DISCLAMER: ¡HOLA DE NUEVOOOOO! 😊😊 Ya estamos aquí, tras una breve pausa, y os lanzo una preguntita... ¿Hay ganas de un nuevo OneShot? ¡Espero que sí!
Para esta ocasión he querido traeros un chivatazo. Para ser más exacta, esto es lo que un pajarito me contó que pasaría en la octava temporada de OUAT. Peeeeeeeeeeeeeero, como cancelaron la serie porque aquello ya daba más pena que rabia, no llegamos a verlo. Así que, para solucionar este horrible agravio, aquí os lo traigo yo. 😊 Además va con una "introducción", si es que puede llamarse así, que nos pondrá en contexto antes de adentrarnos en la temporada robada.
Por último, sólo decir una cosita. Como ya habréis notado, este OS no tiene nombre. ¿Por qué? Dos razones: A) Sufro MUCHO con los títulos, es superior a mis fuerzas. El día que escriba un libro los capítulos irán numerados y con suerte. ¡Y B) para que lo bauticemos todxs juntxs!
También en Wattpad estamos intentando darle nombre así que, por allí o por aquí, estaré encantadisísisisima de escuchar vuestras propuestas y el más maravilloso será el nombre oficial
Ya me callo y os dejo... ¡espero que lo disfrutéis muchísimo y nos leemos! 😊😊
"Voy a decir algo que años atrás jamás habría imaginado..."
"¿El qué?"
Regina toma aire antes de mascullar: "Sabes que... que me importas y te quiero, ¿verdad?"
Los ojos claros frente a ella se achinan llenos de alegría, chisporroteando tanto o más que su dueña. "Bueno, sí. Y yo a ti."
"Bien, porque es por ese amor y sólo por ese amor por el que no te descuartizo mágicamente en mil pedacitos cuando me miras así."
"¿Qué? ¿Así cómo?"
"Con esa lástima absoluta, Snow."
"¡No te miro con lástima!"
Regina cierra la boca y espera hasta que Ruby, con sospechosa lentitud, les deja un par de cafés y la cuenta sobre la mesa y se marcha. "Tus pupilas se mueren por abrazarme y darme toquecitos en la cabeza mientras me arrullan."
"Eso no es cierto." Insiste tratando de cambiar su gesto. Sigue proyectando raudales de lástima, pero ahora también se asemeja un poco a un ictus.
"Snow..."
"No es lástima, es cariño."
"Un cariño que aparece oportunamente cada vez que Hook propone marcharse y Emma y él salen por la puerta."
"Eso no es..."
"Snow." Responde tajante. "Cada domingo, con cada comida familiar, lo haces."
"Yo..."
"No pasa nada, sólo deja de hacerlo. No puedo garantizar que mis ganas homicidas no acaben ganando al cariño que te tengo."
Snow suelta una carcajada y Regina también sonríe. Tan surrealista como saber que quiere a Snow es que ahora se rían de las amenazas de muerte que profiere.
"Pero no es lástima..." insiste Snow. Regina, removiendo el azúcar de su café, se limita a alzar una ceja. Muy muy arriba. "No, de verdad, es sólo que me preocupa que..."
"Snow, no." Y esta vez es firme. Sin brusquedades, sin malas formas. Sólo un hecho, una orden, una súplica que la detiene al instante. "No voy a hablar de esto. Y, si he decidido decírtelo, es sólo porque nos hemos quedado a solas. Y porque tus pupilas amenazaban con estallar de pena y tenía que evitarlo." Farfulla con media sonrisa, tendiéndole una ofrenda de paz a Snow. Y esta, con gesto divertido y, fascinantemente, al mismo tiempo triste, asiente.
"Snow, ¿Qué haces aquí?"
"Esperar a que arranques."
"Quiero decir qué haces en mi coche. Tú tienes esa maravillosa y destartalada furgoneta que, si vas a 50 por hora, estoy segura de que estará encantada de acercarte hasta la comisaría."
"Prefiero ir contigo. Así contaminamos men..."
"Snow." Ladra muy bajito, cerrando sus dedos crispados alrededor del volante. "Voy a arrancar y, si sigues aquí dentro cuando lo haga, no quiero oír ni una sola palabra al respecto."
"¿Al respecto de qué?"
"Snow."
"Regina..."
"Esto es precisamente lo que no..." Cierra los ojos, la boca y contiene la respiración. "Snow, no. La Reina Malvada tiene la pluma de Henry, toneladas de rencor y no sabemos qué nuevo plan. Tu marido está mágicamente dormido y Gideon continúa patrullando por la ciudad en busca de problemas." Enumera arrancando por fin, mientras a lo lejos observa los coches de Emma y Zelena desaparecer calle abajo. "No vamos a hablar de esto. Ni ahora ni nunca. Pero mucho menos ahora. Debemos concentrarnos en la crisis que tenemos entre manos."
"Pero Regina..." Otra vez ese tono de voz. Y no necesita girarse para ver esos ojos titilantes. Los mismos que la persiguen desde que Zelena agarró la mano de Emma y le descubrió el brillante anillo de su dedo.
Niega con la cabeza y aprieta los labios con fuerza antes de decir. "Snow. Basta, todo está bien y tenemos problemas graves."
"Pero tú..." suspira cuando el coche comienza a moverse.
"Yo, nada, Snow." Cada vez que pronuncia su nombre suena más grave y vibrante. "Además, Emma es feliz, ¿verdad? Es todo lo que importa."
Snow nunca llega a responder y Regina sólo puede pensar en que al fin ha hecho caso a su súplica.
"No has bebido nada." Una voz acusica detiene su mano antes de recoger su chaqueta de ese viejo perchero. Se gira sobre sus talones, ceja alzada y brazos cruzados sobre el pecho.
"¿Acaso mis martinis de manzana eran transparentes? ¿Quién habrá usado semejante magia negra?"
"Han sido tres. Y he visto cómo los dejabas todos al segundo sorbo."
"¿Estás preocupada por mi no alcoholismo?"
"Estamos en un bar y esto es una despedida de soltera. ¡Claro que estoy preocupada por tu falta de alcohol!"
"Esto era una despedida. Emma se ha marchado arrastrando a Ruby por la avenida principal cantando a dos voces una canción de Lady Gaga. Y, si la novia se marcha, la despedida se declara oficialmente terminada."
"Regina..."
"¿Otra vez, Snow?"
"Mira. No voy a... insistir con nada. Te lo prometo, no me mires así, seré una tumba. Pero quédate."
"Snow..."
"Hace unas semanas tú hiciste lo mismo por Emma, ¿recuerdas? Una noche de copas y amigas para que se desahogara o lo que necesitara. Deja que yo haga lo mismo por ti."
"No necesito desahogarme y menos en este bar de mala muerte."
"Bueno, pues yo sí. ¡Ponnos dos tequilas!" pregona agitando su mano hacia la barra. "Bebe conmigo o estarás abandonándome a mi suerte."
"¿Tú? ¿Desahogarte por qué?" responde reticente, pero permitiendo que la arrastre a su juego.
"Porque necesito consejo y apoyo"
"Ah, ¿sí? Sorpréndeme."
Toma asiento y, por una vez, su voz se desploma hasta la seriedad más absoluta. "Creo que una amiga está sufriendo y no sé cómo ayudarla..."
"Snow..."
"Sé que no hay mucho que pueda hacer... Pero quiero ofrecerte la misma salida que le brindaste tú a Emma. Un breve instante en el que desconectar o lo que necesites."
Los ojos de Regina esquivos y clavados en el suelo se elevan cuando la mano de Snow se posa sobre la suya.
"Dos chupitos, eso es todo lo que te propongo. Y no insistiré más. Te lo prometo."
Regina abre la boca, pero la cierra cuando la mano de Snow estrecha la suya con un cariño casi maternal, y deja salir un suspiro antes de acercarse uno de los dos chupitos ámbar.
Y, a pesar de su promesa, Snow insistió. Por supuesto que insistió. Pero al cuarto chupito a Regina ya no le importó que insistiera y al 5 dejó de hacer falta siquiera. Hasta el sexto todo fue bien y Regina, por un momento, se dejó llevar por la nebulosa feliz y cálida de la embriaguez e incluso olvidó por qué se había estado reprimiendo toda la noche.
Al menos, hasta que Snow hipó. Y, tras hipar, la miró concienzudamente antes de hacer pucheros y exclamar al cielo que ella misma era una persona horrible. Regina, divertida, le rogó que bajara la voz gritando casi más que la propia Snow. Pero eso no la detuvo y lloriqueó insistiendo en que siempre estaba haciéndole daño.
Regina, apartando su último chupito a medio beber sobre la barra, intentó entender cómo habían pasado de reírse al tratar de pronunciar correctamente cerrrrveza a ese muro de las lamentaciones ininteligibles. La miró fijamente, a las dos Snows que se movían frente a sus ojos beodos. Y esperó lo que le pareció una eternidad. Snow hipo y sorbió las lágrimas y farfulló algo sobre haberla fallado con Daniel y, acto seguido, sobre que era su culpa por haber parido a Emma.
Snow se echó a llorar a mares y Regina permaneció un rato quieta. Pensando en partos. Intentando descifrar a qué se refería. Y, cuando fue atando cabos, sintió como el alcohol abandonaba su cabeza para instalarse en sus entrañas.
Sostuvo a Snow como pudo y caminaron hasta la puerta, pasando por fin por el perchero y rescatando su chaqueta antes de abandonar el bar.
"Regina, ¿no subes?"
"No, David, ir adelantándoos. Espero a alguien."
Snow se detiene en seco, haciendo trastabillar a David, y con una enorme sonrisa. "¿En serio?"
"Es una boda, ¿no? Yo también quería traer acompañante."
La sonrisa de Snow crece y crece de emoción, hasta que la ceja de Regina, burlona y altanera, le avisa de que hay más.
"¿Quién...?"
"Mira, ahí llega." Un destartalado coche rojo aparece invadiendo los dos carriles que llevan a la cafetería de la abuelita mientras su ocupante sonríe y saluda vehemente.
"¿Zelena?" pregunta Snow entrecerrando los ojos. Regina se encoge de hombros exudando inocencia, antes de que el coche frene a su altura con la ventanilla bajada.
"¡Perdón, perdón! Robin decidió que era un buen momento para vomitarse encima y vomitarme a mí de paso y bueno... Todo se complicó."
"No te preocupes, te espero aquí."
"Aparco corriendo." Asegura de nuevo en marcha, pero sin dejar de hablar. Su voz, aun con los gritos, se va diluyendo en el aire. "¡Decidles a Hook y Emma que no se les ocurra empezar sin mí!"
Los tres siguen con la mirada el coche hasta que Snow regresa en sí. "Es una acompañante... original."
"Ella lo llama el club de las viudas." Bromea y sonríe aún más ante la cara de espanto absoluto de Snow.
"Cariño, ¿irías buscando nuestros sitios? Esperaré con Regina a Zelena y Robin."
"Claro, no tardéis" Pide despidiéndose con una sonrisa y un suave beso en la comisura de Snow.
Los ojos de Regina, perdidos en el aparcamiento improvisado sobre el descampado más cercano, regresan ante la inquisitiva mirada de Snow.
"¿Qué?"
"¿Cómo estás?"
"Lista para la fiesta."
"Regina..."
"No me gusta cuando dices así mi nombre." Está bromeando y las dos sonríen, pero el rostro de Snow se ladea y sus ojos son cascadas de preocupación. "Estoy bien, Snow. De verdad." Pero según avanzan las palabras, su serenidad tropieza y se estrangula sólo un poquito en su garganta. "Yo, sólo... Si yo no..." tose, intenta aclararse la garganta y sacar fuerzas para hablar, pero Snow se adelanta.
"Regina, tranquila. Si en determinado momento de la noche no estás, me encargaré de cubrirte las espaldas. ¿Está bien?"
"Sí... Gracias." Musita ampliando su sonrisa y asintiendo. Sus ojos regresan en busca del coche rojo y sus ocupantes, pero Snow no se mueve y añade:
"Te agradezco muchísimo lo que haces por ella."
"No tienes que..."
"Por supuesto que sí. Lo que estás haciendo hoy no tiene precio y..."
"Snow." Su voz suena firme, pero la forma en la que sus ojos titilan y su media sonrisa asoma, transmiten más dulzura e incomodidad que severidad. "Emma no se merece menos. No sería justo. Sólo..."
"Lo sé. Nadie notará tu ausencia."
Regina contiene un suspiro, aprieta los labios y asiente con la sonrisa a media asta.
A lo lejos, Zelena anda a zancadas desbocadas, vestida de punta en blanco y con Robin igual de risueña en sus brazos.
"Ha vuelto a regurgitar un poquito, pero no hay leche agria con la que no pueda un pequeño hechizo. ¡Vámonos de boda!" Suena como un exultante grito de guerra y en apenas dos segundos ya está al frente de la expedición que va hacia las escaleras que llevan a la azotea de la abuelita. Regina nota un suave apretón de Snow en su brazo y lo agradece silenciosamente antes de separarse y comenzar a subir.
Cada vez que se gira, alguien le tiende una copa o le ofrece llevarse la que tiene en la mano. Siempre declina con amabilidad y bailotea su cáliz con ceremoniosa paciencia, mientras sus ojos danzan por la pista de baile sin parar. Quizás por eso todas esas encantadoras y solícitas personas no paran de ofrecerle nuevas bebidas. Pero ella no busca más alcohol, sino a alguien.
Una mano se posa gentil sobre su hombro y todo su cuerpo se gira siguiendo la llamada de esos dedos. Sus ojos se cruzan con los que la reclaman y Regina sostiene la sonrisa de oreja a oreja por pura fuerza de voluntad.
"¿Qué tal lo estás pasando?"
"¿No debería preguntarlo yo? ¡Es tu coronación!"
Las mejillas de Regina se sonrojan, esta vez sí, con absoluta franqueza. "Supera con creces mis sueños más locos. Aún me cuesta creer que sea verdad."
"Te mereces cada minuto de esta fiesta, Reina Buena de los Reinos Unidos."
"Mi primer decreto es que no vuelvas a llamarme jamás así en privado." Gruñe entrecerrando los ojos.
"Sí, majestad." Los ojos de Regina se cierran un poquito más, multiplicando su aire amenazante. Pero las Reinas Buenas no dan miedo y Snow termina por reír. "¿Y qué haces tan apartada?"
"Yo..." gira una vez más su copa, ya vacía. "Nada"
"La estabas buscando, ¿verdad?"
Regina deja escapar un suspiro, presintiendo lo que sigue. "No está, ¿no?"
Snow se atropella al responder y apenas se la entiende. "Hook dijo que la niña era muy pequeña para tanto ruido y que estaba cansada y..."
"¿Hace mucho?" la interrumpe mirando sobre su hombro, como si así pudiera dar con ella.
"Unos minutos... Se han ido muy rápido, apenas les ha dado tiempo a despedirse, pero me ha pedido que la disculpara y te diera un abrazo de su parte."
"Claro."
"Lo siento muchísimo."
"No pasa nada, Snow. Es normal." Responde con media sonrisa gentil que no tiene nada de alegría. "De verdad, está todo bien."
Pero Snow niega con la cabeza y observa sus pies. "Vi tu cara cuando apareció... Quizás no debí avisarla, quizás no tenía que haberla invitado. Yo sólo..."
"Snow, tranquila." La detiene apresurada, obligándola a mirarla para transmitirle una serenidad que se sustenta casi en el aire. "Te lo agradezco, de verdad. Gracias por preocuparte. Y, sobre todo, gracias por haberla invitado."
"¿De verdad?"
"Por supuesto. Habría preferido que se quedara... se quedaran un poco más. Pero sigo agradeciéndote la sorpresa." Y, por una vez, lo dice con total sinceridad. Es un dolor con el que puede convivir. Con el que ya sabe convivir. Y, a cambio, le queda la agridulce felicidad de haber podido celebrar con ella su redención. Aunque haya sido tan breve. "De verdad." Suspira de nuevo, con un poquito más de sonrisa. "No sé, igual soy un poco masoquista. ¿Eso está permitido para las Reinas Buenas?" pregunta con tal seriedad que Snow se vuelve a echar a reír.
"Las Reinas Buenas tienen permiso para todo."
"Pues quiero empezar a hacer uso de ese poder." Exclama con su mejor careta de reina diva, agarrándose a su brazo y regresando juntas a la pista de baile.
Y esta vez, cuando se le acercan sutilmente a llevarse su cáliz, accede al momento y, un instante después, se hace con un segundo vino, más especiado, más dulce y mucho más fuerte que el anterior.
"Hacía mucho tiempo que no tomábamos el té. De hecho, no creo que lo hayamos hecho nunca."
"¿Y no te parece un buen plan?"
"No lo sé... ¿Tenemos ya 95 años?"
"Pues... En aspecto no, pero si sumamos maldición arriba maldición abajo, seguro que nos acercamos"
"En ese caso, me parece un plan maravilloso para dos nonagenarias en tan buen estado como tú y yo." Responde levantando su tacita de porcelana como si se tratara de un brindis. "¿Vamos a esperar hasta terminarnos las pastitas o hablaremos antes de la segunda taza?"
"¿Hablar de qué?"
"Snow, nos conocemos..." Los ojos claros frente a ella le esquivan la mirada. "Son casi noventa años mano a mano. A veces espada a espada." Añade logrando que esos ojos se fijen en ella y hasta medio sonrían. "Te conozco. Si no pasara nada, estaríamos en una mugrienta mesa de la cafetería y no en mi impoluto comedor. ¿Qué sucede?"
"¡La cafetería no es mugrienta!"
"Snow..." suspira con los ojos clavados en ella. "Y del todo limpia no está." Añade en bajito. Pero, a pesar de la risa de Snow, no la permite escapar. Permanece en silencio hasta que ella retoma la palabra.
"Es Emma."
"¿Está bien?"
"Sí, sí, por supuesto." Y sin embargo no suena tan convencida como pretende. "'Seguro que sólo son tonterías mías, por lo mucho que la echo de menos..."
"¿Qué sucede?" pregunta deteniendo sus divagaciones.
"Ella... está bien. Los tres lo están. Pero en los últimos meses cuesta más hablar con ella y apenas nos hemos visto."
"Sigue." pide con suavidad dejando también su taza.
"Soy consciente de que Storybrooke y los Mares del Norte están separados por cientos de mundos. Y la red de portales con esas tierras no es todo lo cómoda y directa que a mí me gustaría. Pero cada vez es más complicado llamarles a través del espejo y encontrarles en casa. Y no han venido a Storybrooke en un año."
"¿Quieres que os teletransporte? Porque no puedo viajar tan lejos..."
"No, no. No es eso. David y yo intentamos ir una vez al mes si es posible, cogiendo los portales mágicos que pasan por el bosque encantado y las tierras de Agrabah. No nos importa el viaje. Nos conservamos bien para nuestros noventa años..."
"¿Entonces?"
"Yo... Quiero saber qué tal está Emma."
"Tengo entendido que los mares del norte están eufóricos con la salvadora como nueva guardiana de sus tierras..."
"Sí, sí que lo están." Sonríe con un orgullo que se diluye entre la preocupación de su mirada. "Pero necesito saber que ella también. Que se ha convertido en su nuevo hogar, que es lo que buscaba. Que es feliz."
"¿Por qué no iba a serlo?"
"Ya... es una tontería, ¿no?"
"No, no quería decir eso."
"Soy una madre neurótica, ¿verdad?"
"Snow, estás hablando conmigo. Fundé y presidí el club de las madres neuróticas. Durante cinco legislaturas seguidas."
"¿Crees que me preocupo por nada?"
"No importa lo que yo crea, sino lo que tú sientes. Es tu hija, es normal que te preocupes y que la eches de menos." Murmura estrechando su mano y buscando su mirada para sonreírla. Snow le devuelve el gesto y abre la boca, pero vuelve a cerrarla sin añadir nada. "Pero no has venido aquí sólo a que te acompañe en el sentimiento, ¿me equivoco...?
"Si todo está bien, seré una neurótica más y me afiliaré a tu club."
"¿Pero?"
"Pero, si algo no va bien, creo que Emma siempre va a intentar no preocuparme."
"Qué tratas de decirme..."
"No quiero obligarte a nada y mucho menos que lo pases mal..."
"Somos mayorcitas para andar con rodeos, Snow. Honra a esos 90 años. Dime qué quieres"
"Que hables tú con ella."
"Llevamos meses sin comunicarnos, quizás más de un año. ¿Crees que a mí sí me va a coger el teléfono y a abrirse en canal?" pregunta cruzándose de brazos. Snow entrecierra los ojos con inocencia y enseña los dientes en una sonrisa culpable. "No quieres que la llame..."
"La conoces como casi nadie en este mundo. Y sé que, si la tienes delante, no podrá engañarte ni disimular."
"Snow..."
"No me gusta cuando dices así mi nombre." Bromea ella y Regina chasquea la lengua con humor. "Lo último que querría hacer jamás es exponerte a esto. No quiero que sufras y lo he pensado muchísimo antes de atreverme a decírtelo. Pero no veo más salidas... Y créeme, lo he pensado mucho, pero mucho, mucho. Entenderé que no quieras, de verdad que sí. Pero quería... no sé qué quería."
"Desahogarte. Pedir un poco de ayuda, quizás."
"Sí..." suspira aliviada al no notar vibraciones de enfado en su voz. "Pero ahora no me siento mejor. Es como si, para ayudar a una hija..."
Una ceja morena se alza, altiva y jocosa. "¿...Tuvieras que exponer a otra?" termina por ella, divirtiéndose.
"Es ridículo, lo sé"
"No es ridículo, Snow." Deja su mano sobre la de ella, y le da un suave apretón. "No sé en qué momento siento que mi maldita hijastra es como una madre... Pero si alguien se ha preocupado y ha cuidado de mí como una en estos últimos años has sido tú. Incluso a David se le está poniendo cara de padrastro." Añade arrancándole una sonrisa. "Definitivamente, los cuentos clásicos están degenerando mucho..."
"Definitivamente."
"O igual es demencia senil, ya sabes, al final son noventa y tantos años..."
"Igual" responde con media sonrisa.
"Iré."
"¿Irás? ¿A los Mares del Norte?"
"A donde demonios se haya metido esa maldita hija tuya, sí. Pero no prometo nada."
"Gracias, gracias, gracias, de verdad."
"No me las des todavía..."
El contraste es inmediato. Su espalda aún está siendo azotada por una insoportable nube de calor seco y polvoriento, cuando su rostro se ve impulsado a una humedad aún más molesta. Atraviesa el vórtice por completo, apareciendo en una puerta idéntica a la anterior. Pero en esta ocasión, en lugar de un hombre pequeño, de tez morena y sonrisa cálida, le recibe un viejo lobo de mar con poca barba y, está casi segura, que muchas malas pulgas. La vibración de la puerta se detiene cuando todo su cuerpo se materializa y el metal que la rodea tiembla con un ruido que no da mucha seguridad.
"Apártate ya. Saltan chispas" gruñe ese hombre desconocido. Sus ojos se detienen más de lo que es educado en ella y, aunque no advierte amenaza ni intenciones desagradables, se aparta con paso rápido y ni media palabra. No sabe hacia dónde ir, pero no tiene intención de preguntarle.
Camina un par de metros a paso lento, sólo mirando dónde está. Una aldea de ambiente húmedo, con aroma a salitre y pescado fresco, casas bajitas y cielo encapotado. Sin lluvia en el horizonte, pero sin rastro de sol. No hace frío, pero se cierra involuntariamente la chaqueta.
Sus pasos la conducen hasta un pequeño mercado y el primer rostro con el que se cruza, el de una dulce anciana, le resulta mucho más acogedor.
"¿Puedo hacerte una pregunta?"
"Claro." Musita con una encantadora sonrisa. Pero no le deja continuar. "Eres ella, ¿verdad? ¿La Bruja Buena?"
Le devuelve la sonrisa, turbada. "Llámame Regina, por favor."
"¿Qué necesitáis, majestad?"
"Yo quería saber si..."
"Ey, forastera."
Esa voz. A su espalda. A muchos metros. Pero es como si sonara dentro de ella. Y, por un instante, se siente tan desgraciada y feliz al mismo tiempo.
Se gira sobre sus talones, cruzando sus brazos. "¿No podría decir yo lo mismo?"
La salvadora camina hacia ella con las manos en los bolsillos y una sonrisa de auto suficiencia. "¿Qué puedo decir? Soy ciudadana del mundo. De los mundos, de hecho, gracias a ti."
Regina finge falsa modestia con un gesto dejado de su mano. "Podría haberlo hecho cualquiera."
"Ya..." añade con falsa desconfianza sólo para dejar que su gesto suspicaz dé paso a una cálida sonrisa. "Cuánto tiempo..."
Y Regina no sabe si es peor esa cadencia tan sedosa o cómo se acerca hasta abrazarla sin pensarlo siquiera. Y ella, que no está dispuesta a quedarse atrás, la estrecha con la misma fuerza, pero siempre pendiente para soltarla un segundo antes de que la salvadora lo haga.
"Muchísimo."
"Yo me haré cargo de esta peligrosa forastera, Dariana." Bromea mirando a la anciana con su mejor pose de Sheriff de ciudad.
"Claro, Salvadora. Que tengáis un buen día."
"Y tú." Sonríe antes de girarse completamente hacia Regina. "¿Largo viaje?"
"Un poquito."
"Tengo una sidra que te reconstituirá."
"Eso son palabras celestiales."
"Lo sé, vamos. Hope se alegrará de ver a su tía Regina."
La pequeña casa de madera, situada sobre la ladera de la aldea como si de una torre de vigilancia se tratase, tiene un aspecto similar a las del resto. Pero Regina advierte el toque de la salvadora. Huele a ella. Sus distintas botas están tiradas en la entrada, eso también ayuda. Y es acogedora, a pesar del silencio casi mortecino de sus alrededores.
Dos segundos después de entrar, Regina ya sujeta un vaso ámbar lleno de irresistible sidra y Emma desaparece escaleras arriba, en busca de Hope. Cuando baja, lo hace acompañada de una mujer bajita y delgada, con dos pequeñas y delicadas alas en su espalda y con la bebé plácidamente dormida entre sus brazos.
"Ya me quedo yo con ella, Ladiel. Gracias por todo, nos vemos mañana."
"Perfecto, Emma. Nos vemos a las ocho. Adiós, pequeña" musita dejando un beso sobre la frente de Hope. "Reina buena." Añade con una sonrisa, antes de salir por la puerta.
"Emma, ni se te ocurra reírte."
"Jamás haría eso... Reina buena."
"Te lo advierto, Swan..."
"¡Que tiempos!" bromea risueña. "¿Quieres cogerla?"
"No quiero despertarla..."
"No lo hará. Ya verás. Ten."
"Está enorme."
"Crece por días..."
"Es preciosa, Emma."
"¿Verdad?" suspira mirando a la pequeña entre los brazos de Regina. "Toma asiento en uno de los sofás, te llevo la sidra."
"Gracias"
"¿Y cómo es que te has dejado caer por aquí arriba?"
"Me gusta recorrer los distintos mundos de vez en cuando."
"Los Reinos Unidos agradecerán ver a su Reina Buena."
"Emma..."
"¿Qué? ¡No lo digo en broma! Bueno, lo de Reina Buena un poco... Es que es muy gracioso." Se justifica con una luz traviesa y juguetona que retrotrae a Regina hasta tiempos pasados. "Pero no lo de los Reinos. Estoy segura de que les ilusiona recibirte."
"Venga ya... Tú sabes tan bien como yo que este es un cargo simbólico, no una responsabilidad real."
"La importancia de un cargo así no reside en el poder. Se sustenta en la esperanza. Y, créeme, incluso en estos remotos mares, traes muchísima felicidad."
Si Emma fuese consciente. Si fuese sólo una mínima parte consciente. Si entendiera como puede llegar a doler.
"Y me alegra que hayas hecho un hueco para hacer una paradita aquí. Y a Hope también. No hay más que verla." La cabecita rubia se acomoda sobre el brazo doblado de Regina en el más profundo de los sueños, como si lo hubiera hecho siempre.
"¿Qué tal se porta?"
"Es un ángel. Hace pucheritos de vez en cuando, pero si tiene el estómago lleno, todo le viene bien. Dormir, jugar, lo que sea."
"¿Y tú?"
"¿Qué tal me porto?"
"Eso también." Responde virando los ojos. "Pero ¿qué tal estás? ¿Cómo te tratan los Mares del Norte?"
Los ojos de Emma vuelan hacia la ventana, desde la que sólo se ve agua, antes de responder. "Bien, muy bien. Es un lugar tranquilo, pero..."
El estruendo de las bisagras de la puerta al abrirse sin cuidado y con prisa precede a la presencia de una nueva persona. "¡Mi amor, se acerca marejada por el noroe...!" El grito de Hook resuena por toda la casa incluso cuando ya ha cerrado la puerta y la boca. En sus brazos, Hope se despereza inquieta y frunce la boquita, pero no abre los ojos. "Tenemos visita." Prorrumpe sorprendido.
"Baja la voz, Hope está durmiendo."
"Pensé que estaría arriba con Ladiel."
"Llegué a casa antes de lo previsto y le dije que podía marcharse."
"Regina, bienvenida a nuestro hogar. ¿Qué te trae por aquí?"
"Ya sabes, me gusta comprobar que todo va en orden en mis mundos."
"Ya. Bueno, este está más que a salvo con la salvadora velando por su seguridad. ¿Verdad, mi amor?"
"No es que haya grandes amenazas... a veces uso mis poderes para levantar redes de pesca demasiado pesadas."
"Oh, no seas modesta, mi amor. Esta tierra te debe muchísimo." Exclama encantado, sentándose junto a ella en el sofá. "Por cierto, te necesitan en el portal."
"¿Qué ha pasado?"
"Se ha vuelto a desajustar. Es un nido de chisporrotazos y calambres. Y, si Regina pretende volver a su casa, va a haber que repararlo."
"Cualquier día de estos voy a romper ese trasto en mil pedazos." Gruñe poniéndose en pie. "No tardo nada."
"¿Quieres que te eche una mano mágica?"
"No te preocupes, Emma está acostumbrada a lidiar con ese trasto. Tardará sólo unos minutos, tú descansa, eres nuestra invitada."
"Seré muy rápida."
"Claro." Asiente Regina.
"No tardes, mi amor." Añade Hook, dándole un beso antes de que la salvadora se ponga en pie y salga por la puerta de bisagras chirriantes.
"¿Puedo...?" pregunta Hook estirando sus brazos hacia Hope antes siquiera de que Regina haya respondido.
"Sí, claro. Cómo no."
"¿Y bien?"
"¿Y bien?"
"¿Qué haces aquí, Regina?"
"Ya te lo he dicho."
"No. Qué haces aquí de verdad."
"No te sigo."
"Ya." Gruñe mirando a la bebé en sus brazos. Cuando vuelve a referirse a Regina, la cara se le contrae en un gesto que sólo puede ser de asco. "Tú nunca haces nada porque sí."
"¿De qué hablas?"
"Contigo siempre hay dobles intenciones. Y nunca son buenas."
"¿Qué tipo de dobles intenciones puede tener esta visita?"
"Quién sabe qué tienes en esa retorcida mente. Puede que hayas logrado engañar a los Charmings, incluso a Emma, que siempre espera lo mejor de cualquier ser rastrero."
"No me digas..."
"Pero a mí no me engañas. No, supuesta Reina Buena de los mil reinos..."
"Los Reinos Unidos, en realidad."
El gesto de Hook se recrudece. "¿Qué pretendes? ¿Conducir a Emma a otra misión suicida para tu beneficio? ¿Convencerla de que vuelva a poner su vida en peligro? ¿Quitarle todo lo que ha conseguido?"
"¿Qué?"
"Ya me has oído. Ella está bien, es feliz, tiene lo que siempre deseó. ¿Qué pretendes?"
"¿Feliz? ¿Aquí, a años luz de su familia y amigos? ¿En mitad de este recóndito lugar? ¿Esa es tu definición de final de cuento?"
"Está con su marido y padre de su hija, ha formado la familia que siempre deseó y esta gente la ama. ¿Qué más puede pedir?"
"¿Qué más puede pedir? ¿No tardar un día en recorrer tres mundos para poder estar con sus padres? ¿No tener que andar buscando espejos mágicos que le conecten a duras penas con Henry? ¿Qué todo el pueblo que la ama...?" añade haciendo comillas. "¿...no sean 9 pescadores y medio perdidos en una tierra recóndita con la que ella no tiene ninguna conexión?"
"Ahí están..."
"¿El qué?"
"Tu envidia... tus celos."
"¿Qué?"
"Según tú... ¿Qué es lo que Emma merece?"
"Esto desde luego no."
"¿Ah, no? ¿Entonces qué? ¿Una retorcida bruja obsesionada y enamorada de ella?" escupe con saliva y tanto veneno que Regina lo siente en su piel. Clavándose y recorriendo sus venas como ácido. Paralizándola, convirtiéndola en una niña inválida, confusa y aterrada. Incapaz de responder, de pensar siquiera mientras todo su cuerpo arde. "Ese es el verdadero problema. Quieres arrastrarla de nuevo frente a cualquier peligro o supuesta amenaza mágica. Cualquier excusa es buena para alejarla de su hogar, de su final. Si no es tuya, que no sea de nadie, que no tenga nada."
"Jamás le haría algo así a Emma. Yo... No he venido por eso, no quiero que..." tartamudea sin voz.
"¿Entonces qué? ¿Qué es lo que quieres, Regina? ¡Qué pretendes hacer!"
"Vas a despertar a..." Pero sus palabras quedan en nada al escuchar un suave llanto incómodo que no hace más que acrecentar la rojez que sube a Hook desde el cuello.
"No te atrevas a decirme lo que debo hacer con mi hija." Espeta acunándola con un solo brazo, mientras el garfio se dirige a Regina. El llanto no se apacigua, pero nada abstrae a Hook de ese enfermizo duelo de miradas. "Cuando Emma regrese, volverás por donde has venido. No quiero volver a verte rondar a mi familia. Nunca."
La niña no deja de llorar, el aire empieza a faltar en la habitación y en los pulmones de Regina y Hook vuelve a proferir: "¿Me has entendido?"
Los ojos de Regina se muestran huidizos. No responde, no le sostiene la mirada y sólo puede observar a Hope, descorazonada por su llanto. Los brazos de Hook se cierran en torno a ella, sin acunarla ni intentar calmarla. Solo como dos escudos que la separan aún más de Regina, quien traga hondo:
"Si pensabas que la pequeña estaba con Ladiel, ¿por qué entraste llamando a voces a Emma?"
Por un momento, Hook cierra la boca. "¿Qué insinúas, retorcida enferma?"
"¿Vigilas a Emma? ¿Controlas las visitas que recibe en este pueblucho?"
"No es de tu incumbencia qué haga o deje de hacer para garantizar la seguridad de mi esposa."
"Estás enfermo."
"Juraría que esa eres tú." Escupe furioso. "Este es un lugar seguro sin amenazas ni reinas malvadas y, sí, tomo medidas para que siga siendo así. Un lugar libre de seres como tú."
"¿Y qué hay de lo que piense Emma? Jamás la has tenido en cuenta."
"¿Soy yo quién no tiene en cuenta su opinión? Entonces te parecerá bien que le preguntemos por fin qué piensa de que su supuesta amiga, en quien tanto confía, haya estado siempre tras ella, como una sombra, enamorada y acosadora, ¿no?"
"Jamás he hecho nada así..."
"Tenemos opiniones muy diferentes de lo que has hecho." Gruñe acunando por fin a Hope, que empieza a dejar de llorar. "Y si pretendes que Emma siga ignorando el peor de todos tus secretos, te marcharás de aquí en cuanto regrese. Me da igual la excusa que inventes, no me importa qué salga por esa asquerosa boca. Pero te irás."
Cuando Emma regresa a la casa de madera, Regina ya no sostiene a Hope, pero sí ha recuperado su abrigo. Se detiene en el recibidor, sin quitarse su chaqueta y observando a su amiga.
"¿Te marchas ya? ¿Tan pronto?"
"Sí, aún me quedan un par de paradas y no quiero que se me haga muy tarde."
"¿Alguna emergencia? ¿Algo serio?"
"No, no. Que va... sólo visitas rutinarias, sin amenazas a la vista."
"Está bien." Suspira con media sonrisa y sin cerrar la puerta tras ella. Hook camina hasta su mujer colocándose a su vera y la salvadora recoge a Hope casi instintivamente. "Pero no dudes en llamarme si necesitas refuerzos de cualquier tipo, ¿vale?"
Antes de que Regina pueda agradecérselo, la voz de Hook interrumpe. "Eso es, Regina. Sólo llámanos y estaremos los dos ahí para todo lo que necesites." Asiente displicente, abrazando la cintura de Emma. "¿Vamos?" pregunta tendiendo su Garfio hacia la calle.
Es apenas media tarde, pero el cielo se ha oscurecido como un manto negro y amenazante como si de repente hubiera caído la noche. Regina no está segura si se trata de la tempestad que vaticinaba Hook o si es su desconsuelo contagiándose a cuanto la rodea. Regina arrastra los pies y el grupo camina ladera abajo, en completo silencio excepto por los gorgojeos de Hope. Sólo cuando alcanzan el corazón de la aldea, Emma comienza a hablar de los dientes de leche de Hope y sus chupetes durante los escasos metros que les separan del vórtice y la máquina del demonio que lo contiene. Y Regina querría contestar, no ser un muñeco de trapo que camina sin ton ni son, pero se siente apaleada, derrotada y anulada, tan lejos de sí misma que le cuesta un mundo incluso sonreír a las palabras de la salvadora.
Cuando alcanzan el vórtice, los últimos puestos del mercado ya están recogiendo sus telas y mercancías. Regina reconoce a Dariana pero, esta vez, su gesto no es tan amable. Parece disgustada pero la anciana no recae en la mirada de la forastera. Sólo tiene ojos para Hook, a quién observa de soslayo.
Regina se gira rápidamente hacia el pirata, pero él tampoco se ha percatado de nada. Sólo le dedica un ligero cabeceo al viejo que custodia la máquina y este se pone en pie, activándola al instante.
Regina se dirige a Emma, pero hablar se ha vuelto un poco más complicado por el ruido metálico y molesto que de pronto invade la plaza. "Cuida de este pequeño ángel."
"Lo haré." Asiente con una sonrisa embobada hacia el bebé. "Y espero que no pase tanto tiempo antes de volver a vernos."
"Seguro que no." Responde sin ninguna confianza.
"Ten buen viaje, Regina" Le desea antes de estrecharla con el brazo que le queda libre. Y Regina se lo devuelve con los dos brazos y toda la fuerza que puede sin llegar a partir a Emma por la mitad. Y lo hace porque busca anclaje para no derrumbarse. Porque por un segundo, alivia la tempestad que se está desatando dentro de ella. Porque volver a verla solo ha hecho que recuerde en carne viva cuánto la echa de menos. Y, porque una mínima parte de su ser se siente un poco menos desgraciado al ver la cara de puro odio de Hook cuando el abrazo se alarga mucho más de lo esperado.
"Gracias, Emm." Susurra contra su oído, separándose solo para dedicarle una sonrisa casi invisible.
"Regina." Añade Hook con una caballerosa reverencia y una enorme y dulce sonrisa.
Es tal la sensación de nauseabunda impotencia que apenas se escucha su voz al contestarle. "Hook."
Atraviesa ese mar de chispas y magia y, en cuanto sus pies se posan en Agrabah, se echa a llorar.
"Snow... No, no estoy en casa... Estoy... estoy dando una vuelta. No tardaré mucho en regresar. Sí, bueno, no, no demasiado. Hablé con ella, pero muy poco. Tuvo que salir a atender unos asuntos y yo me quedé a solas con Hook... Ya, ya... No, bueno, después me fui... No, no, por supuesto que no. Emma intentó que me quedara. Pero... es que a Hook no le hizo mucha gracia mi presencia... No, no fue bien... No sé... la vi ¿bien? Hope está preciosa pero casi no tuve tiempo de hablar con Emma... Yo... Snow, ¿podemos hablar en otro momento...? Sí, sí, estoy bien... De verdad que sí. Sólo necesito desconectar... No, no necesito que vengas. No, de verdad, Snow, estoy bien, estoy bien. Yo te llamaré, ¿vale? Hablamos..."
Continuará...
DISCLAMER 2: Así es queridxs amigxs... es un señor TwoShot.
Espero que no me matéis, prometo a cambio actualizar muy muy muy prontito, ¿hay trato? ¡Mientras tanto, me encantará saber qué os está pareciendo!😋
Y ahora... disparen, ¿qué títulos se os ocurren?😍
