CAPITULO 3
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Era la noche de estreno para Terry, el actor principal de la obra. No era su primera, ni sería su última vez interpretando el papel de el Rey Lear, sin embargo, estaba sufriendo de unos profundos nervios. Tal vez la falta de sueño tampoco lo ayudaba, ya que no habia podido tan siquiera pegar un ojo la noche anterior, con el miedo de que aquel hermoso encuentro se hubiera tratado de un sueño cruel. No queria despertar solo para que su corazón se rompiera de nuevo. Pero a pesar de que habia confirmado que esa era su realidad, que Candy realmente estaba cerca de él, aun sentía un profundo miedo. Sabía que haría bien su trabajo en el escenario, eso no lo dudaba. Sus miedos venían porque esta vez, después de cinco años, Candy se encontraba en medio de todo ese público. La última vez que la había invitado a una obra suya, nada había salido bien. Candy había salido sin decir nada, y se había encontrado con Susanna a punto de quitarse la vida. Luego de eso, todo lo demás fue en picada.
—No será así esta vez —se dijo Terry, tomando un gran buche de aire. Echó un vistazo hacia los espectadores, retirando un poco el telón para no ser visto, y allí la vio, sentada en una de las mejores sillas. Ella estaba sonriendo y jugueteando con un pañuelo como si estuviera nerviosa. Tal vez ella también estaba recordando lo mismo que él.
«Esta vez no hay nada que nos pueda separar, Candy. Tenemos el camino libre... Al menos, si eso es lo que tu también piensas».
—Salimos en cinco, Terry —avisó Harry, dando un leve golpe en el hombro de su compañero.
El castaño suspiró con fuerza y siguió a Harry hacia donde los demás estaban reunidos, teniendo la esperanza de que todo saliera bien, y de que cuando la obra acabara, Candy lo estaría esperando.
Durante el espectáculo, Candy se aferró a su crucifijo, rezando por el bienestar de Terry mientras lo miraba actuar. Lo hacía mejor comparado a la primera vez que lo había visto sobre las tablas del escenario, pues en aquel entonces, él era tan solo un novato, uno mas de los estudiantes de teatro, pero ahora era el actor más reconocido de la generación. No solo cargaba con un talento superior a sus compañeros, también su personalidad y belleza lo hacían destacar aún más. Para Candy no era ningún secreto que ella no era la única que suspiraba de tan solo ver una fotografía suya; sin embargo, tampoco pensaba mucho en ello, ya que él nunca les mostraba iteres, o al menos nunca habian salido noticias de él ligado a una mujer aparte de Susanna Marlowe.
Antes de haberse dado cuenta, todas las luces se encendieron, y todos los miembros de la obra se hicieron enfrente para poder agradecer al público. Candy se puso de pie de golpe y comenzó a aplaudir con entusiasmo, mirando directamente a quien mas brillaba. Terry le devolvió la mirada en cuestión de segundos, y a juzgar por su expresion, parecía estar aliviado de aun encontrarla allí.
Los espectadores arrojaron sus flores al escenario, y fue entonces que Terry recogió una de las muchas rosas, para entonces dar su última reverencia. El telón se cerró, y Terence fue ocultado de la vista de Candy. Estaba ansiosa por verlo de nuevo, así que se le ocurrió esperarlo en la salida, solo que alguien la tomó del brazo antes de que pudiera avanzar.
—¡Karen! —exclamó Candy con una sonrisa.
—Hola, Candy. ¿A dónde vas? —La castaña sonrió de vuelta. Soltó el brazo de Candy y se llevó las manos a su falda para alisarla. Estaba usando un largo vestido color rubí, con el cuello en forma de v, y por encima, un abrigo negro que hacia juego con los tacones del mismo color. Era evidente el esmero que siempre ponía con su apariencia agraciada. Por un momento, a Candy le pareció que su estilo de moda era tan bueno como la de su primo Archie, o como Terence lo había nombrado, el Elegante.
—Estaba por salir para ver a Terry.
—¿Y que te hace pensar que las locas de sus admiradoras te dejarán aproximársele? Esperarlo en la salida siempre es una mala idea, no sabes como se pone la situación —dijo Karen con bastante experiencia, pues ella también había tenido que vivir los atropellos de la gente una vez los actores salían del teatro.
—Entonces, ¿como puedo verlo? —Se preocupó la Pecosa. Realmente deseaba estar cerca de él, lo deseaba tanto que hasta había olvidado cómo había sido tratada la primera vez que lo había esperado en la salida. La habían jaloneado y empujado, impidiendole tan solo tocarle un pelo.
—Hmm... ¡Sígueme! —Volvió a tomar a Candy del brazo, y la dirigió a los pasillos que dirigían a los camerinos. Los demás trabajadores les dedicaron miradas confusas, pero en ningún momento intentaron detenerlas.
—Pero, Karen... No deberíamos estar aquí.
—Candy, si hubieras entrado aquí sola, creeme que ya te habrían echado, pero soy reconocida por aquí. ¡Todo está bien! —aseguró la castaña despreocupadamente.
En pocos segundos, las dos mujeres terminaron frente a la puerta del camerino perteneciente a Terence. Karen tocó tres veces, y el hombre, tras unos segundos de espera, dio su permiso. Ambas se adentraron en silencio, mientras él ya hacía sentado frente a su tocador, ya vistiendo una ropa casual.
Inadvertido, Terence se pasó un paño por el rostro para acabar de retirar su maquillaje, se miró al espejo, donde descubrió el reflejo de Karen junto al de Candy, y se giró inmediatamente a ellas, sorprendiendose con su presencia. Habia creido que era Robert o Harry el que tocaba para apurarlo.
—¿Ocurrió algo? —Terry se puso de pie y se aproximó mayormente a Candy, revisándola con la mirada.
—Todo está bien. Solo quería verte —confesó la rubia, sonrojándose levemente al ver cómo la mirada de Terry le recorría el cuerpo. Un cosquilleo agradable se hizo presente en su vientre.
—¿Por qué?
La pregunta de Terry tomó desprevenida a Candy, pues no creía que tenía que tener una razón para querer verlo. Simplemente eso era lo que le apetecía a su corazón.
—¿Cómo que por qué, Idiota? Es tu invitada y no conoce a nadie más aquí. Piensa —regañó Karen.
—Gracias por la explicación que no te pedi, Karen —murmuró hacia ella. Ella, por su parte, rió y se acercó a él para asistirlo con la corbata, solo que antes de poder hacerlo, Terry le dedicó una mirada que solo ella pudo leer. Esta prácticamente le decía que estaba de sobra ahí.
—¡Ah! ¿Me echas? ¡Bien, sé cuando no me quieren cerca! —Se hizo la indignada—. ¡Diviértanse, tortolitos! —Karen soltó la carcajada cuando ambos se pusieron de mil colores. Complacida con su comentario travieso, la castaña salió del camerino, dejando a la pareja a solas.
—Ejem... —tosió Terry—, ¿tienes... algo que decirme? —Tomó unos cuantos pasos lejos de ella para poder alcanzar el perchero, donde colgaba su chaqueta. Se la colocó, sin percatarse de la insistente mirada de Candy sobre él.
—¡No!... Bueno, estuviste maravilloso. ¡Te robaste toda la atención, si no estabas en la escena, ya estábamos esperando a que reaparecieras! ¡Tu voz nos robó el aliento, y tu presencia nos provocó cosquilleos...!
—¿En todos o en ti? —interrumpió Terry, sonriendo con cierta burla y orgullo.
—¿Que...Que si yo...? —Candy tartamudeó al haberse descubierto a si misma—. ¡Terry, qué pregunta! —Reaccionó, enderezando la espalda y cruzando los brazos en muestra de indignación—. ¡Por supuesto que en todos!
—¿Así que te robé el aliento y te causé cosquilleos a ti también? —Volvió hacia ella con un caminar descarado, y se detuvo una vez ella dio el primer paso hacia atrás. La había puesto nerviosa. Al verla reaccionar así, Terry soltó una sonora carcajada que rebotó agradablemente en los oídos de Candy—. Parece que nada ha cambiado. ¡Sigues encontrándome irresistible!
—¡Pretencioso! ¡No dejes que la fama se te suba a la cabeza! —Lo empujó con ambas manos y corrió hacia el sofá para aparentar molestia ante las acusaciones del castaño, pero en el fondo conocía bien que tenía toda la razón. Su corazón seguía vibrando por él cada vez que lo sentía cerca, o con tan solo pensarlo.
—Sabes que nunca lo haría —afirmó Terry con una sonrisa que se negaba a borrar—. Sólo me gusta sacarte de quicio, ¡y tú me lo haces muy fácil! —Le propinó un pequeño golpe en la nariz antes de regresar hacia el perchero para alcanzar su bufanda y gorro.
—Creo que los años han afectado mi tolerancia a tu actitud engreída. Hm, Archie ha de haber tenido la razón al apodarte «aristócrata malcriado». —Hizo comillas con los dedos para destacar el nombre poco halagador.
—Ouch. —Terry se hizo el ofendido mientras se colocaba las prendas de ropa. De la nada, Candy se puso de pie y se paró frente a él con la mirada concentrada en su pecho—. ¿Qué pasa...? —Pero Terry no tuvo que esperar por una respuesta, pues Candy se le adelantó al acomodarle la corbata. Las manos de Candy parecían tener experiencia al ver lo rápido que había logrado arreglarla, por lo cual Terry se preguntó si había tenido dicho gesto con otro hombre. Con esa idea, de un rostro que reflejaba ternura, pasó a una seria en cuestión de segundos. Había sentido aquel vuelco en el estómago, aquel pinchazo en el corazón que los celos provocaban en él.
«Hace mucho tiempo no experimentaba esto», pensó Terry, recordando cómo había sentido lo mismo al conocer el nombre de Anthony.
—¿Por qué esa cara? —cuestionó Candy, doblando las cejas con preocupación al ver lo rapido que la expresión de Terry habia cambiado. Temió que su acción lo hubiera disgustado. Tal vez había actuado con demasiado atrevimiento.
—Nada... Es solo que acabo de recordar que en el Saint-Paul llegué a usar una corbata similar a esta, pero te la presté a ti... ¡Y tú te la robaste! —acusó.
—¡Yo no robé nada!
—Pues jamás la volví a ver, ¿la recuerdas?
—Si, de hecho, aun la tengo —confesó Candy para el asombro de Terry.
—¿Como? ¿La has estado guardando todo este tiempo? —Terry percibió una emoción que no supo llamar, solo pudo reconocer un tipo de mezcla entre ternura, ilusión, y tristeza. Su Pecosa había conservado un recuerdo suyo, tal y como él había conservado su armónica. A lo mejor, eso era una buena señal.
—Si, junto a otros tesoros. Los tengo guardados en un cajón ya que no tengo un mejor lugar para reservarlos.
—¡Terry, las salidas están inundadas de gente! ¡Será mejor salir ahora mismo...! —Harry entró al camerino de su compañero sin tan siquiera tocar la puerta. El rubio se detuvo al ver la mirada asesina de Terry, y la comprendió una vez miró detrás de él. Había una mujer que jamás había visto, pero cuya belleza lo dejó sorprendido—. ¡Aja! —exclamó Harry con altanería—. Terry, ¿por qué no me dijiste que esta hermosa dama estaba aquí? He de parecer un maleducado. Señorita, un gusto conocerla —dijo, tomando la mano de Candy para besarla caballerosamente—. Mi nombre es Harold, pero tú puedes llamarme... ¡Huf! —Harry se quedó sin aire ante el codazo que Terry asestó a su estómago—. ¡Ey! —protestó, a punto de levantar su puño para regresarle el golpe, pero al leer la mirada cabreada de Terry, se dio cuenta de que aquella chica no era una fan cualquiera, sino la chica que Terry quería exclusivamente para él—. Ah, ya entendi.
—¿Que cosa? —preguntó Candy.
—Estás fuera de límites.
—¿De límites?
—¡Estamos tarde, Harry! —gritó Terry antes de que su compañero siguiera tomándose la libertad de revelar cosas que no le correspondían. —. ¿Por qué no te adelantas? —Lo agarró del brazo y lo fue arrastrando hacia la salida—. Tengo que darle dinero a Candy para un taxi.
—¡Mejor que venga con nosotros! —Harry se zafó del agarre de Terry y aprovechó su libertad para aproximarse de nuevo a Candy, quien había sonreído ampliamente ante la idea de ir en el mismo auto que los dos actores—. ¿Qué piensas tú, Candy? ¿Quieres acompañarnos a la fiesta?
—¡Por supuesto!
—¡No! —negó Terry, interponiéndose entre los dos—. ¿Enloqueciste, Harry? Es demasiado peligroso que vaya con nosotros. Si la ven salir a nuestro lado, los paparazzis estarán sobre ella día y noche, ¡y ni hablar de los fanáticos!
—No si la cuidamos —refutó, dejando que su brazo cayera sobre los hombros de Candy, en una evidente burla hacia Terry. Lo estaba sacando de quicio y lo sabía.
—Vamos, Terry, deja que vaya con ustedes.
—Si, Terry. Además, no sería lindo de tu parte dejar a tu amiga viajar sola con un extraño. ¡Es tu invitada!
—¡Dije que no! Candy, sal con cuidado y consigue tu taxi —ordenó Terry, sacando dinero de su bolsillo para entregárselo, pero las palabras que emitió Harry a continuación, hicieron que todos sus movimientos se congelaran.
—Bueno, en ese caso, iré yo con ella. Vamonos, Candy. —Harry comenzó su andar junto a la rubia, quien empezaba a comprender sus trucos.
El castaño, al haber sido sobrepasado por ambos, reaccionó. Agarró el cuello de la camisa de Harry y lo tiró hacia atras, casi llevandolo al suelo. Ignorando el quejido de su compañero, Terry pasó a quitarse su gorra y bufanda, y sin dar explicaciones, con el rostro reflejando derrota, colocó la gorra sobre la cabeza de Candy y ató la bufanda alrededor de su cuello hasta asegurarse de que su identidad estaba completamente oculta.
«Que bien huele», pensó la Pecosa al reconocer el aroma de Terry en la tela de la bufanda.
—Así está bien —dijo Terry mas para sí mismo que para sus dos acompañantes. Entrelazó sus dedos con los de Candy en un firme agarre, y la llevó consigo a la salida trasera, donde un mar de admiradores y su conductor lo esperaba—. Candy —Terry se detuvo por unos breves segundos frente a la puerta, llamando la atención de la rubia—, por nada vayas a soltarme, ¿entiendes?
—Y no te destapes el rostro —incluyó Harry.
Candy asintió con la cabeza, comenzando a sentirse dudosa. Terry y Harry se habían escuchado muy serios al advertirle sobre los posibles riesgos que la gente desesperada podía traerle. Karen muy bien se lo había explicado, y era algo que ningún actor se tomaba a la ligera.
—Estoy lista —Candy dijo con aire convencido, y fortaleció el agarre de Terry.
Una vez la puerta se abrió, una manada de gente ocupó toda la salida, estirando sus brazos y lanzando sus gritos. Tuvieron que ir empujándose dentro de la multitud para alcanzar el coche.
—¿Quién es esa mujer? —comenzaron a cuestionarse todos.
—¿Quién eres tú?
—¡Graham! ¿Por qué la llevas de la mano?
Los gritos se hicieron más fuertes, no solo hacia Terry y Harry, sino para la misteriosa mujer igual. Candy se aferró cada vez más al cuerpo de Terry al sentir como varias manos jalaban de su ropa y extremidades. Terry la envolvió en un abrazo protector, mientras Harry apartaba a la gente que trataba de separarla del actor.
—No te asustes, ya casi estamos llegando. —Candy escuchó a Terry susurrar muy cerca de su oído. Y ya no importaron los gritos histéricos, ni los jalones agresivos, solo le importaba el hecho de que estaba en brazos de Terry, segura de que él no permitiría que la lastimaran.
—¡Suban! —apuró Harry, abriendo la puerta del auto. La pareja no dudó ni un segundo en entrar.
—¡Imbecil! ¿Qué esperas?
—Hm, no, yo tomaré el taxi. ¡Suerte! —Le lanzó un guiño a Terry, y cerró la puerta del auto para dejarlos partir.
Terry se quedó impresionado ante la pequeña trampa de Harry, aunque no podía quejarse, al final había sido su cómplice para compartir el viaje junto a su Pecosa. Por un instante, sintió que Harry no era tan malo como lo recordaba.
—¿Estás bien, Candy? ¿No te hicieron daño? —Se dirigió de vuelta a ella, recorriendo su mirada por su cuerpo en busca de alguna herida, pero para su gran alivio, Candy no mostraba signos de dolor.
—No me pasó nada, Terry, estoy muy bien. Gracias.
—Te tomaron muchas fotografías, se estarán preguntando por mucho tiempo quién eres... No quería que esto pasara. No quiero perjudicarte, que invadan tu privacidad y que tengas que estar tapándote el rostro todo el tiempo para evitar que te acorralen. —Su voz le demostró a Candy su frustración. Pasó su mano por su cabello para relajarse, pero el coraje no disminuyó. Sabía muy bien que todo eso era nuevo para Candy, y que sería como quitarle una parte de su libertad.
—¿Haces esto todos los días? —preguntó ella, retirando de su cuerpo las dos prendas de Terry.
—Si.
—Entonces no puede ser tan malo... —Alzó los hombros, pareciendo no darle tanta importancia—. Terry, no me importa el comportamiento de los admiradores, y tampoco me importan los paparazzis y sus cámaras. Ellos no me dan miedo, si tengo que nadar entre todo ese mar de gente, no tengo problema con ello.
—¿Por qué?
—Pues... Porque tú estarás ahí. Nada me va a pasar.
—Tienes razón. —Terry le regaló una de sus sonrisas más honestas, de esas que solo le dedicaba a ella. Había tenido miedo de que su profesión fuera un impedimento para alguna otra visita de Candy, que ella nunca se sintiera cómoda con el hecho de siempre estar bajo los ojos de extraños, ya que era un estilo de vida muy diferente al que ella estaba acostumbrada, pero ahora sabía que nada de eso era un inconveniente. Candy solo disfrutaba su compañía.
Y como siempre, el tiempo que pasaban al lado del otro se fue volando. Una semana no había sido suficiente para cesar el deseo de permanecer al lado del otro y solo ver el tiempo pasar, pues los días se habían sentido como unos meros minutos. Por más que Terry quería pedirle a Candy que se quedara por más tiempo, sabía que ella necesitaba regresar al Hogar de Pony como se lo había prometido a sus madres. No tenía otra opción que dejarla en la estación y despedirla bajo la noche helada del invierno, con la esperanza de que regresara pronto.
—Los pasajeros comienzan a abordar. Debo apurarme —declaró Candy, retirando del agarre de Terry su equipaje. Subió la mirada para echarle un último vistazo a Terry antes de decirle adiós, pero su característica bufanda y gorro le hacían muy difícil recrear el resto de su cara—. ¡Disfruté mucho regresar a Nueva York! Claro que, no hubiera sido lo mismo sin tu compañía. Todo fue maravilloso, Terry... Estoy feliz de que pudimos vernos de nuevo —confesó, a punto de estirar sus brazos para darle un último abrazo, pero Terry hundió sus manos en los bolsillos de su pantalón, sin darse cuenta de que había rechazado a su Pecosa.
—Yo también lo estoy. —Asintió con la cabeza, fue el único gesto que Candy pudo percibir de él, pues ni siquiera podía ver si tenía una sonrisa dibujada en los labios—. Gracias por haber aceptado mi invitación, Candy, significa mucho para mi. Sabes que puedes venir cuando quieras, ¿verdad? Yo... siempre te estaré esperando con los brazos abiertos. —Terry espetó las uñas en sus piernas para distraerse del salto que había dado su corazón al confesarle esas palabras a Candy; sin embargo, ella no pareció pensar mucho sobre ellas.
—Gracias, Terry. Adiós...
—Hasta pronto —Terry se apresuró a decir, y Candy sonrió ante la sensación tan linda que le provocaban esas palabras. Ella nunca solía anunciar su partida, pues las despedidas le parecían demasiado tristes, pero Terry tenía razón, esta vez la distancia no sería un adiós. Se volverían a ver.
—¡Hasta pronto! —respondió, y después de darle una ligera sonrisa, se dio la vuelta. Con un gesto apresurado, introdujo su mano en el interior del bolso para agarrar su boleto, y al retirar lo que buscaba, un segundo papel se deslizó por el suelo. Antes de tener la oportunidad de correr tras él, Terry se apresuró a recogerlo.
Al voltear el papel, se encontró con una foto desgastada de él mismo siendo mas joven. Una sensación cálida y extraña se apoderó de él al darse cuenta de que Candy había guardado esa fotografía durante mucho tiempo.
—Soy yo —dijo Terry, levantando la mirada hacia Candy en busca de alguna explicación, pero ella parecía demasiado avergonzada para responder.
—Gracias por atraparla —murmuró Candy, arrebatándole la foto de las manos y volviéndola a guardar en su bolso.
—No sabía que tenías una foto mía.
—La llevo conmigo a todas partes —admitió Candy, reteniendo el aliento mientras sus mejillas se ruborizaban.
Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Terry, incapaz de contener su emoción ante la revelación.
—Debo irme. Cuídate.
Terry, aun quieto por la impresión, mantuvo su mirada puesta en la figura de Candy, en como esta, sin darle una última mirada, iba dando el primer paso para subirse al tren como queriendo escapar de él. No pudo contenerse más. Aunque no habían tocado el tema sobre sus sentimientos, él sí tenía en claro los suyos, y estaba casi seguro de que ella los correspondía.
—Pecosa —la llamó y la detuvo por la muñeca antes de que pudiera poner el segundo pie sobre el tren.
Ella se volteó y lo miró a los ojos, cuestionando su acción repentina.
—Terry, ¿qué haces? El tren está por salir.
—Lo sé, pero es que yo... —Y el silbato del tren lo interrumpió. Ya no tenía tiempo para hablar, así que decidió que las palabras fueran reemplazadas con acciones. Hizo hacia abajo su bufanda para destapar la parte baja de su rostro, mientras ella se le quedaba mirando en confusión.
—Terry... —Candy sintió un escalofrío cuando Terry acunó su mejilla derecha con la palma de su mano. Quiso preguntarle por qué actuaba tan raro, pero no tuvo la oportunidad una vez Terry colocó sus labios sobre los de ella.
No había sido un beso brusco, lleno de celos como el primero que le había dado, este apenas comenzó como un roce delicado. Era una caricia llena de anhelo que poco a poco le transmitió a Candy todo lo que él sentía por ella, todo el afecto que él había querido convertir en palabras estaba en ese único beso que ella misma había comenzado a corresponder.
Candy empujó su rostro hacia el de Terry, intentando profundizar la caricia, sin temor a que la inexperiencia no le permitiera hacer más. Sabía que no era un impedimento para que Terry quisiera seguir besándola, pues él mostraba no querer separarse de ella. Terry siguió buscándola, empujando sus labios contra los de ella hasta lograr separarlos. Fue entonces que introdujo su lengua, explorando aquella parte que ella nunca le había permitido alcanzar.
Las mejillas de Candy comenzaron a sonrojarse ferozmente una vez estuvo consciente de que podia saborear la boca de él, y cómo su respiración caliente caía justo sobre su rostro pecoso. Todo eso era demasiado para ella... Estaba segura de que su corazón no soportaría más la velocidad y fuerza con la que corría.
—No tienes idea de cuántas veces quise besarte así —murmuró Terry, todavía pegado a sus labios, pues no importaba cuantas veces los besaba, nada parecía saciar su sed—. Pecosa, no quiero que te vayas...
—Terry... No puedo...
Y una vez más el silbato del tren hizo presencia, solo que la locomotora de vapor comenzó a andar sin poder esperar un minuto más. Candy se separó del castaño y miró hacia atrás, localizando a su maleta aún esperándola sobre los escalones. No tuvo la oportunidad de correr, pues Terry la sostuvo de la cintura, y la elevó hasta dejarla sobre el tren.
—Regresa pronto —pidió, sacudiendo su mano.
Candy sonrió.
—¡Visítame tú también, Terry! ¡Hasta pronto!
Continuara...
꧁✿𑁍✿꧂
¡Hola, chicas! Sé que dije que sólo subiría un capítulo a la semana, pero es que no me pude aguantar para subir este.
Por cierto, hace tiempo hice un fanart de la escena del beso cuando recién la estaba escribiendo. Si desean verlo, se encuentra en mi cuenta de instragram donde estoy como gene . sis _ tg
¡Espero que les haya gustado!
De paso también les quería dar las gracias por leer este fic y por dejar sus reviews. ¡Me encanta poder leerlas!
Respondiendo a algunos comentarios:
"Sofia Saldana
Muy feliz de leer una nueva historia tuya me encanta la idea! Ay Candy porque recibes a Terry con esa actitud si fueron varias semanas las que no se vieron y tú enviándolo a dormir a otra habitación! Y como que no comparten la misma cama que cada quien en su habitación! No eso está muy mal, ahora que saben que serán padres ojalá y puedan estar juntos compartiendo todo! GRACIAS por compartir esta nueva historia, estaré pendiente de lo siguiente. GRACIAS y saludos."
Hola Sofia! Que lindo verte por aqui de nuevo! Pues sabras que ellos viven en una epoca diferente, y para ese entonces, las parejas de casados no compartian habitaciones. Cada uno tenia su respectivo cuarto, y solo dormian juntos a la hora de intimar... Fue hasta mas adelante que compartian cuartos pero dormian en camas separadas, ¿que distinto no? Pero tambien sabemos que Candy y Terry suelen romper las normas, asi que, aunque no hagan nada, les gusta dormir juntos, ahora especialmente que esta embarazada, Terry no la va a dejar sola!
"Luna Andry
Qué hermoso capítulo! Pero qué pasó entre Karen y Terry? No quiero saber, bueno… en realidad sí, pero que sea algo que no nos haga sufrir, por favor. la interacción de la pareja, es tan segura y desenvuelta, tal como era en Londres! Espero con paciencia la continuación de tan bien redactada historia"
Saludos, Luna! Me alegra muchísimo que te haya gustado el capítulo anterior! Con respecto a Terry y Karen, todo se explica en mi Fanfic anterior: "Terence Granchester La Historia Definitiva" ya que este fanfic que estoy publicando ahora es la continuación, pero no necesariamente tienes que leerlo para entender este. Más adelante volveré a explicar todo lo que pasó de manera resumida. ¡Gracias por tomarte el tiempo de comentar!
Ahora si, nos leemos en el próximo capítulo, que será narrado por Candy adulta!
