Avisos: relación tóxica.
Miro su reflejo en el espejo una vez más. El pelo, recién lavado, estaba suelto secándose al natural. Su mirada, cansada, lucía un torpe delineado con el que ya no deseaba pelear más. El bálsamo labial que había usado solo acentuaba el hinchazón de los salvajes besos que habían compartido. Estaba usando la ropa del día anterior, por lo que aún se sentía sucia, pues el sudor y el perfume de él enmascaraban la ducha y no tenía su llamativo aroma, pareciendo una pordiosera.
Pero ¿era solo por eso?
Nami sabía que no.
Y no quería pensar en ello después de una breve ducha.
Con una pequeña esperanza brillando en la palma de su mano, salió del baño y entró en la cocina. En ese corto recorrido no lo vio y mucho menos estaba haciendo el desayuno. Sin embargo, su compañero de piso si está sirviendo café negro para los dos, con una corta selección de la peor y más barata bollería industrial. No pudo disimular su cara de desagrado, pues una vez más se topaba con la nada nueva realidad.
"No pongas esa cara, compré tu mermelada favorita" le dijo el compañero si mirarla mientras sacaba el azúcar y la leche que ella siempre tenía escondida en esa casa.
"Gracias, Law" se vio obligada a mostrarse agradecida por el suave gesto del compañero de piso.
"No entiendo porque siempre esperas a verlo, cuando sabes que él a esta hora esta de camino al trabajo con su novia"
Aquellas palabras la perforaron sin miramiento. Quiso disimular su dolor, pero era imposible. A pesar de ser consciente de la realidad, era algo a lo que se negaba a enfrentarse y ese dolor se enquistaba en su corazón. Además, no era algo que quisiera discutir con su compañero de piso, ya que no terminaba de verlo más que como una compañía. Sin mediar más palabra, empezó a desayunar con él.
"Te ves fatal" le comentó nada más fijarse en su rota mirada
"Anda que tu..." respondió con cierta negatividad
"Vale, cambio de tema" dijo con cierta burla "¿Qué tal tus alumnas?" cambió arbitrariamente de tema
Con una sonrisa cansada, Nami le dio conversación durante la mañana. Era un momento bastante agridulce el que solía compartir con Trafalgar Lar, ya que le agradaba la extraña relación que tenían, pero sabía que nacía de una emoción muy humillante: la lastima. Si bien tuvieron una breve y agradable conversación, Nami apuró su café antes de marcharse. Se despidió con un abrazo, notando la calidad de los brazos de Law y su gran aroma a desinfectante del hospital, producto de sus jornadas de interino en el hospital. Él le susurró unas palabras y ella rompió rápido el contacto.
"Hasta luego, gatita" llegó a escuchar desde la puerta como guinda final del pastel.
Nami maldijo su suerte. De camino a su casa, en el autobús, se dio cuenta de que siempre terminaba por pensar en cómo era que había llegado a esa patética situación. Notó como sus lágrimas brotaban nada más bajar del transporte y llegaba a su casa, implacables ante la oleada de emociones y sensaciones que aun latían contra su pecho con fuerza. Al ser un día sin trabajo y, con todo ello a flor de piel, preparó su mejor baño de espuma.
Antes de sumergirse, se fijó en las pocas marcas que le había dejado en su piel. Eran leves rojeces que no llamaban la atención y se podían camuflar con un jersey. Ya no quería gastar corrector en pequeñeces y tampoco era algo que valiera la pena. Quería lucirlas, verse con dueño, pero tampoco podía.
Ya dentro de su adorada bañera lloró sin ataduras, furiosa consigo misma. No le gustaba llorar durante un baño, pues era admitir una debilidad demasiado grande y ver como sus lágrimas, tan personales, se mezclaban con las numerosas gotas de agua, le hacían ver sus problemas mucho más pequeños, aunque necesitara desahogarse.
Se negaba a admitir que era cierto. Que lo suyo era una nimiedad, no era la primera mujer en su patética situación y, por supuesto, no sería la última. Además, ella se lo había buscado. Si lo pensaba con tranquilidad, acompañada de su querida espuma con olor a jazmín, ella podía parar con su propio dolor. Empezar de cero de una forma agradable y poder despertar con la sensación real de ser una mujer amada.
Simplemente debía mandar al demonio a aquel imbécil de amante que tenía y buscar otra persona que supiera darle lo que ella realmente pedía. Un hombre que de verdad la amara y la priorizara que, por una vez en mucho tiempo, ella fuera el número 1.
Dejar de ser la otra mujer. Ser la única en su mundo.
"Maldita sea..." maldijo en voz baja antes de hundir su cabeza en el agua por unos segundos, buscando la claridad que no alcanzaba.
Su corazón y mente estaban discutiendo a viva voz. Ella se sentía demasiado confusa con la situación y simplemente no sabía que hacer, cayendo en un loco loop del que ni sabía salir. Lo único que tenía claro era que maldijo ese día en que decidió ir de fiesta con las chicas al club. Cuando lo conoció, le pareció tan encantador... un chico especial, maravilloso. Se rio de sus chistes malos, de sus horribles comentarios y de sus cosquillas.
Le hizo sentirse amada, especial, algo que hacía tiempo que un hombre no le daba.
Y luego la golpeó con un balde de fría realidad.
La única vez que despertaron juntos él le confesó que tenía novia, pero no la amaba. La llenó de voces susurrando que era un amor sincero pero prohibido, de aquellos que cambiaban la vida a mejor porque entre ellos había un amor de novela. Fue una estúpida crédula. Si en ese momento se hubiera levantado y marchado, no estaría en esa tesitura. Se quedó a su lado y decidió creer en aquellas frases de tapa de yogur, simples y carentes de emociones reales, aferrándose a la patética idea de no dejarlo marchar. Como si toda aquella ficción se pudiera cumplir...
Se convenció a sí misma de que lo amaba y necesitaba estar a su lado.
Como una mala adicción, se había enganchado completamente a él. Ya no podía soltarlo y aun creía que él podía dejar a aquella chica por ella. Que todo ese dolor barato iba a terminar en cuanto, por fin ella pasara a ser su prioridad...
Ansiaba creer en todas aquellas mentiras. Porque tanto tiempo juntos a escondidas, debían servir para algo. Todas aquellas mañanas con su compañero de piso defendiendo su situación debían valer.
Nami no era idiota y, en más de una ocasión, intentó terminar con todo aquello. Ella también tenía su límite y sentía que todo estaba mal, errado hasta tal punto que ella misma no tenía una solución real. Pero la volvía a embrujar con toda aquella felicidad y ese amor, que siempre optaba por seguir a su lado y tragar ese discurso que tanto había practicado con el espejo.
Tras una larga media hora en el agua caliente, Nami terminó de salir y se arregló con mucho cuidado. Sabía cómo le gustaba a su chico su cabello, el suave maquillaje... hasta la depilación. Se sentía nerviosa y lo hizo con cierta avidez, mimando que no hubiera una esquina sin esa perfección y olor a mandarinas que tanto la caracterizaba.
Si algo estaba mal, él iba a abandonarla.
No podría soportarlo.
Al salir del baño, buscó uno de sus mejores conjuntos y lo dejo preparado para el encuentro de esa noche. Durante ese día sola, no dejó de pensar en que iba a ser de ellos. En cómo debía aprovechar cada segundo a su lado. En como convencer de que por la dejara...
Se hizo de noche y salió a su casa una vez más. De camino, compró una de sus cenas favoritas en el supermercado, aquella gran bandeja de sushi variado y muchos onigiris. Añadió un dulce postre y un par de cervezas.
A pesar de tener las llaves de la casa, decidió llamar al timbre. Grande fue su sorpresa al ver que, quién le abrió fue una joven con los cabellos sueltos color ceniza. Su mirada era de un color miel llenos de inocencia y mucho amor. Los labios tenían un color rojo cereza, el cual estaba un poco difuminado, seguramente por un mar de besos. Llevaba un colgante de mariposa similar a la pulsera que él le regaló, con perlas unidas en diferentes tramos. Llevaba un recatado vestido marrón, el cual la cubría hasta los tobillos. Estaba usando sus slippers de peluche.
Era ella. La novia. La única y verdadera mujer de su vida.
Intentó sonreír, pero se tornó en una macabra mueca. Ella se quedó esperando a que dijera quien era, porque una chica, completamente antagónica a su apariencia, estaba en las puertas de la casa compartida de su novio. Nami tampoco sabía qué hacía ahí.
"Hasta que llegas, mi amor" se escuchó detrás de la joven
De pronto, en una magnífica improvisación, Law estaba con ellas, con ese rostro impasible difícil de descifrar, tendiendo su mano. Cuando la llamo su amor, la peli naranja notó un escalofrío recorrer su espina, pues el suave y natural tono que había usado jamás lo había escuchado... y se escuchaba muy bien. Tendría que pedirle a su verdadero amor que se lo dijera.
Siguiendo con la mentira, ella agarró su mano libre para poder pasar, cruzándose con ella en el camino. Noto de ella un agradable aroma a fresas. Las manos de Law eran más grandes y algo callosas, pero firmes y fuertes. Agarraron su mano con una decisión que se sentía extraño. Él nunca la había agarrado así. Detrás de él, su chico estaba con el rostro desencajado, viendo la escena sin poder decir nada. Nami podía intuir como estaba queriendo intervenir, pero sabiendo que la verdadera novia estaba en la misma sala, sabían que era la mejor forma de disimular su entrada.
"¿Law-kun con novia? ¡Que alegría!" se escuchó decir a la chica al lado de ella. Tenía una voz más aguada, comprendiendo que ella siempre se había quedado con esa voz adolescente. "¿desde cuándo?"
"Hace ya unos meses, Lily" respondió él por ella, mientras la rodeaba con su brazo derecho y la acercaba a él. Fue la primera vez que se fijaba en sus peculiares tatuajes y, sobre todo, en los marcados músculos. Todo ello visible gracias a la camisa negra que llevaba ese día, el cual estaba mal abotonado. "solo que nunca lo hicimos oficial. Es Nami."
"¡Encantada!" la saludó la chica de fresa.
"Espero que coincidamos más veces" fue lo único que pudo decir después de una breve pausa, en la que ni siquiera supo cómo era que pudo articular esas palabras.
Ella la quiso abrazar, pero el chico la paró. Su molestia era demasiado visible, por lo que Nami supo que debían salir de allí. Mostró la bolsa de su cena y Law los excusó para que comieran en su habitación. Sabía que el doctor odiaba hacer eso, ya que siempre dejó patente que su espacio era su templo y nunca la dejó pasar, aunque fuera por mera curiosidad. La obligación de la situación hizo que, por primera vez, conociera el espacio personal de Trafalgar.
Al entrar, no pudo evitar una exclamación de sorpresa. Al estar tan ordenado, daba la sensación de ser más grande que la de su chico, a pesar de no tener baño. Podía ver como al lado de la ventana tenía un pulcro escritorio, con un ordenador de mesa más caro que el suyo y varios apuntes de medicina. A la par, estaba lleno de estanterías con tantos libros que se mareaba. Y la cama, aun hecha, tenía un peluche de oso vestido de doctor. Solo ahí se fijó en los pequeños detalles frikis que habían, como figuras de colección y colecciones de monedas. Aunque todo eso se quedaba atrás al ver la pantalla que tenía en la pared. Aquella televisión valía más que dos meses de su alquiler.
"¿De dónde sacas el dinero para estas cosas, Traffy?" se atrevió a preguntar mientras se sentaba sobre la cama
"Becas, trabajo... no derrocho el dinero en fiestas..." enumeró mientras agarraba la silla de su escritorio y la acercaba, con la intención de hacerla su mesa. Con el teléfono, conecto la televisión y puso un documental.
A Nami le dio una arcada, era un documental sobre pulmones y la primera imagen era un pulmón real inflado contra uno de un fumador. No era la forma más agradable de iniciar una conversación. Al girarse para no ver más aquel órgano, se fijó en el peluche. Lo agarró con suma delicadeza y se fijó en que tenía el nombre de Bepo bordado.
"¿Y este Bepo?" preguntó un poco burlona
"Ni se te ocurra decirle a nadie que lo has conocido" dijo con un visible sonrojo desde las mejillas hasta las orejas "es... un regalo de mi infancia"
"Que adorable doctor" dijo mientras abrazaba el peluche con cierto mimo "cambia de canal por él..."
"Encima que te tengo que aguantar por el estúpido de... agh, está bien" cedió finalmente cambiando a un concurso de parejas resolviendo preguntas y pruebas, al no poder ante la tierna imagen del oso de peluche abrazando la mejilla de la peli naranja
Si bien fue una noche agradable, Nami no sintió el mover la horas. Law resultó ser un tipo más agradable, a pesar de su fuerte carácter. Siempre resolvía bien los acertijos y se sorprendía cuando Nami también. Aquello derivó a una conversación en el que por fin conoció la misterioso peli negro, a la par que ella le contaba sus verdaderas ambiciones. Agradeció haber acertado con la comida, de la misma forma que con la cerveza y el postre, a pesar de que él se salió en un momento a por más aperitivos.
Sobre aquella cama, se descalzó y pudo ver, con cierta simpatía, los objetos personales de Law. No dejó de abrazar a aquel osito-doctor de peluche y, contó los segundo en los que tardó para poder seguir con su conversación. La televisión pasó a un segundo plano, pues era más agradable compartir con el futuro doctor anécdotas de su trabajo, las simpatías...
No supo cuando se quedó dormida. No sonó ninguna alarma, simplemente los rayos de sol se cruzaron por la ventana y la despertaron con una calidez que hacía tiempo que no sentía. Somnolienta, sintió como un brazo la rodeaba. Se fijó que su brazo también rodeaba a alguien. Se sorprendió al ver que era Law y no su amante. Sonrió ante la ironía de sentir la agradable calidez de otra persona. Él seguía dormido, y se fijó en sus masculinas facciones, las grandes ojeras que persistían y, sobre todo, en la sensación de paz que le estaba transmitiendo con ese simple abrazo.
Con sumo cuidado y sigilo, salió de su abrazo en la cama y se fue la cocina. Por primera vez, quería ser ella quien le preparara el desayuno. De camino, se acordó de que era lo que solía tomar el doctor, y pensó que sería el buen momento de probar la mermelada que le había comprado la otra vez.
Mientras hacía el desayuno, sintió unos fuertes brazos rodearla sin previo aviso. Se fijó que no eran los tatuajes de Law. Él apoyó su mentón sobre su hombro derecho y la abrazó con fuerza. Solo ahí se dio cuenta en que llevaba una noche entera sin pensar en él. Había estado tan ausente y protegida por las buenas sensaciones que transmitía el doctor, que se olvidó de cómo había conocido a su novia, en qué ella realmente no debía estar ahí y la única que sobraba era ella.
"Lo siento" se disculpó él de inmediato en un susurro contra su oído, desarmando todas sus quejas de inmediato. A pesar de saber que la verdadera mujer estaba a unos pocos metros, en la cama donde ella tantas veces había gemido "perdóname, Nami"
"No debería, Adam..." intentó resistirse en balde
"No era mi intención... esta noche te prometo resarcirme"
Ella iba a volver a negarse, pero antes de que pudiera pronunciar palabra, le robó el aliento con un largo y lento beso. Nami no necesitó más para terminar rendida ante sus carias, perdiendo nuevamente la poca dignidad que le quedaba. Se escuchó una puerta y él se apartó de inmediato. Era Law, con cara de pocos amigos. Ambos compartieron una mirada que la peli naranja no supo identificar y él regresó con su novia al cuarto. Law se acercó a ella y le tendió un pañuelo.
Él había vuelto a destrozar su gloss con aquel beso.
Sin dudarlo, ella se limpió con fuerza, dejando enrojecida la zona. Vio una extraña media sonrisa rompiendo el serio rostro de Law, señal inequívoca de burla hacia su reacción.
"Quería hacer el desayuno, pero..."
"Volviste a caer" completó Law la frase mientras sacaba de la alacena todo lo que ella tenía en mente para el desayuno "sigo sin comprender como o por qué"
"¿El amor?" su respuesta fue más bien una pregunta del que ella no terminaba de creer, mientras ponía la cafetera a hervir agua para el café
"Pues menuda mierda el amor, ¿no?" preguntó con cierta burla, enmascararlo la crudeza del dolor "te folla, te promete la luna y las estrellas, pero nunca eres la primera, Nami-ya"
Nami se sintió ofendida, pero decidió quedarse callada. No tenía argumentos ante ello, era algo tan real que quemaba en el pecho, pero sentía el impulso de contestar de alguna forma soez, queriendo defender a la persona que creía que tenía su corazón. Nami se mordió el labio inferior, queriendo expresas sus mayores miedos, pero sería admitir que sabía que todo era un error y no quería debatir todo aquello con la novia al otro lado de la puerta. Law, con cara de preocupación, le tendió un bizcocho embadurnado de mermelada de naranja. Antes que llorar, decidió morder aquel bollo, con una falsa sonrisa.
Si él no se arrepentía de su ofensa, ella tampoco por su mala actitud.
Poco a poco, su sonrisa se fue sincerando. Entre cafés, ni siquiera despidieron a la verdadera pareja. Olvidó el mal trago del momento entre las conversaciones con Law sobre las diferentes maravillas de los pequeños que estaba cuidando en el centro y los diferentes juegos con los que Nami contaba orgullosa lo mucho que aprendían. Se despidió del médico después de apurar el café, con una agradable sensación a haber hecho un nuevo amigo.
De vuelta a su casa, no pudo pensar más que en lo bien que se lo había pasado con el compañero de piso de su chico. Hacía tiempo que no sentía que el mundo se borraba y que tanta información se había escapado de entre sus manos. Había reído, llorado, sorprendido, burlado... y asustaba pensar que no había pensado en Adam en ningún momento.
Que no creía en su falsa promesa de arreglar el entuerto y, en cierto modo, Nami tampoco quería. Ya que podía decir que era la primera de alguien.
Si lo pensaba detenidamente en su casa, era la primera vez que pasaba fuera sin una noche de sexo, simplemente pasando un tiempo agradable. De la misma forma, ya había conocido a la primera, a la novia y no podía negar que le sentaba mal mentirle de aquella manera. Al verse reflejada en aquellos inocentes y sinceros ojos, el olor a fresas cuando la abrazó, la honestidad con la que quería conocerla más al sentir que ella era parte de la vida de Law... la hacía pensar demasiado. Por una parte, estaba engañándola vilmente. No solo por mentir con ser la novia del doctor, también acostarse con su maldito novio.
Su teléfono la sacó de sus pensamientos. Se fijó que eran mensajes de él, preguntando si la vería esa noche y por qué estaba tan bien con Law. A cada segundo, no dejaban de llover nuevas notificaciones, preguntando como era que habían pasado la noche, mostrando unos desmedidos celos. Confusa, leyó todo aquello y no sabía cómo responder. Cada vez el tono de sus reclamos era mayor, casi como gritos contra su oído, recriminando una gran falta. Sus manos temblaban de lo abrumada que se sentía por su extraña actitud. No sabía si debía sentirse alagada por ter sus preocupaciones, pero a la vez, esos mensajes cada vez le daban mayor miedo.
¿Él podía portarse así sabiendo que era quien le estaba poniendo los cuernos a su novia?
Decidió no contestar y salir a tomar algo con sus amigos. Hacía tiempo que no veía a Usopp y a Robin. Quería saber cómo estaban sus amigos, que la llenaran de noticias positivas ante tal situación.
Sus mejillas dolían de tanto sonreír.
Al día siguiente, amaneció sola en su departamento.
Frío y soledad, dos cosas que quería dejar de sentir de inmediato.
Revisó sus mensajes y vio que su chico no había dejado de buscarla, en un tono muy posesivo. No sabía que debía contestar, por lo que optó simplemente por dejarle un que ya lo iría a ver antes de prepararse para irse a su trabajo. Se vistió el uniforme y, con la ansiedad a flor de piel, no dejó de revisar si tenía mensajes de algún tipo. Él no le contestó, dando un tratamiento frío a su situación.
Sus manos temblaron y el teléfono se cayó al suelo.
¿La quería abandonar? ¿romper con todo aquello?
Respiró hondo, intentando calmarse, pero el pánico se adueñó de ella con un par de bocanadas de aire. Su mente se había nublado en un solo instante y no podía articular palabra alguna. ¿volvía a quedarse sola? ¿ya no la volvería a besar, acariciar o decir palabras dulces?
Solo en ese instante se fijó en la pulsera de mariposas. Uno de los dos regalos que él le había hecho. Se cerraba justa sobre su muñeca, al lado de la pulsera de su hermana mayor. Esta tenía pequeñas perlas cerrando a la mariposa, en una cadena que a veces se hacía incómoda para trabajar, pero que no se podía quitar. Una vez fuera, costaba mucho hacerla cerrar nuevamente. Él odiaba verla sin esa pulsera. Se la dio con un pequeño osito. Estaba en su cama, con un gran lazo y los bracitos abiertos, dispuesto a recibir un gran abrazo.
Se aferró a esa pulsera, abrazó bien fuerte a aquel osito de peluche... necesitaba un poco de esperanza antes de ir a trabajar.
Necesitaba creer que él seguiría a su lado.
Nada más llamar al timbre, él abrió. Tenía el rostro cansado, el cabello ceniza revuelto y solo vestía la parte baja del pijama. Nada más verla, en aquella ropa de trabajo de la escuela infantil, la abrazó bien fuerte contra su pecho, queriendo evitar su posible huida. Nami sonrió y los ojos se llenaron de lágrimas, correspondiendo a la intensidad de esos brazos, sintiéndose en su casa.
Pasó a dentro y se fijó que estaban solos. Él no tardó atacar sus labios, guiándola a su habitación.
"Lo siento..." suspiró ella entre besos varias veces
"Tranquila, te perdono..." respondió él mientras le quitaba el uniforme "¿No haríais nada con Law?"
"Solo ver un programa... no podría engañarte, Adam" su respuesta mostraba una indigna insumisión y vulnerabilidad que nunca había demostrado con nadie, pero a ella le dio igual. Necesitaba demostrarle que ella era de él y de nadie más "te amo... soy solo tuya"
"Eso es..." susurró en contra de su oído, haciendo que su más fino y corto bello se erizara "eres mía"
Nami se dejó devorar por él. Dejó que un par de lágrimas rodaran por sus mejillas, aliviada de sentirse amada por él. Notar que eran sus manos las que acariciaban cada pequeño rincón de su piel y sellaba con un beso cada marca la llenaban de calma. Gimió alto, sin importar los vecinos y su compañero de piso, queriendo dejar patente que era él quien le estaba dando placer y nadie más. Que era el único en su mundo
Ella solo podía gritar si a todo lo que le llegaba a susurrar entre jadeos, en pleno acto.
Nadie te podrá amar como yo.
Me perteneces única y exclusivamente a mí.
Solo yo puedo estar dentro de ti.
Nadie más te querrá como yo.
Y que razón tenía.
Solo él podía hacerle sentir a él. Tanto su corazón como su cuerpo solo le pertenecían a él.
A la mañana siguiente, amaneció sola. Se fijó en la hora, debía desayunar rápido para llegar con tiempo a la escuela. Solo en ese instante sintió un olor a fresas que le desagradó al segundo.
Las mismas fresas de la novia.
Estaba impregnado en aquella almohada.
Asqueada, se levantó y se duchó rápido. A pesar de usar su gel, no podía terminar de borrar su rastro. Y Nami no se esforzó en quitar las huellas de la noche. Sonrió, no estaba sola, él la quería a su lado. Había reafirmado con fuego todo aquello que en lo que siempre creyó.
Él la amaba. Eso debía ser amor.
Al salir, vio que Law estaba desayunando, con cara de pocos amigos. Veía sus ojeras y su uniforme desarreglado. Nami no perdió la ocasión de burlarse de él, como en todas las mañanas.
"Te ves fatal" le dijo mientras se servía un café "¿el hospital es un amante exigente?"
"Por lo menos es honesta y fiel" espetó de mala manera
¿No era un buen día para hablar con él o simplemente estaba diciéndole la verdad para ayudarla?
No, la estaba atacando.
"Law, no..." quiso pelear aquella frase, pero la detuvo al instante
"Se que no debería, Nami-ya, pero se lo tengo que decir" se disculpó de antemano antes de soltar la verdadera frase hiriente "Usted no tiene amor propio, señorita. Siempre se está esforzando de sobre manera con él, arrastrándose por su maldita aprobación, sin preocuparse por usted. Se cree la única mujer de su vida cuando no deja de ser la amante. Dígame... ¿es feliz así? ¿sabiendo que nunca la amaran de forma honesta y real? ¿siempre se conformará con ser la otra?"
La otra.
Ella era la otra.
Las hirientes palabras de Law habían roto su burbuja. Se veía decidido, completamente indignado con ella. Como si esperara algo de Nami que nunca llegara. Y la peli naranja no comprendía porque se metía tanto en donde no lo llamaban.
"Lo nuestro es real..." fue lo único que pudo balbucear "Adam me ama"
"Siga engañándose, señorita Nami"
El doctor se marchó, indignado ante las frágiles respuestas de ella. Nami no lo quiso parar, pues tampoco tenía argumentos sólidos con los que soportar todo aquello y no terminaba de comprender su actitud con ella.
Nami prefirió cerrar los ojos y salir al trabajo. Preocupada, sabía que no estaba haciendo su trabajo bien, ya que su mente no se despegaba de la noche que había pasado con él. Jugaba a desgana, prefiriendo imaginar que harían esa noche para volver a sentirse bien a su lado.
Sus compañeras intentaron hablar con ella, pero Nami simplemente no estaba.
Antes de ir a la casa, se arregló lo mejor que pudo. Se esmeró en cada detalle, que le daba vergüenza admitir que solo se estaba preparando por él. Decidió ponerse aquel vestido azul corto que tanto le gustaba y maquillarse de la forma más sutil posible, ya que sabía que tenía una debilidad muy grande por las gafas de su trabajo, además del entrelazado de su cabello naranja.
Una vez tocó el timbre, sintió que el mundo se volvía a derrumbar al ver que era ella otra vez abriendo la puerta.
"¡Nami, bienvenida!" gritó ella con una alegría y calidez que la llenaba de vergüenza
"Hola, Lily" pudo articular con unas fuerzas que no sabía
"¿También estás de sorpresa para Law-kun?" preguntó mientras la hacía pasar
"...Si" respondió finalmente "iba a pedir una cena..."
"Ellos aun no llegan" le dijo con una sonrisa mientras la arrastraba a la cocina "les estaba haciendo una cena, ya que por fin hemos cobrado..."
Se fijó en todo lo que estaba cocinando aquella chica, con un aroma que hizo que sus tripas sonasen fuertes. La novia agarró el teléfono y le sacó una extraña foto, mientras escribía con cierta avidez. Le estaba diciendo a su novio que las dos estarían cocinando lo que fuera que tenía en mente aquella chica. Nami quiso ayudar lo mejor posible, colaborando en cada detalle. Sonreían y hablaban, descubriendo cada aspecto de la vida de su chico que ella desconocía, reafirmando las duras palabras de Law. Ella no dejaba de ser un maldito espejismo en su vida.
Ellos llegaron mientras que arreglaban la mesa para que cenaran los cuatro. Law se veía visiblemente cansado y molesto, pero Nami puso de sus mejores sonrisas, imaginando que su verdadero chico las hacía suyas. Solo entonces se fijó que ambos se estaban comportando de forma extraña, y tenían algunos extraños rasguños.
¿Aquello era un moretón? ¿Ambos estaban heridos?
Antes de que pudiera preguntar nada, Law la agarró del brazo y la hizo sentar a su lado. La novia les sirvió con mucho cariño, casi como si fuera la madre de todos. Sintió que su móvil vibraba y, con cierto disimulo leyó el mensaje. Era él pidiendo nuevamente perdón por lo que estaba pasado. Ella asintió con una gran sonrisa, queriendo calmar la culpa de ambos por vivir nuevamente tal situación. Law se percató de ello y le quitó el móvil, pasando un brazo por sus hombre y acercarse a ella, como si fueran pareja.
Para Nami, fue una cena tensa, llena de comentarios de doble sentido, sonrisas y miradas cómplices, con algunos silencios incómodos. Lily se esforzaba por hacer a todos parte de la situación, pero hasta ella se percató de que algo iba mal. Al llegar el café, Law lo tomó rápido antes de pedirle que se fueran a su habitación.
Nami no pudo negarse, le dio buenas noches a la pareja y se encerró con el médico. La peli naranja comprendía que aun tuvieran una extraña tensión entre ellos por lo de esa mañana, no lo culpaba, pero tampoco lo perdonaba. Él no le había mentido, pero tampoco la había tratado de la mejor forma. Comprendía su preocupación, pues al final se habían vuelto amigos con cada café mañanero, pero eso no le daba derecho a entrometerse así en su vida.
El silencio entre ambos era incómodo, más con aquella serie en emisión, queriendo romper con la fría escena. Nami se aclaró la garganta, mientras dejaba sus zapatos en el suelo.
"Law, lo siento" quiso empezar la conversación "pero lo amo"
"¿Por qué?" preguntó tajante, directo, sin miramientos ni dulces.
Nami trago duro.
"Adam es bueno, me completa" quiso enumerar ella "yo soy de él y él no me deja sola... y... con eso es suficiente. Law, él dice que yo soy suya"
"¿No te sientes patética dándome unas respuestas tan vacías?"
Aquella pregunta la tomó de sorpresa. Sentada al borde de la cama del doctor, notó como él estaba cerca de ella, con ese aroma a desinfectante. A pesar de la poca luz, solo contaban con la televisión encendida, ver el rostro molesto de Law. Su enigmática mirada la escrutaba con cierto aire inquietante, algo que Nami no terminaba de leer bien. Algo estaba ocurriendo, pero la peli naranja no terminaba de comprender el qué.
"Porque suena a que cualquiera podría tenerte" se respondió a si mismo Law, en un tono grave que hizo erizar el bello de Nami "como a una muñeca de guardería"
"No... no es cierto"
Law esbozó una media sonrisa, divertido por la temblorosa respuesta que le había dado. El cirujano parecía callar una respuesta que se sabía que le iba a doler y, en cierto modo, Nami no lo quería escuchar. Cerrando la conversación, se fijó como él se acomodaba y cambiaba el canal. Otro programa de variedades.
Los minutos y las horas se fueron volando. Estaban juntos, hombro con hombro, como la noche anterior. En esa ocasión, Law daba comentarios que le hacían gracia. Se estaba riendo, una risa tan sonora que cualquiera fuera de la habitación podía escucharla. Incluso él se había atrevido a acariciar su mejilla.
Fue un contacto suave del que Nami quería más. Era imposible explicar cómo era que le gustaba como Law cruzaba su cara con tal mimo, pero a la vez divertido, como si estuviera con una niña pequeña.
¿Law la vería cómo a una hermana pequeña?
Nami creía que sí.
Pues eso justificaría su extraño comportamiento; con pocos detalles, sin llegar a ser nada íntimos, logró que dejara de pensar en su chico con su verdadera novia. Le estaba dando otra noche agradable sin pura pasión, siendo honestos... algo que ella ya sabía que ambos no eran. Aquella dualidad la abrumaba y, de tanto pensar, se había quedado dormida sobre el hombro de Trafalgar.
Sin ser consciente de como él regresaba a acariciar su mejilla y tumbarla sobre su cama, con una mirada que significaba algo más que lástima... Susurrando palabras que ella jamás escucharía.
A la mañana siguiente, se despertó nuevamente en un abrazo con el cirujano. Regresaba a verlo con esa tierna calma. No entendía como habían llegado a ese punto y cada vez tenía más curiosidad. Nami, una vez más, no entendía porque le agradaba tanto ese contacto. Sería que no lo tenía con el que ella consideraba su verdadero novio y suplicaba momentos como ese.
Sería que Law la vería como una hermana menor a la que debía proteger... aunque nunca se lo pidió.
Y se merecía un desayuno por preocuparse por ella.
Con cuidado, se levantó y se fue a la cocina, descalza para no hacer ruido. En la cocina, vio como los novios se besaban antes de cruzar la puerta, inconscientes de su aparición. Solo al cruzar la puerta, ella entró en la sala. Se quedó de pie, mirando esa misma puerta por un largo tiempo, reproduciendo la imagen del beso en su cabeza en un interminable bucle. No podía llorar, los ojos solo sabían parpadear. Sus brazos, caídos, intentaban darle un confort en un torpe abrazo que no alcanzaba nada.
De pronto, unos brazos más fuertes la rodearon en un cálido abrazo. Notó una incipiente barba rascarse contra su mejilla y el aliento de él golpear su oreja antes de susurrar en tono grave una de aquellas tantas malditas preguntas.
"¿Ni con esas ves la realidad?"
Mil y una excusas intentaban salir por su boca, sin éxito. Quería decir que estaba fingiendo, siendo agradable con ella por lastima, que la novia no se merecía una mala despedida... pero simplemente se quedó muda. En vez eso, dibujo un terrorífica sonrisa en su rostro e intentó mirar a los ojos de Law. La lástima que creyese ver en aquellos orbes dorados hizo que todo se quedara atorada en su garganta y buscara huir.
"Tengo que ir a trabajar, hasta luego, Law"
¿Cuánto tiempo más seguía en esa terrible dinámica?
Nami ya había perdido la cuenta. Ver los almendros en flor desde la ventana hizo que sonriera de forma sincera. Era una pequeña esperanza. Tocó la pulsera que él le había regalado, buscando las fuerzas para insistir nuevamente en que hicieran lo suyo oficial, que dejara a aquella chica y que, por fin, fueran una verdadera pareja. Además, eran el último mes de Law, por lo que su esperanza simplemente florecía.
Pensar en la partida del doctor Law hizo que una gran tristeza volviera a invadirla, sin remedio. Durante todo ese tiempo, delante de la chica, habían fingido ser pareja. No pasaban de los abrazos y siempre estaba compartiendo desayunos y momentos muy divertidos. No sabía si por respeto o por no encontrar a su chica ideal, él no había tenido una pareja real en todo ese tiempo. Ella le había insistido en que conociera a sus otras amigas y compañeras del trabajo, pero siempre pasaba algo que no terminaba de conectar con esa chica especial.
Quería que él tuviera lo mismo que ella tenía, pero mejor. Sin tener que esconderse, alguien a quien amar por las noches a pesar de que no despertaran juntas. Aunque ya no valiera la pena, ya que él insistía en que volvería a su ciudad natal.
Parpadeó varias veces para comprender donde estaba, dejando la ventana olvidada. Delante de ella estaba él, quien consideraba el amor de su vida, con una sonrisa que sabía que solo se lo dedicaba a ella. Aquella sonrisa la mareaba, encantada de ser la razón por la que podía esbozar tal hermoso gesto. A su lado, la novia, sonriendo alegre como siempre, divertida, queriendo alargar el tiempo de los cuatro juntos. Ella ya le había confesado que sabía que él solo sonreía si estaban los cuatro. Nami se sintió alagada, pues comprendía que las mejores sonrisas solo salían si ella estaba cerca. Law, serio, no decía palabra. Todos sabían que quería marcharse rápido a descansar, ya que sus jornadas cada vez eran más tediosas al estar al límite de sus fechas.
Y luego estaba ella, la peor de las actrices, dándole una conversación agradable para no estar mucho tiempo con el doctor a solas e impedir ver como siempre rozaban la punta de sus narices en un tierno beso esquimal, el beso favorito de ella. La envidia la estaba corroyendo de una forma inimaginable.
No quería admitir que le agradaba estar a solas con Law, cada vez más y más...
"¿Cómo es que nunca os veo dar un beso?" preguntó de pronto ella. Nami se sonrojó, avergonzada y fue la primera vez que Law pronunció algo. "¿Tanta vergüenza os da?"
Nami no sabía que decir, se quedó completamente inmóvil y muda, sin poder articular palabra alguna. Para su sorpresa, el doctor hizo que la mirada con un simple movimiento de sus dedos. Ambas miradas chocaron por un breve instante, antes de ver como él cerraba los ojos a medida que le robaba un beso. Instintivamente ella lo imitó. Fue un sello de labios bastante fuerte e intenso, a la vez de cálido y agradable, con un sonoro smooch al separarse. Sin pretensiones más allá.
"¿Esto responde a tu pregunta?" preguntó con cierto tono burlón al que Nami solo pudo sonrojarse, avergonzada.
"No hacía falta" espetó de mala gana el chico, con una visible cara de repulsión, sin poder contener los celos
"Si nos disculpáis, debemos descansar. Mañana es otro día y quiero aprovechar lo que me queda con mi novia"
¿Por qué sonaba tan bien que la llamara su novia delante de todos?
Aún abrumada por la situación, siguió al doctor hasta su habitación. Una vez más, se hacía el silencio entre los dos en lo que se acomodaban. Ella se sentó al borde de la cama y se fijó en como muchas de las cosas estaban en cajas. Él nunca mentía y su partida estaba demasiado cerca. Su móvil vibro con un mensaje que no pudo abrir, ya que Law Le quito el teléfono antes de que pudiera siquiera mirar de quien era.
"Aún falta mucho por empacar... pero pronto podrás decir que tu rompiste conmigo, así no parecerás una muñequita de trapo." El comentario iba con cierto tono de burla al que Nami no se terminaba de acostumbrar
"Tengo fe en que ya dirá la verdad y sea el quien me llame su novia. Así ya no necesitare de tus buenos servicios"
"¿Fe?" pregunto con cierta risilla que se le hizo molesta "la fe solo se tiene a cosas que no existen"
Como siempre, él se sentaba a su lado y encendía la televisión para que no escucharan a la pareja. Hablaban de sus trivialidades, se hacían agradable compañía y dejaban que el tiempo fluyera lento pero constante, hombro con hombro. Sin hacerse notar, Nami apreciaba los diferentes gestos de Law, pues comprendía que solo la veía como a una hermana pequeña.
Pero aquel beso... la dejó completamente desencajada.
Se quería convencer de que era una acción a la que se vio obligado a realizar, pero la imaginación de Nami voló demasiado alto. No podía dejar de fijarse en sus gruesos labios, cuyo roce beso había sido bastante significativo. Solo en ese momento no podía dejar de ver sus gestos con otro color, por mucho que sintiera que su corazón deseara estar al lado de otro: la forma en la que la rodeaba con sus fuertes brazos, cuando dormían juntos, la forma en la que la hacía reír, sus consejos, los desayunos, las miradas, el desprecio a su compañero de piso... Se sintió demasiado confusa, imaginando cosas que no eran.
Eran cosas que no podían pasar. Solo su chico podía amarla. Nadie más se fijaría en ella.
Él siempre se lo había dicho: nadie la amaría como él. Nadie más se fijaría en ella. Solo lo tenía a él.
"Una foto te durará más" cortó sus pensamientos Law con una sonrisa que Nami no sabía si era una burla o una indirecta
"¿Por qué me has besado?" Preguntó sin regodeos, necesitando aclarar aquel extraño ambiente
"¿No es evidente?" preguntó arqueando una ceja
"Si... perdona"
Claro, solo era para mantener la fachada.
Nunca con otros intereses.
Sonrió derrotada, comprendido que las palabras de su pareja eran reales. Había imaginado demasiado y malinterpretado de forma soez sus sentimientos. Alzó su mirada cansada y se encontró con la de Law. Nuevamente era una mirada difícil de interpretar, en la que sus grisáceos orbes brillaban de una forma completamente desconocida. Era la primera vez que se veía reflejada en ellos, con cierta calidez que nunca había notado. Asustada, se quiso apartar, pero la rodeó con el brazo izquierdo y tiró de ella. Queriendo poner distancia y evitar perder el equilibrio, Nami puso las manos entre ambos, encontrándose con el bien trabajado pecho de Law.
Descubierto, podía sentir con las yemas de los dedos los agitados latidos de su corazón. Sonrojada, quiso articular una disculpa, alzando su vista. Law tenía aquella media sonrisa que no terminaba de identificar. Nami ya no podía leer la situación y no sabía cómo salir de todo ello. La puerta estaba cerca de la cama, siempre podría levantarse y marcharse, pero la simple idea de tener que enfrentarse a una romántica escena de los novios la llenaba de pavor.
Con una suavidad que experimentaba por primera vez, Law alzó su rostro con sus tatuados dedos, cruzando nuevamente las miradas. Nami seguía dubitativa, al no comprender a donde quería llegar el cirujano. Necesitaba preguntar, pero en esa ocasión, las palabras no se terminaban de pronunciar, muriendo en la misma garganta que sentía seca.
"Te acompaño a tu casa" preguntó de pronto, rompiendo con el extraño ambiente "es lo mejor"
Aquello no era una pregunta. Sonaba a una orden. Además, con aquellas últimas palabras, Nami se ahogaba en un mar de dudas. Sin poder reclamar, se arregló y siguió al médico. En todo el caminó, en la rodeo con el brazo, evitando que se alejara, algo que Nami no quería que rompiera. Creía que nadie los veía, hasta que se fijó en la pareja que los despedía bien abrazados desde el salón. Nami trago seco, al notar la inquisitiva mirada de su chico. Law agarró un paraguas antes de cerrar la puerta. Solo en ese momento Nami se dio cuenta de que estaba lloviendo.
El camino fue incómodo, los dos cerca, sin mediar palabra, bajo el paraguas. La única voz que se escuchaba era la del agua cayendo sobre el plástico, siendo una serenata triste entre ambos. No les quedaba mucho tiempo juntos y la peli naranja estaba hecha un mar de dudas. El comportamiento del peli negro era completamente errático y, a pesar de estar rozando los hombros, Nami lo sentía completamente lejano, completamente inalcanzable.
"El día de la fiesta en el club... estábamos los dos" habló de pronto Law "cuando por fin te iba a pedirte un baile, él se adelantó. Aun me pregunto qué hubiese pasado si no hubiera tardado un minuto"
"¿Law?" iba a preguntar confusa, pero él paró en seco sus intenciones
"Siempre pensé que él solo te usaría una vez, ya que sabía que no eras la primera con la que engañaba a su novia... y mira en lo que te has convertido: de una alegre muchacha que llamaba la atención de todos a rogar la atención de un bocazas"
"No entiendo porque..."
"¿siempre saco el tema?" completó la pregunta con una risilla que molestó a la peli naranja "porque eres demasiado densa"
"¡Dime de una vez que te pasa!" ordenó Nami alzando su voz, completamente molesta.
Se paró en seco, sin importar que la lluvia la mojara. Intentaba conectar las líneas, pero ya no veía ningún punto por el que empezar. Law las había envuelto en una confusa neblina del que ella no llegaba a ver más allá de sus manos, aquellas que siempre estaban con una taza de café servida por él, rodeando su cuerpo dormido... muy pocas veces sobre quien ella realmente necesitaba que estuvieran. Se estaba empapando con aquel aguacero, pero le dio igual. Grito una vez más, frustrada, demandando las soluciones que no llegaba a alcanzar.
Law, bajo aquel paraguas, con aquella enigmática mirada y media sonrisa, negó con la cabeza. El peli negro se acercó y la volvió a cobijar, pero en esta ocasión ella no quería. Con una fiereza que sentía olvidada, le dio una sonora bofetada. Impasible, el peli negro le dedicó una sonrisa socarrona, comprendiendo que por fin había alcanzado una fibra que Nami creía olvidada.
No era rabia o ira contra él, era la impotencia consigo misma de no comprender en qué punto se encontraba en ningún lado. De saber que estaba más tiempo con una persona de la que no sabía que sentía a con la persona que ella juraba necesitar. Tenía en mente cada una de las frases del chico, recordando que, si rompía todo lazo con él, estaría sola y era algo que Nami no podía aguantar...
"Qué fácil se te ha hecho abofetearme" se burló Law "¿No puedes hacer eso con el chico que te lleva usando y mintiendo por más de un año?"
"Eso no te debería importar" le escupió de mala manera, cansada de sus profundas preguntas e intromisiones "no eres nada mío"
"Porque no quieres" abrió finalmente el huevo de pascua "llevas estas últimas semanas fingiendo con una sonrisa que eres mi mujer y, por estar humillándote ante alguien que nunca te va a amar, no te has fijado en que más personas se pueden enamorar de ti. Eres como una maldita estrella deseando apagarse"
Nami abrió los ojos, sin creer en aquella indirecta confesión.
"¿Te intereso?" su pregunta se perdió entre la lluvia y el balbuceo, pero Law la captó al segundo
"Desde el primer maldito momento has dejado una gran impresión en mí"
Con aquella frase, dejó caer el paraguas y acarició su mejilla. Gruesas lágrimas rodaban por sus bellos ojos marrones; había roto sus creencias con las palabras más bellas. Nami conectó todo en un segundo, comprendiendo porque siempre él la había ayudado, aquel acercamiento... todo cobraba sentido. Su chico nunca tuvo la razón y simplemente la había manipulado para que estuviera siempre a su lado con aquellas palabras, caricias, regalos y promesas que nunca iba a cumplir.
Nami bajó la vista a su pulsera. Por primera vez no veía ese regalo como un maravilloso regalo de amor, era una maldita cadena. Incluso el brillo de aquella mariposa, estaba apagado.
Que estúpida era.
"Vales mucho, Nami-ya"
Era la primera vez en mucho tiempo que Nami se sentía nerviosa a su lado.
Cayó la noche una vez más.
En esa ocasión, la lluvia la acompañó a la casa de su chico. En esa ocasión, decidió usar uno de sus más sencillos vestidos, con el que se sentía más cómoda y menos le gustaba a él. De la misma forma, no se maquilló, simplemente uso su bálsamo favorito. Se recogió el cabello y uso aquella bisutería que hacía tiempo no tocaba, como los pendientes y anillos. Con su bolso, llevaba una bolsa de la compra con un pequeño regalo.
Al llegar, él la recibió. Igualmente, se escuchaba a la novia detrás de él, en la cocina, reír con alguien...seguramente Trafalgar. Ya se lo imaginaba serio, queriendo un plato antes de encerrarse en la habitación.
"No vuelvas a besar a Law..." se le escuchó recriminar "Tu eres mía, Nami"
"Esta noche lo arreglaré, te lo prometo" le susurró de vuelta con una sonrisa.
Él le intentó robar un roce, pero se escabulló para poder entrar en la casa. Dentro, se fijó en las últimas cajas de Law. Estaba iba a ser su última noche, por mucho que no lo hubiera dicho, ver todo ese cartón lo revelaba. Lo encontró dejando la última caja en el salón.
"Que raro, Nami-ya, si habíamos cortado..."
"Tengamos una última cena los cuatro, Law-kun" el tono que había usado les dio escalofríos a ambos hombres "de despedida. Nos lo merecemos"
Si bien la chica la recibió con los brazos abiertos, no tardó en separarse para servir una abundante cena. Se sentaron como la última vez y Nami notó como su móvil vibraba. Sabía que él se estaba preguntando cuales eran sus intenciones, ya que la banal conversación que estaba teniendo con la chica sonaba demasiado falsa, como el preludio de una nefasta noche. Con el último café, Nami sonrió y dejó la bolsa de supermercado encima de la mesa.
"Es un regalo de despedida, Lily-chan" dijo con una sonrisa tan amplia que daba miedo.
Sin dudar de las intenciones de la peli naranja, la chica empezó a sacar diferentes cosas de dicha bolsa: fotos, el peluche, flores falsas y dedicatorias. Todas de su novio a ella. Confusa, miraba con detalle todo, mientras que el chico se quedó congelado en su sitio y Law se atragantaba con el café.
"¡Espera, falta esto!" le tendió la pulsera de mariposa. Ella se quitó su pulsera y se fijó en que ambas tenían detalles similares "seguramente compró un juego y nos dio una a cada, ¿verdad? Que novio más pragmático tenemos, Lily"
"No... no entiendo" balbuceó ella con la joya en la mano "¿tenemos?"
"Comprende que después de un año follando en vuestra cama, lo considere nuestro"
El chico empezó a arrancar todo de las manos de ella, nervioso. Law empezó a reír a carcajada suelta, sin terminar de creer como era que la peli naranja estaba revelando todo aquello. Ella los observaba atónita, sin terminar de digerir toda aquella revelación.
"¿Eres la amante de Adam desde hace año, saliendo con Law?" preguntó completamente confusa, más aún ante la reacción del peli negro
"No, era. No pienso seguir siendo la amante de turno" aquella última iba directa al chico, quien lo miraba con rabia mal contenida "Y lo de Law... se lo inventaron para que no te dieras cuenta. Siquiera nuestro primer beso fue ayer gracias a ti, Lily... y para que sepas, hacía tiempo que alguien no me besaba tan bien"
"¿Por qué ahora?" preguntó ella entre sollozos
"La lluvia me enseñó que otra persona si me puede amar como me merezco" aclaró con un tono serio que no había usado hasta el momento "estoy cansada de los ya lo arreglaré, eres la única en mi vida, te amo, nadie más te va a querer, tienes suerte de estar conmigo... si te suenan esas frases vacías, déjalo también, querida, que ya aparecerá alguien que si merezca tu valiosa atención"
Con aquello, recogió sus cosas y se acercó a la puerta. El chico la siguió y la agarró fuerte del brazo. Escuchó sus reclamos, furioso, a lo que la peli naranja simplemente le dio una bofetada, dejándolo mudo enseguida, con la cara torcida y la mejilla roja.
"No me vuelvas a buscar, basura" le ordenó antes de abrir la puerta y marcharse.
A la salida, se topó nuevamente con la lluvia. Animada, caminó bajo ella, sin importar mojarse. Cada gota se mezclaba con unas furtivas lágrimas. No podía negar que tenía el corazón roto, finalmente siempre creyó en él y en que iba a ser su número uno, pero tantas charlas consigo misma y con Law le habían hecho bajar de su terquedad y comprender que siempre la había manipulado. Él nunca tuvo la intención de dejar a esa pobre chica, nunca tuvo la intención de hacer algo formal con ella y Nami no debía esperar a una respuesta.
Ella no era un buzón, debía ser la primera de su pareja, no un alivio.
Una suave melodía cruzó por su mente liberada. Animada, sin importar la opinión ajena, empezó a bailar bajo la lluvia, tarareando las notas, sabiendo que nada más llegar a la casa, se serviría una rica taza de té de mandarina y unas pastas.
Al día siguiente, supo que se había olvidado de despedirse de la persona que más la había ayudado. Se maldijo a sí misma e intentó llamarlo varias veces, pero no contestaba. Pero debía dedicar la mañana a trabajar. Sus pequeños necesitaban de su profesora y llevaba demasiado tiempo sin atenderlos. La mañana se hizo amena y se olvidó de sus problemas.
Aunque parecía invocarlos, pues al terminar la jornada, después de despedir a todos los pequeños, se fijó en como un doctor la esperaba en la entrada del colegio. Law se mostraba tranquilo, con aquella expresión tranquila, vestido con el uniforme del trabajo y una larga bata blanca que simulaba ser una capa.
Era la primera vez que alguien la iba a buscar a su trabajo.
"¿No te habías marchado a tu ciudad natal?" preguntó nerviosa.
"Resulta que no, tan solo me he mudado de casa" comentó con una sonrisa de forma calmada, sonrojando hasta las orejas a la peli naranja "sé que es demasiado pronto, pero te quería invitar a tomar algo"
"¿Es una cita, doctor?" pregunto sin terminar de creer su invitación
"Solo si tú lo deseas"
Con aquellas palabras, iba una pícara sonrisa a la cual la peli naranja sintió que el ritmo de su corazón se aceleraba. No sabía si era por conocer los sentimientos de Law, por admitir que había una chispa entre ambos o por la forma en la que él la estaba tratando, pero Nami asintió con la cabeza. Se agarró a su brazo y le dedicó una sincera sonrisa, emocionada. Por fin logró sonrojar al peli negro.
"Llévame a esa maravillosa cita, Doctor Trafalgar"
N.A.: Siento que es una historia un poco densa y quería probar algo diferente.
El tema de la dependencia emocional, como signo de maltrato en una pareja es una linea muy delgada con la realidad de las dinámicas tóxicas de una relación per se, ya que la fidelidad no tiene que ir de la mano con el control y si hay formas de subyugar a las personas sin necesidad de golpes. Ya que antes de llegar a golpes, muchas pierden su identidad propia y, si, eso no deja de ser toxico y, al final, maltrato.
Ahora, ¿Por qué Nami? Sencillo: es una persona muy leal y demasiado fiel. A veces tengo la sensación de que ella caería en estos errores, pensando que "esta cumpliendo" cuando en verdad esta cayendo en ese círculo.
El papel de Law y por qué él, en el siguiente y último capitulo.
Si, uso OC's porque me parece más justo que involucrar un personaje que me cuesta creer que caiga en eso.
