Sus pisadas se marcaban sobre la arena caliente, pero el dolor en sus pies por el calor era insignificante comparado con el dolor que sentía en el pecho. Kanan nunca había desarrollado algún tipo de afecto por alguien desde que inició como un Marine Espacial, pues el propio código de su legión se lo impedia, como para todas los soldados sin importar el rango o destinación. Así que ni siquiera supo identificar lo que sentía por Blanco. Lo veía como un amigo y un compañero, más allá que una mascota. Era como el hermano feo que nunca tuvo.
Los dos orcos que custodiada la entrada de la pequeña fortaleza se mostraron curioso ante la extraña silueta que el calor ardiente del día deformaba. El resplandor sobre la arena era muy incomodo, pero cuando vieron lo que se acercaba no pudieron contener una carcajada burlona.
¿Qué tipo de chiste era ese? ¿Un orco vistiendo pieles? ¡Que poco civilizado! No como ellos con sus pedazos de "armadura" de metal. Ademas... ¿Eso era pelo? Tenia que ser un error. Tenía que ser una broma. No siquiera era un buen orko. ¡Que patético! Seguro sería una buena idea burlarse de ese tonto. Al menos podrían divertirse un rato en ese día tan aburrido.
Orko 1: - Ja ja ja. Mira ke tenemos akí. ¿Akaso es un orko? -
Orko: 2: - Imposible. Mira esa kara de tonto. Seguro es un snotlings muy grande. Ja ja ja. -
Orko 1: - Menuda abominación. Ja ja ja. -
Los dos guardias se seguían burlando de Kanan, completamente ignorante de sus intensiones. No era para nadie un secreto de la poca inteligencia de la mayoría de los orkos, pero a veces podían ser más idiotas e irritantes de lo habitual. Kanan no tenía tiempo para esas estupideces.
Orko 1: - Oh, pero mira. Parece que el tonto está enfadado. -
Orko 2: - Seguro kiere... -
Las palabras del orko se interrumpieron de golpe cuando las garras de Kanan atravesaron su cuello y le arrancaron la cabeza. No hubo aviso, no hubo piedad. Un una mirada capaz de intimidar a la propia muerte y connuna indiferencia propia de un cadáver, Kanan no dudo en matar a su "semejante." Si es que podría decir eso.
El otro orko miró aterrado como la cabeza de su compañero volaba por los aires hasta chocar contra el muro de metal, mientras su cuerpo sin vida se precipitada sobre la arena del desierto, manchando de rojo el tapiz dorado de sus pies.
El orko que aún podía respirar trato de desenfundar su arma en vano, pues Kanan lo agarró por el cuello con su mano derecha mientras con la izquierda agarró la mano del orko que trataba de alcanzar su pistola. Pero su miedo duró poco, pues un dolor atormentante se originó en su mano, al mismo tiempo que sus hueso se quebraba ante la fuerza del extraño de pelo blanco.
El grito del orko resonó por todas lados como un llamado de la muerte. El guardia pensaba que ya le había llegado su hora, maldiciendo el hecho de no morir en una buena batalla. No podía haber más deshonra para un orko que morir de esa manera, pero una voz grave llena de ira lo sacó de sus pensamientos.
Kanan: - ¿Donde... esta? -
Orko: - ¿Ke? GRRRRR. - La mano de Kanan apretó su agarre en su garganta.
Kanan: - ¡El squig blanco! ¿¡Dónde está!? -
Orko: - En... koliseo... Jefe... kererlo... -
Kanan: - Bien. -
El ex-marine soltó al orko de su mortal agarre lanzándolo contra la pared de metal. El guardia estaba ahogado en una profunda tos para recuperar el aliento, intento procesar el hecho que el atacante había perdonado su vida. ¡Que patético! ¡Un orko de verdad no perdona a su enemigo! Al menos el hecho de seguir vivo lo alentaba un poco. Al menos unos segundo hasta que vio el proximo movimiento de su agresor.
Las puertas de la fortaleza eran bastante sencillas y ninsiquieran tenían algo que las sujetará. "Ingeniería orka." Pero seguirá siendo dos enorme piezas de metal. Así que cuando vio a Kanan abrirlas de una pasada llena de ira u odio se quedó atónito. ¿¡Como demonios hizo eso!? ¡Es un monstruo!
A Kanan no le resulto difícil identificar la estructura que claramente parecía ser un coliseo improvisado. Además que los vítores del lugar captaron rápidamente su atención.
Caminar por las "calles" del lugar cubierto de sangre parecía no importarle a nadie. Y eso no era menos cierto. Cada orko estaba a lo suyo, y aquellos que desviaba su mirada para verlo simplemente se decían a su mismo que había tenido un conflicto con otro orko y lo solucionaron de la forma más orka posible. Matando a su oponente.
Llegar a coliseo ni siquiera fue un desafio. La puerta ni siquiera estaba custodiada y un pequeño pasillo oscuri parecía conducir a otro lugar. Si el guardia estaba en lo cierto Blanco debería estar allá adentro. Era su única pista, y su única posibilidad de recuperar a su amigo. Tenía que seguir adelante.
Sus apurados pasos pronto secaron su vista al salir del oscuro pasillo. El sol era intenso, y la bulla del lugar parecía absorver su sentido del oído. Solo cuando sus ojos pudieron recuperar su visión se pudo percatar que se encontraba sobre la arena del coliseo y una fuerte voz lo sacó de su asombro.
Orko presentador: - ¿¡Pero ke tenemos aki!? ¡Un nuevo kontrinkante! ¡Un nuevo retador para el kampeon de la arena! -
Kanan: - ¿Que? -
La bulla y los vítores resonaron en el coliseo una segunda vez. Kanan miraba iracundo cada rincón de la arena buscando una pista de Blanco entre las gradas pero no tuvo suerte. En cambio, su intento de combate capto su atención cuando escuchar el crujir de los huesos a sus espaldas.
Kanan se dio la vuelta para mirar con desprecio a un enorme y fuerte orko que tenía el pie apoyado sobre el cráneo de otro orko que parecía haber matado no hace mucho. Su lanza aún estaba clavada en el cuerpo de su víctima, y miraba a Kanan con un rostro divertido y desafiante. Su próxima víctima llegó mucho más rápido de lo que esperaba.
Campeon: - ¿¡Es este mi próximo kontrinkante!? ¡Ke patético! -
El orko sacó su lanza y apoyo su pie con fuerza, aplastando el cráneo que estaba bajo sus pies en mil pedazos. La sangre corría por sus pies y su lanza, pero eso no le importaba. Al contrario, era su premio por la victoria. Una buena estrategia para intimidar a su oponente, pero el extraño orko de pelo blanco parecía ni siquiera inmutarse con eso. De hecho, usualmente hubiese respondido a sus insultos con frases desafiantes, pero Kanan ni siquiera se molesto en dirigirle más que una mirada asesina. ¿Acaso ni siquiera valía la pena?
Campeón: - Tonto insensato. Te arrepentirás de poner un pie dentro de esta arena. ¡MUERE! -
El tipo grito de una bestia sin mente. Otro que desde el punto de vista de Kanan eran tan insípido y decepcionante como un squig. El campeón orko se lanzó sobre él sin plan alguno. Sólo gritos de combate acompañanaba su inútil carrera por alcanzar a su víctima. No habia técnica. No había había estrategia. Sólo una bestia atacando sin pensar. Pura fuerza, nada de inteligencia.
"No tengo tiempo que perder contigo."
El público vio atónito como la lanza de su campeón solo encontraba aire en su camino, pues el extraño orko de pelo blanco desaparecía de vista de todos. Nada más lejos de la realidad, porque Kanan estaba allí mismo, oculto bajo la propia sombre de su oponente. Con sus manos listas para acabar con ese tonto y liberarlo de su propia estupidez. Ya había probado la fuerza de sus manos hace unos minutos, y esta no sería la excepción.
La imagen de las garras de Kanan atravesando el cuello del campeón fue una imagen que se grabaría en la mente de muchos para siempre. Los brazos del retador tiraron en direcciones opuestas, y la cabeza del campeón se alzaba por los aires mientras su cuerpo caía sobre el suelo.
No hubo gritos de celebración. No hubo vítores de emocion. Sólo un silencio muerto inundó el lugar, interrumpido solamente por las sangre que caía del cráneo amputado del campeón, el cual se mantenía alzados en las manos de Kanan como un trofeo de su victoria. Una muerte horrenda y sin ningún sentido, pero aún asi...
El público estalló en gritos de euforia. Loa silbidos rompían los tímpanos como nunca. Un campeón caería en el olvido para siempre. Su patética muerte fue un consecuencia de su debilidad, o así lo veían todos los orkos que admiraban el sangriento espectáculo.
Pero apesar de la gritos eufóricos que a Kanan no podían importarle menos, unos aplausos poco a poco fueron callando las voces de los espectadores. El orko de pelo blanco miró con desden al origen de tal sonido, y por el hecho que todos hacían silencio mientras salía de las sombras para ver mejor al nuevo campeón solo podía tratarse de alguien en concreto.
Un enorme orco pon piezas metálicas adheridas a su cuerpo se mostró sobre un enorme palco. Sus aplausos resonaban por el lugar, y aunque parecía estar celebrando la victoria del nuevo campeón, el incómodo silencio parecía decir lo contrario. Ese era el caudillo orko. El más grande, el más feroz, el más orko.
Una enorme bestia de tres metros, forjado por la batalla y nacido para la guerra Una enorme bestia de tres metros, forjado por la batalla y nacido para la guerra. Su mandíbula metálica era un reflejo de sus sicatieces, y su casco con enorme cuernos hablaba de su ferocidad por sí mismo. Aun así, Kanan podía reconocer que se trataba de un líder orko relativamente nuevo.
Kanan había visto con sus propios orcos caudillos orkos más grande, con más partes metálicas impregnadas en su cuerpo, y con un aura más desafiante y endemoniada. En cambio, este tonto frente a él parecía ser solo un niño estúpido con aires de grandeza.
Caudillo: - Felisidades, kampeon. La arena ahora pertenecer a ti. Klama, kampeon. ¿Kual es la rekompensa ke kerer por tu victoria? -
Kanan: - El squig blanco. ¿Donde esta? - No dudo un segundo en preguntar.
El caudillo se sorprendió ante las palabras del nuevo campeón. No por el hecho de su petición, sino por las palabras mismas que surgieron de su boca. Su lenguaje era perfecto, casi... humano. ¡Patético!
Caudillo: - Jajajajaja. - Su risa rápidamente se contagió en el testo de espectadores. - ¿Oir eso? Jamás ver a orko hablar de manera tan tonta. Jajajajaja. -
Sus insultos no podían importarle menos a Kanan, y su rostro lo expresaba abiertamente. Con un gesto del caudillo, varios orkos arrastraron hacia la arena una enorme jaula metálica con el pobre Blanco en su interior.
La bestia estaba abatida y molida a golpes, y sus ojos apenas podían mantenerse abiertos, pero al poder ver la silueta borrosa de Kanan fue al menos capaz de emitir un gruñido de alivio y felicidad. Kanan en cambio se mantenía estoico. Veía a la criatura enjaulada sin mostrar algún tipo de emoción, pero la realidad era que Slannesh se estaba deleitando con toda la ira que se acumulaba en su interior. El propio caos sería capaz de materializarse frente a él si así lo deseaba.
Caudillo: - El squig blanko no ser un premio posible. Ser manjar para mí. Y solo caudillo poder probar tan suculento manjar. -
Kanan la dedico una mirada asesina, capas de estremecer cada célula del cuerpo del caudillo, así como de todos aquellos que fueron capaz se sentir esa presión. Esa no era la mirada de un orko, ardiente por la batalla y la emocion de la guerra. Esa era la mirada iracunda de la propia muerte.
Kanan: - Entonces... Solo necesito arrancarte la cabeza. -
El orko de cabello blanco tomó la lanza ruatica del antiguo campeón y la apunto hacia el caudillo. No había duda alguna, esa era un claro desafío a su autoridad y a su puesto de caudillo para ojos de todos los orkos.
