¡Buenas noches a todas! ¡Espero haya tenido un lindo día! Como prometí, aquí les comparto la continuación. ¡Muchas bendiciones!

"UNA VISIÓN DE AMOR"

CAPÍTULO X

Cuando Candy despertó era una conmoción total en la habitación. El doctor gritaba instrucciones, la enfermera corría de un lado a otro trayéndole equipo. William detenía a la tía abuela que gritaba y con ayuda de Stear y Archie la sacaban de la habitación, ya que justo había decidido llegar a verlo, y fue entonces cuando la rubia dirigió sus ojos a su esposo inmovilizado junto a ella que tosía, tratando de respirar.

"¡Anthony!", gritó consternada también.

"¡Sáquenla de aquí!", gritó el doctor sin dejar de atender a su paciente, y William fue a su lado de la cama y la haló para que saliera.

"¡NO! ¡ANTHONY…! ¡NO ME DEJES, AMOR!..." lloraba. "¡LO PROMETISTE…! ¡LO PROMETISTE…!", decía fuera de sí. "¡Te amo!... ¡te amo…!", lloró.

"¡Candy! ¡Candy!", le decía William, sujetándola desde atrás, por los brazos, halándola para afuera, tratando de no lastimarla. "¡Tranquilízate!, ¡piensa en tu hijo!" le gritó. "¡Candy, por Dios! ¡Anthony te necesita! ¡Necesita que cuides de su hijo! ¡Candy!" Esa última frase dicha con firmeza a la rubia, la hizo contener su llanto. Ella gimió, desde la parte trasera de la habitación, recordando de pronto imágenes de un sueño… un bosque… una verja… un pequeño... "Lo siento… lo siento tanto…" dijo dolida. "Perdón.", dijo tratando de tranquilizarse.

Y viendo que ya no peleaba, William aflojó su abrazo y ella se volvió refugiándose en sus brazos, comenzando a llorar. El doctor Miller y la enfermera trabajaban acuciosos, mientras William esperaba en silencio, consolando a su amor perdido, esperando cualquier aviso del galeno. Su corazón latía tan fuerte en su pecho que retumbaba en sus oídos. No sabía que haría si finalmente había llegado la hora de decirle adiós a su sobrino.

"Rosemary, Vincent…" dijo cerrando sus ojos, "¡ayuden a Anthony, por favor! Dios mío… ayúdalo, te lo suplico… - Que no sufra…-"

Tras inyectarle una sustancia a través de la canalización en su brazo, la respiración del muchacho se tranquilizó lentamente. Pasaron varios minutos más, en los que Candy y William veían desde lejos los movimientos y conversaciones en voz baja del médico con su ayudante en su atención a su paciente. Y fue hasta entonces que el doctor Miller finalmente, exhausto, se aproximó hacia ellos, con una expresión seria. Candy secó sus lágrimas con la manga de su vestido inconscientemente.

"¿Cómo está Anthony, doctor?", preguntó ella preocupada. "Acaso… él…", ella tembló como una hoja, de solo considerar la idea.

"La crisis pasó. El joven Brower está en un sueño profundo por el medicamento que le inyecté.", respondió el médico con serenidad. "Tuvo un problema respiratorio hace un momento, pero ya está controlado. Al parecer, hubo también un cambio favorable en su presión." Candy y William se alegraron de inmediato. "No quiero que guarden muchas esperanzas, sin embargo. Deben estar conscientes de que su cuadro clínico aun es bastante grave."

Ambos asintieron otra vez volviendo a su seriedad, no sin ignorar en parte el consejo del doctor, alegrándose internamente por el progreso del rubio. Después de todo, una mejoría, por pequeña que fuese, a esas alturas, era un avance para ellos.

"¿Puedo volver junto a él?" preguntó la pecosa con esperanza.

El médico lo consideró un momento. "Solo por unos pocos minutos. De allí le voy a pedir al señor William que vea que sus padres se encarguen de que usted descanse al menos unas 6 horas. No es bueno en su condición desgastarse de esa manera."

"¡Pero doctor!", protestó la rubia.

"Me temo que no es discutible, señora Brower. Y estoy seguro de que su esposo estaría de acuerdo conmigo."

Candy ya no pudo rebatir eso último tampoco. Y haciendo un pequeño mohín mirando hacia el doctor, volvió su vista hacia su marido, contemplándolo inmóvil en su lecho, fue entonces que una imagen de él mirándola al otro lado de una verja blanca vino de pronto a su mente. La sensación de su mano en la suya. Su calidez… Candy se sorprendió con el recuerdo, estrechando su propia mano izquierda con la suya. Se había despertado tan rápido con la conmoción a su alrededor que ahora solo tenía un leve recuerdo de que había estado soñando con Anthony… y con un pequeño junto a él… pero ya no recordaba con claridad cómo. ¿Habría estado con su amado en realidad? ¿sería eso posible?, se cuestionó incrédula. "¿Solo unos minutos entonces?", preguntó al doctor, regresando a la conversación con el galeno.

"Sí, por favor." Le confirmó.

"No se preocupe, doctor Miller. Tenemos una habitación ya preparada para ella.", dijo William. Para entonces la rubia ya estaba caminando de vuelta al lecho de su esposo. Y sentándose en el borde de la cama, tomaba su mano izquierda con cuidado con la suya, imitando la imagen de su sueño.

"Hola, amor", le dijo entonces con ternura. "Aquí estoy otra vez. Lamento el susto de hace unos momentos, pero me alegro de que estés aquí, con nosotros. Estaremos aquí esperándote, Anthony." Le dijo, colocando su propia mano libre sobre su pancita, aún plana. "Nuestro hijo y yo. Cuidándote los dos hasta que estés bien. Tómate tu tiempo, amor. Aférrate a mí. Y recuerda siempre que te amo. Que te amamos", le dijo conmovida, e inclinándose lentamente hacia él, cuidando de no moverlo, besó brevemente sus resecos labios con ternura. Todos en la habitación apartaron su mirada, para darles su privacidad con pena. Luego de contemplarlo unos minutos más, mientras acariciaba su mejilla, Candy se levantó, "Volveré en un par de horas, amor." le dijo, "Descansa." Y luego volviéndose hacia la enfermera, la miró con súplica. "Se lo encargo mucho, Mallory. Por favor, cualquier cosa, avísenme."

"Descuide, señora Brower", le dijo la asistente con una sonrisa comprensiva.

"Vamos, Candy", dijo William Albert aproximándosele gentil, "Te acompañaré a tu habitación."

"Gracias, William.", dijo una cansada Candy, dejándose conducir.

Al salir, su madre la esperaba también junto a la tía abuela y a sus sobrinos en el pasillo, y al verse con su madre, Candy corrió a sus brazos, abrazándose ambas. William se aproximó a explicar a su familia la situación de Anthony que, aunque crítica, había mostrado una leve mejoría, tranquilizando así a su tía Elroy que por un momento había pensado lo peor al ser sacada de la habitación.

"Ahora disculpen, llevaré a Candis para que descanse", se disculpó William con su familia. "Stear, Archie, vean que la tía descanse unas horas también." Al intentar protestar la Matriarca, William respondió con decisión, "Es una orden, tía. Anthony no querría que usted se enfermara también."

"Pero, William…"

"Descuida tío," dijo Stear, "la acompañaremos hasta que se duerma."

"Gracias, muchachos.", dijo, viendo cómo sus dos sobrinos convencían a su tía abuela de ir a recostarse. Y volviéndose, "Candy, señora Britter, por aquí, por favor." Les dijo.

"Gracias, William.", dijo la señora Britter, caminando con su hija, de su misma estatura, abrazada a ella, mientras la consolaba.

Cuatro horas después, la enfermera se aproximó al doctor Miller que revisaba nuevamente los signos vitales de su paciente. El doctor Miller revisó dos veces más su ritmo cardiaco, el ritmo de su respiración, su temperatura y su presión arterial, apuntándolos la enfermera con el ceño fruncido. Tras terminar su revisión, el galeno se irguió, quitándose el estetoscopio, y mirando a su asistente en silencio, sacudió su cabeza con incredulidad. "No lo comprendo.", le dijo desconcertado.

Ella se le quedó viendo sin palabras, bajando su vista a sus propios apuntes, revisándolos, y comparándolos con los de tan solo esa mañana.

Una voz masculina se quejó quedamente, llamando la atención del doctor y de su asistente hacia el inmovilizado muchacho.

El doctor Miller se inclinó sobre él. "¿Joven Anthony?", preguntó con inquietud, viendo cómo su rostro había acentuado su expresión de dolor. Su respiración era profunda. "¿Joven Anthony, me escucha?", él insistió. El doctor se apresuró a abrir su ojo y revisar su reacción a la luz, haciendo que el muchacho cerrara su ojo esquivando el resplandor, quejándose por intentar mover su cuello.

"¿Joven?", insistió, "¿puede oírme?"

Anthony solo respiraba sin responder.

El médico apoyó su mano en su antebrazo, "Joven, ¿me escucha? ¿Puede oírme?" insistió.

"¿Dónde estoy…?", dijo el rubio con voz ronca, sentía la garganta y la boca seca.

"¿Puede decirme su nombre completo…? ¿Lo recuerda?"

El joven guardó silencio un momento con los ojos cerrados…

"¿Recuerda su apellido?"

"Yo… yo… no sé…", dijo exhausto. "no sé…"

"Tranquilo…. No pasa nada. Es natural."

"¡No sé!", dijo más inquieto, alterándose.

"Cálmese, por favor. Está bien." Con una mirada alertó a su enfermera que preparara un calmante inyectado por si fuera necesario.

"¿Sabe en qué año estamos?", continuó su averiguación.

La expresión del muchacho se volvió de concentración, al entreabrir sus ojos. "creo que… creo que… ¿1917?"

"Perfecto.", sonrió el médico complacido. "No se preocupe, es natural tener un poco de confusión. Usted tuvo un accidente ayer. Estuvo inconsciente desde entonces. Recibió un golpe muy fuerte en la cabeza. ¿Recuerda lo que pasó?"

El joven lo pensó cerrando sus ojos otra vez, pero luego intentó negar con su cabeza, pero no pudo. "No…" susurró cansado. Los ojos del muchacho se abrieron con lentitud nuevamente. "No veo bien.", dijo luego de un momento, con voz queda, y cerró sus ojos otra vez. "La luz me molesta."

"Enfermera.", dijo únicamente el médico otra vez. Y su asistente se apresuró a cerrar bien las cortinas de la habitación, impidiendo que la brillantez del día entrara. Encendió una de las lámparas de la salita, y yendo al otro lado de la cama, encendió la que estaba en la mesa de noche del rubio, poniéndola en lo más tenue. Luego fue hacia la puerta y apagó la luz principal de la habitación.

"Descuide. Puede abrir sus ojos ahora, hay menos luz. Inténtelo ahora otra vez, por favor.", pidió el galeno. Anthony tomó valor y abrió sus ojos azules lentamente, resintiendo la brillantez primero, pero encontrando que la molestia era menor, pudo discernir más formas a su alrededor. Un rostro de un hombre canoso en especial, que lo miraba de pie junto a él.

"¿Así está mejor?", preguntó el doctor gentil.

"Sí.", respondió el cansado muchacho. "Gracias."

El doctor asintió.

"¿Dónde estoy?", preguntó otra vez.

"Estás en tu habitación, en la mansión de tu familia en Lakewood."

"Lakewood…", repitió el muchacho. "No sé…"

"No se preocupe. Si me lo permite, joven. Ahora tengo que hacer un reconocimiento de rutina para determinar su estado. Le pido me responda con franqueza a lo que sienta, o no."

Anthony que no podía mover su cabeza, así que solo respondió. "Sí..."

Y a partir de ese momento, los siguientes 30 minutos pasaron con preguntas y presión en diferentes partes de su cuerpo, mientras el doctor verificaba acuciosamente la sensibilidad del muchacho en sus piernas, brazos y el resto de su cuerpo adolorido. Así como a revisar si no tenía algún dolor específico que lo aquejara, además de su cabeza y cuello, y su brazo en recuperación. Reemplazaron con cuidado el vendaje de su frente en el proceso, revisando los puntos y limpiando la herida, quejándose el muchacho de un fuerte dolor de cabeza que aumentaba a medida que se volvía más consciente de su cuerpo. A parte de ello, su movilidad, a pesar de ser mínima por lo adolorido de su brazo dislocado, y los hematomas en su espalda al caer, parecían ser lo único de qué preocuparse por lo pronto. Su visión, decía él, era algo borrosa, pero el médico le explicó que era por el golpe mismo, que tuviera paciencia.

"Anthony Brower", dijo entonces. "Mi nombre… es Anthony Brower Andley.", respondió de pronto el muchacho con una mirada extrañamente triste.

"Eso es magnífico, joven Brower.", le dijo el médico encantado, ignorando su actitud. "Avisaremos de inmediato a su familia que usted ha despertado."

"No.", dijo suavemente el muchacho. "No quiero ver a nadie aún." Le pidió. "Podría, por favor, darme solo un tiempo más. A solas."

Esa petición extrañó al galeno. "Lo lamento, joven Andley. No podemos dejarlo solo. Pero si quiere, retrasaré el aviso hasta que la familia pregunte nuevamente por usted. ¿Por qué no intenta descansar un poco?"

Anthony cerró sus ojos. Y no dijo más.

La enfermera y el médico se vieron, extrañados. Pero respetaron el deseo del muchacho.

Luego de unos minutos de espera, la enfermera comprobó que el joven estaba profundamente dormido otra vez.

"Iré a avisar de inmediato al señor Andley.", dijo decidido el médico. "Vigile bien su sueño, Mallory. Lleve el registro de su pulso cada 10 minutos."

"Sí, doctor."

Con prisa el galeno abandonó la habitación.

Apenas había pasado un minuto de que saliera el médico, cuando la puerta se abrió otra vez con mucho cuidado, cerrándose quedamente.

Los pasos se aproximaron a donde velaba la atenta enfermera, sentada en una silla, junto a su paciente.

"¿Cómo se encuentra?" la voz de la joven señora Brower hablando en voz baja sorprendió a la enfermera, quien se puso de pie de inmediato, volviéndose nerviosa hacia ella. "Ha habido algún cambio hasta ahora?", preguntó la rubia de manera inocente, mirando a su marido dormido con cariño. La pecosa se había escapado de la custodia de su madre pidiéndole un vaso de leche caliente con galletas de chocolate, para poderse escabullir.

Al mirarla, la rubia notó la expresión de preocupación en el rostro de la enfermera que no encontraba qué contestarle, y de inmediato la joven se asustó. "¿Qué pasa, Mallory? ¡¿Sucedió algo malo?!"

La puerta se abrió a sus espaldas y William entró casi que corriendo junto con el médico. Sorprendiéndose ambos de encontrarla allí.

"¡Candy…! ¿Pero qué haces aquí?" preguntó el patriarca preocupado. "Creí que descansabas aún en tu habitación", dijo deteniéndose junto a ella.

"William, ¿qué sucede? ¡¿por qué te molesta tanto que yo esté aquí?!"

"No es eso, Candy, es solo que…" El joven patriarca la miró indeciso y luego, tomó la mano de la rubia entre las suyas. "Te pido que lo tomes con calma, por favor", le dijo brevemente. "Candy, tenemos la más maravillosa noticia", le sonrió.

"¿En serio?", los ojos de Candy brillaron con emoción contenida, viéndolo expectante.

"Tío William…", dijo de pronto la suave voz de Anthony a sus espaldas.

Continuará…

¡Gracias por leer!

Espero les haya gustado el capítulo de hoy.

Muchas gracias por sus comentarios al capítulo anterior Anguie, Sharick, Guest 1, Guest 2, Guest 3, Guest 4 (¡Muchas gracias por tus palabras, te agradezco!), queridas Mayely león, Ale, GeoMtzR (¡Feliz cumpleaños mañana, Georgy, mil bendiciones!) y Guest 5 (¡Espero te haya gustado!). Y gracias a las que leen en silencio. A todas les agradezco.

¡Espero hayan tenido un feliz inicio de semana!

Con cariño,

lemh2001

13 de noviembre de 2023

P.D. Actualizaré este jueves. ¡Bendiciones!