C. 18 La entrevista
Unas horas antes de que suene el despertador, Draco ya está en pie, organizando su ropa y preparándose para la entrevista. Aún no se puede creer que le hayan llamado por fin para el puesto de sus sueños. Años de esfuerzo y estudio se van a ver por fin recompensados. Es extraño que la oportunidad haya surgido en este momento.
¿Quizá alguna mente retorcida quiere vengarse de Harry y le va a meter en ese departamento?
Sería gracioso encontrarse a su marido de contable o algo así dentro del Ministerio.
Recolocando sus túnicas en el armario vuelve a ver la zona del armario de su pareja. Un contable no necesita tanto secreto para su material de oficina.
¿Y si no está en el Ministerio siquiera? ¿Y si tiene un trabajo muggle? Descarta ambas ideas. Es normal que no conozca aún muchos de sus secretos. Solo llevan unos días casados.
Termina de prepararse y sale a la calle. Va con tiempo de sobra, irá caminando.
La sensación de costumbre le invade una vez más pero esta vez se fija bien. No hay nadie como tal siguiéndole pero sí que hay gente que le observa disimuladamente. También siente magia en el ambiente. Podría asegurar que son hechizos de rastreo, pero ¿de dónde salen?
Con estas preguntas rondandole llega a las puertas del Ministerio. Los recuerdos de los juicios hace unos años le ponen la piel de gallina pero respira hondo y camina con paso firme. Lleva su carta en el bolsillo, no tendrá problemas.
Llega a la recepción un una señorita muy joven le indica amablemente el camino a la oficina de recursos humanos. De camino al ascensor siente las primeras miradas. En el ascensor la gente se aparta levemente de él. Y de camino a la oficina llega a escuchar algún murmullo despectivo.
Sabías que te encontrarías con esto, Draco. No dejes que te afecte. Si te han llamado es porque han reconocido tu valía.
Sentado en la sala de espera respira hondo y recuerda todo lo que estudió. Consigue distraerse unos minutos. De pronto la puerta de la oficina se abre y una cabeza pelirroja sale de ella.
"¿Draco Malfoy?" Dice con una estúpida sonrisa que no presagia nada bueno.
Le sostiene la mirada desafiante unos segundos y entra de nuevo. Sin darse cuenta Draco se ha puesto a la defensiva. Si Ron Weasley es su entrevistador puede dar el puesto por perdido.
El pelirrojo le sonríe desde el otro lado del escritorio. Su oficina es un completo despropósito. Hay libros volando de un lado a otro. Algunos se abren para que los revise en su mesa y vuelven a su sitio, pero se confunden, chocan entre sí y provocan una neblina constante de polvo en el ambiente. Draco siente sinceros deseos de darse la vuelta e irse pero resiste y se sienta en el borde de la silla designada.
"Vaya vaya, el mismísimo Draco Malfoy" dice Ron con una gran sonrisa. "Cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo te va todo?"
Como el cínico de primera que es, Draco reconoce ese tono sarcástico tan familiar. Finge una sonrisa.
"Todo bien, gracias. Me gustaría hablar del puesto y de las condiciones…"
"Ah sí, el puesto" dice sin dejar de mirarle a la cara con esa sonrisa. "Verás, creo que no estás capacitado para el trabajo."
"¿Qué? ¿Cómo no voy a estarlo? Me habéis llamado vosotros para la entrevista."
"Debe haber sido un error, sin duda. Un mortífago no podría entrar a trabajar al departamento de misterios. Pensé que venías por el puesto para la limpieza."
"No soy un mortífago" dice Draco al límite de su paciencia.
"Aquí dice que sí" afirma agitando el historial del rubio frente a él. "Pero bueno, podrías optar al puesto de barrendero."
Draco se levanta de golpe y un libro choca con su cabeza. Lo coge y lo lanza al suelo. Se da la vuelta y sale de la oficina dando un portazo.
"Maldito Weasel, hijo de mil putas."
Gira la esquina de camino al ascensor y se choca con una chica rubia.
"Ay! Draco?!" exclama la chica que se abalanza sobre él y le abraza.
"Astoria?"
"Justo salía a comer, ¿te vienes?" pregunta con una enorme sonrisa que a Draco le hace olvidar al pelirrojo.
