¡Hola a todas! Gracias por estar pendientes. Es una alegría, como siempre, compartir con ustedes un capítulo más de esta historia. Como saben es un Anthonyfic y la historia original pertenece a Mizuki e Igarashi. Esta es una adaptación de mi autoría, hecha sin fines de lucro y por cariño a los personajes.
"UNA VISIÓN DE AMOR"
CAPÍTULO XLVII
"Pasa", dijo suavemente la voz desde dentro de la habitación donde Terry había entreabierto la puerta. "Te esperaba.", agregó la voz femenina desde dentro de la habitación.
El joven Grandchester se quedó paralizado al reconocer ese dulce timbre de voz, tan familiar para él, e iba a abrir la puerta completamente, cuando otra voz le contestó igual de suave dentro de la habitación semi iluminada.
"¿Ya se durmió?"
"Sí.", respondió Candy al ver entrar a su esposo desde la puerta que conectaba su habitación con la guardería donde dormía su pequeña hija Hope.
"Pobrecita," continuó la pecosa con ternura, "creo que sintió nuestra tensión y por eso estaba tan inquieta.", comentó.
"Debiste dejar que tu madre cuidara de ella esta noche, Candy. Tú también estás aun tensa, y debes también descansar", le dijo Anthony preocupado.
"No quería separarme de ella esta noche." Le respondió. "- Te quitaste el cabestrillo, amor. -", comentó.
"Me molesta para dormir.", respondió el rubio.
Al ver que ambos estaban con la pequeña, Terry estuvo a punto de no querer escuchar más y marcharse de allí - sin ser notado -, pero algo en la conversación de los esposos lo detuvo de pronto.
"Pero no es solo por eso que te quedaste con ella esta noche, ¿verdad, Candy? Te preocupa también Terruce", dijo Anthony sentándose en la mecedora junto a la que usaba su pecosa, quien se mecía en ese momento en la de ella, con la bebé profundamente dormida en sus brazos.
Candy guardó silencio un momento, haciendo a Terry sentir, tras la puerta, un estremecimiento en su corazón por querer saber su respuesta.
"Si quieres saberlo, Anthony…", dijo Candy. "Sí. Me preocupa Terry", admitió.
"No tienes por qué sentirte así, amor." Anthony se volvió hacia ella desde su silla y acarició su brazo. "El doctor Miller le administró un somnífero para que descansara. Seguía muy alterado por lo de la tarde", le dijo. "Además, con el tío William dejamos a uno de los empleados de la casa cuidando su puerta por si acaso."
Terry sonrió sacudiendo su cabeza. ¡Ilusos…! La pastilla que le dieron solo la había fingido tomar y luego la había desechado al nomás retirarse ese supuesto médico, de su habitación. Y ese mayordomo en el pasillo roncaba más fuerte que cualquiera de las personas en las habitaciones por las que había tenido que pasar para llegar hasta allí.
"No me preocupa de esa forma, Anthony", dijo la pecosa sincera. "No te enfades conmigo, pero es que me preocupa él, no lo que pudiera hacer estando aquí."
"Candy…", se sorprendió el rubio. "Pero ¿qué dices?"
"Es que… a pesar de todo el desastre que causó Terry hoy - y admito que me asustó mucho su llegada -, después de saber lo que nos contó William sobre cómo se enteró, pienso que talvez fue demasiada información para él. Y que quizás por eso actuó de esa manera."
"¡No lo puedo creer, Candy! - ¿Te escuchas? - ¡Lo estás justificando!", dijo Anthony con un dejo de molestia en su voz, manteniendo la voz baja por el bien de la bebé que dormía.
"No lo hago, amor.", dijo Candy rápidamente. "Reconozco que Terry hizo muy mal en presentarse así con nosotros. Y todavía más en atreverse a atacarte de esa manera", agregó. "Pero antes de hoy, jamás hubiese pensado que Terry tuviera en él el llegar a tanto por buscar a un posible hijo que una vez dejó."
¡Yo no lo dejé!, protestó en su mente el molesto actor, escuchando indignado la privada conversación.
"Él no lo dejó, pecosa.", dijo entonces Anthony, haciendo eco a los pensamientos del inglés - sorprendiéndolo -. "De hecho, Terruce ni siquiera contempló tener un hijo con ella, para comenzar. Por lo que dice la señorita Marlowe en su carta, sus intenciones con ella nunca fueron de esa naturaleza."
El actor quiso protestar esa última afirmación del rubio, pero al final de cuentas, no podía, a su pesar. La imagen angustiada de Susana vino entonces a su mente, cuando se despedía de ella aquella tarde tras la última presentación de la temporada en el teatro, diciéndole que lo que había entre ellos había acabado – y la tristeza en su mirada azul, al saber sobre sus planes con Candy - el recuerdo de ese momento lo llenó de culpa. Pero de pronto se distrajo, al caer en cuenta también, por la conversación de la pareja dentro, que ambos sabían de la carta.
¡Ellos la leyeron! ¡Albert se las dió!, pensó el actor totalmente indignado.
"Lo sé.", dijo Candy apenada, "pero me conmueve que Terry quiera conocer a Hope ahora. Y que esté dispuesto a todo para lograrlo."
¿Hope?, se sorprendió Terry. - ¡Su nombre es Hope…! -, exclamó el inglés en su mente.Entre tanto conflicto a su alrededor, ni el nombre de la pequeña había recordado preguntar.
"Es que Terruce no está aquí porque quiera conocer a nuestra Hope, Candy, sino porque quiere ver a ¡SU HIJA!", le aclaró Anthony. "Él la busca ahora porque la cree propia. ¿Crees que él aceptaría quedarse con Hope, si al final de todo esto se supiera que no es su hija en realidad?", preguntó él ya un tanto molesto con la rubia. "¿Sabiendo que no es nada de él y que no tiene ninguna responsabilidad moral para con ella?"
Candy se le quedó viendo sorprendida a Anthony, considerándolo.
"No.", dijo Candy finalmente.
"¿Lo ves?", dijo Anthony.
Quizás podría sorprenderte, tarzán pecoso, pensó el joven Grandchester con amargura, al considerar estar en la misma posición que el rubio.
"Pero me puse a pensar también en que, a pesar de eso, talvez deberíamos darle la oportunidad de conocerla, amor", terminó la dulce rubia.
"Pero Candy…", protestó Anthony.
"Aunque sea por un momento", pidió la rubia. "Talvez así se calmaría un poco. No quiero que cometa ninguna locura más intentando acercársele."
"Le concedes demasiadas prerrogativas a ese tipo, a mi parecer", le dijo el joven Brower volviendo su rostro hacia otra parte, para que no leyera los celos en su mirada.
"No te enfades, Anthony", rogó Candy extendiendo una de sus manos, sosteniendo a Hope solo con un brazo, para tocar la mano de su esposo, que tenía recostada en el brazo de su propia silla mecedora. Anthony la volvió a ver entonces, y Candy le sonrió.
"Sabes que fui su amiga, amor." Le dijo. "Talvez no nos separamos de la mejor manera al final, pero siempre le desearé lo mejor", le dijo sincera su pecosa, haciendo que su insospechado interlocutor, sintiera un dejo de dolor en su corazón, al escucharla.
"Y quieres verlo feliz…", dijo entonces Anthony "…con nuestra Hope.", le dijo serio.
"Amo a nuestra Hope, Anthony. - Y te amo a ti. -", le dijo, reafirmando sus palabras con su mirada. "Pero talvez debamos ser un poco condescendientes con Terry, aunque todavía no sea seguro que sea el padre. Recuerda que hay que ser generosos, amor", le dijo la rubia con súplica.
"No pienso renunciar a Hope, Candy.", le aclaró Anthony. "Y no estoy de humor para ser generoso con él. Te recuerdo que hoy ese tipo nos insultó, además de que vino a buscar pelea a nuestra casa", reclamó. "Y solo porque una mañana se despertó con un inesperado ataque de moral, deseoso de recuperar un posible hijo con una mujer que parece jamás amó… Bueno, en realidad, es con una de las tantas mujeres que jamás amó, ni tampoco respetó", dijo Anthony enérgico, haciendo al inglés indignarse de escucharlo hablar así de su vida privada. Grandchester estuvo a punto de salir en ese momento de su escondite para reclamarle, y poner en su lugar al arrogante rubio. "Porque casarse con la joven Marlowe o con cualquier otra," continuó Anthony, "jamás estuvo dentro de sus planes de vida, creo yo", concluyó. "En ningún momento."
Te equivocas, Brower. Solo lo consideré una vez, dijo el castaño para sí. - Pero ya era demasiado tarde… - terminó de pensar el actor con nostalgia.
"Él nunca pensó en un compromiso a largo plazo, Candy. ¿O crees que buscaba a Susana para proponerle matrimonio ahora?", dijo Anthony, ante el silencio de su esposa.
Al escucharlo hablar así, sin embargo, hizo reflexionar al inglés de que esa parte ni siquiera la había considerado. Entonces Terruce Grandchester se dio cuenta de que su cólera inicial por el engaño de Susana había sido lo que primero había motivado su búsqueda de ella, pidiéndole ayuda a Albert. Pero que, en realidad, él jamás se había detenido a reflexionar los cambios que encontrarla con su hijo traería o implicaría para su vida, o para la de ella. Solo había pensado en encontrarla para reclamarle, conocer a su hijo y…. - nada -. ¿hacerse cargo de él monetariamente talvez?
"… Y creo que, si de eso se trata", continuó entonces Anthony enfadado, "si no tiene éxito con esta búsqueda con Hope, y lo que quiere es un hijo en realidad, aún tiene muchas probabilidades en Londres y en Escocia de encontrar uno.", dijo el rubio sin pensarlo. "¡Porque por lo que vi y supe allá, cuando estudiábamos en el San Pablo, habrá muchas chicas de dudosa reputación y sirvientas que talvez tengan algún hijo o hija suyo que aún desconozca, y a las que talvez él también quiera ir a acosar con su espontáneo amor de padre!", dijo el rubio totalmente indignado.
"¡Anthony…!", se asombró Candy de escucharle hablar así.
Anthony se dio cuenta de pronto de su error al ver la expresión de su pecosa, al mirarlo. Se le había pasado la mano.
"¡Perdón, amor! Me ofusqué.", dijo entonces el rubio, disculpándose. "¡Lo lamento, Candy! – eres una dama – no debí mencionar algo así frente a ti."
Candy sonrió, "¡Recordaste el San Pablo, amor!", le dijo la pecosa más preocupada por eso que por su implicación sobre el inglés. "¡Recordaste tus días de estudio junto a Archie y Stear!", le dijo.
Anthony se sorprendió de ver que a eso se refería. "Bueno," sonrió él también, "quizás un poco", admitió. "Y algunas otras cosas también.", le dijo. "Hace unos días.", reconoció.
"¡Qué bien! ¡¿Viste, amor?! ¡Era solo cuestión de tiempo el recordar!", le dijo contenta.
"Pues… sí, Candy. Aunque no es el mejor momento para estar consciente de algunos de esos recuerdos", admitió, trayendo ahora a su memoria el haber visto algunas escapadas de compañeros del Colegio San Pablo - sobre todo del rebelde -, hacia varios bares y burdeles del área, a los que él y sus primos se negaron a ir. Situación por la que Terry lo molestaba tanto a él y a sus primos. Sin contar las historias que se escuchaban de sus conquistas y experiencia con la servidumbre de su mansión.
"Pero, igual, te advierto que no dejaré ir a Hope sin pelea. Eso te lo aseguro, pecosa", concluyó Anthony decidido.
"No te pido que lo hagas, amor. Yo tampoco querría permitirlo, también es mi hija.", le dijo Candy con suavidad. "Pero como padre de un hijo perdido," continuó ella, "Terry está desesperado. Y sin importar lo que resulte de la investigación, ¿no podríamos darle un poco de paz, dejando que la vea?", insistió con tacto.
Anthony guardó silencio.
"En nuestros términos, no en los de él", le aconsejó la pecosa.
Anthony miró la mano de Candy en la suya, pensativo.
"Seamos generosos, amor." Continuó la rubia. "Hemos recibido tanto ya, Anthony. ¿Recuerdas?, tu salud… nuestro matrimonio… nuestro pequeño…", dijo la rubia con sinceridad, "y ahora nuestra Hope."
"Sí. Tantos milagros…", reconoció el muchacho en voz baja, recordando lo sucedido desde que la conociera el año anterior. No había sido fácil el camino – ¡había sido terrible en realidad! -, pero ambos estaban allí, juntos y unidos finalmente - como una familia -, como ambos lo soñaron tras conocerse.
"Tú mismo dijiste, una vez, cuando Terry nos visitó en la Mansión de las Rosas, que un milagro también podría suceder para él en algún momento."
"¿Insinúas que Hope podría ser ese milagro?", preguntó Anthony, mirándola con preocupación en sus ojos azul cielo.
Candy se sorprendió con su pregunta, y dirigió su mirada a la pequeñita que sonreía en sueños entre sus brazos, inconsciente de todo el drama a su alrededor. La pecosa suspiró contemplándola.
"No lo sé, mi príncipe", reconoció con tristeza. "Pero por lo pronto," continuó luego de unos momentos, "Terry debe de comprender que no somos sus enemigos, y que nuestra preocupación es únicamente por el bienestar de Hope. Que ésta no es una confabulación en su contra. Que se trata de Hope, y no de ninguno de nosotros", le dijo.
Anthony se quedó callado, considerándolo.
"Quizás.", dijo él finalmente, sin mirarle.
Candy le dio su tiempo para asimilar su petición y luego de unos momentos más, preguntó, "¿Me ayudas, amor?", le dijo ella, "quiero ponerla en su cuna."
"Por supuesto.", dijo Anthony, poniéndose de pie, tomando a la bebé de brazos de su pecosa - a pesar de una leve molestia en su brazo por la pelea con el rebelde -. "Shhh, princesa…", le dijo a la pequeña al ver que intentaba despertarse, y con cuidado la colocó en la cuna.
Candy se puso de pie y se paró junto a él, mirando hacia la bebé dormida, mientras Anthony la tapaba. Su esposo la miró y rodeó su cintura con su brazo cariñosamente, primero acariciando su espalda, y luego atrayéndola a su lado mientras ambos la veían dormir. Terry se asomó entonces a la entreabierta puerta para ver dentro de la habitación, viéndolos a ambos de pie junto a la cuna en silencio, abrazados.
"Es como ver un lindo angelito dormir", dijo Candy sonriendo, contemplando a su pequeñita.
"Temo fallarle, Candy", dijo de pronto Anthony, sin apartar su mirada de la bebé. "Temo perderla", concluyó el rubio ante su esposa, sin mirarla, como si se tratara de una confesión que podría hacerlo parecer débil ante ella.
Candy alzó su vista hacia él sorprendida, y lo contempló con amor. Así era su esposo - Su Anthony… Su Príncipe de las Rosas… -. Que cuando daba su corazón, lo entregaba para siempre.
"Jamás le fallarás, Anthony. Eres un gran padre, mi amor.", le dijo Candy convencida, "y te admiro tanto por eso…", confesó. Los ojos de Anthony se volvieron hacia ella. Los de su pecosa le veían a través de lágrimas contenidas. "Nunca te agradecí, amor… que me permitieras adoptar a Hope cuando te lo pedí aquella tarde."
"Candy…", le dijo el rubio.
"Sé que la tía abuela no estaba de acuerdo desde un principio con su adopción, Anthony, y que no era la mejor decisión para nosotros, por nuestras familias. Pero, aun así, tú luchaste por nosotros y aseguraste un lugar para Hope en nuestras vidas, y un futuro para ella dentro de los Andley y los Britter, enfrentándote a todos sin importarte lo que dijeran."
"Es lo mismo que tú hiciste", le dijo Anthony con una suave sonrisa. "Al rescatarla como lo hiciste, Candy. Eres tan valiente, pecosa. La salvaste de una soledad y de un desamor que ningún niño merece al venir a este mundo. Le diste un cariño de madre y un hogar, que quizás jamás hubiese tenido lejos de ti."
"Ni lejos de ti." Candy le sonrió. "Te amo tanto, Anthony mío. Gracias por quererme tanto, y por amar a nuestra Hope de igual manera", le dijo la rubia, con una lágrima cristalina deslizándose por su suave mejilla.
Anthony se inclinó y besó esa delicada lágrima sobre su mejilla, borrándola con tiernos besos, y luego besó suavemente sus dulces labios. "Ustedes son mi vida, Candy." Le dijo sincero, viéndola a sus verdes ojos. "Ustedes y Matthew", dijo poniendo su mano en su pancita. "Los cuatro somos una familia", le dijo. "Y mientras yo esté aquí, nada ni nadie les hará daño. Te lo prometo", le dijo.
Candy sonrió y asintió a sus palabras, tocando su mano en su pancita, y luego ella fue quien poniéndose de puntitas lo besó. Un beso profundo y enamorado, hundiendo luego de un momento sus pequeños dedos en el suave y corto cabello de su amado, al invitar su alta figura a inclinarse y fundirse más junto con la suya en un apasionado beso, estrechándola Anthony en sus brazos más, olvidando todo a su derredor.
Terry apartó su mirada de la escena de inmediato, cerrando sus ojos, y aprovechando la obvia distracción de la pareja, decidió marcharse del lugar, dejando la puerta como estaba.
Tras salir a las gradas, el joven actor suspiró. Tendría mucho qué pensar aquella noche tras escuchar semejante conversación. Pero necesitaría algo mejor que la celda de su habitación para conciliar sus ideas. Su vista angustiada siguió la escalinata en donde estaba de pie, hasta el oscuro tercer nivel superior, y sin pensarlo demasiado, continuó subiendo por la elegante escalinata.
El alto techo de la Casa Brower, esa noche, daba una vista perfecta de los nocturnos jardines, y la luna creciente dejaba entrever lo tupido de los bosques circundantes.
"Conque aquí estás.", la voz de Albert desde la ventana abierta del tercer piso lo hizo volverse hacia él. Terry sacudió su cabeza, ¡ni siquiera allí lo dejaba en paz!
"Vine para estar SOLO, Andley", recalcó el inglés con seriedad, sentado sobre el techo del segundo nivel.
"Lástima que la vida no siempre nos da lo que queremos", dijo William Albert simplemente, y sin esperar una invitación, trepó por la ventana de esa buhardilla, y salió de ella, caminando con habilidad por el borde del techo, hasta llegar al actor, sentándose junto a él, de manera despreocupada.
El patriarca volvió su vista entonces hacia la noche, sintiendo la suave brisa nocturna en su rostro. Terry volvió su mirada para el lado contrario a él, molesto de tenerlo allí.
"Es una hermosa vista", comentó el rubio mayor.
Silencio.
"Y, en fin, ¿qué haces aquí?", le preguntó el patriarca luego de varios minutos más sin cruzar palabra. "¿No te funcionó el tranquilizante que te dio el doctor Miller?", le preguntó.
Terry sonrió levemente con amargura. "Por favor, Albert…", le dijo, mirándole. "No creerás en verdad que me lo tomé, ¿verdad?"
"No creí que necesitaras un doctor tampoco si a eso te refieres", le dijo, complacido de haberle sacado plática al fin. Terry no respondió otra vez, sin embargo. "¿Encontraste lo que buscabas y por eso estás aquí?"
Terry se volvió a mirarlo, sin contestarle. El tipo a veces parecía psiquiatra. Luego de un momento continuó, "Talvez", le dijo nada más, crípticamente.
Albert asintió, mirando hacia el frente otra vez. Le aliviaba saber que no había creado problemas en la casa.
Media hora atrás, Albert había llegado a la habitación de Terry para conversar con él, a pesar de la hora, y el patriarca se había sorprendido de encontrar dormido al mayordomo que había dejado cuidando en el pasillo, por lo que luego lo que no le sorprendió fue el encontrar la habitación del castaño vacía. Su primera sospecha fueron los aposentos de los rubios, pero todo parecía tranquilo allí, así que después de buscarlo con la ayuda del mayordomo holgazán, finalmente se le ocurrió a él buscar más alto en el lugar.
"¿Regresarás con nosotros mañana a la Mansión de las Rosas?", preguntó el patriarca de la nada, luego de un rato.
"Regresaré, pero solo por mis cosas. Espero no te ofenda, pero a partir de mañana me hospedaré en el pueblo. Ya no confío en nadie allí.", le dijo.
Esa indirecta le dolió a Albert. "Como quieras.", le dijo él, sin embargo.
"¡¿Por qué me ayudaste después de todo, Albert?!", dijo entonces el inglés, volviéndose al patriarca de pronto indignado. "¡¿Por qué me ayudaste si no creías para nada de que mi búsqueda era justa?!", le exigió.
"¡Nunca dije que tu búsqueda no fuera justa, Terry!", le aclaró el rubio con igual ímpetu.
"¡Ah! ¡¿No?! Entonces ¡¿por qué tanto secretismo conmigo?!", le gritó.
"¡Es una investigación en proceso, Terry!"
"¡Deja de decir estupideces!", dijo el castaño poniéndose de pie. "¡Me ocultaste a propósito lo de Hope!", le reclamó.
William se sorprendió. "¿Cómo sabes su nombre?", dijo poniéndose de pie también en el techo.
"¡Eso no importa, Albert! ¡Lo que sí importa es que al final, pensaste en jamás mencionarme que ellos dos la tenían, ¿verdad?! ¡Por eso no me decías nada!"
"No ha sido fácil para mí esta situación, Terry", frunció el ceño el patriarca. "¡Debes entenderlo! Además, ¡apenas si hace unos pocos días que me enteré de todo esto!" le gritó también. "¡Ni siquiera se lo había comentado a Anthony ni a Candy directamente en realidad! - Ellos se enteraron por otra parte, ¡como TÚ!", exclamó.
"¡Vaya!", se sorprendió el castaño. "¡Pues qué informantes los de ellos también!", se admiró. "Pero aún no has respondido a mi pregunta.", le hizo ver el actor. "¡Me lo ibas a decir, ¿o no?!"
William Albert se le quedó viendo, serio. Luego continuó, "Te lo iba a decir, por supuesto. - Si hubiese llegado a darse algún tipo de confirmación fidedigna. -"
"¡No me lo ibas a decir!", reconoció el joven Grandchester de inmediato, indignado. "¿Y qué es una confirmación fidedigna para ti, Albert?", se aproximó a él. "¡¿Qué Susana regresara de entre los muertos y te lo contara?!", lo empujó ofuscado diciendo lo último.
"¡Deja de decir tonterías, Terry! ¡¿Qué te pasa?!", le dijo William Albert empujándolo de vuelta también. "Déjame recordarte que ¡solo yo me preocupé por ti desde tu llegada a América!", le dijo ofendido. "¡Y cuando me involucré en esta investigación – a pesar de ver que con ello comprometía la integridad de mi propia familia - aun así, ¡seguí adelante con ella!", exclamó. "Y sabes ¿por qué? ¡Porque yo soy tu amigo, Terry!", le gritó. "¡Por eso!"
"¡¿Amigo?!", replicó el castaño hastiado. "¡¿Tú?! - ¿Amigo? -!, le gritó de vuelta el actor. "¡¿Quieres saber lo que en verdad es un amigo, Albert?!", dijo dando otro paso amenazante hacia él.
"¡Pues yo sí quiero saberlo! - Sería interesante saber tu definición, por más rara que sea -", se escuchó una tercera voz en aquel techo, distrayendo a los dos amigos de su discusión. "Pero prefiero que nos lo expliques a todos ¡aquí dentro, Terruce!" dijo Anthony, hablándoles asomado a la ventana de la buhardilla.
El rubio menor se había asomado a la ventana que habían dejado abierta en el tercer piso, y les hablaba ahora con su otra mano apoyada en el marco de la ventana, para mirarlos con seguridad.
"¡Anthony!", se sorprendió William Albert de verlo allí.
"¡¿Y tú qué haces aquí?! ¡¿Cómo nos hallaste?!", replicó el castaño con desdén. "¡Esta es una conversación privada!", replicó.
Archie se asomó atrás de su primo, en la misma ventana entonces. "Pues si es una conversación privada, Grandchester, ¡la próxima vez escoge caminar y gritar sobre el techo de la habitación de otro!", le dijo enfadado. "Apuesto a que hasta los padres de Annie y de Patty te escucharon en el primer piso con los gritos que has dado." Le dijo.
"¡Pues ven y cállame tú mismo, Cornwell!", le replicó Terry. "- ¡Si puedes! -", advirtió.
"¡Bueno, suficiente!", dijo William, enérgico, a ambos. "¡Ya, basta! Vamos, Terry, bajemos de aquí y hablemos dentro.", se volvió al castaño.
"Ve tú, si quieres, Albert", le dijo necio el joven Grandchester, cruzándose, necio, de brazos. "Yo ya estaba aquí cuando tú llegaste."
"¡Terry…!", lo miró el rubio mayor con enfado.
"Yo no soy de tu Clan, patriarca, así que no esperes obediencia ciega de mi parte. Para eso están tus dos vasallos falderos de allá."
"¡Grandchester!", se ofendió el joven Cornwell. "¡Ya verás!", dijo dispuesto a salir tras él por la ventana y bajarlo él mismo de ese tejado a la fuerza. Anthony lo detuvo.
"¡Tranquilo, Archie!", le dijo y luego se volvió hacia los otros dos fuera.
"¡Tío William, Terry!, por favor, quítense de allí", dijo el rubio menor. "Están parados sobre la parte antigua de la casa, y es una de las reparaciones que aún tenemos pendientes de realizar. ¡Ese techo no aguanta mucho peso!"
"¡Sí!, ¡Cómo no!", dijo Terry sin creerle ni una sola palabra.
"Terry, haz caso.", dijo William. "Anthony no nos mentiría sobre algo como eso", le dijo.
"Sí. Como Anthony nunca miente, ¿verdad? - ¡No es como su tío que engaña a conveniencia! -", le comentó mordaz.
William se le acercó molesto. "¡Deja de comportarte como un mocoso maleducado y ven!", le dijo extendiendo su mano a él en invitación.
"¡Oblígame!", lo desafió el castaño.
"¡Terry!", le recriminó el patriarca, instándolo con su mano a venir. De pronto, de la nada se escuchó un gran crujido bajo ellos y la mitad del techo cedió bajo el peso de ambos. Terry todavía corrió hacia William. "¡AAAHHHH….!", gritaron ambos hombres, desapareciendo de la vista de Anthony y Archie.
"¡Tío William!", gritó Anthony asustado.
"¡Tío!", gritó Archie, al verlos hundirse, en medio de un montón de polvo que se levantó.
"¡Tío William!", Anthony ya estaba saliendo sin pensarlo por la ventana, siendo seguido por Archie, caminando los dos con cuidado por las tejas sueltas hasta llegar al gran boquete que se había abierto en el techo del segundo nivel.
"¡Por Dios!", dijo Anthony, viendo a su tío sujetarse todavía de una de las vigas partidas de ese alto techo, estando abrazado a ésta. "¡Tío!", le dijo.
"¡Anthony!", dijo William viéndolo hacia arriba, desde allí. Lastimosamente el segundo nivel de la casa tenía habitaciones de casi seis metros de altura, estilo francés. Al asomarse Archie junto a su primo al boquete, se sorprendió al ver los restos de techo, vigas y repello de yeso atravesados sobre la enorme pero aplastada cama donde él había intentado conciliar el sueño hace tan solo unos minutos atrás, antes de ir en busca de su primo para avisarle de la discusión que escuchaba con el rebelde en el techo.
"Tío William", dijo entonces Anthony agachándose a la viga inclinada, tratando de no comprometer donde estaba su tío recostado. La viga estaba inclinada dentro de la habitación, habiendo caído su contraparte.
"¡Tío, dame tu otra mano!", le gritó Anthony.
"No puedo", explicó con dificultad William Albert, viendo entonces los dos, en medio del polvo que se asentaba, que con un brazo su tío se sujetaba a la viga y con la otra sostenía la figura colgante de Terry, que al final se había asido a la mano que su tío le había ofrecido en el techo, momentos atrás.
"Balancéalo entonces hacia el borde de aquel muro.", le dijo Anthony, movilizándose de inmediato a la pared más cercana con techo que había quedado aún de pie, al lado derecho de William, para recibirlo.
"¡Te ayudo!," dijo Archie siguiendo a su primo a esa parte del techo.
"Pero Anthony…", dudó el patriarca. "No sé si puedan sujetar-…"
"¡Solo hazlo, tío! ¡La viga donde estás no resistirá el peso de ambos por mucho tiempo!", le aseguró.
"¡Dejen de discutir allá arriba!", dijo Terry desde abajo, tosiendo un poco por el polvo, colgando de la mano del patriarca. "¡Solo hazlo, Albert! ¡Es mejor opción que solo caer en los escombros!", le dijo seguro. William asintió entonces, y haciendo acopio de toda su fuerza, comenzó a balancear al castaño como el péndulo de un reloj, "¡A la cuenta de cinco!", les gritó a sus dos sobrinos. Y William tomó impulso con cada balanceo, hasta que comenzó a gritar… "¡Uno…!", balanceó a Terry hacia ellos, y de regreso. "¡Dos…!", balanceó a Terry una segunda vez, "y TRES!", gritó soltándolo y Terry gritó soltándose de pronto también.
"¡Ahhh!", gritó el castaño al ganar altura con el impulso hasta un metro, y fue cuando Archie lo logró agarrar del brazo hasta deslizarse a su antebrazo y sujetarlo luego de la mano, al igual que Anthony que acostado también en el borde lo recibió, sujetando su otro brazo. Luego el rubio lo haló subiéndolo, tratando de no irse de frente junto con él, igual que Archie, levantándolo hasta que Terry pudo subir una de sus piernas por el borde del techo donde estaban y salir seguro del boquete.
Los tres estaban agotados, cayendo de espaldas en el techo tras subirlo, pero Terry todavía pudo levantar su rostro y hablar al joven aún sujeto a la viga, "¡HABÍAS DICHO A LA CUENTA DE CINCO!", reclamó, aún sin aliento por la experiencia.
"Lo siento. ¡Lo olvidé!", dijo William todavía sujeto del madero, aferrándose más a la viga, y tratando de subirse completamente.
"¡Despacio!", dijo Anthony incorporándose de inmediato y yendo a asistir a su tío del otro lado. Con cuidado William hincado sobre la viga inclinada, avanzó despacio, para poder dar su mano a su sobrino, quien notó que no utilizaba su otro brazo. Finalmente, Anthony estrechó su mano con fuerza para subirlo al techo, y con ayuda de Archie y Terry, halándolo del traje y de la pierna que subía, lo terminaron de subir.
"Con cuidado,", dijo Anthony, mientras ayudaba a su tío a sentarse en el techo seguro, junto a ellos. En ese preciso momento, Stear abrió la puerta de la habitación debajo de ellos.
"¡Stear, quítate de allí!" Gritó Anthony desde arriba, viéndolo.
"¡Sal de la habitación, Stear!", gritó Archie, acercándose también al borde.
El joven inventor se asustó y miró hacia arriba, viendo a su hermano y a Anthony asomados, con el cielo estrellado tras ellos.
"¡Pero ¿qué pasó aquí?!", preguntó asustado el inventor, ataviado solo en su pijama larga de bolitas azules y gorro con borla. "¡Archie ¿qué haces hasta allá arriba?!", dijo.
"¡Sal de allí, Stear!", gritó William asomándose también, mientras sujetaba su brazo con su otra mano.
"¡Vete, Stear! ¡El resto del cielo caerá pronto!" gritó Terry, haciéndole señas con sus manos de que se fuera. "¡Corre!", le dijo.
Un estruendo se escuchó otra vez, y el sorprendido muchacho salió corriendo del lugar, cerrando la puerta, justo cuando el madero donde primero habían estado colgando William y Terry caía al suelo en medio de un gran estruendo en medio de la habitación.
Solo polvo y yeso flotaba en el aire luego de eso.
Terry silbó. "¡Vaya, Anthony…!", dijo viendo al desastre abajo, con la cama de su primo cubierta de maderos y rota en medio de una nube de polvo que se asentaba. "¡Tú sí que sabes cómo impresionar a tus visitas!", le dijo irónico.
Anthony lo miró con indignación, sesgando sus ojos hacia él. Y el joven rubio entonces notó que ambos estaban despeinados y llenos de polvo, como Archie y William tras ellos - sus ropas arrugadas y todos mallugados -, y por primera vez, desde que lo conociera en Inglaterra, el joven Anthony Brower Andley no le pudo rebatir.
Continuará…
¡Gracias por leer!
¡Se salvaron por un poquito! ¡Ji, ji, ji!
Muchas gracias, queridas Anguie, Sharick, Guest 1, Guest 2, Mitsukikat (¡Gracias por tus palabras, Mitsukikat! Me alegra que la historia te esté gustando. ¡Y gracias por comentar la historia! Por allí te envié un PM. Gracias mil por hacer notar tu presencia. Y darme tu apoyo al darle 'seguir' a la historia y marcarla como 'favorita'. Eso lo hace a uno sentirse agradecido y acompañado al publicar. ¡Gracias en verdad!) y gracias, Julie-Andley-00, muchas gracias a cada una por comentar el capítulo anterior!
¡Y gracias a Fabaguirre167 también por darle 'seguir' a la historia!
¡Creo que casi nadie lee esta parte, pero se los agradezco de corazón!
¡Un abrazo a cada una! ¡Bendiciones!
lemh2001
11 de abril de 2024
P.D. Se actualizará el domingo 14 de abril.
