Se le acerca y le da un besito en la mejilla, el otro sonríe, cerrando los ojos, dejándole.

—Mmmm... Hueles bien —nota Gales—. Y mira que debes oler MUY bien porque yo no huelo nada.

—Pues como no sea el pescado —le mira de reojo y se ríe.

—¡Eso es! así, hueles... como a... mar.

—O a ti, que llevas todo el día pegado a mí.

—¿Y yo a que huelo? Espero que no mal.

—A Old Spice.

—¿Y-Y te gusta? Seguro no, te parece viejo.

—Bueno, la verdad, estoy acostumbrado al perfume de mujer.

—Puedo ponerme uno de Galia.

—Seguro eso haría el truco —se ríe.

—Concedido. Mañana mismo me olerás... —sonríe—. Después de quitarme el olor a alberca

—A ver, espera entonces —levanta un dedo para que se detenga.

—¿Por? —Le mira.

Luxemburgo se acerca y le va a hundir la nariz en el cuello. Gales tiene la madre de los escalofríos, abrazándole un poco así que le da un besito ahí cuando nota eso provocándole otro escalofrío.

—¿A-A q-qué huelo...?

—A miedo... —Luxemburgo le lame, sin responder consiguiendo un gemidito casi imperceptible

—¿A m-miedo?

—Sudor... nervios... —sonríe.

—Es decir, huelo... mal. Ugh...

—Debería hacerte un chupetón —Se ríe y sopla un poquito sobre la lamida.

—Mmmm... no me salen —Escalofriiiiioooo.

—¿No te salen?

—Es imposible hacerme uno.

—Solo lo dices para que lo intente.

Gales se ríe con esa conclusión.

—Pero... mañana viene tu madre y... tengo que parecer respetable —se separa.

—Vienen tus suegros.

—¿Así vas a llamarlos, en serio? —Luxemburgo se sonroja con eso, porque no se puede decie que no lo ha pensado.

—M-Me refiero a... —Gales se sonroja tres veces más porque la verdad, les ha llamado así de manera un poco accidental.

—¿Aja?

—B-Bueno e-es mi madre y el i-imbécil de Rome y-y...

—Y creo que es la primera vez que suenas un poco más reconciliado con Rome, así que lo tomaré como algo bueno.

—¡No!

—Aunque no es Rome el que me preocupa, con él me llevo muy bien —se ríe.

—Yo... no. Cielos, es que lo había olvidado... —aprieta los ojos—. No le digas a Alba.

—De hecho, me va a preguntar, como Espagne... porque a él le gusta mucho Mónaco —aprieta los ojos—. ¿Decirle qué?

—Rome va a creer que estás loco.

—¿Por? —Le mira con eso.

—Porque soy yo, la escoria del mundo. Si cree que m-me...

Parpadea, dejándole hablar

—Ya creía que Galia estaba loca y tú lo has dicho, tenía razón —frunce el ceño.

—Mmmm... Yo no he dicho que Galia estuviera loca.

—Has dicho que tenía razón en oponerse. Él se oponía y pensaba que estaba loca por dejarle por mí.

—He dicho que tenían razón en que iba a salir mal, no en oponerse o en pensar que nadie estaba loco, no pongas palabras en mi boca.

—Las pongo en la suya. Él creía que Galia estaba loca por irse con alguien como yo. Obviamente si se hubiera ido con uno de sus hijos que no son escoria este problema no hubiera existido... si te quiere a ti probablemente piense lo mismo, que estás loco.

—La verdad... Creo que hubiera protestado igual si Espagne o uno de los Italie se hubiera ido con Galia. Bien que se queja cuando Veneciano se acuesta con Germania o cuando Espagne tontea con tu madre... o cuando Espagne y Romano se acostaron con Helena.

Gales hace los ojos en blanco, sin creerse eso realmente.

—Ya, claro. No veo que se esfuerce tanto en JODERLE LA VIDA a todos los demás.

—Creo que eso es porque los demás no están consiguiendo tanto como conseguiste tú.

—¿Por qué le defiendes?

—¿Cómo que por qué? —parpadea.

—¡Es que no lo merece!

—Claramente esto no es por él. ¡Él ni siquiera está aquí!

—Es que le estás defendiendo y justificando. Casi como si estuviera bien lo que hizo.

—Lo que pasa es que creo que tienes información sesgada que te hace llegar a conclusiones erróneas.

—Ya... claro. Supongo que la conclusión es que él no es tan malo y tenía razón en no dejarla ir...

—La verdad, Cymru, concluye lo que quieras, pero pensaba que serías un poco más racional y estarías dispuesto a intentar ver las cosas desde más de una perspectiva antes de llegar a una conclusión —frunce el ceño.

—Es que el tipo se acostaba con mi esposa... y me da mucha rabia que además le... defiendas. ¿Qué información es la que no tengo? —protesta un poco, mirándole—. Me cuesta creer de golpe que me digas esto, además es mi culpa por conseguir mucho con Galia... que al final se ha esfumado en nada.

—Es que estás mezclando cosas. No he dicho que lo que hacía estuviera bien, lo que te discuto es que crees que contigo era peor por ser tú y a mí me parece que... no era porque tú fueras tú, si no por lo que tú estabas haciendo. Y que cualquier otro haciendo lo que tú hacías no hubiera corrido mejor suerte.

—Yo no creo que a France o a Spain les arruinara un matrimonio completo y les destruyera así —chasquea los dedos—. Sin siquiera sentirse un poquito mal.

—Insisto en que bien que protesta con los que se meten es con los ancient. Insisto, es que eso implicaría que si ahora fueras a intentar casarte con... quien fuera, con Liechtenstein, también vendría a sabotearte y la verdad... no creo que... Es feo decir esto, pero no creo que eso le importara.

—No, no creo que intente sabotearme, ni que le importe yo un carajo. Pero no creo tampoco que te vaya a dar un premio y a decir que es buena decisión.

—Bueno, ese es un asunto entre él y yo, que si no quieres no te contaré y ya está.

—¿Quién ha dicho que no quiera que me cuentes? —Gales frunce el ceño.

—¡Pues es que mira cómo te pones! —aprieta los ojos—. Esto que tienes... es odio ciego, por la ira, por... el duelo de tu relación truncada, le culpas de manera irracional. No digo que no tenga él parte de la culpa, pero... es que necesitas superar todo esto y verlo de un modo más frío o vas a seguir enfadándote conmigo cada cinco minutos, porque no pienso estar yo dándote la razón si no creo que la tengas, solo porque estás cegado de rabia.

—Es que... bloody hell, no sé qué les hace, tú pareces como todo el bloody mundo, cegado de amor. Todo lo que hace es justificable y comprensible, sea lo que sea y ¡hay que ponerse de su lado porque le quieren mucho! Si la expectativa es que yo supere esto y le vea con ojitos de amor... y deje de estar enfadado y además abrazarle como a un padre y agradecerle por la bloody vida, que es la única puta cosa que hizo por mí en su vida...

—Insisto que la rabia es lo que te hace sentir que los demás le vemos así. Nadie te está pidiendo que le consideres de ningún modo si no quieres, solo que intentes calmarte.

—Es que nadie me defiende a mí, nunca más que Alba. Ni mi bloody madre. Es el mundo contra Cymru y ¡tú pareces especialmente colaborador en ponerte del lado del mundo!

—No estoy hablando con el mundo, estoy hablando contigo. Eres perfectamente capaz de defenderte tú solo conmigo y lo que intento es que veas que no todo el mundo está tan en tu contra como tú crees.

—¿De verdad crees que le tengo ira ciega que parece obsesión insana? —Gales le mira con el ceño fruncido.

—Un poco, pero creo que es lógico y que se te pasará con el tiempo —asegura dulcificando el tono.

—Solo hay una solución a eso... y no me gusta —Gales se humedece los labios.

—De alguna manera tienes que expresar lo que te está pasando y si casi no lloras es... es lógico que sea de otras formas. ¿Y cuál es?

—E-Esto se convirtió en una lucha de poder... y de quien la tenía más grande. Y-Y... tengo que dejarle ganar.

—Escucha, es... No quiero ser cruel pero esto no es una derrota, no vas a mantener algo que no te llena solo por orgullo. Hay mejores cosas para ti ahí fuera.

—Eso sería lo racional. Él no lo va a ver así. En el fondo él sabe que Galia les... quiere más a ellos y que lo mío solo se quedó en un infeliz intento.

—Me pregunto porque te importa tanto lo que él piense.

—Porque él se convirtió en mi... enemigo mortal con esto. Ugh. No, ¡no me importa tanto lo que el piense en general! —Gales aprieta los ojos.

—Tal vez necesitas romper con él también.

—Es que es el amante de mi... ex-mujer, es lógico que me joda que se la quede y que además piense que esto le salió bien y se salió con la suya y que yo era un imbécil... ¿no?

—Lo que digo es que pareces tener una relación más pasional con él que con Galia. Tal vez necesitas decirle... o decirte a ti mismo que "Ya está. Se acabó, Rome. Esto no es por ti, es por mí. Ha sido divertido mientras ha durado pero... estoy preparado para tener otro enemigo mortal, así que... lo siento."

—Ahora tenemos a Mónaco... —Gales sonríe un poco con eso último.

—La verdad, viendo la pasión con la que hablas de Rome, prefiero ser yo el enemigo mortal.

—Siento feo que digas que... parezco tener una relación más pasional con él que con Galia —Gales pone carita triste.

—Pues... lo siento, pero... —se encoge de hombros.

—Que mierda de matrimonio le di a Galia.

—Siento que solo intentabas ganarle a Rome, no... estar bien con ella. En ningún momento te has quejado de nada que no funcionara entre vosotros dos como pareja más que la presencia de Rome. Y entiendo que eso sea más fácil de pensar.

—Si me he quejado de que no había esa... chispa y ¡de que solo había amor! —protesta un poquito y aprieta los ojos—. Esto hubiera ido mal con o sin Rome y Germania, y mi madre, solo...

—Calma, calma...

—¿Sabes que una vez Galia se embarazó y no sabía de quién era el bebé?

—Es que siento que en realidad hubieras podido conformarte sin la chispa si no hubiera estado el problema de Rome...

—Sin Rome, no habríamos pasado cosas como esa... y sí, sí me hubiera conformado.

—Eso es lo que quiero decir con que tu relación parece más pasional con él que con ella.

—Es que... sí se ha convertido en la forma de demostrar que esto me importa. Enfadarme con él. Odiarle. Mi odio es directamente proporcional a lo mucho que me importa mi relación con Galia.

—Ya, pero es que entonces sí es eso lo que se ha de paliar. Te ríes de la tontería de cortar con tu enemigo, pero... me parece que es de verdad importante. Es justo lo que Angleterre nunca ha podido hacer con France.

—Yo no estoy enamorado de Rome.

—Sabes la... historia del círculo, ¿no?

—¿Del círculo? —Gales levanta una ceja.

Luxemburgo levanta los dos dedos índices poniéndolos juntos en el aire y dibuja con cada uno un semi círculo que juntos hacen uno completo.

—Este dedo es el amor y este es el odio. Y se juntan en dos partes del círculo. Arriba del todo y abajo del todo. Arriba es la pasión. El amor pasional y el odio pasional. Abajo es la indiferencia absoluta.

—Necesito llegar abajo con Rome.

—Exacto. Lo opuesto al amor pasional no es el odio pasional. De hecho, de ahí lo de que del amor al odio solo hay un paso o que mientras haya odio hay esperanza.

—¿Sabes que es lo más humillante de todo esto? —Gales aprieta los ojos.

—Quoi?

—No creo haberle realmente quitado la mitad de las noches de sueño a él de las que el me ha quitado a mí. No creo que a él nada de todo esto le importe lo bastante. Ni yo, ni la misma Galia.

—Más motivo aun para que no te importe a ti tampoco.

—Por eso era más fácil hacer que... no me importaba tanto. Dejarlo pasar, encogerme de hombros y servirme otra copa... porque había venido otra vez. Porque para él, esto... es solo una de las múltiples pistas en su circo.

—¿Cómo... cómo canalizo todo eso hacia...?

—¿Ti?

Luxemburgo se sonroja porque sí, pero sonaba feo decirlo. Gales extiende una mano hacia él y le toca la cara.

—Hacia... hacia otro lado más saludable —carraspea.

—Has hecho ya un montón en una semana, sin siquiera intentarlo.

—No lo sé.

—Me estoy dando cuenta que me... está costando más esto de Rome que lo de Galia —aprieta los ojos.

—Justo eso es lo que digo —asiente.

—No quiero amargarme la vida con esto... mañana... es una buena oportunidad para soltarlo.

Luxemburgo asiente. Gales le mira y, la verdad, hablarlo así de sinceramente le ha hecho sentir que se ha quitado un peso de encima.

—Aún... no estoy del todo bien. Pero me siento mejor después de esto —asegura el británico.

—Ya me imagino —le sonríe el flamenco.

—No, es que... siento como si algo se me hubiera quitado de encima. Un... imperio entero —sonríe haciéndole reír—. Ahora... la verdad desearía que mi madre sí te odiara un poco.

—Q-Quoi? ¿Por?

—Lo siento, tu vida es como mil veces menos complicada... es que si te odia es que esto le importa un poco —Se sonroja un poco.

—Pero ella... —se detiene y se humedece los labios—. ¿Cómo hago que lo haga?

—Bueno, puede que lo haga por Galia... Que es un comienzo.

—Seguro puedo conseguirlo con cierta facilidad —sonríe de ladito.

—¿Sabes? No —Gales sonríe y suspira.

—Non?

—No quiero que te odie, quiero que te quiera.

—Mmm... eso pretendía yo, pero...

—Se te va a dar mejor y a ella le parecerá más fácil odiarme a mi por ser malo contigo, según ella. Eso se le da bien. Lo único es que... ¿sabes quién si te va odiar un poquito?

—¿Quién?

—Belgium.

—La verdad, por eso no me parecía tan mal hacer que me odie, prefiero a Belgique como aliada.

—No puede odiarnos a los dos y a mí no me quiere —sonríe —. Y tú vas a caerle bien.

—Yo insisto.

—La única forma de que a ti te odie es que le gustes —Gales tira un poco de Luxemburgo para que sea él el que se le eche un poco encima ahora porque le ha hecho sentir mejor de verdad hablar y... quiere contacto físico y abrazarle y darle unos besitos aunque sea en la mejilla y el cuello.

—¿Y crees que no puedo conseguir eso? Ja!

—Yo no quiero compartirte con nadie —sonríe cuando el otro le sigue el movimiento dejándose tirar, le hunde la nariz en el cuello.

—Llegas tarde para eso —cierra los ojos.

—Ughhh. ¿Mónaco?

—Yo le caigo bien a todos —se ríe.

—Eso lo sé... pero mira —levanta la mano y le toca la cadenita del cuello—. Ya te puse mi banderita. Ahora eres mío.

—Oh, ¿esto es un signo de conquista? —levanta una ceja.

—Uno pequeñito —besito en el cuello.

—No sé qué va a opinar mi gente de ello.

—Que estás ganando terreno con MAR.

—Pero eso implicaría que... yo te... conquistara a ti —igual se ríe.

—Pues claro, no esperarás que sólo yo lo haga sin darme lo mismo a cambio —otro besito en el cuello.

—¿Por qué no? —Mueve la cabeza y cierra los ojos, sonriendo.

—Porque quiero que me conquistes —le da más besitos.

—Mmmm... ¿Y cómo hago eso?

—Sigue como hasta ahora —le susurra al oído.

Luxemburgo se sonroja un poco y Gales le hunde un poquito la nariz en el pelo.

—Lo haces muy bien —susurra ahí dentro.

Manos en las caderas y mueve la cabeza un poco.

—Muy, muy bien, pareciera que sabes que hacer —le da un beso en la cabeza.

Luxemburgo mueve las manos hacia las ingles y Gales traga saliva.

—Y alguien e-espera además que yo tenga así como... fuerza de voluntad... —susurra sonriendo.

Luxemburgo se ríe.

—Y... no la tengo, para nada —se ríe un poco más, dándole otro beso en la cabeza.

Igualmente es que... va a meterle mano de lleno porque desde que va sin calzoncillos que quiere hacerlo.

Oh, my GOD! Espera... por fuera de los pantalones, ¿verdad?

Siiii

Gales traga saliva y... empieza a reaccionar, bastante rápido para las circunstancias.

—¿V-Ves como sabes PERFECTO que hacer, Mr. Straight?

—Quooooi? —Vuelve a reírse y quita la mano.

—Además eres malooo —Es que lloriquea...

—¿Qué tengo de malo?

—Haces trampa —Gales baja una mano y lo toca a él.

—Eeeh!

—Pensé en poner una nueva regla.

—¿Cuál?

—Si tú lo haces, yo puedo hacerlo.

—Non!

—Yes! ¡Es lo justo!

—No lo es porque... —sonríe de ladito—. Hay cosas que son solo de... un momento. Pero puedo disculparme.

—Así que así va a ser esto, estar a tu merced —sonríe de lado y vuelve a hundir la nariz en su cuello.

—Oui —decide, levantando la barbilla.

—Vaya, que... dócil crees que soy.

—¿No lo eres?

—Ufff, yes. Todo el tiempo —sonríe.

—¿Cómo hago que lo seas?

—¿Dócil? Ya, claro, voy a decirte qué hacer.

—¿Por qué no?

—Porque tú tienes que descifrarlo, ¡es la gracia!

—Mmmmm...

—No, esto no va de ser eficientes... Niño trabajo.

—¿Entonces?

—¡¿Cómo es que tú quieres que yo descubra las cosas pero esperas que yo te lo diga todo!?

—Por intentar —se encoge de hombros y se ríe.

—Mira que listo —besito en el cuello oootra veeez

—Igualmente, esta docilidad falsa tampoco me molesta —sonríe más.

—¿De verdad huelo mal? —Gales se ríe.

—Mucho —se ríe.

—¡Que voy a oler muy mal! Pero puedo ponerme loción mañana

—¿Hoy no te has puesto?

Niega.

—Seguro olerás aún más fuerte. Aunque creía que ibas a usar un perfume de Galia.

—Recordé que se los había llevado todos. Puedo usar uno de Mónaco, probablemente te atraería más...

—Tal vez...

—Mónaco... —Gales aprieta los ojos Y se humedece los labios sin... querer tocar el tema—. No quiero hablar de ella —le vuelve a hundir la nariz en el cuello.

—Pero si la has nombrado tú... —le abraza.

—Ya, porque... uuuugh... es que vamos a tener que hablar de ella.

—¿Por?

—¿Crees que podemos solo ignorar el tema?

—Por ahora, sí.

—¿Y si no volvemos hoy y nos quedamos aquí hasta mañana? —Gales aprieta los ojos y le aprieta un poco contra sí.

—De hecho, me has prometido ir a trabajar a la piscina y tengo que llamarla.

—Ugh... vamos a la piscina.

—Venga, vamos al coche por ahora. Aunque queda un rato hasta que lleguemos.

—Yes, yes... —empieza a recoger

Luxemburgo también recoge un poco... aunque no mucho, la verdad. El señoritingo. Gales sí que pone todo en la bolsa, levantándose y sacudiéndose los pantalones.

—Vámonos, entonces —se pasa las manos por el pelo yendo a tirar la basura.

Luxemburgo sonríe y asiente bebiendo un poco más de champagne.

—No te acabes eso, dame un traguito —Gales se acerca a él y le pasa una mano por la cintura para caminar de vuelta al coche.

El flamenco levanta más la botella fingiendo hacerlo, haciéndole torcer el morro y reir.

—¿Qué hay de los modales, Monsieur Luxembourg? —le riñe un poco, en francés

—¿Qué hay de ellos? —baja la botella y se ríe.

—No estas teniendo buenos modales, eso es lo que hay.

—Anda que no.

—No para una... ¿tercera cita?

—Oh, ¿así que me vas a dejar en el coche y te irás?

—What?

—Porque no quieres una tercera cita.

—¿Yo? ¡No he dicho eso!

—Acabas de decirlo, que mis modales no son lo bastante buenos.

—Como para esta cita, no la que sigue.

—Vamos, que no son un problema entonces —se ríe.

—Que siiiií —le da unas palmaditas en el culo.

—Quoi? ¿Me vas castigar ahora?

—Yes

—¿Y cómo? —se ríe.

—A golpes en el...

—¿Azotes? ¿En serio?

—¿Cuántos quieres?

—Ninguno.

—Diez —decide, sonriendo de lado.

—¡No!

—Cuéntalos...

—¿Que los cuente?

—Los azotes.

—¿No hemos quedado que no me vás a dar?

—¡Sí que te voy a dar! —le da otra palmadita, haciéndole saltar. Gales se ríe.

Luxemburgo le mira de reojito... y le va a dar una de vuelta.

—Ehhh!

—Pues... —sonrisita y le pasa la botella.

—¡Eso no vale! —toma la botella igual.

—¿Cómo qué no?

—¡No! Yo soy el de los azotes

—¿Por qué me ibas a azotar?

—Porque tienes un buen culo.

—¡Anda ya!

—Merecedor de estar sonrosado para mí.

—Mmmm... no, no lo creo.

—¡¿Como que no!? —abre el coche con el controlito.

—Pues no, porque sí te he dejado champagne.

—Ah ¿sí? —mueve la botella.

—¿Ves?

—¡Oh! Pues igual te tocan azotes por mentira —se ríe y se lo bebe.

—¡Anda ya! —le pica el estómago mientras lo hace y va a escupir con ello, lo lamento.

—Pffff... —espero que no le haya escupido encima, la verdad.

Luxemburgo se aparta un poco si ve que va a hacerlo.

—Eres un tontooo —se ríe.

—¿Yo?

—¡Me has picadooo! —se limpia con el dorso de la mano.

—¿Y?

—Y nada... voy a... vengarme.

—Vas a... darme tus pantalones y conducir.

—What? —se sonrooooojaaaaa.

—Era la condición.

—Ya, claaaro. Tú ropa también tocó el suelo.

—No tanto.

—¡Que va!

—Yo estaba sobre la bolsa.

—No cuando te has recostado —Gales sonríe con suficiencia, cruzándose de brazos.

—Mmm... vale. Pero entonces no puedo darte mi camiseta.

—¿Ibas a darme tu camiseta?

—Pues tu dijiste.

—Y tú me dijiste que no.

—Estábamos negociando.

—Y dijiste que no... Hasta que tu situación se volvió peor.

—Dije que las ofertas no me convencían.

—Así que, de manera oportunista... Has cambiado de decisión ahora. ¡No puedo darte toda mi ropa para subir al coche! No traigo... ¡calzoncillos!

—Qué mala suerte la tuya... —le mira de reojo.

—Mi coche no es t-tan... tiquismiquis como tú —Gales sonríe un poquito—. De menos vas a tener que quitarte tú los pantalones

—No veo porque una norma iba a aplicarse a mí y no a ti.

—Si insistes en que me quite la ropa, obviamente.

—¿Así que tú te desnudas y yo me quito los pantalones?

—N-No —se sonroja.

—¿Entonces?

—Pantalones por pantalones.

—Mmmm... vale.

—D-De verdad vas a... no me los voy a... ¡quitar a media calle! —se sonroja más.

—¿De qué sirve hacerlo dentro?

—¡No tengo calzoncillos! —es que el sonrooojoooo

—Ya, bueno, es parte de la gracia.

—Como alguien me vea... —Gales mira alrededor y va a abrir la puerta del coche

—¿Quieres que venga a hacerte tiendecita?

—Of course!

Luxemburgo se acerca y saca los calzoncillos de Gales, estirándolos como si fueran a tapar mucho

—Y luego dice que YO abuso de las cosquillas —Gales aprieta los ojos.

—¿Por qué esto es un abuso?

—Traes mis calzoncillos así como... así —protesta tragando saliva y mirándole de reojo, quitándose los zapatos.

Luxemburgo se los acerca a los labios y les da un beso como respuesta.

—Bloody hell. ¡Para! —se sonroja otra vez, dejando caer los pantalones al suelo y bajándose la camiseta.

El flamenco se ríe y se le acerca tomándole del culo y acercándole hacia sí.

Cielos. Levanta las cejas sin esperarse eso y es que... reacciona otra vez, bastante... BASTANTE. Entre la mitad de la calle, que está desnudo, que le ha puesto las manos en el culo.

—Mira un poco hacia ese lado —hace un gesto con la cabeza, apretándole un poco las nalgas. Está pasando una mamá con un cochecito.

—B-Bloody hell —Gales traga saliva y se suelta la camiseta para levantar las manos y abrazar a Luxemburgo, que esto parezca más... normal.

Luxemburgo le sonríe a la chica cuando pasa en forma de saludo, moviendo los dedos.

—E-Estas... —Gales aprieta los ojos.

—Shhh... cálmate, cálmate, se acerca alguien más por tu espalda —miente.

Hace TODO menos calmarse. Aprieta el culo y se le repega. Y... seguro que le sientes, ahí contra... el tuyo.

—Oh, vaya... Monsieur "He tenido bastante con lo de esta mañana"... eso no parece ser la reacción a "Cálmate".

—E-Es... que... —Gales aprieta más los ojos y baja una mano para... tratar de hacer algo por su propio estado.

Luxemburgo le aprisiona más contra si mismo y le hunde un poco la nariz en el cuello

—Oh, golly... —el suave escalofrío. Gales sube la mano otra vez para abrazarle—. Sweet torture...

—Voy a separarme...

—¡No!

—¿Cómo qué no?

—E-Espera a que... —baja las manos para cubrirse.

—¿A qué? No creo que eso mejore así.

—Pues ¡tú qué sabes! —está histérico.

—Solo tienes que tirar de la camiseta —se ríe, porque la histeria—, inclinarte un poco y dejarte caer en el asiento.

—Shut up. Esto es tu culpa —protesta el británico mientras combate su curveada erección. Ya...

—Créeme que eso ya me queda claro —Luxemburgo sonríe. Le mueve para que quede dirigido con el culo en el asiento y le presiona de la cabeza para que se baje y se siente.

—UGH —Lo hace, agachándose y subiendo los pies aún con el pantalón en los tobillos y los tenis desamarrados, el flamenco se agacha para ayudarle a quitárselos—. Cielos... ¡No ensucies mis zapatos nuevos!

—Más bien... tú, procura no... —palmaditas en la rodilla.

—Shut up!

Se ríe acariciándole la pierna para quitarle los pantalones.

—Cualquier otra respuesta que se me ocurre es bastante... puerca —Gales traga saliva y se ríe un poco.

—Veamos —le mira a los ojos.

—No. Anda... móntate del otro lado y vámonos —se sonroja apartando la mirada.

—"Del otro lado" no parece ser la mejor opción —igualmente le cierra un ojo y cierra la puerta.

Gales por supuesto, se sonroja más, apretándose la zona en cuestión para que se le baje, pensando que... es que ¿Cómo coño se ha dejado engatusar?

Ahí da la vuelta Luxemburgo subiéndose al coche.