¡Hola a todas! Aquí les comparto un capítulo más. ¡Que pasen una linda segunda semana de diciembre! ¡Un abrazo!
"UNA VISIÓN DE AMOR"
CAPÍTULO XV
Cuando ambos salieron al salón principal de la Mansión de Lakewood, toda la familia exclamó un grito de alegría, aplaudiendo a los dos rubios que llegaban, viendo la mirada de sorpresa de Anthony al verlos y de alegría de la pecosa, al entrar del brazo de su alto y apuesto esposo que, junto a ella, caminaba lento, ayudándose de su bastón, caminando junto a ella desde el recinto de la piscina, donde momentos antes ella le había dado la noticia más grande de su vida.
"¡Felicidades, hijos!", decía la tía abuela, con lágrimas en los ojos, acercándose a ellos a felicitarlos, en medio de un salón decorado con flores y una pancarta de "¡Felicidades, Candy y Anthony!" y listones por todo el salón, además de los sonrientes miembros de la familia Andley y los esposos Britter. Anthony sacudió su cabeza sonriendo, comprendiendo de pronto que de nuevo era el último en enterarse de su propia vida. Pero sin importarle que así fuera, con igual cariño y esplendorosa sonrisa abrazó a su tía abuela de vuelta. Igual pasó con los padres de Candy que les abrazaron a ambos enseguida, diciéndoles a ambos lo felices que estaban con la noticia. Anthony, un tanto apenado, estrechó la mano de su suegro y agradeció sus palabras, recibiendo un beso de la madre de Candy en la mejilla y un abrazo maternal también.
Luego sus dos primos se aproximaron junto con su tío William Albert a festejarlos, y a abrazarlos, y a molestarlo también Archie de que finalmente lo habían sorprendido sin que diera él de qué se trataba la sorpresa. - El rubio menor siempre intuía lo que ellos iban a hacer y les arruinaba, sin querer, la sorpresa que en su momento habían querido darle -.
"Pero esta vez," dijo Archie complacido, "Creo que por ser la mejor de las noticias, no lo adivinaste.", dijo feliz su elegante primo, contento porque todo había salido tal como la rubia lo había planeado.
"Tienes razón, Archie. Fue la mejor de las noticias.", dijo viendo hacia abajo a su feliz pecosa abrazada a su lado, e inclinándose, besó su frente, discreto con su cariño. Candy sonrió de manera deslumbrante.
"Nos alegra verlos tan felices, chicos.", dijo William, llamando la atención de ambos, "y para celebrarlo, tenemos una cena muy especial esperando en el comedor, para que brindemos por el nuevo integrante de ambas familias y también, aunque algo en destiempo, por tu cumpleaños, Anthony.", dijo sorprendiendo al rubio.
"¡Es verdad!", dijo Stear feliz, en sus mejores galas, como todos los presentes. "¡Ahora podemos celebrarlos a los dos juntos, Anthony! ¡A ti y a su hijo!", sonrió tratando de no dejarse ganar por la emoción de poder celebrar con tanta alegría una fecha que pasó inadvertida, hace casi un mes, en medio de la pena de la familia por no saberse si su primo reaccionaría, y que terminó siendo, al final, el día de la boda de los dos rubios y, más tarde, el día en que finalmente, para alegría de todos, él despertara. Entre tanta conmoción en esa fecha, con esa montaña rusa de emociones, ninguno lo mencionó más esa vez.
De hecho, dentro de los planes originales de ese fin de semana de cacería, una celebración había estado planeada para él, aprovechando la presencia de todos los Andley en el país, la cual se quedó burlada, junto con el resto de actividades planificadas por la familia para esos tres días de festejo.
"Les agradezco mucho a todos", dijo sincero y feliz Anthony. "Ahora que lo pienso, fue un segundo renacer para mí ese día. Será un verdadero honor celebrarlo junto a todos ustedes hoy. ¡Y podemos agregarle también, la celebración de nuestra boda! - ¡¿Verdad, amor?! -", le dijo entusiasmado viendo a su pecosa.
"¡Es verdad, Anthony!", dijo feliz la rubia. "¡Tenemos mucho pendiente qué celebrar!", entre las exclamaciones de los demás a su alrededor de estar de acuerdo.
Anthony asintió también, viéndola enamorado, perdiéndose en su mirada en un segundo al igual que lo hiciera la rubia ante la adoración en su mirada. Anthony llevó la blanca mano de su pecosa a sus labios, besándosela con amor. "Estás preciosa hoy, pecosa mía", reconoció él, viéndola con su cabello suelto, y aquel vestido de seda violeta que su madre le había comprado en París y que ella le había pedido también le trajera aquel día. La joven esposa se sonrojó adorablemente al escucharle, sonriéndole complacida.
El familiar ruido de la silla de ruedas llegando a su lado trajo al homenajeado y a su esposa fuera de su abstracción.
"Será mejor que uses esto, Anthony." dijo Stear. "Has estado de pie bastante tiempo hoy." Su primo rubio hizo un mohín viendo el aparato nuevamente.
"Aún puedo estar de pie un poco más, Stear." protestó Anthony.
"Vamos, amor.", le rogó su pecosa. "Acordamos que nos esforzaríamos por cumplir con lo que dijo el doctor."
Anthony suspiró, recordando su acuerdo. "Está bien", concedió con un poco de reticencia. Y tras tomar su lugar en la silla y acercarse uno de los mayordomos a tomar su bastón, la familia se movilizó feliz a su celebración, en medio de las sonrisas del servicio que también compartía la alegría de sus patrones, a ambos lados del camino, y que los felicitaban con un asentimiento y sonrisa que los rubios agradecían con una sonrisa, y palabras de gratitud.
La velada de la primera celebración en la familia Andley después del accidente, en la mansión, ¡fue todo un suceso! Y para felicidad de los rubios, quedó maravillosamente plasmada en varias fotos tomadas por su hábil primo Stear con su nueva cámara remodelada. Incluso fueron luego a la piscina, y con velas nuevas preparadas, tomaron fotos de los enamorados novios junto a los regalos de la rubia y, sobre todo, la foto de los dos esposos sosteniendo la ropita de bebé hecha por Candy, con lágrimas de felicidad, abrazados, uno al otro. ¡El primer invento de Stear que finalmente funcionaba!, para sorpresa de la familia y alivio de Anthony al saber que esos momentos no se perderían. Insistiendo el orgulloso Cornwell en que el uso exitoso de sus inventos por Anthony ese mes había roto la mala racha que traía en sus inventos desde hace algunos meses. "¡Dirás años!", le había corregido Archie, ante la risa de todos los presentes.
Había pasado ya una semana luego de que Anthony recibiera la maravillosa noticia de su paternidad, y volviendo la familia a su vida normal, Anthony continuaba por aparte con su rutina diaria de compresas calientes y frías en su hombro y espalda al despertar, pero también, desde el lunes y tras su revisión semanal por el doctor Miller, se había agregado, como le avisara antes el galeno, una caminata de media hora en la parte intermedia de la piscina tibia, y movimientos con pesas de media libra para su brazo, y leve movimiento de natación con su brazo en el agua. Caminata acuática y ejercicios a los cuales sus primos y su esposa se habían apuntado para acompañarle, haciendo de esta rutina una menos engorrosa y más divertida de lo que pedía su preocupado médico de cabecera, terminando así, casi siempre, en una guerra de agua, aduciendo los tres primos de que era un buen ejercicio para el brazo del rubio, entre risas y reproches divertidos - obviando a Candy de la pelea, por razones obvias, - pero que siempre divertían mucho a la pecosa de observar, ataviada en su bello traje de baño de una pieza y gorrito, de la época, sentada sonriente a la orilla de la piscina. De todas maneras, Anthony pedía que siempre estuviera cerca una de las mucamas del servicio, por lo general Dorothy, para acompañar y asistir a su pecosa a movilizarse en el área de la piscina, previendo cualquier resbalón o tropiezo, por lo mojado del lugar.
Esa mañana en específico, solo Candy y Anthony habían realizado la rutina, con la ayuda del servicio, debido a la ausencia de sus dos atentos primos. Luego de cambiarse, y descansar media hora, Candy acompañó a Anthony a su breve caminata de media mañana por el segundo piso, la cual realizaba, para alegría del rubio, cada vez con menos extenuación. Así llegaron ambos nuevamente a la sala de invierno para una pequeña refacción con pastelillos, jugos, fruta y té para Anthony. Desde la reunión junto a toda la familia, el rubio insistía en consentir a su pecosa, y aunque nadie lo creyera, como ya todos lo notaban, Anthony se había vuelto aún más protector y atento con Candy, celoso siempre de velar por su buena alimentación y descanso - para muestra su petición de compañía para ella en su tiempo en la piscina, y también por los jardines. - Insistiendo él en que tomara siestas por las tardes y que dejara de empujar su silla, pidiéndole a alguno de sus primos, o a alguno de los empleados que estuviera a mano que lo condujera de ser necesario, pero que ella no empujara ya nada pesado.
Los dos esposos Brower estaban contentos ese día refaccionando y conversando sobre sus planes dejados por un lado debido a los acontecimientos recientes, cuando una voz familiar llamó su atención al entrar al recinto.
"¡Los alcanzamos para el refrigerio! ¡Qué bien!", dijo Stear entrando contento seguido de Archie y, para su sorpresa, seguido también de su tío William Albert.
"¡Tío!, ¡Volviste antes de lo previsto!", dijo Anthony entusiasmado de verlo de vuelta tan pronto; bajando, sin embargo, al tiempo que hablaba, su mano y la de su pecosa de sobre la mesa, conservándolas unidas, pero fuera de la vista de los demás, apoyadas entrelazadas sobre su regazo.
Porque a pesar de lo ocurrido en el pasado, su relación con su tío había retornado a su familiaridad y cercanía habitual. Sin embargo, el joven Brower se aseguraba siempre de no ser demasiado cariñoso con su esposa cuando estaba presente su tío, por respeto mismo a él. Porque, a pesar de su conversación casual a finales de la semana anterior, podía leer todavía en su mirada la tristeza que en secreto lo embargaba. Y habiendo experimentado el sentimiento él mismo en carne propia al despertar de su accidente, lo admiraba a él aún más por tener el valor de permanecer tan estoicamente cerca de ambos.
La conversación entre tío y sobrino, aunque casual aquella vez, no había sido fácil de enfrentar, pero ahora reconocía también que sí había sido necesaria y, finalmente, inesperadamente esclarecedora.
Flashback
Anthony se encontraba en su silla de ruedas, observando hacia afuera desde el ventanal cerrado del balcón del primer nivel, con vista hacia los jardines, luego de que Candy fuera llamada por la tía abuela para ultimar algunos detalles de la cena familiar del fin de semana. Le agradaba mucho a Anthony comprobar que la estricta tía abuela le hubiese abierto tan cálidamente los brazos a su pecosa. Aunque sabiendo ahora, como lo hacían todos ya, de que su bella esposa sería la madre de su primogénito, comprendía ahora perfectamente la bienvenida y aceptación total de la tía abuela a su maravillosa pecosa. Y también, a su pesar, también entendía la perceptible y ocasional actitud taciturna de su tío William.
"Con que finalmente te dejan un momento a solas, ¿eh?", escuchó la voz amigable de su tío que venía pasando desde el despacho al otro extremo de la mansión, en su camino hacia la escalinata para ir en busca de unos documentos que había dejado olvidados en su habitación.
Anthony se volvió hacia él con su silla de ruedas. Había estado caminando más de la cuenta esa mañana, y Candy había insistido en que el resto del día descansara su espalda utilizando la silla.
"Ya ves, tío William. El deber llamó a Candy un momento con la tía abuela y en vez de esperar paciente en la sala como me indicó, me llamó la atención ver los jardines desde aquí."
"Extrañas cuidar de ellos, ¿verdad?", comentó el alto patriarca, empático con su sobrino.
"El señor Whitman y sus ayudantes se han encargado de retirar la hojarasca, y de mantenerlos libres de hierba, no hay mucho qué hacer en estos días, se preparan solos para el invierno. Pero siempre me gustaba en esta época cuidar de los esquejes de los rosales en el invernadero o ir al pueblo a abastecerme de nuevas semillas para la primavera."
"Hablando de la primavera, Anthony, ahora que podemos hablar en privado," dijo William Albert con seriedad, "tengo algo pendiente qué consultarte. El tiempo ha volado en este último mes, pero ya sabes cómo es la tía abuela, está inquieta por saber qué piensas hacer ahora."
"¿Hacer?", preguntó el rubio menor, frunciendo el ceño extrañado.
"Sí. Como sabes, esta casa es parte de la herencia que dejó mi hermana para ti. Pero los señores Britter, tengo entendido, piensan en su momento regresar a su residencia en Nueva York y cederte a ti y a Candy su propiedad al otro lado del pueblo. Creo que te lo mencionaron alguna vez."
"Sí.", reconoció Anthony. "Es verdad. Al darme la bienvenida en su familia, me lo mencionaron. Fueron muy gentiles."
"Y bueno, tienes varias opciones. ¿Ya has pensado dónde viviras con Candy?", inquirió su tío.
Anthony se le quedó viendo a su tío en silencio, ponderándolo.
William sonrió. "No tomes tu decisión a la ligera. Piénsalo. Y cuéntanos cuando llegues a una decisión. No hay prisa en ello", le dijo gentil.
"Lo platicaré con Candy.", dijo finalmente el joven. "En realidad, no hemos tocado el tema desde que lo mencionaron los señores Britter aquella vez."
"Tus suegros." Corrigió el patriarca.
"Sí, bueno," sonrió el rubio menor, reconociéndolo, "Mis suegros.", concedió divertido.
"Bien, te veré más tarde." William palmeó su hombro con cariño e hizo el intento de continuar su camino.
"Tío.", lo detuvo entonces su sobrino.
"¿Sí?", se volvió hacia él.
"Sé que ya lo platicamos levemente tras mi accidente, pero… quiero que sepas que no es mi intención hacer algo que te incomode de alguna manera. Si para ti es mejor que Candy y yo nos marchemos…"
William regresó sus pasos y se inclinó junto a él, apoyando su mano en el brazo de su silla, para quedar a su mismo nivel. "Anthony, no pienses, en ningún momento, que mi pregunta tiene algo que ver con que me moleste su presencia en esta casa. Porque no es así. - Al contrario. - Es simplemente una pregunta que la tía abuela insistió en que te hiciera. Sabes bien lo apegada que está ella contigo, sobre todo ahora, y bueno, creo que no pensó bien el hecho de que buscarle esposa a todos, implicaría que, en algún punto, podríamos volar de debajo de sus alas para crear nuestro propio nido", sonrió él mismo por la comparación que había hecho.
Hubo un breve silencio entre ambos.
"Gracias, tío.", le dijo finalmente su sobrino, viéndolo ahora con una expresión emotiva. "No sabes lo que ha significado para mí.", le dijo.
La sonrisa de William se fue suavizando lentamente, al notar en los ojos azules de su sobrino que ya no se refería a su posible lugar de residencia. "Gracias por comprender" continuó el rubio menor. "Y gracias por… aún bajo las circunstancias más difíciles, haber dejado a Candy en libertad de elegir. Incluso cuando todo parecía perdido para mí."
William lo miró con seriedad al escucharlo. "Ella te ama, Anthony", le dijo él sinceramente, sin apartar su mirada fija de la de él. "Es la única explicación que necesito. Tú eres su mundo.", sonrió. "Se lo dije a ella en su momento, - y ahora te lo digo a ti -, ambos merecen ser felices", le dijo. "Y cuento con que tú la harás muy feliz a ella", le dijo con sinceridad. "De hecho, ya lo has hecho", agregó. "Verte recuperarte tan bien, la ha hecho estar más feliz que nunca."
Anthony le sonrió sincero. "Puedes estar seguro de que intentaré que siempre sea así. Que ella sea feliz", le dijo.
"Lo sé, sobrino", dijo el rubio mayor, con confianza. "Y aunque no lo creas, estoy muy orgulloso de la manera en que defendiste tu relación con Candy, aquella vez. Lamento no haberte escuchado, como tú lo esperabas."
"Descuida, tío...", dijo Anthony con una mirada de pronto pensativa. Y luego sonriendo de pronto, continuó, "Al menos ahora sé que tienes el mejor gancho izquierdo que he visto", le dijo tocando su propia mandíbula con su mano ahora libre del cabestrillo. "¡Vaya golpe el que me asestaste esa mañana!"
"¡Anthony!", exclamó el joven patriarca poniéndose de pie consternado. "¡Ni lo menciones, por favor!", dijo apenado.
"¡No es una queja, tío!", dijo rápidamente el joven Brower, ¡Es simple admiración!", admitió sincero, sonriendo. "Ahora que lo conversamos, se me vino esa imagen de nosotros en el despacho.", dijo admirado. "Tendrás que enseñarme más adelante cómo golpear así. Creí que nuestro instructor de boxeo de Londres nos había enseñado bien a pelear a mí y a mis primos, pero parece que obvió ciertas cosas."
William Albert rió divertido de escucharlo, sacudiendo su cabeza al ver en su rostro su entusiasmo infantil una vez más - como cuando le insistió que le enseñara a saltar a caballo cuando niño. -
"La realidad, Anthony," dijo entonces el patriarca más , "es que no hay mejor maestro de defensa que defenderse en peleas reales callejeras", admitió.
"¡Tío William!", exclamó sorprendido Anthony de lo que decía. Su tío siempre parecía ser tan tranquilo y centrado. "¡¿Tú?!, ¡¿Peleando en las calles?!
El joven patriarca lo miró con picardía. "Pero no se lo digas a la tía abuela. Aún ahora podría retarme."
Anthony rió suavemente. "Descuida, tío William, tu secreto está a salvo conmigo", le dijo también divertido.
"¡Anthony!", se escuchó la voz de la pecosa, llegando junto a ellos, seguida de la tía abuela. "Amor, ¿tú mismo trajiste la silla todo el camino hasta acá?", preguntó desconcertada.
El rubio menor dudó en responderle al ver su expresión preocupada. La sala donde lo dejó y el lugar donde estaba ahora, estaban bastante retirados.
"No, Candy", intervino entonces el patriarca. "Fui yo. Lo vi solo y aburrido en la sala y le aconsejé ver los jardines mientras te esperaba. Pero como hace mucho frío afuera hoy, preferimos quedamos aquí, viendo desde los ventanales." Le guiñó discreto el ojo a su sobrino que lo vio con complicidad.
"Vaya… por un momento me asusté.", dijo Candy, recobrando su sonrisa. "Porque sabes bien que no debes esforzar tu espalda con esos movimientos."
"Lo sé.", dijo Anthony, sintiéndose un tanto culpable.
"Bien. Ahora creo que volveré al trabajo.", dijo el patriarca. "Tengo bastante qué hacer."
"Lamento no poder ayudarte como antes", dijo Anthony volviéndose hacia él. "Aunque talvez podría ayudarte con algún documento sencillo que…", intentó.
"¡Ni lo pienses, Anthony Brower Andley!", aseveró su tía abuela con expresión férrea. "Ya tendrás todo el tiempo del mundo para ayudar a tu tío y a tus primos cuando te recuperes. Por lo pronto, seguiremos las instrucciones médicas al pie de la letra."
"Estoy segura de que Stear y Archie estarán felices de ayudar a William mientras tanto.", le dijo tierna su esposa inclinándose frente a él, para alivianar la prohibición recibida.
Anthony sonrió, apreciando su dulce actitud. Y Candy le sonrió de vuelta enamorada. Por un segundo la mirada de Anthony se desvió del rostro de Candy al de su tío, de pie tras ella, y su corazón se turbó por un segundo, regresando su mirada de inmediato a la de su esposa, manteniendo su sonrisa hacia ella, pero con súbita pena en sus sentimientos por haber logrado ver por un breve segundo el dolor de su tío en su mirada. Este no se dio cuenta por estar viendo a Candy con añoranza, y luego sonreír despreocupado, al darse cuenta de su desliz. Pero Anthony ya lo había visto, y eso era algo que él no podía ignorar.
William Albert se despidió nuevamente de ellos con una sonrisa, y con paso normal siguió su camino hacia el segundo nivel, pero para su sobrino que lo observaba alejarse - mientras Candy y la tía abuela, ignorantes de lo sucedido, pedían a uno de los mayordomos dirigieran su silla de vuelta a la sala -, todo había cambiado.
Fin del Flashback
"No te dijimos nada, Anthony, porque queríamos que fuera una sorpresa", dijo Archie, sentándose a la mesa donde ellos refaccionaban.
"Así es sobrino.", dijo su tío. "Stear y Archie fueron por mí a la estación temprano. No aguanté quedarme más de tres días en Chicago esta vez. No es lo mismo si no están todos allá. - Hola, Candy. -", le dijo despreocupado a la rubia con una sonrisa, sentándose a la cabeza de la mesa.
"Bienvenido a casa, William", le sonrió la pecosa feliz de verlo. Totalmente inconsciente de sus sentimientos por ella, pensó Anthony.
"¿Crees que podremos celebrar las fiestas en Chicago este año, tío?", preguntó Archie mientras les comenzaban a servir a los tres.
"No lo creo, Archie.", respondió su tío, viendo servir su té. "-Gracias-", dijo a la mucama. "Además, está el asunto del que habló la tía abuela antes de mi viaje, y del cual recibí ya la confirmación en la correspondencia del consorcio", dijo sonriendo, viendo a Anthony y a Candy.
"Es verdad.", reconoció el rubio menor, al recordarlo.
"¿Qué asunto?", dijo curiosa la pecosa, confundida.
William la miró con una sonrisa al recordar lo adorablemente despistada que era la rubia. "Pues… los padres de tus amigas del San Pablo han aceptado tu invitación a ellas de pasar el Día de Acción de Gracias con nosotros, Candy." Le dijo, alegrándola.
"¡Qué felicidad, William! ¡Hace tanto que no las veo!", dijo la bella pecosa sonriente, junto al rubio menor que la observaba con cariño.
"Recibí la confirmación de su itinerario de viaje desde Canadá anteayer, en el consorcio.", continuó el patriarca. "Y como la tía abuela realizará la cena aquí mismo en Lakewood, para que Anthony no tenga que movilizarse en auto, tus padres insistieron en hospedar a la familia O'Brien y a la familia Brighton en la mansión Britter, y traerlos de visita diariamente para departir con nosotros. Según su correspondencia, llegarán a finales de la próxima semana."
"No sabíamos de esa visita para las fiestas, tío", comentó Stear intrigado por la noticia.
"Mis amigas Patty O'Brien y Annie Brighton", dijo Candy explicándoles con una sonrisa a los hermanos Cornwell. "Ambas son muy queridas para mí, Archie y Stear. Aunque compartimos muy poco en el San Pablo por estar en diferentes clases, y graduarse ellas antes, mantuvimos aún amistad por correspondencia. Supe que ahora residían en Canadá y con el permiso de la señora Elroy, quise invitarlas y presentarles mi nueva familia y compartirles la noticia de mis nupcias.", dijo viendo al rubio menor junto a ella, sonriéndole enamorada. "Espero que no les moleste esa irrupción en sus tradiciones familiares". Les dijo a ambos hermanos Cornwell, viéndolos un tanto apenada.
"¡Por supuesto que no, Candy!", dijo Stear de inmediato. "Si son tus amigas, por supuesto que también serán amigas nuestras, y son bienvenidas aquí."
"Claro que son bienvenidas, Candy.", confirmó Archie. "No faltaba más. Será bueno conocer gentiles damas como tú para esa actividad.", complementó el elegante muchacho con una sonrisa.
"De hecho, ustedes ya las conocen, Stear y Archie.", dijo divertida la rubia. "Ambas asistieron aquí a la fiesta en abril, pero no tuve oportunidad de conversar con ellas. Había tanta gente en la fiesta que no las vi.", dijo sincera. "La tía abuela me contó después que fueron invitadas de William."
El patriarca frunció un tanto el ceño al escucharla, recibiendo la mirada intrigada de sus otros dos sobrinos.
"Eh… por cuestiones de negocios, nada más", explicó William Albert. "Son hijas de conocidos proveedores nuestros, y George los invitó esa vez."
Anthony sonrió viendo cómo su tío se justificaba. Los hermanos Cornwell asintieron, conformes con la explicación.
"Pues qué bien que nos lo cuentas, Candy. Así no cometeremos el error de presentarnos como si fuera la primera vez. Es que con tantas damas esa vez, es difícil recordarlas a todas", se disculpó Archie un tanto sonrojado, recordando que solo tenía ojos para ella aquella lejana noche.
"No te preocupes, Archie. En dos semanas te las presentaré nuevamente, de manera formal, como mis amigas. Estoy segura de que les agradarán."
"Espero les gusten los juegos de mesa," comentó Stear, "porque el clima talvez no esté tan bueno en esas fechas como para cabalgar por la propiedad", comentó Stear.
"Patty adora el ajedrez, Stear, estoy segura de que le encantará una buena partida contigo. Y Annie toca muy bien el piano, Archie. Tuvimos en un punto la misma maestra de piano en el último año que ella estuvo en el colegio. Es una gran persona, Annie. Pensándolo bien, te la tendré que encargar, Archie, porque a pesar de eso, es algo tímida. Ambas lo son. Incluso temí que no aceptaran venir a visitarme."
"Descuida, Candy," sonrió feliz su elegante primo político. "Verás que las haremos sentir a ambas como en casa. - ¿Verdad, Stear?" Su hermano asintió con una sonrisa. "No te preocupes por eso, pequeña. Seremos los mejores anfitriones", continuó Archie con seguridad.
William Albert soltó una risita de incredulidad, sacudiendo su cabeza, mientras tomaba su té. Era increíble ver cómo el plan de la tía abuela iba tomando forma de manera tan natural ante sus ojos, otra vez.
Todos en la mesa voltearon a verlo, de inmediato intrigados por su inesperada reacción.
"Disculpen.", dijo el patriarca de pronto, sintiendo sus miradas, notando su interrupción que había ocasionado, y bajando su taza, continuó, "Es que no los había visto antes a todos tan animados por el Día de Acción de Gracias y las visitas que asistirían", trató de distraerlos con su comentario.
"Es que es la primera vez que recibiremos visitas en esas fechas, tío.", dijo Stear. "La tía abuela siempre ha sido muy estricta con que solo la familia asista a esa actividad."
"Sí. Será una excepción.", reconoció el patriarca. "Pero como ella bien dijo, tenemos mucho qué agradecer este año.", dijo el patriarca, posando su mirada en su sobrino, sentado a su derecha, junto a su sonriente esposa. Anthony le sonrió de vuelta agradecido.
"Tienes razón, tío.", dijo Archie, viendo a su primo también. "Será la cena de Día de Acción de Gracias más significativa para la familia en años." Stear a su lado asintió de acuerdo también.
"Les agradezco a todos", dijo un conmovido Anthony. Mientras su familia lo miraba con cariño y gratitud.
"Todos tenemos mucho qué agradecer en verdad", dijo la pecosa, mirándolo enamorada, y colocando discreta su mano en su pancita. Anthony le sonrió de vuelta encantado, notándolo, pero sin atreverse a colocar su mano sobre la de ella, frente a todos.
"Y hablando de festejos…", Stear comenzó luego de un silencio, en el que su primo y su esposa se habían quedo, embelesados, mirando.
"Pasado mañana el tío y nosotros dos acompañaremos a la tía abuela a una visita oficial a la Mansión Stewart.", concluyó el joven inventor.
"Por el regreso del hijo mayor de la familia, desde Sudamérica.", complementó el patriarca. "Charles, recuerdo."
"Sí. Espero no les moleste que los abandonemos por unas horas.", dijo Archie sin creérselo ni él mismo. Sus primos Brower vivían en una nube desde su matrimonio.
Anthony sonrió. "Descuida, Archie. Nos las arreglaremos. ¿Verdad, pecosa? Vayan sin pena."
"Por supuesto", Candy sonrió, asintiendo emocionada, abrazada ahora al brazo de su esposo.
William la miró radiante de felicidad junto a su sobrino, y sonrió feliz por ambos en silencio. Debía reconocer que, a pesar de todo, tres días había sido lo más que había aguantado lejos de ella. El patriarca suspiró discreto. En verdad estaba en problemas.
Continuará…
¡Gracias por leer!
Espero les haya gustado. La historia avanza…
¡Muchas gracias por sus comentarios al capítulo anterior, Anguie, Shrick, Guest 1, Guest 2, Guest 3, Guest 4, GeoMtzR y Julie-Andley-00, me alegra mucho que les haya gustado y que se sientan felices por los rubios!
¡Les deseo unas lindas actividades navideñas! ¡Bendiciones!
lemh2001
3 de diciembre de 2023
P.D. Se actualizará el jueves 7 de diciembre.
