Catus: - Así que... Solo seiscientas ochenta y dos astartes. Es mucho menos que un capítulo estándar. Mucho menos para poder llamarse una legión. -
Takeko: - Vivir en las sombras nunca a sido tarea fácil. Lamentablemente, dado el acuerdo entre Ultramarines y Doncellas de Sangre, solo se reclutarían a mil aspirantes a la vez. Una fuerza de emergencia en tiempos de necesidad como estos. -
Catus: - Asumo que... el resto no sobrevivió... -
Takeko: - Lamentablemente no. Hay muchos... posibles imprevistos de por medio. -
Catus: - Entonces... ¿Ustedes llevan todos estos milenios reclutando a mujeres de Ultramar? -
Takeko: - Si. Desde que la primarca cayó en el estasis. La legion latía entre la sombra. Reclutando niñas que lo había perdido todo. Vivían en las sombras, entrenando cada día para nunca entrar a un campo de batalla. Moldeando sus cuerpos en dolorosos sacrificios que nadie jamás recordaría, solo para cultivar en su interior la semilla genética de la legión. Un gran sacrificio que las Doncellas de Sangre nunca olvidaremos. -
Catus: - Eso explica como pudieron preparar a las astartes tan rápido. -
Takeko: - En parte. Pero ahora que se comenzó con el reclutamiento oficial. Pasarán un par de años antes que podamos llamarnos a nosotras mismas como una legión. -
Catus: - Bueno... Los Hijos del Emperador empezaron con apenas doscientos de ellos. Así que tengo fe en que ustedes podrán hacer lo mismo. -
Takeko: - Eso espero... Pero lamentablemente no será tan fácil. -
Catus: - ¿Por qué dices eso? -
Takeko: - Si bien las astartes poseen los mismos órganos extra que sus contrapartes masculinos, la testimula es demasiado volátil. Motivo por el cual las astartes no lograron sobrevivir. -
Catus: - Nunca escuché de algo como eso. -
Takeko: - Por supuesto. Eso es algo que ustedes varones no necesitan. -
Catus: - Y... ¿Qué es? Si no es mucha molestia preguntar. -
La dama respiró profundamente. Tener que explicar eso no sería nada sencillo, sobre todo por el sinfín de palabras técnicas que había de por medio. Pero al menos haría el intento para explicarlo de la forma más sencilla posible.
Takeko: - A diferencia de ustedes, nosotros no somos capaces de producir testosterona, hormonas que son vitales para el crecimiento y desarrollo de la Osmódula y la Biscopea. Órganos encargados del aumento óseo y muscular. La testimula se encarga de esto, pero existe un treinta y uno punto ocho porciento que al activarse la semilla genética de la primarca, este órgano explote en el interior del astarte. Matándola al instante. -
Catus: - Menudo diseño más mediocre. ¿No crees que deberían mejor intentar arreglar esa falla? -
Takeko: - Las apotecarias de la legión llevan milenios tratando de hacerlo. Pero ninguna es capaz de entender el funcionamiento de tan complejo órgano. Y su creador nunca pudo terminar de ajustar esos defectos. -
Catus: - Bueno... Tratar de mancillar la obra perfecta del Emperador es considerado un crimen. Aunque nuestro propio padre aceptó tal ofensa... Y yo también. Los primaris somos la nueva luz del Imperio. Lo que no logro entender, es el por qué dejarían algo tan importante a media. ¿Quién fue el responsable de eso? -
Takeko no respondió de inmediato. Sabía que la respuesta a esa pregunta no iba a ser nada agradable para el capitán, pues el nombre que debía citar no sería del agrado de ningún ultramarine. Pero querer ocultarlo no tendría sentido en lo absoluto.
Takeko: - Perturabo. -
Fue tal y como Takeko pensaba. El primaris pasó de un estado de curiosidad a un estado de negación absoluta. Escuchar el nombre de uno de los primarcas traidores hizo que una ira invadiese su cuerpo de inmediato, conteniéndose por no reventarle la cabeza a quien tenía a su lado por portar en su interior algo tan hereje como la creación maquiavélica de un ser tan despreciable. Pero sabiendo que el capitán no tenía la mejor de las ideas en la cabeza, la Doncella de Sangre decidió aplacar su furia de la peor manera posible.
Takeko: - A diferencia de todo lo que has conocido, el primarca no siempre fue ese mal inmaculado que conoces. Él era un creador, un soñador. un genio sin igual. Él fue el que desarrolló el testimola. Él fue el que se atrevió a mancillar la obra del emperador. El fue el que permitió la creación de astartes mujeres. Aunque el Emperador no estaba de acuerdo en lo absoluto... El proyecto fue cancelado... Mi madre se durmió en el tiempo por la rabia. El primarca Perturabo maldijo a Emperador en silencio... Otra de las muchas cosas que lo empujó a su herejías. -
Catus no sabía que era lo que más le molestaba de todo eso. No sabía si era el hecho que esa insolente estuviese hablando blasfemias del maravilloso dios Emperador, o estuviese siquiera sugiriendo que un sucio traidor tuviese en su interior un motivo por el cual se lanzó a la peor de las herejía. Aún así, era posible que lo que más molestase al capitán era el hecho que la mujer hablase como si estuviese presente en todos esos acontecimientos.
Aún así, su enojo tuvo que ser guardado para otro momento, pues ya habían llegado a su destino, y lo menos que querían era montar un escándalo frente a la legión. Si es que a eso se le podría llamar legión como tal.
En el hangar de un modesto crucero clase Venganza, se desplegaban las seiscientas ochenta u dos astartes en perfecta formación En el hangar de un modesto crucero clase Venganza, se desplegaban las seiscientas ochenta u dos astartes en perfecta formación. Todas, equipada con las obsoletas armaduras WK-2, la variante femenina de las antiguas MK-2. Esta legión estuvo ausente por más de dies mil años, así que su arsenal, aunque funcional, estaba bastante obsoleto.
Las WK-2 eran exactamente iguales a sus variantes masculinas, solo con pequeñas modificaciones para adaptarse a los cuerpos femeninos, aunque sin lugar a dudas lo más notorio eran esas hombreras de placas independientes y no una pieza sólida como la del resto de capítulos, sobre la cual descansaba el emblema de la flor de Sakura. Símbolo de una efímera vida de honor y sacrificio.
Takeko y Catus avanzaron a traves de los hangars de la nave, donde las compuertas abiertas y aseguradas por los escudos de vacío mostraba un funesto mundo desértico, uno a las afueras del reino de Ultramar, el cual estaba siendo asediado por una h...
Takeko y Catus avanzaron a traves de los hangars de la nave, donde las compuertas abiertas y aseguradas por los escudos de vacío mostraba un funesto mundo desértico, uno a las afueras del reino de Ultramar, el cual estaba siendo asediado por una horda de traidores. Uno de los muchos grupos remanentes de la treceava cruzada negra del Saqueador.
A espaldas de la primarca, las astartes junto a un regimiento del Astra Militarum, esperaban la orden de la comandante. El equipo del que disponían era bastante escaso, contando solamente con dos Land Rider, pero la propia Tomoe podía entender la decisión de Guilliman. Confiar ciegamente en ella solo por ser una primarca no tenía sentido.
Pasaron años desde que Tomoe pisó el campo de batalla. A diferencia de sus hermanos, ella no llevó la guerra a cada rincón de la galaxia, ni doblegó incontables mundos bajo la verdad imperial. El Emperador no se lo permitió. No le permitió mostrar su valía. Así que la primarca lo entendía. Debía ganarse la confianza de su hermano en esta resistencia desesperada de la humanidad contra sus innumerable enemigos. Y esta campaña, a los ojos de Guilliman sencilla, sería un buen primer paso para analizar su verdadera fuerza.
Ese era otro motivo por el cual el propio Catus estaba allí. Guilliman no dijo nada, pero Tomoe no era tonta. Ella sabía que el capitán tendría un ojo sobre ella todo el tiempo. Analizando cada uno de sus movimientos. Sino no que roll cumpliría alguien como él como un mero consejero. Pero Tomoe le iba a demostrar a Guilliman su convicción. Se lo iba a mostrar con creses.
Takeko: - Mi señora. Estamos en el punto de desembarco. -
Tomoe: - Muy bien. Que las tropas suban a las capsulas y que desciendas. Aplasten al hereje y al enemigo del imperio. No mostrad piedad contra los traidores. Nos vemos en tierra firme. -
Takeko: - Si... Mi señora. -
Catus: - ¿Cómo que nos vemos en tierra firme? -
El capitán de los Ultramarines no tuvo tiempo siquiera a formular una segunda pregunta cuando vió atónito como la primarca saltó fuera del escudo de vacío de la nave, quedando a merced de la gravidez del planeta.
¿Acaso se había vuelto loca? Eso sin lugar a dudas era una estupidez en el mejor sentido de la palabra. Pero lo que más llamaba la atención del Ultramarine era el hecho que nadie de los presentes hizo el menor intento por detenerla. Todo lo contrario.
Takeko: - ¡YA OYERRON A SU PRIMARCA! ¡A LAS CÁPSULAS DE DESEMBARQUE! ¡QUE LA FURIA DE LA SEGUNDA LEGIÓN LLUEVA SOBRE LOS TRAIDORES Y LOS HEREJES! ¡LARGA VIDA A LA PRIMARCA DE LA SEGUNDA LEGIÓN! ¡LARGA VIDA AL IMPERIO! -
Ante los gritos de la mujer cuya rango en la segunda legión era desconocido para el capitán, las cientos de astates presentes y los soldados del Astra Militarum dejaron escapar un formidable grito de batalla mientras se dirigían a paso ligero a los transportes. Esta sería una batalla interesante de ver, pues su padre Guilliman, le ordeno al capitán no luchar a menos que fuese necesario.
Mientras tanto, cayendo a una velocidad ridícula por la atmósfera del planeta, la primarca Tomoe parecía no sufrir ante el radiante calor que su cuerpo estaba experimentando. Con cada segundo que pasaba su velocidad aumentaba, convirtiéndose en una vistosa bola de fuego que iluminó los desgastados cielos del planeta.
En tierra firma, tanto defensores como traidores miraron al cielo asombrados la extraña luz que se abalanzaba sobre el campo de batalla como un meteoro que cae desde el vacío del espacio. Los defensores, atrincherados en las últimas defensas de una fortaleza moribund miraron a los cielos, y de alguna inexplicable forma, sabían que esa sería sus salvación.
Los saqueadores, formados en su mayoría por remanentes de la Legión Negra y algunos astartes de los Amos de la Noche, sintieron una ira inmaculada cuando vieron el extraño objeto que ingresó al campo de batalla.
Tomoe cayó como una bola de fuego justo en medio de las formaciones enemigas, atravesando a un colosal titán Warlord del Caos en su mortal caída. La enorme bestia de metal se tambaleó ante el inmenso agujero que atravesaba su casco, pero el suelo bajo sus pies se volvió polvo cuando la propia primarca de la segunda legión impactó contra el suelo, provocando una devastadora honda expansiva que lanzó varios por los aires a todos los que estuviesen en un radio menor a los cien metros.
Una espesa cortina de humo y polvo se alzó justo al medio, impidiendo a los traidores ver que demonios fue eso que cayó de los cielos. Nunca antes habían visto algo así, pero estaban seguro que no era un capsula de desembarco, pues era muy pequeña. Lo que no sabían, era que se trataba de algo mucho peor.
El polvo fue arrastrado por un sueve viento del sur. Un viento que marcaba un cambio en las tornas de la batalla. Los traidores vieron impactados a la colosal armadura carmesí que se alzaba en el medio de ellos, con su cabellera siendo batida por los caprichos del viento.
En su mano izquierda portaba un bolter de plasma estándar, nada realmente fuera de lo común. Pero en su mano derecha, portaba un valioso artefacto casi único. Un arma forjada por el propio Vulcan como un sagrado regalo para su portadora.
Una hermosa hoja blanca, sencilla, pero extremadamente letal. Una katana motosierra tan letal como su variante en espada.
Tomoe alzó la mirada hacia los traidores, su katana rugió cuando sus motores se encendieron y las cadenas de su hoja giraron con una ganas insaciables de devorar la carne y huesos de sus victimas Tomoe alzó la mirada hacia los traidores, su katana rugió cuando sus motores se encendieron y las cadenas de su hoja giraron con una ganas insaciables de devorar la carne y huesos de sus victimas. A sus espaldas, las lanzaderas de la segunda legión se asomaban desde el horizonte.
Tomoe: - Que la muerte se apiade de estas pobres almas... porque yo no lo haré. -
