Los primeros pasos tras el portazo son a la carrera. Pasillo arriba, ni siquiera le importa a dónde conduce. Sólo quiere escapar de las paredes de piedra y las diminutas ventanas medievales. Necesita salir, encontrarse son la noche y saber que, ahora sí, podrá respirar. Si no sigue caminando, su cuello terminará por cerrarse, está segura.
"¿Vamos a pasear? ¡Genial!" grita Rumpelstiltskin, a su vera.
Cuando alcanza un corredor cualquiera, no muy lejos de los aposentos de los invitados, una puerta maciza parece llamarla a gritos. Es más gruesa que el resto y eso sólo puede indicar una cosa. Es una salida.
"Yo que tú no lo haría…" masculla Rumpelstiltskin burlón.
Tira de ella y cuando comienza a apartarse, el frescor de la noche reverbera contra su cara. Cierra los ojos sumida en un alivio súbito que estremece su piel por el cambio de temperatura, devuelve a la vida sus pulmones y arrulla a las palpitaciones de su corazón.
"¿Insomnio, Emma?"
Abre los ojos, se agarra el pecho y ni siquiera repara en lo torpe y dudosa que suena esa voz.
"¡Re… Regina!"
"Perdona." Musita con media sonrisa y su cuerpo apoyado contra la muralla, asomada como si se tratara de un balcón. "No pretendía…"
"No pasa nada." Se apresura con torpeza. "Es sólo que esperaba a ningún otro rondador nocturno en las murallas del castillo."
Regina sonríe aliviada, relajando su postura bañada por la luz de la luna. "¿Insomnio, entonces?"
"Bueno… ha sido uno de esos días, ya sabes." Bromea, sólo para sentirse un poco boba y sumamente fuera de lugar un segundo después. "Necesitaba tomar un poco de aire antes de intentar dormir."
Regina asiente y devuelve su mirada a la inmensidad de la noche. "Sé a qué te refieres." Y ahí está otra vez, esa voz desmañada y dudosa, que trata de sonar firme y en calma.
"Ya…" responde automáticamente. Aunque duda mucho que Regina esté también discutiendo con un enano con piel de serpiente que le susurra sadismos en el oído. Y eso le hace preguntarse a Emma que es lo que ha sacado a Regina de la cama y la tiene paseando por las murallas. "¿Y tú? ¿Estás bien?"
"Mejor ahora, sin sangre por todos lados." Bromea extendiendo los brazos enseñando su impoluto nuevo vestido.
"¿Pero…?" pregunta dando un paso hacia la muralla en la que Regina se apoya.
Los ojos miel se alzan para encontrarse con los de Emma y la sonrisa se desvanece un poco. "Todavía siento que estoy acostada sobre esa mesa…" suspira. "Se que no ha sido la primera vez que hemos estado en una situación así, pero…"
Emma aprieta los labios antes de poder terminar la frase por ella. "…Ha estado demasiado cerca, ¿verdad?"
"Demasiado…"
Esta vez son los ojos de Emma los que se pierden en la noche de Camelot, mientras apoya sus antebrazos en la piedra fría. La sola mención de esa mesa trae recuerdos demasiado vividos a su cabeza y unas nauseas muy reales en la boca de su estómago. Pero, como una balsa de madera, la imagen de su beso acude a ella sin preguntar. Y, por un momento, esa sensación la altera muchísimo más.
Agradece el repentino y cómodo silencio. Incluso se alegra de que Regina no entre en detalles al mencionar el intento fallido de asesinato. Eso puede manejarlo. Pero no quiere poner a prueba su escasa estabilidad afrontando… afrontando ¿qué? ¿El beso? ¿O qué pensará Regina sobre él? ¿Si se sobrepasó? ¿Si ha funcionado sólo porque Regina siente un genuino y verdadero amor hacia ella en calidad de segunda madre de Henry? ¿Si sólo se sintió realmente a salvo cuando Hood volvió a entrar y pudo besarle a él? ¿Si Regina siente algo completamente diferente a lo que siente Emma?
De repente el silencio ya no es tan agradable. Regresa la asfixia y ni siquiera la brisa nocturna funciona.
"Emma." Murmura Regina muy bajito, siendo esta vez la alcaldesa quien recorta un paso la distancia entre ellas mientras se lleva la mano a la cintura. "Creo… Siento que debería darte la daga. O quizás cedérsela a otro de los nuestros."
"¿Qué? No." Tartamudea regresando al presente de golpe. "¿Por qué querrías hacer eso?"
"No es que quiera… Pero me la diste porque esperabas que, si todo se complicaba, fuese capaz de dejar a un lado los sentimientos y hacer lo que fuera necesario." Baila la hoja entre sus dedos, observando el lánguido brillo del metal. "Y… ahora ya sabes que no sería capaz." Añade tragando hondo.
Un vértigo que nada tiene que ver con la altura a la que se encuentran invade su pecho y no cree poder responderle. No sin sonar como un bebé pronunciando sus primeras palabras. Sólo cuando Regina se la tiende en el aire, flotando entre ellas dos, regresa en sí y se obliga a abrir la boca.
"Sé lo que dije… Pero quiero que te la quedes. No imagino nadie mejor para custodiarla."
"¿Estás segura?"
"Absolutamente." Y esa vez no duda. Esa daga es parte de sí misma, una parte que detesta, pero que en manos de Regina no resulta tan repugnante.
"Emma… ¿de verdad creías que yo podría destruirte si todo se descontrolaba?" susurra sin decidirse a dejar la daga en el cinto, sólo jugando con ella. "¿Después de todo, después de tantas batallas, después de Nueva York…?" Los ojos de Regina titilan frente a los suyos y, aun así, no se apartan ni un ápice al preguntar.
"Yo…" Duda antes de continuar. "Creo que no... Pero era complicado proponer frente a mis padres, mi hijo y mi... lo que sea: Que la guarde Regina, gracias." Musita con torpeza.
"Ya…" responde sin ninguna entonación, pero dejando la daga descansar junto a su cintura de nuevo. "¿Sabías que vibra y arde cuando tú estás preocupada?"
"¿Cómo? ¿Te hace daño?"
"No, no, es mucho más sutil. Apenas se aprecia, pero está ahí." Se apresura a corregir con tranquilidad. "Lo noté cuando entramos a Camelot y me hice pasar por ti, y lo volví a advertir cuando me hirieron."
"No era consciente…" reflexiona para sí.
"Yo tampoco…" admite mirando hacia ninguna parte, antes de carraspear. "Siento si es muy invasivo, yo…"
Emma la interrumpe, buscando su mirada para que no queden dudas. "No lo es, de verdad." Insiste con media sonrisa. Es la conversación más rara, incómoda y desmañada que han mantenido, pero no quiere que se acabe jamás. "Me parece… curioso."
"En ese caso…" añade sin prisa, pero con cierta confianza renovada. "Antes de empezar a deambular por las murallas, me ha parecido que…"
"¿Que vibraba mucho?"
"Muchísimo."
"Ya… Estaba discutiendo."
"Oh."
"Con Hook."
"Oooh."
"Sí…"
"¿Piensa que has usado magia del oscuro?"
"No, no… Cree a Henry. Pero se ha autonombrado máximo cuidador de la Salvadora y necesita decidir por mí qué hacer en cada momento. Está convencido de que, si no me vigila durante un segundo, me volveré malvada y que sólo él sabe lo que me conviene."
Regina chasquea la lengua y es respuesta más que suficiente para Emma.
"Ya, no hace falta que digas nada…" gruñe por ella. "Desde el baile ha intentado imponerme lo que hacer y ahora, aunque le he pedido espacio, ha considerado que debía abrirme en canal a él sin dilación." Añade con un profundo suspiro. Y, por un instante, se siente cobarde y mentirosa por no añadir: Así que le he empujado lejos mágicamente y ahora tengo una nueva piel. Pero su lengua se niega a confesar. Y no se ve obligada a hacerlo cuando Regina retoma la conversación.
"La empatía no es lo suyo, ¿eh?" pregunta divertida cruzándose de brazos sin esperar respuesta.
Antes de entender por qué, es Emma la que pregunta de vuelta. "¿A Hood se le da un poco mejor?" No quiere escuchar la respuesta, ni siquiera entiende por qué lo ha dicho. Pero ya es demasiado tarde para echarse atrás y se prepara para lo que su estúpida decisión le depare.
"Sí, bastante…" responde una vez más sin prisa, como si midiera sus palabras. "No ha preguntado nada cuando he decidido salir a pasear. Él… supongo que cree saber por lo que estoy pasando."
¿Y no es así?, se pregunta Emma para sí, tratando de estudiar la esquiva expresión de Regina. Pero esta no tiene intención alguna de mirarla, y menos aún al volver a hablar.
"Robin lo intentó. Quiero decir, que también lo intento." Carraspea incómoda, pero irguiéndose cómo si sus mejillas y su cuello no se hubieran teñido de un rojo fuego que, incluso a la tenue luz de la noche, se distingue claramente.
"¿El que?"
Traga y baja el rostro antes de susurrar: "Curarme…"
"Ah." Es cuanto puede decir, antes de que su propio rostro arda de vergüenza y su estómago se revuelva nauseabundo.
"Pero él, en cierta manera, no esperaba que funcionase. Llevaba tiempo sosteniendo que mi verdadero caballero andante no podía ser alguien que hubiera embarazado a mi hermana." Añade no sin cierto humor y Emma deja escapar una pequeña carcajada culpable que, al segundo, se ve acompañada por una de Regina.
"¿Y tú qué pensabas?"
"Me gustaba aferrarme a la idea de que, quizás, hasta yo merecía un final feliz." Responde tan criptica, que Emma abre la boca dispuesta inconscientemente a insistir. Pero Regina no lo deja ahí. Sólo coge aire y retoma. "Pero si alguna remota vez fue el amor de una joven, inocente y enfadada Regina, difícilmente podría serlo también de la mujer que soy hoy. Y me parece que siempre lo he sabido…"
"¿Y él cree que estás… reflexionando sobre el beso fallido?"
"Supongo… sobre ello, la fragilidad de la vida, la muerte… Quién sabe."
Levanta los antebrazos de la muralla y da medio paso. "¿Y es así?"
Regina vacía sus pulmones con un suspiro que podría tumbar torreones a su paso. "No."
"¿No?" pregunta muy bajito. Tan confusa, tan nerviosa, tan emocionada que la pregunta se aturulla en su garganta.
"Dímelo tú…" propone hablando casi igual de tenue, pero girando todo su cuerpo en favor a ella. "¿Por qué necesitabas salir a caminar?"
Emma respira hondo, escuchando las palpitaciones de su corazón resonar en sus tímpanos. "Quizás… quizás yo sí que necesitaba reflexionar sobre Hood y tú."
Regina abre los ojos. Un segundo después cierra la boca mordiéndose los labios y tratando de no reírse.
"¡Ey!" protesta la Salvadora.
"Perdón, es que eso sí que no lo esperaba." Y, al hablar, la carcajada reprimida se escapa, contagiando a Emma.
La Salvadora intenta mantener su gesto ofendido hasta el final, pero la tensión acumulada deshaciéndose entre risas y la repentina sensación de dulce calma es superior a su fachada. Hasta que no deja de reír, Regina no toma de nuevo la palabra y lo hace sonriendo de medio lado, hablando más que nunca solo para ella. Con una dulzura y un vibrato que remueve a Emma de pies a cabeza, aún sin pretenderlo. "Robin es un buen hombre, sé cuánto le importo y no querría hacerle daño nunca. Pero tenía que salir de esa habitación ya."
Traga hondo, caminando hacia ella sin ser consciente de hacerlo. "¿Por qué?"
"Porque no era justo que estuviera ignorándole mientras en mi cabeza revivía una y otra vez ese…"
"¡AL LADRÓN, AL LADRÓN!"
Un grito que retumba por toda la muralla y las hace saltar del susto. Completamente perdidas. Como si acabasen de despertar abruptamente de un sueño.
"¿Qué…?" musita Emma mirando a Regina, aunque esté tan perpleja como ella. "¿Es Killian?"
"¡SE ESCAPA, AL LADRÓN!" chillan una vez más y, en esta ocasión, la voz de Hook las alcanza con claridad, acompañada del barullo de puertas y pasos apresurados. Aún fuera de sí, salen a paso apresurado, de vuelta al interior del edificio, cerrando la puerta tras ellas y dejando atrás la quietud de la noche.
Continuará...
