Era de mañana cuándo las voces dentro del monasterio parecieron inquietarse. Eclipse había tenido una buena noche, se sentía descansada a pesar de que aún era demasiado temprano para iniciar su día, tal vez podría dormir un poco más, pensó acurrucándose bajo la delgada sábana de algodón hasta que, entre el cotilleo de los monjes, comenzó a distinguir el nombre de la forastera.
"Necesitamos el equipo médico, es probable que Piandao requiera un par de suturas en la cara"
¡¿Suturas?! se enderezó de golpe ¿qué hora era? volteó a ver la luz del sol proyectada sobre el suelo para darse una idea. Las diez. ¿en qué lío se podría haber metido el viejo renegado tan temprano por la mañana? pensó con frustración. Recién se había distanciado del maestro fuego un par de días atrás y ya estaba creando problemas.
- Buenos días Eclipse. - La saludó un joven monje que pasaba por el pasillo.
- ¿Qué le pasó a Piandao? - Se adelantó a preguntar y el rostro del monje cambió de inmediato.
- Hubo un altercado entre él y la señorita Sato. - Resumió luciendo preocupado. La violencia no era para nada común en la isla y a los monjes aquello era algo que les parecía especialmente lamentable y triste.
Eclipse se mantuvo en silencio por un momento al recordar lo rápido que Asami había sido capaz de moverse con el cuerpo ardiendo en fiebre. Solo podía imaginarse lo que era capaz de hacer encontrándose sana y sin ningún impedimento. - Gracias. - Respondió pesarosa mientras alcanzaba la muleta con las manos y se posicionaba para ponerse de pie.
- ¿Sabes a dónde los llevaron? - Añadió antes de que el monje continuara su camino.
- Piandao está en el patio del templo. La señorita Sato está en la entrada hablando con Gyatso. - El joven respondió para luego despedirse con una pequeña reverencia.
Eclipse decidió ir a ver a Piandao primero, escuchar que su rostro podría necesitar suturas la hacía imaginarse lo peor así que se encaminó a través de los pasillos de roca pulida hasta ver la amplia salida hacia el patio en dónde Laghima se encontraba limpiando y atendiendo el rostro del maestro fuego quien no dejaba de maldecir y bufar cada vez que la tela empapada con un concentrado de hierbas medicinales tocaba su piel.
- Ya está bien, con quitarme la sangre de encima basta. - Renegó intentando mover la cabeza hacia un lado.
- No podemos arriesgarnos a que se infecten tus heridas. - Laghima respondió con calma y sin perder la concentración.
- ¡Por todos los espíritus! - Eclipse exclamó al ver la cara inflamada del maestro fuego.
- Esto no es nada. - Bufó sonando de lo más tranquilo.
- ¡Tienes toda la cara gorda como un pez globo! - Recalcó observando el labio reventado, la cortada sobre el pómulo y el ojo inflamado hasta el punto de haberse cerrado casi por completo.
- Dejas de hablarme por dos días y ahora vienes a pretender estar interesada en lo que me suceda. - Reclamó Piandao mientras Laghima procedía a suturar la cortada.
- Tengo cosas que pensar. - Suspiró bajando la mirada. - Todo este tiempo te pedí que me contaras sobre mi vida antes de perder la memoria y no lo hiciste. - Endureció la mirada antes de volver a enfrentarse a los ojos de Piandao.
- ¿Para decirte que en toda la isla no existía nadie que te conociera de verdad? - Gruñó antes de quejarse con el monje quien tiraba del hilo que serviría para cerrarle la piel.
- Lo siento. - Laghima murmuró sin detenerse o mostrarse demasiado aflijido por el dolor del hombre al que atendía.
- ¡Para tener la oportunidad de entender todo lo que estoy intentando entender hoy! - Aclaró ella con tono molesto. - Me salvaste la vida, eso es un hecho. - Murmuró.
- Con Sato te irás dando cuenta de que la situación es más complicada de lo que parece. - Gruñó Piandao sonando desganado. A pesar de encontrarse lastimado, el viejo maestro fuego no parecía demasiado inquieto o disgustado por las lesiones, era obvio que no era la primera vez que su cuerpo recibía un castigo similar. Lo único que parecía dolerle luego de tan vistosa paliza era el orgurllo.
- Como nuevo. - Laghima concluyó poniéndose de pie luego de guardar todos sus materiales dentro de un morral de tela. - Será mejor que vengas para revisión si notas señales de infección en la herida. - Le advirtió, hizo una reverencia y partió hacia el interior del templo.
- Solo quería asegurarme de que estuvieras bien. - Eclipse concluyó caminando detrás del monje y dejando a Piandao atrás. No tenía caso hablar con él sobre problemas que ella misma desconocía. Si aquel orgulloso hombre se hubiera dignado a hablar con ella antes sobre su pasado, si tan solo hubiera sido honesto con sus sentimientos... entonces no estaría atorada en la posición en la que estaba ahora. Elegir entre las personas que la habían apoyado durante el último año o la forastera que recién había llegado a la isla era algo demasiado incómodo y difícil para ella.
- Va a estar bien. - Laghima le aseguró sin pasar por alto que la morena caminaba detrás de él.
- Lo sé. - Suspiró dejando los hombros caer. A diferencia de los monjes, era obvio que Piandao estaba más que acostumbrado a la violencia. La verdad se sentía un poco tonta por haberse preocupado por él.
Dirigiéndose hacia el frente del templo Eclipse encontró a Gyatso y Asami sentados sobre un banco de madera bajo la sombra de los árboles. Los ojos de Asami lucían molestos, sus cejas se mantenían juntas y la quijada apretada mientras narraba algo que Gyatso escuchaba con atención.
- Buenos días. - Gyatso la recibió cambiando la expresión en su rostro, camuflando hábilmente una expresión seria con una cálida sonrisa y ojos alegres.
- Buenos días. - Eclipse devolvió el saludo deteniéndose frente a ellos. La expresión de Asami también había cambiado luego de percatarse de su presencia, en vez de molesta, ahora se mostraba triste y retraída, como si temiera abordar el tema que obviamente tenían entre manos.
- Despertaste temprano. - Observó el monje.
- Bueno, no pude seguir durmiendo luego de escuchar toda la conmoción que había entre los monjes por lo que le pasó a Piandao. - Decidió ir al grano. Detestaba que la gente sintiera que tenía que tener cuidado al hablar frente a ella.
- Lamento haber interrumpido tu sueño. - Gyatso se disculpó y la simple mención del nombre del maestro fuego pareció bastar para hacer que Asami volviera a ceñir el entrecejo. Eclipse pudo notar la sangre seca en la mano izquierda de la ojiverde y la salpicadura sobre su blusa blanca como vistosas evidencias del ataque que había llevado a cabo, pero nada de esto parecía molestar a la joven forastera quien ignoraba por completo semejantes manchas.
- ¿Qué pasó? - Preguntó sin despegar la mirada del rostro de la mujer.
- Piandao confesó algo sobre su pasado y yo no me pude contener. - Asami tomo el control de la conversación.
- ¿Qué dijo? - Presionó.
- Que él mató a nuestro Avatar anterior. - Dijo sin mucho tacto volviendo a arrugar el entrecejo y a apretar los puños como si pronunciar los hechos bastara pare revivir en ella el deseo de castigar a Piandao por sus faltas.
- ¿Qué? - Eclipse se permitió un momento para digerir las palabras que había escuchado.
Los monjes de la isla eran personas espirituales y pacíficas. Respetaban a los espíritus y a los animales de la isla. Los demás aldeanos se dejaban guiar por los monjes y también llevaban un estilo de vida tranquilo y en armonía con todo lo que los rodeaba. Esto se le fue enseñado a ella al momento de despertar en el corazón de dicha comunidad.
Toda vida es sagrada, predicaban los monjes negándose a consumir animales con tal de preservar su existencia, por su parte los aldeanos respetaban el mismo principio limitándose a seguir ciertos ciclos de pesca o caza para evitar la sobre explotación de los animales, por eso los monjes habían establecido una regla para los aldeanos, solo se tomaría de la naturaleza lo justo y necesario para sobrevivir.
Piandao había ido más allá, él había privado a un hombre de su vida, y no a cualquier hombre...
El Avatar había sido el fundador del pueblo y todos los habitantes del lugar se sentían profundamente agradecidos con el maestro de los cuatro elementos, por eso lo veneraban y respetaban profundamente, tanto a él como al espíritu que habitaba en su interior, ambos eran tratados como deidades. Eclipse había aprendido todas estas creencias en la isla y con el tiempo ella misma había desarrollado un respeto especial por aquella legendaria figura.
¿De verdad Piandao había matado a un Avatar con sus propias manos?
- La vida en el mundo allá afuera es bastante complicada. - Gyatso comentó bajando la mirada, sus palabras eran un intento en vano por llenar el silencio que se había asentado entre los tres.
- Te contaré todo lo que necesites saber sobre tu vida. Pero deberá ser de a poco para darte la oportunidad de asimilarlo correctamente. - Asami se puso de pie, su figura lucía fuerte e inquebrantable. La noticia de las acciones de Piandao la habían afectado, pero ella no se mostraba impotente ante ello, por el contrario, la ojiverde mostraba tener lo necesario para tomar acción y remediar la indignación y el resentimiento que una verdad así provocaba.
Un par de lágrimas partieron el rostro de la joven morena, conocer la verdad era difícil. En su carta Piandao había descrito a dos bandos, la gente en contra del Avatar y la gente a favor, por un segundo se sintió aliviada de pertenecer a la gente a favor, sin embargo, eso no bastaba para aliviar el sentimiento de traición que le causaba la identidad y las acciones de Piandao ¿sería que Ikem y Shoji eran iguales que él? Piandao había que dicho no, sin embargo, no había manera de comprobarlo.
Las cosas comenzaban a cobrar sentido, Piandao había guardado silencio sobre su identidad para así ser aceptado en la isla en la cual la gente adoraba al Avatar. Tal vez ahora buscaba salvar el pellejo de sus dos retorcidos discípulos mientras él aceptaba toda la culpa de los actos barbáricos que habían llevado a cabo en el mundo exterior. La verdad era que ya no sabía que pensar.
- ¡Asami! - La llamó viéndola como caminaba a la distancia. Su mente se sentía revuelta, pero por el momento lo correcto parecía ser hacerse del lado de la persona que sin dudarlo había castigado al maestro fuego por sus actos.
- Toma. - Gyatso le extendió un trozo de tela humedecido. - Tal vez tú logres convencerla de limpiarse y le puedas ayudar a calmarse un poco. - Sonrió.
- ¿Calmar a la gente no debría ser tu especialidad? - Dudó del viejo monje mientras se limpiaba el rostro con la tela.
- Asami Sato es de fiar, no te dejes intimidar por su apariencia. - Insistió él.
¿Su apariencia? negó con la cabeza al ser incapaz de imaginarse otra cosa que no fueran los hermosos ojos verdes de la forastera, la apariencia de Asami no era un problema, su presencia era la que a veces resultaba ser intimidante. - ¿Viste cómo le quedó la cara a Piandao? ¿ustedes no suelen prohibir la violencia? en un año y medio de estar aquí Piandao jamás lanzó un solo golpe ¿pero Asami es de fiar? - se permitió vomitar todas las ideas que le venían a la mente.
- Tienes razón. - El monje liberó una pequeña risilla. - Sin embargo, el espíritu de Asami es honesto, mientras que Piandao se ha mostrado turbulento desde que llegó aquí. - Concluyó.
- Ahora sabemos porqué. - Gruñó bajando la mirada.
- Me temo que ese no será el único secreto escalofriante que Piandao guarde en su pecho. Por eso es mejor que empieces a trabajar con Asami para conocer tu versión de la historia sobre todas las verdades que él tenga que decir. - Insistió. Eclipse pasó saliva y volteó a ver el camino que la forastera había seguido. A pesar de sentir cierto grado de admiración por lo que había hecho, Eclipse temía que la forastera fuera a perder el control y atacarla a ella de la misma manera en la que había atacado a Piandao.
- Deberías apresurarte o la gente del pueblo quedará aterrada al ver la sangre en su ropa. - Presionó.
- ¡Solo tengo una pierna monje perezoso! - Renegó echándose a caminar a toda prisa tras el rastro de la forastera mientras Gyatso sonreía a sus espaldas. Vaya manera de iniciar el día, renegó a medida que bajaba la colina intentando no tropezar.
Afortunadamente para la agitada morena, su búsqueda no se extendió demasiado, Asami descansaba sentada a la sombra de un árbol enseguida de un pequeño estanque justo en la entrada de la plaza. Con las piernas abrazadas contra el pecho mantenía la mirada fija sobre los pequeños pecesillos de colores que iban y venían a través del agua cristalina. Viéndola así daba la impresión de que era incapaz de lastimar a alguien, al menos de ese modo resultaba menos difícil acercarse a ella, pensó aliviada.
- Oye, será mejor que te limpies la sangre de las manos y que vayas a cambiar tu blusa. - Dijo sin mucho tacto ofreciendo el trozo de tela. - Asustarás a la gente si te ven caminar así por el pueblo. - Añadió luego de un minuto sin obtener ninguna reacción.
- Conozco a la esposa y a los hijos del avatar Aang... - Pausó. - El Avatar que Piandao asesinó. - Explicó sin apartar la mirada del estanque.
- Así que ese era su nombre. - Eclipse murmuró tomando asiento frente a la forastera.
- Su familia y amigos pensaron que había muerto en el desierto por defender a unas personas de un grupo de bandidos... pero no, siempre tiene que ser el Loto Rojo. - Concluyó amargamente.
- Uno de los hijos de Aang también murió a manos del Loto Rojo, a pesar de que hicimos tanto por intentar salvarlo... - Alzó la mirada y Eclipse notó la manera en que aquellos ojos verdes conectaban con los suyos en busca de algo que no estaba ahí. Otra muerte más, una historia triste que ella debía conocer y que ignoraba, suspiró. La falta de memoria podía ser igualmente una bendición, consideró al darse cuenta de que las cosas malas también habían caído en el olvido junto a las cosas buenas.
- Dame tu mano. - Ordenó extendiendo la suya como señal de que no existía alternativa. Para su sorpresa Asami obedeció entregándole su mano izquierda sin rechistar o hacer algún comentario negativo, simplemente lo hizo y volvió su mirada al estanque mientras ella comenzaba a removerle la sangre seca de la piel.
- Lamento haberlos asustado a todos. - Murmuró en un suspiro.
- Se lo tenía merecido. - Contestó antes de pensar bien las palabras que habían salido de su boca. - Es decir... - Suspiró, desearle el mal a alguien iba en contra de todo lo que había aprendido en la isla. - Lo que hizo no tiene justificación alguna. - Renegó en voz alta en un intento por callar la culpa causada por sus verdaderos sentimientos. Piandao se merecía ser castigado, no podía pensar diferente.
- ¡Ah! - Asami se estremeció. - No talles tan fuerte. - Le indicó.
- Lo siento. - Eclipse apartó la tela de la mano de Asami y exhaló. - Me molesta que sea como es, desde que desperté en la isla simplemente guardó silencio sobre el pasado y dejó que yo pensara lo que quisiera. - Bufó. - Antes no me imaginaba el motivo, ahora entiendo el tipo de persona que es. - Dijo torciendo la boca.
- Y aún así te salvó. - Asami le dió voz a la pequeña, grán, excepción que tanto molestaba a la morena. Si, Piandao era una persona horrible, pero le había salvado la vida.
- Si. - Concordó a secas.
El silencio comenzó a asentarse entre ambas mientras Eclipse limpiaba cuidadosamente cada uno de los nudillos y cada pliegue de piel de entre los dedos la forastera, con atención observaba las distintas cicatrices que encontraba a su paso y se distraía imaginando la manera en que habían sido hechas, muchas de las marcas se parecían a las que ella tenía en sus manos por lo que no resultaba extraño pensar que hubieran sido hechas de la misma forma.
- ¿Cómo te hiciste estas cicatrices? - Se animó a preguntar.
- Peleando en un coliseo en Ba Sing Se. - Respondió, sus ojos mostrándose serenos mientras observaba el contacto entre sus manos.
- ¿Un coliseo? - Arqueó una ceja.
- Un lugar en el que los rebeldes se juntaban para observar a peleadores maltratarse entre sí... por prestigio y diversión. - Dijo con voz tranquila, pero su mirada se mostraba ecéptica, como si las palabras que acababan de abandonar sus labios no terminaran de cobrar el sentido que debieran tener.
- ¿Golpeabas gente por diversión? - Preguntó un tanto atemorizada.
- Por prestigio, necesitaba ganarme la confianza del grupo rebelde. - Sonrió viendo directo hacia sus ojos.
- Dame tu otra mano. - Le ordenó luego de enjuagar la tela en el agua del estanque, Asami obedeció. - ¿Entonces tú no eres una rebelde? - Comenzó a intentar aclarar la posición que la forastera tenía en el mundo exterior, y por ende, el que ella solía tener.
- No, nací y crecí en un asentamiento completamente ajeno a los grupos rebeldes. - Aclaró con una sonrisa traviesa que Eclipse decidió evitar. ¿Qué podía ser tan divertido? acababa de admitir que solía golpear gente con tal de obtener privilegios dentro de un grupo.
Bufó molesta. - Creo que golpear a gente para encajar en un grupo no es algo correcto de hacer. - Sintió la necesidad de expresar mientras removía el guante de piel de la mano de la ojiverde.
- Tú eras la que lideraba al grupo. - Dijo con una pequeña risilla.
- ¡¿Qué?! - Soltó la mano que había estado sosteniendo para observarse las cicatrices de los nudillos, por tanto tiempo se había preguntado de dónde provenían, había llegado a considerarse como a una criminal, pero ahora que lo escuchaba de alguien que la había conocido se sentía mal al enterarse de dicha verdad. - ¿Estas segura de que nosotros peleamos del lado del Avatar? ¿los rebeldes no peleaban del lado del Loto Rojo? - Observó los ojos de la forastera en búsca de respuestas.
- Si, estoy segura. Y si, los rebeldes eran los mandaderos del Loto Rojo. - Confirmó sin apartar la mirada o apagar su sonrisa lo que comenzó a incomodar a la joven morena quién volvió a pedirle la mano que le faltaba limpiar.
- La historia es un poco compleja para abarcar en este momento, pero te puedo asegurar que peleabas del lado correcto. - Añadió para aplacar la evidente inquietud que Eclipse reflejaba en el rostro.
- Creo que he escuchado suficiente por hoy. - Admitió manteniendo las cejas arrugadas, expresión que comenzó a borrarse al comenzar a limpiar la cicatriz que había quedado en lugar del dedo anular de la ojiverde. Ahora que podía verla de cerca venía a darse cuenta de que aquella mano se encontraba severamente maltratada, tenía varias cicatrices anchas y largas en la palma y el reverso de la mano que en definitiva no provenían de una pelea a puños.
- Aplastaron mi mano varias veces con rocas pesadas hasta deformarla. - Pausó. - Es un milagro que aún pueda usar los dedos que me quedan. - Concluyó sonando satisfecha. - Aunque la mano se me cansa con facilidad si la uso por tiempo prolongado y me queda adolorida si uso demasiada fuerza con ella. Por eso he aprendido a usar mi mano izquierda en su lugar. - Se encogió de hombros.
- Dijiste que ocurrió durante la guerra. - Eclipse recordó.
- No está tan mal, me considero afortunada. - Admitió.
- Perdiste el uso de la mano, casi la pierdes por completo. - Recalcó.
- Aún puedo usarla, y no la perdí por completo. - La corrigió con una sonrisa.
- Prefiero no tener la pierna a perder una mano. - Eclipse se mostró más sincera de lo que hubiera deseado, pero antes de poder corregirse Asami se echó a reír.
- Me alegra haberte hecho sentir mejor sobre la pérdida de tu pierna. - Comentó volviéndose a colocar el guante.
- Perdón, no quise que sonara así. - Quiso retractarse pero la ojiverde negó con la cabeza.
- Está bien, me hacía falta elevar los ánimos. - Comenzó a ponerse de pie. - Será mejor que vaya a cambiarme y a lavar esta blusa antes de que la mancha se vuelva permanente. - Se detuvo y le extendió una mano. Asami lucía más tranquila, la sombra de sus ojos había desaparecido y de nuevo tenía la imagen de una mujer alegre en la que cualquiera podía confiar. Era como ver a dos personas distintas, meditó antes de tomar su mano para ayudarse a ponerse de pie.
- Te aconsejo que vayas a comer algo, es tarde y dejarán de servir el desayuno dentro de poco. - Le advirtió luego de haber caminado en silencio durante un par de minutos. - Gracias por ayudarme a limpiarme... me trajo buenos recuerdos. - Añadió para luego seguir caminando sin voltear atrás. Eclipse permaneció de pie observando la espalda de Asami a medida que desaparecía entre las chozas. ¿Entonces esta no era la primera vez que la ayudaba a limpiarse la sangre de los puños? pensó con un escalofrío que le subió por la espalda.
Tanto el bando bueno, como el bando enemigo sonaban bastante atemorizantes. Pensó bajando la mirada hacia el trozo de tela manchado que sostenía en su mano derecha. Piandao y Asami se mostraron tranquilos con lo ocurrido como si fuera algo de lo más natural cuando en la isla aquello era un suceso impensable. Suspiró recordando el breve momento en el que se había distraído explorando la mano de la ojiverde mientras la limpiaba, y por un instante sintió el corazón latiéndole a toda prisa.
- Por todos los espíritus... - Murmuró molesta. - Todo esto es demasiado confuso. - Renegó meneando la cabeza y dándose medie vuelta para ir a conseguir comida.
Adiós 2023!
