De pronto el ambiente se volvió oscuro y sombrío. Los orkos presentes no podían ignorar un llamado de desafía hacia el caudillo. Las pisadas sobre las improvisadas maderas que conformaban el piso del coliseo de los cientos de orkos presentes en el lugar anunciaron a todo el fuerte de lo sucedido. Alguien había desafiado al caudillo por su título. Y la sangre iba acorrer sobre las arnas del coliseo.

Todos... Absolutamente todos aquellos presentes en el campamento dejaron de lado cualquier cosa que estaban haciendo y se dirigieron al origen de tal retumbar. Las gradas del coliseo, ya abarrotadas, se llenaron de aún mas espectadores. Incluso las azotea de las estructuras aledañas que permitían ver al interior de la arena se llenaron de orkos ansioso de ver el combate. Este era un evento único, pues no todos los días aparece un tonto que ose desafiar al líder. Pero... ¿Quién era ese?

Solo el guardia que sobrevivió a la furia de Kanan fue capaz de reconocerlo. El único que sabía que era un forastero proveniente de las afueras de los muros del refugio. Solo él fue capaz de ver con horror lo terrible y atroz que podía ser el orko de melena blanca. Para el resto, no era más que un loco don nadie con aires de grandeza y que pronto conocería su final. Pero una buena batalla siempre alegra a un burn orko... ¿No es así?

Caudillo: - Así que un retador... ¿Eh? Esto es perfekto. Hacía tiempo que no me divertía tan... -

Kanan: - Calla ese hocico tuyo, bestia inmunda. No tengo tiempo para tus palabrerías. -

La interrupción de Kanan no pasó desapercibido, así como el evidente enojo del caudillo, cuyas venas parecían querer explotar de su cara ante tanta falta de respeto. "Estos jóvenes ya ni siquiera respetan un buen intercambio de palabras antes de un combate." Pensó para sus adentros. Pero por supuesto, nunca se imaginaría quien era ese orko de pelo blanco que lo miraban tan amenazadoramente.

Caudillo: - ¿Tan rápido kieres konocer la muerte? Muy bien. Permíteme ayudarte. -

El caudillo saltó del palco en el que se encontraba provocando un estruendo al caer sobre la arena del coliseo. Solo entonces Kanan fue capaz de ver su verdadero tamaño: Un monstruo de casi dos metros y medio de largo, cubierto por una armadura de metal pintada de rojo con muchos... muchos pinchos por todos lados. Aún así, estaba llena de aperturas por donde los enemigos podrían acertar un golpe mortal. Algo clásico de los orkos.

En su mano derecha cargaba un gran ezkopentón que debía ser usado a dos manos, algo que no parecía ser la gran cosa teniendo en cuenta su tamaño. Y en la otra mano portaba una rebanadora bastante alargada. En resumen, era un caudillo bastante promedio, ahora que Kanan lo pensaba con más calma. Incluso ridículo, teniendo en cuanta lo complicado que es recargar una escopeta si tienes una espada en otra mano.

Caudillo: - ¿Listo para morir, snotlig? - El silencio y la mirada asesina de Kanan fue todo lo que recibió - ¡Pues muere! -

Usar primero el arma a distancia siempre era lo más lógico en una situación de combate, sobre todo cuando el enemigo aún no esta a tu alcance. NO había que ser muy listo para darse cuanta de esto, y al menos el caudillo tener la inteligencia mínima para hacerlo. Cuando Kanan vió al enorme orko alzar su escopeta no perdió el tiempo. Tomó con su mano libre el cuerpo muerto del campeón y lo usó de escudo. La metralla de la escopeta sacudió con fuerza el cadaver, salvando la vida del retador. Para los orkos que miraban y para el propio caudillo eso era algo impresionante... cobarde en parte... pero impresionante.

Tal como Kanan había predicho, solo dos disparos permitiría el arma de su rival antes de tener que recargar. El retador lazó el cuerpo muerto del antiguo campeón a un lado, lanzándose con todas su furia hacia el caudillo que aún le costaba asimilar lo que estaban sucediendo. En un intento desesperado, el caudillo blandió su rebanadora para intentar decapitar a su adversario, pero debido a la diferencia de altura, bastó que Kanan solo se agachara para que la poderosa arma pasara sin toparse con más que el viento y unos cuando cabellos de color blanco. Pero eso no sería todo, pues el caudillo alzaría su espada por encima de su cabeza aprovechando el impulso, para suelo arremeter contra el insolente que se atrevió a desafiar su puesto. Sería una muerte rápida sin lugar a dudas.

"¿Qué había pasado?" Era lo que todos los espectadores se estaban preguntando mientras veían con asombro lo que ocurría sobre la arena del coliseo. El potente tajo del caudillo atravesó todo el espacio entre su cabeza y el suelo, dejando una enorme grieta sobre la superficie de la arena, pero un su camino, su rebanadora no encontró carne alguna. Su visión no era capaz de ver a su adversario, a media que su campo visual se empañaba de un terrorífico líquido de color rojo.

Visto desde otro ángulo, Kanan aprovechó su menor tamaño para recortar la distancia y hacerse aun lado al mismo tiempo, escabulléndose de la vista de su enemigo. Una ataque tan básico y tan ridículo contra un ex-Marine solo era una ofensa. Una ofensa castigada con la muerte.

La lanza de Kanan se alzó desde abajo y no encontró resistencia alguna. Su punta entró por el mentón del caudillo, atravesó su mandíbula y lenguas, y se abrió paso hasta desgarrar su cerebro. La sangre del orko mayor caía a chorros desde su herida, momentos antes que su enorme cuerpo se abalanzase sobre el suelo por su propio peso. Tuvo razón... Fue una muerte rápida.

A su lado se mantenía Kanan, el orko misterioso de pelo blanco para ojos de muchos, el renacer del dios de la guerra para otros. Aún así, se mantenía callado, sereno. No alzaba su mano para celebrar su victoria. Y no gritaba a los cuatro vientos que él ahora era el jefe. Nada de eso. Simplemente de dió la vuelta y se dirigió hacia la jaula donde estaba en squig blanco.

¿Cómo? ¿Cómo alguien promedio pudo derrotar al caudillo tan fácilmente? ¿Cómo alguien que ni siquiera tiene un pedazo de metal en su cuerpo fue capaz de vencer a una mole de media tonelada de acero y carne? Eran lo que todos se preguntaban, incapaces de decir algo o aclamar al nuevo jefe de la casa orka. Bueno... eso asumía, pero ni siquiera eran consiente de las verdadera intensiones de Kanan.

Aquellos gretchin que custodiaban a la bestia blanca moribunda temblaban de miedo a la hora de remover sus cadenas. No miedo a que el squig blanco se alzara y los devorase a todos, sino miedo a que el orko de pelo blanco les cortase la cabeza con solo un movimiento. Los pequeños seres verdes retrocedieron esperando una carnicera, pensando que solo quería devorar al squeg blanco él solo. Menuda sorpresa se llevaron cuando lo vieron apoyar una rodilla a su lado y acariciarlo con gentileza.

Kanan: - Hola amigo. Perdón por la demora. -

Cuando Kanan recibió una respuesta en forma de un gruñido débil se legró mucho, haciendo que por primera vez en mucho, mucho tiempo, una sonrisa apareciera en su rostro. Aquellos que lo veían de cerca no entendían nada de lo que estaba pasando.

Blanco era pesado sin lugar a dudas, pero eso no detuvo a Kanan en ningún momento. El orko cargó a su amigo entre sus brazos y se dirigió a la salida de la arena a paso lento pero contante. Todos los presentes seguían mirando atónitos, expectantes que algo pasara, que alguien dijera algo, que alguien hiciera algo. Pero nadie sabía como reaccionar en esa situación. Para cuando se dieron cuenta del tiempo transcurrido, Kanan ya había dejado el coliseo y se dirigía hacia las puertas de la fortaleza.

?: - ¡Espere! - Al menos alguien con valor se atrevió a dirigirle la palabra.

Kanan se detuvo por un momento, se dió la vuelta y miró de reojo y con algo de furia al único que estaba a sus espaldas. Un orko de una estatura similar a la suya, pero de complexión más robusta. El mismo orco que casi mata en la entrada de la fortaleza.

Kanan: - ¿Qué quieres? -

Puede que el propio Kanan no fuese consiente, pero su voz, su mirada, y su propia aura emanaban una oscuridad y una ira que parecían dignas de un ser del caos. Y puede que... esa afirmación hubiese tenido algo de validez. Al parecer, la sed del propio Slaneesh estaba escurriendo por su mortal mirada.

Orko: - N... No debería salir... mi... mi señor. Fuera ser lugar... muy peligroso. -

Kanan: - ¿Y de dónde crees que vengo? -

Orko: - Dis... Disculpe si molestarlo... Pero... aposentos de kaudillo orko ser en esa dirección. -

Kanan miró hacia donde apuntaba el guardia con la mano. Era una estructura justo al medio del fuerte que se veía apenas más lujosa que el resto. El orko de pelo blanco no lo había entendido a la primera, pero supo a lo que el otro se refería.

Kanan: - Creo que me malinterpreta. No vine hasta aquí para tomar el lugar de tu jefe. Solo vine a recuperar a mi compañero. Lo que queráis hacer no es mi problema. - Kanan planeaba darse la vuelta y seguir su camino cuando la voz del otro orko volvió a alzarse.

Orko: - ¡Espere! - Kanan le dedico otra mirada asesina por seguirlo interrumpiendo, pero al parecer este orko tenía algo de agallas. - Nosotros orkos no saber ke hacer. Orkos seguir a lider fuerte a la batalla. Seguir a lider al gran Waaagh. -

Kanan: - ¡Ya le dije que no es mi problema! ¡No tengo tiempo para esto! Debo curar las heridas de mi compañero.

Orko: - ¡Espere! -

Esta vez si traspasó el límite, llegando a tocar incluso el hombro del Kanan. A pesar de tener al gran squig blanco entre sus manos, Kanan se dió la vuelta y derribó al orko de una patada en el pecho, para luego apoyar su pie sobre su cabeza con fuerza, con la suficiente furia como para aplastarle el cráneo si se lo proponía. Aún así, con la voz entrecortada y con el cráneo a punto se hacérsele añicos, el orko logró decir algunas palabras.

Orko: - Poder... kurar... a bestia... blan... ka. No... sobrevivir... afuera... solo. -

El pie de Kanan se aflojó por un segundo. Sabía que las palabras del orko no carecía de razón. Estaría solo, cuidando de un animal del cual no conocía nada de su biología o anatomía. Ni siquiera sabía si fuese capaz de curar a Blanco por su cuenta o al menor hacer que se recuperase. Estaba demasiado débil, y mucho más herido que cuando fue atacado por los otros squig.

Confiar en los orkos no era algo que Kanan viese con bueno ojos, pero sus opciones no eran mucha. Al parecer, estos tontos creían que él ahora era su jefe. Qué absurdo. Solo por derrotar al antiguo líder no te conviertes en un jefe. Un jefe debía ser listo, hábil y ser un gran estratega. Cosas que poco le importaba a los orkos realmente. Ellos solo seguían al mas fuerte. Simple y sencillo. Si el caudillo los conducía a una buena batalla, eso era más que suficiente.

La noche fue bastante larga para Kanan, y el tener que esperar fuera de la tienda médica malamente improvisada no le daba mucha confianza. ¿Qué diablos estaba pasando allí adentro? El silencio era desesperante. ¿Acaso Blanco ya había muerto? No. No podía darse por vencido tan fácilmente.

Finalmente, alrededor de lo que vendría siendo las dos de la mañana en el horario terrestre, la lona que tapaba la entrada del hospital de campaña se hizo a un lado para dejar ver a un peculiar orko. Tenía la mitad de su cara tapada por un trapo venga a saber por qué, y su expresión parecía no mostrar mucha felicidad.

Tenía la mitad de su cara tapada por un trapo venga a saber por qué, y su expresión parecía no mostrar mucha felicidad