Todos los derechos reservados por el autor.

—Todos los personajes de One Piece pertenecen a su respectivo autor, Eichiro Oda.

—El personaje que usará la escritora se llama.


Me encuentro en la sede central de la policía, en MarineFord, ya que tengo una reunión con mi superior, debido a lo ocurrido de ayer. No está nada tranquilo sabiendo que Vergo está suelto y puede hacer alguna locura. O incluso destruirme. O tocar una rosa. Ese desgraciado como toque un mísero pelo de ella, juro que lo mataré con mis manos desnudas si fuera necesario. Y me estoy poniendo nervioso, joder. Desde que llegué, no ha parado de fumar. La espera me está matando. Conociendo a mi superior pondrá a alguien para que me vigile y no necesito a un guardaespaldas. Sé cuidarme de mí mismo.

La puerta se abre y observa la figura de Sengoku. Su rostro muestra seriedad y preocupación, algo muy normal en él. Hace un gesto con la cabeza y yo acato la orden de entrar. Esto se va a poner muy serio y bastante crudo. Muchos informes hay en la mesa dando a entender que no está tranquilo. A mi lado derecho escucho a su mascota comer papel como si nada. Prefiero los perros que las cabras.

—Me alegre de verte, Smoker —dice mientras se sienta en su silla a lo cual le imito, estando delante de él.

—Lo mismo digo, Sengoku. —Le tengo respeto y se le puede considerar como un amigo.

—Tengo entendido que ayer os encontrasteis con Vergo.

—Afirmativo.

—Fumador, siendo sincero me preocupa que ese hombre esté suelto e intente hacer de las suyas —explica juntando las manos—. Tú y yo sabemos que tú eres su objetivo. Intentará destruirte de la mejor forma posible.

—No lo haré, pienso como él.

—Y él como tú.

—No temo a ese traidor, Sengoku.

—Y tú tienes una novia. ¿Sabes lo que conlleva sobreprotegerla de alguien como él? ¿Ella sabe de esto? —pregunta.

—Lo desconoce. —No quiero que se entrometa más en la mierda. Quiero protegerla a toda costa de ese tipo a mi manera.

Escucho que él da un suspiro largo no de acuerdo a mi decisión. Tengo el presentimiento de que me dará un escarmiento.

—Se supone que os lo contáis todo. ¿Por qué no lo haces?

—No quiero preocuparla y que haya cincuenta policías alrededor de mi casa o la de ella.

Él posa los dedos en su sien una manera de tranquilizar la situación. Yo estoy a medias, es por eso que me levanto porque sé que esto no se resolverá de ninguna manera. Lo haré a mi manera si es posible. Hago una reverencia a modo de despedida; Sin embargo, su voz me detiene.

—Te pido que no hagas ninguna locura, Smoker.

Y con ello me retiro entendiendo ese mensaje. Lo que no quiere es que caiga a las estúpidas trampas de Vergo. Pero si quiero que esté en la cárcel, debo encontrarlo. Pensar como él. Maldita sea, me está doliendo la cabeza. Tranquilízate, Fumador. Lo primordial es que ella está bien y este tipo desconoce dónde vive Rose. O eso creo. Joder, no puedo dormir sabiendo que Vergo está por ahí suelto. Y yo que pensaba que mi vida iba a mejorar. Y una mierda. Retiro los puros de mi boca para exhalar el humo. Debe haber alguna forma, pero no sé cuál es.

Creo que lo mejor es retirarme de ahí y dar una vuelta por la manzana con la moto. Sí, así estará distraído con otras cosas. Cojo el móvil a ver si tengo algún mensaje de Rose, pero no. Todavía estaré trabajando. Debe estar a tope porque hoy es lunes y suele haber mucha clientela. Ya fuera de la oficina me dispongo a observar el entorno. Lo bueno que tiene MarineFord es que cuando estás estresado, vas al parque que hay enfrente y te distraes un poco. Voy en dirección a la moto que está mal aparcada, algo que me daba igual. Soy un policía y aquí todos me conocen y me respetan. Me largo de ahí a toda prisa para ir en dirección a mi casa o tal vez hacerle una visita a Rose. Sé que nos vimos ayer, pero las ganas de verla todos los días no me las quita nadie. Me siento el hombre más afortunado del mundo y se me nota en la sonrisa cada vez que la veo.

Mi pequeña ya no tiene vergüenza en mostrar lo que hay detrás de esas ropas delante de mí. Todavía le cuesta en público, pero se está abriendo poco a poco. Se me ha ocurrido una idea. Cómo estamos en verano deberíamos tomar unas vacaciones. Ella y yo a solas, en una casa cerca de la playa, aisladas de todo el mundo. Dios, eso sería un sueño hecho realidad. Debo proponérselo, no creo que lo recace. No es lo mismo vivir conmigo que tomar unas vacaciones. Ambos sabemos que necesitamos estar más tiempo y compartir momentos juntos. Y repito: no me cansaría de verla todos los días. Sin darme cuenta, ya estoy delante de la cafetería Chateaux. Parezco un puto acosador. De todas maneras, es la hora del desayuno y tengo algo de hambre.

Aparco, esta vez bien, y camino en dirección a la zona donde trabaja ella. Al abrir la puerta obtengo un silencio absoluto por parte de todos los presentes. Ya es una costumbre. Todos me conocen. Mi mirada se clava en Rose que parece que está hablando con un tipo de cabellos lilas recogidos con una coleta. ¿Quién es este tipo? Lo que faltaba. Drake y ahora este tipo. Camino con mala gana para ponerme al lado de ese chico; Sin embargo, me di cuenta de que hay una chica cabellos de color azabache que miraba de un lado para otro.

—Fumador —me llama. Oh, es música para mis oídos al escucharla.

—Pero bueno, pero si es el comisario Smoker. —El chico al girarse, reconocí su rostro.

—Charlotte Cracker.

—El mismo. —Esboza una sonrisa como si fuera lo más normal del mundo. Como para reconocerlo, es uno de los hijos de Big Mom, dueña de la empresa Factory's Charlotte. ¿Qué hace él aquí?

—No pensaba que te vería hoy —dice Rose mientras ofrece té a la otra chica—. Carrot me dijo que sueles pedir galletas de avena —habla con la morena, captando su atención.

—¡Galletas de avena! —grita.

—Perdona a Amélie, cuando se trata de cosas que le gustan le emocionan. —Se disculpa el chico—. Sobre todo, conmigo. — ¿Cómo? No entendí la indirecta hasta que vi a la morena desviar más la mirada y ponerse más roja de lo normal. ¿Este desgraciado tiene novia?

—Hacéis bonita pareja.

—Tú crees? Mamá no piensa lo mismo. —Su voz cambia a una de fastidio.

—La gente piensa lo mismo de mí cuando estoy con Smoker, pero a él no le importa la opinión de los demás.

Ahora es cuando recibo la mirada de Cracker en mí. Luego mira a Rose y viceversa. ¿Qué estarás pensando? Esboza aún más la sonrisa, como si le hubiera gustado lo que escuchó.

—Sí, yo también lo pensaría. Sin embargo, esa idea se me quita de la cabeza porque, mírame, yo estoy con una chica con discapacidad.

¿Discapacidad? Echo un vistazo mejor a la chica llamada Amélie y tiene razón. Se ve que tiene alguna discapacidad porque no miraba a nadie, ni siquiera a Cracker. Sin embargo, ella se apega mucho a él como si tuviera miedo de que se aleje. ¿Cómo es posible que este hombre se haya fijado en alguien como ella? No es que sea malo, es solo que este chico pertenece a una familia muy rica y no suelen mezclarse con gente de clase baja. Pero parece que a él no le importa.

—Y no me quejo —se sincera viendo como acariciar con lentitud los cabellos de ella—. La verdad es que me siento afortunado.

—¿Y te deja que la toques? —pregunta con curiosidad Rose.

—Al principio fue difícil, pero con paciencia y saliva lo conseguí. —Su rostro refleja que está realmente enamorado de esa chica—. Tan linda e inocente.

—Y tú un hombre torpe. —¡Qué directo!

—¡Oye! Adoro tu sinceridad, pero te ha pasado.

Rose ríe bajito, la verdad que Amélie tiene su toque de gracia cuando quiere. Me siento cerca de la barra para que me atienda mi novia. Ella me mira con una sonrisa tierna a lo que se la devuelvo. Está majestuosa para mis ojos de color café. Está a punto de marcharse para prepararme el café, pero yo se lo impido cogiendo su mano con delicadeza. Se ve tan jodidamente linda con esa mirada de dulzura. Si no estuviera trabajando me la llevaría lejos y me la comería a besos. La quiero demasiado como para dejarla ir. Mis dedos rozan con delicadeza la palma de su mano. Tan suave como la lana misma. Parezco un maniático que quiere vigilar a su novia.

No quiero que le pase nada y con Vergo suelto no estoy nada tranquilo. Sin darme cuenta, siento una pequeña caricia de ella sobre mi rostro a lo cual suspiro. La sostengo con firmeza y retiro los puros para besar su muñeca gentilmente. Lucharía por ella hasta el fin del mundo.

—Me deja prepararle el café, ¿por favor? —pregunta con suavidad.

—Ya con tenerte a mi lado me es suficiente.

—Tienes que estar hambriento y no quiero que mi pareja se muera de hambre. —Dios, mi pequeña está creciendo moralmente.

—Touché. —Sonrío y la suelta para que pueda alimentarme.

Miro de reojo a la pareja que parece que se van a retirar dejándome a mí ya ella a solas. En la barra me refiero porque hay gente en la cafetería. Me quedo mirando el cuerpo de Rose, como se mueve de un lado para otro. Mi cara tiene que ser un poema. El deseo y la quiero demasiado. Apoyo los codos en la barra con la barbilla descansando en mis manos para cerrar mis ojos, deleitándome el olor del café y las tostadas untadas de mantequilla. Hasta mis tripas rugen. Escucho el sonido de los platos colocados y miro mi desayuno. Tengo un apetito voraz que no me lo quita nadie. Siento que se sienta a mi lado también con la intención de comer conmigo. Que detalle.

Me supongo que será su hora del desayuno, la cogí a una buena hora. Apoya la cabeza en mi hombro, una forma de gratitud y de comodidad, de querer estar a mi lado. Yo se la devuelvo con un beso en la frente. Como me dan ganas de llevarmela a mi casa y hacerle de todo. Aunque, creo que se negará debido a que está trabajando y la entiendo perfectamente. Oh, grabé aquello.

—Oye Rose, ¿qué te parece si tomamos unas vacaciones?

—¿Y a dónde piensas llevarme? —pregunta con una rosquilla en la boca. Dan ganas de darle un mordisco.

—Lejos —respondo, tomando sus manos con delicadeza—, ir a una casa cerca de una playa, sin que nadie nos moleste.

—Tú lo que quieres es aprovechar la ocasión para hacerme de todo. —Ya de inocencia no tiene la condenada.

—O para pasar más tiempo juntos. Esto de no verte una semana entera me mata por dentro.

—Dímelo a mí —suspira acariciando mi brazo—, no sé qué me has hecho, pero no puedo dejar de pensar en ti.

Como me dan ganas de abrazarla, algo que hice. Es tan linda y delicada. Por fuera soy un tipo duro, pero en el fondo soy como un oso que necesita cariño alguno. Ella acaricia con ternura mis cabellos a lo que yo suspiro. Mira que no me gusta que me revuelvan el pelo, pero por ella me dejo. Cierro mis ojos dejando que esos pequeños dedos jugueteen con mi cabellera. Me daba igual si todos nos miraban. Yo soy feliz. Apoyo la barbilla en su hombro y, cuando abrí los ojos, lo vi a él. Todo mi mundo se vino abajo al instante. Ese desgraciado nos estaba mirando con una mirada penetrante y sin vida. ¡Vergo sabe donde trabaja ella porque me ha seguido! Y yo no me di cuenta.

El condenado esboza una sonrisa para largarse de ahí, como si hubiera cumplido su objetivo. No voy a permitir que este tipo salga con la suya. Me alejo con rapidez para ir tras él, recibiendo una mirada de confusión de Rose. Esta vez no te escaparás, maldito traidor. Giro a la izquierda echando una visualización por la calle y veo que sigue caminando tan tranquilamente. Yo le imito sin quitar el ojo de encima. Con cuidado, me aparte de la gente sin que se percate de mi presencia hasta que él gira a un callejón. ¡Desgraciado! Apuro un poco el caminar y tuerzo para encontrármelo; sin embargo, desapareció delante de mis narices. Aprieto con fuerza los dientes frustrados de que se haya escapado.

Espera. ¡Rosa! ¿Y si volvió a la cafetería para hacerle algo? Corro a toda velocidad hacia la zona de trabajo de mi novia. No quiero que le pase nada. Si tengo que dar zancadas, lo haré para llegar hasta ella. Me asomo por el cristal y me relajo completamente al ver que estaba bien. Ella me ve con una ceja alzada. Mierda, eso significa que querrá alguna explicación. Entro en el sitio ante la atenta mirada de Rose y cojo sus manos con delicadeza.

— ¿Se puede saber por qué corriste?

—De eso quisiera hablarte. —Debo tomar valor para decírselo—. Alguien nos está vigilando.

— ¿Quién?

—Un enemigo.

—¿Enemigo? —Su tono de voz cambia a una de miedo, como si no le hubiera gustado para nada escuchar esa información.

—Digamos que es un excompañero que traicionó a todos los policías. Ha hecho crímenes a nuestras espaldas y no podemos perdonarlos.

—Y ¿por qué lo estás pagando contigo?

—Porque fui yo quien descubrió lo que estaba haciendo —confieso mientras nos sentamos para hablar mejor—. Intenta todo lo posible para arruinarme. Piensa y se mueve como yo. Y ahora mi miedo es que te pueda hacer daño porque ya conoces donde trabajas. Yo como un estúpido no me fijé.

Ella me mira asombrada, pero sus ojos reflejan el temor que me esperaba. Ahora querrás alejarte de mí.

—Me dices que estás deje de trabajar porque un excompañero tuyo pretende hacerme daño?

—No quiero que dejes de trabajar. Solo quiero que tengas cuidado. No sé lo que puede hacer ese lunático contigo, pero no quiero que te haga daño.

Rose sujeta con fuerza mis manos, notando un pequeño tembleque. Por favor, no quiero que pienses que la mejor manera es alejarte de mí. Que mis miedos no se vuelvan realidad. No obtengo respuesta alguna, eso es un mal presagio. Sin embargo, noto que ella lleva la mano a su boca y sale corriendo hacia el baño. ¡Mierda! Corro detrás de ella, pero me cierra la puerta en toda la cara. No, por favor. Que esto no esté pasando de nuevo.

-¡Rosa! Sé que esto debería haberlo contado, pero tenía miedo de decírtelo. Seguramente querrás alejarte de mí y yo no quiero eso. Responde, por favor.

Mis oídos se agudizan al escuchar unas arcadas por su parte. ¿Está vomitando? ¿Será consecuencia de las pastillas que se está tomando? No la voy apurar. Espero pacientemente en la puerta con la mirada clavada en ella. Sabía que esas pastillas no le iban a sentar bien. Pero, espera, se está tomando dos: una para el tema de la comida y el otro para el anticonceptivo. Espero que sea el de la comida y no el otro. Siento que abre la puerta y su rostro muestra ganas de no vivir. Está verde. Se agarra con firmeza a mí y yo la sujeto. Parece que no se encuentra nada bien.

—Fumador —me llama en voz bajito—, llévame al médico. No me siento nada bien.

Ya eso fue suficiente para mí. Sin importarme mucho, el cojo en brazos y la llevo afuera con la mirada de todo el mundo en nosotros. Y hay un fallo: no me traje el coche. Iré despacio con la moto, no quiero que se maree y luego se sienta peor aún de lo que está. Me dijo el nombre del centro médico, dónde está Trafalgar. Espero que la pueda atender porque, de verdad, parece un zombie con esa cara. Ella se acomoda bien en mi espalda, sujetándose con firmeza para no caer. Yo de todos modos voy despacio por ella. No sé cuantos minutos me ha tomado en llegar al centro, pero al menos no me ha pedido en pararme en algún sitio para vomitar.

Me bajo de la moto y el cojo en brazos nuevamente, adentrándome en el sitio. Hablo con la chica de la recepción para que comunique al doctor que Rose está aquí y no se siente bien. Amablemente me dijo a donde tengo que ir y que ya se lo comunicó a Trafalgar. No puedo creer que voy a ver a ese estúpido, pero no tengo más opción. Al llegar a la sala de espera, la siento en un asiento y yo me mantengo a su lado, por si necesitaba algo. Parece que está un poco mejor, pero está algo mareada. Lo sé por sus ojos, no dejaban de dar vueltas. Acaricio con cariño sus cabellos hasta le hago una coleta para que no esté incómoda y menos mal que tiene un coletero.

Clavo la vista en la puerta que se abrió dejándose ver Trafalgar con una paciente. Y al ver a Rose se acerca, comenzando a tomar sus pulsaciones.

— ¿Hace cuánto que está así? —pregunta el doctor.

—Hace un buen rato, no está muy bien.

—Debo chequearla dentro, ¿te importa que te quedes aquí?

—Es mi novia.

—Y ella mi paciente. Necesito estar dentro con ella a solas —dice mientras ayuda a levantar a Rose de su sitio y la lleva dentro.

¡Joder! Me pone nervioso, estás mierdas. No saber nada mientras ella esté dentro con él. Mis ansias de fumar aumentan y ni siquiera puedo hacerlo aquí dentro porque esto es un centro de salud y aquí no se permite. No quiero sentarme, quiero entrar. Todos me miran con extrañeza y es normal. Poso las manos en mi cabeza intentando calmar estos nervios. Espero que no sea nada grave y solo es un virus que tiene. Ni sé la hora que es ni sé cuántos minutos han pasado, pero esto me está matando por dentro.

Y de repente, escucho la puerta para abrirse y Trafalgar hace el gesto que entre. ¡Por fin! Me apresuro cerrando la puerta tras de mí y me siento en una silla al lado de ella. Parece que está mejor de aspecto. Acaricio con ternura su mejilla a lo cual ella me sonríe. El médico se sienta en su sillón y su mirada refleja calma.

— ¿Qué es lo que tiene? —pregunto ya sin remordimiento.

Este idiota solo esboza una sonrisa como si le estuviera divirtiendo todo esto. A mí por lo menor no me hace gracia.

—No hay de qué preocuparse, Smoker-ya.

— ¿Qué no? Si parece que se estaba muriendo.

—Que exagerado eres.

—Law, ¿puedes decirme qué tengo?

—No tienes nada —aclara el chico descansando la barbilla en sus manos, con los codos apoyados en la mesa—. Solo deciros una cosa a ambos.

—¿El qué?

Esboza más la sonrisa. Tengo la sensación de que no me va a gustar.

—Tiene dado positivo, Rose. Estás embarazada.

«Embarazada», esa palabra se repite una y otra vez en mi cabeza como si fuera una grabación. Pero se supone que se está tomando las pastillas anticonceptivas. ¿O fue ese momento en el baño? Mierda, estoy intentando recobrar sentido a lo que me está diciendo este chico. En cambio, Rose no ha dicho nada. Solo está con la boca abierta como yo. Los dos no entienden nada.

—Pero... ¿cuánto...?

—De tres semanas. —Sí, es lo que decía fue en el puto baño que no me puse el maldito condón—. Enhorabuena, los dos sois padres.

Ahora, no solo tengo que cuidarla sino también al pequeño que hay en su vientre. ¿Y esto como lo supero yo ahora?