionar esto último—Es decir, Pinky jamás se ha alejado de él...—el ruido de algo cayendo la hizo maldecir—Ahora entiendo porque estaba tan empeñada en protegerlo y justificar todas sus estupideces... esos dos se traen algo mucho más profundo que un simple enamoramiento de niños de primaria—.

Ante esto, no pudo ser capaz de responder.

En el fondo era plenamente consciente de aquella cercanía que el Faker tenía hacía Rose y aunque sabía que no podía competir con los años de convivencia y la aparente afinidad innata que tenían, se negaba a creer que su vínculo fuese tan fuerte y personal. Ni siquiera en sus más rebuscadas teorías hubiese podido imaginar algo como eso.

Y no le gustó en lo más mínimo.

Aceptar que el papanatas de Sonic supiese aquello que aquejaba a Rose lo carcomía por dentro; el no poder entenderlo, no poder hacer nada por aliviar el dolor que la aquejaba le estaba quemado. Y sobretodas las cosas le hervía la sangre al saber que Sonic tenía un vínculo muchísimo más fuerte y real que el suyo.

Shadow—La voz de Rouge le trajo de nuevo a la realidad—¿Estás bien?—Gruñó por lo bajo y ella suspiró—Escucha bien lo que voy a decirte, porque espero que te quede claro de una vez por todas—Pocas eran las veces en que hablaba con tanta seriedad y esta era una de esas veces—Te conozco, sé que aborreces a Sonic con toda tu alma y hasta ahora eso no me parecía injustificado, pero tienes que entender que no puedes mezclar tus sentimientos con los de Amy...—hizo una pausa—Ella y Sonic tienen un pasado juntos y romántico o no, debes respetarlo y entender que siempre serán parte de la vida del otro, te guste o no—.

Que Shadow no respondiera le dio a entender que estaba debatiéndose mentalmente por refutar sus palabras; sabía que el joven de ojos carmín odiaba que alguien le diera la contra o que insinuase que podía estar equivocado, pero los años de convivencia le habían dado el conocimiento suficiente para poder decirle las cosas directamente y sin rodeos.

Entendía que se sintiese atraído e incluso enamorado de Amy, no podía culparlo; ella era adorable y hasta inclusive se había visto inmiscuida en sus planes para lograr conquistar y que aceptase sus sentimientos. Pero el que ella no le diese una respuesta definitiva era señal de que no estaba lista para una relación. Nunca quiso forzarla a hablar del tema del ex-novio. Entendía que era un asunto delicado y lo último que necesitaba es que su relación se viese afectada nuevamente.

Aunque no por ello dejaba de cuestionárselo así misma de vez en cuando; ¿qué podía haber pasado? No quería creer que ese tipo se hubiese atrevido a hacerle algo a su amiga, pero la realidad ahora le golpeaba en la cara.

—Pura mierda...—Dijo al fin luego de mucho no hablar y el tono de su voz se elevó un poco—¿De verdad piensas que ese maldito hijo de perra podría hacer algo bueno por alguien que no sea el mismo? No me vengas con estupideces Rouge—Estaba molesto y aunque quisiese evitarlo, su ira corría libre—No pretendamos que ese infeliz es el héroe aquí—.

Porque era verdad, estaba completamente convencido de que ese maldito no tenía ni siquiera un gramo de honestidad en su interior. Todo cuanto representara a ese impostor no era sino calumnias, falsedades y perversiones.

¿A caso todos ignoraban que era un sucio mujeriego? ¿O qué era incapaz de respetar un mínimo de compromiso? Al parecer todos se olvidaban el hecho de que Arthur Maurice The Hedgehog no era alguien de fiar.

No es necesario que te enfades—Habló nuevamente la fémina—Jamás he dicho que Big Blue sea un buen sujeto...—replicó—Tan sólo no podemos dejar de lado que el tipo es importante para ella y te guste o no, debes respetar que Amy tenía una vida antes de ti y Sonic estará en ella si Amy así lo decide...

No le gustaba admitir que ella tenía razón; pero tristemente sí.

Que el Faker estuviese en la vida de Rose era algo que le calaba, pero que no podía evitar por mucho que quisiese enterrarlo 30 metros bajo tierra. El bastardo era importante y lo respetaba muy a su manera.

Acéptalo de una vez—Rouge y su gran bocota seguía hostigándole—Por primera vez en mucho tiempo sé que quizás no eres la mejor opción para ella y ambos lo sabemos

—Retráctate en este momento, Rouge—Su tono hostil no amedrentó en lo más mínimo a la joven—No te atrevas a volver a decir algo como eso, o te juro que...—

Por el amor de Dios, Dennis— Ella le interrumpió de golpe—Deja de ser tan testarudo y no te creas la última maravilla del mundo, joder—Ella a este punto taladraba sus oídos con sus gritos agudos—Madura, Shadow...

Madurar...

—El Faker no la merece—Alzó la voz y trató de mesurarse inútilmente—¿Me oyes? No me importa que tan compaginados estén ni que carajos crees que pudo haber hecho para poder merecerla, ese hijo de puta no merece ni siquiera respirar el mismo aire que ella, ¿Me entiendes? No la merece—Estaba exaltado y bastante molesto.

Todo ese asunto de Sonic y su posible ventaja con Amy le sacaba de sus casillas.

Estás siendo infantil

—Al carajo tu y tus pretensiones Rouge, tu no sabes que clase de tipo es ese bastardo...—

¿Y tú sí?—Rouge seguía hostigándole y debido a su molestia, estaba perdiendo los límites de su mutismo característico—¿Pretendes decir que conoces tan bien a Sonic sólo por qué sí? ¿O caso tu desagrado es tan grande que te es imposible admitir que el tipo puede ser alguien bueno para ella?

Ni ella ni nadie conocía a profundidad la clase de escoria que Sonic podía llegar a ser; conocía en carne propia el nivel de destrucción que la sola existencia de ese esperpento de ojos verdes podía causar y los límites que estaba dispuesto a cruzar con tal de salirse con la suya en su propio beneficio e interés.

—El cabrón sólo existe para crear caos—se digno a decir al fin, para sorpresa de ambos—No tienes idea...—

Sonaba enigmático, mucho más de lo que deseaba pero en este punto ya no había vuelta atrás, Rouge había tocado una fibra sensible con un comentario tan simple que en otro momento de la vida no hubiese sido sino un mal chiste sin una pizca de gracia. En su lugar estaba furioso y alzando la voz en una llamada de madrugada con la mirada de algunas enfermeras riñéndole por alzar la voz.

Era un milagro que Rose no hubiese despertado en este punto; agradeció mentalmente ante esto y respiró profundamente.

Simplemente eres insufrible...—Rouge ya no estaba dispuesta a seguir peleando un sin sentido—Y el que no aceptes que no eres ni remotamente perfecto es el peor de tus males, Shadow...

¿Qué clase de sin sentido era ese? ¿Cómo carajos ella se estaba atreviendo a decirle precisamente a él que debía madurar? Incapaz de ser capaz de responder a algo que pudiese ser modulado por su voz, optó por terminar aquella conversación de golpe.

No estaba mentalmente preparado para aceptar nada de lo que Rouge acababa de decirle...

Una vez más el Faker jodía todo con su simple existencia sin siquiera proponérselo.


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Encendió la luz del departamento y se deshizo de sus zapatos; estaba tan cansado que solo quería tomar un baño y se echaría a dormir.

Abrió la llave de la regadera y dejo el agua correr; estaba cansado, el semblante decaído y pensar en Blaze le ponía los nervios de punta, aunque fuese por razones completamente distintas a las que hubiese pensado alguna vez.

Jamás pudo haberse imaginado huyendo de ella; quizá era un cobarde por sentirse así. Tal vez era su error, tal vez sólo necesitaba tiempo...

Otros aires...

Con el agua corriendo por su rostro se permitió relajarse. Dejó que el líquido se llevase la tensión en su cuerpo y simplemente disfrutar de la paz que eso le generaba. Diez minutos después, con un poco de energía renovada preparó un aperitivo para su pequeño Chao y uno para él.

Sentado en la mesa de la cocina le dio una mordida a su sándwich y miró sin ánimos la pantalla en su celular. Tenía 37 llamadas perdidas, todas y cada una de ellas venían de Blaze.

—Sin embargo; como un chiste cruel del destino las cosas conspiraban en su contra y no estaba ni remotamente contento con dicha situación.

Se sentía asediado, confundido y sumamente abochornado con todo lo que estaba suscitándose. No entendía como fue que su vida cambió tanto en tan poco tiempo, pero sí tenía más que claro que no quería volver a sus viejas andanzas.

No quería volver a ser el mismo idiota de antaño, quería vivir y tener nuevas experiencias —no necesariamente sexuales, aunque no se quejaba por ello— quería salir, conocer lugares y tener otros amigos.

Hacer cosas que nunca se atrevió.

Tal vez era tonto; pero aún a la fecha jamás había ido al boliche, ni tampoco había estado en un concierto. Se había perdido de tantas cosas estando al lado de su amor de secundaria y ahora se daba cuenta que quizá había cometido un error.

No lo malentiendan, amó a Blaze profundamente durante toda su adolescencia y juventud temprana; no podría imaginar ni un minuto de su pasado sin ella estando ahí en sus momentos importantes, aunque sí tenía claro que había cometido muchos errores con el pasar de los años, entre ellos darle el control total de su vida a su ex-novia.

Quizá sonaba patético —porque lo era— pero Blaze controlaba aspectos tan básicos como que podía comer y que debía vestir.

Nunca le molestó, siendo franco ni siquiera lo miraba como algo malo ni nada que debiese preocuparle, solo lo hacía porque sabía en el fondo que eso la hacía feliz. Le gustaba darle el control porque eso rectificaba su sentido de pertenencia y en el fondo que ella tomase las decisiones había hecho más sencilla su vida en muchos aspectos.

Posiblemente estaba mal, no negaba el hecho de que su conformismo había enfriado mucho su relación con el paso de los años; aunque en su defensa podía decir que creía que hacía lo correcto.

Siempre creyó que siendo un novio devoto y obediente ella sería feliz. Se esforzaba mucho por complacerla y que estuviese cómoda a su lado. Y dado a los años que compartieron juntos siempre supuso que estaba en lo correcto.

Ni siquiera en sus más aterrantes pesadillas hubiese pensado que ella tuviese un mal concepto sobre él. Porque sí, recordaba aquella noche a la perfección y sus palabras habían calado profundamente en su interior.

Quizá sin quererlo —seguramente sí— había sido muy hiriente y dañina hacía él.

"Llevas años sin darme lo que necesito" le dijo esa noche y aun sabiendo que lo hería, continuó con su tortura. "Eres tan pusilánime..." perdió la cuenta después del vigésimo insulto, pero en resumidas cuentas se trataba de denigrar su amor propio y personalidad.

Lo sabía, en el fondo era consciente de que ella tenía razón. Su antiguo yo daba pena, era una vergüenza el poco valor y amor propio que tenía hacía él y era por ello que quería un cambio.

Y aceptar a Blaze en su vida sería mandar al carajo todo ese pequeño pero significativo progreso que había adquirido en ese lapso de tiempo tan corto.

Posiblemente no era mucho, pero ahora tenía en claro que el mundo no giraba en torno a Blaze, que podía valerse por sí mismo y que pese a todo podía prosperar.

Era un hombre adulto, joven y no tan feo con un título y una maestría que mucho esfuerzo le habían costado.

¡No era un donnadie!

Le dio otra mordida a su sándwich y tragó con algo de dificultad. ¿Por qué le había costado tanto tiempo entender que lejos estaban mejor?

Otra llamada perdida de Blaze se sumó a la lista y se vio enormemente tentado a responder para aceptar aquel encuentro, más por fuerza que por ganas, pero afortunadamente desistió.

Miró una última vez la pantalla en su teléfono y se levantó de la mesa dejando el aparato sobre esta mientras se dirigía a su habitación.

Mañana sería un día mejor; pensó antes de cerrar la puerta de su habitación dispuesto a dormir ignorando las llamadas que se agregaban a su celular.


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Sentía un nudo en su garganta y la sensación de que en cualquier momento se echaría a llorar como un mocoso de cinco años; pero debía ser fuerte.

No iba a dejarse vencer por algo como eso, ¿no? De verdad hubiese deseado parecer tan seguro como siempre aparentaba, pero esta vez había algo con lo que no contaba y en el fondo sabía que no podría lidiar con ello.

Su infancia, su bendita y jodida infancia estaba de algún modo presentándose ante él.

Sally le observaba confusa y curiosa sin emitir una palabra al respecto; era más que claro que para ella era una sorpresa difícil de asimilar.

Nadie en su sano juicio pensaría que Shadow y él estaban emparentados. Incluso el mismo el fondo dudó durante muchos años de dicho parentesco.

Durante mucho tiempo había renegado de ello, deseando secretamente —según él— que sus padres no invirtieran tanto esfuerzo en traer a alguien como Shadow a sus vidas.

El pequeño Maurice de tres años escuchaba a su madre llorar por las noches y a su padre maldecir en su estudio cuando creían que nadie más los escuchaba.

Recordaba esas noches, esos momentos en que los vio irse durante horas a lo que ellos llamaban "asuntos de adultos" y regresar destrozados horas después.

Tiempo le costó entender que esos asuntos eran audiencias de custodia en las que peleaban contra los abogados de Mephiles perdiendo vergonzosamente en el intento. Nadie podía contra el monstruo de los negocios una vez que decidía poner todo su empeño en una causa. Triste fue que sus padres se llevaron la peor parte de ese odio y resentimiento que ese tipo tenía y a él le había tocado un poco de ello.

Podía recordar esas visitas; el cómo dejaba a Shadow sin bajarse de los autos lujos en los que se transportaban y como le gritaba y sermoneaba antes de dejarle sin despedirse o desearle un buen día.

Había visto esas escenas durante un tiempo considerable y nunca pensó que eso fuese algo que afectase al moreno.

Se sentía tan culpable...

Es decir, por años había deseado que ese hombre malhumorado ganara la custodia y se llevara a Shadow y así sus padres y hermanos fuesen felices otra vez.

Había sido muy egoísta y de tener enfrente al pequeño Maurice de 5 años le daría un coscorrón por ser tan idiota y cabezadura.

—Admito que me tomaste por sorpresa—Habló al fin la pelirroja y eso lo alivio un poco—Es decir, Shadow y tú...—Ella le miró un momento—Tan solo es increíble—.

No la culpaba; aunque eso no le hacía sentir mejor consigo mismo.

—Sí... supongo—.

Anticipando el tono de su ex-novio, Sally se apresuró a decir.

—Lo siento, de verdad...—se acercó hasta él y tomó su mano delicadamente—No tenía idea de que esto fuese remotamente posible—admitió sin reservas—Y sé en el fondo que es un tema delicado y muy privado si lo has mantenido encerrado por todo este tiempo—remembró levemente pensativa—Lo que intento decir es que, tienes mi apoyo total, si deseas hablar de ello, soy toda oídos—.

Hablar de eso...

¿De verdad quería hablar de eso? Es decir, ¿De verdad se sentía cómodo diciéndole a su ex sus secretos más oscuros?

Honestamente no, pero no quería ser grosero. Ya se le había salido el nombre de Shadow y todo el parentesco; pero los detalles se los reservaría más por orgullo que otra cosa.

El pasado era pasado y no tenía tiempo para martirizarse por lo que su yo de 5 años había pensado hace tanto tiempo. Era un niño haciendo frente a situaciones a las que jamás debió estar expuesto; no juzgaba a sus padres, hicieron su mejor esfuerzo, pero no por ello eran menos negligentes.

Sea como sea no era algo que viniese al caso en ese momento, ya luego pelearía con sus demonios interiores; ahora lo fundamental era conseguir el dinero o mínimo el nombre de quien le había robado.

Sally aún seguía sosteniendo su mano creyendo que así le reconfortaba y le daba buenas vibras para que se sintiera mejor.

Le dio una leve sonrisa, obligándose a poner buena cara para la situación.

—Gracias Sall, de verdad... eres genial—.

Ella le devolvió la sonrisa y le abrazó.

—Siempre estaré para ti, somos almas gemelas, ¿no es así? —.

No iba a mentir, esa afirmación le había pillado con la guardia baja. Quizá se debía a la falta de sueño o todo el estrés y la mierda de su pasado le tenían muy sensible, pero no supo cómo contestar. Siendo más específico, no tenía ni puta idea de que pensar con lo que ella acababa de decir y a juzgar por cómo le miraba ella esperaba una respuesta.

Abrió la boca, titubeante y sin ni una jodida idea de lo que su estúpido cerebro iba a tartamudear, pero el sonido de su teléfono fue música para sus oídos y su salvación en esa situación tan incómoda.

Tomó el aparato y se alejó de ahí tan rápido que llegó hasta el pasillo por pura adrenalina. Ahí, a solas se permitió suspirar de alivio y atendió aquel llamado.

—¿Sí?—

Al otro lado de línea el llanto de un bebé se escuchó, ensordeciéndole unos momentos.

Lo siento Blue...—Knuckles se escuchó al fin—Siento llamar tan tarde, pero hay noticias sobre tus fondos—.

Al fin algo que valía la pena escuchar.

Entusiasmado, no pudo disimular que las palabras de su amigo animaban su noche de sobremanera.

—Fantásticas noticias—Hablo, recuperando un poco de su tono natural—Dime que encontraste al hijo de perra, por favor...—

Pudo escuchar al bebé nuevamente llorar y a su amigo maldecir mientras algo caía al suelo y a lo lejos la loca de Rouge maldecía sin cesar.

La paternidad era un estrés constante, gracias al cielo que estaba libre de esas preocupaciones.

Eh, sí... algo así—se tomó unos segundos, pues parecía que buscaba algo debido al ruido de hojas moviéndose—Tengo los recibos, horas y lugares exactos, lamentablemente al ser una tarjeta con tú nombre es difícil conseguir quien pudo haberla utilizado—le informó.

Tampoco se molestó en ocultar su molestia; soltó unas cuantas maldiciones y Sally desde la sala le miró curiosa y preocupada.

—Carajo...—

No está todo perdido Blue, es decir... al tener los recibos y estados de cuenta podremos acudir a las tiendas en las que fue utilizada tu tarjeta y averiguar quién la utilizó—.

Era simple; tan simple que sintió como un reverendo estúpido de no haberlo pensado antes.

—Mañana mismo iré a descubrir de una vez por todas quien ha hecho todo este desastre—.

No nos adelantemos Sonic—Knuckles le interrumpió—Al recibir tus fondos en una cuenta conjunta necesitas el permiso de los otros beneficiarios para solicitar el informe completo y eso suele tardar de dos a tres días para ser aprobado—.

Se chupo los dientes en señal de fastidio e indiferencia; ¿tres días? Shadow no le daría tres días para arreglar toda su mierda y él lo sabía.

Era demasiado tiempo y eso lo exasperó.

—Carajo...—

Lo siento Blue, pero las cosas bancarias son así—.

Taciturno, sin ningún ánimo de replicar debido a la noticia, Sonic se despidió a secas de Knuckles y le agradeció el esfuerzo.

No estaba contento y no iba a ocultarlo. Las cosas no estaban saliendo como él lo desearía y en el fondo no podía evitar pensar que lo merecía.

Se encamino nuevamente a la sala donde Sally le esperaba silenciosa. Ambos se miraron; se conocían lo suficiente como para entender que ninguno estaba de ánimo para seguir hablando y que necesitaban su espacio. De pie y levemente cabizbaja la pelirroja se acercó hasta él y le dio un leve abrazo.

—Buenas noches, Sonic—Dijo sin esperar algún tipo de respuesta y salió en silencio del departamento.

No la detuvo, tampoco se movió un solo centímetro. A solas y en silencio soltó un grito de frustración y se dejó caer en el sillón.

Era un idiota, ya no le cabía la menor duda de ello.

Sally era una buena mujer; alguien incondicional que no merecía ni una ínfima parte de todas las cosas estúpidas que él le había hecho. Ella era alguien estupenda, bonita, graciosa y sobretodo una buena mujer siempre dispuesta a ayudar a quienes le necesitaban.

Todo parecía tan irreal...

No merecía que alguien como Sally le amase de esa manera; aquella implicación tan simple como llamarle su alma gemela le indicaba que la joven seguía esperanzada de que las cosas entre ambos volviesen a la normalidad. ¿Podría ser eso posible? Después de todo el daño que sus actitudes habían causado ¿Era prudente atreverse a pedirle que fuese su novia nuevamente?

Obviamente no...

Ni siquiera él era tan hijo de puta como para seguir sometiéndola a ese martirio. Además claro de que ya no se veía a sí mismo en una relación ni con ella ni con otra mujer en un futuro cercano. Había pasado demasiados años atado a una relación que poco a poco se fue enfriando y que cobardía e inmadurez le habían impedido salir de ahí y cortar todo por lo sano.

Y por ello no se sentía capaz de pasar por algo así nuevamente.

Había perdido la cuenta de todas esas veces en las que se había envuelto en líos de faldas y situaciones donde su moral se veía estrechamente comprometida una vez que cumplió los 22 las cosas parecieron cobrar un sentido aberrante y un punto de no retorno donde la gota que colmó el vaso fue sin lugar a dudas acostarse con Blaze The Cat.

Ah, bendita y jodida que podía ser la suerte algunas veces; aquella fiesta navideña y las copas encima terminaron por convencerle de que era una genial idea ir al sanitario de mujeres y fornicaron con la primera chica que entrase en ese sitio —aunque, en su defensa debía decir que él creyó en ese momento que se trataba de su mismísima novia—. La poca luz de ambiente y la renuencia de la joven que se dejaba tocar de manera indecorosa, sumada al calor de las copas no le hizo darse cuenta del "error" que estaba cometiendo.

Y así, quince minutos después encerrados en un baño estrecho e incómodo encendió la luz de su celular solo para comprobar que la joven se acomodaba los tirantes de su vestido color carmín y no parecía para nada incómoda o sorprendida por lo que acababa de suceder. Ninguno hablo al respecto el resto de la noche y gracias al cielo nadie pareció notar la ausencia de ambos durante la velada.

Por ello, a casi un año después de mantener aquel encuentro "erróneo" que mágicamente se terminó convirtiendo en un cachondeo por mensajes y ocasionales manoseos en el auto de ésta última, yacía sentado frente a la mesa de la cocina torturándose mentalmente por haber sido tan estúpido.

¿Se arrepentía de lo sucedido? Definitivamente sí, se arrepentía de los mensajes, de las insinuaciones vulgares y todas esas fotos que ya ni siquiera conservaba en su teléfono. Y sobretodo se arrepentía de haber creído que seguirle el juego a Blaze sería una buena idea.

Honestamente en un inicio tan solo fue la emoción del momento, la adrenalina de pensar que alguien podía descubrir aquella aventura y prohibido que traía consigo el que ella fuese la novia de uno de sus colegas de trabajo. Algo de las viejas rencillas aún seguía latente en su corazón y era inevitable suponer que en el fondo aquella era su manera de vengarse del albino por atreverse a meterse con su entonces novia.

Lo cual lo hacía ver bastante hijo de puta, si lo pensamos con mayor profundidad...

Masajeó sus sienes en busca de un poco de alivio a toda la culpabilidad que se posaba sobre sus hombros y suspiró abatido segundos después. Tal vez todo esto del dinero sólo era el resultado de haber sido un cabrón con las mujeres que mostraron interés genuino en él.

Sally, Fiona, Blaze incluso Amy; todas ellas parecían genuinamente enamoradas en algún punto de la vida y el tan solo las trató como basura, como algo pasajero o simplemente no les dio la debida importancia. Amy incluso se convirtió en su mejor amiga aún después de haberla rechazado infinidad de veces y humillarla otras tantas en el proceso; y eso lo hacía sentir mucho peor.

Con Fiona la cosa cambiaba; quizá la tipa estaba enamorada, pero dudaba que eso fuese siquiera posible, esa oportunista solo buscaba la manera de hacerse de dinero y creía que el se lo daría. Blaze en cambio era un asunto incluso aún peor, pues dudaba que siquiera hubiese amor en alguna de sus acciones, él más bien la veía completamente obsesionada con la idea de atarlo en una relación y de Sally mejor ni pensarlo pues todo estaba bastante claro.

Todo ese asunto del amor excedía sus capacidades mentales.


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Sentía mariposas correrle en el estómago con violencia y no sabía cómo debía tomarlo. Es decir, nunca en toda su vida un muchacho se había ofrecido tan amablemente como el joven Silver en llevarla a casa y ser tan considerado y cortés.

Había tenido pretendientes; jovencitos de su edad que habían intentado convencerla de salir con ellos, todos y cada uno de ellos rechazados pues sentía que no congeniaban mucho con su forma de pensar.

Era una joven universitaria que recién emprendía la vida escolar y aunque no se consideraba una aburrida, tampoco estaba interesada en beber alcohol y pasarse la vida en fiestas como lo hacían sus compañeros.

Es decir, ella tenía responsabilidades, trabajaba para pagar sus estudios y ayudarle a su madre a tener una mejor calidad de vida.

Después de que su padre se fuera, les había costado mucho trabajo salir adelante. Lo habían logrado, luego de muchas dificultades y penurias, pero hoy día ambas eran un par de mujeres emprendedoras que se tenían la una a la otra.

Fue difícil, pero pese a ello habían salido adelante y eran felices.

Aunque claro, con los años y dadas las condiciones en que el matrimonio de sus padres había concluido, su manera de ver el amor romántico y a los del sexo masculino se vio bastante influenciada por lo que su madre opinaba al respecto.

Le costaba trabajo confiar en los varones y su madre no lo aprobaba ni siquiera se molestaba en intentarlo.

Si lo pensaba con detenimiento, nunca había tenido un novio y el único chico que le había interesado ya tenía una novia.

Fuera de eso, todos sus pretendientes eran rechazados olímpicamente por su madre bajo la premisa de que "no la respetaban como la señorita que era" y siendo la hija obediente que siempre había sido y sería, acataba aquella decisión sin cuestionarlo un momento.

Si su madre lo decía era verdad, no tenía razones para creer lo contrario y pese a todo, ¿por qué su madre intentaría hacer algo para perjudicarla?

Aun así; con todo y su nula vida amorosa era alguien feliz, amaba a su chao, Cheese con toda su alma, era su mejor amigo y confidente. Tenía un trabajo que le gustaba y no le iba mal en clase.

La vida le sonreía, incluso Vanilla su madre recién empezaba a salir con un sujeto grandote llamado Vector, alguien no muy listo, pero al parecer bien intencionado.

No tenía queja al respecto del sujeto, era alto, atlético y cada que estaba con su madre decía tonterías debido a los nervios del momento.

No era un prospecto que ella hubiese pensado su madre escogería, pero si la hacía feliz, lo aceptaría.

Por ello; después de llegar a casa esa noche su madre le esperaba curiosa y atenta al verla bajar del auto del joven Silver. La personalidad prudente y serena de Vanilla la contuvo de hacer o decir algún comentario que pudiese avergonzar a su hija, pero no pudo pasar por alto esa mirada soñadora que tenía su primogénita en el rostro.

Dentro de la casa mientras preparaban la mesa para servir la cena la señora Rabbit habló con tono sereno.

—Fue muy amable de parte del joven Silver traerte a casa—.

Ajena a los pensamientos de su madre, Cream asintió sin perder el tono y animosidad que tenía dentro. Estaba extrañamente emocionada y feliz.

—Sí, es un joven muy amable—Respondió sin pensar y su madre le observo directamente al rostro.

Era claro para una mujer con su edad y experiencia que su joven hija estaba siendo maravillada por el espectro de la atracción.

Lastimosamente para la jovencita, los hombres como Silver no debían estar en sus posibilidades.

—Luces muy emocionada—Comentó, sin quitarle la vista de encima, colocando algunos cubiertos sobre la mesa—¿Será acaso que te sientes atraída por el joven Silver?—Preguntó sin rodeos.

Necesitaba saberlo; y si tenía que ser directa para averiguarlo lo sería sin pensarlo dos veces.

Cream por su parte solo atinó a sonrojarse cual tomate maduro sin saber que decir o cómo actuar. La pobre incluso había dejado caer algunos platos al piso debido a la conmoción del momento.

No hizo falta una respuesta afirmativa de su parte, su madre había interpretado aquella señal perfectamente.

Vanilla era una mujer muy suspicaz; intuía que los sentimientos de su hija estaban floreciendo por aquel joven tan afable y aunque no podía culparla por interesarse en alguien como él, sencillamente era un hombre ocupado.

—Cream, hija...—Continuó con la conversación al ver que la jovencita no podía ni hablar—Me agrada el joven Silver, es alguien muy educado y amable... con muchas cualidades que cualquier mujer desearía para un prospecto—su hija le observaba atenta y en silencio—Pero ambas sabemos que es un hombre que tiene una relación—.

Levemente ofuscada, la menor replicó.

—Ellos han terminado—.

Le sorprendía, no lo negaría. El tono que utilizó para mencionar aquellas simples palabras hizo que su madre arqueara una ceja visiblemente contrariada.

Podía ver la rebeldía juvenil naciendo en el interior de su hija; el cómo se ilusionaba tan rápido y el que pronto le romperían el corazón era un hecho prácticamente inminente.

Consciente de que no podría hacerla cambiar de opinión, decidió dar por terminada aquella conversación.

—El joven Silver ha sembrado su interés en alguien más—Refutó, ante la molestia de su hija—No puedo prohibirte nada a estas alturas, pero mi consejo lo tendrás incluso sino lo quieres...—.

—Madre por favor, no sigas...—Exasperada la jovencita dejo todo lo que tenía entre sus manos y se alejó unos cuantos pasos—El joven solo fue amable, ¿sí? No me hizo promesas ni dijo nada que pudiese malinterpretarse, déjalo en paz—.

Vanilla solo suspiró; la rebeldía que emanaba su hija no le sorprendía en lo más mínimo. Sólo era cuestión de tiempo para que algo así sucediera.

—Cuida de tu corazón...—Finalizó enigmática antes de dejarla hablando sola en la cocina.


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Se sentía bastante molesta; no, ya no podía decir que estaba molesta, estaba más bien dolida. Sí, eso era lo más cercano a describir lo que albergaba sus adentros en ese momento. Había perdido la cuenta de todas las veces en el día en que había intentado ponerse en contacto con Silver; el muy hijo de perra la estaba ignorando. Lo sabía, podía intuirlo.

—Estúpido—Vociferó con el teléfono en mano. La ignoraba, el maldito se estaba atreviendo a ignorarla y despreciarla aún después de que se estaba rebajando a buscarlo.

Maldito...

¿Cómo es que se atrevía? ¿Cómo podía atreverse a rechazarla a ella? La mujer que por años fue su pareja, la que cuidó y veló por su seguridad. Era un maldito malagradecido que no apreciaba todos sus esfuerzos.

No podía entenderlo; tampoco intentaba esforzarse por ello.

Silver... oh Silver... Al parecer luego de mucho tiempo tenía el valor de vivir por sí mismo.

Durante años había tenido el completo control de la vida del joven de ojos color ámbar; desde los más mínimos y ridículos detalles, hasta decisiones importantes y fundamentales, como la universidad en la que cursaría, los trabajos que aceptaba y demás situaciones de vital importancia; ella se encargaba de decidir por el. Pasó años detrás de él, acosándolo, hostigándolo y moldeando la personalidad del muchachito escuálido a su gusto y beneficio.

¿Cómo rayos podía haber cambiado tanto? Es decir, después de tantos años juntos creía que el chico ya había asimilado su papel en aquella unión y que estaba plenamente dispuesto a ello.


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Cuando despertó un rato después la sensación de vértigo había desaparecido y aunque no podía decir que estaba del todo completa, si se sentía mucho mejor y más tranquila que unas horas antes.

Tener a Shadow ahí había relajado sus inquietudes y le había ayudado a pensar con mayor claridad todo lo que había pasado. ¿Por qué seguía teniendo miedo en primera instancia? Era una adulta perfectamente capaz de cuidarse a sí misma. Lo sabía, lo entendía y hasta cierto punto lo creía como una verdad absoluta; ¿entonces por qué seguía dándole tantas vueltas al asunto?

El tema con su ex-novio era parte de un pasado que por nada del mundo debía volver a repetirse; y para que esto no se repitiera, debía mantenerse firme y encarar el problema de una vez por todas.

Siempre supo que más tarde que temprano tendría que enfrentarse a su abusador y que las cosas seguramente no terminarían del todo bien.

Había repasado la escena una y otra vez en su mente, tantos escenarios y posibilidades desenlaces le habían dejado en vela en más de una ocasión. Ahora, recostada en aquella cama de hospital sus peores temores se habían confirmado.

No estaba lista, eso era todo...

No estaba lista para poder lidiar con todo ese drama, ahora lo tenía más que claro y pese a la situación, en el fondo sabía que eso pasaría. Lo supo cuando dejó la terapia; incluso lo supo cuando las pesadillas volvieron durante semanas y la sensación de que alguien la perseguía le obligaba a mirar hacia atrás cuando salía a la calle.

Se acomodó en la camilla de hospital y miró de reojo a Shadow sentado en el sillón al lado de ella, dormitando con aparente tranquilidad. No supo con exactitud que era hora, pero supuso que aún era temprano a juzgar por la luz que se colaba por la pequeña ventana en la habitación.

No quería hacer algún tipo de ruido que le despertara; debía estar cansado después de pasar toda la noche ahí, cuidando de ella y pendiente de lo que sea que pudiese necesitar. Aunque claro, no podía omitir el hecho de que había escuchado aquella llamada durante la madrugada.

Los gritos de Shadow le habían despertado y aunque el moreno hizo lo mejor que pudo por contenerse, le fue imposible no escuchar aquella acalorada discusión con quien pudo suponer era Rouge y a juzgar por sus palabras, habían reñido muy seriamente. Jamás en todo el tiempo que tenía de conocerles les había escuchado hablarse de ese modo.

Esta vez se escuchaba genuinamente molesto, fúrico; a tal punto de escucharlo maldecir y a las enfermeras pedirle que guardase silencio. Sin moverse, lo escuchó maldecir un rato más y después de eso, el silencio estuvo presente hasta que logró dormirse nuevamente.

De resto, las palabras de Shadow seguían dando vueltas por su mente una y otra vez; "El Faker no la merece...". ¿Merecer qué? ¿Una nueva oportunidad? De repente el asunto con Sonic y el dinero regresó a sus pensamientos y todo tuvo sentido para ella; el debía estar molesto por ello y lo comprendía.

¿Con qué derecho podía decirle que no lo estuviese? El tenía razones de sobra para estar molesto, incluso ella en el fondo lo estaba también aunque aún así se sentía particularmente conflictuada con esa situación. No estaba completamente convencida de que Sonic fuese capaz de hacer algo como eso; lo conocía, sabía que era alguien de moral cuestionable, que no podía comprometerse a largo plazo, que rehuía al compromiso —aún no tenía del todo claro el porqué— pero no podía creer que fuese un estafador.

Algo en su interior le decía que debía confiar en él aunque evidentemente Shadow no creía lo mismo. El juzgaba las pruebas que tenía frente a él, analizaba lo lógico, lo que creía era una realidad. Y para él Sonic era un sucio ladrón y nada más.

Suspiró con pesadez y se acomodó las mantas levemente; tenía frío en los pies y su estómago demandaba por algo que comer.

Tal vez sí se ponía de pie y salía de la habitación podría pedirle algo a las enfermeras y relajarse un poco; con suerte le dirían que ya podía irse a casa y se tomaría una enorme malteada de chocolate y se iría a dormir lo que restaba del día. Sentada en la orilla de la camilla bajó con cuidado un pie tratando de hacer el menor ruido posible y posteriormente bajo el otro de igual modo.

El piso estaba frío y eso le provocó un escalofrío; aunque de igual modo bajó de la camilla sujetando con fuerza la parte trasera de su bata de hospital evitando que su trasero quedase expuesto. Dio un paso y luego otro, lo suficientemente lentos para no ser audibles acercándose lentamente al pomo de la puerta; giró con lentitud y al poner un pie fuera de la habitación la voz aterciopelada de Shadow le hizo dar un respingo.

—¿A dónde crees que vas, Rose?—Se estiró sobre su asiento y algunos de sus huesos crujieron a la par—Regresa a la cama ahora mismo—.

Al sentirse descubierta soltó la tela de su bata y dio algunos saltitos infantiles demostrando su berrinche; el moreno tan solo sonrió con sorna al notar el contorno de sus glúteos por debajo de la tela antes de que ella regresase a su posición inicial. Nuevamente en la cama, ella frunció el ceño de manera infantil.

—Buena chica—se acercó hasta ella acariciando la parte superior de su cabeza—¿Cómo te sientes?—Su tono de preocupación no fue disimulado en ese momento.

—Estoy bien—Respondió a secas aún molesta debido a su acción interrumpida—¿Qué tal estás tu?—

Restándole completa importancia, Shadow la miró con tranquilidad.

—He estado mejor...—

Parecía tan tranquilo, ajeno a todo el drama de la madrugada. Parecía un Shadow completamente renovado y diferente. Tal como si aquel enojo que lo había acompañado durante la madrugada jamás hubiese estado con él. ¿Pudo haberlo imaginado a caso? Es decir, era de madrugada y los doctores le habían suministrado una pequeña dosis de tranquilizantes y ello significaba que podía percibir la realidad de una manera ligeramente distinta.

Tal vez sólo fue un sueño...

—¿Qué hora es?—Fue lo único que pregunto rompiendo el silencio que se instauró entre ambos.

—Son las 8:00 de la mañana—guardó su teléfono en su bolsillo—Las enfermeras no tardarán en revisar tu estado—.

—Ojalá... tengo hambre—.

Otra vez en silencio, él regresó a su asiento y ella miró hacía la ventana esperando que ello relajara su leve incomodidad. Seguía dándole vueltas al asunto, todo esto estaba acabando con su paz mental; Sonic y el dinero, Shadow y sus líos con Rouge y sumado a todo eso, estaba ese asunto de su ex-pareja que venía a aderezar su pastel de calamidades.

¿Es qué a caso no podía salir nada peor? Oh no, no tentaría a la suerte de esta manera, el colmo de los males sería que alguna otra cosa se echase a perder.

Repentinamente la atmósfera de seguridad en la que se había sumido con el moreno había desaparecido; sentía aquella tensión evidente en la que él se empeñaba en fingir que no estaba sucediendo nada malo y pese a que ella desearía fingir demencia de igual modo era más que inútil siquiera fingir que no lo había notado.

Sabía en el fondo que eventualmente tendrían que hablar de todos esos temas; Shadow no era un sujeto particularmente propenso a ocultar sus pensamientos y sentimientos por mucho tiempo y que más temprano que tarde terminarían hablando de todo. Había sido particularmente educado y respetuoso con este tema tan delicado, como lo era su pasado y su posterior crisis, aunque no podría evitarlo para siempre.

Le debía una explicación, le gustase o no admitirlo ya era parte de todo ese drama y para pesar de ambos, esa conversación posiblemente cambiaría la naturaleza de su relación de uno u otro modo.

—Luces inquieta...—Fiel a su instinto, Shadow la miró desde su asiento exigiendo una respuesta silenciosa. No había pasado por alto aquella actitud en la chica, por mucho que se esforzase en disimular ella era pésima para ocultar sus emociones.

—Estoy cansada—Mintió y pese a querer replicar, la llegada de la enfermera a la habitación cesó todo deseó del moreno por continuar con sus interrogantes.

—Buen día señora Rose—Saludó la mujer y procedió checar la presión en la jovencita—¿Cómo se siente? ¿Mareada, cansada? Recuerde que debe informarnos de todos sus síntomas, no se salte ningún signo, es de suma importancia saber todo lo que está sucediéndole para remitirnos a un tratamiento adecuado—.

Se sentía como una niña pequeña con toda las explicaciones que la enfermera de turno le estaba dando; Shadow observaba silenciosamente aquella escena, atento a cualquier movimiento que decidiese realizar.

—Me siento cansada—Aseguró—Y me duele un poco la cabeza...—Esto último si era real.

Tomando nota de todo lo dicho, la enfermera asintió.

—Muy bien, voy a llevar esto al Doctor y podrá salir en una hora o dos—Y sin decir algo más, salió de la habitación.

A solas nuevamente Shadow se puso de pie y salió de la habitación sin mediar una palabra más.

Era evidente que estaba molesto por su renuencia a contarle lo sucedido, no lo culpaba; ella también se molestaría si estuviese en su lugar. Levemente abatida, se recostó nuevamente en la cama y dejó que las mantas la cubrieran de los pies a la cabeza en un intento de desaparecer.

Tantas cosas en su mente la abrumaban; tantos pensamientos y problemas en los que ella misma se había metido en un primer momento ahora parecían agruparse de manera bestial y le quitaban la poca cordura que aún se esforzaba por mantener. ¿Qué debía hacer en todo caso? Apoyar a Sonic significaba dejar de lado la razón y evidencia que se plantaba frente a ella; mientras que por otro lado, el apoyar a Shadow significaba dejar que todo el peso de la ley cayera sobre Sonic y sus aparentes malversaciones. ¿Qué era lo correcto entonces? A quien sea que apoyase el otro se molestaría y eso sería un símbolo de que su amistad se rompería.

Sintió deseos de llorar; estaba contra la espada y la pared. De resto solo le quedaba decidir aunque el tiempo parecía quererle jugar en contra y sumado a todos sus males ese maldito de Dexter quería entorpecer cualquier pensamiento lúcido dentro ella.

¿Por qué ahora? ¿Qué le motivaba a aparecer tan de pronto? De alguna forma que no podía atreverse a asegurar sabía muy en el fondo de su alma que todo esto no podía ser una simple casualidad; algo más debía estar pasando, podría llamarlo un sexto sentido, una corazonada o lo que sea que se le pareciese, pero lo que si tenía muy claro es que todo apuntaba a que ese sujeto no iba a descansar hasta encararla.

Debía prepararse mentalmente para afrontarlo como la mujer adulta que era y dejar de una vez por todas ese miedo y ponerle un alto de una vez por todas. Que debía ser fuerte y que tenía el apoyo de sus amigos para poder salir adelante; aún así se sentía bastante asustada por ello. Aún después de tanto tiempo y de la terapia seguía sintiéndose asustada de ese tipo y lo que sea que pudiese hacerle.

Posiblemente deseaba venganza, era lo más lógico que su mente podía dilucidar de todo lo que sucedió; de la ida a la cárcel, de los negocios que había echado a perder para el tipo y sobretodo después de la golpiza que Sonic le había propinado.

Tenía recuerdos difusos de lo que había sucedido esa noche; podía acordarse de algunas cosas, aunque no estaba del todo segura que todo hubiese sucedido de ese modo. Recordaba haber estado llorando, una discusión que se tornó violenta debido a dinero involucrado seguido de un par de golpes a su rostro que la hicieron sangrar de nariz y boca. Después de eso todo se volvió bastante confuso.

Su mente había suprimido la mayor parte de lo sucedido con el paso de los días había desarrollado una especie de defensa que se basaba en omitir casi por completo todo eso para evitar generarse más estrés. Era algo psicológico que su terapeuta le había explicado pero que honestamente no recordaba ni tampoco le había puesto la debida atención.

Tan solo se dejó sumergir en un espiral de sufrimiento y tranquilizantes que aunque le habían ayudado, también le mantenían en constante somnolencia. Tampoco recordaba mucho de esos días posteriores a su incidente; y de eso si culpaba a los tranquilizantes.

Sea como sea se sentía cucaracha y seguramente cualquiera lo notaba, incluso Silver y su personalidad despistada notarían su estado de ánimo.

¿Qué hacer?

Con todo esto en mente deseó que la Tierra se la tragara y que todo lo malo se acabara con ella...

Era muy tonto e infantil pensar de ese modo, pero aún así lo deseó.


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Sintió un ardor recorrer desde su esófago hasta su garganta y en el trayecto la ganas de vomitar le hicieron sucumbir. Mientras devolvía toda la bilis y alcohol de sus intestinos los golpes en la puerta de parte por parte de Storm se mezclaban con el sonido de sus arcadas y el ruido de sus fluidos cayendo sobre el suelo.

—¡SEÑOR, POR FAVOR!—Gritaba desde el otro lado de la puerta el grandote desesperado por entrar—¡Abra la puerta, se lo ruego!—Estaba al borde la histeria y aún en su estado de ebrio moribundo podía notarlo.

Vomitó durante un rato más hasta que su estómago pareció cansado y vacío y se quedó sentado a unos cuantos centímetros de toda esa basura, divagante. Todo le daba vueltas y le dolían los ojos de tanto llorar; pero sin lugar a alguna duda razonable, le dolía el corazón.

Sí, eso era lo que más dolía de toda esta jodida situación, su estúpido y jodido corazón que seguía empeñado en amar a un hijo de perra como Shadow quien ni siquiera tenía una ínfima parte de cariño o gratitud hacía él.

Se sentía tan basura, tan desperdicio de oxígeno que de verdad quería desaparecer, quería morir y dejar de amar a ese bastardo malnacido pero sabía que eso sería el menor de sus males; sí moría ese hijo de puta no pagaría por todo el mal que le había hecho durante todos esos años y estaba completamente seguro que ni siquiera lo notaría. Que poco sería el tiempo que le costaría conseguir a otro estúpido que lo ayudase con toda su mierda.

Porque así de importante era él en su vida, era algo reemplazable, algo tan insignificante que podía ser reemplazado y olvidado como un par de zapatos viejos o alguna pelusa de ombligo.

Sólo basura...

—Voy a entrar, lo quiera o no—Storm golpeó con todas sus fuerzas la puerta y esta cedió fácilmente ante el grandulón—Señor, salgamos de aquí, necesita ir al hospital—Le dijo poniéndose a su altura y tratando de ayudarle a levantarse, pero Jet se negó—Por favor, deje que le ayude a salir de aquí—Insistió.

Apreciaba a Storm, los años a su lado le habían convencido de que era leal y alguien en quien confiar; que se había entregado completamente a su causa y que le seguiría fielmente hiciese lo que hiciese y a donde quiera que fuera. Muy poco le había costado comprender que ese sujeto fortachón podría recibir una bala en el trasero con tal de mantenerle a salvo.

Miró de reojo al grandote quien parecía haber estado llorando debido a la angustia y no pudo evitar sentir unas ganas de reír. La carcajada seca y marchita que escapó por sus labios desconcertó a su asistente que tan solo lo observó sin comprender del todo que era lo que estaba sucediendo, seguía ebrio, era algo que podía notarse, ¿pero qué le causaba gracia en todo caso? Aún en el suelo Jet miraba un punto equis en la pared y reía sin fuerzas, recordando.

Había algo en esta situación que le resultaba tan risible; era tan patético que a pesar de los años y las cosas que había sacrificado y vivido para mantenerle el culo a salvo al bastardo de Shadow hasta estas instancias se diese cuenta que el no era muy diferente a lo que le sucedía. Storm miraba preocupado la escena y había algo en ese mirar que le hizo sentir identificado de algún modo; poco le tomó darse cuenta de que era lo que sucedía en realidad.

Ese chico estaba enamorado de él...

Era tan obvio, tantas señales, tantas muestras de cariño torpemente disimuladas en un "respeto" mal actuado no hicieron sino aumentar ese sentimiento de fanfarronería en el verdoso y un pensamiento aberrante surcó sus pensamientos.

¿Qué tan mal estaba aprovecharse de la situación?

Miró a Storm y este también le miraba; la preocupación en su rostro era clara y el amor con el que su miraba se posaba en la suya gritaba por atención. Ah bendita que podía ser la suerte a veces pensó para sus adentros y su mente comenzó a planear su siguiente estrategia casi al instante.

—Storm—Hablo y el aludido le prestó toda su atención—Necesito que hagas algo por mí...—


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La noche había transcurrido con una rapidez fastidiante; no había dormido nada la noche anterior y ahora estaba de pésimo humor. Tenía resaca y todos en la oficina parecían empeñados en meterse en su camino y joderle la existencia. Se sirvió un vaso con café y de regreso a su oficina la actitud fastidiada en su secretaria le pareció familiar.

—Fiona—se detuvo frente a ella para observarla mejor, tenía unos aretes bastante grandes y ostentosos que nunca había visto en ella—¿De dónde sacaste esos aretes?—Fue directo y sin rodeos y ella ni se inmutó.

—¿Qué te importa?—Le respondió en el mismo tono y continuó mensajeando como si nada hubiese pasado.

No estaba de humor para seguirle el juego ni tampoco deseaba enfrascarse en discusiones sin ningún tipo de aporte a su vida; aunque no negaría que el hecho de que ella estuviese utilizando unos aretes tan caros le hizo cuestionarse cómo pudo conseguir el dinero suficiente para ello. Quiso creer que solo era parte de su imaginación y que tan solo estaba malpensando las cosas.

—No juegues con mi paciencia Fiona—

—¿Jugar yo?—Respondió ofendida la pelirroja—¡JA! NO ME HAGAS REÍR, ERIZO...—Quiso alzar la voz, más Sonic fue más rápido y le llevó hasta su oficina casi a rastras para molestia su pesar cerrando la puerta nada más entrar.

—No voy a irme con rodeos Fiona, ¿de dónde sacaste esos aretes?—Pregunto de nuevo y ella tan solo se encogió de hombros como si no fuese nada importante.

Fiona seguía con aquella pose altanera; buscaba de algún modo fastidiar al bastardo que tenía frente a ella, aunque para su desgracia parecía mucho más tranquilo de lo que aparentaba. Estaba ahí parado viéndola sin ningún tipo de intención de hacerla cambiar de opinión.

—No me amenaces, cabrón...—sin verse amedrentada, ella encendió un cigarrillo restándole toda importancia a lo que sucedía a su alrededor. —¿Tuviste mala noche, Blue?—Se burlaba, sus dientes chuecos y su figura esbelta se movían con la gracia de cisne esperando pavonearse en su superioridad.

Dio un paso al frente harta de no obtener ninguna reacción en el cobalto; estaba furiosa, deseaba golpearlo y dejarlo irreconocible, pero el bastardo tenía otros planes.

—No es una amenaza, Fiona...—seguía sin perder la compostura aún a pesar de su mal genio—Dame una razón... sólo una simple razón para acabar con esto de una jodida vez—.

Al escuchar esas palabras algo en el interior de la chica se removió incómodo. Que estuviese tan tranquilo era señal de que estaba planeando algo y a juzgar por cómo la miraba era algo muy malo.

Y definitivamente no iba a dejar que ningún idiota se burlase —otra vez— de ella, menos si ese idiota era Sonic.

—Tómalo como mejor te parezca Blue, soy una mujer con la libertad de hablar lo que quiera, ¿Quién eres tu para decirme que puedo o no decir? O mejor aún, qué puedo y no puedo comprar—.

No obtuvo respuesta de Sonic luego de esto.

El solo se limitaba a observarla; notaba algo diferente en ella. Había algo, no podía asegurar que era, pero había algo que le hacía verse ligeramente diferente a lo que estaba acostumbrado.

—¿Tengo monos en la cara?—Inquirió, incómoda.

Sonic seguía observándola, por mucho que lo intentara seguía sin encontrar esa respuesta. Algo había, algo en esa chica estaba diferente, lo sentía ene l ambiente, en su mirada.

¿Qué tenía Fiona en el rostro? No era el maquillaje, tampoco podía deberse a un nuevo peinado ni a la iluminación en la oficina, algo había y estaba convencido de ello.

Fijó su atención con mayor detenimiento en los labios de la chica y pese a no estar cien porciento seguro, soltó sin filtros.

—¿Te pusiste botox?—Su imprudencia le valió una bofetada en el rostro, que por cierto, no dolió—¿Desde cuando tienes el dinero para hacerte esa clase de arreglos?—.

Ni siquiera Fiona y su gran bocota pudieron responder algo coherente ante tal cuestionamiento. De pronto las ideas comenzaron a conectarse en su mente, pues si lo pensaba con detenimiento tenía algo de sentido que ella y el dinero que le faltaba estuviesen directa e indirectamente relacionados.

Fiona administraba sus redes sociales, sus citas de trabajo y en gran medida tenía acceso a muchas de sus tarjetas de crédito pues ella era la encargada de comprar algunos suministros dentro de la oficina —y conquistas que se iban dando— tenía sentido pensarlo después de todo.

—Respóndeme...—

—No tengo porque darte explicaciones, Azulito—

Que le evadiese de esa forma le daba muchas más fuerza a su teoría; repentinamente todo el mal humor que tenía un rato antes pareció esfumarse y la emoción y adrenalina le invadió de manera abrupta y repentina. Pensar que ella podía ser la responsable de sus faltantes le molestaba, sí. Pero también le alegraba debido a que si ella se había atrevido a hacer esa estupidez significaba que la culpa no era suya y sería ella quien tendría que vérselas con Shadow.

—Lo hiciste—Aquello era una afirmación y ella palideció aún sin confirmar o negar lo que decía el cobalto. Sin quererlo dio un salto de alegría y ella lo observó desconcertada ante su actitud—Dios, no tienes idea de lo bien que me hace saber que fuiste tú—Dijo después y la sonrisa no desapareció de su rostro—Carajo Fiona, eres tan idiota...—No parecía sorprendido ante la situación, de algún modo siempre esperó que esa chica hiciese algo como eso.

Sin saber del todo que decir o como reaccionar ella permanecía en silencio observando la situación y todas las posibles respuestas y soluciones que podía dar ante tal embrollo. No iba a admitir que era su culpa, tampoco es que hiciese falta que lo negara, a estas alturas el cobalto tenía la convicción de que ella era la culpable e hiciese lo que hiciese no iba a convencerlo de lo contrario.

Pese a ello y su extraña actitud de celebración, Fiona debía seguir aparentando que nada de lo que él decía tenía sentido. No tenía pruebas en su contra y eso le brindaba seguridad.

—Estás mal de la cabeza, Blue...—ella se puso de pie con intención de salir de la oficina pero fue detenida por el agarre de su hasta entonces jefe—¿Qué haces? Suéltame idiota, medícate, estás mal de la cabeza...—

—Lo que digas primor...—Sin soltarla tomó su celular dispuesto a llamar a la policía—Ya lo hablaremos con la ley—Estaba digitando el número cuando la puerta se abrió lentamente dejando entrar a Silver y su cara de idiota.

—Lamento interrumpir sus asuntos, pero Shadow llamó, dijo que Amy tuvo incidente y que se ausentará 4 días para tomar absoluto reposo—se le veía preocupado y aquella actitud también pareció contagiarse en Sonic inmediatamente—Pobre Amy...—Dijo más para sus adentros dispuesto a irse por donde había venido.

—Espera, espera... ¿dijo algo más? ¿Qué sucedió? ¿Ella está bien? ¿En dónde está?—El también estaba en extremo preocupado y sin quererlo liberó a Fiona de su agarre—Contéstame, carajo—el par de compañeros lucían alterados y no ayudo en nada que el albino fuese alguien torpe a la hora de dar explicaciones.

Entre el ajetreo de emociones la joven pelirroja aprovechó aquella distracción para salir por la puerta antes de que Sonic reparase en su existencia nuevamente. A solas Sonic esperaba impaciente a que Silver fuese capaz de darle una respuesta coherente.

—No, no, no... no dijo nada... sólo que, está estable...—respondió al fin para alivio de ambos.

Al escuchar aquellas palabras la sensación de alivio le recorrió nuevamente, con mayor tranquilidad el pensamiento de llamar a la policía regresó a su mente y notó con horror como Fiona ya no se encontraba en la oficina; salió a toda velocidad en búsqueda de la chica, pero para su infortunio ni ella ni bolso estaban ahí.

La muy ladina había huido y eso terminó de confirmarle que ella había robado su dinero...

—MALDITA SEA—Vociferó al notar que la fémina había salido del edificio y no logró darle alcance. Tenía la certeza de que ella era la ladrona, aunque ahora lo difícil sería lograr encontrarla.

Tenía relativamente poco de conocerla, en dos años pocas fueron sus interacciones en donde el sexo casual no reinara entre ellos y esas pocas veces nunca se molestó en preguntar donde vivía o si tenía familia o lugares que solía frecuentar.

—Puta madre...—estaba echo una furia y quienes le miraban no entendían porque; entre ellos estaba el albino que lo observaba desde una distancia prudencial pensando en que podía estar pasando con Sonic para que se comportase de esa manera.

No le malentiendan, no era que creyese que Sonic fuese alguien refinado o que no pudiese reaccionar de mala manera, después de todo el mismo había experimentado en carne propia la furia y todo el mal genio del cobalto. Aún así, después de años y dejada la adolescencia atrás sabía que Sonic no era la clase de sujeto que reaccionaba de esa manera sin una muy buena razón.

Algo debía estarlo molestando de sobremanera para ponerle de ese modo y ese algo tenía que ver con Fiona. ¿Estarían enrollados esos dos? Era probable, sabía de la fama de conquistador que tenía su compañero y había escuchado algunos rumores sobre los encuentros casuales que se suscitaban en la oficina de Sonic; aunque aún así, algo no cuadraba del todo.

De un portazo Sonic se encerró en su oficina vociferando cosas que no pudo entender y ante la atenta mirada de quienes se encontraban en la empresa Silver suspiró. Pensó en la pobre Amy y trató de comunicarse a su celular sin obtener resultados. A unos cuantos metros se encontraba Cream archivando algunos papeles con un rostro angustiado y se acercó hasta ella pues dudaba que Shadow se hubiese tomado la molestia de informarle a ella también.

—Buenos días, Cream—Le saludo cortés como era habitual en el y ella le devolvió el gesto—¿Cómo te encuentras el día de hoy?—.

—Preocupada...—su rostro confirmaba sus palabras—La señorita Amy no se ha respondido su teléfono desde ayer por la tarde y hoy no ha llegado, ¿Habrá sucedido algo malo?—.

Silver asintió con pesar, para infortunio de la chica.

—Shadow me llamó hace un rato y me informó que Amy sufrió un incidente y que se tomará 4 días de reposo alejada de todo el ajetreo de la empresa—la expresión en el rostro de Cream se horrorizó—Es-estoy seguro que todo estará bien—trató de tranquilizar a la jovencita pues por alguna extraña razón sintió deseos de apaciguar sus inquietudes.

A lo que Cream pareció reaccionar positivamente.

—Eso espero joven Silver...—

—Sólo dime Silver—Sonrió—Tanto formalismo me hace sentir viejo y todo un señor—.

Le costaba trabajo no hablar con respeto al muchacho frente a ella; si lo pensaba con mayor claridad las palabras de su madre cobraban un sentido ligeramente más incómodo y fastidiante. No quería darle la razón, no con respecto a sus sentimientos.

El joven le atraía, sí.

Pero no era que estuviese enamorada de él y se imaginase secretamente una vida juntos y que fantasease con la posibilidad de casarse y que ya hasta había nombrado los hijos que tendrían —Cuyos nombres eran Silvana y Vincent Jr—.

—Esta bien... Silver—Mencionó, avergonzada y el se despidió para seguir su jornada laboral.

A solas y en silencio se permitió suspirar; ahora que tenía en claro que la joven Amy no iba a asistir tenía que hacerse cargo ella misma de todo el papeleo y aunque no era complicado si sería laborioso y terminaría trabajando el doble de lo usual. No le molestaba, entendía la situación y sabía que la señorita se lo compensaría cuando se recuperase del todo.

Aunque ello significaba que tendría que retrasar sus planes lo que restaba de la semana; los exámenes estaban muy cerca y debía decirle adiós a estudiar un poco más.

Tomó un montón de papales y comenzó a ojearlos sin tener mucho contexto de lo que significaban; solicitudes físicas, recibos, anuncios, mucha publicidad que llegaba a la empresa esperando que contratasen sus servicios. Leyendo entre el papelero encontró uno que captó poderosamente su atención: "Bienes raíces rubí", era un pequeño volante de colores rojo y negro que tenía un número de contacto y las siglas ITJ escritas en él.

Era curioso ver un flyer tan simple y con tan poca información en él; era extraño pero supuso que se debía a alguna empresa ya consolidada y lo dejó de lado para continuar con sus actividades. Le restaba un día de mucha lectura y más valía que se pusiese manos a la obra.


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—Debe tener reposo, alejarse de las situaciones estresantes, quizá algún pasatiempo le ayude...—La enfermera le daba instrucciones de los posteriores cuidados que debía tener para asegurar su recuperación—También debe comer sanamente, nada de alimentos grasosos, cuerpo sano es igual a una mente sana—Seguía la señora regañando a la joven y ella solo podía asentir sin decir nada en realidad—Ahora, solo resta esperar a su esposo y podrá irse—.

Sorprendida y contrariada Amy miró a la mujer frente a ella que no parecía ni inmutarse ante la sorpresa y vergüenza que había generado en ella.

—¿Por... por qué no puedo irme yo sola?—Preguntó, titubeante tratando de recuperarse, aunque no negó las palabras de la mujer.

¿Ella esposa de Shadow? Era impensable, inconcebible, ni siquiera en sus más absurdas fantasías se hubiese llamado a sí misma Señora de The Dark. Era tan absurdo que de no ser porque la tomó por sorpresa y medio dormida se habría reído como una maniática.

—Es un protocolo del hospital—La mujer escribía sin preocupaciones algo en su libreta—Debe haber alguien que se asegure que usted se encuentre bien en el transcurso de la llegada a su hogar, alguien que se haga responsable de que su estado sea óptimo y cumpla con su tratamiento—explicó con tranquilidad y la miró a los ojos como si fuese una niña pequeña a la que debía aconsejar—Tiene un buen hombre a su lado señora Rose, un buen y malhumorado hombre, es afortunada—.

Tras finalizar aquellas palabras la mujer salió de la habitación dejándola visiblemente contrariada ante las implicaciones de lo que un simple comentario de alguien que no la conocía de nada había decidido externarle. Si bien era cierto que Shadow ya le había dicho explícitamente —o al menos intentado— su interés hacía ella y las intenciones que tenía, no por ello significaba que sentía lista o por lo menos mentalmente preparada para asimilar que un hombre como él se sintiese atraído hacía ella.

Es decir, durante todos los años que había durado su amistad nunca hubo nada que le diese una pista de que el se interesaba en ella; ni un comentario, una mirada, un simple gesto que pudiese darle esperanzas y aún así le gustaba; no la malentiendan, durante años se sintió atraída hacia el moreno básicamente por sus fantasías absurdas de vivir en una de esas novelas juveniles en donde el chico frío, distante y emocionalmente ausente se interesaba en la torpe pero bien intencionada protagonista y terminaban teniendo un romance ideal.

Era cliché, irreal y muy estúpido pero le bastaba...

Y por mucho tiempo vivió en una fantasía que le gustaba escribir en su diario; disfrutaba de imaginar escenarios ficticios y dejar su imaginación volar. Sin embargo y como cabría esperar, maduró. En algún punto —que no recordaba del todo— dejó de lado todo ese escenario fantasioso e infantil y siguió con su vida. Había crecido mentalmente después de concluir su licenciatura y en el ambiente de la competencia laboral ya no hubo cabida a tonterías y todo pasó...

Durante bastante tiempo todo ese asunto de Shadow y los sentimientos hacia él no fueron sino un recuerdo bochornoso con él cual Rouge la fastidiaba de vez en cuando y nada más. No había retirado su apoyo al chico aún después de la barrera que él mismo había autoimpuesto entre ambos —y básicamente cualquier ser vivo— después de la muerte de María.

A raíz de esa pérdida tan grande habían perdido prácticamente cualquier tipo de interacción y contacto; atrás quedaron las tardes de café y los consejos y terminología financiera que solía brindarle.

La pérdida de María le sumió en un espiral de tristeza y desolación en dónde terminó metido en cosas que aún a la fecha seguía desconociendo. Supo algún tiempo después por boca de Sonic —el cual no era del todo una buena fuente, pero no había más— que Shadow tenía negocios clandestinos, tenía carreras callejeras de motocicletas en donde había de todos los vicios habidos y por haber en donde invertía su tiempo y dinero. Supo también que el joven había entrado en la bebida y los juegos de azar.

Era impensable que alguien como Shadow hubiese vivido todas esas cosas durante un periodo de tiempo prolongado; incluso ella misma se sintió impotente por no ser capaz de ayudarle a salir de aquella depresión tan profunda en la que estaba sumergido.

Fueron meses de incertidumbre en los que diariamente rezaba por la seguridad de su amigo y esperaba fervientemente que lograse salir de ese hoyo de alguna manera no funesta.

Rouge solía decir que las cosas no pintaban para mejorar; ella era la única que seguía teniendo un contacto relativamente regular con joven y tan solo le restaba confiar cuando ella le decía que seguía vivo, aunque ello no la hacía sentir del todo conforme.

Deseaba verlo, asegurarse por cuenta propia que él seguía completo; por lo que, con todo el valor que se sintió capaz de reunir, cierta tarde acudió a aquella enorme mansión en donde el joven residía con la firme intención de visitarle y comprobar de una vez por todas las cosas que Sonic y Rouge solían relatarle.

Cuando la puerta se abrió aquella tarde de otoño y fue recibida por un Shadow ojeroso y demacrado quien lucía genuinamente sorprendido y molesto por verla parada frente a la puerta, supo que debía ayudarlo sin importar el modo y el tiempo que le costase —muchísimo a decir verdad—.

No intercambiaron muchas palabras; sólo entró y en aquellas enormes paredes que en años anteriores relucían en majestuosidad comprendió que todo lo que sus amigos decían era real. Fue en ese preciso instante en dónde todo pareció cobrar un sentido retorcido y el peso de todos esos meses de no verse cayó sobre sus hombros.

Con un Shadow roto, lleno de vicios y de cosas moralmente cuestionables frente a ella, evitando por completo mirarle a los ojos y en un mutismo autoimpuesto, supo que debía hacer algo. No podía seguir permitiendo que alguien a quien consideraba un amigo —y dicho sea de paso, estuvo enamorada por bastante tiempo— siguiese haciéndose daño de ese modo.

Recordaba aquella tarde, las palabras, las miradas y los gestos que los finos y varoniles rasgos de Shadow se formaban en su rostro; la miraba de cuando en cuando mientras ella hablaba de lo preocupada que se sentía de su estado y sus decisiones preocupantes y permanecía sin intenciones de emitir alguna palabra. Era como si estuviese en una especie de trance en la que no podía —ni quería— salir.

Sentados en la sala de estar, recordaba el desorden, las cajas de comida rápida tiradas por todas partes y envoltorios de chatarra y latas de cerveza adornaban todo lo que podía distinguir; incluso una pequeña bolsa con un polvillo blanco adornaba la mesa de té que estaba frente a ellos.

La mirada vacía en el rostro del moreno le partió el corazón y aunque quiso hacerse la fuerte, las lágrimas corrieron libres por sus mejillas presa de la impotencia que le generaba no haberle podido ayudar. Se habían alejado tanto y las promesas de cuidarse mutuamente se habían roto de una manera tan irónica que le quemaba por dentro.

Lloró como una niña pequeña con complejo de magdalena por un tiempo indeterminado y se disculpó con palabras que no recordaba a estas alturas por ser tan mala amiga y fue entonces cuando Shadow la miró; no derramaba lágrimas y sólo Chaos podría saber que estaba pasando exactamente por la mente del muchacho en ese preciso momento, pero al verle llorar fue ese punto de inflexión que tan desesperadamente necesitaba en su vida.

Por mucho tiempo quiso pensar que fue algo meramente fortuito, algo que sólo se dio debido a las circunstancias en las que ambos se encontraban y que gracias a un golpe de suerte las cosas se resolvieron a su favor, pero ahora, a casi cinco años después de lo sucedido comenzaba a cuestionarse que fue lo que sucedió realmente.

¿Qué pasó aquella tarde en la mente de Shadow que le hizo querer cambiar su vida? ¿Qué pudo motivarlo realmente a desear ser un mejor tipo y recuperar las riendas de todo lo que solía ser? Hasta este momento siempre creyó que las cosas se dieron gracias a la nostalgia de ambos y el deseo de autosuperación y liderazgo que vivía en el joven, pero ahora dadas las circunstancias todo cobraba un sentido distinto dentro de su mente.

Nunca se lo cuestionó, nunca le pareció raro que Shadow cambiase de opinión, que hubiese dejado toda esa podredumbre atrás y saliese de las sombras y ahora tuviese el éxito que tenía. Algo cambió, eso lo sabía, pero ¿qué fue? Definitivamente no se creía ni remotamente importante como para siquiera considerar que desde ese momento Shadow se sentía atraído hacía ella y el poder del amor le hizo "cambiar" —esas eran estupideces que podía escribir, más nunca pensar seriamente—.

Y ahora...

Rayos; ¿por qué pensar era tan estresante?

Suspiró de manera sonorosa y se masajeó las sienes al recordar lo que la enfermera le había dicho un rato antes; tanto pensar era lo que le había hecho llegar a ese lugar en primera instancia. Bufó con fastidio y estiró sobre la cama dejando que todas sus vértebras se alinearan, ahora solo le restaba esperar a que Shadow regresara y podría irse a su casa.


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—PUTA MADRE—Gritó encolerizado mientras algunas de las cosas de su escritorio chocaban contra la pared. Estaba tan furioso y frustrado que la garganta le quemaba debido al deseo de seguir gritando.

Pero eso no serviría de nada y lo sabía.

Con los hombros tensos y los puños cerrados maldijo con todas las maldiciones y palabras malsonantes que conocía a Fiona y su jodida existencia. Ahora que sabía la verdad deseaba tanto...

Carajo; nada de lo que se le veía a la mente sonaba moralmente correcto y en el fondo lo sabía. Desear golpear a una mujer estaba mal aún cuando la desgraciada le hubiese robado tanto dinero y ahora estuviese a punto de perderlo todo y sus compañeros también.

Trató de serenarse y pensar con la cabeza fría en una manera de solucionar lo que estaba sucediendo; aunque la ira en su interior le imposibilitaba pensar con claridad.

—Tranquilo Maurice, control—Se decía en un vano intento de recuperar su control—No la cagues, no la cagues—Se reprendía y halándose ligeramente las púas hacia atrás, bufó hastiado.

Tomó su teléfono y tecleó el número de Knuckles como método de claridad; esperaba que hablar con su amigo le ayudase a poner las cosas en calma y poder decidir con mayor tranquilidad que haría ahora. Al segundo tono, Knuckles por fin atendió con su tono monótono y antes de que pudiese decir algo más, Sonic se aprontó.

—MIERDA, ROJO, SÉ QUIEN ES LA MALDITA QUE ME HA ROBADO MI PUTO DINERO—Gritó para infortunio de quien le escuchaba—ESA MALDITA DE FIONA ME LAS PAGARÁ, TE JURO QUE LO HARÁ—Añadió, sin modular su tono y Knuckles solo suspiró.

Ya me lo temía—Se limitó a secas, para sorpresa del cobalto—Sabía que esa mujer solo iba a causarte problemas, ¿Pero me escuchas alguna vez? Noo, el señor yo todo me lo follo nunca escucha cuando tiene el maldito p...

—Cállate, carajo—Le detuvo, molesto—Eso ya no importa ahora—si tenía o no razón, Knuckles no objetó—Ahora concentrémonos en encontrar a esa maldita y hacer que me devuelva todo el dinero antes de que Shadow me corte las pelotas como sinónimo de adeudo—Y aunque quiso sonar gracioso, sabía que era una posibilidad muy real, para su infortunio.

Por su parte, Knuckles tan solo se limitó a guardar tratando de encontrar alguna manera de ayudarle.

Blue, necesitas un abogado—sus palabras eran tan serias, que a Sonic le heló la sangre—Esto supera por mucho mis habilidades como tu contador y me temo que por mucho que quiera ayudarte, no está en mis manos resolver esos líos legales—.

Por primera vez en mucho tiempo Sonic sintió un vacío en el estómago que no le permitió emitir alguna clase de palabra; fue como si en ese preciso instante entendiese al fin la gravedad de la situación. Saber en este punto que Knuckles y sus números no podrían devolverle el dinero que había sido robado le sentó fatal. Ello significaba que de verdad estaba corriendo un peligro que excedía sus capacidades y no podía hacer mucho para evitarlo.

¿Sigues ahí?—Hablo su amigo, debido a su mutismo—Escucha, ambos sabíamos que si alguien robó tu dinero tarde o temprano tendrías que acudir con un abogado para demandar al responsable—Tenía sentido, aunque aún así no le cabía en la cabeza pensarlo.

Porque era verdad, aunque sonase estúpido e infantil viniendo de él, no reparó en ese detalle. De verdad creyó que efectivamente Knuckles le sacaría de ese embrollo y saldría bien librado del asunto como siempre lo había hecho.

La realidad le golpeaba en el rostro como una bola de nieve en invierno y le hacía ver su suerte; estaba muy jodido.


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Más repuesta del ataque de histeria que había tenido un rato antes, Blaze encendió un cigarrillo dispuesta a calmar sus nervios y concentrarse en todo el trabajo atrasado que yacía sobre su escritorio. Las últimas horas se había sumido en una burbuja ociosa que le volvía menos productiva y eso no le gustó en lo más mínimo.

El tiempo era dinero y ella producía mucho; por cada caso que lograba resolver era un cero más a su cuenta bancaria y pese a no ser rica, se podía dar bastantes lujos y eso le gustaba. O bueno, al menos le había gustado hasta hace un par de días cuando regresó a casa y la cena no estaba hecha y la posibilidad de ir a un restaurante y pedir algún platillo exquisito acompañado de un buen vino pareció menos atractiva al tener que ir sola.

Desde luego que pese a ser una mujer sumamente bella —lo sabía, todos lo decían— no se sentía interesada en buscar alguna clase de conquista. La posibilidad de llamar a algún incauto solo para rellenar ese pequeño vacío que se generaba al momento de salir a cenar podía realizarse, pero aún así no sonaba nada atractivo si lo pensaba con frialdad.

Que Sonic le hubiese rechazado y que Silver estuviese renuente a volver le dieron un golpe en su ego que aunque se negase a admitirlo, le dolía.

Sabía que podía tener al hombre que quisiese y que podría obtener todo con tan solo pedirlo, pero ninguno de los dos hombres que le habían interesado genuinamente en diferentes puntos de su vida parecían querer ceder a sus peticiones y eso le frustró.

¿En qué momento había dejado de ejercer el control de las relaciones? Con Sonic quizá lo tenía difícil pues pese a todo, sabía que lo suyo era algo meramente temporal y que tenía fecha de caducidad, aunque aún así deseaba que las cosas se tornasen a su favor. Con Silver por otro lado si se encontraba genuinamente sorprendida y molesta por la actitud que el joven estaba tomando.

¿Por qué había cambiado de la noche a la mañana su comportamiento? Algo había pasado y estaba segura que tenía que ver con ese fin de semana que perdió todo contacto con él y que no quiso ir a verla, no podía asegurarlo pero tenía plena certeza de ello.

Ese cambio en el albino no era de su propia cosecha, alguien había interferido y averiguaría quien.

Conocía lo suficiente a Silver como para atreverse a asegurar sin temor a equivocarse que era alguien sumamente influenciable. No era sorpresa para nadie que al joven le costaba trabajo tomar decisiones, era alguien que solía adaptarse al entorno y que seguiría ciegamente a quien fuese que le inspirase confianza por lo que si o sí tenía que haber alguien aconsejándole.

¿Quién podría ser en todo caso? Dudaba mucho que la madre del chico se hubiese tomado la molestia de llamarle y darle siquiera los buenos días. La mujer era una doctora en una de las clínicas más prestigiosas de la ciudad y pocas veces tenía tiempo para prestarle atención a algo más que no fuese su trabajo y por ello quedaba descartada.

Estaba Sonic y la pequeña pero no imposible posibilidad de que el cabrón hubiese abierto la boca y tratase de limpiar su consciencia "aconsejándole" de alguna manera, pero conociéndole sabía que era poco probable por el simple hecho de que el cobalto no tenía ninguna clase de empatía con nada ni nadie que no fuese el mismo y por ello también quedaba descartado. Seguramente en este punto en lo último que pensaba ese maldito era en ella y todo lo que había pasado entre ellos —y eso le hacía hervir la sangre—.

De algún modo pensar en Shadow tampoco tenía mucho sentido pues aunque no lo conocía a profundidad y pocas fuesen las veces en las que habían conversado —si por conversar se puede interpretar los "si" y "no"— dudaba muchísimo que fuese la clase de sujeto que iba por ahí repartiendo consejos y hablando de sentimientos y trivialidades que tuviesen que ver con relaciones haciéndole quedar descartado también.

Por último estaba esa chica, esa tal Amy Rose que si mal no recordaba había sido amiga del albino durante la época de secundaria; y según su esquema de probabilidades ella era la única que podía tomarse la molestia de aconsejarle. Sabía, por las cosas que Silver le había comentado alguna vez, que Amelia Rose era la clase de chica que disfrutaba tomar ese rol de "mamá" intentando estúpidamente proteger, aconsejar y cuidar de quienes le rodeaban —algo que le parecía bastante patético, si era sincera— por ello, pese a no tener ninguna clase de prueba que respaldase su teoría, la posibilidad de que Rose estuviese influyendo en la vida de Silver tenía bastante sentido según su razonamiento.

Esa tipa se ajustaba al perfil psicológico que podía influir en el comportamiento de Silver y sus antecedentes y modo de actuar no hacían sino aumentar sus sospechas.

Exhaló el humo del cigarrillo y lo dejó sobre el cenicero mientras tomaba algunos papeles y leía su contenido sin mucho interés; odiaba los casos sobre pensiones alimenticias, eso era todo. Con una mueca de fastidio deposito los papeles nuevamente en su lugar y suspiró. Había muchos cabos sueltos en su teoría lo sabía, pero cada vez le quedaban menos dudas con respecto a ello.

Sabía que no estaba muy lejos de la verdad, tenía la corazonada de que estaba en lo correcto y de ser el caso hablaría con Rose y le dejaría en claro que debía alejarse de Silver de una vez por todas o las cosas se tonarían nada favorables para esa santurrona.

Honestamente jamás había sido santo de su devoción; pocas fueron las veces en las que habían compartido un mismo espacio y eso fue suficiente para entender que ninguna de las dos congeniaba en lo más mínimo.

Fuere como fuere lo importante en este momento era terminar el trabajo que tenía sobre la mesa y ya por la noche se dedicaría a resolver sus asuntos personales de una vez por todas.

Presionó el botón que conectaba con la extensión de Marine y esperó unos momentos a que la joven llegase a su llamado.

Seguramente seguía molesta y frustrada ante su evidente fracaso en sus intentos de arreglar su vida, pero eso era harina de otro costal. Al cabo de dos minutos la puerta se abrió dejando entrar a la joven con una mirada seria en su rostro.

—Necesito el expediente del Señor Morrigan—Pidió, mirándole directamente al rostro.

Estaba molesta, era fácil notarlo.

—Renuncio...—

Ambas se miraron a los ojos, desafiantes durante unos interminables segundos; casi como asegurándose de que lo que estaba aconteciendo era real.

—¿Qué?—

—Que renuncio—Marine seguía firme en sus palabras, ya había tomado una decisión y nada la haría cambiar de opinión—Me niego a seguir traicionando mis ideales y todo lo que creo correcto al solapar una mentira—estaba molesta, aunque su voz flaqueaba un poco—Lo siento, pero me temo que por mucho que te quiera, sencillamente no puedo—Musitó.

No la juzgaba; ella hubiese hecho exactamente lo mismo. Miró a la jovencita quien a este punto estaba haciendo un esfuerzo bastante grande por contener las lágrimas y negó con la cabeza.

—Me parece que estás mezclando las cosas, Marine...—trataba de sonar completamente serena e inmutable—Pero mi vida personal nada tiene que ver con el trabajo que desempeñas—.

Y era verdad, nada tenía que ver una cosa con la otra, aunque aún así la joven no pareció reparar en sus palabras.

—Justamente es por ello que no puedo continuar—aseveró—He perdido mi capacidad de separar una cosa de la otra y me temo que de seguir así terminaré con la poca cordura que me queda—.

Blaze tan solo asintió; era justo y no podía retenerla si estaba tan segura de lo que estaba haciendo.

—Muy bien, me temo que es una pena que decidas dejar tu cargo y puesto, pero respeto por completo tu decisión como tu jefa y superiora—Resopló, cansinamente y miró directamente a los ojos de la castaña—Y como tu amiga me niego a dejar que te vayas y me dejes sola—Esto último, lo dijo con pesar.

Silenciosas ambas se miraban la una a la otra sin saber que decir o como actuar; por mucho tiempo habían sido un equipo bastante productivo, Marine había aprendido tantas cosas al lado de Blaze y ella por su parte desarrolló un cariño sincero hacia la menor.

Marine era como la hermana menor que nunca tuvo, la confidente y amiga que necesitó en su adolescencia y que por extrañas circunstancias terminó siendo su becaria y mejor amiga a pesar de la diferencia de edad y sus distintos ideales, genuinamente apreciaba a la chica.

Y ahora, pese al malentendido que tuvieron los últimos días, creía firmemente que su relación podía ser reparada fácilmente.

No era para tanto, pensó.

—No—Titubeante, la jovencita agacho la mirada—No puedes solo demeritar todo lo que te he dicho y fingir que somos amigas, Blaze—.

No fingía cuando la llamaba su amiga, era una de las pocas cosas que tenía completamente clara y asegurada en su vida fuera del trabajo, pero al parecer Marine no pensaba lo mismo.

—Creo que no estoy entiendo a donde quieres llegar con esto—de pie, avanzó un paso hasta la chica, pero ella le apartó—No puedes molestarte porque no quiero aceptar tus consejos amorosos—Inquirió ofendida ante el rechazo recibido.

Le parecía risible que la chica se tomase tan a pecho sus elecciones al momento de elegir a quien se llevaba o no a la cama.

—Ya ni siquiera se trata de eso, Blaze—le costaba mantenerse serena, pero aún así lo intentaba—Todo este asunto es tan... ¡TAN ENFERMO!—Chilló, molesta y sobretodo dolida por la situación—Desde que Sonic apareció en tu vida otra vez no eres la misma—lágrimas de enojo corrían libres por el rostro de la castaña—Desde que ese sucio sujeto apareció te has dedicado a demeritar lo que digo y minimizas los sentimientos de los demás porque no te importa nadie más que tu—Le acusó.

No negaría que quizá —tan solo quizá— debía concederle un poco de razón; su juicio se había visto nublado de un tiempo a la fecha y en su defensa sólo podía decir que el sexo con Sonic era grandioso y quizás estaba siendo poco objetiva con su manera de ver las cosas, pero fuera de ello no concordaba en lo más mínimo con lo que Marine le acusaba.

—No digas tonterías, eso no tiene ningún tipo de sentido—.

Ella no era egoísta; ambas lo sabían y el que Marine estuviese haciendo una rabieta infantil no demeritaba nada según su opinión.

—¿Tonterías? ¿TONTERÍAS?—Marine sonrió con sorna y negó con la cabeza, ahora todo cobraba un sentido torcido y su enojo alcanzaba niveles insospechados— Estás tan ocupada pensando en ese idiota que ni siquiera puedes terminar el maldito trabajo—atacó—Con un demonio, ¡Ni siquiera has notado que vamos a perder el maldito caso!—chilló encolerizada.

Había llegado a su límite y diría todo lo que su pecho había almacenado los últimos meses; estaba cansada de todo ese asunto de la infidelidad y sobretodas las cosas, estaba harta de esa actitud de diva pedante que su mejor amiga había adoptado.

No era la misma; por mucho que se estuviese esforzando en negarlo no había retorno; había descuidado sus relaciones, su salud y su trabajo. Su descuido les había costado perder una demanda millonaria y nada de lo que hiciera podría recuperar el terreno que habían perdido.

—¿Qué has dicho?—Sin darle crédito a lo que escuchaba, la de ojos ámbar sudó frío.

No podía ser posible, solo había dejado de lado un día; UN SÓLO DÍA, ¿No?. Trató de remembrar sus últimas acciones pero por mucho que se esforzaba no lograba recordar nada, su mente estaba en blanco y de pronto todo pareció encogerse a su alrededor.

Marine tenía razón.

El aire le faltaba y las cosas a su alrededor se movían de un lado a otro mientras un dolor punzante recorría desde su nuca y se instauraba taladrante en la parte superior de su cabeza.

—Vamos a perder el caso—repitió dolorosamente—Estabas demasiado ocupada pensando en ti como para notar que el mundo sigue su curso...—no le gustaba sonar filosófica, pero la situación lo ameritaba—Y no hay nada que yo pueda hacer por ti...—de pie frente a su hasta entonces mejor amiga, la joven continuó—Dejémoslo así, ¿Quieres? No puedo verte a los ojos después de todo esto y quisiera conservar mis buenas memorias sobre ti—.

Sus manos temblaban y las ganas de llorar se mezclaban con la imposibilidad de respirar correctamente; todo su mundo se estaba cayendo a pedazos y no sabía que hacer. Por primera vez en toda su vida se sentía acorralada y sin salida.

—No, no, no—tomó a la chica del brazo y la miró suplicante—No puedes, no puedes irte... no me dejes sola, no puedo perderte a ti también...—rogó sin pensar.

No estaba meditando sus palabras; presa de la desesperación y la ansiedad miles de escenarios invadían su mente y se repetían una y otra vez como un disco rayado.

Con suma delicadeza Marine apartó su agarre y negó con pesar; deseaba retractarse, de verdad que lo deseaba, pero no. Ya era demasiado tarde para intentar enmendarlo. Tal vez era una mala amiga por alejarse en un momento de necesidad, pero a estas alturas y pese a todo, sabía que nada de lo que hiciese o dijese le ayudaría a salir de ese bache emocional.

No podía ayudarla; y no porque no lo desease, de verdad, deseaba en el alma poder ayudarla y que todo su dolor no fuese sino un mal chiste del cual se acordaran con los años, pero no. Blaze tenía un serio problema de prioridades y no pudo ni podía influir de algún modo.

Le había quedado bastante claro que no deseaba consejos y ahora las consecuencias de aquellos actos moralmente cuestionables le golpeaban el rostro y no podía lidiar con ello. Bastantes fueron sus intentos de hacerle reflexionar y enmendar de alguna manera el daño que le hacía a un sujeto tan bueno como Silver e inclusive el daño que se hacía a ella misma al aferrarse de un modo tan obsesivo a un tipo que no valía la pena como Sonic.

Cosa que no sucedió; nadie podía experimentar en cabeza ajena y desgraciadamente ambas lo comprobaban de un modo no muy grato.

—Lo siento Blaze...—entre lágrimas la jovencita se alejo sin decir nada más.

Era demasiado doloroso ver a su entonces mejor amiga así, pero debía armarse de valor. Tal vez sí era una cobarde por abortar la misión, pero lejos estaban mejor.

Cuando la puerta se cerró y se encontró a solas nuevamente fue entonces cuando por fin pudo permitirse llorar amargamente por todo lo sucedido. No lo había asimilado y dudaba que estuviese siquiera cerca de entender que rayos acababa de suceder; dolía, ardía como el infierno cada parte de su ser.

Abrazada a sí misma deseó desaparecer justo en ese preciso instante mientras las lágrimas seguían corriendo sin cesar. Todo se había ido al carajo, primero Silver y ahora Marine.

Ya nada tenía sentido...


.


Sintió un escalofrío recorrerle la espalda y los vellos de la nuca se le erizaron ante tal sensación; miró el reloj en su muñeca y se removió incómodo. La sensación de que algo malo estaba sucediendo le recorrió de imprevisto.

Pensó en Amy la noticia de que estaba en el hospital, aunque supuso que de haberle sucedido algo Shadow ya les habría informado de ello, por lo cual lo descartó. Con Amy fuera, la idea de llamarle a su madre le cruzó por la mente, pero conociéndole como le conocía seguramente estaría haciendo alguna guardia en el hospital y no atendería el teléfono y también le descartó.

Sólo quedaba Blaze y la sensación de incomodidad pareció incrementar; pensar en la chica siempre le provocaba un vuelco en el estómago, no sabía si era por costumbre, por amor o simplemente producto de la mala experiencia que la chica le había hecho pasar, pero lo que si tenía claro es que ambos parecían compartir un vínculo bastante marcado y siempre que alguno de los dos parecía estar mal el otro lo sentía.

O al menos por su parte siempre había sido así; si ella estaba mal podía presentirlo, como si algo muy en el fondo de su ser le avisara que debía protegerla, algo parecido a un sexto sentido o quizá simplemente una serie de casualidades debido a la convivencia prolongada.

Fuese lo que fuese la impetuosa necesidad de llamarle y asegurarse de que todo estaba en orden le carcomía por dentro; sabía en el fondo que posiblemente estaba mal, que aquellos vínculos debían terminar en algún punto y que acudir en su ayuda cada que ella necesitara su ayuda jamás le daría la independencia que tanto necesitaba.

Lo cual era contradictorio si lo pensaba con detenimiento; en su interior albergaba sentimientos de profundo amor y devoción por esa mujer a la que por tantos años adoró y amó con cada parte de su ser; mientras que por otra parte, algo en su interior clamaba por echarla a patadas de su vida y no saber nunca más de ella.

Estaba dividido entre dos sensaciones contradictorias e igualmente válidas y eso le frustró.

¿Qué debía hacer? Hablarle significaba solo postergar lo inevitable y eventualmente caería en sus redes otra vez; aunque de no hacerlo la sensación de culpabilidad no le dejaría tranquilo si se enteraba después que algo malo le había sucedido.

Frustrado ante su incapacidad de tomar decisiones; Silver suspiró. ¿Qué se hacía en estos casos? Era alguien de pocos amigos y sabía que no ninguno tenía el tiempo de escuchar sus penas en ese momento; por lo que pensó un momento en Shadow y en cómo resolvería el conflicto; estaba seguro que el moreno escogería sacar a la chica de su vida y no tener ningún tipo de contacto y si ello significaba irse del país, lo haría sin dudarlo.

Aunque no tenía ni de lejos la fuerza de voluntad de Shadow tenía ni las agallas para enfrentarse a ella, así que lo descartó de inmediato.

Sonic y su manera de ver la vida tampoco le ayudaba mucho si lo pensaba bien; seguramente el también escogería dejar de hablarle a la chica y se iría de fiesta a tomar su peso en alcohol y conocer mujeres. Que, aunque quizá no era algo tan malo, no se sentía listo para hacer algo así.

Él no tenía el autoestima ni la moral tan distraída como Sonic, así que tampoco le funcionaría actuar como él.

Por último quedaba Amy y aunque sabía que ella le aconsejaría actuar conforme a su corazón le indicaba, sabía que ella era la única que podía entender su pesar. Ella era la clase de amiga que podía ponerse en sus zapatos y entender sus sentimientos sin juzgarle y bueno, también era lo suficientemente parecida a él.

Ella no era tan ruda y decidida como lo era Shadow, así que no tomaría una decisión tan drástica y tampoco era tan atrevida y lanzada como Sonic, así que tampoco es que fuese a ir de fiesta y tener encuentros con el primer tipo que se encontrara.

Rayos...

¿Por qué los sentimientos tenían que ser tan complicados? Es decir, un mes atrás creía que tenía la vida solucionada, tenía una casa, salud, trabajo y una novia hermosa con la cual quería pasar el resto de su vida y ahora estaba sentado en su oficina con una crisis existencial y sin la menor idea de como resolver sus problemas de adulto.

Se sentía muy idiota y quizá si lo era.


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El tiempo transcurre con mayor lentitud cuando no tienes nada en que ocupar tu mente y esta era una de esas veces; recostada en la cama de hospital comenzaba a sentirse incómoda y desesperada de tener que seguir ahí. Tenía frío, hambre y ya quería ir a su casa.

Ni siquiera tenía su teléfono con el cual entretenerse y ahora que reparaba en ese pequeño detalle pensó en dónde podría estar, tal vez lo había perdido en el ajetreo de perder el conocimiento, quizá alguien lo hurtó entre el tumulto de transeúntes que se congregaron para observarla durante su crisis.

Muchas posibilidades y al final ninguna le daba su teléfono para desaburrirla. Fuese lo que fuese decidió que no iba a estresarse; si se perdió, lo robaron o simplemente estaba en otro lado no iba darle importancia. Quería estar tranquila y tomarse las cosas con calma por primera vez en mucho tiempo.

Tal vez eso le ayudaría a poner en claro sus prioridades y resolver su vida cuanto menos un poco y todo ese asunto de los bebés, la soledad, sus amigos y el ex-novio se aclararían de una vez por todas —y si no, mínimo se recuperaría un poco a sí misma—. Era una posibilidad, pero ya se preocuparía después por ello; por lo pronto necesitaba darse un baño y comer algo para recuperar un poco de energía.

Ahora solo restaba esperar a que Shadow decidiera regresar; ¿Dónde estaría? Conociéndole seguramente se estaría poniendo al día con los contratos y asegurarse de que Sonic y Silver no echaran todo a perder. Rió ante la imagen mental que se hizo sobre sus amigos peleando como niños pequeños por quien debía tener el control —Al menos, Sonic y Shadow—.

Pensar en sus amigos ya se había convertido en una sensación agridulce y hasta cierto punto incómoda; el solo hecho de recordar que consideró de idea de procrear con alguno de ellos le causaba aflicción. Ya había renunciado a esas ideas, pero no por eso se sentía menos abochornada.

Daba gracias a Chaos que no se le ocurrió hacer algo que pudiese malinterpretarse pues no se lo perdonaría en estas instancias.

La puerta se abrió lentamente y la figura masculina de Shadow se abrió paso por la habitación con una mirada serena en su rostro. Estaba vestido con ropa casual, parecía haber tomado un baño no hacía mucho y tenía entre sus manos una bolsa de papel con letras doradas al frente.

—¿Cómo te sientes?—Le pregunto acercándose a ella, permitiendo que el aroma de su perfume inundara sus fosas nasales—¿Algo que reportar?—Le tendió la bolsa y la observó—Vístete, iré a firmar el papeleo para que te dejen salir—Y sin esperar una respuesta salió tal y como había llegado.

A solas y con un leve estupor miró con curiosidad aquella bolsa y la abrió lentamente; grande fue su sorpresa al notar que había un vestido royal vine de manga larga, zapatos a juego y un conjunto de ropa interior que curiosamente eran de su talla. El cómo es que él sabía la talla de su sostén le pareció extraño pero decidió que eso ya sería tema para después. Tomó aquella ropa recién adquirida y sin más se vistió.

Una vez lista salió de la habitación con pasos torpes y desde lejos pudo observar al moreno hablar con la enfermera que llevaba su cuidado. Dudosa, se aproximo hasta donde se encontraban.

—Firme aquí y aquí—la enfermera señalaba algunas cláusulas y cosas que no entendió—Debe tomar dos de estas, una de estas y tres de estas con cada comida—le tendió un cajas y frascos de medicinas y Shadow asintió—Comidas balanceadas, mucha agua y dormir ocho horas diarias—La mujer seguía dándole instrucciones que él escuchaba atentamente sin perder ni un solo detalle.

—Muy bien, gracias—firmó aquellas hojas y se giró para observarla unos segundos—¿Hay alguna otra cosa que deba saber?—Preguntó para reafirmar que había entendido todo correctamente.

—Eso es todo, pueden irse y mucha suerte Señor y Señora—se despidió cortés la mujer.

Abrió la boca para responder, pero la mano de Shadow le tomó por sorpresa y comenzaron a caminar hacia la salida del hospital. Afuera el ruido y ajetreo de la ciudad le dio un escalofrío a la joven quien seguía en silencio sin comprender que sucedió.

—¿Quieres almorzar?—Cuestionó mientras caminaban hasta su auto—¿Algo en particular? ¿Quizá comida coreana?—

—¿Comida coreana?—

Que a Shadow le gustase esa gastronomía era demasiado curioso como para pasarlo por alto; no le parecía la clase de sujeto que disfrutara de esa clase de platillos, pero no le parecía tan mala idea.

—O puede ser otra cosa—Se apresuró a corregir.

—Comida coreana suena bien—sonrió suavemente—Sólo quiero cuestionarte una cosa, si no te molesta—.

—¿Qué deseas saber?—abrió la puerta del auto para permitirle el acceso y posteriormente el subió también—Casi lo olvido—de su bolsillo sacó el teléfono celular de la rosada y se lo entregó—Me lo entregaron hace un rato cuando llegué por ti—

Con su teléfono en mano Amy sintió un poco de tranquilidad al saber que su información y todas sus fotos no se habían perdido; tenía cientos de llamadas perdidas de Cream, Sonic e inclusive de Silver, algunos cuantos mensajes de Rouge y mucha otras notificaciones que abrió por inercia. Absorta en sus mensajes, Shadow carraspeó con la intención de llamar su atención.

—¿Rose?—

—Ah, lo siento—dejó el teléfono de lado y suspiró—Sé que sonará malagradecido de mi parte pero, ¿por qué no desmentiste a la enfermera?—

Enarco una ceja aparentemente sin entender que estaba diciendo; encendió el auto y esperó a que ella formulara nuevamente la pregunta.

—Quiero decir, ¿por qué no dijiste que no soy tu esposa?—no quería sonar ruda, pero de verdad necesitaba saber que era lo que estaba sucediendo.

Que ella le gustase —cosa que consideraba irreal— tenía cierto sentido, pero no por ello era sinónimo de que él debía actuar con tanta cortesía y amabilidad hacía ella.

Pese a ello, Shadow tan solo se encogió de hombros restándole cualquier importancia al asunto; no tenía tiempo para cuestionarse tonterías.

—No me molesta...—respondió sin más.

No le convencía esa respuesta y su cara debió ser lo suficientemente obvia para que Shadow soltase una leve y pequeña risilla que la extrañó y molestó al mismo tiempo.

—¿No te molesta que el hospital crea que soy tu esposa?—incrédula Amy seguía sin darle crédito a sus palabras.

Todo ese concepto y percepción que tenía de Shadow ahora se venía abajo. ¿Dónde estaba el Shadow serio y emocionalmente distante que por años conoció y quiso? Era tan extraño verle actuar tan natural y riendo como si hubiese escuchado un chiste.

Ni siquiera en sus fantasías y novelas baratas había siquiera considerado verlo actuar de esa manera.

—En absoluto—detuvo el auto frente al semáforo y la voz del navegador se activo para darle el reporte del clima—Cierra el pico—su tono parecía más al del Shadow "normal"—¿Por qué te es tan difícil de creer?—Ahora fue él quien le cuestionaba y el semáforo cambió.

Contrario a lo que podía pensarse, podía darle por lo menos cinco razones por las cuales ella consideraba que no podía interesarse en ella, lo que no podía era expresarlo sin sonar grosera o muy idiota al decirlo.

—Supongo que siempre he creído que me veías como una hermana menor o una amiga fastidiosa—se sinceró sin pensar.

No estaba muy alejada de la verdad; durante mucho tiempo fue así.

—Las cosas cambian...—no lo pretendía, pero el tono enigmático que aderezó sus palabras fue inherente a la situación.

La conversación con Rouge le había hecho replantearse muchas de las decisiones que había tomado a lo largo del tiempo confirmándole de alguna manera que no estaba equivocado con respecto a sus sentimientos. Se había enamorado perdidamente de Amelia Rose por el simple de ser ella; una loca, escandalosa pero adorable mujer que siempre estuvo para él, aún cuando el ni siquiera se quería a sí mismo.

De pronto todo pareció cobrar un sentido distinto y vio la luz entre tanta oscuridad cubriendo su vida y pensamientos. Tanta negatividad y dolor de años anteriores parecieron verse mermados al verla sonreír.

No fue capaz de responder ante ello por lo que optó por guardar silencio. Muchas teorías venían a su mente y la sensación de incomodidad comenzaba a instalarle en su pecho. Ahí iba de nuevo a estresarse por cosas que estaban fuera de su entendimiento cuando Shadow hablo nuevamente.

–Hemos llegado–el estacionamiento de un pequeño restaurante coreano la hizo alzar una ceja con extrañeza, al parecer era real su gusto por la comida extranjera.

Dentro fueron recibidos por un par de meseras muy amables que saludaron a Shadow con mucha naturalidad.

El lugar era pequeño, con un fuerte estilo oriental lleno de mesas de madera y pinturas que le recordaban épocas anteriores.

Tomaron asiento y la joven que atendía se aproximó hasta ellos.

Eoseo Osibsio–Saludo la joven con una leve reverencia–¿Qué les gustaría ordenar?–.

Con el menú entre sus manos el pequeño e insignificante detalle de que no tenía ni la menor idea de como pronunciar los nombres escritos –y por consecuencia, tampoco sabía que era lo que se iba a comer– levanto la mirada para observar a Shadow actuar con normalidad.

No parecía ni conflictuado con aquel menú; la naturalidad con la que se comportaba le indicaba que ya había venido en ocasiones anteriores, por lo que se aventuró a cuestionarle que sería bueno probar.

–Dos Bulgogi y té de omija para ambos, nohchiji maseyo–pidió el moreno y la señorita asintió con una reverencia dejándoles a solas.

–No sabía que hablabas coreano–Admitió sorprendida ante esa habilidad que desconocía del joven y el solo se encogió de hombros como si fuese algo sin importancia–Eres una caja de sorpresas, Shadow...–Hablo de nuevo y trató de aligerar la tensión en el ambiente–Quiero decir, no tenía idea de que sabías coreano y que te gustaban los idols y la cultura coreana–Bromeó entre risas y el no respondió al instante.

Por su parte Shadow solo meneó la cabeza en un gesto de negación; ya estaba muy mayor para pensar en esas cosas de adolescentes, pensó para sus adentros en automático.

–Lo aprendí cuando era un niño–Afirmó.

–¿De verdad?–

–Hablo alemán, francés, coreano y un poco de italiano–Shadow no parecía para nada interesado en esa conversación–Cada verano tenía que aprender un idioma nuevo–.

No lo dudaba, sabía que era inteligente y que gustaba de nutrir su mente con nuevos conocimientos cada que tuviera la oportunidad.

–Que envidia... yo ni siquiera recuerdo que hacía durante mis veranos...–

Le resultaba fascinante la naturalidad con la que podía relatar algo tan complicado como el aprender otros idiomas durante su infancia; no dudaba de su capacidad, Shadow era la clase de sujeto que fácilmente podía comprender muchas cosas a la vez. Tenía dos carreras universitarias y una maestría –y no dudaba que algún punto también tuviese un doctorado del que ella no tuviese conocimiento– en economía. Era alguien preparado, capaz de sobresalir en todo lo que se proponía.

A estas alturas estaba tan desactualizada de la vida del moreno que no le sorprendería que hubiese tenido algún matrimonio y posterior divorcio y ella ni siquiera se hubiese enterado. Shadow había sido tan hermético y cerrado con sus sentimientos que durante muchísimo tiempo llegó a dudar si realmente seguían siendo amigos o solo colegas de trabajo.

Aquella noche en la que el chico dejo en claro que se sentía atraído por ella no hizo sino abrir un abanico de posibilidades que estaban convenientemente a su favor. Que fácil hubiese sido solo tomarle la palabra y aceptar sus sentimientos y dejar que eventualmente la naturaleza hiciese su curso, pero siempre había que haber un pero y ella, siendo la pesimista empedernida que era, terminó por encontrar defectos en ese regalo que el destino le estaba brindando.

–Sí...–lucía incómodo al hablar de aquel tema–Los idiomas y los infantes no suelen combinar muy bien–ironizó con su tono naturalmente ácido y un suspiro de fastidio le acompañó.

Pensar en los veranos que pasó aprendiendo otros idiomas era fastidiante; sobretodo por las experiencias para nada gratas que trajeron con sigo dichos conocimientos.

–Debió ser bastante estresante... –remembró la rosada–Si puedo preguntar... ¿Cuál fue el primero de ellos que lograste aprender?–.

–Coreano–Respondió al instante y la chica que había tomado su pedido regresó con ambos platos de comida, interrumpiendo su respuesta–Gamsa haeyo–Agradeció y la joven se retiro con una reverencia.

Tomó el plato que tenía frente a él y miró a su acompañante quien analizaba el contenido sin entender del todo que era lo que había en él. Sin quererlo, le perecía enternecedora la mirada de extrañeza en el rostro de Rose y como se estaba esforzando por no hacer ningún gesto que delatase su aparente disgusto por probar lo que estaba frente a ella.

Sabía lo difícil que le resultaba probar ciertas cosas nuevas, era alguien de gustos particulares y normalmente se comportaba como una niña pequeña cuando algo no le agradaba o le parecía fuera de lugar; aunque debía darle crédito por la compostura que estaba guardando.

Parecía resuelta a comer lo que tenía frente a ella sin preguntar que era y además –para sorpresa hilarante– comerlo con los palillos sin tener la menor idea de como hacerlo.

–Tómalo con calma, Rose–confundida ella levantó la mirada y el sonrió de lado, divirtiéndose con su leve ignorancia–Es carne marinada a la parrilla, lo más cercano a una barbacoa que encontrarás–Le explicó con simpleza y llevó con un trozo de carne a su boca–Tómalos con fuerza–Con tu pulgar y tu índice–Y con sus propia mano ejemplificó sus palabras.

Saber que aquello era carne le tranquilizaba un poco; y aunque tenía sus dudas con respecto a los palillos decidió que seguir el consejo de Shadow sería lo más conveniente en este momento. Con los dedos levemente temblorosos colocó en posición el par de palos de madera y movió torpemente un par de veces acostumbrándose a la sensación de la madera entre sus dedos.

Con la nueva habilidad adquirida llevó los palillos hasta su plato y trató de tomar poco a poco un trozo de carne fracasando torpemente en el intento; lo intentó tres veces más y siguió obteniendo los mismos resultados. Después del séptimo intento ya estaba comenzando a molestarse.

–Muy bien, ya sufrido suficiente por hoy–del lado de los condimentos tomó un tenedor perfectamente cubierto por un par de servilletas y se lo tendió–Ya lo intentaremos la próxima vez–.

–¿Tuviste un tenedor todo esto tiempo y aún así querías reírte de mí?–

–Sí...–

Abrió la boca para replicar cuando un trozo de carne se instaló sobre su lengua y el dulce sabor de la carne la hizo callar de inmediato; aquello sabía delicioso. Mastico rápidamente el trozo y se llevó otro a la boca comprobando que este también sabía muy bien.

–¿Qué tal?–

Con la boca llena balbuceó unas cuantas cosas que a Shadow le hicieron gracia y trató de recobrar la compostura. Tenía hambre y el probar algo tan rico la hizo perder ligeramente el control. Le dio un trago al vaso de té y más repuesta respondió.

–Es delicioso–Aseveró, sin reservas–¿Vienes muy seguido a este lugar?–Seguía comiendo con alegría y se llevaba un poco de arroz que acompañaba a la carne como guarnición.

–No realmente–su rostro sereno no cambió mucho–Vengo aquí cuando quiero olvidarme de pensar y estar tranquilo–Confesó bebiendo su té–Es mi lugar de tranquilidad–.

Viniendo de Shadow, que estuviese compartiendo algo tan íntimo como uno de sus secretos la hizo enrojecer; no supo como responder ante aquella declaración por lo que terminó atragantándose con un trozo de carne debido a su nerviosismo.

Que el estuviese depositando ese grado de confianza y que decidiera confesarle un secreto –banal, pero secreto al fin y al cabo– la enterneció.

Durante mucho tiempo esperó que su relación con el moreno volviese a ser lo que fue en antaño; tomar un café y discutir de filosofía y todas esas cosas que ella no entendía del todo pero que Shadow sí y que terminaba dándole lecciones valiosas que atesoraba enormemente.

Que extrañamente reconfortante se tornaron las cosas de pronto, pensó sin atreverse a externarlo por temor a arruinar las cosas y comió en silencio acallando la vocecilla de curiosidad que clamaba por preguntarle más cosas al joven. El fondo deseaba preguntarle porque gustaba de ella, pero prefirió callar.

Por su parte, Shadow disfrutaba del silencio y la compañía de la fémina frente a él; podía notar que se debatía mentalmente por alguna cuestión que el desconocía y pensó –para su extrañeza– que quizá podría distraerla un poco con una pequeña anécdota personal.

Dejó los palillos a un lado y se aclaro la garganta dándose valor.

–Cuando era un niño solía viajar a Corea del Sur con regularidad por el trabajo de mi padre y acostumbraba comer platillos típicos del país, desde luego que no podría comparar el sabor... pero ese lugar se le parece bastante–.

Se sorprendió un poco por la franqueza de sus palabras, pero agradeció que la chica solo asintiera sin hurgar demasiado en el pasado.

–Debieron ser buenos tiempos...–Amelia Rose se tornó seria–Y comprendo si es difícil recordarlo, debiste ser muy pequeño al perder a tu madre...–no era una pregunta, sonaba más bien a una afirmación retórica y ella continuó sumida en sus propias memorias–¿Sabes...? Algunas veces pienso en mis padres y me preocupa que mis recuerdos sean solo mi imaginación...–

–¿A qué te refieres con eso?–

Algunas veces podía ser enigmática sin proponérselo y esta era una de esas veces; sumergirse en el pasado le traía recuerdos en lo que algunas veces dudaba dado a la magnitud de su pérdida.

–Quiero decir...–meditó en silencio y bufó con apatía–A que no recuerdo mucho del día en que perdí a mis padres... y a medida que pasa el tiempo siento que mis memorias son sólo mi interpretación de las anécdotas de alguien más.–sintió un ligero escozor en su garganta y tosió brevemente–Pero bueno, supongo que debo superarlo–finalizó restándole toda la importancia que su autocontrol le permitió.

Era difícil pensar en sus padres aún después de tanto tiempo y pese a que había recibido mucho amor por parte de sus abuelos, su vida jamás volvió a ser ni remotamente parecida a lo que estaba acostumbrada.

–No debes sentirte culpable por sentirte de ese modo, Rose...–Contrario a lo que ella creía, entendía bastante bien mucho de los sentimientos que ella albergaba en su corazón.

Quizá no eran las mismas circunstancias y pese a todo lo malo que hubo durante su crecimiento, él también perdió de una u otra manera a sus padres.

La situación apestaba, de distintas formas pero ambos sufrían al sentirse solos y olvidados.

–Aún así...–calló ante la imposibilidad de pronunciar palabras que pudiesen dar una respuesta y sollozó suavemente–A veces me siento un poco molesta... es decir, ¿por qué tuvieron que irse así?–apretaba el doblez de su suéter con fuerza y algunas lágrimas corrían por sus orbes–Quizá pienses que soy una infantil, pero pasé demasiado tiempo enojada con la vida porque mis padres se fueron y de alguna forma creía que eso me hacía el ser más miserable sobre la Tierra, como si no hubiese millones de otros niños que pierden a sus padres–confesarlo le hacía sentir avergonzada, pero mejor consigo misma.

Nunca se había animado a externarlo abiertamente pues estaba cansada de aquellas miradas condescendientes y palabras de consuelo que en el fondo no la hacían sentir mejor. Todos le trataban con pena y lástima, augurándole ser una chica fuerte y muy inspiradora por haber perdido a sus padres y seguir de pie.

Y aunque en el fondo agradecía aquellas consideraciones, no se sentía la inspiración de nadie, ni de cerca ser motivo de celebración y un ejemplo a seguir.

–Y mírame ahora, hablando de mi cuando esto se suponía que era pasar un rato agradable... lo arruiné todo–

Tomó su mano con delicadeza y pesé a no ser un tipo de muchas palabras; trató de reconfortarla.

–Sentirte mal no es algo de lo que debas culparte a ti misma... la vida es basura la mayor parte del tiempo, pero seguir adelante es lo único que queda por hacer–No sonaba filosófico, pero de verdad estaba tratando–Perder es doloroso, lo sé–con el dorso de su mano limpió algunas lágrimas de sus mejillas–Dios... Rose, no puedo verte triste–.

Intrigada, Amy arqueó una ceja al escuchar las últimas palabras que pronunció.

–¿Por qué?–sorbiéndose los mocos, preguntó.

Era difícil para él hablar abiertamente de sus sentimientos, pero si algo tenía claro que si quería que ella comenzase a confiar en él debía aprender a ser sincero.

Tomó una gran bocanada de aire y evitando levemente su mirada, para sorpresa de la rosada, musitó.

–Estoy estúpida e irremediablemente enamorado de ti, Amelia Rose...–para sorpresa de ambos, sus mejillas se tornaron color carmín–Y tu dolor, es mi dolor...–se sinceró, aún sin saber que decir ni como reaccionar–Te amo Amelia Rose y me siento tan patético porque no sé expresarlo de un modo mejor...–

Te amo Amelia...

Dios...

¿Qué rayos acababa de pasar?

.

.

.


Continuará...

Hay mucho decir, muchas cosas quedan a la espera y otras se aclaran, ahora que Shadow ha expresado abiertamente que siente por ella, ¿afectará su decisión? Sonic descubre que esta sucediendo con su dinero, ¿Lo solucionará? ¿Qué planea Jet? Y lo más importante... ¿Me voy a volver a perder por otros meses más? yo digo que sí...
De antemano un disculpa por los dedazos que se me han ido por ahí, ya saben que mi cerebro no da para más...
Por otro lado me permito recordarles que nada esta sucediendo porque sí... ya encajará más adelante...
Ahora sí, me despido, no sin antes darles las gracias por su paciencia y el apoyo que le brindan a esta historia, lo valoro mucho.
Se cuidan y gracias por leerme.
Atte.
Gri.