Yeva -su babushka, su abuela- había vuelto a sus artes... mágicas, que decían la tenían en la locura. Así que se dio un tiempo para ayudarlas a restaurar la casa, echando a saco roto las continuas llamadas de La Reina para integrar a su Guardia Personal, en la Corte Misma de Pensilvania.
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Una noche, en su vieja habitación llena de recuerdos y cosas olvidadas, -y en el viejo colchón en el que descansó hasta los dieciocho años-; DMitri cerró sus ojos, cansados y tristes.
Pero se despertó renovado. Por primera vez desde los días de la academia, pudo dormir profundamente y lograr descansar.
Un sueño -claro y consistente- y un mensaje que se sintió muy real.
Un amor y una familia. Y la amaría con su alma y cuerpo. Eso era seguro.
Lo haría.. fuera moroi, wicca, lycan, humana, dhampir y sí, unicornio.
Su abuela observó su humor y sonrió. ¡Ah, ya lo sabía!. Claro.
Era la hora. La iba a conocer muy pronto. Demasiado.
Y del shock... no se repondría nunca.
"Anoche tuve un extraño sueño", dijo DMitri a su Babushka, de la nada. "Alguien... que moverá mi mundo".
Un golpe en la puerta los puso en alerta. Su Babushka se levantó y abrió sin mirar.
Al otro lado había un moroi alto y bronceado. Dos guardianes y una dhampir pelirroja ¿otra guardiana?. Pues no lo parecía.
"Demoraste, Zmey. Pasen. DMitri ya está acá".
Ibrahim Mazur. Abe -Zmey- Mazur. En la casa.
Estaban atrapados.
No importaba qué hubieran hecho. No tenían salvación.
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"DMitri, tengo un trabajo para tí. Nuestra hija Roza Maryem fue secuestrada. Desde el auto en que viajaba con los Dragomir. Y no hemos recibido noticias. Vas a buscarla".
Y le pasó un dossier.
DMitri dilató los ojos ante la foto. ¡Era ella! ¡La mujer de sus sueños!.
¿Un momento?, ¿Camino a Pensilvania? ¡Eso era al otro lado del mundo!.
Flashback
El Lycan Alpha tenía las cosas claras. Y así se lo exigió al Rey Sangriento Strigoi.
Quería a una mujer.
Una que fuera capaz de llevar sus propios cachorros a término. Pero como mujer lobo, obviamente. No una moroi o una humana.
Ninguna de las que había mordido sobrevivieron los primeros meses de los embarazos forzados. Ninguna nacida lobo lo permitiría. Lo mataría primero.
El Rey Sangriento Strigoi lo consideró... poco probable. Claro, él - el alfa lycan- era invaluable a sus planes.
Pero él mismo era un strigoi -no era Merlín- y no hacía magia.
Las mordidas no llegaban a parir cachorros. La transformación forzada las mataba antes.
Sólo podían las nacidas lobo.
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Necesitaba a poderosos morois de los 5 elementos para -siquiera- tener la imagen de la tan ansiada mujer que podría acarrear cachorros Lycan... en algún momento de los tiempos.
Así, con los 5 morois que pudo conseguir, lanzó el encantamiento de visión: Mujer. Joven. Fértil. Capaz de llevar -y parir- a cachorros lycan... en estado Lycan...
Y sólo apareció una mujer. Dhampir.
El Rey Sangriento dilató los ojos. Dhampir. La única posible...
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"¡Es dhampir!", se rió.
Híbrido.
No reproducible con otro que no fuera moroi.
¡Eso era una broma cruel del destino!.
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"Si puede parir a mis cachorros en forma lupina, nada más importa... es dhampir. No tiene magia como una moroi o una bruja".
"Escúchame bien, entonces... En la carretera a Pensilvania, en el mismo día de ésta Luna Llena; pasará un automóvil con 4 morois, dos guardianes y ella. Sólo llévate a la dhampir. Los demás deben vivir... Sólo la mujer dhampir, recuerda".
"¿Sólo eso?, ¿algo más específico?".
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El Rey Sangriento Strigoi se encogió de hombros.
"Es lo único que se ve. Esta luna llena, Pensilvania. Ella en un auto, con morois y con guardianes... ¡Te la estoy dando en bandeja, Lycan!, incluso te prestaré mi avión. Sé que estás escaso de fondos".
Los Lycan esperaban en el auto rentado. Las indicaciones eran precisas.
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Un auto lleno de morois tenía cristales opacos de día.
Bajados en el atardecer.
Dos guardianes en los asientos delanteros.
Los morois en segunda y tercera fila.
Y entonces lo vieron acercarse, a velocidad crucero.
Emboscaron el auto -que chocó contra un árbol, a la vera del camino- y esperaron a ver si había movimientos.
Estaban inconscientes. Todos.
Así que forzaron la puerta trasera y encontraron a la mujer... no. La niña, ¡porque no podía tener más de 17 años!.
Llamaron a la policía de Pensilvania -no tenían nada en contra de ellos- y se la llevaron.
Ni siquiera echaron una mirada a los otros ocupantes y si lo hubieran hecho, quizás hubieran reaccionado diferente... o quizás no.
Los morois no eran asunto de los Lycan mordidos.
Condujeron al pequeño aeródromo -en dónde esperaba el avión privado- y se la llevaron a Rusia, dejando a los ocupantes del auto liberados a su suerte.
En el auto iban El Príncipe Eric Dragomir, su Consorte Lady Dragomir; sus hijos Lord André y Lady Vasilissa; los guardianes y la novicia asignada a Vasilissa por Las Pruebas de Campo. Roza Maryem Hathaway Mazur.
Vasilissa abrió los ojos al ruido de la quebrazón de los vidrios y gritó al ver a un grupo de hombres llevándose a Roza.
Roza entraba y salía de la inconsciencia.
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El golpe había sido en la cabeza y no habían pensado en -siquiera- limpiar la sangre o ponerle paños fríos. Si. Cómo sonaba.
Ellos eran Lycans, claro -pero también- muy brutos.
Despertó entre mantas muy calientes y paños muy fríos en la frente.
Estaba en una especie de choza -caldeada por una hoguera- y cubierta... por pieles, no por mantas.
Muy medieval, si me lo preguntas.
"Debo estar soñando, ¿cierto?, pieles, una choza y... ¿paños fríos?".
"No es un sueño", entraba un hombre.
La miró de arriba a abajo y Roza frunció el sueño, cubriéndose.
No era carne ni eso una carnicería.
"¿Y tú quién eres?".
"Puedes llamarme Greyback".
"Puedes llamarme Greyback", y lo imitó en su mejor y sarcástica voz; "¡Qué idiota suenas!. Ok. ¿Quién cresta eres?, No. Mejor. ¡Dónde estoy!, ¡Qué hago aquí!, ¡Exijo una explicación!".
"¿Y quién eres tú para exigir respuestas, dhampir?".
"Yo pregunté primero, bruto... ¿Greyback como el lycan que...?, ¿Oh?, ¿eres un mordido?".
"¡No soy un strigoi!".
"Dije mordido, no un strigoi, ¡qué bruto!, ¿son todos así?, ¿brutos?, ¿los escoges por una escala de bruteza?, ¡Greyback, ja!, ¿Y qué hago aquí, entonces?".
"Éste será tu hogar ahora. Vendrá la nueva Luna Llena. Voy a morderte. Y quedarás embarazada de mis cachorros".
"Soy dhampir. Básicamente, una mula. Así nos llaman. Híbrido por aquí, ¡Hola!".
Él salió sin responder -más- a sus insultos.
Greyback nació humano.
Jamás había entrado en contacto con morois o con lycans hasta que lo mordieron a muy temprana edad y lo dejaron en el lugar para morir.
Pero era hueso duro de roer.
Y persiguió a su creador, a quién mató y se lo bebió... enterito.
Pero nunca supo que este viejo -y casi desquiciado Lycan- venía de una larga línea de Lycans que podían trazar su maldición al Lycaos de Tracia.
Lo que hacía de su sangre la más pura.
Tanto, que podía compararse con los nacidos Lycan.
Pero Roza no era la primera en su clase, por nada.
Su madre era una Guardiana brillante -dhampir- y ¿su padre?, era el Zmey Mazur.
Bueno. Ni idea dónde andaba seseando el viejo Zmey...
Así que comenzó a ver cómo escapar. Tenía un mes para hacerlo.
Antes muerta que loba dhampir.
Sólo las nacidas lobo podían sobrevivir a las transformaciones.
En una vieja bolsa que encontró, echó cuanta cosa pudiera ser útil.
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Sí, como ropas, por muy raídas que estuvieran, pero limpias; algo de dinero -¿qué moneda era esa?-; mapas -¡que idioma horrible era ese!-; y lo más parecido a algún arma. ¿una rama?, ¿una... varita mágica?, ¡Ni idea!
Un mes encerrada en la choza. Bueno, en la comunidad lycan.
Ojos vigilando cada paso que daba.
¡Y nada de tecnología!, no recordaba que le hubieran dado clases de señales de humo o con espejos o alguna cosas así... ¡Que inútil era la academia en estos momentos!.
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La luna llena asomaba en el horizonte. Sería matarlo o morir. Nop.
Matarlo y escapar entre perros rabiosos.
Greyback entró, listo para cambiar de formas, quitándose la ropa y con él... su varita lista para su magia... debilucha, en apariencia.
Nada que una piedra no pudiera romper.
Greyback cambió y se abalanzó sobre ella. Rose fintó, pero no pudo evitar la mordida.
Pero no le permitiría tocarla.
Lo golpeó con una roca filosa y -cuando se inclinó para revisar su pulso- notó que estaba vivo.
Pero inconsciente.
Y para rematar...lLo golpeó en las bolas -ya de por sí, llenas de semen- y estallaron en un no orgasmo... que lo dejaría con un dolor... eterno. O eso esperaba.
En la casa de Yeva Belikova
"Mi hija fue asignada a Vasilissa Dragomir como novicia en Las Pruebas de Campo", explicaba Abe a DMitri. "Jani insistió en quererla en esa academia", y la miró feo, pero ella ni siquiera pestañeó. "Porque tu tía la llenó de regalías. Y a Jani le interesaba la disciplina. Pero fue Inútil. En fin, iban a Pensilvania y el auto fue emboscado. Si confiamos en la niñita Dragomir", movió la cabeza, como diciendo... si, seguro; "hubo un quebrazón de vidrios y unos hombres se llevaron a nuestra hija a un auto... Hubo una llamada a la Policía. Pero nuestra hija no estaba con ellos. La hemos buscado por todas partes... Hasta que recibí un mensaje de Yeva y confío en su instinto. Y si dice que la encontrarás, lo harás... mira, muchacho. Que seas o no el sobrino de Tatiana me tiene sin cuidado. Nuestra hija es commoner como yo y es dhampir, como su hermosa madre", le sonrió y ella tampoco respondió... tanto; "pero no por eso permitiré que digan que... no es prioritaria. ¿Comprendes?, puedo hacer tu vida un infierno -digamos, revelar quién es tu Mate a tu tía-, si te comprometes y no cumples".
"¿Y si la encuentro, que conseguiré?".
"Muchacho, mi Eterna Gratitud bastará por ahora... Pero como digo... es eterna. Ahora bien, muchacho, nuestra Rose es... difícil. Más bien... imposible de controlar. Es la energía de su madre con mi carácter. Es mi Jani con mis ojos y mi pelo, linda, ¿verdad?", sonrió cariñosamente a la adusta Guardiana.
Un momento. ¿Ella era La... Guardiana Janine Hathaway?.
"Y llévate al otro muchacho. Le hará bien cambiar de aires", se levantó y salieron; sin decir nada más.
"No demores, DMitri", le dijo su Babushka. "Y, sobre todo, no necesitas ir tan lejos. Parte por Baia y ve avanzando por Rusia. Esa niña no está dónde su padre y su madre creen que está".
"¿Y porqué no lo dijiste?".
"¿Cuál es la diversión de eso?".
Yeva sabía que esperar.
Sabía que ella había sido secuestrada -¿por qué?, eso no sabía- y había escapado y había que encontrarla antes que los otros lo hicieran.
La había visto cerca del colapso, con sangre seca y ropas rotas.
Pero seguía siendo ella. Fuerte. Y brillaba.
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"No demores", repitió. "Ella está en peligro".
Y le pasó algo -un paquetito- para alejarse, riendo a mandíbula batiente.
Se lo había pasado Abe, al despedirse de ella.
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Dimitri abrió el paquetito y adentro había... ¡una pantaleta! y no estaba... estaba...
Se la llevó instintivamente a la nariz. Aspiró profundamente.
Y fue invadido por su aroma.
Alejó la pantaleta al darse cuenta de lo qué hacía.
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¡Y de la cara de su madre, hermanas y sobrinos!.
Se sintió totalmente avergonzado y lo metió en su bolsillo. Pero su aroma aún seguía consigo.
Iván era hijo de una moroi de aire.
Y -aunque Lycan- heredó de su madre -y duplicó- su capacidad olfatoria.
Obviamente, era por eso que Abe le había sugerido que fuera con DMitri.
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Lo miró -y a la pantaleta- que DMitri sujetaba casi posesivamente.
"Si no me la pasas, no puedo olerla, ¿sí?. Usado de sabueso, ¡qué vergüenza!. Anda, pásala. ¡No voy a comérmela!".
La tomó de sus manos y la llevó a la nariz, aspirando profundamente.
Cerró los ojos y las moléculas de aroma formaron una imagen.
Abrió los ojos, sorprendido.
"Mujer. Obviamente. Dhampir... ¡es muy joven!, las hormonas le zapatean... y... ¿me creerías si te dijera que está en Rusia?".
"Babushka dijo algo así... ¿cómo lo habría creído?, ¡Es la hija de Zmey!".
"Iba con los Dragomir. ¿Cómo sospechar que los emboscarían?".
