¡Feliz año chicas! ^^
Aquí viene el primer oneshot del año! :) He de decir que quería haber inaugurado el 2017 con dos nuevas peticiones peeeero... se me han ido de las manos, para variar. Así que en lo que consigo dar forma a ese par de relatos nuevos que me habéis propuesto, he pensado en subir este (esta vez sí) oneshot de dimensiones normales. No quiero dar muchos detalles, pero creo que diferente a los anteriores y espero de corazón que os guste este nuevo fanfic. Y, para quienes habéis lanzado las últimas prompts, están en el horno, prometido! :)
Sobre los últimos RW, favs, follows y visitas, gracias a todas, chicas! Incluso en pre navidades estáis ahí y no os hacéis una idea de cuantísimo os lo agradezco y de cuánto os lo agradece mi musa. Contestando a algunos comentarios, Farren n m, sí, desgraciadamente Robin regresa a la serie... pero no puedo contarte más por aquí sin hacer spoilers! :( Si quieres escríbeme por privado y te cuento lo que se sabe por ahora! Tanin 1323 tan pronto lo digo, tan pronto retraso la dosis más que nunca... :P Me hago cargo de cualquier consecuencia derivada de la abstinencia y espero que este capi haya merecido la espera (y prometo que pronto habrá más dosis!). Sobre el último capi de la temporada, que me habéis preguntado varias, SÍ, REALMENTE MERECIÓ LA PENA! Ay si la mereció, Tanin... *_* Pero igual, para evitar los spoilers puedes escribirme por privi (y/o verlo, que es mi gran recomendación!). DualSoul un millón de gracias y, créeme, daría mil millones por poder escribir yo los guiones... aunque dejaría de ser una serie infantil a la velocidad de la luz, eso sí :P IvyMil, creeme, la emosióoooon es toda mía porque te haya encantado! ^^ Mills1, totalmente de acuerdo con tu opinión sobre el CS... Ojalá se dieran cuenta :( (Y también muy de acuerdo con tu posdata, mi vena de lectora está totalmente de acuerdo contigo! :P) Y 15marday, MIL GRACIAS POR EL AVISO! XD Corregido! ^^
Por cierto, este es, si no me equivoco, el oneshot #10 de De Cisnes y Reinas Malvadas! Y ahora que hemos alcanzado la decena de ff me encantaría preguntaros que género, longitud, o relato ha sido por ahora vuestro favorito! :) Tengo curiosidad por saber cual o cuales son los que más os gustan o de qué tipo os gustaría leer más a menudo y por qué. Si preferís los largos, los cortos, los fluffys, los angst, etc. Así que... ¡Disparad! ^^ (Como ganen los Angst voy a alucinar muchisimo... :P)
Me callo de una vez y... ¡a leer! :) ¡Espero que os guste!
Darkness's happy ending
Rumpelstiltskin jamás habría acogido a Regina bajo su ala. No por decisión propia. Pero fue el ser oscuro quien impuso su voluntad. El cobarde duendecillo hubiera preferido alejarse de la semilla de Cora, de esa joven a la que entrenar y formar en las artes oscuras… ¿para qué? Demasiado trabajo, demasiado esfuerzo, demasiado riesgo para ese escurridizo y egoísta ser. Pero la oscuridad no quiso obedecerle. No esa vez. Podía estar atada a su cuerpo, a sus deseos de simple mortal convertido en dios, pero esa poderosa, inocente y torturada alma era un bocado demasiado suculento para ser ignorado.
Y Rumpelstiltskin cedió, viéndose convertido en nada más y nada menos que en el mentor de la hija de su psicópata ex amante.
Regina fue transformándose ante sus ojos en una fuerza de la naturaleza, en una aliada en la que costaba confiar pero que sin lugar a dudas inclinaba la balanza en favor del mal. Las señales que para el ser oscuro habían sido luces de neón, pronto empezaron a mostrarse ante los simples ojos de Rumpelstiltskin. El potencial de Regina era muy superior al de su madre y sus motivaciones mucho más poderosas. Su alma había sufrido tanto dolor cómo él no había visto nunca antes y en lugar de cerrar las heridas o rendirse a la pena, lo había convertido en odio y furia. Una mezcla letal que ennegrecía su corazón a cada segundo y multiplicaba sus ansias de poder.
No tenía remordimientos ni entendía de límites. Su inteligencia y perfidia se combinaban para dar lugar a una soberana tirana e imparable. Era retorcida, cruel, desalmada y disfrutaba de ello a cada instante. Frente a ella, el ser oscuro no podía más que sonreír. Regina era un ser único, una criatura bellísima, una combinación tan excepcional que resultaba imposible no sentirse atraído hacia ella.
Si la oscuridad pudiera albergar sentimientos, sin lugar a dudas amaría la esencia de Regina. Cada recóndito y tenebroso rincón de su corazón. Cada instinto sádico y asesino. Ese talento innato para la maldad, ese don natural para el poder y la crueldad.
Extraordinaria.
Hasta tal punto que, años después, ni siquiera importaba que hubiera extraviado su camino. Que mantuviera bajo llave su pérfido y cruel lado oscuro. Que luchara cada día por convertirse en una estúpida heroína. Dentro de ella aún vivía una de las más poderosas seguidoras de la oscuridad. Su corazón aún palpitaba más fuerte, más rápido, cuando la furia o el dolor regresaban a ella.
Sí, a pesar de toda su lucha, su lado oscuro siempre la acompañaría y eso era algo que el ser oscuro jamás dejaría de apreciar. Su bella criatura, su mejor alumna, siempre le pertenecería. Siempre sería, de alguna forma, su adorada Reina Malvada. Y, aunque sólo fuera por esa adoración, por ese recuerdo, la oscuridad nunca la dañaría. Al menos no mortalmente…
No, un ser como Regina se merecía más, mucho más.
Al contrario que Rumpelstiltskin.
La magia del Oscuro podía latir por sus venas y sudar a través de cada poro de su piel y la inmortalidad podía preservar su terrorífica presencia durante más de quinientos años. Incluso es posible que la humanidad viviera aterrada con tan sólo mentar su nombre cantarín e irrepetible. Pero era un triste y patético usurero. Sólo eso. Un cobarde sin un ápice de valor, un lamentable humano convertido en dios de rebote, un estafador embustero protegido tras trucos de feria, tratos traicioneros y la inmensidad de la magia más oscura.
Y la esencia del oscuro se retorcía de ira dentro de ese indigno recipiente humano.
Es cierto que aquel triste aldeano cojo y sin honor logró convertirse en uno de los oscuros más poderosos de todos los tiempos. Y, sin lugar a dudas, en el más longevo. No en vano la esencia del oscuro le había concedido todo cuanto necesitaba y Rumpelstiltskin había abrazado su nueva naturaleza desde el primer momento como algo vital para él. No como su patético sucesor, torturado y carcomido a cada segundo por la magia del oscuro y sus consecuencias. No. Rumpelstiltskin disfrutaba de ellas, es más, las ansiaba. Había sido capaz de renunciar a su hijo, a su amor verdadero y a su humanidad solo por aferrarse al oscuro.
Oh, sí. El mal apreciaba ese tipo de entrega. Es más, se relamía ante la presencia de un siervo tan abnegado.
Pero un poder semejante estaba destinado a más, a mucho más que contratos firmados con una plumita o a un afán desmedido por coleccionar objetos mágicos. Las expectativas de Rumpelstiltskin iban acorde con su personalidad como mortal. Eran tristes, patéticas, irrisorias. Nada de grandes hazañas para dominar el mundo o crueles y sangrientas campañas para conquistar territorios. Ni siquiera una mísera tentativa para embaucar a nobles y reyes y manejar en la sombra los hilos de cada reino mágico. No. Únicamente pequeños planes de venganzas personales, una patética autoestima que trataba de resucitar a través del poder total, y un plan largo e infructuoso para recuperar a su hijo de un mundo sin magia ni poder.
El oscuro jamás dejó de retorcerse dentro de sus entrañas, pero cuando fue arrastrado a Storybrooke, arrancado de su mundo y condenado a una vergonzosa ciudad sin magia, chilló y rasgo el cuerpo del que era más prisionero que nunca. Pero no logró escapar. Y su condena fueron más de 29 años de tortuoso letargo. Se prometió a si mismo que aquella infamia no quedaría sin castigo. Que regresaría con más fuerza, que ese mísero humano volvería a ser eso, un simple mortal. Y él se alzaría sobre todos una vez más arrasando, destruyendo, doblegando al mundo como siempre debió ser.
Durante mucho tiempo la esencia de Regina se mostró tan tangible, tan seductora, que parecía la opción natural. Excepto por la reticencia de Rumpelstiltskin de dejar marchar al ser oscuro o los recelos de Regina de volver a ser controlada por nada o nadie, y mucho menos una daga.
Pero cuando Ella apareció, el oscuro chillo de felicidad. Un grito infernal pero mudo, debilitado por las cadenas que le ataban a Rumpelstiltskin, por la ausencia de magia en ese infernal paraje y por los años de letargo.
En ese mismo momento lo entendió.
Ese era su destino.
La razón por la que todo había acontecido.
Desde su renacimiento en el cobarde usurero hasta su encierro en esa yerma y detestable ciudad.
La oscuridad desoyó la incredulidad de aquella mujer. Ignoró incluso el hecho de que hubiera sido producto del amor verdadero o que las irrisorias profecías la bautizaran como la salvadora. Era ella.
Emma.
Ese era su nombre.
Ese que Rumpelstiltskin repitió durante semanas encerrado en su celda.
Ese que hizo temblar a la bella Regina y que insufló de esperanza al patético señor Gold.
Emma. El ser más poderoso al que la oscuridad jamás hubiera saboreado.
Rumpelstiltskin se sintió al instante fascinado por ella. El oscuro directamente enloqueció de desesperación. Ella. Era ella. Tenía que ser ella. La llave de su venganza, de su conquista, de su eternidad bajo un reinado de terror. Quería poseer el mundo, ser la noche eterna a la que se sometiese la humanidad y Emma Swan era la clave.
Sólo con concebirlo la oscuridad tocaba con los dedos ese sucedáneo de felicidad, esa caricatura de la dicha que suponía la lujuria. Pero jugar con humanos conllevaba reglas. Reglas que exigían que, si la partida se iba a jugar en el plano terrestre, con las personas como piezas humanas improvisadas, ellos debían ser, al mismo tiempo, los jugadores.
Nada que mereciera la pena sería nunca sencillo…
Eso condenaba a la oscuridad a tener que ser una opción, a ser escogida y no impuesta. Si deseaba dominarla debía, por tanto, entrar en su corazón y hacerlo con su consentimiento. No había otra forma para anidar en él, ni siquiera la luz podía hacerlo. Esas eran las reglas. Sencillas, pero inamovibles. Emma aceptó la luz cuando salvó a Henry, comenzó a creer y abrazó su destino cómo Salvadora. Y la oscuridad asistió a todo ello con resignación. Pero sin perder la fe ni perder de vista tan suculento premio. La luz de Emma Swan logró desatar su poder, su potencial, su magia más primitiva y esto la convirtió en una recompensa aún mayor.
Solo tenía que dar con la forma de hacerse con ella. Y la vía tradicional quedaba descartada. Dudaba que Emma atravesara nunca el estómago de ese tramposo y triste estafador, incapaz de hacer nada tan vil y desalmado como para merecer la muerte. Ni siquiera para eso lograría ser útil. Patético...
Pero la solución se mostró ante sus ojos.
Sólo tuvo que esperar. Esperar su momento, esperar a que ese cuerpo enclenque y débil de Rumpelstiltskin no resistiera más, esperar a ser libre.
A través de los ojos de Gold había sido testigo de cada acontecimiento importante en Storybrooke. Conocía esa ciudad tan bien como el viejo duende. Conocía las almas que la poblaban con la misma precisión. Pero sólo necesitaba conocer a una para lograr su destino. Su auténtico propósito.
Sí, jamás habría dañado a Regina. Al menos no mortalmente. Era una criatura bellísima, única, digna de adoración. Pero en cuanto el corazón de Rumpel falló, en cuanto la oscuridad se vio libre de ataduras, libre para dejar atrás su patético envoltorio, se alzó en plena noche con un único objetivo. El alma de la reina malvada, su cuerpo, su fuerza, su vida.
Se abalanzó sobre ella sin contemplaciones. La envolvió hasta inmovilizarla, anular su magia, aspirar su esencia y comenzar a asfixiarla.
No, nunca la hubiera matado.
Pero Emma ni siquiera contempló esa posibilidad. La salvadora habría dado su vida por cualquiera. Sin embargo la oscuridad estaba segura de una cosa: Por Regina estaba dispuesta a entregar hasta su alma.
Y así fue.
Sin dudas, sin titubeos.
Sólo Regina podría evitar el sacrificio de Emma. Y lo intentó. Con el más desgarrado de los gritos, con la mayor desesperación que jamás hubiera sufrido. Pero la oscuridad lo había previsto todo. Por eso jamás atacó a Henry. Por eso siempre fue Regina. Porque con ella como prisionera y fuera de juego, la decisión corría a cargo de la salvadora.
Y daría su alma, su vida, su bondad innata por esa mujer.
Tal vez la oscuridad no podía amar.
Pero Emma sí. Y no importaban los piratas trasnochados, ni los arqueros sin puntería. Meras distracciones. Meros intentos por evitar lo inevitable. La oscuridad siempre lo supo. Sólo estaban ellas dos. Y mientras intentaba asfixiar a Regina percibió su victoria.
"¡EMMA! NO" Regina volcó sus últimas fuerzas en ese grito, en esa vana esperanza de detenerla. "Debe haber otra manera…" Su voz fue menguando, del mismo modo en que lo hacía su vida. Y aun así, intentaba desesperadamente convencerla. Un último sacrificio para tratar de evitar que Emma hiciera lo mismo.
"No la hay… Has trabajado muy duro para que tu felicidad sea destruida…" un susurro enajenado y la oscuridad lo supo.
Había ganado.
Emma apuñaló la oscuridad sin vacilar. Sin apartar sus ojos de Regina mientras la esencia líquida y oscura regresaba a la daga solo para deslizarse por la salvadora, poseerla y adueñarse de su cuerpo. Y la acogió con la entereza de quien acepta su destino, talla su nombre en el metal y lo hace sin dudas.
Porque la única incertidumbre era cómo vivir sin Regina.
Y es curioso cómo sucede todo… Desde luego, el ser oscuro jamás habría imaginado que alcanzaría su destino, su final feliz, gracias al amor verdadero.
Irónico, ¿verdad?
Fin
