Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a Rick Riordan y a JK Rowling.
Capítulo 05.
Al día siguiente, la diosa de la magia estaba esperando a Hades en uno de sus templos en Londres.
De repente, las sombras se hondularon y frente a ella apareció el dios del inframundo con un niño agarrado de la mano.
El joven estaba en el campamento mestizo esperando a su hermana Bianca.
Resulta, que Alecto, había sacado a ambos niños del casino y los había llevado a un colegio militar.
Después, tres mestizos y un sátiro los habían sacado de allí.
Había habido una lucha que personalmente a Hades no le interesaba que había finalizado con su hijo solo en el campamento y su hija uniéndose a la caza.
-¿Este es Nico? -Preguntó la diosa.
El joven asintió tímidamente.
-¿Te han explicado por qué estás aquí?
Nico pensó durante un rato mordiéndose el labio inferior.
-Porque es necesario ocultarnos a mi hermana y a mí de otros dioses que no estarían contentos de saber de nuestra existencia.
-Eres un niño muy listo. -Dijo la diosa.
-Yo tengo que irme ya. Hay una revelión. Pero antes…
El dios de los muertos sacó algo de entre sus ropas.
Abrió la mano de su hijo y dejó algo sobre su pequeña palma.
Al ver la figurita, el pequeño sonrió.
-¡Era la que me faltaba! -Chilló.
Hades rió bajito y le revolvió el pelo.
-Lo sé.
Le dio un suave abrazo y se marchó.
-Bueno Nico. Ahora tenemos que irnos. Alguien nos espera.
***Horas antes***
Sirius Black siempre había sido un joven inmaduro e impulsivo.
En su época escolar, se metía con los que consideraba escoria y a veces se había excedido demasiado.
Sin embargo, cuando su ahijado nació y lo tomó entre sus brazos, quiso tener él también a alguien al que cuidar.
Años después su deseo se había cumplido pero de una manera retorcida.
Los magos sangre pura y algunos mestizos, sabían que antes de Merlín y Morgana existió una diosa.
Ella les había vendecido dándoles la posibilidad de hacer magia.
Hécate era benerada en la mayoría de hogares mágicos pero esa tradición se estaba perdiendo.
Esa noche, mientras Harry dormía, el mayor de los Black daba vueltas por la casa sin poder pegar ojo.
Entonces, sintió una presencia poderosa.
Al instante se puso alerta pero segundos después se relajó.
De alguna manera, sabía que fuera quien fuese, no le haría daño.
Una mujer alta, de figura estilizada, con el pelo negro rizado y los ojos oscuros apareció frente a él.
Vestía una túnica griega de color azul y plata.
-¿Lady Hécate?
-Sirius Black.
La diosa dijo su nombre como una caricia. Le recordó las canciones de cuna que su padre le cantaba antes de dormir.
El joven hizo una profunda reverencia.
-Has sufrido mucho mi pobre hijo. Pero aunque se avecinen tiempos oscuros, te garantizo que hallarás la felicidad. Nunca debes perder la esperanza.
Al animago se le empañaron los ojos.
-Ahora, mi querido chico, necesito pedirte un favor.
-Lo que sea por usted mi señora.
Remus, que había oído voces abajo, se preocupó y se apresuró por las escaleras.
Se quedó paralizado ante lo que vio.
-¿Usted es…? ¿Es Lady Hécate?
-Sí mi querido niño.
Rozó la frente del licántropo con la yema de los dedos y sonrió con tristeza.
-no puedo eliminar tu maldición, pero sí puedo aliviar tu dolor. A partir de ahora, tus transformaciones no serán dolorosas y podrás mantener el control de tu mente.
Lunático se arrodilló ante la diosa mientras gruesas lágrimas surcaban su rostro.
-Gracias Lady Hécate.
-Ahora Sirius y Remus, necesito que me escuchéis atentamente.
Los jóvenes asintieron.
-Mañana, voy a traer aquí a un pequeño de once años. Entrará a Hogwarts este año. De momento solo puedo deciros que se llama Nico di Angelo. Pero pronto sabréis más.
-¿Un niño? ¿Aquí? -Preguntó Sirius un poco dudoso.
Aún no se recuperaba del todo de sus pesadillas y de los ataques de pánico.
-Sí. Dirás que tenías parientes lejanos que murieron y dejaron al niño solo en Italia y tú te lo trajiste. Aquí tengo todos los papeles necesarios. Incluso en el ministerio ya está registrado como tu tutelado.
-De acuerdo.
La verdad era que Canuto se sentía un poco abrumado.
-Venga mis pequeños merodeadores. -Susurró la diosa. -Es hora de que vayáis a descansar. Mañana será un largo día.
Tras decir eso, la diosa les acarició el pelo y se desvaneció.
Ambos chicos se miraron impresionados.
***Tiempo actual***
Hécate apareció junto con el niño en la puerta de una casa.
Esa mañana, Sirius le había explicado a Harry la situación.
El chico estaba contento porque al fin tendría un primo con el que esperaba llevarse bien.
Cuando llamaron a la puerta, Sirius se levantó como un resorte.
Se dirigió a abrir con el corazón en la garganta.
Cuando vio a la diosa, volvió a sentir la misma sensación cálida que el día anterior.
Sin embargo, cuando vio al niño, le dieron ganas de protegerlo.
Era bajito, delgado, con el pelo negro, la piel pálida y los ojos oscuros.
Vestía una chaqueta de aviador, lo sabía porque Lily se lo había enseñado, una camiseta negra y unos pantalones vaqueros.
Deberían ir al callejón Diagon a comprarle túnicas.
-Hola. Bienvenidos. Pasad. -Dijo Canuto de manera formal.
-Yo no puedo quedarme. -Dijo Hécate. -Tengo que volver a Estados Unidos. Estamos en guerra…
-Entiendo. -Se apresuróa a decir Sirius. -Nico. ¿Vienes conmigo? Harry y Remus están deseando conocerte.
El joven sonrió con timidez y le siguió dentro de la casa.
Antes de irse, la diosa le dio a Sirius una maleta con las cosas del menor.
Kreacher, que el día anterior había visto como ese traidor a la sangre hablaba con la diosa Hécate, se había comenzado a comportar de manera agradable.
Para el elfo, cualquiera que tuviera el favor de la diosa, era digno de merecer sus servicios.
Llevó la pequeña maleta a la habitación que habían preparado para el recién llegado y se apresuró a preparar la merienda.
En el salón, Nico se ocultaba ligeramente detrás de Sirius. Aunque no podía mantenerse quieto por mucho tiempo y la curiosidad le mataba.
Decidió salir de su escondite y presentarse al chico que tanto se parecía a Percy Jackson. Solo que éste tenía gafas y sus ojos estaban más apagados.
-Hola soy Nico. ¿Tú eres Harry o Remus?
-Soy Harry.
-Yo soy Remus. -Intervino el hombre castaño que estaba sentado en uno de los sillones.
Como Nico aún no se sentía con la confianza suficiente como para hablar, decidió mantenerse en silencio.
Entonces, se le ocurrió algo y preguntó:
-¿Es verdad que voláis en escobas?
Harry sonrió.
-Sí. Incluso hay un deporte que se juega sobre ellas.
La diosa de la magia le había explicado algo sobre eso y le había dicho que aunque él fuese hijo de Hades, cosa que no debía revelar, podría volar sobre escobas puesto que Zeus no tenía potestad sobre el mundo mágico.
Sin embargo, solo podría hacerlo dentro del castillo o en zonas exclusivamente mágicas.
Pronto, llegó la merienda y los chicos comieron mientras Harry le contaba a Nico cosas sobre el quidditch.
