DISCLAMER: ¡Pues aquí regresamos con la última parte de este fic!
Me encanta que la gran mayoría de las propuestas de título sean: Muerte a Hook, capemos a Hook o, algunas más sutiles estilo, "He's not good enough for you" propuesto por JesicaFalcon y que nos recuerda a un maravilloso video SQ.
También, como habéis comentado otrxs, es difícil poner título sin haber leído el final. Así que esperaremos hasta este segundo capítulo para bautizar el OS.
Por último, sólo quería contaros que esta historia nació al reflexionar sobre la serie. Creo que de las cosas que menos les perdono, además de convertir a un personajazo como Emma Swan en "la novia sin neuronas de...", es el haber validado y romantizado una relación tóxica y de maltrato como lo hicieron.
Es especialmente enfermizo si tenemos en cuenta el año en el que vivimos y la audiencia a la que esta serie se dirige... De ahí nació esta propuesta para una octava temporada. Sólo espero que, al cabo de un tiempo, la realidad se asiente y OUAT, además de un ejemplo de queerbaiting monstruoso, sea señalada como una serie (en sus últimas temporadas) con un mensaje muy peligroso... Crucemos los dedos.
Creo que, por ahora, eso es todo, así que ¡nos leemos y espero que disfrutéis con el desenlace!
Había tardado más de tres días en llamarla. Y cuatro en verla. Volvieron a tomar el té, pero esta vez los ánimos estaban mucho más apagados, como la voz de Regina. Snow no insistió mucho, escuchó lo que ella quiso contarle e imaginó lo que no fue capaz de decirle. Y se quedó con ella una larga tarde casi en silencio, sólo acompañándola, sólo arrepintiéndose de haberla expuesto a aquello, aún sin saber el alcance real de lo ocurrido. Y, cuando se despidieron, Snow se prometió, mientras la abrazaba, que no volvería a hacerle algo así.
Y mantuvo su promesa. Al menos durante el primer mes. Porque, tan sólo cuatro semanas después, se acercó hasta el ayuntamiento, llamando con los nudillos con tan poca fuerza que cualquiera diría que intentaba que no se la oyera.
"Pasa, Snow."
"¿Te pillo ocupada?"
"No, no, puedo hacer un pequeño descanso para almorzar. ¿Quieres un poco de ensalada de kale?"
"No, no, estoy bien..."
"¿Y por qué suenas a todo lo contrario?"
"Bueno..."
"¿Qué sucede?"
"No sé qué hacer..."
Regina traga hondo antes de atreverse a contestar, contagiándose de las dudas de Snow. "¿Con qué?"
"Es... Es Emma." Murmura con ojos caídos y culpables. Regina se remueve en su asiento, pero no dice nada. "Llevamos más de dos meses sin verla."
"¿Tanto?"
"Sí... Y siempre que intento contactarla es imposible o me responde en mitad de un mar perdido en la nada."
"¿Quizás están embarcados en algún viaje?"
"En uno detrás de otro. Sin parar. Por lo poco que he podido entender, Hook se ha propuesto cartografiar todos los mares y vórtices que conducen o desembocan en los Mares del Norte. Y ha decidido, o han decidido, no lo sé, que es mejor viajar todos juntos, en familia."
"¿Y qué si es así?" pregunta cruzándose de brazos.
"El mar no es lugar para un bebé. Ni el estar tan lejos de toda su familia. Y tampoco para Emma."
"¿Ella se ha mostrado disconforme?"
"No, claro..."
"¿Entonces?"
"Pero tampoco a favor. Casi no podemos hablar con ella, no sabemos qué piensa realmente. No podemos..."
"Yo tampoco, Snow. ¿Qué te hace pensar que voy a poder hacer algo más?"
"Que tú sabrías cómo llegar hasta ella. Seguro que podrías encontrarla y hacer que se abra si tienes la oportunidad de hablar con Emma..."
Regina descruza los brazos sólo para negar con ambas manos. "No. No pienso plantarme en mitad de ese barco, en medio de la nada, a interrumpir a la familia feliz. Salió estrepitosamente mal la primera vez. No sé cómo iba a funcionar en un escenario tan catastrófico como ese. Y, además, ¿para preguntarle qué exactamente? ¿Emma, puedes cogerles el teléfono a tus padres? ¿Podríais tener la delicadeza de mover este barquito alguna vez en dirección a Storybrooke? ¿Guíñame un ojo si este manco te tiene secuestrada, Salvadora todopoderosa?"
"Regina, no sabemos qué hacer."
Unas lágrimas se atascan en su garganta antes de contestar. "Yo no puedo ayudaros."
Regina se sentía hundida y apaleada. Convencida de su decisión, pero no por ello menos hundida y apaleada. Estaba segura de que, nada de lo que hiciera, funcionaría. Lo había intentado y no sólo había recibido un golpe doloroso y animal sino que sólo había contribuido a unir más a la pareja y a enviarlos a una eterna luna de miel por las mareas mágicas de su reino. Nada de lo que ella pudiera decir o hacer iba a mejorar la situación de los Charmings. Y, desde luego, nada de lo que hiciera, saldría bien para ella misma. No veía cómo.
Así que mantuvo un no rotundo, rozando lo tiránico.
Jamás dejó de hablar con Snow. Si necesitaba llamarla y desahogarse o tomar unas cervezas, ahí estaría. Pero, en cada ocasión que terminaba sacando el nombre de Emma, Regina se retiraba incómoda. La última ocasión había sido comiendo en Granny's. Se había dejado el postre sin empezar, pero en cuanto el nombre de Emma salió de los labios de David esta vez, en lugar de los de su esposa, Regina se excusó sin ningún tipo de cuidado y desapareció.
Por eso, no se extrañó cuando, apenas unos minutos después de entrar en casa, el móvil vibró contra su pecho, en el bolsillo de la chaqueta.
"Lo siento, pero ya os he dicho que no. Y os agradecería..." desembuchó con más agresividad de la pretendida.
"Mamá, soy Henry."
"¡Cariño!" musitó sonriendo hasta en la voz. "Perdóname. Pensaba que eras..."
"Los abuelos, imagino."
"Sí..."
"En ese caso, no te va a gustar lo que vengo a decirte."
"Henry, no..."
"Mamá, por favor, escúchame."
"No estás jugando limpio. Ninguno lo hacéis."
"Lo sé, pero no sabemos que más hacer."
"Henry..."
"Mamá, Emma no está bien. He podido hablar con ella y... tendrías que haberla visto."
"¿A qué te refieres?" respondió con la voz temblorosa.
"Ella... No ha querido decirme nada, ha intentado no preocuparme, como siempre. Pero no es ella, mamá. Creo que había estado llorando, apenas sonreía. Parece una sombra y yo... no sé qué hacer. Por favor, mamá."
"Henry, yo no..."
"Mamá, sé que sólo tú puedes llegar a ella ahora mismo." Regina retuvo el aliento y, al otro lado, Henry continuó, sin piedad alguna. Y cuando volvió a hablar, Regina fue consciente de que no tenía nada que hacer. "Te lo suplico, por favor."
Y así, con cinco palabras, Regina sintió el mundo derrumbarse sobre ella. Cerró los ojos y sólo murmuró: "Está bien."
Desentumece sus manos, estira su cuello y se prepara para atravesar, una vez más, el pórtico metálico que sostiene a duras penas la entrada entre Agrabah y los Mares del Norte. Tan endeble e inestable como ella misma se siente.
Al atravesar, esta vez ni siquiera advierte el cambio de temperatura. Sus manos bailan en el aire. El lobo de mar con malas pulgas no tiene tiempo ni para pestañear. Regina farfulla "Somnum" y el viejo se desploma contra el suelo con un suave ronquido. Camina por la explanada y va directa a su destino con paso firme.
Al llegar, la amable cabecita de Dariana se inclina en una educada reverencia.
"Majestad, lamento decirle que la salvadora no se encuentra en nuestras tierras ahora mismo."
"Lo sé, Dariana. Vengo a hablar contigo." Responde y, frente a ella, la mujer detiene todo movimiento, incluso su respiración. "Necesito tu ayuda. ¿Crees que podrías...?"
"Lo que necesites." Contesta sin ápice de duda y la sonrisa de Regina crece llena de gratitud.
Hope gorgojea con el bamboleo del cuerpo de Emma. La salvadora camina ladera arriba con las cestas vacías de víveres en sus manos y la bebé colocada contra su pecho en un arnés. Frente a ellas, abriendo camino, dos bolsas de ropa sucia van volando por arte de magia.
Tras más de dos semanas embarcados, Emma camina sobre el suelo firma disfrutando del sólido y anodino paso. Con tantas ganas de llegar a casa que ni siquiera usa su llave. Sólo convoca su magia, abre el pomo y atraviesa el umbral. Lista para desplomar las cosas contra el suelo. O para desplomarse ella misma con Hope en brazos sobre el sofá. Las dos opciones están bien.
Excepto por ese pequeño crujido. No es terrenal. Es sobrenatural. Y no es producto de su magia. La puerta se ha cerrado igual que se ha abierto. Por mágica voluntad. Y por una que arrastra un torrente extraño y muy complejo.
Suelta las cestas, mira a todas partes con una mano desenfundada lista para hacer magia y la otra sobre el cuerpecito de Hope. Pero al instante su postura se destensa y sonríe mientras la adrenalina se disuelve en su cuerpo.
"¿Regina?"
"Ey." Sonríe la intrusa desde su sofá, como si ella fuese la anfitriona.
"¿Qué haces aquí?" pregunta andando a zancadas hacia ella. Sorprendida, pero sin dejar de abrazarla durante unos largos segundos. "¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me has avisado?"
"Qué de preguntas."
"Sí, perdona... ¡pero me alegra que estés aquí!"
"Menos mal." bromea con media sonrisa. "¿Te ayudo con algo...?" pregunta cabeceando hacia las bolsas que aun flotan y las cestas que hay en el suelo.
"No, no, tranquila. No es urgente. Toma asiento, cuéntame a que debemos esta sorpresa." Entre sus brazos, Hope da palmadas, sonriente. "¿Quieres cogerla?" pregunta casi retórica, acercándole a la pequeña antes de que Regina haya podido asentir con ilusión.
"Hola, preciosa." Sonríe y Hope suelta un gritito divertido, cerrando su mano sobre la mejilla de Regina. "Cómo creces..." musita atolondrada y, por un momento, mirando esos inocentes y brillantes ojos se olvida de la misión tan desagradable que le ha traído hasta allí. Pero, cuando Hope le agarra las dos mejillas y tanto Emma como Regina se echan a reír, la alcaldesa lo ve. La forma que tiene de asomar la sonrisa entre los labios de Emma. Como si escalara montañas y atravesara inmensidades de oscuridad para lograr ver la luz. Como si casi se hubiera olvidado de sonreír. Y, por un instante, quiere salir corriendo y, al mismo tiempo,no puede estar más convencida de haber venido. "¿Qué tal estáis?"
"Bien, bien, bien, muy bien. ¿Y tú?"
Una sola pregunta. Muy sencilla. Muy clara. Pero Regina no sabe qué contestar. "Bien, todo bien, pero..."
"¿Qué sucede?" pregunta inclinando el cuerpo hacia ella, llena de preocupación. En el más puro reflejo de la Salvadora que un día fue, volcada de forma animal en ayudar a los demás.
"Yo..." Por dónde empezar siquiera. Qué demonios decir. Suspira para sí y decide dejar que las palabras fluyan. Libres y, espera, con sentido. "Estoy preocupada. De hecho, tus padres y Henry lo están también." Respira hondo al decirlo, suplicando porque para Emma no suene tan a traición como ha resonado en sus oídos. Pero la salvadora no cambia la postura, continúa reclinada hacia ella, como lista para defenderla de quien sea necesario.
"¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido?"
"Emma..." musita cada vez más torpe. "Estamos preocupados por ti."
"¿Qué?"
"Sólo... sólo queremos saber si estás bien, si todo está bien."
"¿Por qué no iba a estarlo? Claro que sí. No entiendo nada..."
"Es sólo que a lo largo de estos meses... bueno, apenas te hemos visto y entendemos que ahora tu vida está aquí y no es tan sencillo, pero sentimos que hay algo más."
"¿Los cuatro? ¿Eso pensáis los cuatro?"
"Emma, no..." susurra culpable. "Escúchame, olvida al resto. Ha sido un error por mi parte. ¿Puedo hablarte de lo que siento yo?"
La salvadora duda, mira a todas partes. Pero termina asintiendo. "Claro..."
"Mira. Sé que tus padres pueden ser intensos. Ahora que Henry y tú me habéis abandonado en Storybrooke con ellos, les tengo todo el día encima. Creo que están maquinando como adoptarme." Emma deja escapar una sonrisa y para Regina significa un mundo. "Pero creo que, a pesar de su empalagoso carácter, tú eres feliz a su lado. Y, sin embargo, cada vez puedes pasar menos tiempo con ellos."
"Bueno, es cierto que estas no son las tierras más accesibles."
"Lo sé, Emma. Y, si ese es todo el problema, puedo trabajar para abrir portales que te conecten desde aquí con la cocina de Snow. Pídemelo y lo haré."
"¿Lo harías?"
"Por supuesto que sí. Sin dudarlo." Responde acunando a Hope, mientras bosteza perezosa. "Pero no creo que ese sea el único problema."
"¿Por qué?"
"Yo..." Siente que está dando vueltas, hablando sin parar, pero incapaz de atreverse a decir la verdad. "Emma..."
"Regina, ¿qué?"
"¿Eres feliz?"
"¿Qué?"
"¿Eres feliz, Emma? Aquí, en estas tierras, con este destino. Construyendo aquí tu familia, tan lejos de todos los que te quieren. De todos los que te queremos."
"Claro. Claro que sí."
"¿Es con esto con lo que soñabas? ¿Este es el final feliz por el que peleaste frente a todos los adversarios que aparecieron? ¿Para acabar aquí?"
"Puede que no me imaginara exactamente esto. Pero me gusta."
"¿Qué tiene este lugar que lo hace tan especial? ¿Cómo puede gustarte tanto como para sacrificar la cercanía de los tuyos? ¿Por qué los Mares del Norte y no Storybrooke?"
"Me gusta mi vida aquí."
"¿Y?"
"Aquí estamos bien."
"¿Y en Storybrooke no?"
"No, no es eso... Es que Hook no conseguía adaptarse. Aquello no era para él."
¡¿Y qué hay de lo que es para ti?!, grita mentalmente, apretando los labios para no dejar escapar una sola sílaba. No había reparado en ello. En la furia casi asesina que se estaba despertando en ella con tan solo esas palabras... y apenas habían comenzado.
"Pero él te conoció allí. Con los tuyos, siendo parte de aquella ciudad."
"Bueno, a mí no me importaba probar otros lugares..."
"¿Y tenía que ser este? ¿En las antípodas de todo lo que conoces?"
"Era uno de los mejores lugares para la navegación."
"Puedo entenderlo, pero... ¿Y un punto medio?"
"Regina, ¿has venido a hablar conmigo porque quieres qué? ¿Qué me mude?"
"No, no es eso. Yo..."
"Creo que esto no tiene ningún sentido. Y, además, Hook vendrá de un momento a otro así que te pediría que..."
"¿Qué me vaya?"
"¿Qué? No, no, claro que no. ¿Por qué iba a querer eso?" pregunta, desapareciendo por un momento toda la incomodad que flota en el ambiente. "Sólo iba a pedirte que cambiáramos de tema. No es algo de lo que le guste hablar."
"¿Co... cómo?" preguntó sin saber por dónde empezar. "Emma, antes de nada, Hook no vendrá, no por ahora."
"¿A qué te refi...?" pregunta quedando su voz en el aire. "Al entrar he sentido magia... No era un simple hechizo para cerrar la puerta, ¿verdad?"
"No, no lo era... Quería tener unos minutos para hablar contigo, a solas."
"¿Y?"
"He congelado el tiempo. Bueno, el tiempo continúa su curso, pero la aldea está paralizada. Por unos minutos."
"Tienes una obsesión insana con congelar a las personas, Regina." Bromea y oleadas de alivio recorren el cuerpo de la alcaldesa. "¿Cuánto durará?"
"No lo sé, 20 minutos, 30 tal vez."
"Está bien."
"¿Lo está?"
"Necesitabas hablar, eso está claro. Así qué..." responde encogiéndose de hombros. "Adelante."
"No es una cuestión de mudarte, Emma. Es... es mucho más allá. Es que seas feliz."
"Lo soy." Y habría sonado convincente. Si no fuera por el silencio previo de casi tres segundos y el tono de voz dos octavas más bajo. "Lo somos. Mira a Hope."
La bebé duerme plácidamente contra Regina y es la viva imagen de la felicidad.
"Ella sólo te necesita a ti, Emma. Claro que es feliz, y lo será mientras pueda estar contigo. Pero eso no valdrá para siempre. Según vaya creciendo, según vaya siendo más consciente, querrá estar contigo, pero también que tú seas feliz. Créeme, sé de lo que hablo. ¿Y qué sucederá entonces? ¿Esta es la vida que quieres?"
"No está tan mal..."
"Estás en el culo del mundo y ahora habéis decidido embarcaros cada dos semanas en viajes interminables por mares inhóspitos. ¿Ese es tu sueño de vida ideal?"
"No son exploraciones tan largas..."
"Llevo ocupando tu casa más de una semana, Emma."
"¿Qué?" pregunta abriendo los ojos, pero Regina no responde. "No todas nos llevan tanto tiempo, otras son más cortas."
"¿Te escuchas siquiera, Emma? ¿Estás intentando convencerme a mí o a ti?" cuestiona con toda la suavidad de la que es capaz. Esta vez es Emma la que no responde. "¿No has pensado en un punto medio? En algún lugar donde estar cerca de tu familia y amigos y desde donde él pueda sacar su barquito a pasear siempre que quiera."
"Sí... Pero a Hook le gusta que toda la familia esté unida, cree que es importante pasar tiempo juntos."
"Pues que se quede en casa con vosotras en lugar de embarcarse y arrastraros. Es una bebé, ¡por el amor de dios! Tiene que poder gatear sin miedo a caerse por la borda."
"Ya, pero..."
"Pero Hook no se adapta. Ya." Espeta desesperada. Respira hondo, antes de continuar "¿Te das cuenta de lo injusto que es eso?"
"No es tan sencillo, Regina. Lo hemos hablado. Varias veces... Y no se cierra a ello. Pero no por ahora."
"No por ahora... Y con ese gran pretexto se van alargando los meses y los años sin que tú puedas elegir también cómo llevar vuestra vida."
"No es así... Hace poco volvimos a hablarlo."
"¿Cuándo?"
"Hace unos dos meses..."
"¿Cuándo os visité?"
"Sí, poco después."
"¿Justo cuando empezasteis a haceros a la mar los tres durante semanas?"
"Bueno..."
"¿Quieres decir que, cuando le pediste a Hook acercarte a los tuyos, su decisión fue embarcaros a las dos con él en mitad de la nada durante semanas?
"No, no es eso..."
"Emma, es exactamente eso." Y esta vez su voz no contiene la riada de rabia que sacude su cuerpo. La salvadora se hunde en el sofá y Regina se detiene un instante. "Le pediste algo básico, Emma. Y él te convenció para alejarte aún más, ¿no te das cuenta?"
"No, no, ¿por qué haría eso?"
"Dímelo tú."
"Es un buen hombre."
"No he dicho lo contrario." Responde al instante, reprimiendo las ganas de disentir a ladridos. "¿Pero por qué lo hace?"
"Supongo que aquí está a gusto, es feliz y siente que estamos seguros."
"¿Y si te dijera que eso no es todo lo que esta tierra le ofrece?"
"¿Qué quieres decir?"
"He estado... he estado hablando con los aldeanos. Empezando por Dariana. Esa anciana te quiere muchísimo."
"Es muy dulce..." susurra con media sonrisa y con tantas ganas de no querer estar ahí que casi ocupan más que su encogido cuerpo.
"¿Sabías que les cobráis un impuesto por vuestras funciones como protectores de este reino?"
"¿Qué? ¡No! Regina, eso es una estupidez, ¡jamás haría eso!"
"Dariana y el resto de los comerciantes os pagan un impuesto por estar protegidos por la magia de la Salvadora. Hook pasa cada semana a cobrarlo en nombre de los dos."
"¡Es imposible! Dariana ha tenido que explicarse mal, él nunca..."
"¿Nunca te has preguntado de dónde saca el sustento que trae?"
"Sí, ¡claro que sí! De ayudar a los aldeanos y, sobre todo, a los pescadores. Los acompaña en sus salidas al mar, les protege de bestias marinas y les informa de las mejores zonas de pesca según el estado de las mareas. Él mismo me lo ha contado."
"Está claro que no te lo ha contado todo..."
"No es posible, Regina." Y, a pesar de sonar tajante, su mirada se enclava en la de ella, suplicante, implorando sin palabras que lo desmienta.
"Al llegar vi con qué adoración te miraba Dariana y, al marcharnos, cómo observaba a Hook. Hablé con ella y..."
"No puede ser."
"Lo siento, Emma." Susurra levantándose muy despacio, sin molestar el sueño de la bebé, hasta sentarse junto a su madre. "No sabía cómo contártelo. Y pregunté a cada hombre y mujer del mercado para asegurarme. Todos me contaron lo mismo: al llegar Hook les pidió un tributo que supuestamente tú ibas a necesitar para poder dedicarte a protegerles."
"No, no, no..." susurra con la cabeza entre las manos. "No, Regina, no. ¿Por qué haría eso?"
"Quizás crea que está cuidando de su familia... No lo sé."
"No, tiene que haber una explicación, algún error. Es un buen hombre. Dejó atrás su pasado, se ha reformado."
"Quizás no tanto como pensabas..."
"¿Qué? ¡No, claro que no! Tú lo has visto, se embarcó con nosotros hacia Nunca Jamás sin dudarlo y desde entonces ha sido uno más de nuestro equipo."
"Emma..."
"¿Qué...?"
Y Regina, por un momento, pierde el valor y la fuerza, por un momento, ante esa voz húmeda y rota quiere callarse y dejar de ser la causante de tanto dolor. Por un momento, incluso sueña con decir que es todo mentira y retractarse.
"Él... él regresó después de casi abandonarnos a nuestra suerte."
"Pero volvió."
Abraza fuerte a Hope, su voz se vuelve un hilo y murmura: "Prácticamente dos minutos antes de embarcarnos en ese viaje me había secuestrado junto a Greg y Tamara para que pudieran torturarme con electroshock. Y me dejó allí a mi suerte, imaginando que me matarían."
"¿Cómo...?"
"Todos tenemos un pasado oscuro, no seré yo quien se atreva a criticar eso... Pero eso tiene poco de pasado y bastante de presente."
"¿Qué? No, no, no, Regina... Él no sería capaz."
"Lo fue..."
"¿Y por qué no dijiste nada? ¿Por qué no me lo dijiste a mí?"
"No lo sé... éramos cuatro gatos, necesitábamos toda la ayuda posible para la misión y, por supuesto, su maldito barco. No sentí que fuera una buena idea contarlo y pensaba..."
"¿Qué pensabas?"
"Que... bueno, que quizás diríais: Bah, es la Reina Malvada, se lo merecía."
"Jamás habría dicho algo así, Regina, jamás."
"Ahora sé que no..." musita colocando su mano libre sobre la de Emma, que descansa sin fuerzas sobre sus rodillas.
"Tenías que habérmelo contado..."
"En aquel momento ni yo misma creía no merecerlo. Y no esperaba que vosotros, con quienes llevaba medio minuto de alianza, os fueseis a poner de mi parte. Y luego... Emma, ¿cómo iba a imaginarme siquiera que te casarías con un pirata?"
"¿Y después...?"
"No ha sido nunca santo de mi devoción, ya lo sabías... Pero era tu pareja. No podía interferir."
"¿Y qué ha cambiado ahora?"
"Tú. Antes no interfería por ti. Si tú eras feliz, no tenía derecho a sabotearlo. Pero ahora..."
"¿...Ahora sientes que lo necesito? ¿Qué no soy feliz?"
"No lo sé, dímelo tú."
"Yo... siempre lo he tenido todo tan claro. En medio del caos que ha sido mi vida, esto al menos estaba claro."
"¿A qué te refieres?"
"A que todo parecía correcto. Cuando comencé a salir con Hook, todo el mundo parecía tan feliz por mí. Sí, sé que vosotros dos no habéis sido nunca amigos... Pero el resto... Era como si con él tuviera mi sitio reservado, como si dejase de ser esa huérfana solitaria y ya perteneciese a algún lugar. Como si fuese una más y no La Salvadora, porque por fin tenía mi final feliz como el resto de los habitantes de Storybrooke."
"Emma... ¿Cómo podías pensar eso? ¿Cómo puedes pensarlo ahora?" pregunta estrechando su mano, con la pena encogiéndose dañina contra su pecho, olvidándose de toda la rabia que había sentido. "Tus padres, Henry, Neal, yo... somos tu familia. No necesitabas ninguna pareja para ser parte de nada."
"Ya, lo sé..."
"Eres tan parte de mi vida como lo es Henry. Para mí sois mi familia." Murmura hundida ante la perspectiva de una Emma solitaria y tan desesperada como para ver en el amor una obligación. "Y aparezca alguien o no, mi familia y mi hogar están completos."
Los ojos de Emma se anclan en los suyos y medio sonríe hasta que un pequeño resuello dormido escapa de los labios de Hope. La sombra regresa a su rostro y la sonrisa se marcha por donde vino. "Pero él es el padre de mi hija..."
"Eso es un hecho, no una condena, Emma. El "Hasta que la muerte os separe" no es literal, ¿sabías?"
"No quiero que mi hija se críe como lo hice yo."
"Tu hija jamás estará sola. Jamás." Y es más que una promesa de sangre. Es una promesa en la que vuelca sus entrañas, su corazón, su vida. La niña que tiene en brazos es tan importante para Regina como lo es la propia Emma. "Pero no puedes sacrificarte para que tu hija tenga un padre a cualquier precio."
"No es sacrificarme... él también tiene cosas buenas. Es cariñoso con Hope, nos cuida..."
"Eso no son cosas buenas, Emma. Eso es lo mínimo. Tú eres muy capaz de cuidarte y necesitas a alguien a tu lado que sea un aliado, no tu cuidador. Alguien que sepa valorarte, no que decida esconderte unas tijeras que has decidido no usar. No que te diga que desoigas las voces de tu cabeza y que todo estará bien mientras te debates con la oscuridad más inconmensurable del universo dentro de ti. Alguien que no haya matado a tu abuelo, que no huya con la primera dificultad que aparece en el horizonte. ¡Joder, Emma, alguien que no amenace con suicidarse para llamar tu atención, que te pida que aparques un poco tus poderes y que dejes de jugar a los héroes o que convoque a todos los seres oscuros para matarte a ti y a los tuyos!"
"Eso... eso no es..." musita apretando los labios para evitar que sus ojos encharcados den rienda suelta a lo que está sintiendo.
"Es eso tal cual, Emma. Y si, además de todo eso, es incapaz de hacerte feliz y aceptar que quieras estar cerca de tu familia no merece que..." Se calla, sus ojos se entrecierran con lentitud y sostiene a Hope contra su pecho con más fuerza.
"¡Regina! Regina, ¿estás bien?"
"Yo... Sí, sí. Perdona, no pretendía asustarte." Tartamudea abriendo los ojos con firmeza. "Es el hechizo, se ha disuelto."
"¿Quieres decir que...?" pregunta girándose agitada hacia su propia puerta.
"Creo que sí... En cualquier momento. Por favor, Emma, necesito que me escuches. Sé que nada de lo que te estoy diciendo es fácil, que estoy dejándote en una situación de mierda, con la cabeza y el corazón totalmente triturados..."
"No, no te preocupes. Yo... entiendo que piensas en lo mejor para mí..."
"Sí, siempre. Pero esta vez necesito que seas tú la que pienses en ti. No en nadie más, por favor. No en lo que crees que es más correcto, no en lo que sientes que estás obligada a hacer, no en lo que creas que se espera de ti. Piensa en tus necesidades, escúchate a ti por una vez. Por favor..." Y esa última suplica se queda como una brisa en el aire, por la voz húmeda y borrosa con la que habla Regina y por el sonido de la puerta al abrirse.
"Emma, voy a acercarme a la aldea si tienes todo aquí controlado..." grita la voz de Hook al entrar de espaldas, arrastrando un saco de ropa sucia y con olor a salitre. Pero en cuanto comprueba que no están solos lo deja caer al suelo, sin preocuparse en cerrar la puerta. "¿Regina? No sabía que teníamos visita, amor."
"No, ha sido una sorpresa." Sonríe Regina sin pizca de alegría.
"Gracias por preocuparte por nosotros, pero recuerda que tenemos una hija, Regina. No puedes aparecer sin más, necesitamos organizarnos." Y su voz raspa como un cuchillo afilándose con cada palabra. Regina puede leer las ganas de destriparla en sus diminutas pupilas.
"Hook, no pasa nada. Ha sido una visita fugaz."
"No tienes que justificarlo, Emma." Suspira Regina con un tono de voz totalmente diferente.
"Regina, eres tú la que no tiene voz ni voto aquí. ¿Y qué te pasa, amor? ¿Has estado llorando?" pregunta dando un par de zancadas hasta alcanzarlas. "¿Qué le has hecho?"
"¿Yo, precisamente? Nada."
"¿Qué insinúas? Y suelta a mi hija."
"Hook, deja que esté con Hope, apenas acaba de llegar."
"Y menos que va a tardar en irse."
"¿Y si no qué?" pregunta Regina dejando con delicadeza a la pequeña en brazos de Emma. No va a enfrentarse a ese energúmeno con Hope entre ellos, ni va a alzar la voz. Pero esta vez no va a detenerse. "Dime, Hook." Insiste poniéndose en pie.
"Ya lo sabes..."
"Amenazas vacías. Atrévete."
"De qué estáis hablando, ¡parad ya!" suplica Emma desde el sofá.
"¿Qué pretendes exactamente, Regina?" gruñe hablando cada vez más alto, colocándose entre ella y la Salvadora.
"Vas a despertar a Hope." bufa Regina sin alzar la voz.
"Que no me digas lo que debo hacer con mi familia." espeta igual de fuerte, igual de violento y amenazante.
"Hook, basta." exclama Emma levantándose con Hope dejando escapar lánguidos lloriqueos. "¡He dicho que ya basta!"
"Eso es lo que pretende, enfrentarnos, Emma, ¿no lo ves?" suplica girándose hacia su esposa. "¿Qué te has inventado? ¡¿Qué has sido capaz de concebir con tal de hacernos daño, maldita bruja?"
"¿Inventarme? Jamás caería tan bajo como tú. Ni siquiera le he dicho cómo vigilas cada visita que recibe, cómo pagas a ese viejo lobo de mar para que te avise de quién se acerca a Emma."
"¡Zorra mentirosa...!"
"¡Hook!" Y esta vez es la voz de Emma la que resuena sobre todos y todo. Tiene los ojos rojos y las lágrimas ya no se detienen. Hope, entre sus brazos, está cada vez más desconsolada y la ternura con la que Emma la envuelve contrasta con la furia de su rostro. "¿Es eso cierto? ¿Foreis trabaja para ti? ¿Vigila quién viene a visitarnos?"
"¿Cómo puedes siquiera escucharla, Emma?"
"¡Responde de una maldita vez!"
"Él me ayuda a controlar la seguridad de esta ciudad, pero no está aquí para vigilarte, claro que no..."
"Ya..."
"Emma, no dejes que Regina estropee esto, no permitas que te confunda y te envenene, es su especialidad."
"¿Tan débil crees que soy? ¿Tan maleable?"
"No, claro que no, pero sé que la maldad de Regina no conoce límites."
"¿Tú crees? Igual por eso tú y yo nos entendemos tan bien..." Musita Regina volviendo a encauzar toda la agresividad de Hook.
"¡Vete de mi casa! ¡AHORA!"
Regina se cruza de brazos, afianzando su lugar. "¿Por qué piensas que voy a obedecerte? Espero que no sea por miedo, Hook, porque te recuerdo que a mi lado eres menos que una cucaracha manca." Advierte creando una llama entre sus dedos con sólo chasquearlos.
"Sabes de lo que soy capaz."
"Lo que sé es que no te atreverás... O ya lo habrías hecho."
"Parad, ¡los dos!" grita Emma ofuscada, frotándose la frente al tiempo que abraza a Hope contra su pecho. "Regina, por favor... he de afrontar esto a mi manera."
"¿Qué necesitas?" pregunta deshaciendo su magia y mirándola sólo a ella.
"Déjanos, por favor." Musita y lo dice tan lento, con tanto cuidado, que duele como el peor de los golpes.
"Emma..." musita. Pero los ojos claros, aun estando hundidos, rojos y sin brillo, son firmes. "Lo que necesites." Añade al instante sin más réplica.
"Gracias." Gruñe Hook, siguiéndola con la vista mientras recoge su chaqueta. "Y no vuelv..."
"¡HOOK!" Ni siquiera Killian, ni siquiera con cierto tacto. Un grito seco y fulminante. El pirata se cuadra inconscientemente, pero también Regina, sobresaltada. Sin embargo, cuando mira a Emma, lista para despedirse, no distingue dureza alguna en sus rasgos. Sólo tiene los brazos medio tendidos hacia ella, con Hope ya despierta pero calmada y mirándola a su vez. Regina ni siquiera pregunta, sólo coge al vuelo la invitación que cree que le está ofreciendo y se inclina hacia la bebé para dejar un beso en su frente.
"Hasta pronto, pequeña." Sonríe intentando encontrar entre tanta conmoción la alegría que le gustaría transmitirle. Cuando alza la vista hasta el rostro de Emma, este es un lienzo en blanco, sin expresión que analizar. Estira su mano hasta cubrir la de la salvadora y musita. "Adiós."
Cuando Emma responde con un discreto "Adiós, Regina" y le da un suave apretón, Regina suelta un suspiro y siente que el mundo se derrumba, pero quizás haya una esperanza de que vuelva a estar en pie algún día. Asiente y sale por la puerta. Con una última panorámica de la mirada de odio líquido de Hook, la inexpresividad de Emma y los gorgoritos de Hope, Regina cierra la puerta y se marcha.
"Snow... No, no ha ido bien. Espera, no, no, ¡no pongas el altavoz! Sí, David, os oigo bien a los dos. No era necesario que... Ya, ya, entiendo que así es más rápido. Yo... No tenía que haber ido, os lo dije. No sé siquiera si esto habrá servido de algo o si Emma estará ahora simplemente odiándome y sin entender que he ido a hacer... Si, he intentado explicarme, pero... No. Le dejé caer que estábamos preocupados, los cuatro, pero no quería que se sintiera atacada. Traté de averiguar cómo se encontraba, qué pensaba, cómo se siente. Pero... no supe manejar la situación. Sabía que yo no debía ir... No, Snow, en serio. Vosotros habríais sabido qué decirle, estoy segura. Yo ni siquiera soy capaz recordar toda la conversación. No lo sé... Intenté que me explicara por qué vivir tan lejos de vosotros, de todos y admitió cierto conflicto con Hook... Y no sé en qué momento todo se me escapó de las manos. No sé... yo... Quería que ella hablara, que se desahogara, pero empecé a abrir la boca y no pude cerrarla. No sé, Snow, no sé. No sé si habrá servido para algo más que para que me odie. De verdad, Snow, no lo sé."
Las piernas de Regina tamborilean contra el suelo, arrítmicas, histéricas, tan fuera de si como su dueña. Sobre sus rodillas, moviéndose con ese mismo vaivén, su móvil. No importa cuántas veces observe la pantalla, continúa en silencio, sin notificaciones. Pero por si acaso, lo vuelve a mirar. Nada.
Las piernas van un poco más rápido. Su cabeza en caída libre. A sólo medio metro descansa el teléfono fijo, igual de muerto que su móvil. Y se siente tan inútil, tan impotente. Quiere hacer algo, llamar a alguien. ¿Pero para qué? ¿A quién? Si Emma hubiese aparecido, ya habrían dado la voz de alarma. Y mientras tanto, sólo le queda esperar. No puede ir a ninguna parte, ¿por dónde empezaría a buscarla? Además, Henry ha sido muy claro. Nadie debe moverse, todos han de esperar en sus respectivas casas. La conversación se reproduce una y otra vez en su cabeza como una cantinela endemoniada que destroza sus nervios y se niega a salir.
"Henry, Henry, detente, ¿qué sucede?"
"'¡Es Hook, mamá! Acaba de hablarme desde un espejo en Agrabah, mamá ha desaparecido. Me ha pedido que le dijese dónde estaba Emma."
"¿Qué? ¿Y qué le has dicho?"
"¡Nada! No le he dicho nada. Pero es que tampoco sé nada. Emma no está aquí ni se ha puesto en contacto conmigo. ¿Tú sabes algo?"
Tragó hondo. "No, Henry, nada de nada. No me ha llamado."
"Snow y David tampoco tienen noticias."
"¿Hace cuánto que ha desaparecido?
"No lo sé. Hook no ha querido darme detalles. Ha colgado en cuanto le he dicho que no sabía nada. Pero debe llevar fuera horas. Él ya estaba en Agrabah, de camino a la segunda puerta."
"¿Qué está pasando...?"
"No lo sé. Pero mamá nos necesita."
"¿Qué hacemos?"
"Ahora no podemos hacer mucho... No te muevas de casa, ninguno lo haremos. Si viene a buscarnos debe encontrarnos, ¿de acuerdo?"
"Está bien..."
Y, desde ese momento, sus piernas no habían dejado de tamborilear. Seis horas de tamborileo incesante. Hacía menos de 3 días que había vuelto de los Mares del Norte. Ni siquiera se había empezado a reponer de aquel viaje. Y ahora... ¿Ahora qué?
¿Emma, dónde estás? ¿Qué sucede?
Sube las piernas al sofá con los primeros calambres y deja caer su cabeza contra el respaldo del sofá. Un alivio que dura menos de un segundo. Nada funciona. Ni el suave repiquetear de la tormenta contra los cristales de la mansión. Ni su respiración, cada vez más profunda y pesada. Ni mirar el maldito, silencioso e inútil móvil.
Entierra la cabeza entre las manos y cierra los ojos. Pero su cabeza no se detiene.
Está angustiada, nerviosa, triste. Y se siente infinitamente culpable. ¿Ha sido su culpa? ¿Ha desatado esto ella? Surca su pelo con los dedos y, cuando está a punto de tirarse de ellos, oye un chapoteo.
Son pasos. Sobre la gravilla húmeda de la entrada. Está segura.
Se pone en pie antes incluso de que suene el timbre y corre hacia la puerta, móvil en mano para dar la señal de aviso en cuanto le sea posible. Gira el cerrojo. Empuja el pomo sin cuidado. Abre tan rápido que la puerta pasa a un centímetro de su frente, pero le da igual.
Y, bajo la lluvia, Hook, empapado y fuera de sí, la observa.
"¿Qué haces aquí?"
"¡Sabes bien qué hago aquí! ¿Dónde está mi esposa? ¡¿Y mi hija?!" grita y, de un empujón, aparta a Regina. Da dos pasos y su cuerpo se eleva en el aire hasta estrellarse contra la pared del recibidor de Regina, con más fuerza de la necesaria.
"No vuelvas a tocarme, maldito bastardo." Gruñe enseñándole los dientes y manteniendo su mano en alto. "Emma no está aquí."
"¡Mientes!" chilla revolviéndose inútil contra la magia de Regina.
"¿Qué le has hecho?" cuestiona apretándole con más fuerza contra la pared. La voz de Hook suena estrangulada, pero con una rabia que borbotea como lava.
"¡Nada! Ya lo sabes bien... Tú y tus malditas mentiras, tú, puta bruja. ¡No te has detenido hasta que no has logrado envenenarla!"
"¿Yo? ¿Esa es tu excusa?" escupe apartando la mano furiosa, dejando que se estampe contra el suelo con un golpe seco. "Mírate, pirata de mala muerte... Jamás has estado a la altura de Emma, ni a años luz. Y en lugar de intentarlo al menos, te propusiste hundirla, anularla poco a poco, convertirla en una sombra. ¿Para qué? Para sentirte un poco menos mierda, un poco más hombre, algo a lo que merezca la pena mirar a la cara. Pues has fallado. Y, si es cierto que Emma se ha dado cuenta, brindaré por ello."
"¡Cállate! ¡Todo esto es culpa tuya...!" chilla tirándose contra ella y la mano de Regina vuelve a detenerle en el aire.
"¿Qué parte no te ha quedado clara? No me levantes la mano y desde luego no me mandes callar si aprecias tu asquerosa vida."
"¿Qué le dijiste? ¿Qué te inventaste?"
"¿Inventarme para qué?" espeta librándole de su magia. "Me bastó con enumerar todas tus mentiras, tus manipulaciones, cómo chantajeas a una aldea entera usando su nombre o cómo la aíslas de los suyos cada día más..."
"Todo lo que hago lo hago por Emma, zorra. La conozco, se lo que le conviene, es mi esposa."
"Emma es mucho más que ese pequeño error. Emma es un maravilloso e infinito universo que no has sabido valorar, entender ni cuidar en tu puta vida. Y ahora se escapa de ti, como siempre debió ser. Y no, no está aquí. Pero tiene otra veintena de lugares donde la acogerán con los brazos abiertos. Y créeme, todos ellos se desvivirán por protegerlas de ti."
"Volverá conmigo, zorra. Es mi esposa, ella me quiere..."
"Si estás tan seguro, ¿por qué no te has limitado a esperarla en casa?"
"Para no darte la oportunidad de seguir envenenándola... Has llevado tu obsesión por ella hasta el límite de intentar separar a nuestra familia y no lo consentiré."
"Eso es lo que jamás has terminado de entender. Emma es una persona adulta y no, tú no puedes decidir por ella."
"No te saldrás con la tuya." Escupe rojo de furia. Regina alza una ceja, y la vena del cuello de Hook amenaza con explotar. "Ella lo sabe. Sabe qué has hecho. Y sabe por qué. Yo mismo le conté tu asqueroso secreto." Y, frente a él, no hay la más mínima reacción. No, las tripas de Regina se retuercen sobre si mismas con total discreción. "Puede que hoy no vuelva a casa. Pero volverá. Y sabrá cómo jugaste con su cabeza."
"No pierdas la esperanza..." brama en un murmullo que vibra en su garganta, amenazante y gélido. "Ahora, FUERA." Espeta abriendo la puerta de la casa con un rápido movimiento de muñeca y caminando hacia él para obligarle a retroceder hacia la salida.
El garfio brilla en el aire por un instante, en un arco limpio, directo al cuello de Regina. Y, de un golpe, la magia detiene su movimiento y le obliga a girar hacia su propio pecho. Los ojos de Hook están fuera de sí, viendo su propia mano acercarse amenazante contra su corazón.
"Dame un motivo, un solo motivo..." paladea Regina, sin prisa, con placer. Hook traga hondo antes de poder responder.
"Serías capaz." No es una pregunta, es una afirmación, casi una orden.
"No, Hook. Porque no soy cómo tú." Espeta rompiendo el hechizo de la mano, pero empujándole a varios metros de su puerta. Hasta quedar fuera de los soportales. Hasta que la lluvia comienza a caer sobre él. "No vuelvas jamás por aquí. Y sí, es una amenaza."
"Esto no ha terminado, Regina."
"Yo diría que para ti sí." Ladra, cerrando con un portazo que, de nuevo, sale mágicamente proyectado contra Hook. Ya no puede verle, pero escucha su cuerpo golpear contra la acera, más allá de la entrada a su jardín. "Hijo de puta." Gruñe abriendo y cerrando sus manos, fuera de sí.
Es una bomba de furia e impotencia, de gritos contenidos y tanta rabia que podría hacer arder 50 Jolly Rogers de un simple soplido. Intenta ver más allá de la ira, trata de pensar. Vuelve a su salón y rebusca hasta dar con su móvil. No hay notificación alguna. Comienza a escribir a Henry, pero sus dedos tiemblan y le cuesta un mundo tan sólo teclear "Hook ha venido". Antes de poder enviarlo, se sienta sobre el sofá, consciente de repente del esfuerzo descomunal que hacen sus piernas al mantenerla en pie. Quiere llorar, gritar, destruir y acurrucarse bajo las sábanas. Todo al mismo tiempo y, con tal vehemencia, que no es capaz de gestionarlo.
Su móvil empieza a sonar. El nombre de Henry parpadea en la pantalla. Ha leído su mensaje. Y Regina quiere descolgar, pero al mismo tiempo le traicionan las fuerzas para hacerlo. Sostiene el teléfono, respira hondo y un sonido perdido en la inmensidad de la noche y la tormenta se cuela por el pasillo. Tan pequeño y suave. Tan extraordinario a la vez.
Regina se pone en pie. Es en la cocina, está segura.
Camina como en un sueño, fuera de toda consciencia, igual que si sus pasos los dictara otro ser. Y al llegar a su cocina lo ve. Tras los cristales de la puerta de atrás se intuye una figura. Apenas una sombra gris indefinida entre la oscuridad de la calle, la noche y la tormenta.
El móvil sigue sonando, descuelga sin meditarlo, sus pasos se aceleran y agarra el pomo en apenas unos segundos.
Y frente a ella, bajo la lluvia, se encuentra Emma. Protegida por un hechizo que repele el agua sobre ella, el pequeño cuerpecito de Hope dormida entre sus brazos y un saquito de ropa. Pero, a pesar del efecto de la magia, la sola imagen de la salvadora a la intemperie, esperando y con ojos rojos y huidizos se clava en el pecho de Regina.
"Mamá, ¡mamá!" se oye la voz de Henry con una lejanía artificial que obliga a Regina a llevarse el teléfono al oído.
"Henry, luego te llamo."
"Emma está allí, ¿verdad?"
"Sí."
"De acuerdo. Gracias, mamá."
Cuando deja caer el teléfono contra la encimera, sólo puede musitar. "¿Emma?"
La voz de la salvadora se entremezcla con la lluvia que cae sin tregua, amenazando con desaparecer igual que gotas sin fuerza. "Yo... Dijiste que eras mi familia, ¿no...?"
A pesar de lo irreal de la escena, Emma no se había inmutado. Ver aparecer a Regina por el pasillo, con una taza humeante de tila en las manos, una manta sobrevolando su hombro izquierdo y una amalgama de listones de madera blanca, barras de metal y tornillos sobre el derecho, no enturbió la opacada quietud de Emma. Ni siquiera cuando los materiales se habían empezado a organizar para formar mágicamente una cuna junto a su sofá o al ver descender la manta sobre sus hombros con total suavidad.
Hasta que no deja a Hope descansando dentro de la cuna y la taza de tila no humea en sus manos, su mirada y su mente no regresan a ese salón.
"¿Cuánto tiempo llevabas ahí fuera?"
"No lo sé... algo más de media hora... Perdóname... sabía que vendría a buscarme aquí primero. Yo... tenía que esperar a que se fuera y..."
"Emma, Emma, tranquila. No debes disculparte por nada, jamás. Y no tienes que darme ninguna explicación. Esta siempre será tu casa."
"Gracias..."
Regina toma asiento en el sillón más cercano antes de musitar. "¿Cómo supiste desde la cocina que se había ido...?"
"Yo... usé la magia."
"¿Has... has escuchado toda la conversación?" Los ojos de Regina se abren más de lo que a ella le gustaría. ¿Ha escuchado todo? ¿Cómo se ha desahogado contra Hook? ¿Todo lo que él ha gritado? ¿Todo sobre... ese maldito secreto?
Pero Emma no da pistas de nada, excepto de esa quietud casi dolorosa. Se limita a asentir y soplar su taza con cuidado.
"¿Necesitas algo...?"
"No, no, gracias. Todo está bien..."
"He preparado la habitación de invitados con todo lo que podáis necesitar. Moveremos la cuna al cuarto en cuanto quieras subir a dormir, ¿vale?"
"Vale..."
"Emma." Susurra con firmeza, buscando sus ojos. La mirada titilante acepta la invitación y se queda suspendida, esperando sus palabras "Nadie a quién yo no de permiso podrá atravesar las puertas exteriores, ¿vale?"
"Gracias." Asiente mordiéndose el labio. "No tengo miedo, Regina. No de que haga algo malo... Pero te lo agradezco. No quiero verle, no por ahora." Resopla frotándose la frente con ambas manos. "Soy una cobarde por huir, ¿verdad?"
"¿Qué? No, Emma, por supuesto que no. No sé qué ha sucedido, pero sí que tú jamás has huido de nada. Nunca. Y te he visto enfrentar los mayores peligros del mundo."
"Pero aquí estoy... fugada."
"Emma, no te has fugado, no has huido. Has puesto distancia después de intentar durante meses enfrentar la situación. Pero no te han dejado otra opción. Esto no es una huida, ¿me oyes? Estabas atrapada y has hecho lo que debías hacer."
Los labios de Emma se curvan en una insignificante sonrisa llena de alivio. Llena sus pulmones con un suspiro y, lo que parece durante un instante un breve espejismo de consuelo, desaparece tras unas silenciosas lágrimas. "No sabía qué hacer, a dónde ir, yo..."
Regina no lo soporta más y se sienta a su vera, abrazándola en cuanto el cuerpo de Emma se inclina hacia ella. No es capaz de recordar si alguna vez la ha abrazado. No han tenido nunca ese tipo de relación. Y desde luego, si se han abrazado, jamás ha sido así, no de una forma tan íntima. Pero seguramente, piensa para sí, es porque jamás ha visto a la salvadora tan hecha pedazos.
"Estoy aquí, Emma, todos lo estamos. Siempre podrás contar conmigo, con Henry, tus padres..."
"¿Estarán defraudados...?"
"Claro que no." Asevera contra su pelo, abrazándola con más fuerza al sentir todos los miedos que sacuden su ánimo. "¿Cómo ibas a defraudarlos?"
"Porque soy un desastre... Me he alejado de ellos. He dejado que Hook decidiera nuestra vida y se aprovechara de gente inocente frente a mis narices. Ha vuelto a las andadas y no lo he sabido evitar. Y ni siquiera puedo plantarle cara y he destrozado mi matrimonio..."
"Emma, nada de eso es tu culpa, nada." musita, alejándose lo justo como para observarla anonadada. "No fue tu decisión, él supo cómo jugar sus cartas para distanciarte de los tuyos. Tú confiabas en él, ¿por qué tenías que vigilar a tu marido como si fuese un niño pequeño irresponsable?"
"Porque soy la salvadora, es mi trabajo."
"No, Emma. Eras una mujer casada, no la salvadora. Ese título sólo atañe a los monstruos y seres sobrenaturales. En tu casa no tienes más obligación que la de disfrutar y cuidar de ti y de los tuyos. Y en un matrimonio debéis ser un equipo, él no ha de ser tu responsabilidad. ¡Aunque no lo parezca ese imbécil es una persona adulta, por el amor de dios!"
Emma sorbe y se aparta de ella con media sonrisa. "Nunca te ha gustado, ¿eh?"
"Ni una pizca." Responde volviendo a sentarse recta, mirándola de frente.
"Regina... No sabía que te había secuestrado. Era consciente de vuestra enemistad, pero jamás había sido consciente de algo así. Si lo hubiera sabido..."
"Ey, Emma, basta. No podías saberlo, y yo no te dije nada. No tienes que disculparte, jamás. Por nada de lo que haga él. Ya basta de aceptar culpas que son sólo suyas."
"Le pregunté por aquello. ¿Sabes que me lo negó?"
"¿Y has confiado antes en mi palabra?"
Los ojos claros se elevan hasta ella con más firmeza de la que han tenido en toda la conversación. "Claro que sí." Musita antes de volver a mirar a la nada. "No tenía intención de dejarle, ¿sabes? Cuando te fuiste... empezamos a discutir y gritar. Pero no tenía realmente intención de terminar. Yo... creo que pensaba que aún podía arreglarlo. Que, si los dos lo intentábamos y me proponía mejorar, había una oportunidad."
"Emma..."
"No te preocupes... Esa idea se disolvió tras dos días de gritos. Hook ni siquiera se detenía cuando Hope estaba despierta y llorando. Era como si yo me hubiese vuelto loca y todo lo que le dijese fuese una demencia. Con cada reclamo que le hacía todo iba a peor, cuesta abajo... Y cuando le pregunté por tu secuestro, estalló. Bueno, estalló aún más. Tampoco sé qué me esperaba... Había negado todo, incluso los chantajes a los aldeanos. Al tercer día, cuando supo que yo misma había hablado con Dariana, reconoció que cobraba lo que él consideraba un precio justo por nuestro trabajo, una manutención para cuidar de nuestra familia. Incluso reconoció que había llevado la seguridad demasiado lejos con Foreis. Y me prometió que estaba dispuesto a cambiar y dejar todo eso atrás."
"¿Y qué sucedió?"
"Le pregunté si se arrepentía de lo que te había hecho."
"¿Y?"
"Volvió a gritar y maldecir. No reconoció nada, aseguró que todo era una mentira tuya para destrozar nuestro matrimonio. Y ahí lo tuve claro."
"¿El qué?"
"Que no se arrepentía. De nada. Ni de lo que te había hecho a ti, ni de lo que había hecho a esa ciudad, ni siquiera a mí. Sólo quería decirme lo que sentía que yo necesitaba escuchar para quedarme tranquila. Pero no se arrepentía ni reconocía ningún error. Y tenía intención de seguir mintiéndome tanto como fuera necesario."
"Emma..."
"Ya... mucho he tardado, ¿no?"
"No puedes culparte... No es nada fácil."
"Ya... La cuestión es que hice la maleta, preparé todas nuestras cosas, pero Hook me convenció de que estaba huyendo, de que era una niña pequeña por no ser capaz de enfrentar los problemas y solucionarlos. Que qué sería de él, que estaba destrozando una familia y que no era mejor que mis padres al meterme en ese tronco..."
"Hijo de puta... Emma es mentira, todo. Por favor, dime que no le escuchaste."
"Bueno... he alejado a Hope de su padre y he salido de esa casa a hurtadillas, ¿no tiene acaso algo de razón?"
Regina traga sus propias lágrimas, preguntándose hasta que punto el veneno que Hook ha ido introduciendo en Emma durante años ha calado hasta hacerla dudar así de todo.
"No, no has alejado a Hope de nadie. Hook es el que lo ha provocado, si no es una buena persona ni un buen marido, ¿cómo va a ser un buen padre? No ha sido capaz de mirar nunca por ti, jamás lo haría por esta pequeña, Emma, jamás. Y no estás huyendo, si has salido de esa casa a escondidas es porque tu instinto te lo estaba suplicando. En el fondo sabías que él intentaría evitarlo hasta el infinito y que irte de noche era la única forma de salir sin más luchas."
"No lo sé, Regina... No lo sé." Gimotea.
"Tienes toda la vida para verlo. Y, créeme, no tardarás mucho en comprobar que has hecho lo correcto. Te lo juro."
"Vale..." asiente sin fuerzas, sorbiendo y dejándose caer hacia la cuna hasta observar a Hope dormir.
"¿Quieres descansar? Puedo subirla en un segundo."
"Creo que sí..."
Con un pequeño movimiento de muñeca, la cuna desaparece en una suave neblina violeta. "Vamos."
"Regina, yo... No sé cómo darte las gracias por todo."
"Eso es porque no tienes que darlas. Tú habrías hecho lo mismo por mí." Murmura andando junto a ella por las escaleras. "Además, me siento un poco culpable."
"¿Tú? ¿Por qué?"
"Porque debí haber intervenido drásticamente cuando te vestiste de Olivia Newton John repipi para aquella primera cita."
Primero los ojos de Emma se abren, desubicados. Un segundo después suelta una solitaria carcajada, pero que ilumina toda la mansión y acelera el corazón de Regina por la sorpresa. "Oh dios... No me lo recuerdes. Si detesto el rosa..."
"Ves. Tenía que haber intervenido."
"Toda la razón."
"Emma..."
"¿Sí?"
"¿Por qué pensaste que Hook te buscaría primero aquí?"
La salvadora se encoge de hombros. "Bueno, porque aquí estaba, ¿no?"
"Claro." Responde sin gota de convencimiento.
"Y quizás porque las dos crisis empezaron tras tus visitas."
"Tiene sentido." Añade girando el pomo de la puerta del cuarto de invitados.
"Y porque se asustó. Cuando me contó ese... asqueroso secreto. Al darse cuenta de que para mí había sido, efectivamente, un secreto. Pero que no me parecía asqueroso."
"Oh." Oh. La elocuencia personificada, un alarde de inteligencia desbordante e inigualable, casi infinita. Oh. Maravilloso, Regina. Maravilloso. "Entiendo." Musita haciéndose a un lado. "Creo que no te faltará de nada, pero estoy en esa otra puerta, ¿vale? Llámame para lo que necesitéis, sea lo que sea."
"Hecho."
"¿Me lo prometes?"
"Te lo prometo." Sonríe entrando en el cuarto, sólo para girarse una vez más. "Ey... Yo te salvé..." Murmura con una voz que recuerda a tiempos pasados en Camelot y que, a la vez, curiosamente, parecen haber sucedido ayer mismo. "...ahora tú me estás salvando." Bromea, cambiando la frase. Regina sonríe de lado, pero no duda al contestar.
"Emma, tu sigues salvándome la vida cada día."
"Anda ya..." musita apoyada en el marco de la puerta y negando con la cabeza. "Buenas noches, Regina."
"Que descanséis."
Espera a que la puerta se cierre, y avanza hasta su cuarto, agotada pero calmada. Y, casi sin fuerzas, escribe dos mensajes que manda al instante. "Está descansando, tranquilos. Mañana hablamos."
Henry responde casi al instante, agradeciendo el aviso y mandándole muchos abrazos. Pero Snow, por supuesto, llama.
"Regina, ¿y Emma? ¿Está bien?"
"No mucho, Snow, no mucho... Pero lo estará. Tranquila, porque lo estará."
FIN
DISCLAMER 2: ¡Y hasta aquí llegó! Espero que os haya gustado muchísimo a pesar de lo "triste" de la premisa, pero me parece un desenlace realista y muy merecido para una 8ª temporada y, al menos en mi cabeza, me encanta pensar que hubiera continuado así. Una relación de maltrato, físico o mental, no merece ningún otro final...
Tengo muchas ganas de saber qué os ha parecido, sobre todo porque es una de las historias que más me ha costado escribir y decidirme a publicar así que.. aquí os esperaré, sentadita. ¡Gracias una vez más por leer, sois increíbles!❤️
P.d.: ¿Cómo lo bautizamos? ?
