¡Hola! ¡Buenas tardes! Aquí les comparto un capítulo más. Como saben, es un Anthonyfic, una adaptación de mi autoría a la versión original de Misuki e Igarashi. ¡Un abrazo!

"UNA VISIÓN DE AMOR"

CAPÍTULO LI

"No… No puedo hacerlo, Anthony… ", dijo negando con su cabeza, cerrando sus ojos, "Me siento mal…", dijo de pronto. "Necesito dormir…", dijo poniéndose pálida. "Ya no puedo…"

"¡Candy! ¡No puedes dormirte!", le dijo el doctor preocupado, al verla palidecer y empezar a desvanecerse.

"¡Candy, despierta!", le dijo Anthony, sintiendo lo mismo al estarla sosteniendo durante el parto.

Candy negó semi dormida, entre sus brazos. "Yo… tengo tanto sueño…", murmuró.

"¡Una vez más, pecosa!", le dijo Anthony acariciando su cabeza húmeda, besando su sien. Candy llevaba su cabello recogido en una coleta al lado de su rostro. Pero viéndola quedarse quieta, Anthony agregó, "Candy, ¡escúchame!", le dijo enérgico. "¡Candy! ¡No puedes rendirte ahora!"

La partera se acercó palmeando su rostro. "Señora… ¡¿Señora Brower?!"

"Pecosa, ¡despierta!", dijo Anthony ya asustado al sentirla aguadarse contra él. "¡Candy!", le dijo, moviéndola para despertarla. "¡Candy!"

"¡Mallory", ¡Las sales, pronto!", dijo el doctor y la enfermera fue de inmediato por ellas a la mesa y se las trajo. El doctor se las puso frente a su nariz, pero la pecosa parecía no reaccionar.

"¡Candy!, sé que es difícil, amor," dijo Anthony, sosteniéndola "pero hazlo por mí, pecosa", le rogó Anthony, hablándole, mientras los demás discutían sus opciones médicas al ella no reaccionar. "Hazlo por mí, pecosa, ¡te lo suplico!", agregó más asustado el rubio. Escuchando en el fondo de su mente que hablaban de una cirugía de emergencia entre la partera y el doctor Miller.

"¡Candy…!", le dijo Anthony ya aterrorizado, viéndola inmóvil. "Candy ¡yo no puedo vivir sin ti, amor!", le dijo viéndola con los labios entreabiertos. "¡Aférrate a mí, pecosa!", le dijo. "¡Toma tu fuerza de mí!", le dijo. "Tú me lo pediste una vez, ¿recuerdas?", le dijo, acariciando su húmedo rostro, mientras el doctor y la enfermera traía otras cosas cerca de ellos, y preparaban otras más. "¡Y yo te escuché, pecosa! ¡Te escuché!, ¿recuerdas?", le dijo Anthony, mientras el doctor tomaba el pulso de la rubia otra vez. "Hazlo ahora tú por mí, Candy…", le rogó. "¡Toma mi fuerza… y vuelve a mí!" le pidió llorando. "¡Te amo…! ¡Te amo, princesa…!" le dijo, besando su rostro acongojado. "Te amo, no me dejes, pecosa mía…", le susurró en medio de un llanto ahora incontrolable.

Atrás de él preparaban ya un área para operar de emergencia.

"Mi pecosa…", decía Anthony sobrecogido, acariciando su pálido rostro, abrumado. Alguien se le aproximó entonces.

"Anthony, por favor, ¡déjala ir!", le decía el doctor Miller, intentando que soltara a la joven. "¡Déjala!"

"¡NO!... ¡Nunca la dejaré ir…! ¡Nunca!", decía el rubio.

"¡Suéltala, Anthony! ¡SUÉLTALA!", gritó el doctor.

"¡CANDY…! ¡NO! ¡CANDY!", luchaba contra las manos que querían arrebatársela.

"¡SUÉLTALA!"

De pronto el joven notó que en sus brazos ya no era Candy a quien protegía… era un pequeño bultito envuelto en una colcha blanca. Al apartar al doctor y enfermera finalmente para que lo dejaran, pudo ver por un momento a su protegido con claridad, y su corazón se conmovió al notar que se trataba de una bebé de cabello lacio dorado y ojos azules, que le miraba inexpresivamente pero que, al enfocar su vista en él, ¡le concedió la más brillante de las sonrisas!, riendo contenta.

"¡¿Hope?!", dijo el muchacho sorprendido, reconociéndola de inmediato.

Unas rápidas manos asieron entonces a la bebé, arrancándola de sus brazos, y corriendo la figura, con el mismo impulso, con la bebé hacia la puerta abierta hacia el pasillo.

"¡NOOO! ¿Pero qué hace?!", exclamó el joven Brower asustado tras él. "¡Es mi hija…!", el joven quiso moverse para seguirlo, pero se encontró de pronto sujeto por dos personas que le impedían seguirlo. "¡Suéltenme! ¡Suéltenme!", reclamó, y desesperado, se volvió para luchar contra sus captores, y se sorprendió de encontrar a William Albert y a George Johnson, sujetándole. "¡Pero ¿qué hacen ustedes dos?! ¡Suéltenme! ¡Déjenme ir con ella! - ¡HOPE! -", gritó el muchacho viendo hacia la puerta. "¡HOPE! "¡Déjenme ir! ¡HOPE!" La puerta aún estaba abierta, pero ante sus reclamos lentamente se comenzó a cerrar hasta que, al hacerlo finalmente, fue de golpe, creando un extraño eco que retumbó por toda la habitación.

"¡NOOO…!", gritó entonces el joven con desesperación, "¡HOPE…! ¡NOOOO…!"

"¡NOOOO…!", exclamó Anthony, abriendo sus ojos de golpe, y sentándose asustado, con su respiración agitada, en medio de su cama. "¡No…! ¡Hope…!", repitió el abrumado muchacho aún aterrorizado por la experiencia vivida, pero sintiéndose de pronto con un dejo de alivio. Sus ojos azul cielo miraron a su alrededor, reconociendo de inmediato su habitación en la mansión Brower, pero notó que estaba solo y que ya era de día. La luz de media mañana brillaba a través del ventanal.

Anthony tomó una respiración profunda para tranquilizarse, y cerrando sus ojos, exhaló tratando de que las recientes imágenes en su mente, no lo atormentaran. "Un sueño… todo fue un sueño", dijo para sí. El joven Brower se hizo al borde de su cama y apoyando sus antebrazos en sus piernas, tapó sus ojos con sus manos y, mirando hacia el ventanal con un suspiro, irguiéndose, repitió, "Fue un sueño…".

"¡Anthony! ¡Anthony, amor! ¡¿Qué sucede?!", escuchó la voz de su pecosa abriendo la puerta de la habitación de Hope y entrando con su camisón de dormir a la habitación, seguida de la enfermera Mallory, con el pequeño Matthew en sus brazos. Y Dorothy con Hope, tras ella. Las damas le miraron con expresión consternada.

"Candy…", dijo el muchacho, viendo a la primera, poniéndose de pie de inmediato, y rodeando la señorial cama, fue hacia ella y la abrazó con emoción, aliviado.

"¡Anthony…!", dijo la rubia, sorprendida, sintiéndose en el compás de los brazos de su esposo. Sin embargo, ella le abrazó de vuelta de inmediato, sin pensarlo.

Viendo la escena y que se quedaban así en silencio, Mallory y Dorothy apenadas, salieron de la habitación discretas, y cerraron la puerta de la habitación.

"¿Sigues preocupado, mi amor?", le dijo la pecosa, apartándose un poco luego de un momento, viéndolo hacia arriba y acariciando su mejilla, admirando sus facciones. Incluso de mañana, recién despierto, se veía tan guapo con esa sombra de barba y su cabello dorado despeinado que lo hacía ver tan sexy.

Anthony suspiró suavemente, bajando su mirada. "Tuve una pesadilla", admitió un tanto avergonzado.

"¿Sobre Hope?", preguntó la pecosa. "Te escuché decir su nombre." Le dijo.

Anthony asintió, "Entre otras cosas…", suspiró, mirándola nuevamente, y siendo ahora él quien acariciara la mejilla de la joven. Había sido tan terrible lo vivido que aún ahora le aterrorizaba revivirlo al contárselo a alguien, mucho menos a ella, así que se conformó con decir, "Fue un sueño complicado, amor, pero ya pasó", le dijo, sin entrar en más detalles.

Candy lo miró comprensiva. Sabía que cuando no hablaba de sus sueños era porque la involucraban a ella.

"No te atormentes, amor", le dijo la pecosa.

Anthony le sonrió y la acercó con cuidado por su cintura, mirándola con cariño. Su pancita aún era generosa, se veía cansada pero aun así se veía preciosa a sus ojos, con su pelo suelto sobre sus hombros.

"Recuerda que William te aseguró que te apoyaría sin importar las circunstancias, mi príncipe.", continuó ella para tranquilizarlo, acariciando su fuerte antebrazo en señal de confort. "Y te lo repitió también esta mañana."

"Sí, bueno.", dijo Anthony. "Como te dije en el desayuno, cuando hablé con él, después de despedir al doctor Miller, me dijo que George había avisado con otro telegrama que llegarían hasta hoy. Pero no sabemos a qué hora exactamente. Mi tío dijo que avisaría hoy temprano a la Mansión Andley para que los remitieran aquí cuando llegasen, para que yo pudiera estar presente sin tener que estar lejos de ustedes."

Candy asintió. "Qué bueno. Así lo sabremos de una buena vez.", dijo la rubia con seriedad. Anthony asintió con igual expresión.

Para ellos, luego del nacimiento de su pequeño, el día había empezado temprano para ambos.

Esa misma mañana, Candy había dado de mamar a su pequeño otra vez a las 6:00 am, y tras dejarlo durmiendo, ambos se habían acostado a dormir otra vez.

A las 8:10 am, oyeron ambos el llanto de su pequeño otra vez, y Candy, con ayuda de la enfermera y de él, le volvió a dar de mamar. Luego aprovechó Candy para tomar una breve ducha con ayuda de la enfermera Mallory, cambiándose de camisón, para luego poder desayunar junto a su esposo en la habitación - una taza de infusión de canela, y unas tostadas con mermelada y un poco de fruta, para ella -.

Anthony pensaba en ya vestirse y levantarse, pero Candy le pidió que se durmiera otra vez con ella, y el joven Brower, decidido a hacerle compañía y complacerla, se recostó otra vez junto a ella, y contrario a lo que esperaba, fue cerrando él los ojos y quedándose dormido otra vez, haciendo sonreír a su esposa, enternecida de verlo dormir tan profundamente en tan poco tiempo. Así que cuando Matthew volvió a llorar a las 10:05 am, Candy ya había llevado antes al bebé a la otra habitación con Mallory, para dejar dormir un poco más a su cansado esposo, saludando a su pequeña Hope también, cuidada por Dorothy, conversando con ambas sobre su parto de esa madrugada. Además, quería arreglarse un poco con ayuda de Dorothy luego de que Matthew se durmiera otra vez, porque su familia de seguro vendría pronto a saludarla, y conversando esto estaba con la pelirroja, cuando escuchó la voz de su esposo gritando en la habitación contigua, lo cual las asustó mucho a las tres.

Volviendo al presente, Anthony bajó su mirada y tomó ambas manos de su esposa, y llevándolas a sus labios las besó gentilmente, y luego viendo a la pecosa a sus verdes ojos, agregó, "Pero descuida, amor", le dijo, "pase lo que pase, estaremos bien", le dijo con sinceridad. "Veré que así sea."

Candy le sonrió de vuelta, "Lo sé, mi amor.", le dijo. "Confío en ti.", le aseguró también, con su prístina mirada.

Anthony le sonrió con sentimientos encontrados y abrazándola a él nuevamente, se quedó pensativo, acariciando su pequeña espalda distraídamente, recordado, sin querer, la desequilibrante sensación de su sueño. Tan solo esperaba que fueran solo sus temores por la tensión vivida esa madrugada la que se reflejara en ellos.

Una hora después, cuando Anthony y Candy presentaron a su pequeño Matthew junto a su pequeña Hope, en la ahora habitación de los dos bebés, las amigas de la pecosa la felicitaban y la elogiaban por verla tan bien, y se alegraban junto con sus familias y el resto de la familia Andley por el nuevo miembro de la familia Brower.

A petición de la tía abuela, en la sala del segundo nivel, asegurándose de que el pequeño estuviera dormido por el luzaso – la matriarca tenía esa pena por sus ojitos -, un contento Stear tomó la foto oficial de los esposos Brower con su pequeño Matthew. Luego, otra de Candy sosteniendo a Matthew solamente, teniendo de fondo el óleo de la madre de Anthony, y luego una de Anthony con su pequeña copia, como decían Stear y Archie sonrientes, cerca de un ventanal en el primer piso, desde donde se veía el rosedal de los jardines. Momentos después, una foto de la pequeña familia de cuatro, con Candy sosteniendo a Matthew y Anthony a Hope, en uno de los sillones de la sala de arriba otra vez. Y luego de los orgullosos abuelos Britter con Matthew y con Candy, y luego con Anthony y Hope. Otra de la tía abuela y William, con la tía abuela cargando al pequeño, luciendo una sonrisa tan especial, que nadie le había conocido antes, haciendo a todos sonreír también. Candy se tomó una con sus amigas y con sus guapos prometidos. Fue un momento muy especial, que tanto Candy como Anthony agradecieron a la tía abuela con un beso en la majilla.

"¿Y qué hay de mí?", dijo Stear haciendo puchero. El fotógrafo oficial estaba ofendido de que todas las felicitaciones fueran solo para la tía abuela.

"Pues si quieres yo también te beso", dijo Anthony de inmediato, dando un paso hacia él, con los brazos extendidos.

"¡No!, ¡olvídalo!", exclamó el inventor asustado levantando sus manos frente a él, causando la risa de todos. Candy los miraba sacudiendo la cabeza riendo con cariño, al ver a Anthony ir de todas formas y perseguirlo, mientras Stear huía divertido entre todos los invitados, hasta que lo alcanzó junto a Archie, quien bloqueó a su hermano la fuga de la sala, logrando que Anthony los abrazara a cada uno con un brazo, agachándolos, haciendo fuerzas con ellos, como cuando niños, para risa de todos los presentes.

Luego del ameno almuerzo, al cual les invitara Anthony a todos para festejar el nacimiento de Matthew, tanto Stear como Archie, junto a sus prometidas y familiares, se decidieron a pasar la noche en la Casa Brower - como la tía abuela había temido -, pero sin que a Anthony o a Candy pareciera molestarles en lo más mínimo, a pesar del pendiente que tenían con su tío por Hope.

La Mansión Brower quedó un tanto vacía a la hora de la siesta, momento en el que el doctor Miller regresó para revisar a la pecosa, encontrándola muy bien, y pidiéndole se recostara y descansara más, dejando la atención de la familia a su esposo y padres. Con su familia y amigos ya entretenidos en diferentes partes de la casa, Candy intentó dormir entonces un poco más, bajo la supervisión de Mallory, despertando únicamente para alimentar al pequeño cada vez que tocara.

William recibió entonces a Charlotte quien, tras recibir una llamada de él mismo anunciándole del nacimiento, le informó a su prometido que llegaría junto con su padre a conocer al pequeño por la tarde.

Tras llegar, como una excepción, Charlotte subió y se quedó platicando con Candy en un momento que amamantaba al pequeño, dejándole luego a Matthew para que Mallory le enseñara a cómo sacarle el aire tras comer y luego arrullarlo. La joven castaña de hermosos ojos grises estaba feliz de aprender. Y estaba muy emocionada aún más al ver lo parecido que era el pequeño a su padre Anthony y no pudo dejar de emocionarse de pensar también que, algún día quizás no muy lejano, ella podría también tener un pequeño varoncito igual de bello, igual de parecido a su William.

Mientras ellas conversaban, muy contentas, el señor Frederick bajó a tomar una taza de té con los señores Britter y con la tía abuela, y Anthony y William aprovecharon para disculparse del té, aduciendo asuntos de la Fundación Brower, y se retiraron al despacho, circunspectos, a esperar la tan ansiada visita de su administrador George Johnson. El reloj daba las cuatro y media, cuando el teléfono sonó sobre el escritorio.

Apresurado, Anthony levantó el auricular. "Casa Brower, buenas tardes", dijo él.

"Tan educado y acucioso como siempre ¿no es así, Brower?", se oyó una voz familiar al otro lado de la línea. "Deberías dejar contestar a tu personal de vez en cuando", le dijo, "No sea que los malacostumbres y se aprovechen de tu nobleza."

"¡Terry…!", dijo el rubio menor con molestia, poniendo en alerta a su tío que se aproximó al escritorio de inmediato para ver de qué se trataba.

"¿Cómo es que llamas aquí?", dijo sorprendido. "¿Necesitas algo?", preguntó Anthony, tratando de no sonar tan maleducado.

"Pues tu tío tiene la costumbre de siempre hacerse el esquivo. Así que la última vez que estuve por allí, pedí el número de tu casa a tu mayordomo, por si acaso. Y como llamé a la Mansión Andley y no estaba - por asuntos familiares, me dijeron -, asumí que su hijo ya había nacido. Felicidades si es así. - Espero todo haya salido bien para ustedes." -, agregó, sorprendiendo otra vez a Anthony.

"Eh… pues, ¡sí! Tienes razón, Terry. Justo nació esta madrugada. Un varón.", dijo el joven Brower un tanto desconcertado, aunque sonriendo al recordar a su guapo pequeño.

"Asumo que Candy está bien entonces.", dijo conteniendo su gran interés de saber.

"Pues sí", dijo Anthony. "Gracias a Dios, todo salió bien y ahora descansa. Ambos están bien."

"Me alegro mucho", dijo el castaño. "Te felicito.", agregó.

"Gracias, Terry.", dijo Anthony, ya acostumbrado a tratarlo más familiarmente. "Estamos muy contentos en la familia en realidad."

"Me imagino.", dijo el inglés.

Hubo un incómodo silencio.

"Eh… ¿podría hablar con tu tío entonces?", dijo Terry, volviendo a la conversación.

"Por supuesto.", dijo Anthony, saliendo de su actitud pensativa. "Dame un momento.", Anthony tapó el auricular. "Es Terry, quiere hablar contigo.", le dijo.

William asintió y cediéndole Anthony su lugar en el escritorio, le entregó el teléfono a su tío.

"¡Terry!", dijo William Albert al contestarle. "Como siempre, sabes cómo encontrarme.", sonrió, sentándose en el sillón gerencial de su sobrino.

El rubio mayor escuchó lo que el joven Grandchester respondía y los ojos verdes de su tío se centraron de pronto en la imagen de su sobrino, de pie junto al ventanal tras de él, en el despacho. "Sí, así es.", respondió entonces, con un tono de voz algo neutro.

"¿Sabes qué, tío?", dijo Anthony entonces, sintiéndose un poco incómodo con la situación. "Te dejo para que hables tranquilamente con Terry. Te vendré a avisar si llegan los demás", le dijo, sin esperar respuesta, y caminó hacia la puerta.

"Anthony…", dijo su tío tras él, apenado. Anthony le sonrió.

"Descuida, tío. Te veo después", le dijo y salió, cerrando la puerta tras de sí.

El interlocutor de William Albert habló nuevamente por el auricular. "Sí, ya salió.", dijo el patriarca un tanto contrariado.

"Bien, porque lo que te voy a decir, debe quedar solo entre nosotros.", dijo el joven Grandchester con seriedad, y William Albert, frunciendo el ceño, se recostó en el respaldo del sillón gerencial, y escuchó lo que su amigo inglés tenía que decirle.

Continuará…

¡Gracias por leer!

¡Sorry por tenerlas en ascuas todavía! ¡Qué nervios! ¡Pero la historia se maneja sola! Y el tiempo me ha sido escaso.

Muchas gracias por sus comentarios, queridas lectoras. Aunque no lo crean, se alegra uno mucho de saber que no está hablando solo en la distancia y que alguien disfruta de la historia en alguna parte. ¡Ji, ji, ji!

¡Gracias, queridas Cla1969 (¡Grazie mille per il tuo bel commento, amico mio! Mi fa sentire come se fossi stata in grado di onorare lo sforzo e l'amore delle mamme. ¡Grazie!); gracias Anguie (¡Qué bueno que te gustó!), Sharick (Estoy de acuerdo, amiga, ¡ellos son tan especiales e inspiradores!), Guest (¡Muchas gracias!, y ¡bendiciones también para ti!) y Julie-Andley-00 (¡Un abrazo!)! ¡Les agradezco a cada una!

¡Y gracias a todos los lectores silenciosos también!

Un abrazo,

lemh2001

25 de abril de 2024

P.D. Se publicará la continuación el lunes 29.