Murrai y el resto intentaron ir tras de él, pero ninguno era capaz de seguirles el paso, sobre todo cuando una columna de engendros del caos les cortó el camino entre ellos y su señor. Al ser uno solo, y portar una agilidad imposible para alguien de su tamaño, Kanan blandió su espada, enviando las alamas de decenas de engendros de Slaneesh de vuelta a la disformidad. Muchos intentaron ponerle fin a su vida, más ninguno fue siquiera capaz de rozar su carne.
Kanan no lo pensó una segunda vez. Tan pronto tuvo su objetivo a su alcanza, alzó su arma listo para amputarle el brazo derecho y con algo de suerte, tal vez partirlo a la mitad en el proceso, pero el orko de melena blanca nunca esperó una reacción tan rápida por parte del marine del caos, quien bloqueó su ataque con su arma sin siquiera mirarlo, pues su vista se enfocaba más en la aldeari que intentaba ganarle en una batalla de forcejeo, cos en la cual tenía la ventaja y por mucho.
Marine del caos: - Bueno... Bueno... Bueno... Pero mira a quién tenemos aquí. Parece el nuevo juegete de mi señor ha decidido mordar la amno que le daba de comer. Encantador. -
Antes las fuerzas combinadas, el marine del caos decidió retroceder, empujando a sus oponenetes al mismo tiempo para ganar una posición más ventajosa. Ahora, su mirada era capaz de divisar tanto al orko como a la aldeari, y su emoción no podía hacer más que aumentar, reflejándose en la macabra y sínica sonrisa que se asomaba en su rostro.
Kanan: - Se lo dije a tu dios de porquería una vez. No soy como ustedes. Nunca lo he sido y jamás lo seré. Su mera presencia hace que me de asco, y no decearía nada más que librarme de esta incómoda sensación. -
Marine del caos: - Mmmm. Interesante. Eso me gusta. Ven e inténtalo... Si es que te apreves. -
Aeldari: - No te confies, piel verde. Él es Lucius, campeón de Slannesh, y a pesar de sus heridas, sigue siendo un oponente aterrador. -
Las palabras de la aeldari dejaron a Kanan en un estado de shock. ¿Lucius? ¿Lucius, El eterno? Ese nombre lo había escuchado incontables veces en el pasado. El mal y la locura hechos carne. Un rostro deforme por los cientos de cicatrices que él mismo se había hecho, y con una sanidad mental inexistente.
Su cuerpo estaba rodeado por los incontables rostros de la Armadura de las Almas Aullantes. Los cientos de voces de aquellos que una ves lo derrotaron y ahora estaban allí, para atormentarlo por toda la eternidad.
Su mano derecha portaba la icónica espada Laer, aquella que alguna vez poselló al demonio que ahora rondaba el cuerpo del primarca Fulgrim, pero ahora vacía, siendo una espada de enregía no muy diferente a cualquier otra, pero en las manos del esp...
Su mano derecha portaba la icónica espada Laer, aquella que alguna vez poselló al demonio que ahora rondaba el cuerpo del primarca Fulgrim, pero ahora vacía, siendo una espada de enregía no muy diferente a cualquier otra, pero en las manos del espadachín, era extremadamente mortal.
Su otra extremidad ya ni siquiera era una mano, sino un averrante gusano carnoso conocido como látigo del tormento Su otra extremidad ya ni siquiera era una mano, sino un averrante gusano carnoso conocido como látigo del tormento. Un letal regalo del dios del exceso a sus hijos más amados. Una masa carnosa que se returce y corta a sus víctimas como si tuviese mente propia.
Aún así, las heridas sobre el cuerpo de Lucius era evidentes Aún así, las heridas sobre el cuerpo de Lucius era evidentes. Al parecer, el duelo previo al señor Fenix aeldari tuvo sus consecuencias, pues aunque Lucius parecía haber salido victorioso, recibió un par de heridas que para muchos seres de menor poder hubiesen resultados mortales. Pero Lucius estaba lejos de ser un mero mortal.
Aún con su látigo lleno de cortadas, su estómago perforado por el filo de una lanza, decenas de pequeñas heridas por todo su cuerpo y su espesa sangre de un color rojo oscuro casi negro, Lucius seguía en pie, y aunque moribundo, perfetamente capaz de enfrentar a sus dos oponentes. y más que feliz por ello.
Aeldari: - ¡Cuidado! -
Aquella que ya lo había visto peliar se alarmó ante el movimiento del marine del caos. No había tiempo para explicaciones, pero Kanan sabía que algún tipo de ataque se aproximaba, y estaba en lo cierto.
El orko vio con temor como el brazo carnosos de Lucius se alzaba, lanzándolo contra ellos como un mortal látigo que partió el suelo bajos sus piez cuando este arremetió contra ellos. La aeldari no tuvo problemas para esquivarlo con su impresionante agilidad, aunque Kanan tuvo que colocar su espada para intentar para el ataque, pero fue incapaz de detener el retroceso del látigo cuando este se arqueó sobre el filo se su hoja y asotó la hombrera que ahora portaba.
El impacto fue brutal, obligando al orko a incar la rodilla, y sacudiendo su ya malherido cuerpo, pero al menos, la enorme pieza de metal imperial logró salvarle la vida... Momentaneamente.
Cuando Kanan logró recuperar sus sentidos tras e imponente golpe, vió como el malherido marine del caos se lanzó sobre él con una velocidad absurda para su enorme tamaño, y con su espada en alto lista para atravesa la gruesa piel del orko.
Aprovechando su postura baja y que ya tenía la espada horizontal, Kanan se alzó con todas sus fuerzas, golpenado la hoja de su oponenete con la suya, provocando que los tímpanos de los presentes se sacudiesen con un potente ruido, al mismo tiempo que hacía retroceder a Lucius un par de pasos antes de poder recuperar la postura.
Lucius: - ¡Sí! Eres fuerte. Me encanta. Me encanta. Otra marca para mi rostro. Otra sangre para sed. Mi señora estará muy complacida cuando te corte la cabeza. -
La locura de Lucius no tenía igual. Su cordura fue el precio que tuvo que pagar por su inmortalidad, pero ese era un precio insignificante comparado con volverse el mejor espadachin de la galaxia. Ya comenzaba a disfrutar del enfrentamiento, cuando recordó que el orko no peleaba solo.
Kanan vió asombrado como la aeldari que había desaparecido de su vista hace unos segundos se esfumó entre las muerte y la sangre y apareció a espaldas del maniático por encima de su cabeza. Su extraña y enorme espada dentada estaba lispa para acabar con la vida de su oponente, pero eso era un truco que no tomaría al marine del caos con la guardia baja.
A espaldas de Lucius, un extraño artefacto reacción completamente independiente a su voluntad A espaldas de Lucius, un extraño artefacto reacción completamente independiente a su voluntad. Un dispositivo inyectó sobre el cuerpo del marine una cantidad ridícula de estimulantes de Commorragh, convirtiendolo en una bestia más psicópata de lo que ya era.
La espada de la aeldari no encontró la carne de su oponenete, sino que en cambió, recibió un poderoso puñetazo que la lanzó a unos veinte metros de distancia, rodando y golpeándose repetidas veces contra el suelo, cayendo como una mucñeca de trapo sobre sobre varios de los cadáveres que decoraban el campo de batalla.
El mundo giraba a su alrededor, y sentía un desmesurado dolor por todo su cuerpo. Sus músculos no raccionaban tan bien como ella quisiera, pero si lo suficiente como para intentar alzar la cabeza. Pero ante su mirada, lo único que pudo ver fue la imponenete figura de Lucius abalanzándose sobre ella con la espada en alto, listo para cortarla en dos sin que pudiera hacer algo al respecto.
Pero un potente sonido metálico sacudió cada rincó del campo de batalla. Cuando la aeldari volvió a alzar la mirada, su visión era opacada por la impoenente silueta de ese extraño orko, el cual llegó justo a tiempo para poder bloquear el ataque de tan formidario oponente. Kanan sintió una vez más la furia y la locura de un alma rota siendo descargada csombre sus cansado hombros, pero este no era el momento para dudar.
Las dos hojas metálicas provocaban una frissión tan potente que podría magullar el metal, mientras las descargas de nergía psíquica estallaman en escalofriantes ráfallas de miasma púrpura y rayos negros como la inmencidad del espacio. La espada de Lucius rugía con la energía psíquica de su portador. Antes un hombre que se entreegó por completo al caos, y ahora su podredumbre corría por sus venas hasta embullir tan macabra hoja con fuerza arcanas de la disformidad. Aún así, la espada de Kanan no emanaba poder alguno.
Ese cuerpo piel verde vinculado al vacio no tenía ningún vínculo con las energías disformes, o tal vez Slaneesh se lo impedía, y por otro lado, su propio poder no era suficiente para activar tales efectos. En su vida pasada, esa aberración ya hubiese conocida su destino ante el filo de su hoja, pero la propia disformidad parecía negarse a manifestarse sobre su oponente. Pero con un esfuerzo sobrehumano, logró levantarse y hacer retroceder al alocado ser que intentaba desesperadamente acabar con su vida. Aquel cuya sonrisa parecía que desformaría permanentemente su rostro en cualquier momento.
Kanan: - ¿Puedes pelear? - Le preguntó a la moribunda aeldari que hacía lo posible por mantenerse en pie.
Aeldari: - Yo... no caeré... Yo... Protegeré a mi pueblo... y a mi gente... Yo no caeré... Yo expulsaré a estos bastardos de mi hogar. -
Kanan no podía negarlo. La aeldari tenía el espíritud, pero su cuerpo tal vez no estuviese listo para eso, sobre todo con ese hombro izquierdo dislocado y esa sangre que goteaba desde la parte de abajo del respirador de su casco.
Con una rápida mirada pudo notar su desgaste, y ni siquiera podría imaginar por cuanto tiempo estuvo peleando. Pero a diferencia de Lucius, ella no contaba con un coctel de estimulantes demenciales para seguir luchando aunque esto le costase cada célula de su cuerpo. Aún con todas esas heridas que el señor fenix le propinó antes de su caída.
Kanan: - ¿Tu por la derecha y yo por la izquierda? -
Aeldari: - Matesmo a... esa cosa. -
Las palabras deo orko de melena blanca no fueron al azar, y ni él ni la aeldari demoraron en lazarse hacia los costados para rodear a Lucius atacando desde dos puntos opuesto. Con algo de suerte, tal vez pudiesen debilitarlo o encontrar un punto ciego antes de acabar con él. Aunque decirlo era mucho más fácil que hacerlo.
Kanan se lanzó contra el formidable astarte del caos, haciendo chocar sus espadas en un sonoro impacto que sacudió la superficie bajo sus pies, mientras la aeldari, aún copn sus heridas, era perfectamente capaz de esquivar los mortales ataques del látigo demoníaco con una destreza que dajaría a cualquier bailarina de ballet en ridículo. Una elegante y hermosa danza de muerte y sangre.
Lucius, en cambio, más que atemorizado por verse superado dos a uno, solo podía reir macabramente y disfrutar del momento. Los estimulantes que comprimían sus nervios y hacían estallar su cuerpo lo mantenían en un estado psicótico, lejos de cualquier rastro de cordura o sentido común. Siendo perfectamente capaz no solo de detener o esquivar los ataques de ambos oponentes, sino de contratacar con una furia y un dominio colosal sobre la batalla, haciendo a Kanan y a la aeldari retroceder para recuperar el aliento.
Fue entonces que un ápice de luz llegó al lugar, cuando Murrey y los chikoz finalmente fueron capaces de abrirse camino entra la interminable marea de engendros del caos, quienes admiraron con entusiasmo la habilidad con que su señor se batía contra su oponenete, aunque vieron confusos como este luchaba junto a esa extraña de orejas picudas. Aún así, los problemas no hacían más que emepzar.
Soldado Aeldari: - Mi señora. Estamos en aprietos. - Gritó un aeldari hacia su regente en su propio idioma. - Los demonios están a punto de alcanzar el salón de los portales. -
Ante la noticia, Kanan pudo sentir la preocupación por la líder aeldari de inmediato, y la sonrisa sínica que se agrandaba sobre el rostro de Lucius le dejaban bien en claro que fuese lo que fuese, no era nada bueno.
