¡Muchísimas gracias por los reviews, favs y follows! ^^ No sabría si quedaría alguien por aquí para leer esta historia y supone un aliento de la leche. ¡Espero que os siga gustando!


El ruido deja de ser un murmullo lejano, para convertirse en un estruendo que se extiende entre las murallas de piedra, con un eco jaleoso. Se giran hacia él y, lentamente, se forma una imagen surrealista e inexplicable. Decenas de figuras con forma humana y borrosa se van acercando a la explanada y, si Emma no se equivoca, ¿caminan de espaldas?

No, no tiene ningún sentido.

Pero está en lo cierto.

Reconoce a los enanitos, a Belle sosteniendo la rosa preservada, Hook y Hood hombro con hombro, la abuelita con los puños en alto, Lancelot haciendo molinillos con su espada y, al frente de todos ellos, sus padres, cubriendo a Henry. Caminan a duras penas de espaldas y entonces lo entiende.

Tras la última fila de los ciudadanos de Storybrooke, se encuentran los hombres de Arturo, comandados por el monarca. Ambas partes han desenvainado y caminan midiéndose, pero nadie parece lanzarse a dar el primer golpe. Su madre, con el arco listo, va profiriendo órdenes a todos los suyos, dirigiendo la retirada, hasta que la explanada comienza a verse inundada por ellos.

"¿Qué demonios…?" profiere Regina alzando sus manos en posición de ataque.

"¡Nos han descubierto!" grita David por encima del estruendo de pasos, caballeros y voces entremezcladas.

"No me digas…" responde está con ironía.

"¡EN NOMBRE DE CAMELOT, OS ORDENO QUE OS DETENGÁIS!" profiere Arturo furioso.

"¡Vamos a liberar a Merlín, ¿no es acaso lo que queríais?!" pregunta Emma con sarcasmo.

"¡No nos engañarás! ¡Sabemos qué pretendes y quién eres, Ser oscuro!"

"¿La amenaza aquí soy yo?" cuestiona mientras todos los habitantes de Storybrooke comienzan a rodear al árbol, dejándolas a ellas en el centro de ese perímetro de seguridad.

"Demuestra que no lo eres, ¡danos esa daga!"

"¿Así que eso iban buscando tus hombres anoche?" ladra cabreada. "Está en el lugar más seguro y protegido que puedas imaginar… ¡Suerte intentando conseguirla!"

"¡Hay otras formas de parar a monstruos como tú…!" vocifera rojo de rabia. "Caballeros de Camelot, a mi orden…"

"Habitantes de Storybrooke, ¡preparados…!" Dirige Snow.

Y un instante después los gritos de ambos líderes se mezclan y se desata el caos. Los caballeros se lanzan contra el circulo formado por los foráneos. Las líneas de Storybrooke se mantienen firmes, no pierden su formación y rechazan los envites como pueden. Hasta que algo inclina la balanza.

Regina, con un grito animal, despliega sus brazos y dos llamaradas con forma de serpiente, rodean a todos los habitantes de Storybrooke sin rozarles y sus bocas de colmillos llameantes se abalanzan contra los caballeros.

"¡BRUJA!" chilla Arturo.

"¡Y la mejor de todas!" espeta cargada de adrenalina y rabia. Sólo se detiene un segundo, sólo suaviza su voz y su mirada gélida un instante, lo suficiente para girarse a Emma y murmurar: "Empieza, nosotros te cubrimos."

"¿Segura?"

"Confío en ti." Sonríe, antes de girarse de nuevo a la batalla. "¡¿Quién quiere que le muerdan el trasero?!" espeta haciendo bailar a sus serpientes una vez más.

Emma respira hondo, deja que la voz de Regina suene en su cabeza como un mantra, confío en ti, y mientras calienta su pecho, recuerda cada uno de los pasos. Sostiene el primer cuenco y lo vuelca en el más grande. Con tan sólo ese primer movimiento, escucha como a su espalda Arturo desata toda su ira.

"¡DETENEDLES!"

Pero nadie puede asaltar el circulo formado por ellos. Las serpientes evitan casi todos los ataques, y los caballeros de Arturo se ven superados sin remedio.

Al menos hasta que el monarca se adelanta a todos ellos. Y lo hace sin espadas, sin escudo, sin ser, a simple vista, una amenaza. Las serpientes no se encargan de él, y Arturo saca de su bolsillo un diminuto bote de cristal. Al abrirlo deja caer una nube de polvo, una brillante nebulosa rosa que se deposita sobre Zelena, la única que se mantiene al margen, como si asistiera a una función. Agita sus manos y trata de apartar la molesta polvareda, hasta que se queda quieta. Ausente.

Arturo camina hacia ella y, quitando la muñequera de su brazo, ordena: "¡Mátalos!"

La risa sádica y trastornada de Zelena retumba en la noche y sus manos se elevan brillando con una luz verde brillante. Una cascada de agua cae sobre las serpientes empapando a todos los ciudadanos que quedan cerca y reduciendo la magia de Regina a humo.

"¡Emma, corre!" suplica Regina saliendo del circulo y poniéndose en primer lugar, cara a cara con su hermana.

"¡Regina!" grita la Salvadora, pero no responde a su chillido. Los brazos de Zelena se agitan con violencia y las espadas de los caballeros de Arturo se mueven con vida propia. Se elevan en el aire y, al mismo son, se precipitan contra los foráneos. Sólo la rápida respuesta de Regina, que las arroja lejos, evita el desastre. Pero Zelena no se detiene y Regina se ve obligada a responder cada vez más rápido, más desesperada. Y Emma, sin poder concentrarse, trata de alejar su mente de la pelea, de los quejidos de Regina, de los gritos de preocupación… Pero abstraerse es cada vez más difícil. La impotencia, la rabia, la necesidad de control pueden con sus nervios y, al volcar una pequeña jarrita sobre el cuenco del hechizo advierte su pulso temblar. Con su otra mano se obliga a no flaquear y deja caer hasta la última gota. Sólo quedan dos ingredientes más. Puede hacerlo.

"¡Tú, bruja, encárgate del Ser Oscuro!"

"Sí, mi señor…" gruñe y la batalla se transforma ante los ojos de los presentes. La bruja levita hasta elevarse sobre todos ellos y, olvidándose del resto, dirige su magia y su vuelo hacia el centro del circulo, hacia Emma. Cuando el primer rayo esmeralda se despeña contra ella, Emma se encoge con las manos en alto, lista para defenderse, pero nunca llega a hacerlo. Regina se materializa a su vera y de un simple manotazo mágico desvía la llamarada crepitante de su hermana.

Emma retoma el hechizo con más urgencia. Escucha las maldiciones estrellarse cerca de su cuerpo, los gritos que ambas mujeres profieren y cómo la lucha entre el resto de los presentes se recrudece ahora que no cuentan con la protección mágica de Regina. Vuelca el último de los ingredientes y espera hasta que se mimetiza con la mezcla y respira hondo.

Ya casi está.

"¡ACABAD CON EL SER OSCURO, TODOS!" Profiere Arturo instigando a sus hombres a pasar por encima de sus contrarios, alentando a Zelena a lanzar un ataque casi suicida contra Emma, acabando cuerpo a cuerpo con Regina. Las magias crepitando tan violentas como sus dueñas, tan enajenadas que parecen a punto de estallar.

Pero, a pesar de la orden desesperada, nadie logra detener a la Salvadora. La ciudad de Storybrooke se mantiene firme, con Regina como última e infranqueable línea de defensa, dejándose hasta la última gota de magia en protegerla. Y Emma no piensa fallarles; no piensa, ni remotamente, fallarla.

Sostiene el vial con las lágrimas en su mano y, con un suspiro profundo y ceremonioso, las deja caer junto al resto de ingredientes.

La noche y el suelo se parten en dos.

No hay grietas, ni derrumbes, pero el mundo se parte a sus pies. Una fuerza incontrolable que sacude a cada persona del reino y les obliga a detenerse, aterrorizados. Y en el epicentro de todo ello, Emma. El cuenco frente a su cuerpo ha estallado tras dar forma a una imparable nube eléctrica. No puede ni abrir la boca, antes de verse atrapada en medio de esa vorágine de magia.

Y entonces lo entiende. El hechizo la está reclamando, gira a su alrededor y espera por ella. Por su fuerza, por su poder, por las dos esencias que convergen en su interior.

Extiende sus brazos, deja que la magia penetre en ella y, al abrir sus manos, esta sale en un colosal torrente contra el árbol. Rodeándolo, estrangulándolo y liberándolo al mismo tiempo.

La batalla se ha detenido y nadie puede apartar la vista de ella.

Emma apenas puede mantener los ojos abiertos, su ser se sacude con el hechizo más visceral que jamás ha intentado.

De golpe, la magia estalla y el torrente se convierte en una indolente onda. A su paso, obliga a todos los presentes a agacharse e incluso caer de espaldas y sólo Emma permanece en pie. Fascinada y expectante. Intentando asumir que ha funcionado. Observando cómo, frente a ella, una figura encogida se yergue bajo una capa que asemeja el cielo nocturno y esconde el cuerpo en el que se ha convertido el árbol.

El silencio es sepulcral y la voz bajo la capucha resuena por toda la explanada.

"Estaba esperándote, Emma Swan."

Continuará...