CAPÍTULO LIX
DESILUSIÓN
(Hace más de dos años)
Y como sucede por esa fría época del año, la densa bruma se arrastraba al ras del suelo, dándole a todo lo que rodeaba un aire de misterio.
En las lejanías, de vez en cuando se podían percibir disparos, anunciando que en cualquier momento daría inicio un feroz combate.
Y ahí dentro de las covachas y sobre sus improvisadas camas, entregados al descanso yacían aquellos hombres y mujeres. Esa era la única forma en la que podían escapar de la terrible realidad que de día los acosaba. Además que pocas eran las veces que se podían permitir bajar la guardia.
De pronto el galopeo de un brioso caballo interrumpió la paz en que se encontraban y aún más el anuncio de su valiente jinete, quien había logrado burlar las líneas enemigas para llegar hasta ese punto; "Correo, les he traído el correo"
Aún recostada en su tienda de campaña y con los ojos cerrados a la poca claridad de la mañana, la hermosa rubia quien alguna vez fue la más divina de las deidades y que por insubordinación hacía varios meses había sido transferida a esa unidad, se cubrió los oídos ante el relinchar del animal, pero una vez que el hombre volvió a dar ese tan esperado anuncio, presurosa tomó su abrigo y calzó sus botas para acudir a su encuentro.
Y al igual que ella, los demás se amontonaron alrededor del soldado. Con toda su alma deseaban que entre sus misivas se encontrara una dirigida a ellos y así encontrar entre sus líneas un poco de ese calor de hogar.
Uno de esos afortunados, con cariño y lágrimas corriendo por sus pálidas mejillas se llevó el trozo de papel al pecho; "Mi hijo el más pequeño ya va a la escuela"
Entristecido ante las malas noticias, otro dejó caer sus brazos; "Mi madre murió hace varias semanas. Me he quedado solo"
Desde la distancia, en silencio su comandante observaba esa escena en la que se mezclaba la alegría y la tristeza.
"¿Tú no vas?", preguntó el tuerto Fiódor, quien durante la última batalla había perdido el ojo derecho. Cosa que poco le importó, y es que pese a sus heridas seguía vivo.
"No tengo a nadie que me escriba", Haruka dijo cruzándose de brazos.
"¿De verdad no te queda nadie?... ¿Familia lejana?, ¿Alguna amiga que espere por ti?"
"Nadie", replicó y llevando ambas manos a los bolsillos de su pantalón, se alejó. Sentándose detrás de su improvisado escritorio, tomó los mapas para darles una rápida revisada.
Por su parte y muy ilusionada, la rubia Mina se acercó al mensajero y sonriendo, cuestionó; "¿Hay carta para mí?". Anhelaba leer una sola frase suya, noticia buena o mala, o lo que fuera que le confirmara que él seguía con vida.
El sujeto negó con la cabeza y de forma ligera se encogió de hombros; "Lo lamento mucho, cariño. No tengo nada para ti. Ojala y sea la próxima semana"
"Lo supuse, gracias", entristecida porque siempre era lo mismo contestó, luego comenzó a caminar en la misma dirección por la que había llegado.
Un joven sargento la observó y dándole un pequeño codazo a su compañero, abrió la boca; "¿Sabes tú qué le ocurre?"
El otro asintió; "Cuando estuve herido la escuche decirle a la médico que su prometido fue reclutado por la fuerza, motivo por el que ella decidió acompañarlo. Nadie sabía que estaban juntos hasta que su comandante los descubrió, así que para reprenderlos los envió lejos uno del otro... ahora ella no hace otra cosa más que esperar sus cartas", replicó.
"¿Dónde está él?", cuestionó el pelinegro Alexei.
"En algún lugar vivo y peleando, o muerto y enterrado bajo un árbol"
"¡Vaya!", sorprendido ante la bravura de esa menuda mujer, expresó el enamorado Nikolai.
En lo alto, el rojizo del atardecer se mezclaba con el brillar de las columnas de fuego mientras que el inentendible griterío de unos y otros se perdía con el retumbar de la pesada artillería.
Y ahí, en medio de esa infernal sinfonía, ya sin fuerza para continuar Mina se arrastraba sobre el filoso suelo para ir en auxilio de cada uno de sus compañeros heridos.
"No, no es Armand", no muy animada porque alguien esperaba por esa persona, expresaba cada vez que se encontraba con algún fallecido.
"Ayudame. No puedo moverme", uno de sus camaradas, enterrado a consecuencia de una violenta explosión, chillo.
"¿Dónde estás?", ella sin poder verlo cuestionó.
"Aquí", tomando fuerza fue capaz de alzar la cabeza.
Ella corrió en su auxilio y con sus desnudas manos comenzó a cavar la tierra, luego tomó una venda para cubrirle la profunda herida de la frente, la cual representaba el menor de sus problemas.
"¿Me voy a morir?", observando su pecho abierto, temblando cuestionó.
"No voy a permitirlo", ella respondió y entonces la maldita escena que se abrió frente a sus ojos la distrajo.
Era él, su amado Armand que era transportado detrás de la línea principal luego de ser alcanzado por una bala enemiga.
Para su mala fortuna en ese preciso instante a su lado una granada explotó, arrojándola a ella lejos y arrancándole la vida al mal herido sujeto que atendía.
Y fue ante el molesto ruido que del exterior provenía que agitada Mina despertó, alejandola de esa pesadilla, pero no del recuerdo de lo que esa noche sucedido.
"Pude salvarlo, pude haberlo cargado, en cambio me distraje. Aún no entiendo porque lo hice, sí Armand ya estaba siendo atendido", cubriéndose el rostro con ambas manos se lamentó. No cabía duda, las palabras del castaño Nicolás le refrescaron la memoria.
Así que sin tiempo que perder se puso en pie.
"¿Estás bien?", cuestionó la cirujano al ver como de sus mejillas el color huyó.
"Si, tuve una pesadilla", expresó limpiándose el sudor que acudió a perlarle la frente.
"Jamás se iran", Mizuno, que también las tenía, señaló.
"Dudo mucho que haya alguien que esté libre de ellas"
Mizuno se mordió los labios y encontrando el valor necesario, luego de meditar un poco los abrió. "Mina, sobre lo de ayer... si, lo sabia y Fiódor no debío... lo lamento mucho"
"Esta bien, no fue su culpa. Ese es nuestro secreto", dijo guiñandole un ojo a lo que la otra asintió.
(Del otro lado)
Contemplando el magnífico trabajo que los civiles hicieron, satisfecho el rubio sonrió ante la finalizada construcción.
"¿Y el color?", cuestionó el comandante a cargo.
"No seré yo quien lo elija", expresó pensando que nadie mejor para darle color a su hogar más que ella, su amada, quien pronto podría regresar.
Y sin duda el día habría sido como cualquier otro, sin embargo hacía media mañana todo cambió porque de pronto el transitar de aquella veintena de pesados camiones militares quebranto la tranquilidad de toda la ciudad.
"¿Qué sucede?"
"¿A qué se debe todo este alboroto?"
Fueron las preguntas que surgieron ante su desfile.
"¿Se tratarán de insumos?", cuestionó Mizuno al ver que se dirigía al centro de la ciudad.
"O quizás se trata de él, de Stanislav que viene a ver la ciudad con sus propios ojos", Mina señaló.
"Nos los hubieran informado para que hiciéramos guardia, así que lo creo poco probable", desconcertada replicó la castaña Lita.
El desfile continuó su camino, llamando la atención tanto de los civiles como de los oficiales y provocando que unos y otros salieran a ver qué pasaba. Incluida Michiru, que dando su clase hizo una pausa para asomarse por la ventana.
"¿La guerra volvió a empezar?", nervioso cuestionó uno de sus pequeños alumnos.
"No lo creo", contestó la aguamarina para tranquilizarlo, aunque su propio ánimo también se había turbado. "Será mejor que se alejen de las ventanas y regresen a sus lugares", titubeante ordenó.
(Centro de mando)
"Ya llegaron", contemplandolos desde la ventana de su oficina, no muy contento el general Volkov señaló.
Y a penas los camiones se detuvieron abrieron sus puertas para que sus uniformados y emocionados ocupantes descendieran.
"¿Son refuerzos?, ¿Para qué?", frunciendo el entrecejo Mina cuestionó.
"Espero y no se trate de otra guerra, ahora una civil en la que tengamos que elegir algún bando", recordando las terribles historias que de sus padres escucho, dijo Mizuno.
"Son los hombres del general Mikhailov", Haruka, que acababa de llegar, señaló.
"¿Mikhailov?, ¿Qué hacen aquí?. ¿Qué no se supone que ellos estaban en la nación del emperador ayudando en su reconstrucción?", Lita cuestionó.
"Así es, muchos de ellos pertenecen a los batallones que se supone hace meses debieron llegar, pero que fueron movilizados a ese punto"
"Nadie dio aviso alguno"
"Hace varias semanas el general Volkov pidió voluntarios que quisieran ir a ese lugar en una especie de intercambio, así que no creí conveniente decirles nada porque sé que se hubieran negado, después de todo están tan cerca de regresar a casa. Ellos vinieron a conocer el lugar desde el cual esta maldita guerra fue ordenada. Estaran aqui algunas semanas y luego vendrán otros"
Más allá los recién llegados se formaron para recibir las órdenes correspondientes, las cuales incluían no molestar a los civiles y acatar las órdenes de los que serían sus nuevos comandantes.
Y fue ante su presencia y el desconocimiento, que los civiles que cerca transitaban huyeron y aquellos que estaban en sus hogares aseguraron puertas y ventanas.
"¿A qué habrán venido?"
"Solo ellos lo saben"
"Nada ganamos con que la mitad se haya ido, si han llegado más"
"Esperemos y no nos causen más problemas"
"Si Él viviera nos animaría a pelear para echarlos"
Era lo que aquí y allá murmuraban.
(Preescolar)
Y apenas el rubio llegó, el pequeño Hans, que tendría que regresar solo a casa porque su madre había caído enferma, con fuerza se sujetó a su mano. Acción que desconcertó al coronel luego de que lo apedreara por tocar a la aguamarina.
"¿Qué pasa?", cuestionó.
"Coronel, Hans me ha pedido que lo acompañemos a casa, su madre...", Michiru no alcanzó a decir.
"Por favor, la profesora dice que usted es bueno", el chiquillo suplico.
"Si, está bien", Haruka contestó con su mano aún sujeta a la del niño.
"Está muy ansioso por los camiones que llegaron, cree que un nuevo combate se avecina", también nerviosa, la joven señaló.
"Nada de eso, ellos pelearon contra el emperador y vinieron a conocer la ciudad"
"¿Son buenos?", cuestionó el niño.
"Si, no hay de qué preocuparse", Haruka dijo esperando que no dieran problemas.
Así pues, tomados de las manos los tres emprendieron camino hacia el hogar de Hans, trayendo al rubio el recuerdo de aquellos días en los que él y su familia salían a pasear. Sin embargo aquello era cosa del pasado y sonriendo ante la aguamarina, se concentró en el presente y aquello que el futuro pudiera traerles.
(Cerca de ahí)
Mina, esperando que la pelinegra Reí y el castaño estuvieran bien, caminaba sin que preocupación alguna la atormentara, hasta que un oficial apareció a su encuentro para bloquearle el paso.
"Espera, ¿Te conozco?", sonriéndole de forma coqueta, cuestionó.
"Lo dudo", no reconociendolo y concluyendo que era uno de los hombres de Mikhailov, ella continuó su camino.
"No me ignores, cariño. Deberías ser más amable", expresó soltando una corta risa.
"Ve y molesta a alguien más", fue su contestación.
A pocos metros de ella y como si se trataran de turistas, los recién llegados recorrían las calles, relatando en sus diarios lo que iban contemplando mientras que los que tenían oportunidad sacaban fotos.
A su paso Mina los miraba sin prestarles atención, hasta que de pronto hubo algo que la hizo detenerse.
Ante el reír y hablar de un animoso hombre sus labios se secaron y a sus pulmones faltó aire. Dándole la sensación de que en cualquier momento se derrumbaría.
Volviendo la inquieta mirada entonces contempló a media docena de oficiales, pero entre todos fue el que hablaba el que llamó toda su atención.
"¿Será posible?". Siendo invadida por un violento escalofrío y pensando que debía tratarse de una juguetona casualidad, Mina avanzó hacia él, hasta que quedándose a prudente distancia titubeante lo llamó; "¿Armand?"
El pelinegro guardó silencio y volviéndose hacia ella, la agradable sonrisa de sus labios se desdibujó, dando paso a una desencajada mueca.
"¿Mina?", también titubeante cuestionó.
Ante ese ya inesperado reencuentro la rubia sonrió, dejando que el llanto le nublara la azulada mirada
"¿Es real?", ella preguntó sin que la impresión la abandonara, creyendo que de un momento a otro despertaría de ese largo sueño.
"Si", contesto sin que emoción buena o mala acudiera a él.
Ella dio un paso más y apenas iba a abrazalo, sin razón aparente la detuvo. "No, espera", pidió tomando su mano para alejarla del grupo.
Y fue ante su acción que desconcertada Mina se quedó sin palabras, pero aún así le acomodo el rebelde cabello que sobre su frente cayó. Al mismo tiempo su propia alma fue embargada por un tumulto de emociones que iban desde el miedo y la tristeza, hasta la alegría
"Mina, pensé que... no creí que...", Armand murmuró sin saber que decir.
"¡Armand, estás vivo!", ella siseó volviendo a tocarlo.
"Si... es solo que...", impaciente observó en todas direcciones, como buscando algo, o a alguien.
"¿Qué pasa?", de pronto a su espalda aquella hermosa y uniformada castaña cuestionó.
Ante su presencia el pelinegro dudó. "Esta bien, Alisa. Me he encontrado con una vieja conocida. Vivíamos en Vladstok", con la mirada fija en la de la rubia, sin ninguna expresión en su rostro señaló; "Mina, ella es mi esposa"
Para la alguna vez insufrible deidad sus palabras y esa maldita indolencia dolieron más que cualquiera de las heridas que en combate sufrió. Así que sin tiempo para asimilar lo que acababa de escuchar, huyo de él, dejando que el llanto resbalara por sus mejillas.
"Todo este tiempo esperando por él... todo este tiempo torturándome y pensando qué diría si él llegara a saberlo. Preguntándome si él hubiera perdonado cada una de mis faltas, porque sin dudarlo ni pensarlo yo lo habría hecho, pero esto... esto no tiene nombre"
"¿Qué ocurre?, ¿Te hirieron?", cuestionó Mizuno al verla ingresar tan agitada.
"Él… él volvió", expresó encontrando refugio en sus brazos. Y es que después de todo nadie llegó a conocerla mejor que la cirujano.
"¿Tu esposo?"
Ella asintió. "Está vivo y regreso, pero del brazo de otra mujer"
" Todo parecía estar en orden para ella y ahora todo su mundo ha vuelto a desmoronarse. ¿Algún día encontrará la paz que merece?", afligida pensó.
(Esa noche)
Recostada en su cama, la rubia lloraba.
"Desde que no volví a saber de él debí hacerme a la idea de que había muerto... Si, Mizuno siempre tuvo la razón, en lugar de esperar a encontrarme con él debí regresar a mi hogar... sin duda ahora seríamos muy felices", abrazándose con todas sus fuerzas a la almohada, a ella regresó el dolor más grande que una mujer puede llegar a padecer, ese dolor que aún pese al paso del tiempo no desaparece. "No tengo ningún perdón por haberlo pensado ni por habérselo pedido a Mizuno, pero Dios sabe que no fue mi intención", murmuró deseando que todo se tratara de una maldita pesadilla.
Notas de autor;
Hemos tenido mucho HaruMichi, así que hoy abordamos el vivir de Mina.
Michelle; Espero que te mejores pronto. Para todos las cosas van mejorando, en cambio la pobre Mina vuelve a sufrir al saber que toda su espera fue en vano.
Kaiohmaru; Mina cambió desde esa vida y la prueba de ello es la relación que mantiene con Reí, a quien no ve como enemiga, esperemos y de esa forma llegue a ver a Michi.
Isavellcota; No te preocupes, Haruka no tiene que darle explicaciones a nadie dado su rango, además es libre, aunque nada de eso ante los demás borra que sean "enemigos".
