¡Hola a todos! ¡Buenos días! Aquí les comparto un capítulo más de nuestra historia. Como saben, es un Anthonyfic, hecho por amor a nuestra querida pareja de rubios. La historia original pertenece a Mutzuki e Igarashi, y ésta es una adaptación de mi autoría, sin fines de lucro, hecha solo para honrar el amor de nuestros héroes. Espero sea de su agrado.

"UNA VISIÓN DE AMOR"

CAPÍTULO II

Su tío William Albert salió al balcón, a sus espaldas, desde la casa, encontrando a su sobrino Anthony Brower y a la joven Candis Britter tomados de la mano, viéndose a los ojos sin pronunciar palabra.

El patriarca carraspeó discretamente, y ambos jóvenes saliendo de su trance auto impuesto, soltando de inmediato sus manos y volviéndose hacia el recién llegado, dieron un paso alejándose. Candy sonrió apenada, y Anthony le sonrió a su tío sin turbarse. "Buenas noches, tío William."

"Buenas noches, Anthony." Le respondió sonriente también. "¿Le estás mostrando los jardines de la Mansión a la señorita Britter?", le dijo su tío, caminando hacia ellos, haciendo caso omiso de la posición comprometedora, para la época, en que los había encontrado. Sin mencionar el detalle del saco de su sobrino sobre los hombros de la señorita.

"Así es, tío", respondió feliz Anthony. "Pero creo que escogí mala hora para hacerlo. Ya hace fresco esta noche."

"Tienes razón." Aceptó el joven Patriarca mirando los jardines junto con ellos. "Es mejor verlos de día.", concordó. "Pero eso se arregla fácil. ¿Por qué no invitamos a la señorita Britter al día de campo familiar de este fin de semana? Podrías mostrarle los alrededores y el jardín, en compañía de Stear y Archie."

"¡Sería magnifico, tío!", dijo Anthony emocionado. El joven se volvió hacia la rubia, "¿Candy, te gustaría venir a nuestra actividad familiar?"

Al Patriarca no le pasó inadvertido el uso del nombre de pila de la joven de parte de su sobrino.

"No lo sé, Anthony.", le dijo la rubia sin darse cuenta tampoco del uso del nombre de pila del muchacho, sorprendiendo al joven tío otra vez. "A mí me encantaría compartir con ustedes, pero… tendría que preguntarle a mi padre si me lo permite", respondió la joven.

"Tu familia estaría invitada también, Candy", comentó William Albert, usando la misma familiaridad con ella que su sobrino. Lo cual esta vez a quien no pasó inadvertido fue a Anthony, aunque sí a la rubia.

"Muchas gracias, señor Andley." Le dijo feliz Candis. "Claro que me encantaría. Iré a avisarle de inmediato a mi padre."

"Te acompañaré." Le dijo Anthony sin dudarlo, caminando con ella unos pasos de vuelta a la casa, ambos entusiasmados.

"Un momento." Se escuchó una voz firme de su tío tras ellos. Ambos se detuvieron sorprendidos y al volverse, notaron a William Albert viéndolos con seriedad. "¿No olvidan algo?", dijo sonriendo de pronto alzando una ceja.

Candy y Anthony se vieron mutuamente y de pronto se sorprendieron al recordar el saco. Ambos se apenaron y Candy se quitó la prenda del rubio, ruborizada, entregándosela de vuelta. La joven rubia no pudo evitar sentir tristeza de perder la cercanía de esa fragancia tan masculina y confortadora que la había envuelto al tener su saco cubriéndola del frío. Anthony lo recibió de inmediato y sonriendo se lo colocó nuevamente, sintiendo el dulce perfume de la rubia delicadamente dejado en su prenda. "Gracias, tío", dijo Anthony al alto rubio que los veía despreocupado, con las manos en sus bolsillos, sonriendo.

"No olvides comentárselo a la tía abuela antes.", le aconsejó su tío.

"No." Sonrió Anthony. "Vamos, Candy.", le dijo a la rubia y sin pensarlo tomó su mano y ambos entraron juntos de vuelta a la casa. Soltándose al llegar junto a la tía abuela a comentarle la invitación hecha por su tío, para luego ir a buscar ambos jóvenes a los padres de Candy para pedir su permiso, tras informarles de su formal invitación a la actividad familiar Andley.

La Matriarca del Clan sonrió desde su asiento principal, escoltada por dos mayordomos, al ver a su nieto y a Candis hablar con los señores Britter, en medio de los invitados. De inmediato notó la alegría de su ahijada Caroline, madre de Candis, al recibir la noticia de la invitación y la complacencia del padre de la joven al asentir a Anthony, asumiendo su aceptación. Para ese entonces el baile ya estaba por terminar y los invitados comenzaban a buscar a sus anfitriones para despedirse. Al notarlo, con cansancio, la tía abuela se puso de pie para atender el final de la reunión.

Dos horas después, tras marcharse todos los invitados, en una lujosa habitación del tercer piso, Elroy Andley era peinada por su mucama personal frente al espejo. "Karen," le dijo a su mucama, "por favor, mañana dile al mayordomo principal que avise temprano a George Johnson que necesito traiga la documentación del asunto Britter a Lakewood."

"Sí, madam." Le dijo la mucama inexpresiva, recogiendo el pelo café entrecano de la dama, ocultándolo luego con un fino sombrero de encaje, para evitar que se le enredara al dormir.

"Listo, señora Andley.", dijo la mucama colocando el fino cepillo de plata de vuelta sobre su tocador.

"Gracias, Karen", le dijo la Matriarca poniéndose de pie, seria. Ella ya se encontraba lista para dormir, y su mucama la ayudó a quitarse el albornoz que llevaba sobre su larga pijama de algodón. "No olvides apagar la luz antes de salir."

"No, madam." Y tomando la mucama el albornoz, lo dejó estirado con cuidado en el brazo de un sillón cercano, por si su ama se levantaba durante la noche.

"¡Ah!, una última cosa, Karen", la Matriarca hizo que su mucama se detuviera a la puerta de su habitación.

"¿Sí, madam?", preguntó atenta, con la mano aún en la perilla.

"Cualquier correspondencia que venga dirigida a mis nietos, o visitas inesperadas que tengan, quiero que se me informe de inmediato."

La Matriarca Andley no quería que sus nietos conocieran o se encariñaran con alguien que no hubiese sido aprobado por ella de antemano. Había ya varios padres interesados en formalizar compromisos con ellos, pero eso no era algo que se arreglara de la noche a la mañana. No quería a ningún padre listo enviando a sus hijas sin previo aviso a engatusar a sus nietos.

"Sí, señora." Dijo la inexpresiva mucama ante su instrucción, y haciendo una breve reverencia, le deseo feliz noche a su señora y cerró tras de sí la puerta, dejándola sola.

La Matriarca Andley se dirigió a su señorial cama, perfectamente tendida para ella, pero un último pensamiento la hizo regresar en sus pasos hacia el ventanal de su habitación que daba hacia los ventanales de sus nietos. Solo en uno de los balcones del segundo piso, abajo del de ella, se veía luz todavía. Como siempre, acostándose tarde otra vez, ella sonrió con cariño al comprobarlo nuevamente.

Y luego, dirigió su vista, en su mismo nivel, al otro extremo de la mansión y, desde su posición, podía distinguir también la luz en las ventanas. El reloj de la torre del sur empezó a sonar en ese momento, marcando las doce de la media noche. Y al concluir, el silencio regresó a la dormida mansión.

La matriarca cerró la cortina con cuidado y suspiró, y viendo su cama y la luz sobre su mesa de noche, caminó de vuelta y se sentó en el borde de su lecho pensativa. No sería fácil. Desde un principio lo sabía. Era claro que si algo le habían enseñado todos esos años criándolo era que a él no se le podía decir qué hacer de manera directa. Mucho menos obligarlo a algo que no quería. Pero esto era algo que no podía dejarse al azar. Demasiado dependía de ello.

Y acostándose en su confortable lecho, se tapó con las finas sábanas y extendió su mano para apagar su luz, y en la penumbra de su habitación comenzó a dormitar, sin apartar completamente de su mente la futura boda en ciernes que tenía para la familia.

En el segundo piso de la Mansión Andley, sin embargo, como bien había pensado ella, Anthony continuaba despierto en su habitación, pero esta vez no leyendo o estudiando asuntos legales del Consorcio, a cuyo fascinante mundo acababa de ser introducido, junto a sus primos, teniendo como mentores directos a su tío William Albert, presidente del Consorcio; George Johnson, administrador de la familia; e incluso, a la misma Matriarca del Clan, su tía abuela Elroy, quien a veces parecía saber más que los demás.

Pero el estudio no era lo que esa noche trasnochaba al heredero Brower Andley. No. Esta vez, el rubio menor estaba extendido bocarriba sobre su cama, contemplando el dosel sobre su lecho, embebido en sus propios pensamientos. Sus brazos cruzados tras de su cabeza le daban un aire despreocupado y juvenil, ataviado en su pijama de dos piezas, recordando en silencio cada minuto compartido con la bella rubia esa memorable noche… "Candy… Candy Rose Britter…", pronunció su nombre nuevamente. Su bella pecosa… Independientemente del protocolo durante la fiesta y del hecho de que él mismo, junto a sus primos, tuvo que, como anfitrión, presentarla a otros jóvenes - que para su disgusto se mostraron muy atentos con ella, al igual que lo hicieran sus primos a lo largo de la velada -, él sentía que entre él y ella, en verdad, se había creado una conexión especial. Había podido percibir, en esas pocas horas, sin temor a autoengañarse, que Candy Britter mostraba cierta deferencia hacia su persona que no mostraba hacia los demás muchachos de la reunión, lo cual lo ilusionaba, y hacía que, esa madrugada de desvelo, su corazón se llenara de expectante y anhelante anticipación por el fin de semana por venir, con una emoción como nunca antes la había experimentado en su vida.

No. Lo que había vivido no era su imaginación, Anthony sonrió. Candis Britter era una brisa fresca de aire en el asediado mundo de posibles matrimonios en el que vivía. Ya no sabía ni qué hacer para que su tía abuela no estuviera creando castillos en el aire cada vez que una jovencita recibía una atención suya por puro protocolo. Pero esta vez era diferente, Candis Britter era diferente. Y tenía una carta de tres páginas sobre su escritorio dirigida a ella, que lo probaba. Una carta de amigos, según él, lista para ser enviada a su Mansión al otro lado del pueblo, tan pronto amaneciera. O quizás la entregaría él mismo durante su cabalgata matutina… - Tendría qué considerarlo bien -. No quería presiones sobre ambos en este punto.

Aunque pensándolo bien, también podría recurrir a un plan B, y pedirle al señor Whitman, el jardinero de la mansión Andley - quien le ayudaba a cuidar los rosales de su madre en Lakewood -, que le pidiera a su sobrina - que tenía entendido trabajaba como mucama en la casa Britter -, le hiciera el favor de entregársela a Candy.

Solo sería cuestión de ponerse de acuerdo con el señor Whitman y Candy para asegurar que pudieran tener un tiempo para ellos y conocerse sin que nadie los molestara o se inmiscuyera. Sentía que eso era lo que necesitaban, un tiempo compartido lejos de los ojos inquisidores de sus dos familias, porque algo le decía que quizás ambos podrían encontrar algo verdaderamente maravilloso a través de esa nueva amistad. El joven Brower suspiró una vez más, y finalmente decidió levantarse y acostarse formalmente a descansar. Con suerte soñaría con un par de ojos risueños, color esmeralda.

Al mismo tiempo, en otra parte de la Mansión Andley, alguien más no podía apartar de su mente los acontecimientos de esa tarde.

Continuará…

¡Gracias por leer!

Espero la historia les haya gustado. ¡Mil gracias por sus comentarios al primer capítulo! ¡Me alegra que les haya gustado! Gracias, Mrs. Nurse (¡Gracias por estar pendiente, amiga! ¡Y qué bueno que te gusto! ¡Un abrazo!), GeoMtzR (¡Gracias, Georgy! Hermoso verlos conocerse de nuevo por primera vez, ¿verdad? Me emocionó también. Sobre todo, estando ahora ambos como iguales. ¡Un abrazo, amiga!), Sharick (¡Hola, otra vez! ¡Gracias!), Guest 1 (¡Me alegro mucho! ¡Bendiciones!), Anguie (¡Hola también a ti! ¡Gracias!), Guest 2 (¡Gracias!), Guest 3 (¡Muchas gracias! ¡Que estés bien también! Espero te haya gustado también este capítulo), Mayely león (¡Qué bueno tenerte otra vez por aquí también! Me alegra que te gustara. ¡Bendiciones, amiga!), y Guest 4 (¡Gracias a ti! ¡Un abrazo!)

¡Y gracias, amigas Xime05 y GeoMtzR, por agregarla a sus favoritos! Y Gracias, Xime05, Mrs. Nurse y GeoMtzR, por darle seguir (aunque el sistema esté fallando en avisar). ¡Gracias!

Y para todas, muchas gracias por darle una oportunidad a esta humilde historia.

¡Les deseo un feliz día!

¡Muchas bendiciones!

lemh2001

26 de octubre de 2023

P.D. La continuación se publicará este domingo.