Capitulo XI
"Cuando suenen las trompetas"
"Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas"
Apocalipsis 8-6
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Satoru caminaba de un lado a otro del balcón con su cabeza gacha. Estaba nervioso, confundido. Cómo si caminar de un lado a otro le hiciera comprender lo que estaba pasando. Hikaru permanecía apoyada sobre la pared, observando la estupenda vista que aquel departamento ofrecía, aún no daba crédito a lo que estaba pasando. Miles de preguntas de agolpaban en su cabeza, pero sus labios no se atrevían a ponerlas en palabras. Después de todo, ¿acaso él no tenía muchas preguntas también? ¿No tenía él más derecho a cuestionar? No, claro que ella no tenía derecho a preguntar, ¿Quién era ella para preguntar? Ella, que no iba a tener respuesta para sus preguntas.
-Lo siento…- dijo Satoru, de repente, al mismo tiempo que detenía su paso, pero sin quitar la vista del suelo. Hikaru se sorprendió de sus palabras, sin embargo, se mantuvo en su posición, ni siquiera volteó a verlo. - Lamento haberme alejado, lamento perder el contacto… No debí… no debí enojarme, tú solo querías seguir tu propio camino. – Hikaru volteó a verlo. El permanecía con su mirada clavada en el suelo. Lo que menos hubiera imaginado en ese momento era una disculpa de su parte – ¿Sabes cómo lo supe?... Tu amiga me llamó… Chika, creo que era su nombre… Si ella no me hubiera llamado preguntando por ti… ¿¡Qué clase de hermano soy que ni siquiera noté que habías desaparecido!? ¡Tuvo que llamarme tu amiga!
-Satoru…
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Adentro, Fuu, permanecía sentada en el sofá, se mantenía en silencio. Enfrente suyo, Kuu permanecía de pie. Lucía molesta, aunque sus ojos demostraban una profunda tristeza.
-¿Himeko está aquí? - preguntó, de repente, Kuu, mientras no podía contener sus lágrimas. Siempre había pensado que estaría feliz en el hipotético caso en que llegara a encontrar a su hermana. Y, en cierta forma, así era. Pero, también sentía mucha bronca contenida. ¿Acaso Fuu había estado en Tokio desde aquel día en que Himeko se apareció en su casa? ¿Es que no tenía intenciones de ir a verla, de llamarla, aunque sea? Fuu guardó silencio. – ¡Está aquí! ¡Ha estado aquí todo el tiempo! Incluso ese día... ¡A ustedes no les importó el daño que podían causar! ¡Decidieron huir sin siquiera una llamada! ¡Una llamada! ¡Al menos una llamada, para hacernos saber que estaban bien!
-¡Ya basta! - Fuu se puso de pie. - ¡No es asunto tuyo, Kuu!
-Claro, nunca fue asunto mío… ni siquiera cuando huiste a China, sin siquiera decirme que estabas embarazada… entonces lo entendí, y lo acepté… ¿¡Pero desaparecer sin dejar rastro!?
-¿Tía? - Kuu levantó la mirada para enfocar a la dueña de aquella voz que tanto conocía. Himeko había salido del cuarto, alarmada por el alboroto. A Kuu se le estrujó el corazón escucharla. Ella no le había dicho tía desde que había regresado.
-Himeko… me preocupe mucho por ti…
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En la cocina, escuchando, inevitablemente, la discusión de Fuu y su hermana, Umi se encontraba apoyada sobre la mesada, en silencio, mientras Ascot guardaba en la alacena las provisiones que acababan de traer. En tanto, Ferio caminaba de un lado a otro, tratando de contener sus deseos de ir a la sala a intervenir en la conversación.
-¿Cómo? ¿Cómo pudieron saberlo? – decía Umi en voz baja, mientras repasaba una y otra vez las alternativas en su mente. Entonces, recordó que aquella cerradura digital, lo último en tecnología de aquella época. No era sólo el hecho de que pudiera abrir con su huella digital, si no que, también, daba la posibilidad de controlar los ingresos mediante un registro en una página web. Realmente, nunca habían visto la necesidad de registrarse en esa web, pero, estaba abierta la posibilidad. Abrió los ojos. – Pero… ¿es que acaso? - no podía ser posible que Brandon se haya registrado en la página para ver aquel registro ¿O sí? Aun así, ¿cómo se explicaba que Kuu y Satoru sepan? ¿Acaso él les había dicho? ¿Acaso se conocían? Quizás la idea no era del todo descabellada, después de todo ¿desde cuándo se conocían Kuu y Satoru? Al parecer, muchas cosas habían pasado en su ausencia.
-Ya deja de darle vueltas al asunto, Umi… no es tu culpa.
-Claro que sí, Ascot… fue mí idea venir aquí… Además, sólo Brandon sabía de este departamento… tuvo que ser él… ¿Quién más? Mí ingreso al departamento debió quedar registrado… y él lo supo.
-¿Eso es posible?
-Como sea, de todos modos, terminaremos volviendo esta noche, ¿no es así? -Umi y Ascot se miraron, realmente, ya no estaban tan seguros de que eso fuera posible. – Sólo desearía que Fuu ya no peleara con su hermana, es muy afortunada de tenerla… Tantas veces he soñado con conocer a su familia… jamás imaginé que eso pudiera pasar…
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-Será mejor que te vayas, Kuu...
-¡Mamá! Ella sólo se ha preocupado por ti... quizás, podamos explicarle. - Fuu suspiró. Volvió a sentarse, estaba visiblemente molesta.
-Lo único que puedo decirte es que estamos bien, mejor que nunca... somos muy felices. Y que pronto volveremos a irnos.
-Me alegra saber que son felices... sólo quisiera entender por qué... Fueron años de búsqueda, de angustia, no tienes idea lo que significó para mí no saber... mi vida se fue al completo demonio, Fuu... no podía pensar en otra cosa... me costó, incluso, mi matrimonio...- los ojos de Fuu se llenaron de lágrimas, podía hacerse la dura, la fuerte, pero, la realidad era otra. Siempre había pensado que su hermana y su esposo estarían juntos para siempre, eran la pareja perfecta, ¿cómo era posible? Ver a su hermana llorar le partía el alma.
-Todo es por mí culpa…- intervino Ferio, mientras Umi y Ascot se asomaban a la puerta de la cocina. Kuu volteó a ver el hombre de cabellos verdes. – Lo único que deseábamos era estar juntos… Kuu, ¿verdad? Mi nombre es Ferio. - dijo, extendiendo su mano, con esa galantería que lo caracterizaba. Pero ella no respondió al saludo.
-¿Acaso me estás diciendo que Fuu escapó para estar contigo?
-Bueno…- Ferio rascó su barbilla, como si, de esa manera, pudiera pensar una buena respuesta para su "cuñada"- Las cosas se dieron de ese modo sin que lo planeáramos, jamás quisimos hacer daño a nadie.
-¿Y ustedes? - Kuu desvió su mirada hacia la mujer de cabellos celestes. Umi sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. - ¿Vas a decirme que dejaron todo por ella? Creí que amabas a Brandon, ¿por qué dejarlo?
-Ojalá las cosas hubieran sido tan simples... Quisiera poder responder a tus preguntas sin que pienses que estoy loca...- Kuu tomó asiento. Sentía que ya no podía mantenerse en pie, sentía que las piernas le temblaban. Guardó silencio algunos minutos, que parecieron eternos.
-Siempre he sentido que ustedes compartían un secreto... un secreto demasiado grande, pero... jamás pensé que tanto. Esa amistad... siempre fue muy extraña. De un día para el otro eran las mejores amigas, a pesar de ser de mundos diferentes... nunca entendí donde se conocieron, como fue que nació esa amistad...- Kuu volteó a ver a Fuu.- Nosotras... solíamos ser las mejores amigas... hasta que me reemplazaste por ellas... De repente, dejaste de contarme todos tus secretos... te volviste reservada conmigo y nunca supe porque... ¿qué fue lo que pasó en esa torre?
-Ya basta, Kuu.- interrumpió Satoru, quien acababa de ingresar desde el balcón con Hikaru.- Si ellas no quieren explicarnos lo que sucedió, está bien... Yo me conformo con saber que Hikaru está viva y es feliz...- dijo, mirando a su hermana. - Creí que tú también pensabas así...
-Saroru...
-Lo siento, Kuu... Siento haberme ido de ese modo. Siento no poder responder a tus preguntas... Y, realmente, lo siento, pero nos volveremos a ir, quizás para ya no volver... Kuu, este ya no es mi hogar...
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El Astro Rey se ponía por el este, pintando el cielo de ese color violáceo tan característico. Pero, aquel atardecer no lucía tan hermoso como siempre, al menos no a sus ojos. Observaba el cielo como embelesado, mientras permanecía sentado a la orilla del lago de aguas cristalinas. Céfiro había perdido ese brillo especial que siempre tenía o, al menos, que él siempre había visto. Aun así, Céfiro era hermoso. Pero no tanto desde que ellas habían partido. Suspiró. Recordó todas las veces que su madre le había contado historias de cuando Céfiro sufría. Recordó las veces que su padre le había dicho que ellas eran el equilibrio, la armonía, la luz que hacía brillar al planeta. ¿Qué estaría pasando en Mundo Místico? ¿Habrían encontrado a Himeko?
Sintió cierta calidez detrás suyo, pero no volteó. Sabía perfectamente quien era. Una llamarada de fuego, rojo intenso, pasó flotando a su lado, rozando sus cabellos celestes. Suavemente, se detuvo en el suelo, justo delante de él, entonces, tomó mayor intensidad, iluminando lo que el Astro Rey ya no iluminaba.
-¡Luz! - dijo el niño, con cierto fastidio.
-Está oscureciendo…- dijo la niña, mientras se sentaba a su lado. Fijó su mirada en el astro que se ponía sobre aquel lago. Se mantuvieron así, en silencio y sólo mirando el horizonte, durante algunos minutos.
Luego, ella volteó a verlo. Él tenía su mirada perdida en el horizonte. Estaba preocupado, lo sabía. Preocupado por su madre, preocupado por Himeko. Aunque no lo dijera, aunque intentara disimular, aunque la mayoría del tiempo se mostrara frío y dedicara su tiempo a molestarlas. Aunque no hacían más que pelear, lo conocía demasiado.
-También los extraño…- dijo, y volvió a mirar al horizonte. Él se sorprendió, pero no volteó a verla. - A mamá, a la tía Umi, a todos… y tengo miedo por Himeko… Sé que papá también, aunque diga que no debo preocuparme, que estará todo bien…
-Tengo un mal presentimiento… algo va a pasar, puedo sentirlo… - Luz volteó a verlo, notó que sus ojos se llenaron de lágrimas. Si él sabía que algo pasaría, seguramente estuviera en lo cierto, después de todo, era al primogénito del mago supremo, tenía sus poderes, los llevaba en la sangre. Sintió deseos de llorar
-Dylan… ¿crees que Céfiro…?
-No… no lo sé… pero…- el niño no se animó a continuar. Un nuevo silencio se produjo
-¿Crees que Himeko este bien?
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Observaba a su hermana jugar con la más pequeña de las herederas de Lexus, mientras permanecía sentado sobre la rama más gruesa de un árbol del jardín. Volteó su mirada hacia el otro lado, para observar a la niña de cabellos rojizos, sentada junto al lago. Había estado excepcionalmente callada esa mañana. Estaba preocupada. A decir verdad, él también lo estaba, aunque todo el tiempo había intentado demostrar que no le importaba. Himeko estaba en el palacio, la habían encontrado, de cierta manera eso lo dejaba más tranquilo. Pero había escuchado que estaba enferma, por eso había pasado los últimos dos días encerada en su alcoba y casi no había recibido visitas, sólo sus padres y Hikaru y Umi. Enferma. Casi no había escuchado esas palabras en sus 9 años de vida. Enfermarse no era algo común en Céfiro. Si pasaba, claro, pero muy de vez en cuando. Eso era lo que más le preocupaba.
-¡Himeko!- escuchó gritar, de repente a su hermana. Luego las vio correr a ella y a Aine hacia la entrada al jardín, mientras que Luz se ponía de pie. Volteó su mirada hacia la entrada y allí la vio. Al parecer, le habían dado el permiso de salir.
Nerea y Aine corrieron a abrazarla.
-¡Me da gusto que estés bien! - dijo Aine, mientras se separaba de ella. Luz también se acercó a abrazar a su amiga.
-Estaba muy preocupada por ti, Himeko…
-Estoy bien, Luz. - dijo Himeko con una sonrisa. Mientras desviaba su mirada al niño de cabellos celestes, quien bajaba del árbol de un salto. Dylan sonrió tiernamente. Se sentía aliviado de verla.
-¡Por favor! ¡Ni que fuera para tanto! Ella sólo quiere llamar la atención de todos…- dijo, sin moverse del lugar en el que estaba.
-¡Yo también te quiero, Dylan!
-¿Qué fue lo que pasó, Hime?- preguntó Nerea. - ¿Dónde estabas? ¿De verdad estuviste enferma? ¿Por qué escapaste de tu fiesta?
-Bueno… - Himeko se agachó para quedar a su altura. - ¿Prometes que no le dirás a nadie? - la niña hizo una señal con su mano, como indicando que su boca estaba cerrada. - La verdad es que… un amigo necesitaba mí ayuda…
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Jugueteaba con el agua de un vaso que tenía sobre la mesa. Movía delicadamente sus dedos, haciendo que el agua subiera y bajara, burbujeando en el borde. Estaba molesto. Últimamente, terminaba cada entrenamiento con su padre con esa sensación. Jamás hubiera imaginado que aprender a usar aquellos poderes que habían nacido con él podría ser tan difícil. Su padre era demasiado estricto, siempre acababa regañándolo. Pero, también, tan poderoso, ¿cómo podría llegar a ocupar su lugar algún día? Si ni siquiera podía con uno de sus entrenamientos.
-Algo dulce seguro te levantará el ánimo. - dijo la niña, mientras ponía sobre la mesa un plato con una porción de su pastel favorito, el que había hecho su madre en la mañana. Levantó su vista para encontrarse con sus ojos miel. Ni siquiera había notado que ella había ingresado al salón comedor.
-Himeko…- dijo sorprendido, mientras secaba algunas lágrimas que habían caído de sus ojos. Él siempre hacia hasta lo imposible por lucir fuerte, valiente, confiado. No le agradaba que lo viera de esa manera. Himeko se sentó a su lado.
-Eres increíble, Dylan. Tus poderes son fantásticos… ¡Jamás había visto a nadie controlar el agua como tú lo haces, ni siquiera a tu mamá! Sólo necesitas tener confianza…
-Para ti es fácil decirlo… Tu padre no es el mago Supremo…
-Pues… creo que no estoy mejor que tú… yo tendré que gobernar un mundo que ni siquiera conozco… Pero tú… tú serás un maravilloso gurú… incluso mejor que tu padre…
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-He podido sentir su energía... al menos, sé que no le pasó nada malo. -Luz respiró, de alguna manera, saber que ella seguía con vida la hacía sentir mejor.
-¿Puedes saber dónde está? - Luz volteó a verlo, emocionada. - Quizás podamos ir por ella...
-Claro que no… yo no soy mí papá…
-Pero… yo sé que puedes hacerlo…
-¡Oigan! - ambos niños voltearon a ver al recién llegado. - ¡Aquí estaban! Es de noche ya, mi mamá está preocupada por ustedes. - el niño de cabellos caoba se acercó a ellos. - Sus papás los dejaron venir a mí aldea con la condición de que no se alejen… ¡Si se llegan a enterar!
-Pero tú no vas a decirles, ¿verdad Nahim?- dijo Luz con voz imperativa, mientras se ponía de pie y ponía sus brazos en jarra.
-Por supuesto que no… Pero será mejor que volvamos si no quieren que mi mamá les cuente…
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Ahí estaba, nuevamente dónde todo comenzó. Sentía sus pasos retumbar en el silencio de aquellos pasillos de mármol, vacíos. La luz de la luna se filtraba por los ventanales. Luna Llena. Siempre había sentido que las noches de Luna Llena ocultaban una esencia especial en Mundo Místico. Sin dudas, si había alguna mínima posibilidad de atravesar el portal, sería esa noche. Recordó haberlo escuchado de labios de Gurú Clef varias veces: cuando la Luna Llena brillaba en el firmamento terrestre, el vínculo entre ambos mundos era aún más fuerte. Entonces, ¿Por qué tenía esa extraña sensación? Esa energía poderosa, aún podía sentirla, ¿Qué estaba pasando?
-Tranquila…- la voz de su amiga la hizo sobresaltarse. Ni siquiera había notado que había detenido su paso para esperarla, dejando que los demás se adelanten. Estoy segura de que nuestros deseos de volver serán suficientes para abrir el portal. - dijo la pelirroja, con una sonrisa. Estaba segura de que sólo lo decía para tranquilizarla. Miró a su hija, ella iba unos cuantos metros por delante, junto a su padre. Recordó la charla que habían tenido horas antes. ¿Deseos de volver? Claro que deseaba volver, no había nada que deseara más en ese mundo, o en el otro. Pero ¿Himeko? Estaba segura de que lo que Himeko deseaba era quedarse allí, después de todo, siempre lo había deseado. Quizás eso era lo que le había permitido abrir el portal en primer lugar, aun cuando haya permanecido cerrado durante años. Y si ella había tenido la fuerza de abrir el portal, quizás también lo había cerrado. Empezó a sentir miedo de los poderes desenfrenados de la princesa. ¿Hasta dónde podía llevar su poder destructivo?
-¿Qué sucedería si no es así, Hikaru?- desvío la mirada, para observar, ahora, a la mujer de cabellos celestes, que iba hablando animadamente con su gran amigo Ascot. - Por mí culpa están aquí… ustedes sólo quisieron ayudar… dejaron a sus familias, ¡A sus hijos! ¿Qué pasaría si quedamos atrapados aquí otra vez? - Hikaru guardó silencio. A decir verdad, no quería siquiera pensar en esa posibilidad. Detuvo su paso de repente, al notar el lugar al que había llegado.
-Aquí es…- dijo, y Fuu también se detuvo. Umi también pareció notarlo, pues detuvo su paso y volteó a ver a sus amigas.
Allí el aire se respiraba diferente, las energías eran aún más poderosas. Y la conjunción de las energías de la Luna Llena y el astro Procyon hacían que la conexión entre ambos mundos sea aún más poderosa. ¿Por qué nunca antes lo había notado? Hikaru miró a sus amigas.
-¿Están listas? - preguntó, ambas afirmaron con la cabeza. Las tres se pararon formando un triángulo, mientras Ferio, Ascot y Himeko se paraban en el centro. Cerraron los ojos, concentrando sus energías y sus poderes. Entonces, la Luna tomó un brillo especial, al mismo tiempo que una potente luz durada comenzaba a invadir los pasillos de la torre.
La energía comenzó a concentrarse en un lugar determinado, formando un agujero de luz dorada, que comenzó a crecer en intensidad hasta cubrirlos por completo. Entonces, los pasillos de la torre comenzaron a desdibujarse y, en su lugar, comenzó a visualizarse aquella colina verde y el firmamento cefiriano repleto de estrellas. Pero, antes de que la transportación se realizara por completo, un potente rayo de luz negra cayó en la torre, partiendo el portal a la mitad. El impacto del mismo generó una energía que expulso a las tres hacia atrás, haciéndolas caer contra el piso de mármol.
-No puede ser... otra vez esa energía. - susurró Himeko, mientras abrazaba a Mokona y miraba a su alrededor, buscando que la producía.
Hikaru fue la primera en ponerse de pie, como impulsaba por un resorte. Allí había alguien más, podía sentirlo. Alguien que no tenía muy buenas intenciones.
-¿Se encuentran bien? - preguntó Ascot, mientras Ferio ayudaba a levantar a Fuu.
-¿Qué fue eso? - preguntó Umi, mientras se ponía de pie también. Fue entonces cuando notó que el anillo que llevaba en su mano, aquel que algún día le había pertenecido a Clef, comenzaba a brillar de una manera extraña. Levantó su mano para observarlo. - Esto es...
De un momento a otro, las luces de la torre se apagaron, desde su base hasta la cima. Del mismo modo, las luces de la ciudad se apagaron también, cual onda expansiva, cuyo centro era la torre. La Luna comenzó a tomar un color rojizo, al mismo tiempo que disminuía la intensidad de su brillo. Un fuerte viento se levantaba dentro de la torre y un frío inusitado comenzaba a sentirse. El viento trajo una especie de densa niebla que, pronto, invadió los pasillos. El sonido de unos pasos comenzó a retumbar en todo el mirador, se oía similar al galope de un caballo.
Por entre medio de la niebla comenzaron a distinguir una figura humanoide, de altura importante, con una especia de cuernos en su cabeza, y patas que parecían de cabras. Hikaru dio un paso al frente, haciendo aparecer su espada. Rápidamente, la lanzó contra la criatura. Pero, antes de que llegara a destino, esta desapareció, y reapareció más adelante. La espada de Hikaru terminó clavada en una columna.
Los ojos de la criatura brillaron de un rojo intenso.
-¿Tan rápido se van, guardianas? – dijo una potente voz que retumbó en cada rincón del mirador. Curiosamente, aquella voz no parecía provenir de aquella criatura.
Levantó la mano derecha, con la palma hacia arriba, creando una esfera de fuego en ella. Cuando la esfera alcanzó un tamaño considerable, la lanzó contra las guerreras.
-¡Viento protector! - Fuu alcanzó a crear un escudo para proteger a todos. La esfera de fuego impacto contra el escudo de viento y lo envolvió.
Cuando el fuego se disipó, el escudo de viento lo hizo también.
-¡Dragón de agua! - se apresuró a gritar Umi y su magia impacto sobre aquella criatura, pero sin hacerle el menor de los daños. La bestia hizo un ademán con su brazo, y el viento la golpeó, tirándola al suelo. Al mismo tiempo, el fuerte viento hizo sucumbir el cielorraso por encima de la guardiana.
-¡Umi!- Ascot corrió a socorrer a su amiga al notar que el cielorraso estaba al caer. Se lanzó junto a ella y la abrazó, justo en ese momento varios trozos de roca cayeron sobre ellos, levantando una polvareda blanca en su impacto contra el suelo.
-¡Flecha de fuego! - se apresuró a gritar Hikaru, levantando su brazo en alto. Pero antes de que el fuego sagrado de Lexus llegará a objetivo, fue interceptado por una llamarada lanzada por esa criatura, y así vio su extinción. Tal como lo había hecho con la guerrera de Seres, con un ademan, la lanzó contra uno de los vidrios del mirador. Hikaru cayó inconsciente al suelo.
Fuu retrocedió algunos pasos. Aquella bestia era demasiado poderosa. Si sus amigas no habían podido provocarle ni un rasguño, ¿Qué iba a hacer ella? Si siempre había sido la más débil de las tres.
-¡Mamá! – gritó Himeko, como suplicándole que hiciera algo. Estaba aterrada. Esa energía, esa energía tan poderosa. Estaba segura de haberla sentido antes. Quizás, ese día que intento volver a Céfiro, sin éxito. Ese rostro, había visto ese rostro en la oscuridad. ¿Qué era lo que estaba pasando?
-Aléjala de aquí, Ferio. - ordenó Fuu
-Fuu…- Ferio la observó algunos segundos. ¿Qué era lo que estaba planeando? Afirmó con la cabeza. Fuu parecía convencida. Confiaba en ella. Ciegamente. Tomó del brazo a su hija y comenzó a arrastrarla hacia el lado contrario.
-Pero… papá.
Fuu observó a esa criatura. Recordó haber visto alguna imagen similar en libros o en el internet. Imágenes de lo que los católicos solían llamar diablo o Satanás. ¿Acaso era posible? Pero ¿qué tonterías estaba pensando? Esas creencias no eran más que mitos. Los demonios no podían existir, no allí, no en la Tierra. Aunque, si en Céfiro había dioses y demonios, ¿por qué no allí?
-No lo voy a permitir, ¡no voy a permitir que le haga daño a las personas que amo! - Una ventisca salió de ella, envolviéndola cual si fuera un tornado formándose a su alrededor. El remolino fue creciendo en tamaño y en intensidad, arrastrando todo aquello que se interponía en su camino, destruyendo marquesinas, carteles de publicidad y hasta los binoculares instalados en el mirador. La criatura quedó atrapada en el tornado, sin posibilidades de moverse. Entonces, hizo aparecer su espada y corrió hacia él.
Acorralada, al no poder moverse, y debilitado por el viento sagrado de Windom, que parecía absorber su energía, la bestia tomó un brillo dorado. Antes de que Fuu llegara a atravesarlo con su espada, se desintegró en miles de cucarachas, que cayeron al suelo y se desparramaron por toda torre. Fuu detuvo su paso en seco, antes de impactar contra el vidrio del mirador. Miró a su alrededor, la criatura no estaba por ningún lado: había huido.
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Recorrió los pasillos vacíos, de a saltos, más pequeños, más amplios. Tarareaba una canción en su peculiar idioma. Tras la confusión de sus compañeros de viaje, después de semejante e inusual batalla, se había alejado de ellos sin que nadie lo note. Llegó hasta la base de la estructura de hierro. Miró hacia arriba. Tantas veces había estado frente a esa torre. Tantas veces había estado allí, antes de que esa torre existiera. Caminó hacia su derecha, hasta quedar frente a la base que sostenía la estructura metálica. Allí podía verse una puerta de metal, disfrazada con un cartel que indicaba: "alta tensión, prohíbo el ingreso." La gema de su frente comenzó a brillar, pasando de una intensa luz roja a una luz dorada. En apenas unos segundos, la puerta se abrió. Ingresó. El cubículo era un sitio pequeño y sin ventanas, sin ningún tipo de ventilación. La puerta se cerró detrás de ella, dejándola en una completa oscuridad. La gema en su frente volvió a brillar, abriendo una especie de escotilla en el piso, dejando al descubierto unas escaleras. La criatura dio un salto y se adentró, entonces, la puerta se cerró detrás de ella y volvió a cerrarse.
Caminó unos cuantos metros por túneles subterráneos. Bajó escaleras y más escaleras, hasta que se encontró con una entrada de piedra caliza. Encima de la puerta, gravada directo sobre la piedra, podría leerse la frase "spem omnem qui huc intrat." (*). Al pasar la entrada, se encontró con unas escaleras de piedra, que parecían llevar hasta el mismísimo centro de la Tierra. A medida que se acercaba al fondo, una luz dorada comenzaba a brillar con mayor intensidad. Al final de las escaleras, la luz era aún más intensa. A sus ojos, no era problema, pero, quizás, a un ser humano se le haría imposible mantener los ojos abiertos ante aquella intensidad de luz.
Caminó por un estrecho puente de granito blanco, que pasaba por un río de lenguas de fuego ardiente. Al llegar al final del puente, se encontró con una enorme puerta, de unos 3 metros de alto, que parecía hecha de oro macizo. La puerta se abrió apenas ella se acercó. Ingresó dando algunos pequeños saltos, caminó unos cuantos metros más. Se detuvo ante su trono. Un enorme trono dorado, grabado con excéntricas decoraciones y cornamentas doradas. Para llegar al trono había que subir una escalinata de cinco peldaños. Ella se quedó sobre la base de la misma. Miró hacia arriba, al hombre que estaba sentado allí, con su cabeza recargada sobre su mano derecha. La gema de su frente brilló. Del mismo modo lo hicieron los ojos azules del hombre.
-Ya… muestra tu verdadera forma. - dijo con cierto fastidio, con una voz fuerte y grave, que imponía respeto, miedo. - ¡Detesto ese disfraz!
Mokona sonrió. La gema en su frente cambió de color, volviéndose dorada. Entonces, una figura femenina comenzó a dibujarse, delgada, esbelta, de largos cabellos ondulados, de un rubio oscuro, ojos azules, tez blanca.
-Se siente bien recuperar mí figura. - sonrió. - Es lindo estar de nuevo en casa. - llevaba un vestido blanco, corte sirena, con un gran tajo del lado derecho, y ajustado al cuerpo. Él también sonrió. Tenía el cabello negro, como la noche, por los hombros, unos ojos azul intenso, piel blanca. Era alto y esbelto, aunque de torso fuerte y musculoso, llevaba una remera negra, ajustada al cuerpo, que permitía apreciar sus músculos, y pantalones del mismo color. - Te extrañé…
-No hay tiempo para boberías… el momento se aproxima. Necesito que ella esté lista…
-No deberías siquiera dudar… ¿Cuándo te he fallado? - el hombre se puso de pie, bajó las escalinatas con estilo. Se acercó a ella. Tomó su mentón con su mano derecha, levantando así su rostro hacia él. Luego, besó sus labios.
-Por eso te escogí a ti…
-Ella duda… puedo ver el lado oscuro de su corazón… Me he encargado de alimentarlo…
-No me caben dudas de eso, mi querida Lilith. Pero ya no hay tiempo, la última batalla pronto comenzará… cuando suenen las trompetas… y debemos estar listos para entonces…
-¿Acaso crees que Él no sabe lo que planeas? Él siempre sabe todo.
-Claro que lo sabe… sólo que cree que fallaré… como las otras veces…
-¿Qué te hace pensar que no será así está vez?
-Cuando suenen las trompetas y la batalla final comience, tendremos la ventaja… iniciaré su apocalipsis, tal como está escrito en sus profecías. Pero, esta vez, Él no será el vencedor… Céfiro y la Tierra serán uno, un mundo perfecto y eterno… Mucho mejor que su Edén...- Ella rio de manera exagerada.
-El Edén era muy aburrido... prefiero mil veces rondar la Tierra...
-¿Aburrido? Sólo porque no me tenías a mi allí. - sonrió. Y volvió a besarla. - Quiero que vengas conmigo...
-¿Me llevarás a tu alcoba? - Él dio unos pasos, dándole la espalda.
-Quizás después... Hay algo que debemos hacer antes...
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N/A
(*) Si alguno entre el público sabe latín, por favor, sepan disculpar. Intenté traducir (obviamente con el traductor de google) la frase "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate" (Abandonen toda esperanza quienes entráis aquí), escrita en la entrada al infierno, según Dante Alighieri, porque, obviamente, la frase está en italiano, porque Dante lo era. Pero, a mi modo de ver, si la entrada del infierno estuviera gravada con una frase, no estaría escrita en italiano, si no en algún idioma más antiguo y significativo.
La idea de túneles debajo de la Torre Tokio, en los cuales se encuentre la entrada al infierno (si se dieron cuenta de que Mokona ingresó al infierno, ¿verdad?) llegó a mí por casualidad, a partir de la reseña de una película en donde la entrada está en unos túneles que se encuentran debajo de Paris. Obvio, lo googlee, y si, sin dudas, ese sería "el lugar", pero bueno, no iba a hacer que Mokona viaje hasta París...
Por cierto, espero no se note demasiado que esta historia la estoy escribiendo en paralelo con cierta historia de Sailor Moon que tengo en proceso, en particular este capítulo con cierto capítulo donde también hay una "visita" al infierno. Se dio casi por casualidad, pero la idea me vino genial para representarlo.
