Lo que para los simples orgánicos era un sinfín de números desordenados, para Ícaro era una espectacular vista al infinito. Como si estuviese inmerso en una ciudad blanca, donde nada resaltaba más que aquellos datos que el usuario buscaba con sutileza.

Ícaro se infiltró en la base de datos del Imperio, usando el dispositivo que Wag Too instaló directamente sobre los servidores de la estación de Fondor. Su búsqueda lo llevaría a un infinito de posibilidades. Como si debiese abrir cada puerta y revisar su interior. Debía encontrar un patrón, algo que lo condujera lentamente hacia lo que vino a buscar.

Desde el punto de vista del droide, era como caminar por la infinidad de pasajes de la ciudad pálida. Sin decoraciones, sin personas, sin vida o movimiento. Sólo un sinfín de pasajes y estructuras geométricas con informacion en su interior.

En su trayecto encontró muchas cosas de interés. Desde el diseño de las armaduras stromtroopers fase dos hasta los planos detallados de los destructores estralres, pero los datos que intentaba encontrar parecían simplemente escapar de su alcance. A veces incluso pensaba que se acercaba, pero simplemente resultaba ser otro proyecto imperial. Fue entonces, cuando algo sumamente extraño llamó su atención.

Como si hubiese olvidado en motivo por el cual estaba allí, Ícaro se percató de un enorme paquete de datos cuyo nivel de incriptacion era excepcional. Un nivel de seguridad que no había visto nunca antes, compuestos por múltiples "capaz" y bloqueos, los cuales parecían poder ser abiertos por un número bastante reducidos de individuos. Un paquete de datos encriptado, del cual Ícaro fue capa de descifrar su nombre: "Estrella de la Muerte." Lo que Ícaro ignoraba, era que un enorme bombillo rojo comenzó a parpadear sobre uno de los ordenadores imperiales tan pronto posos sus manos encima de tal paquete de datos.

Oficial: - Señor, parece que tenemos una brecha de seguridad en los servidores. -

Mirando a través del infinito del espacio, una imponente criatura se mantenía firme. Su poder era rígida como una montaña, su fuerza física era descomunal y su rabia usualmente lo consumía, dejándose llevar por la ira, cometiendo atrocidad que incluso alguno de los imperiales más diabólicos no se atrevían a hacer.

Oficial: - Parece que están hackeando los servidores desde esta misma estación Oficial: - Parece que están hackeando los servidores desde esta misma estación. -

El imponente ser de casi dos metros y medio de altura no dijo nada. Su colérica mirada se quedó perdida en la infinidad del espacio por unos segundos, solo para tomar yna bocanada de aire y responder con un tono de voz carrasposo y escalofriante.

?: - Activa protocolos de seguridad. Cierren todo. Y encuentre a esa rata y traiganlo ante mi. - Dijo el imponente ser.

Oficial: - De inmediato. Inquisidor Howlhell. -

Mientras tanto, Ícaro hacia su mayor esfuerzo para intentar descifrar ese paquete de datos. Desde un punto de vista más práctico, era como si la proyección virtual del droide estuviese intentando resolver un cubo de Ruby. Un cubo de Ruby de veinticuatro caras. Sus cómputos estaban sumamente concentrados en esta tarea, así que enorme fue su shock cuando de repente todo se hizo pedazos a su alrededor, mientras el suelo a sus pies se resquebrajaba, formando una enorme grieta que lo succiona hasta sacarlo de ese campo digital, completamente con las manos vacías.

Desde el otro lado, tanto Kurt, como los clones y Hondo se asustaron cuando sintieron las chispas brotar desde la terminal donde Ícaro estaba conectado. El droide tuvo que retirar su mano de inmediato, cuando sintió la potente descarga eléctrica que lo sacó del sistema de inmediato.

Ícaro: - Oh... no. -

Boss: - ¿Que ocurrió? -

Ícaro: - Saben que estamos aquí. -

De pronto, los pasillos se tornaron de un terrorífico color carmesí mientras las luces y bocinas de alarma se activarán por toda la estación. Los protocolos de emergencia eran muy estrictos, y cualquiera que no estuviese en sus puestos de trabajo debían dar una buena explicación frente a un comité disciplinario. Esto aplicaba para Hondo y los clones, quienes estaban vestidos como obreros en una zona en la cual no deberían estar. Pero había un problema aún mayor.

Wag Too: - ¿Ícaro? ¿Me recibes? - Se escuchó por el comunicador.

Ícaro: - Wag Too. Te recibo. Sal de ahí de inmediato. Tenemos que reagruparse y salir de aquí de inmediato. -

Wag Too: - Lo siento pero... no puedo hacerlo. -

Ícaro: - ¿Cómo que no puedes? ¿A qué te refieres? -

Wag Too: - Un escudo de plasma se activo por la exclusividad de ventilación. No puedo salir de la sala de servidores. Estoy atrapado. -

Ícaro maldijo a los cuatro vientos por eso. No era del todo su culpa, pues el sistema de seguridad de esa estación imperial era algo que hasta el propio senador Organa ignoraba, pues era de sumo secreto imperial, pero no dejaría de culparse por eso. Pero ahora no era el momento para eso.

Ícaro: - Muy bien. Resiste. Vamos a por ti. -

Wag Too: - Esta bien. Apúrate. - Entonces termino la llamada.

Hondo: - Wow wow. ¿Es que estas demente? No podrán pasar por la seguridad imperial solos. -

Ícaro: - No tenemos obcion. No dejaré a uno de los nuestros atrás. Kurt, contacta con Delta. Que activen protocolo devastación de inmediato y que vengan a nuestra posición. -

Kurt: - De inmediato. -

Boss: - General. ¿Qué planea hacer? -

Ícaro: - Ingresaremos por la fuerza en la sala de servidores, rescataremos a Wag Too y regresaremos a la nave. -

Boss: - Sabe que no podrá hacer todo eso sin ayuda. -

Ícaro: - Lo se, comandante. Pero no voy a permitirme perder más de mis hombres. -

Para el comandante clon, esas palabras fueron como una punzada en el pecho, sobre todo viniendo de voca de un droide. Aún recordaba con amargura Kashyyyk y a su hermano que decidió quedarse bajo la funesta ala del Imperio. De cierto modo, el propio Boss se sintió feliz por eso.

Ícaro: - Comandante. Ha sido un honor. Pero entiendo que quiera proteger a sus tropas. Salgan de aquí mientras atraemos a los imperiales. Con suerte podrán localizar una ruta segura. -

Boss: - No lo creo, general. Como mismo usted dijo. Ningún hombre se queda atrás. Fixes. -

Fixes: - ¿Señor? -

Boss: - Tráelos. -

Sev: - Al fin. Ya me estaba aburriendo un poco. -

Expertos en todos los campos de la guerra, los clones comando eran la élite entre la élite del ejército clon. Ícaro no era siquiera capaz de imaginarse como lograron introducir sus armaduras dentro de la estación, pero cuando los vio ponerse su equipo en apenas dos minutos, sabia que aún había mucha luchar que dar antes de darse por vencido.

Sev: - Oh si Sev: - Oh si. Vamos a enseñarles a esos idiotas lo que es una verdadera guerra. -

Ícaro: - Comandante. Esta más que claro que usted tiene más experiencia que nosotros en este tipo de misiones. Así que le concedo control total de mis unidades. -

Boss: - ¿Unidades? ¿Qué unidades? -

Ícaro: - Nos alcanzaran más adelante. Lo sabrá cuando sea el momento. -

Boss: - Entendido. No perdamos tiempo. En marcha. -

La estación espacial era un caos absoluto. Todos los stormtroopers y oficiales recorrían los interminables pasillos de las instalaciones en b'usqueda de cualquier sospechoso. Muchos eran incriminados solo por estar caminando de un lugar par otro, sin siquiera poder dar una explicación antes de ser presentados ante un concejo militar. Uno del que nunca salías bien parado. Y fue entre toda esa confusión, que se desató la redada.

Ingresando a los enormes pasillos del complejo que conducían hasta las instalaciones científicas, el pequeño grupo guiado por el comandante Boss no encontraba ningún adversario capaz de detenerlos. Eran imparables, imbatibles. Eran la unidad comando Delta, héroes de la República que no luchana por honor o gloria, sino por deber y sacrificio. Aún con unos de sus miembros faltante, lograban abrirse paro por las instalaciones como la aguja ante la debil carne.

Boss y Fixes ponían en demostracción práctica la efectividad y potencia de los DC-17m, mientras Sev usaban una variente del mismo fusil pero francotirador. Todos con una puntería excepcional sin importar que tipo de armas tuviesen. A sus espaldas, Holdor, Kurt e Ícaro los seguían de cerca. El joven humano compiniendo con su rifle LTD-19X, tratando de alcanzar a los enemigos antes que Sev pudiese quitarlos de su mira, cosa que le resultaba casi imposible, mientras el droide y Holdor portaban el icónico fusil E-11 imperial, cubriendo la retaguardia o algún flanco desprotegido.

A diferencia de los stormtrooper, los cuales jamás había probado el desagradable sabor de la guerra, los comandos había vivido las mayores aberraciones de esta. Sus dedos no temblaban antes de matar a sus enemigos. Sus ojo no parpadeaban al apretar el gatillo. Y sus rifles no se sacudían a su andar.

Boss: - ¡A cubierto! -

Ante la voz del comandante, todos se tiraron contra la pared, pues una numerosa columna de soldados imperiales se había estacionado para bloquearles el paso. Decenas de stormtrooper que disparaban a safarrancho todo lo que tenía para intentar acabar con sus oponenetes, los cuales usaban las divisiones de las seccionaes de las estructuras para cubrirse. No tenían mucho tiempo para establecer un largo comabte, así que Boss tomó un detonador de su cinturón, pero antes siquiera de activarlo, la mano metálica de Ícaro lo detuvo.

Boss: - ¿Qué está haciendo? -

Ícaro: - Yo me encargo de esto. Guardia Punitiva ahora. -

Ante los ojos incrédulos de los orgánicos, decenas de stormtrooper cayeron abatidos cuando múltiples disparos provenientes de sus espaldas cegaron sus vidas. En pocos segundos, lo que era un muro impenetrable de escudos humanos se había convertido en un mar blanco de cadáveres mientras unos extraños soldados stortrooper salían desde la retaguardia enemiga con paso firme.

Uno de los stormtrooper que tuvo la mala suerte de no morir en la primera andana, ahora yacía sobre el suelo, arrastrándo su pesado cuerpo, intentanto vanamente alcanzar su arma. un instinto puro, pues no hubiese mucho que pudiese hacer con ella en su estado, pero uno de sus asesinos no dudo en atravesar su cabeza con un disparo al pasar por su lado. Esos no eran humanos. Esos eran máquinas frias de matar.

Droide: - General Ícaro, el camino hacia los laboratorios está despejado. -

Sev: - Pero qué demonios... -

Hondo: - ¿Quienes son ellos? -

Ícaro: - Comandante Boss. Estás son las unidades de las que le hablé. -

El clon no dijo nada al respecto a pesar de la brutalidad que había presenciado. Miraba con mucho detalle a esos extraños seres portando las armaduras blancas imperiales, como si intentase descubrir algo hacerca de ellos con solo la mirada. Y tras unos tenebrosos dos segundo, lo supo.

Boss: - Son droides comando. -

Ícaro: - Afirmativo. -

Sev: - Si... No hay duda de eso.

Kurt: - ¿Qué...? ¿Cómo lo supieron? -

Fixes: - Hay cosas que nunca se olvidan, joven. -

Los tres clones lo notaron de inmediato. Esa frialdad en la batalla. Esa forma tan neutral de cegar una vida sin apenas inmutarse. No había ninguna forma de equivocarse. Lo habían visto antes, y el simple recuerdo hizo que un escalofrio recorriese cada fibra de sus cuerpos. Después de todo, Ícaro se presentó ante ellos como un droide imperial. Si tan solo supieran su verdadera identidad, probablemente no hubiesen estado muy a gusto a su lado.

Ícaro: - Comandante, puede garantizar que estas unidades no lo reconocerán a usted o a su equipo como ostiles. -

Boss: - Eso espero. O yo mismo les volaré las cabezas. -