Capítulo 3.

El día a día.


El señor Hopediah se dirigió al banco aquel día Sábado desde temprano, después de desayunar una sabrosa tortilla de huevos hecha por su esclava Anne.

Un sapo robusto con traje de guardia le dio los buenos días y procedió a abrirle amablemente la puerta y es que después de todo Hopediah Plantar era un granjero bien conocido y respetado de todo Bosque Verruga y cliente de muchos años del banco regional.

El lugar era atendido por varias ranas y tritones de elegantes y formales trajes, a su vez ya había varios clientes de todas las razas anfibias en el lugar, incluso un humano mercader, el señor Markus, conocido sobre todo por traer mercancías como chocolate, tabaco, café y demás delicias humanas a Bosque Verruga.

Tras hacer fila por poco menos de una hora (para buena suerte suya), el anciano rana fue atendido por un joven tritón.

-Buenos días Abu-Hop, algún retiro o transferencia.

-Se trata de un depósito de hecho- rió amablemente.

-Si me permite su "llave" por favor- indico el joven tritón.

-Oh si claro- Abu-Hop saco entonces una especie de tarjeta electrónica donde estaban tanto sus datos personales, el dinero en su cuenta bancaria y el historial de ingresos y retiros. Una vez que escaneo la tarjeta y que todo estuviera en orden, regreso la tarjeta a Abu-Hop.

Muy bien ahora si me hace el favor de acompañarme a la bovéda, indico el tritón.

Unas puertas corredizas se activaron cuando mostró a un escáner su tarjeta de operario del bando, estas puertas y los distintos niveles o secciones de la bovéda estaban custodiadas por Ranabots de distintas clases, a mayor riqueza mayor era el "nivel" de aquellas máquinas.

Tras un rato llegaron al casillero donde estaban guardados los ahorros del señor Hopediah, entonces uso su tarjeta para abrirlo y acomodo el contenido de un saquito con una generosa cantidad de monedas de plata.

Desde su lugar se podía observar que las cosechas de los últimos años habían sido muy fructíferas, pues tanto monedas de plata y oro abastecían su casillero.

Abu-Hop se sentía complacido pero sobre todo en paz porque algún día todo ese patrimonio sería también de sus nietos, él ya se había asegurado de eso.


En aquellos días Sprig había compartido algunos de sus conocimientos más útiles con la niña humana, le había enseñado a clasificar los distintos tipos de hongos que podía encontrar en el bosque, desde los comestibles, los venenosos, los alucinogénos y alguno que otro con propiedades medicinales. Así como en su tiempo se lo había enseñado su abuelo.

Algunas veces también iban a pescar junto con Polly y para sorpresa del chico rana a Anne se le daba bien el pescar, ella le contó que sus padres le habían enseñado ya que la cocina Thai también requería de pescados y mariscos para la elaboración de ciertos platillos.

Aquel lago donde ahora se encontraban, en otro tiempo en otro mundo, pudo albergar hasta serpientes o monstruos de río, sin embargo con una combinación de la "gloriosa" tecnología de Amphibia y los conocimientos del mundo humanos aquel cuerpo de agua se había convertido en un prospéro criadero de truchas y tilapias de uso público.

Donde sus habitantes podían tomar los peces que necesitarán solo había que dejar un par de monedas de cobre en un curioso artefacto con forma de vasija a la entrada del lago.

-Esto es algo aburrido, dime que tal tú esclava, has picado algo- dijo la pequeña renacuajo desde su cubeta.

-Nada aún ama Polly- respondió Anne concentrada en su labor.

-Se paciente Polly, ya picaran los peces en cualquier momento.

Y de hecho Sprig tuvo razón pues al poco rato una trucha de tamaño mediano termino picando el anzuelo.

-Anne tuvo la fortuna de pescar luego un par de tilapias adultas.

En tanto que Polly... Termino pescando una trucha que le doblaba el tamaño, haciendo que casi se saliera de su cubeta, por fortuna Anne le agarro a tiempo y juntas hicieron la fuerza suficiente para obtener el pez.

-Te doy las gracias humana, ese pez si que era grande, ¿no creen?- dijo esto último con orgullo la pequeña renacuajo.

-Eso no te lo voy a negar hermana- dijo Sprig.

-Ahora esclava lleva nuestras cosas- ordeno Polly.

-Enseguida ama Polly- obedeció la niña tailandesa en el acto recogiendo el canasto con los peces y su caña de pescar.

-No se te olvida algo- acotó Polly.

-Oh lo siento, no me di cuenta- dijo Anne a modo de disculpa.

De ese modo Anne termino cargando con las cañas de pescar de los hermanos Plantar también.

Sprig solo hizo una mueca ante ese acto, el hecho de que fuera su esclava no significaba que no podían ser amables con ella y pedirle las cosas de mejor modo, o no sobrecargarla de trabajo como en ese caso.

Más tarde prepararon la cena con lo obtenido de la pesca así como unas setas que tenían de reserva gracias al trabajo de Anne y Sprig.

Abu-Hop preparo las setas con sal, pimienta y hierbas aromáticas, quedando deliciosas. Mientras que el pescado lo capeo y frío en aceite de oliva.

Mientras Anne comía discretamente su cena. Comenzó a recordar como al salir de la escuela ayudaba generalmente a sus padres en su restaurante y como cenaban juntos cuando ya cerraban, eran momentos simples pero amenos.

Ellas les contaba de su día, de sus amigas y otras cosas y así mismo lo hacían sus padres. Quien diría que ahora añoraría tanto esos momentos, hay muchas cosas que damos por hecho y no las valoramos realmente hasta que nos son arrebatadas de golpe, tal cuál como le pasó a Anne Boonchuy.

Recordaba también como Marcy le contaba su deseo de ser una escriba de la corte de Newtopia o algo similar donde usará sus talentos.

Y de Sasha, bueno ella fue criada por su padre después de la prematura muerte de su madre, en el arte de la guerra para así tener una carrera en el ejército de Amphibia que aceptaba humanos desde hace algunos siglos.

Antes de la esclavitud la verdad es que ella no pensaba mucho en su propio futuro, a veces pensaba que no estaría mal continuar con el legado del restaurante familiar o quizás especializarse en algún deporte, la verdad es que hacía tiempo le había tomado gusto al tennis en la escuela.

O quién sabe quizás también alguna carrera que estudiara animales.

Sin embargo ahora aquello sonaba tan lejano como si de otra vida se tratase.


Pasado un mes de su llegada Abu-Hop comenzó a darle diez monedas de plata a la semana a Anne.

Pese a ser su esclava sentía que merecía alguna recompensa por su buen trabajo hecho hasta ahora.

Además no era el único dueño de esclavos que recompensaba a aquellos que desmostrarán lealtad y un trabajo eficiente.

Anne tanto sorprendida y agradecida usaría ese dinero, al día siguiente para comprar algunas cosas que necesitaba.

Tras autorizar su ida al pueblo con su brazalete Abu-Hop solo le dijo que tuviera cuidado. Anne agradecía por que fuera Domingo y tuviera el día libre, se dirigió concretamente al centro un poco cohibida pero con decisión a la vez.

Lo primero que hizo fue comprarse un par de zapatos, más concretamente unas botas de trabajo de color cafe.

También comercio por unos overoles de mezclilla (sin duda esta prenda le sería muy útil para el trabajo) un par de camisetas blancas, un vestido de dos piezas floreado, calcetines y ropa interior, la cual era una especie de shorts bombachos que le llegaban casi hasta la rodilla.

Todo eso por menos de sus diez monedas de plata, agradecía que le hubiera sobrado algo de cambio, pero prefirió ya no gastar nada más y guardar ese dinero.

Decidió descansar entonces en una fuente cercana y probarse bien y de una vez el calzado que había comprado junto a los calcetines. El resto de su nueva ropa lo llevaba en una canasta que Abu-Hop le había prestado.

-Ah que bien se siente, sin duda es un cambio para bien- se dijo para si misma al dar varios pasos con sus nuevos zapatos.

La verdad es que desde que llego a ese lugar era la primera vez en que podía decir honestamente que se sentía realmente feliz, algo tan simple como comprarse algo con su propio dinero ganado con su esfuerzo.

Aunque sin previo aviso a aquel momento de felicidad se agregaría algo más. Pues pudo notar como de a poco se acercaba un niño humano de su edad.

Le pareció que ya lo había visto el día que Sprig le mostró el pueblo. Era de piel morena similar a ella solo que de un tono más claro.

Vestía pantalones de mezclilla y una camisa a cuadros roja así como zapatos negros. Su mirada denotaba cierto nerviosismo.

-Ten para ti- dijo el chico humano al tiempo que sacaba una manzana de una bolsa de papel.

-Eh gracias- dijo Anne.

-Me llamo Andres y tú- inquirió el chico.

-Yo me llamo Anne y soy la esclava del señor Hopediah Plantar.

-Ya veo, yo soy aprendiz de Herrero del señor Sigfried, soy libre por cierto- rió timídamente.

Eso ya lo había deducido Anne al no ver las caraterísticas marcas de los esclavos en aquel niño. Pero lo dejo seguir. Hablaron un par de minutos más, sobre trivialidades, como por ejemplo como estaba el clima y algo de sus trabajos.

Al ver como la conversación se estancaba, Andrés atino a decir.

-Bueno me tengo que ir, espero te guste la manzana- dijo esto último dando una sincera sonrisa.

Y se despidieron agitando sus manos al aire, Anne entonces le dio un mordisco a la manzana para gusto del chico.

Tras terminarse la fruta empredió el camino a casa sin duda habia resultado una salida amena pensó.