Disclaimer: Los personajes y los universos le pertenece Rowling y a Rick Riordan.

No obtengo beneficio económico alguno al escribir esto.


Capítulo 8.


Sirius y Remus no habían podido dormir nada en absoluto.

Cuando los niños llegaron a casa, les mandaron a la cama, pues ya habían cenado en La madriguera, y les informaron de que al día siguiente temprano debían ir a Gringots para verificar unos asuntos importantes.

Nico y Harry habían mirado interrogantes a los adultos, pero estos no dijeron nada.

El mayor de los Black se había pasado dando vueltas toda la noche pensando en una y mil cosas. Su mente giraba con montones de posibilidades y situaciones que lo tuvieron con los ojos bien abiertos durante horas.

No quiso tomar una poción para dormir sin soñar, pues había tomado una la noche anterior cuando una pesadilla peculiarmente horrible lo despertó empapado en sudor.

Si era verdad que su mejor amigo seguía vivo, ¿entonces, quién lo tenía? ¿Dónde estaba escondido? ¿Por qué esconderlo?

Esas preguntas lo llevaban a muchas más.

¿Por qué lo escondían? ¿Con qué propósito? ¿Estaría bien? ¿Lo estaban maltratando? ¿Había entrado en coma mágico y estaba en algún hospital muggle?

Eso le había ocurrido a Edison McMillan. Se dio un golpe en la cabeza, los muggles lo encontraron y despertó cuatro días después en un hospital no mágico. Tuvo que ingeniárselas para escapar sin que lo vieran.

No tenía ningún tipo de identificación muggle.


Remus permaneció sentado en su cama toda la noche.

Se hacía un montón de preguntas que no tenían respuesta por el momento y su lobo clamaba por encontrar algo, lo que fuera, para calmar su ansiedad y nerviosismo.

Había cogido un libro para leer con el fin de distraerse, y si bien lo había logrado en parte, el sueño no acudía a él.

Se le escapaba como el viento entre los dedos.

Se negaba a tener esperanzas porque si resultaba que no era verdad, que James estaba muerto, entonces, sería como perderlo dos veces.

James, su amigo, su hermano, parte de su manada...

Gruñendo, miró la hora en el reloj y se levantó para darse una ducha.

Ya vestido, bajó a la cocina para preparar el desayuno.

Normalmente lo hacía Kreacher, pero cocinar lo relajaba.

Sirius se le había adelantado.

-¿Has dormido algo?

El animago negó suspirando.

-Yo tampoco. Estoy de los nervios. Siento como mi lobo quiere salir y eso que la luna llena fue hace una semana.

-Te pasó lo mismo cuando nació el cachorro. ¿Te acuerdas?

-Sí. Estaba más ansioso que James. -Sonrió un poco.

Nico y Harry no tardaron mucho en bajar y antes de que todos terminaran el desayuno, alguien llamó a la puerta.


Thanatos había estado paseándose toda la tarde y parte de la noche por el inframundo. Había visitado a brujas y magos para preguntarles si sabían o habían visto algo, pues a veces algunos fantasmas eran convocados o se les permitía echar un vistazo al mundo terrenal pero no había habido suerte.

Siendo las doce de la noche en Nueva York y las dos de la mañana allí en Los Ángeles, Thanatos supuso que como en Londres ya eran las nueve de la mañana, podía aparecer en la casa del padrino de su hijo.

Si ellos estaban tan ansiosos como él, seguro estarían despiertos en ese momento.

Efectivamente, cuando llegó cerca de la casa, escuchó ruido de voces y cubertería al chocar contra platos.

Tocó a la puerta y esperó.

Su corazón latía acelerado y sus manos le sudaban a pesar de que era un dios con milenios de antigüedad.

Esperaba que los duendes del banco Gryngots tuvieran respuestas.

Y si resultaba que James estaba vivo y que alguien lo había ocultado deliberadamente, entonces iban a rodar cabezas y los campos de castigo tendrían nuevos habitantes.

Una criatura pequeña y arrugada le abrió la puerta.

Reconoció su poder como el de alguien superior, y entonces supo quien era por haberlo visto el día anterior en casa.

-¿Lo espera el amo Sirius, Señor?

-Si. Tenemos asuntos urgentes e importantes que tratar.

-Sígame. Lo acompañaré al salón de visitas.

Thanatos no protestó a pesar de que quería ver a su pequeño Harry de una vez aunque no pudiera decirle quien era hasta después de que los duendes lo verificaran.

Estaba ansioso y nervioso.

Nunca ningún mortal le había causado tantas emociones y por ninguno excepto por James se había tomado tantas molestias. Quería que fuera su consorte, su compañero eterno.

Al verlo, Sirius y Remus lo saludaron con una inclinación de cabeza.

-Él es Thanatos. -El licántropo les informó a los niños. -Ellos son Nico y Harry.

El dios se quedó mirando a su hijo un rato analizando sus rasgos y todo él.

Notó algo que no debería estar ahí, y aunque todos sus instintos le gritaban que lo sacara, la maldita profecía pesaba. Debería hablar con Apolo para pedir su opinión.

-¿Thanatos? ¿Como el dios griego? -Potter preguntó.

Su primo, que no era su primo realmente, le había hablado sobre quien era y juntos, con ayuda de Sirius y sobre todo de Remus, habían investigado todo lo posible sobre los dioses.

-Soy el dios griego. -Sonrió con calidez.

-No sé si impresionarme o si salir corriendo. -El moreno de ojos verdes comentó abrumado.

Una cosa era saber que los dioses griegos eran reales, y otra muy distinta tener uno delante de él en su sala de estar.

-No te haré daño, joven Harry. Estoy aquí porque necesitamos comprobar una información en el banco de los magos.

El niño le miró curioso pero el dios no añadió nada más.

-Vámonos ya. -Intervino Sirius. -Quiero dejar esto resuelto cuanto antes.

Remus estuvo de acuerdo. Necesitaba saber.

Fueron a través de la chimenea del salón hasta el caldero chorreante y de allí al callejón Diagon.

Nico no dejaba de asombrarse por lo que veía y sospechaba que jamás se cansaría de mirarlo todo. Sabía que a Harry le pasaba lo mismo.


Nota: ¿Teorías con respecto a James?